Hoy estoy en otra fase de mi reinicio. Ya pasé mi periodo de noches, después la carrerilla de "tengo qeu hacer cosas y aprovechar lo que compré hace tres semanas y hasta ahora no he podido disfrutar", y hoy ya, por fin, parece que paro. De hecho, hoy espero dormir. Aunque, ¿quién sabe? Hace más de diez días que no duermo más de cinco horas, está siendo otro mes de dormir cuatro-cinco días con suerte. Me queda un año y pico así, veremos si soy capaz de resistirlo.
El caso es que, en plena ola de calor, me doy cuenta de que para poder reiniciar mentalmente necesito jugar. Igual que otra gente necesita hacer deporte, comer algo, irse al jardín o tocar hierba, yo necesito jugar a algo. Cambiarme de ropa. Hacer una serie de rituales que le expliquen a mi cabeza y a mi cuerpo que, no, ya no estoy en el trabajo. He salido. Aunque cada vez me cuesta más.
Y eso es natural. Donde estoy no hay nada. Lo decía mi parienta ayer, que me fuera a España porque aquí "no hay nada que hacer". Y suena muy triste, pero en cierto sentido es verdad. Colecciono y pinto cientos de muñequitos para... para distraerme y pensar que no estoy donde estoy, que no hago lo que hago.
Necesito otra cosa. Necesito algo que haga que merezca la pena, algo que esperar con ganas. Esperemos que, si Dios quiere, en otoño la cosa se normalice un poco y podamos tener algo de tregua y de control sobre mi vida. Porque insisto, es uan carrera de fondo. Hay que llegar.
miércoles, 24 de junio de 2026
Una sociedad se construye sobre valores
Últimamente me está apareciendo mucho en redes sociales discursos y entrevistas de Lee Kuan Yew. Para los que no lo conozcan, fue el "dictador" de Singapur durante 30 años, y su ideología política, en palabras de Drukpa Kunley (una cuenta de Twitter), sería algo así como sentido común y una clara visión. Si no recuerdo mal, era algo así como "basically nice", un sistema político en el cual los delincuentes van a la carcel, la gente paga impuestos pero sin volverse loco y el Estado arbitra.
Hoy veía una entrevista en el cual hablaba de como no cree en la democracia, porque le parece que es algo que surge de una serie de factores muy especiales, y que no cree que pueda repetirse facilmente. También habla de como, después de la segunda guerra mundial, Londres es una ciudad destruida pero orgullosa, llena de gente segura de si misma y educada. Y como, cuarenta años después, Londres es un lugar multicultural, multietnico, donde nadie confía en nadie y donde todo está sucio y oscuro. También decía, sobre Japón, que el no traer inmigrantes los condena a envejecer. Pero si los emigrantes que trae son los que recogen fruta, entonces tampoco es mucho progreso. Lo decía medio riendose, pero parece que el tiempo le ha dado la razón.
A lo que iba. Que el hombre enunciaba el cambio en Londres por la desaparición de valores y de uniformidad cultural. Y alguien me dirá, que eso es una tonteria romantica. Pero no lo creo. Los valores son el lenguaje no escrito de una sociedad, son los codigos en torno a los que se construyen el siguiente escalón. Existe una ley que dice que el parricidio es horrible, pero esa ley existe porque hay una cultura que aborrece ese crimen. Lo primero, el fundamente de una sociedad, es como nos entendemos entre nosotros. En nuestras casas y en nuestras familias. Y eso es lo que, posteriormente, llevamos a la calle.
Creo que, en el momento en que dejamos de hablar en casa y dejamos de enseñar y compartir, eso se transmite afuera. Y la soledad en la que vivimos afuera, el egoismo, la tristeza... viene de que, adentro, no hablamos. Hemos dejado de compartir cenas, de mirarnos los unos a los otros, de estar juntos. Y al desaparecer esa convivencia han desaparecido los valores y, al desaparecer los valores, deja de tener sentido existir. No tenemos confianza en nosotros mismos ni vemos al futuro... porque hemos dejado de mirar al presente.
Hoy veía una entrevista en el cual hablaba de como no cree en la democracia, porque le parece que es algo que surge de una serie de factores muy especiales, y que no cree que pueda repetirse facilmente. También habla de como, después de la segunda guerra mundial, Londres es una ciudad destruida pero orgullosa, llena de gente segura de si misma y educada. Y como, cuarenta años después, Londres es un lugar multicultural, multietnico, donde nadie confía en nadie y donde todo está sucio y oscuro. También decía, sobre Japón, que el no traer inmigrantes los condena a envejecer. Pero si los emigrantes que trae son los que recogen fruta, entonces tampoco es mucho progreso. Lo decía medio riendose, pero parece que el tiempo le ha dado la razón.
A lo que iba. Que el hombre enunciaba el cambio en Londres por la desaparición de valores y de uniformidad cultural. Y alguien me dirá, que eso es una tonteria romantica. Pero no lo creo. Los valores son el lenguaje no escrito de una sociedad, son los codigos en torno a los que se construyen el siguiente escalón. Existe una ley que dice que el parricidio es horrible, pero esa ley existe porque hay una cultura que aborrece ese crimen. Lo primero, el fundamente de una sociedad, es como nos entendemos entre nosotros. En nuestras casas y en nuestras familias. Y eso es lo que, posteriormente, llevamos a la calle.
Creo que, en el momento en que dejamos de hablar en casa y dejamos de enseñar y compartir, eso se transmite afuera. Y la soledad en la que vivimos afuera, el egoismo, la tristeza... viene de que, adentro, no hablamos. Hemos dejado de compartir cenas, de mirarnos los unos a los otros, de estar juntos. Y al desaparecer esa convivencia han desaparecido los valores y, al desaparecer los valores, deja de tener sentido existir. No tenemos confianza en nosotros mismos ni vemos al futuro... porque hemos dejado de mirar al presente.
jueves, 11 de junio de 2026
La paradoja de la utilidad
Hoy no podía dormir. Es algo que me pasa bastante a menudo; en Mayo dormí "bien" tres noches de de treinta y una posibles. Y dandole vueltas en la cama, dialogando conmigo mismo, caí en la cuenta de lo que viene a ser el título de este artículo.
Necesitamos servir. Necesitamos hacer algo que tenga sentido. El otro día me decía mi psicologo que, en la mayoría de estudios sobre motivación en el trabajo, aparece que el principal factor de felicidad o infelicidad en el mismo es como de útil su labor es percibida. Un poco como explicaba Graeber, que en el gulag una de las cosas que más mataba a la gente era la absoluta futilidad de su esfuerzo. Poner a alguien a cavar un agujero durante dos horas, para luego hacerle taparlo. Cosas así, que durante el tiempo suficiente acaban siendo una tortura, al privar al ser humano de la mínima dignidad de su esfuerzo. Que sirva para algo.
Quizás por eso me chocó tanto acercarme a mi anterior trabajo y sentir la valoración de lo que yo hacía. De por sí, yo tiendo a valorar poco mi esfuerzo. Si algo es difícil y lo hago, es porque debo hacerlo. Si algo es facil y lo hago, es porque era fácil. Pero no suelo felicitarme ni darme mérito a mí mismo. Cuando aprobé el examen de conducir, mi emoción fue de vacío, de "ajá, otra tarea completada". Me obligo a mí mismo a celebrar mis éxitos porque, honestamente, no me producen alegria. Tengo demasiado interiorizado el "es lo que se debe hacer".
Así pues, no soy muy consciente de como de positivo puede ser mi impacto en los demás. Por eso, como cuando el otro día animé a un chico que estaba pasandolo muy mal, recibo una reacción sumamente positiva me siento confundido. No percibo emocionalmente (no siento), que haya hecho nada especial. Simplemente he sido yo mismo y he actuado como creo que se debe actuar. Aunque quizás, para la persona a la que apoyamos, ese simple acto puede suponer un cambio enorme en su vida. Quizás como ayer con Scotty, que me impactó bastante su situación y su reacción. Vaya movida.
Todo esto para decir que, uno de los elementos de la felicidad, es encontrarle sentido a lo que hacemos. Y que resulta paradojico que, para poder ser felices, debamos ocuparnos con cosas que no solo nos aporten algo, sino que aporten a los demás. Que sean utiles. Quizás por eso decían que, si bien la gente de izquierdas suele deprimirse más que la de derechas, la gnnte de izquierdas que participa de voluntariados o actividades comunitarias es todo lo contrario. Porque no sirve con decirlo, hay que hacerlo. Y una vez lo hacemos, percibimos la mejoría de forma casi automática.
Yo me levanto, hago ejercicio, duolingo, me ducho, desayuno. Y me siento delante de mi lista de tareas pendientes, a ir tachando cosas. Pero a la hora de la verdad, tres meses más adelante, miro lo que he hecho y nada sirve. Lo mismo con mi trabajo, dedico infinitas horas a... nada. Y, si durante un periodo de tiempo largo, de semanas y meses, privas a alguien de un sentido colectivo, de que su trabajo mejore el mundo a su alrededor, o aunque sea sienta que su esfuerzo va en alguna dirección... es muy pero muy difícil que eso no destruya la autoestima de esa persona.
Quiero quererme. Pero para quererme, necesito hacer cosas que sirvan. Quizás esa es la paradoja, que nos queremos a través de los demás, o de nuestra percepción de lo que debemos ser. Cuando alineamos la persona que somos, con la persona que queremos ser a través del proceso de convertirnos en ella.
Necesitamos servir. Necesitamos hacer algo que tenga sentido. El otro día me decía mi psicologo que, en la mayoría de estudios sobre motivación en el trabajo, aparece que el principal factor de felicidad o infelicidad en el mismo es como de útil su labor es percibida. Un poco como explicaba Graeber, que en el gulag una de las cosas que más mataba a la gente era la absoluta futilidad de su esfuerzo. Poner a alguien a cavar un agujero durante dos horas, para luego hacerle taparlo. Cosas así, que durante el tiempo suficiente acaban siendo una tortura, al privar al ser humano de la mínima dignidad de su esfuerzo. Que sirva para algo.
Quizás por eso me chocó tanto acercarme a mi anterior trabajo y sentir la valoración de lo que yo hacía. De por sí, yo tiendo a valorar poco mi esfuerzo. Si algo es difícil y lo hago, es porque debo hacerlo. Si algo es facil y lo hago, es porque era fácil. Pero no suelo felicitarme ni darme mérito a mí mismo. Cuando aprobé el examen de conducir, mi emoción fue de vacío, de "ajá, otra tarea completada". Me obligo a mí mismo a celebrar mis éxitos porque, honestamente, no me producen alegria. Tengo demasiado interiorizado el "es lo que se debe hacer".
Así pues, no soy muy consciente de como de positivo puede ser mi impacto en los demás. Por eso, como cuando el otro día animé a un chico que estaba pasandolo muy mal, recibo una reacción sumamente positiva me siento confundido. No percibo emocionalmente (no siento), que haya hecho nada especial. Simplemente he sido yo mismo y he actuado como creo que se debe actuar. Aunque quizás, para la persona a la que apoyamos, ese simple acto puede suponer un cambio enorme en su vida. Quizás como ayer con Scotty, que me impactó bastante su situación y su reacción. Vaya movida.
Todo esto para decir que, uno de los elementos de la felicidad, es encontrarle sentido a lo que hacemos. Y que resulta paradojico que, para poder ser felices, debamos ocuparnos con cosas que no solo nos aporten algo, sino que aporten a los demás. Que sean utiles. Quizás por eso decían que, si bien la gente de izquierdas suele deprimirse más que la de derechas, la gnnte de izquierdas que participa de voluntariados o actividades comunitarias es todo lo contrario. Porque no sirve con decirlo, hay que hacerlo. Y una vez lo hacemos, percibimos la mejoría de forma casi automática.
