miércoles, 10 de junio de 2020
Cuando te pican el billete
Hoy, por circunstancias que no pondré aquí, pienso en muerte. Pienso en ese momento en que te pican el billete, o parece que te lo van a picar y de repente te das cuenta de que todo se acaba. De que no habrá "otro día" o "la próxima vez". Se acabó.
En ese momento todo lo que eras, has sido o podrás ser deja de existir. De repente, eres un organismo, un mecanismo biológico que ya no funciona.
Siempre te queda la certeza del deber cumplido. Las cosas buenas. Has creado algo que te sobrevive, has cumplido tu misión. Has ayudado a gente, has contribuido con tu familia. Has sido alguien digno y mereces respeto.
¿Es suficiente eso? ¿Puede ser suficiente? Cuando te cierren los parpados y te pongan la moneda debajo de la lengua, ¿qué pensarán los que se quedan? ¿será suficiente?
Para mi no lo ha sido. Ya hace tanto... y sin embargo, una parte de mi sabe y siente que sí. Que fue bueno y que mereció la pena, que me diste todo lo que tenías y que yo te correspondí. Las historias no están hechas para durar para siempre. El recuerdo de ellas, los sentimientos que provocan... eso sí. Y algunas historias existen y existirán para siempre, aunque cambiemos los nombres y los idiomas y los escenarios y todo.
Hoy no puedo evitar pensarlo y darme cuenta de qué poco sé y que fácil se ve todo desde lejos. Qué fácil es decir palabras vacías o racionalizarlo. Que fácil justificarse. Inconscientemente, tu mente repasa todos los momentos. ¿Hice algo que no debía? ¿Estuve a la altura? Y da igual cuantas vueltas le des, nunca vas a llegar a una respuesta que te satisfaga.
¿Sabéis por qué? Porque no la hay. Porque cuando alguien se va, nunca vas a ser lo suficientemente bueno, nunca habréis compartido lo necesario. Nunca será suficiente. Siempre quedarán cosas por decir, cosas por vivir, cosas por compartir. Cuando alguien se va para el otro lado, cuando alguien se va para no volver, el hueco que deja es imposible de llenar. Y nos quedamos más solos, más tristes, más abandonados y solo podemos apretar los dientes e intentar apoyar a los que nos quedamos. ¿Nuestra pena? Luego. Para cuando esté todo bien. Una vez hayamos tapado todos los agujeros del casco y estemos seguros de que el barco flota, podremos dejar salir nuestra pena.
Pero para eso, aun falta mucho tiempo. Y mientras tanto, hay que dejar que la presión salga por algún lado. Este blog es mi carta en una botella para el hobbit del futuro. No te quiero dar malas noticias tío, pero aún nos queda bastante que aguantar y, por muy fuertes que nos creamos que somos, algunas cosas nos superan. Nos van a superar y nos superarán.
Cuando te pican el billete.. no es tan fácil seguir adelante.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)