Yo me levanto, hago ejercicio, duolingo, me ducho, desayuno. Y me siento delante de mi lista de tareas pendientes, a ir tachando cosas. Pero a la hora de la verdad, tres meses más adelante, miro lo que he hecho y nada sirve. Lo mismo con mi trabajo, dedico infinitas horas a... nada. Y, si durante un periodo de tiempo largo, de semanas y meses, privas a alguien de un sentido colectivo, de que su trabajo mejore el mundo a su alrededor, o aunque sea sienta que su esfuerzo va en alguna dirección... es muy pero muy difícil que eso no destruya la autoestima de esa persona.
Quiero quererme. Pero para quererme, necesito hacer cosas que sirvan. Quizás esa es la paradoja, que nos queremos a través de los demás, o de nuestra percepción de lo que debemos ser. Cuando alineamos la persona que somos, con la persona que queremos ser a través del proceso de convertirnos en ella.
martes, 9 de junio de 2026
Una boda en España
No pensaba escribir sobre esto, pero parece que una cosa lleva a la otra y la cabeza casi me pide hacerlo. Este fin de semana fuimos a Madrid, a la boda de un buen amigo mío al que quiero mucho. Fui un poco a regañadientes, en parte porque no me gustan las bodas, y en parte porque en esta fase de mi vida cualquier cosa me supone un esfuerzo atroz. Y me vino increíble. Sabía que me iba a venir bien, porque salir de aquí e ir a España siempre me calma, me da un poco de aire. Y ver amigos y salir y estar cómodo... eso ayuda.
Ha sido un tiempo maravilloso. El jueves, donde fui a mi antiguo trabajo y me encontré a tantos compañeros y tanto cariño que me sentí abrumado. Gracias. No era consciente de que podía dejar una huella tan positiva y tan buena. Había olvidado como era sentirse útil y productivo, hacer cosas. Hubo un par de interacciones, como cuando me presentaron, en las que me sentí sinceramente abrumado. Gente que no es nada dada a piropear de gratis, hablando maravillas de mí. Incluso alguien se me acercó y me dijo "el famoso don...", lo cual me confundió bastante. Yo soy famoso en casa de mi madre para comer, y porque como fatal. En general, me sentí super especial. Luego por la tarde fui a la tienda de muñequitos donde solía ir y me encontré con amigos, gente a la que quiero mucho y me alegró un montón verlos bien.
Y luego la boda. Fuimos con un amigo, una de los mejores seres humanos que he conocido nunca (porque le sale muy natural, es de esa gente que no le duele ayudar a los demás o ser bueno. Es su naturaleza), después de visitar su enorme casa, ver su familia y su mundo y alegrarnos, sinceramente, de su éxito. Una vez llegamos a la boda nos encontramos con otro montón de gente, todos jovenes, guapos, exitosos. Y me dio mucha alegria verlos, me dio mucha alegria asomarme a sus mundos y compartir ese momento, en el que la gente toca tu espíritu y sabes que, al otro lado, hay gente buena.
En general, estoy muy agradecido por este fin de semana. Por los momentos compartidos, por las historias y los momentos, y por haberme sacado de mi realidad y haberme asomado a otra, que me recuerda que todo es temporal. Que me enseña lo que fui y lo que puedo ser, y que me llena el corazón.
Gracías. Con fines de semana como este, uno puede coger fuerzas para aguantar y entender que, esto, es temporal. Que lo es de verdad, que no es una frase que nos decimos. Gracías.
Ha sido un tiempo maravilloso. El jueves, donde fui a mi antiguo trabajo y me encontré a tantos compañeros y tanto cariño que me sentí abrumado. Gracias. No era consciente de que podía dejar una huella tan positiva y tan buena. Había olvidado como era sentirse útil y productivo, hacer cosas. Hubo un par de interacciones, como cuando me presentaron, en las que me sentí sinceramente abrumado. Gente que no es nada dada a piropear de gratis, hablando maravillas de mí. Incluso alguien se me acercó y me dijo "el famoso don...", lo cual me confundió bastante. Yo soy famoso en casa de mi madre para comer, y porque como fatal. En general, me sentí super especial. Luego por la tarde fui a la tienda de muñequitos donde solía ir y me encontré con amigos, gente a la que quiero mucho y me alegró un montón verlos bien.
Y luego la boda. Fuimos con un amigo, una de los mejores seres humanos que he conocido nunca (porque le sale muy natural, es de esa gente que no le duele ayudar a los demás o ser bueno. Es su naturaleza), después de visitar su enorme casa, ver su familia y su mundo y alegrarnos, sinceramente, de su éxito. Una vez llegamos a la boda nos encontramos con otro montón de gente, todos jovenes, guapos, exitosos. Y me dio mucha alegria verlos, me dio mucha alegria asomarme a sus mundos y compartir ese momento, en el que la gente toca tu espíritu y sabes que, al otro lado, hay gente buena.
En general, estoy muy agradecido por este fin de semana. Por los momentos compartidos, por las historias y los momentos, y por haberme sacado de mi realidad y haberme asomado a otra, que me recuerda que todo es temporal. Que me enseña lo que fui y lo que puedo ser, y que me llena el corazón.
Gracías. Con fines de semana como este, uno puede coger fuerzas para aguantar y entender que, esto, es temporal. Que lo es de verdad, que no es una frase que nos decimos. Gracías.
Ediciones de Warhammer 40.000 y consumo
Esta semana salió la nueva edición de Warhammer 40.000. Para los que no sepáis lo que es (si alguien lee este blog y no lo sabe, que me lo diga para sorprenderme), es un juego de mesa, donde unas miniaturas que representan soldados espaciales se dan de tortas con otras miniaturas, representando un conflicto de ciencia ficción. El juego surge en los años ochenta y ya lleva once ediciones, tiene millones de jugadores a nivel mundial y es una franquicia de ocio con videojuegos, libros y, en teoría, una serie que se está preparando. El hobby, como tal, tiene un grupo de aficionados que, sin ser tan intensos como los de Star Wars, no les falta pasión y entusiasmo y opiniones, bastante intensas, sobre como es y como debería ser dicho hobby.
Quizás es por eso, que me ha sorprendido la facilidad con que este cambio de edición tiene lugar. En Blood Bowl, otro juego de la misma compañia, ha sucedido igual. Salió una nueva edición bastante disruptiva con la anterior, cambiaron reglas, perfiles, miniaturas... se hizo necesario un desembolso para poder volver a jugar o mantenerse en el competitivo. Y de alguna forma, la gente lo aceptó con toda naturalidad.
Eso me sorprende. Quizás es porque todos nos hacemos mayores y la gente con la que me relaciono vé la vida de otra manera (tener hijos hace que relativices mucho la importancia de la alineación de tu equipo favorito), o quizás es que el capitalismo ha entrado en una fase en que todos asumimos, de forma más o menos natural, que las cosas valen dinero y que las empresas tienen que vivir de algo. Y que para ello necesitan modificar los juegos y vender, quizás, otra vez lo mismo a la gente. La Stacy Malibú con un sombrero nuevo.
Aún así visto desde fuera, me sorprende. Recuerdo "rebeliones" hace años ante cambios mucho menores que este, con mucho menos dinero invertido (Warhammer nunca fue barato, pero últimamente me parece exagerado). Quizás también ha tenido lugar una suerte de "purga", aquellos que no estaban tan comprometidos ya se fueron. A mí me parece absurdo lo que vale una camiseta de fútbol, pero nadie me ha preguntado mi opinión, porque obviamente yo no soy el público al que va dirigido ese producto.
Y esta es la reflexión que quiero largar. En este mundo tan fragmentado, de redes sociales, youtubers e influencers, donde todo el mundo piensa igual y el que no lo hace, lo mejor que puede hacer es callarse e irse, de alguna forma el debate se ha reducido. Ya no hay tantas opiniones, tanto compartir y escucharse a sí mismo. Las compañias han conseguido que la gente acepte sus productos y políticas, "Palabra de Dios, te adoramos oyenos". Y no lo digo como algo negativo... siempre me pareció bastante inmaduras las criticas a los cambios de edición. Como todo producto, si no estás conforme con él, no lo adquieras. Pero, como diría Marc británico, el hobby está evolucionando en una dirección bastante distinta a la que conociamos. Lo cual no está mal, simplemente es curioso.
Me gusta que haya menos críticas, que no aportan nada más allá del ruido. Pero no puedo evitar reflexionar sobre como, con la perdida de las criticas, perdemos protagonismo también. La gente asume que el hobby, donde uno creaba reglas, perfiles, campañas... y era sumamente activo, es ahora un producto finalizado, como cuando compras un videojuego, y que hace falta expertos que programen para hacerles DLCs.
Es otro mundo. Y no está mal, pero es curioso.
Quizás es por eso, que me ha sorprendido la facilidad con que este cambio de edición tiene lugar. En Blood Bowl, otro juego de la misma compañia, ha sucedido igual. Salió una nueva edición bastante disruptiva con la anterior, cambiaron reglas, perfiles, miniaturas... se hizo necesario un desembolso para poder volver a jugar o mantenerse en el competitivo. Y de alguna forma, la gente lo aceptó con toda naturalidad.
Eso me sorprende. Quizás es porque todos nos hacemos mayores y la gente con la que me relaciono vé la vida de otra manera (tener hijos hace que relativices mucho la importancia de la alineación de tu equipo favorito), o quizás es que el capitalismo ha entrado en una fase en que todos asumimos, de forma más o menos natural, que las cosas valen dinero y que las empresas tienen que vivir de algo. Y que para ello necesitan modificar los juegos y vender, quizás, otra vez lo mismo a la gente. La Stacy Malibú con un sombrero nuevo.
Aún así visto desde fuera, me sorprende. Recuerdo "rebeliones" hace años ante cambios mucho menores que este, con mucho menos dinero invertido (Warhammer nunca fue barato, pero últimamente me parece exagerado). Quizás también ha tenido lugar una suerte de "purga", aquellos que no estaban tan comprometidos ya se fueron. A mí me parece absurdo lo que vale una camiseta de fútbol, pero nadie me ha preguntado mi opinión, porque obviamente yo no soy el público al que va dirigido ese producto.
Y esta es la reflexión que quiero largar. En este mundo tan fragmentado, de redes sociales, youtubers e influencers, donde todo el mundo piensa igual y el que no lo hace, lo mejor que puede hacer es callarse e irse, de alguna forma el debate se ha reducido. Ya no hay tantas opiniones, tanto compartir y escucharse a sí mismo. Las compañias han conseguido que la gente acepte sus productos y políticas, "Palabra de Dios, te adoramos oyenos". Y no lo digo como algo negativo... siempre me pareció bastante inmaduras las criticas a los cambios de edición. Como todo producto, si no estás conforme con él, no lo adquieras. Pero, como diría Marc británico, el hobby está evolucionando en una dirección bastante distinta a la que conociamos. Lo cual no está mal, simplemente es curioso.
Me gusta que haya menos críticas, que no aportan nada más allá del ruido. Pero no puedo evitar reflexionar sobre como, con la perdida de las criticas, perdemos protagonismo también. La gente asume que el hobby, donde uno creaba reglas, perfiles, campañas... y era sumamente activo, es ahora un producto finalizado, como cuando compras un videojuego, y que hace falta expertos que programen para hacerles DLCs.
Es otro mundo. Y no está mal, pero es curioso.
La superioridad moral de lo negativo
Esta mañana reflexionaba sobre algo que he visto varias ocasiones, gente que viene de países en vías de desarrollo, explicandome lo mal que se está en otros países. En general, países donde yo he vivido o conozco bastante, por haber pasado mucho tiempo allí, conocer gente del sitio, hablar el idioma, etc etc. Lo curioso es que lo hacen con una cierta alegria, como si el malestar de otra gente les produjera regocijo.
Schadenfreude es una palabra alemana, cuya acepción más extendida es sentir alegría por el sufrimiento de otra persona. Yo la descubrí leyendo "Generación X" de Douglas Coupland (bastante recomendado ese libro, aunque ha envejecido regular). Ahí la empleaban directamente para referirse a lo bien que nos hace sentir que a algún famoso le vaya mal, pero esa no es la única acepción.
En general, el schadenfreude es una emoción de gente pequeña y triste, que necesita que otra gente lo pase mal. Que pretende arrastrarnos al barro de su miseria moral, para justificar sus conductas, actitudes, entorno. Como todo el mundo roba, yo también robo. Lo mejor es que son plenamente conscientes de lo reprobable de su conducta y actitud pero, como casi todo el Mal, está enfermo y no posee la energía para curarse, prefiriendo proyectar afuera lo que, obviamente, está dentro.
Es un proceso complicado, descubrir en primer lugar el origen del miedo, la tristeza, la soledad, la rabia. Y una vez lo has descubierto enfrentarlo, mirarlo a los ojos, crecer. Es necesario salir del ego absoluto, de la idea de que el Universo gira en torno a nosotros y entender, como me dijera Toño, que "a Madrid tu le das igual". Si tu, persona de X, te sientes feliz de que en Y todo sea un desastre y no haces más que hablar de la caída de occidente y de la decadencia moral y...
Tengo una noticia para ti. A Occidente le das igual. Hundidos en la miseria más reprobable, los alemanes siguen teniendo acceso a una educación de mayor calidad de la que tuve yo. Y eso no es bueno ni malo, es un hecho, al igual que el que llueva en Galicia no tiene nada que ver con mis opiniones, carácter, reflexiones o inquietudes. El mundo, por increíble que nos parezca, estaba girando antes de que vinieramos y, muy probablemente, seguirá haciendolo después de que nos hayamos ido.
Hay que desconectar. Salir de las redes sociales, salir del sesgo de confirmación, salir de la necesidad de tener razón siempre y mirar por encima del hombro al resto del mundo. Y simplemente, aprender. Acercarnos con curiosidad y respeto, dejar de analizar el mundo en terminos binarios (bueno y malo, blanco y negro) y aceptar que, en esa escala de grises, hay cosas que vibran más con nosotros y cosas que menos. Y en ese espacio de vibración, encontrar nuestra propia voz y compartir, aprender, enseñar, descubrir. Ser. De una forma positiva y optimista, creciente, Lo contrario solo nos hará daño a nosotros mismos y a los demás.
Cuidaros. Se nota que tuve un buen fin de semana.
Schadenfreude es una palabra alemana, cuya acepción más extendida es sentir alegría por el sufrimiento de otra persona. Yo la descubrí leyendo "Generación X" de Douglas Coupland (bastante recomendado ese libro, aunque ha envejecido regular). Ahí la empleaban directamente para referirse a lo bien que nos hace sentir que a algún famoso le vaya mal, pero esa no es la única acepción.
En general, el schadenfreude es una emoción de gente pequeña y triste, que necesita que otra gente lo pase mal. Que pretende arrastrarnos al barro de su miseria moral, para justificar sus conductas, actitudes, entorno. Como todo el mundo roba, yo también robo. Lo mejor es que son plenamente conscientes de lo reprobable de su conducta y actitud pero, como casi todo el Mal, está enfermo y no posee la energía para curarse, prefiriendo proyectar afuera lo que, obviamente, está dentro.
Es un proceso complicado, descubrir en primer lugar el origen del miedo, la tristeza, la soledad, la rabia. Y una vez lo has descubierto enfrentarlo, mirarlo a los ojos, crecer. Es necesario salir del ego absoluto, de la idea de que el Universo gira en torno a nosotros y entender, como me dijera Toño, que "a Madrid tu le das igual". Si tu, persona de X, te sientes feliz de que en Y todo sea un desastre y no haces más que hablar de la caída de occidente y de la decadencia moral y...
Tengo una noticia para ti. A Occidente le das igual. Hundidos en la miseria más reprobable, los alemanes siguen teniendo acceso a una educación de mayor calidad de la que tuve yo. Y eso no es bueno ni malo, es un hecho, al igual que el que llueva en Galicia no tiene nada que ver con mis opiniones, carácter, reflexiones o inquietudes. El mundo, por increíble que nos parezca, estaba girando antes de que vinieramos y, muy probablemente, seguirá haciendolo después de que nos hayamos ido.
Hay que desconectar. Salir de las redes sociales, salir del sesgo de confirmación, salir de la necesidad de tener razón siempre y mirar por encima del hombro al resto del mundo. Y simplemente, aprender. Acercarnos con curiosidad y respeto, dejar de analizar el mundo en terminos binarios (bueno y malo, blanco y negro) y aceptar que, en esa escala de grises, hay cosas que vibran más con nosotros y cosas que menos. Y en ese espacio de vibración, encontrar nuestra propia voz y compartir, aprender, enseñar, descubrir. Ser. De una forma positiva y optimista, creciente, Lo contrario solo nos hará daño a nosotros mismos y a los demás.
Cuidaros. Se nota que tuve un buen fin de semana.
jueves, 28 de mayo de 2026
El poder de decir NO
Es muy curioso, entender en que momento la responsabilidad se convierte en una debilidad. En que momento de tu vida entiendes que, tu solo, te estás poniendo en una posición en la que permites que abusen de ti. Basicamente, por no saber decir que no. Por querer ser buen compañero, por ayudar a los demás, por ser paciente... porque realmente nos gusta. Tanto la sensación de ser útiles como ayudar a los demás, como pensar que somos "esa persona". Lo que pasa que el tiempo es un recurso finito, limitado, y lo empleamos en una cosa para no emplearlo en otra. Y a veces, en determinadas circunstancias, no nos da.
Leía algo super interesante el otro día sobre la teoría de la carencia. Y sobre como, al igual que decía Marco Aurelio, todo lo que vivimos es una percepción. Mi carencia o abundancia de tiempo es una percepción mía, experimentada por mi. Otra pesona, sentada a mi izquierda, puede pensar que me sobra o que me falta. El respeto a la experiencia de los demás, a sus percepciones, es algo que tenemos muy olvidado en esta sociedad. Todos creemos que sabemos muchísimo y que, el de al lado, no tiene ni puñetera idea. Y claro, eso obliga a poner límites.
Existe un punto en que ambas emociones chocan. La necesidad de ser buen compañero, buen amigo, buena persona, y la necesidad de ser escuchado y respetado. En ese espacio surge el conflicto. Durante mucho tiempo he optado por la generosidad; si total, a mí tampoco me cuesta tanto.
Me está costando. Me está costando mi imagen de mi mismo, al percibirme como abusado e indefenso. Me está costando mi respeto y mi aprecio y me está generando una rabia infinita. Yo doy mucho. No es justo que, cuando pido poco, se me deniegue. Y se me deniegue sistematicamente, sin ni siquiera considerarlo.
Ayer le explicabaa a un amigo que, en mi situación, tengo mucho apoyo ¨token¨. Gente que viene y me dice ¨te apoyo a tope, cuenta conmigo, pideme lo que necesites¨. Pido algo. ¨No no, eso no es posible, no depende de mí, tienes que entenderlo...¨.
Yo lo que tengo que entender, querido compañero, es que tu ayuda no vale una mierda. Así que la tomo como lo que es, un gesto, una señal. Que sirve para que tu te sientas bien contigo mismo, pero que a mí, personalmente, me es tan útil como el cenicero de una moto.
Y recuerdo. La rabia se junta con la memoria y se crea un agravio, y ese agravio viene para quedarse. Pero también es una lección. Porque el compañerismo no precisa de reciprocidad, pero se basa en el respeto. Y el respeto se construye sobre la honestidad.
Yo no puedo respetar a alguien que no cumple lo que dice. Es tan simple como eso. Si dices que vas a hacer algo, hazlo. Y si no, no digas nada. Esa hipocresía sureña, que es parte del choque cultural sobre el que se construyen todos estos problemas, es un elemento que debo aprender y procesar. Esto es una lección. Como decía Schwarzenegger, ¨a teaching oportunity¨, una oportunidad de enseñar. Pero maldita sea, me está erosionando un poco demasiado. Me hace falta salir, que me dé el aire, ver a otra gente.
Lo mejor que me enseñó un compañero, es que a periodos de mucha compresión deben suceder periodos de mucha liberación. Si paso de estar encerrado a seguir encerrado, mi cabeza, mi cuerpo, mi alma se hacen cada vez más pequeños. Hay que desahogar. Y esa es una necesidad que hay que transmitir a mi entorno, que tienen que entender.
Necesito decir NO a muchas cosas. Y hay que empezar ya.
Leía algo super interesante el otro día sobre la teoría de la carencia. Y sobre como, al igual que decía Marco Aurelio, todo lo que vivimos es una percepción. Mi carencia o abundancia de tiempo es una percepción mía, experimentada por mi. Otra pesona, sentada a mi izquierda, puede pensar que me sobra o que me falta. El respeto a la experiencia de los demás, a sus percepciones, es algo que tenemos muy olvidado en esta sociedad. Todos creemos que sabemos muchísimo y que, el de al lado, no tiene ni puñetera idea. Y claro, eso obliga a poner límites.
Existe un punto en que ambas emociones chocan. La necesidad de ser buen compañero, buen amigo, buena persona, y la necesidad de ser escuchado y respetado. En ese espacio surge el conflicto. Durante mucho tiempo he optado por la generosidad; si total, a mí tampoco me cuesta tanto.
Me está costando. Me está costando mi imagen de mi mismo, al percibirme como abusado e indefenso. Me está costando mi respeto y mi aprecio y me está generando una rabia infinita. Yo doy mucho. No es justo que, cuando pido poco, se me deniegue. Y se me deniegue sistematicamente, sin ni siquiera considerarlo.
Ayer le explicabaa a un amigo que, en mi situación, tengo mucho apoyo ¨token¨. Gente que viene y me dice ¨te apoyo a tope, cuenta conmigo, pideme lo que necesites¨. Pido algo. ¨No no, eso no es posible, no depende de mí, tienes que entenderlo...¨.
Yo lo que tengo que entender, querido compañero, es que tu ayuda no vale una mierda. Así que la tomo como lo que es, un gesto, una señal. Que sirve para que tu te sientas bien contigo mismo, pero que a mí, personalmente, me es tan útil como el cenicero de una moto.
Y recuerdo. La rabia se junta con la memoria y se crea un agravio, y ese agravio viene para quedarse. Pero también es una lección. Porque el compañerismo no precisa de reciprocidad, pero se basa en el respeto. Y el respeto se construye sobre la honestidad.
Yo no puedo respetar a alguien que no cumple lo que dice. Es tan simple como eso. Si dices que vas a hacer algo, hazlo. Y si no, no digas nada. Esa hipocresía sureña, que es parte del choque cultural sobre el que se construyen todos estos problemas, es un elemento que debo aprender y procesar. Esto es una lección. Como decía Schwarzenegger, ¨a teaching oportunity¨, una oportunidad de enseñar. Pero maldita sea, me está erosionando un poco demasiado. Me hace falta salir, que me dé el aire, ver a otra gente.
Lo mejor que me enseñó un compañero, es que a periodos de mucha compresión deben suceder periodos de mucha liberación. Si paso de estar encerrado a seguir encerrado, mi cabeza, mi cuerpo, mi alma se hacen cada vez más pequeños. Hay que desahogar. Y esa es una necesidad que hay que transmitir a mi entorno, que tienen que entender.
Necesito decir NO a muchas cosas. Y hay que empezar ya.
lunes, 11 de mayo de 2026
Lunes de esperanza y mentiras
Llevo años y años que, cada lunes, me repito a mí mismo que esta semana va a ser distinta. Que será especial, que va a merecer la pena. Cada lunes, me digo a mí mismo que estará guay volver al instituto, al trabajo, a donde sea. Volver a ver a los compañeros, enterarme de lo que ha pasado, compartir, aprender, reírme. Enfrentar desafíos y ver que nos traerá la semana. Cada lunes, cargo energía, lleno las pilas y voy a por ello. Con actitud.
Normalmente, los martes estoy hecho polvo, odio al mundo y todo me parece mal. El lunes por la tarde noche suele ser el momento de "oh mierda, ahí vamos otra vez", como el meme de GTA.
Tengo esa maldita manía, de compartirmentar mi vida. No sé si es una disociación de personalidad. Lo hacemos todos, claro. No actuamos igual en el trabajo que en casa que con los amigos que con la familia. Todas esas son diferentes facetas de nuestra personalidad. En mi caso, las actividades son algo que lo condiciona mucho. Si tengo la cabeza en el trabajo, no la tengo en muñequitos, por ejemplo. O al menos hace mucho que no la tengo, dado que mi vida en general, desde hace meses, es algo que le pasa a otra persona.
Hoy quise mandarle un meme a un colega. Y resulta que, en los últimos dos meses, no he guardado ningún meme. Las fotos que tengo son archivos que se quedan de grupos de whatsapp. Lo último "mío", son fotos de mi cumpleaños de hace tres semanas. Que no está mal, pero es curioso mi escasa actividad... cerebral?
El otro día me hablaban del sindrome de indefensión aprendida. Es una movida que se experimentó en ratones; generas un nivel de incertidumbre en el cual el ratón decide que, sabes qué, que le den por culo. Me voy a una esquina y me muero, que le den a todo. Paso de seguir intentandolo, si total no va a servir para nada. Es una de las puertas a la depresión y es una puerta que llevo meses cruzando. En algunos momentos, incluso he atravesado el hall y me he dado una vueltecita por dentro.
No es buena idea. Así que, cada lunes, vamos a mentirnos y repetirnos que merece la pena. Que hoy habrá charlas con compañeros, que hoy quizás vaya al gimnasio, que hoy habrá algo que haga que hoy sea algo más que levantarme, consumir oxigeno y volver a acostarme.
A veces me dicen que eso es la vida adulta, y que soy un ingenuo, un iluso y que me hago daño a mí mismo con estas expectativas irreales. Pero si no podemos soñar... ¿para qué vivir?
Normalmente, los martes estoy hecho polvo, odio al mundo y todo me parece mal. El lunes por la tarde noche suele ser el momento de "oh mierda, ahí vamos otra vez", como el meme de GTA.
Tengo esa maldita manía, de compartirmentar mi vida. No sé si es una disociación de personalidad. Lo hacemos todos, claro. No actuamos igual en el trabajo que en casa que con los amigos que con la familia. Todas esas son diferentes facetas de nuestra personalidad. En mi caso, las actividades son algo que lo condiciona mucho. Si tengo la cabeza en el trabajo, no la tengo en muñequitos, por ejemplo. O al menos hace mucho que no la tengo, dado que mi vida en general, desde hace meses, es algo que le pasa a otra persona.
Hoy quise mandarle un meme a un colega. Y resulta que, en los últimos dos meses, no he guardado ningún meme. Las fotos que tengo son archivos que se quedan de grupos de whatsapp. Lo último "mío", son fotos de mi cumpleaños de hace tres semanas. Que no está mal, pero es curioso mi escasa actividad... cerebral?
El otro día me hablaban del sindrome de indefensión aprendida. Es una movida que se experimentó en ratones; generas un nivel de incertidumbre en el cual el ratón decide que, sabes qué, que le den por culo. Me voy a una esquina y me muero, que le den a todo. Paso de seguir intentandolo, si total no va a servir para nada. Es una de las puertas a la depresión y es una puerta que llevo meses cruzando. En algunos momentos, incluso he atravesado el hall y me he dado una vueltecita por dentro.
No es buena idea. Así que, cada lunes, vamos a mentirnos y repetirnos que merece la pena. Que hoy habrá charlas con compañeros, que hoy quizás vaya al gimnasio, que hoy habrá algo que haga que hoy sea algo más que levantarme, consumir oxigeno y volver a acostarme.
A veces me dicen que eso es la vida adulta, y que soy un ingenuo, un iluso y que me hago daño a mí mismo con estas expectativas irreales. Pero si no podemos soñar... ¿para qué vivir?
jueves, 7 de mayo de 2026
Adaptados a no estar adaptados
El otro día tuve sesión con mi psicologo y hablamos de mogollón de cosas. Entre ellas, de cuando fue el momento en que yo me he visto cómodo y controlando aquí. Y la conclusión de él fue que, nunca. En casi dos años, nunca me he visto bien aquí. Nunca he controlado la situación, nunca he estado seguro... siempre me tocaba defenderme, siempre me tocaba reaccionar, siempre me tocaba adaptarme. No he parado de remar desde que llegué.
Pero eso es solo una nota para recordarmelo en unos meses/años. La parte de que va este artículo es de un comentario que hizo sobre una persona a la que estaba conociendo. Dijo que esa persona, probablemente, está ya adaptada aquí y el que tiene que hacerse su sitio soy yo. Y leía, escuchaba a gente... y pensaba que es cierto. Que mucha gente aquí encuentra su ritmo. Un ritmo extraño, que en pocas ocasiones les hace feliz y que, en general, sueel traducirse como "ir tirando". Tengo mi rutina, hago mis cosas... pero no estoy bien del todo.
Hoy, mi señora me decía que no es capaz de cubrir todas las bases. Que quiere trabajo, entrenamiento, dieta, vida social, viajes... y que no le da la vida. Lo cual es bastante normal; queremos cubrir muchísimo más de lo que, fisicamente, somos capaces de hacer. En buena parte, debido al escaparate de las redes sociales. Ves la casa super mona y divina y no eres consciente de la cantidad de horas de trabajo que tiene para que esté así. Pero el tema al que venía a referirme, respecto a mi señora, es que casi todas las actividades que se plantean aquí son solitarias o, como mucho, con la compañia de alguien que haga lo que nosotros le digamos. Vamos a tal sitio, que me gusta a mí. Vamos a comer esto, que me gusta a mí. En general, si no tenemos espacio para nosotros, imaginaros darle parte de nuestro espacio a otras personas.
Y ese es un error curioso. Los seres humanos somos animales sociales, como estoy harto de decir, y estamos diseñados genéticamente para encontrar placer en la conexión. La soledad, literalmetne, mata. Así que aquí tenemos a montones de gente, corriendo como pollos sin cabeza buscando algo... que está delante de sus narices. ¿Quieres regular tu sueño, tus hormonas y tu felicidad? Conecta con gente. Haz cosas en común que os hagan felices. Sal de tu esquinita, donde haces lo justo y donde comunicas lo mínimo, para poder acercarte a otro ser humano. Como decían en Generación X, una frase que me impresionó mucho de pibe (y que seguro recuerdo fatal), "buscaba sexo, pero solo como una forma de mirar profundamente a los ojos a otro ser humano".
Suerte. Y que os vaya bien. Yo sigo contando para atrás. 14 meses. Ya queda menos.
Pero eso es solo una nota para recordarmelo en unos meses/años. La parte de que va este artículo es de un comentario que hizo sobre una persona a la que estaba conociendo. Dijo que esa persona, probablemente, está ya adaptada aquí y el que tiene que hacerse su sitio soy yo. Y leía, escuchaba a gente... y pensaba que es cierto. Que mucha gente aquí encuentra su ritmo. Un ritmo extraño, que en pocas ocasiones les hace feliz y que, en general, sueel traducirse como "ir tirando". Tengo mi rutina, hago mis cosas... pero no estoy bien del todo.
Hoy, mi señora me decía que no es capaz de cubrir todas las bases. Que quiere trabajo, entrenamiento, dieta, vida social, viajes... y que no le da la vida. Lo cual es bastante normal; queremos cubrir muchísimo más de lo que, fisicamente, somos capaces de hacer. En buena parte, debido al escaparate de las redes sociales. Ves la casa super mona y divina y no eres consciente de la cantidad de horas de trabajo que tiene para que esté así. Pero el tema al que venía a referirme, respecto a mi señora, es que casi todas las actividades que se plantean aquí son solitarias o, como mucho, con la compañia de alguien que haga lo que nosotros le digamos. Vamos a tal sitio, que me gusta a mí. Vamos a comer esto, que me gusta a mí. En general, si no tenemos espacio para nosotros, imaginaros darle parte de nuestro espacio a otras personas.
Y ese es un error curioso. Los seres humanos somos animales sociales, como estoy harto de decir, y estamos diseñados genéticamente para encontrar placer en la conexión. La soledad, literalmetne, mata. Así que aquí tenemos a montones de gente, corriendo como pollos sin cabeza buscando algo... que está delante de sus narices. ¿Quieres regular tu sueño, tus hormonas y tu felicidad? Conecta con gente. Haz cosas en común que os hagan felices. Sal de tu esquinita, donde haces lo justo y donde comunicas lo mínimo, para poder acercarte a otro ser humano. Como decían en Generación X, una frase que me impresionó mucho de pibe (y que seguro recuerdo fatal), "buscaba sexo, pero solo como una forma de mirar profundamente a los ojos a otro ser humano".
Suerte. Y que os vaya bien. Yo sigo contando para atrás. 14 meses. Ya queda menos.
lunes, 20 de abril de 2026
Elegimos la comodidad
A proposito del último artículo que escribí, me aparece un texto en el cual dice que, sometidos a un estudio sobre "obtener comida por mis propios medios/que me la den gratis", solo los seres humanos y los gatos domésticos elegían que se la dieran gratis. Y es curioso, porque hace un par de semanas hablaba de eso con un amigo y le decía que, el principal problema de nuestras sociedades no es la corrupción, la falta de solidaridad o la avaricia. No. El principal problema que tenemos es la desidia, la falta de motivación y ganas de mejorar nuestros entornos, nuestras sociedades, nuestras vidas.
Hace unos meses un inglés me decía que ¨han destruido este país¨. Pero yo pensaba... ¿quién? No ha sido invadido por bárbaros sedientos de sangre y vosotros habéis muerto defendiendo vuestro país, vuestra cultura, vuestra identidad. No. Os habéis quedado en el sofá, habéis ido votando una y otra vez gente que tomaba decisiones malas y no les habéis impedido hacerlo. Que hablo de los ingleses porque lo veo desde fuera, pero no creo que la situación en España esté mucho mejor y, honestamente, mi parte de responsabilidad está ahí.
No queremos complicarnos la vida. Elegimos el camino de menor resistencia. Y luego nos preguntamos, sorprendidos, porqué no disfrutamos de la vida, porqué no le encontramos sentido a nada y porqué, en cierto sentido, parece que somos pasajeros de nuestra vida en lugar de actores protagonistas. Y cuando socializamos, como me viene pasando en los últimos meses aquí, somos incapaces de relacionarnos entre iguales, entendiendo que para recibir hay que dar y que no consiste en "aprovecha ahora que se acaba".
Hace unos meses un inglés me decía que ¨han destruido este país¨. Pero yo pensaba... ¿quién? No ha sido invadido por bárbaros sedientos de sangre y vosotros habéis muerto defendiendo vuestro país, vuestra cultura, vuestra identidad. No. Os habéis quedado en el sofá, habéis ido votando una y otra vez gente que tomaba decisiones malas y no les habéis impedido hacerlo. Que hablo de los ingleses porque lo veo desde fuera, pero no creo que la situación en España esté mucho mejor y, honestamente, mi parte de responsabilidad está ahí.
No queremos complicarnos la vida. Elegimos el camino de menor resistencia. Y luego nos preguntamos, sorprendidos, porqué no disfrutamos de la vida, porqué no le encontramos sentido a nada y porqué, en cierto sentido, parece que somos pasajeros de nuestra vida en lugar de actores protagonistas. Y cuando socializamos, como me viene pasando en los últimos meses aquí, somos incapaces de relacionarnos entre iguales, entendiendo que para recibir hay que dar y que no consiste en "aprovecha ahora que se acaba".
Pereza de vivir
Después de semanas y meses deseando hacer un viaje a casa, por fin hoy voy a coger la mochila e irme al aeropuerto. Y sin embargo... me cuesta muchísimo arrancar. Quiero llegar allí, estar con mi gente, hacer lo que me gusta. Pero es otro cambio, otro nuevo escenario, otro reinicio. Y curiosamente, me da flojera.
La reflexión sobre eso es que, incluso las cosas que nos gusta, nos suponen esfuerzo desde un determinado espacio mental. Una vez llevamos desarrollada una rutina buena, de cambio y desarrollo, es más facily ofrece menos resistencia. Pero por naturaleza nos oponemos al cambio, queremos seguir donde estamos haciendo lo que nos gusta. El dolor, la necesidad de evitar donde estamos es lo que nos suele empujar en la dirección del cambio. La comodidad, la rutina nos ¨inspira¨ a seguir, a no cambiar.
No creo que sea algo positivo. Creo que nuestra naturaleza debería ser evolucionar, aspirar a cosas mejores, crecer. Pero este momento, en el que me resisto a hacer algo que me gusta, es un indicador claro de en qué momento y espacio mental me encuentro y no me gusta. Hay que resistirse. Cuando el cuerpo te dice no, a veces, hay que forzarlo. Luego se agradece.
La reflexión sobre eso es que, incluso las cosas que nos gusta, nos suponen esfuerzo desde un determinado espacio mental. Una vez llevamos desarrollada una rutina buena, de cambio y desarrollo, es más facily ofrece menos resistencia. Pero por naturaleza nos oponemos al cambio, queremos seguir donde estamos haciendo lo que nos gusta. El dolor, la necesidad de evitar donde estamos es lo que nos suele empujar en la dirección del cambio. La comodidad, la rutina nos ¨inspira¨ a seguir, a no cambiar.
No creo que sea algo positivo. Creo que nuestra naturaleza debería ser evolucionar, aspirar a cosas mejores, crecer. Pero este momento, en el que me resisto a hacer algo que me gusta, es un indicador claro de en qué momento y espacio mental me encuentro y no me gusta. Hay que resistirse. Cuando el cuerpo te dice no, a veces, hay que forzarlo. Luego se agradece.
jueves, 9 de abril de 2026
Un proyecto, un sentido
Estaba buscando la palabra italiana, "senso", y pensaba que me gusta muchísimo como suena. Y pensaba que, en cierto sentido, todos necesitamos ese sneso para vivir. No recuerdo si era Nietzsche o Viktor Frankl, quién decía que quién tenga un porqué encontrará un como.
Me está costando encontrar una motivación, algo que me haga salir de mi rutina y encontrar mi propia voz. Ayer lo hablaba con una compañera, que en la adolescencia los pibes son rebeldes porque necesitan encontrar su propia voz, en un mundo que les rodea y que se empeña en decirles como tienen que ser y pensar. Es natural. Se construye desde la oposición, no desde el acuerdo. O como decía Patton, "si todos pensamos lo mismo, alguien no está pensando".
Hace falta encontrar un proyecto propio, algo que nos permita reconocernos a nosotros mismos. Parece una tontería, pero me está pasando con los muñequitos. Quiero elegir un esquema de pintura para unas miniaturas y es como.. ¿cual me hace sentir que estoy haciendo algo real?
Curiosamente, también en eso existe un factor de reflexión comunitaria. Cuando eramos pibes y empezabamos a jugar, las minis eran parte de nuestra identidad. Alvaro llevaba Skavens, así que era "Alvaro Skavens". Ale jugaba con No Muertos, así que era Ale No Muertos. Yo en Madrid jugaba Guerreros de Hierro y ese era yo. Este ultimo viaje, esta ultima busqueda de mi mismo me lleva a la misma pregunta. ¿Quién soy? ¿Y como expreso quién soy?
Y es una tontería enorme.. pero no lo es.
Me está costando encontrar una motivación, algo que me haga salir de mi rutina y encontrar mi propia voz. Ayer lo hablaba con una compañera, que en la adolescencia los pibes son rebeldes porque necesitan encontrar su propia voz, en un mundo que les rodea y que se empeña en decirles como tienen que ser y pensar. Es natural. Se construye desde la oposición, no desde el acuerdo. O como decía Patton, "si todos pensamos lo mismo, alguien no está pensando".
Hace falta encontrar un proyecto propio, algo que nos permita reconocernos a nosotros mismos. Parece una tontería, pero me está pasando con los muñequitos. Quiero elegir un esquema de pintura para unas miniaturas y es como.. ¿cual me hace sentir que estoy haciendo algo real?
Curiosamente, también en eso existe un factor de reflexión comunitaria. Cuando eramos pibes y empezabamos a jugar, las minis eran parte de nuestra identidad. Alvaro llevaba Skavens, así que era "Alvaro Skavens". Ale jugaba con No Muertos, así que era Ale No Muertos. Yo en Madrid jugaba Guerreros de Hierro y ese era yo. Este ultimo viaje, esta ultima busqueda de mi mismo me lleva a la misma pregunta. ¿Quién soy? ¿Y como expreso quién soy?
Y es una tontería enorme.. pero no lo es.
viernes, 3 de abril de 2026
Cuanta epicidad quieres en tu vida
Precisamente a proposito del último artículo, estaba pensando sobre esto. ¿Cual es el nivel de consumo de adrenalina que requieres? ¿Qué consideras una aventura, algo que rompa tu rutina?
Tengo un amigo, guia turistico, que dice que en Cracovia todo Dios habla español ahora. ¿Por qué? Porque es Semana Santa y la gente necesita desconectar, y todo el mundo viaja y hace cosas y conoce sitios.. hay mucha presión a través de redes sociales (¿acaso no has estado en el Machu Pichu?), lo que aumenta el nivel de consumo. Y vivimos en una sociedad construida en torno al consumo, a gastar a tener a acumular. Dado que el espacio es finito y el numero de cosas limitadas... pues a consumir experiencias. Y sinceramente, no me parece mal. Cada uno que viva como quiera y haga lo que le llene el espíritu.
Pero la reflexión sobre cuanta epicidad es la siguiente. ¿Qué es pensamiento propio y que es pensamiento "implantado" ? Y esta es una pregunta importante. Ayer por la noche, mi señora estaba jugando a la Play. A su lado, el gato estaba tirado en un cojín y yo estaba mirando como jugaba. Y me dijo "esto es lo más a lo que se puede aspirar en la vida". Y en cierto sentido, lo es. Para nosotros. Hay gente que, si esa noche no está saltando de un paracaidas se pregunta que para qué ha nacido. O incluso nosotros en otros momentos.
Yo no creo que la vida deba ser siempre igual. Y tampoco creo que, pasar una noche en casa disfrutando de tus seres queridos, sea la única forma de ser feliz. La felicidad tiene muchísimas facetas. Pero todos necesitamos un poquito de cambio, un poquito de control. El otro día escuché que, se sale de una depresión, cuando uno recupera su vida. ¿Y qué significa eso?
Hacer lo que te hace feliz. Elegir. Escucharte a ti mismo.
Por eso, insisto, creo que necesitamos un cierto componente de epicidad. Para alguna gente eso es saltar en paracaidas, para otros es ver a su hijo dar sus primeros pasos, para otros es conseguir pintar una pared. Todos tenemos desafíos y los vamos superando. Y ese, el superar un desafío, es el componente de epicidad que necesitamos.
Si te levantas, vas al trabajo, duermes, repites y eso es lo que haces durante semanas, poco a poco te vas muriendo por dentro. Así que sí. La rutina puede acabar con nosotros. Vivamos. O citando los anuncios del Gadis, vivamos como galegos.
Disfrutadlo.
Tengo un amigo, guia turistico, que dice que en Cracovia todo Dios habla español ahora. ¿Por qué? Porque es Semana Santa y la gente necesita desconectar, y todo el mundo viaja y hace cosas y conoce sitios.. hay mucha presión a través de redes sociales (¿acaso no has estado en el Machu Pichu?), lo que aumenta el nivel de consumo. Y vivimos en una sociedad construida en torno al consumo, a gastar a tener a acumular. Dado que el espacio es finito y el numero de cosas limitadas... pues a consumir experiencias. Y sinceramente, no me parece mal. Cada uno que viva como quiera y haga lo que le llene el espíritu.
Pero la reflexión sobre cuanta epicidad es la siguiente. ¿Qué es pensamiento propio y que es pensamiento "implantado" ? Y esta es una pregunta importante. Ayer por la noche, mi señora estaba jugando a la Play. A su lado, el gato estaba tirado en un cojín y yo estaba mirando como jugaba. Y me dijo "esto es lo más a lo que se puede aspirar en la vida". Y en cierto sentido, lo es. Para nosotros. Hay gente que, si esa noche no está saltando de un paracaidas se pregunta que para qué ha nacido. O incluso nosotros en otros momentos.
Yo no creo que la vida deba ser siempre igual. Y tampoco creo que, pasar una noche en casa disfrutando de tus seres queridos, sea la única forma de ser feliz. La felicidad tiene muchísimas facetas. Pero todos necesitamos un poquito de cambio, un poquito de control. El otro día escuché que, se sale de una depresión, cuando uno recupera su vida. ¿Y qué significa eso?
Hacer lo que te hace feliz. Elegir. Escucharte a ti mismo.
Por eso, insisto, creo que necesitamos un cierto componente de epicidad. Para alguna gente eso es saltar en paracaidas, para otros es ver a su hijo dar sus primeros pasos, para otros es conseguir pintar una pared. Todos tenemos desafíos y los vamos superando. Y ese, el superar un desafío, es el componente de epicidad que necesitamos.
Si te levantas, vas al trabajo, duermes, repites y eso es lo que haces durante semanas, poco a poco te vas muriendo por dentro. Así que sí. La rutina puede acabar con nosotros. Vivamos. O citando los anuncios del Gadis, vivamos como galegos.
Disfrutadlo.
Morimos dos veces
El otro día escuché eso. Que morimos dos veces, una cuando nuestro cuerpo desaparece, y otra cuando dejan de hablar de nosotros. Lo recordé ayer, cuando hablabamos Carlos y yo de Nietzsche y de esa cita de Aquiles "por eso nadie recordará tu nombre".
martes, 17 de marzo de 2026
No es la pelota
Ya deberías de haberlo aprendido. Las aficiones compartidas son un ritual interno dentro de una cultura. Si tu traes tu afición, de otra cultura, a esta vas a tener problemas de adaptación. Es como pensar que, dado que en Brasil todo el mundo juega al fútbol y hace amigos, tu vas a llegar con una pelota a un campo y vas a empezar a hablar el idioma, compartir el juego e irte de cervezas después, como si estuvieras en tu ciudad.
No funciona así. El primer paso debe darse en un entorno que facilite ese primer paso, que quiera interactuar. Sin predisposición no se puede, es simplemente forzar por querer forzar. Y hay que entender que mis circunstancias son totalmente ajenas a las de la gente de mi alrededor. Aquí la gente ha nacido y se ha criado aquí, conoce el lenguaje y la cultura, sabe moverse. Y los tiempos, las formas de comunicarse, las interacciones... todo está codificado en unas claves que no conozco y que, sinceramente, me supone demasiado esfuerzo conocer para lo que me devuelve a cambio.
Hoy ha sido una buena noche. Ha salido mal, pero el esfuerzo era pequeño. Se puede permitir un fracaso así. Duele, porque es otro fracaso más de una lista que, ya, empieza a ser demasiado larga. Pero no pasa nada. Mañana será otro día. El día -501, si Dios quiere.
Cuidaros. Buenas noches.
No funciona así. El primer paso debe darse en un entorno que facilite ese primer paso, que quiera interactuar. Sin predisposición no se puede, es simplemente forzar por querer forzar. Y hay que entender que mis circunstancias son totalmente ajenas a las de la gente de mi alrededor. Aquí la gente ha nacido y se ha criado aquí, conoce el lenguaje y la cultura, sabe moverse. Y los tiempos, las formas de comunicarse, las interacciones... todo está codificado en unas claves que no conozco y que, sinceramente, me supone demasiado esfuerzo conocer para lo que me devuelve a cambio.
Hoy ha sido una buena noche. Ha salido mal, pero el esfuerzo era pequeño. Se puede permitir un fracaso así. Duele, porque es otro fracaso más de una lista que, ya, empieza a ser demasiado larga. Pero no pasa nada. Mañana será otro día. El día -501, si Dios quiere.
Cuidaros. Buenas noches.
Cuando te sientas vacío, compra
En este mundo en el que vivimos, a veces sucede eso. Uno no tiene gente con la que quedar, no tiene planes, no tiene algo que le motive... y de repente, compra. Así se genera dopamina, así se satisface, así se siente uno que existe. Levanta la mano, le da al botón, algo le mandarán a casa.
Hemos convertido la vida en una serie de gastos... y una forma de buscarnos sentido es a través del consumo. Eso no está ni bien ni mal. Simplemente, es así. Y cuanto antes lo reconozcamos y hagamos las paces con ese hecho de la existencia, mejor. ¿Lo ideal? Tener sentido en nuestra vida, de forma que no andemos necesitando subidones hormonales basados en el consumo. Pero dada que la situación es la que es y no parece que vaya a haber alivio o escapatoria pronto...
A seguir tachando días del calendario. Ya quedan menos. Nos aproximamos a los 500, y de ahí en adelante irá bajando. Crucemos los dedos.
Hemos convertido la vida en una serie de gastos... y una forma de buscarnos sentido es a través del consumo. Eso no está ni bien ni mal. Simplemente, es así. Y cuanto antes lo reconozcamos y hagamos las paces con ese hecho de la existencia, mejor. ¿Lo ideal? Tener sentido en nuestra vida, de forma que no andemos necesitando subidones hormonales basados en el consumo. Pero dada que la situación es la que es y no parece que vaya a haber alivio o escapatoria pronto...
A seguir tachando días del calendario. Ya quedan menos. Nos aproximamos a los 500, y de ahí en adelante irá bajando. Crucemos los dedos.
lunes, 16 de marzo de 2026
Sobre la necesidad de presencia
El otro día hablaba con alguien sobre formas de amor y modelos. Y como, para alguna gente, lo importante es que tu los escuches, los veas, "sentirse presente". Mientras que para otra gente lo importante es que hagas cosas por ellos, que les ayudes, que actues. Alguna gente prefiere la interacción emocional y otra gente prefiere la interacción física. Y a veces, es un problema entenderlo.
Leía el otro día, que una de las principales fuentes de estrés en las relaciones entre adultos son los malentendidos, las cosas que se dan por hechas y las conversaciones que no se tienen. Cosas como "esto es obvio" o "todo el mundo sabe esto", son una fuente de problemas constante. Realmente, no debería ser tan difícil expresarnos, decir lo que necesitamos y exponernos a que otra gente nos diga que necesitan ellos.
Llevo unas semanas y meses muy complicados, en los cuales tengo que distribuir un recurso que ahora es muy limitado para mí, el tiempo, entre mi pareja y yo. Y eso es especialmente complicado, en tanto y en cuanto tenemos lenguajes distintos. Yo quiero hablar, escuchar, compartir. Ella quiere que haga la compra, limpie la casa, que "haga". Y ambas cosas son necesarias, pero mis prioridades son distintas de las de ella.
¿Como se equilibra eso? Pues hablando mucho, cediendo mucho y entendiendo a la otra persona. Poniendo de nuestra parte. Y sobre todo, dejando muy claro el nivel y grado de compromiso. Uno de los principales problemas de pareja es cuando la otra persona entiende que no eres una prioridad para ella. Entonces surgen un montón de problemas porque, en esta epoca de Amazon y donde todo es para ayer... ¿ por qué tengo que renunciar a nada por alguien que no me vé como una prioridad?
La semana pasada hubo un intento de quedar con gente de un grupo de Whatsapp. Quedar fisicamente, verse. Y fracasó, porque basicamente todo el mundo piensa en yo, pero no en nosotros. Y es incapaz de ceder un mínimo de autonomía para ponerse de acuerdo. Son cosas que pasan, lo entiendo. Todos estamos saturados, todos estamos sobreestimulados, todos tenemos demasiado trabajo y compromisos y obligaciones. También porque, en muchos casos, nosotros nos hemos metido de cabeza allí. Como decía mi colega Sergio, " la gente vive un nivel de vida por encima del que se puede permitir ". Y eso se aplica también a la gestión del tiempo. Pero es importante, en esto como en otras cosas, establecer un idioma común de forma que todos entendamos lo mismo. Porque si no, surgen esos desequilibrios donde uno se pregunta, si para esta gente no es tan importante como para mí quedar... ¿por qué tengo que sacrificar mi escaso tiempo libre, para ellos?
Y esto se aplica a todo. Con lo que es importante, no solo estar, sino estar bien. De forma que la gente con la que interactuas, con la que compartes, entienda que para ellos esto es importante. Porque si no, para qué.
Leía el otro día, que una de las principales fuentes de estrés en las relaciones entre adultos son los malentendidos, las cosas que se dan por hechas y las conversaciones que no se tienen. Cosas como "esto es obvio" o "todo el mundo sabe esto", son una fuente de problemas constante. Realmente, no debería ser tan difícil expresarnos, decir lo que necesitamos y exponernos a que otra gente nos diga que necesitan ellos.
Llevo unas semanas y meses muy complicados, en los cuales tengo que distribuir un recurso que ahora es muy limitado para mí, el tiempo, entre mi pareja y yo. Y eso es especialmente complicado, en tanto y en cuanto tenemos lenguajes distintos. Yo quiero hablar, escuchar, compartir. Ella quiere que haga la compra, limpie la casa, que "haga". Y ambas cosas son necesarias, pero mis prioridades son distintas de las de ella.
¿Como se equilibra eso? Pues hablando mucho, cediendo mucho y entendiendo a la otra persona. Poniendo de nuestra parte. Y sobre todo, dejando muy claro el nivel y grado de compromiso. Uno de los principales problemas de pareja es cuando la otra persona entiende que no eres una prioridad para ella. Entonces surgen un montón de problemas porque, en esta epoca de Amazon y donde todo es para ayer... ¿ por qué tengo que renunciar a nada por alguien que no me vé como una prioridad?
La semana pasada hubo un intento de quedar con gente de un grupo de Whatsapp. Quedar fisicamente, verse. Y fracasó, porque basicamente todo el mundo piensa en yo, pero no en nosotros. Y es incapaz de ceder un mínimo de autonomía para ponerse de acuerdo. Son cosas que pasan, lo entiendo. Todos estamos saturados, todos estamos sobreestimulados, todos tenemos demasiado trabajo y compromisos y obligaciones. También porque, en muchos casos, nosotros nos hemos metido de cabeza allí. Como decía mi colega Sergio, " la gente vive un nivel de vida por encima del que se puede permitir ". Y eso se aplica también a la gestión del tiempo. Pero es importante, en esto como en otras cosas, establecer un idioma común de forma que todos entendamos lo mismo. Porque si no, surgen esos desequilibrios donde uno se pregunta, si para esta gente no es tan importante como para mí quedar... ¿por qué tengo que sacrificar mi escaso tiempo libre, para ellos?
Y esto se aplica a todo. Con lo que es importante, no solo estar, sino estar bien. De forma que la gente con la que interactuas, con la que compartes, entienda que para ellos esto es importante. Porque si no, para qué.
lunes, 9 de marzo de 2026
Entre la tozudez y la insoportable ansia de victoria
Disclaimer: "La insoportable ansia de victoria" es una cita de Hitler. Cualquiera que lea este blog (sí, vosotros tres), debería conocerme para saber que, el hecho de adoptar un elemento concreto de una filosofía, religión o creencia política no me convierte en fanático y adscribiente de todos y cada uno de sus preceptos. Por favor, no caigamos en el Secundum Quid (grande el decalogo de la lógica).
Ok, superado el disclaimer y a raiz de mi último artículo, voy a escribir sobre una cuestión que me viene inquietando ultimamente. Es algo que nos ha pasado a todos en la vida y que, seguro, nos seguirá pasando y es la pregunta siguiente.
¿ Cuando hay que soltar ?
Seguro que, en algún momento, habéis estado estudiando algo... trabajando en algo... en una relación... viviendo en algún sitio... y habéis pensado, ¨Ok, ahora estoy fatal, pero si sigo un poco más, mejorará". Y no mejora. Y seguís. Y no mejora. Llega un momento en que no está casi obligado a preguntarse, ¿merece la pena? ¿estoy sacrificando mi felicidad presente por una posible felicidad futura?
Yo siempre he sido muy testarudo. Me cuesta comprometerme a algo, pero una vez lo hago es muy difícil hacerme cambiar de opinión. Y con el tiempo, estoy dandome cuenta de que esto puede ser más un defecto que una virtud, o quizás es que con la edad la percepción del éxito varía.
Me explico. En otros momentos de mi vida he soportado mucho sufrimiento, soledad y esfuerzo porque luego merecía la pena. Y efectivamente, lo ha hecho. Gracías a mi abnegación y compromiso he conseguido cosas que, honestamente, no podría haberlo hecho de otra manera. No soy un deportista, pero conseguí superar mis pruebas físicas. No soy brillante, pero he estudiado y superado examenes. Hay buena parte del éxito de mi vida que se basa, principalmente, en que una vez muerdo algo no lo suelto. Esa es mi ¨insoportable ansia de victoria¨. Si algo merece la pena de verdad, entonces merece la pena a tope y no vale andarse con excusitas como que tengo una pierna rota o algo así. (Ok ok, bajate una Juana de Arco).
Pero efectivamente, llega un momento en el que uno entiende que está haciendo el idiota. El caso de Charlie, en mi anterior artículo, es un buen ejemplo de ello. Si uno está invirtiendo en una empresa que no da beneficios, llega un momento en que deja de ser una inversión y empieza a ser simplemente un gasto. Y ese es el momento de dar un paso atrás y plantearse si merece la pena.
Ahora viene la parte de registro personal, para que dentro de X meses o años yo lea esto y diga ¨mi má, como estabas macho¨. Os la podéis saltar si queréis.
Yo llegué a Reino Unido con la idea de ponerme en forma y estudiar. Pensé trabajar con menos estrés, soportar algunas cosas y reconstruir mi vida. Las relaciones sociales era algo que iría saliendo, sin mucha presión, una vez me hubiera asentado en el trabajo y en la vida. Por supuesto, pensaba viajar, seguir con mis hobbies y mi vida de pareja. Y, como he hecho toda mi vida, pensé que a base de buena voluntad, esfuerzo y actitud las cosas irían saliendo bien.
Spoiler alert: no fue así.
Hay cosas que no dependen de uno. En la piramide de Marslow, los primeros elementos están directamente implicados en la supervivencia. O como dijera yo en aquella conferencia, comer, dormir y que te dejen un poquito en paz. Dado que ese escenario no ha sido así, ha habido que ir reduciendo cosas de la lista de objetivos. Quitamos los planes a medio plazo. Quitamos el objetivo deportivo. Quitamos el estudio. Nos planteamos los hobbies, como equilibrio al trabajo y a las obligaciones familiares y de pareja. Los hobbies no funcionan, pero insisto. Insisto. Saldrá algo, se tiene que poder. Otra mudanza. Otro reinicio. Otra inestabilidad, otro volver a empezar. Y finalmente, tal y como me pasó anteriormente, me veo obligado a soltar. Igual que he tenido que renunciar a intentar tener algún control sobre mi agenda, igual que aprendí en el trabajo a esforzarme y dar lo mejor de mí simplemente para no enfermarme (o para que la enfermedad no se vuelva crítica), he tenido que reestructurar mi vida familiar y personal en estos terminos. El 2025 acabó y, me di cuenta, de que mi objetivo para 2026 es no morirme ni acabar divorciado. Y que eso, que para muchísima gente se da por hecho, yo tengo que esforzarme muchísimo para conseguirlo.
A veces, no se pelea para ganar. A veces se pelea para no perder, o para perder despacito, poco a poco. Como decía Pedro el otro día, vivir para recuperarse. Porque recuperarse para vivir, eso no funciona cuando los requisitos para recuperarse están a meses y años vista. Hay que vivir ahora. ¿ Mañana ? Quizás llegará. Quizás no. Si hoy tenemos suerte y hay un día bueno, lo celebramos. Si no, pues otra vez será. Y así, día a día, tachando días del calendario. Esto es como la escuela, hay que pasarlo y que deje las menos secuelas posibles.
Cuidaros. Hace mucho frío ahí fuera.
Ok, superado el disclaimer y a raiz de mi último artículo, voy a escribir sobre una cuestión que me viene inquietando ultimamente. Es algo que nos ha pasado a todos en la vida y que, seguro, nos seguirá pasando y es la pregunta siguiente.
¿ Cuando hay que soltar ?
Seguro que, en algún momento, habéis estado estudiando algo... trabajando en algo... en una relación... viviendo en algún sitio... y habéis pensado, ¨Ok, ahora estoy fatal, pero si sigo un poco más, mejorará". Y no mejora. Y seguís. Y no mejora. Llega un momento en que no está casi obligado a preguntarse, ¿merece la pena? ¿estoy sacrificando mi felicidad presente por una posible felicidad futura?
Yo siempre he sido muy testarudo. Me cuesta comprometerme a algo, pero una vez lo hago es muy difícil hacerme cambiar de opinión. Y con el tiempo, estoy dandome cuenta de que esto puede ser más un defecto que una virtud, o quizás es que con la edad la percepción del éxito varía.
Me explico. En otros momentos de mi vida he soportado mucho sufrimiento, soledad y esfuerzo porque luego merecía la pena. Y efectivamente, lo ha hecho. Gracías a mi abnegación y compromiso he conseguido cosas que, honestamente, no podría haberlo hecho de otra manera. No soy un deportista, pero conseguí superar mis pruebas físicas. No soy brillante, pero he estudiado y superado examenes. Hay buena parte del éxito de mi vida que se basa, principalmente, en que una vez muerdo algo no lo suelto. Esa es mi ¨insoportable ansia de victoria¨. Si algo merece la pena de verdad, entonces merece la pena a tope y no vale andarse con excusitas como que tengo una pierna rota o algo así. (Ok ok, bajate una Juana de Arco).
Pero efectivamente, llega un momento en el que uno entiende que está haciendo el idiota. El caso de Charlie, en mi anterior artículo, es un buen ejemplo de ello. Si uno está invirtiendo en una empresa que no da beneficios, llega un momento en que deja de ser una inversión y empieza a ser simplemente un gasto. Y ese es el momento de dar un paso atrás y plantearse si merece la pena.
Ahora viene la parte de registro personal, para que dentro de X meses o años yo lea esto y diga ¨mi má, como estabas macho¨. Os la podéis saltar si queréis.
Yo llegué a Reino Unido con la idea de ponerme en forma y estudiar. Pensé trabajar con menos estrés, soportar algunas cosas y reconstruir mi vida. Las relaciones sociales era algo que iría saliendo, sin mucha presión, una vez me hubiera asentado en el trabajo y en la vida. Por supuesto, pensaba viajar, seguir con mis hobbies y mi vida de pareja. Y, como he hecho toda mi vida, pensé que a base de buena voluntad, esfuerzo y actitud las cosas irían saliendo bien.
Spoiler alert: no fue así.
Hay cosas que no dependen de uno. En la piramide de Marslow, los primeros elementos están directamente implicados en la supervivencia. O como dijera yo en aquella conferencia, comer, dormir y que te dejen un poquito en paz. Dado que ese escenario no ha sido así, ha habido que ir reduciendo cosas de la lista de objetivos. Quitamos los planes a medio plazo. Quitamos el objetivo deportivo. Quitamos el estudio. Nos planteamos los hobbies, como equilibrio al trabajo y a las obligaciones familiares y de pareja. Los hobbies no funcionan, pero insisto. Insisto. Saldrá algo, se tiene que poder. Otra mudanza. Otro reinicio. Otra inestabilidad, otro volver a empezar. Y finalmente, tal y como me pasó anteriormente, me veo obligado a soltar. Igual que he tenido que renunciar a intentar tener algún control sobre mi agenda, igual que aprendí en el trabajo a esforzarme y dar lo mejor de mí simplemente para no enfermarme (o para que la enfermedad no se vuelva crítica), he tenido que reestructurar mi vida familiar y personal en estos terminos. El 2025 acabó y, me di cuenta, de que mi objetivo para 2026 es no morirme ni acabar divorciado. Y que eso, que para muchísima gente se da por hecho, yo tengo que esforzarme muchísimo para conseguirlo.
A veces, no se pelea para ganar. A veces se pelea para no perder, o para perder despacito, poco a poco. Como decía Pedro el otro día, vivir para recuperarse. Porque recuperarse para vivir, eso no funciona cuando los requisitos para recuperarse están a meses y años vista. Hay que vivir ahora. ¿ Mañana ? Quizás llegará. Quizás no. Si hoy tenemos suerte y hay un día bueno, lo celebramos. Si no, pues otra vez será. Y así, día a día, tachando días del calendario. Esto es como la escuela, hay que pasarlo y que deje las menos secuelas posibles.
Cuidaros. Hace mucho frío ahí fuera.
La amistad busca reciprocidad
Hace muchísimo tiempo me tocó dar una conferencia sobre esta frase. Es algo en lo que nunca había pensado demasiado, pero al tener que prepararla, en cierto sentido, se convirtió en uno de los lemas de mi vida. Quién me iba a decir que, diez años después, me iba a volver para morder en el culo.
Decimos que la amistad busca reciprocidad, y eso implica que la amistad solo se puede dar entre iguales. En una peli que vi este fin de semana, decían que los reyes no tienen amigos; solo subditos o enemigos. Y eso es así, porque para poder tener amigos el rey tiene que estar en las mismas condiciones que la otra persona y eso es imposible. El grado de confianza, de intimidad, que exige una amistad implica que uno tiene que tener capacidad de hablar libremente sin temer las consecuencias y sentirse escuchado. Ese es el mínimo. A partir de ahí, pues lo importante no es tanto la equidad como la reciprocidad. No que demos y recibamos lo mismo, sino que sintamos que existe correspondencia. Hay amistades, sumamente fuertes, en las cuales el desequilibrio de poder interno es enorme, pero eso no es un problema siempre y cuando ambas personas se sientan comodas dentro de la relación. Por ejemplo, cuando yo era amigo de Charlie la relación era totalmente unidireccional, pero yo estaba muy cómodo porque sentía que me compensaba. Creo que esa frase, ¨me compensa¨, es la clave de una amistad. Cuando deja de merecer la pena, entonces se acaba.
Me ha costado mucho tiempo entender esto. Yo siempre he partido de la base de que, la mejor forma de recibir, es dar. Uno establece una dinámica buena, cómoda, en la que la otra persona puede ser ella misma mediante una combinación de bajas expectativas, alta atención y empatía. Basicamente, yo he hecho amigos con facilidad porque me gusta escuchar (no lo finjo, realmente me gusta), no espero casi nada de la gente y me considero una persona bastante agradable. Pero a veces no depende de uno. Y hay gente que, por su carácter o su forma de ser, solo van a recibir. Hace tiempo leí que hay gente que son como unas gigantescas fauces; todo lo que el mundo tiene es para que ellos lo consuman, y ni se les ocurre tener que devolver algo. Y, de igual forma que me pasó con Charlie en su momento, uno tiene que aceptar esta situación y actuar en consecuencia. Porque si no, el desequilibrio y la falta de reciprocidad va a dar pie a la frustración y de ahí no puede salir nada bueno.
Y por cierto, a continuación voy a escribir algo sobre eso.
Decimos que la amistad busca reciprocidad, y eso implica que la amistad solo se puede dar entre iguales. En una peli que vi este fin de semana, decían que los reyes no tienen amigos; solo subditos o enemigos. Y eso es así, porque para poder tener amigos el rey tiene que estar en las mismas condiciones que la otra persona y eso es imposible. El grado de confianza, de intimidad, que exige una amistad implica que uno tiene que tener capacidad de hablar libremente sin temer las consecuencias y sentirse escuchado. Ese es el mínimo. A partir de ahí, pues lo importante no es tanto la equidad como la reciprocidad. No que demos y recibamos lo mismo, sino que sintamos que existe correspondencia. Hay amistades, sumamente fuertes, en las cuales el desequilibrio de poder interno es enorme, pero eso no es un problema siempre y cuando ambas personas se sientan comodas dentro de la relación. Por ejemplo, cuando yo era amigo de Charlie la relación era totalmente unidireccional, pero yo estaba muy cómodo porque sentía que me compensaba. Creo que esa frase, ¨me compensa¨, es la clave de una amistad. Cuando deja de merecer la pena, entonces se acaba.
Me ha costado mucho tiempo entender esto. Yo siempre he partido de la base de que, la mejor forma de recibir, es dar. Uno establece una dinámica buena, cómoda, en la que la otra persona puede ser ella misma mediante una combinación de bajas expectativas, alta atención y empatía. Basicamente, yo he hecho amigos con facilidad porque me gusta escuchar (no lo finjo, realmente me gusta), no espero casi nada de la gente y me considero una persona bastante agradable. Pero a veces no depende de uno. Y hay gente que, por su carácter o su forma de ser, solo van a recibir. Hace tiempo leí que hay gente que son como unas gigantescas fauces; todo lo que el mundo tiene es para que ellos lo consuman, y ni se les ocurre tener que devolver algo. Y, de igual forma que me pasó con Charlie en su momento, uno tiene que aceptar esta situación y actuar en consecuencia. Porque si no, el desequilibrio y la falta de reciprocidad va a dar pie a la frustración y de ahí no puede salir nada bueno.
Y por cierto, a continuación voy a escribir algo sobre eso.
miércoles, 25 de febrero de 2026
Vivir para recuperarme
Ayer me hicieron una pregunta. Nos recuperamos para vivir, o vivimos para recuperarnos? Yo respondí que primero nos recuperamos y luego cabalgamos, y me dijeron que ni hablar. Que en la vida, nunca vas a estar cien por cien preparado. Así que hazlo. Como decía el meme, si no tienes energía para hacer ejercicio, prueba a hacer ejercicio. La vida se vive hacía delante y consiste en ir haciendo cosas hasta que algo salga bien. Intentalo otra vez. Y otra. Y otra. Porque cuando te das cuenta, la ola ha pasado y puedes volver a respirar.
Antes escribía sobre Madrid. Y me decía un amigo, hace unos meses, que piense en las cosas que puedo hacer ahora y luego echaré de menos. No se me ocurrió ninguna (meses después sigue sin ocurrirseme), pero reconozco que hay cosas que sí, que echaré de menos. Echaré de menos a algún compañero del trabajo que es gente muy guay (a Jaab, a Teemu, a Christoff. Como ya echo de menos a Giannis o a Ohrun), echaré de menos ver arboles por mi ventana, y con el tiempo supongo que habrá alguna cosa más que echaré de menos. Manda caralho, que le dedique cinco minutos a pensarlo y se me ocurran apenas dos cosas. Pues si que está mal.
Pero al final, vivimos pues así, a golpito. Y hoy escribir me ha venido muy bien para darme cuenta de que hay solución, de que no todo son problemas. Que si lo que me toca ahora es abrir cajones, ver lo que tengo e intentar invertir dinero en formas mejores de transportarlo y guardarlo... pues oye, eso también es un hobby en sí mismo y me parece que puedo hacerlo. Y si bien hay muchas cosas que no puedo compartir con mi pareja, habrá otras que sí y es importante trabajar en positivo.
Resumiendo. Que si bien la situación parece un desastre y la frustración se acumula, a veces el truco es simplemente dejar de preocuparse. Hacer lo que se puede. Disminuir el ruido y los problemas. Dejar de focalizarse en el mañana. Y simplemente, estar ahora. Ya han pasado casi dos meses de 2026. Eso es 1/6 del año. El mes que viene, habrá pasado un cuarto. Y así, poco a poco, vamos acercandonos. Mi objetivo para 2026 es... no morirme. ¿Expectativas bajas? Seamos realistas. El escenario es el que es. Quizás después de verano la cosa mejore, pero a día de hoy las cosas son las que son.
Así que vamos a intentarlo. Vivir para recuperarme. Para recordar que se puede ser feliz, que uno puede querer tener planes, sueños e ilusiones. Que puede que haya algo que merezca la pena. Y que, quizás, quién sabe, la vida pueda que merezca la pena vivirla.
Cuidaros. Hace mucho frío ahí fuera.
Antes escribía sobre Madrid. Y me decía un amigo, hace unos meses, que piense en las cosas que puedo hacer ahora y luego echaré de menos. No se me ocurrió ninguna (meses después sigue sin ocurrirseme), pero reconozco que hay cosas que sí, que echaré de menos. Echaré de menos a algún compañero del trabajo que es gente muy guay (a Jaab, a Teemu, a Christoff. Como ya echo de menos a Giannis o a Ohrun), echaré de menos ver arboles por mi ventana, y con el tiempo supongo que habrá alguna cosa más que echaré de menos. Manda caralho, que le dedique cinco minutos a pensarlo y se me ocurran apenas dos cosas. Pues si que está mal.
Pero al final, vivimos pues así, a golpito. Y hoy escribir me ha venido muy bien para darme cuenta de que hay solución, de que no todo son problemas. Que si lo que me toca ahora es abrir cajones, ver lo que tengo e intentar invertir dinero en formas mejores de transportarlo y guardarlo... pues oye, eso también es un hobby en sí mismo y me parece que puedo hacerlo. Y si bien hay muchas cosas que no puedo compartir con mi pareja, habrá otras que sí y es importante trabajar en positivo.
Resumiendo. Que si bien la situación parece un desastre y la frustración se acumula, a veces el truco es simplemente dejar de preocuparse. Hacer lo que se puede. Disminuir el ruido y los problemas. Dejar de focalizarse en el mañana. Y simplemente, estar ahora. Ya han pasado casi dos meses de 2026. Eso es 1/6 del año. El mes que viene, habrá pasado un cuarto. Y así, poco a poco, vamos acercandonos. Mi objetivo para 2026 es... no morirme. ¿Expectativas bajas? Seamos realistas. El escenario es el que es. Quizás después de verano la cosa mejore, pero a día de hoy las cosas son las que son.
Así que vamos a intentarlo. Vivir para recuperarme. Para recordar que se puede ser feliz, que uno puede querer tener planes, sueños e ilusiones. Que puede que haya algo que merezca la pena. Y que, quizás, quién sabe, la vida pueda que merezca la pena vivirla.
Cuidaros. Hace mucho frío ahí fuera.
Madrid no se vé tan mal
La memoría es muy sinvergüenza. El otro día, en esos dos días buenos que tengo al mes, estaba rodeado de compañeros míos y la mujer de un amigo preguntó, de risa, si al final echaré de menos Madrid y todo (ella estuvo trabajando conmigo allí. Recuerdo que, cuando ibamos al comedor, la gente nos hacía sitio y decía "pobrecitos". Un abrazo fuerte Patri). El caso es que le dije, sorprendido, que sí. Que a pesar de que lo pasé fatal y fue horrible, este sitio ha conseguido que lo eche de menos.
Y la memoría es muy hija de puta. Pensé que el tiempo me haría borrar las discusiones con mi parienta, los silencios pesados, el volver del trabajo sin ganas de nada... y me dejaría solo los momentos buenos. Y no lo ha hecho. Recuerdo todas esas cosas. Recuerdo las noches sin dormir, pintando muñequitos. Recuerdo mirar por la ventana en el trabajo preguntandome que hago aquí. Recuerdo temblarme las manos e ir al baño constantemente. Y los recuerdos "bonitos" no son tanto. Recuerdo ir a Goblin y volver preguntandome para que voy. Recuerdo el calorazo en verano y el frío en invierno, el horror de atravesar Chamartín en obras, lo infinito que resultaban los fines de semana sin planes. Como ir a la piscina en verano era una aventura en coche y una paliza andando. Como la operación salida era infernal, o la bronca por "ya huele a paguitas". O el no poder mencionar a Cádiz sin que hubiera una bronca en mi casa.
También, curiosamente, recuerdo otros momentos. Recuerdo un cierre en el que no tenía tiempo para ir a comer y me llevaba almendras a las mesas. Recuerdo las broncas por la cocina y el miedo cuando la herencia del piso en el que estabamos alquilados. Recuerdo, muchísimo, el despacho de Javi y la ilusión con que le llevé unas minis que le pinté una vez, o cuando echamos una partida en el cuerpo de guardia. Recuerdo con un cariño infinito el cumpleaños sorpresa que me celebró mi mujer e invitó a los amigos, o la cena de despedida que será uno de los momentos que me llevaré a la tumba. Recuerdo las broncas en el curro, los gritos, el mal ambiente. La tensión siempre presente, las guardias y quedarte currando después, las movidas con los compañeros. Pero de alguna forma, también recuerdo el bar con Nico y Javi, recuerdo partidas de Clash con Toño (gracias), como Marc me enseñó Titanicus, las ligas de Blood Bowl, los trenes trenes trenes.
Recuerdo a Marc británico venir a visitarnos. Recuerdo a Vasya metiendose en el armario donde guardaba las miniaturas que aún estaba pintando. Recuerdo ir al Mercadona cargadisimo, o cuando nos ibamos a ir y fuimos a la piscina cerca de casa. Recuerdo ir al Prado con mi mujer o los infinitos trayectos en autobus y metro.
La memoría es muy hija de puta. Lo pasé increíblemente mal en Madrid y aún estoy sufriendo heridas que me hice allí y no se han curado. Pero con el tiempo, algunas cosas buenas se han quedado e incluso esas poquitas son mejores que lo que tengo ahora. No volveré, claro que no. Pero me siento super orgulloso y feliz cuando gente, buenísima, con la que trabajé allí me dicen que si quiero volver me hacen sitio. Es lo más bonito que se le puede decir a un profesional "quiero que trabajes conmigo". Y quizás seré un desastre en muchísimos aspectos de mi vida pero, al menos en ese, fui muy bueno.
Gracías, Madrid. Por enseñarme una nueva profesión y ponerme en el camino de tantísima gente maravillosa. Un año y medio después puedo decirlo. No mereció la pena y el precio fue demasiado caro, pero ya está pagado así que no tiene sentido hacerse más sangre por eso. Gracías. Sobre todo a la gente. Gracías.
Y la memoría es muy hija de puta. Pensé que el tiempo me haría borrar las discusiones con mi parienta, los silencios pesados, el volver del trabajo sin ganas de nada... y me dejaría solo los momentos buenos. Y no lo ha hecho. Recuerdo todas esas cosas. Recuerdo las noches sin dormir, pintando muñequitos. Recuerdo mirar por la ventana en el trabajo preguntandome que hago aquí. Recuerdo temblarme las manos e ir al baño constantemente. Y los recuerdos "bonitos" no son tanto. Recuerdo ir a Goblin y volver preguntandome para que voy. Recuerdo el calorazo en verano y el frío en invierno, el horror de atravesar Chamartín en obras, lo infinito que resultaban los fines de semana sin planes. Como ir a la piscina en verano era una aventura en coche y una paliza andando. Como la operación salida era infernal, o la bronca por "ya huele a paguitas". O el no poder mencionar a Cádiz sin que hubiera una bronca en mi casa.
También, curiosamente, recuerdo otros momentos. Recuerdo un cierre en el que no tenía tiempo para ir a comer y me llevaba almendras a las mesas. Recuerdo las broncas por la cocina y el miedo cuando la herencia del piso en el que estabamos alquilados. Recuerdo, muchísimo, el despacho de Javi y la ilusión con que le llevé unas minis que le pinté una vez, o cuando echamos una partida en el cuerpo de guardia. Recuerdo con un cariño infinito el cumpleaños sorpresa que me celebró mi mujer e invitó a los amigos, o la cena de despedida que será uno de los momentos que me llevaré a la tumba. Recuerdo las broncas en el curro, los gritos, el mal ambiente. La tensión siempre presente, las guardias y quedarte currando después, las movidas con los compañeros. Pero de alguna forma, también recuerdo el bar con Nico y Javi, recuerdo partidas de Clash con Toño (gracias), como Marc me enseñó Titanicus, las ligas de Blood Bowl, los trenes trenes trenes.
Recuerdo a Marc británico venir a visitarnos. Recuerdo a Vasya metiendose en el armario donde guardaba las miniaturas que aún estaba pintando. Recuerdo ir al Mercadona cargadisimo, o cuando nos ibamos a ir y fuimos a la piscina cerca de casa. Recuerdo ir al Prado con mi mujer o los infinitos trayectos en autobus y metro.
La memoría es muy hija de puta. Lo pasé increíblemente mal en Madrid y aún estoy sufriendo heridas que me hice allí y no se han curado. Pero con el tiempo, algunas cosas buenas se han quedado e incluso esas poquitas son mejores que lo que tengo ahora. No volveré, claro que no. Pero me siento super orgulloso y feliz cuando gente, buenísima, con la que trabajé allí me dicen que si quiero volver me hacen sitio. Es lo más bonito que se le puede decir a un profesional "quiero que trabajes conmigo". Y quizás seré un desastre en muchísimos aspectos de mi vida pero, al menos en ese, fui muy bueno.
Gracías, Madrid. Por enseñarme una nueva profesión y ponerme en el camino de tantísima gente maravillosa. Un año y medio después puedo decirlo. No mereció la pena y el precio fue demasiado caro, pero ya está pagado así que no tiene sentido hacerse más sangre por eso. Gracías. Sobre todo a la gente. Gracías.
Hasta luego, muñequitos
Buenos días y gracías por la espera. Hoy me asomé y me he dado cuenta de que, últimamente, escribo poquísimo. Supongo que en parte porque me noto como debajo de agua. Os confieso algo; estoy yendo al psicólogo porque mi vida, en general, no va bien. O como decían en la serie esa de Netflix, buenísima, "Animal". "El hobbit no está bien" (acento gallego a tope).
Y, ¿por qué no está bien? Pues porque es muy complicado vivir encendiendose y apagandose como un interruptor. A los niños, las mascotas y a mí, nos hacen falta rutinas. La busqueda de sentido, de la que hablaba Viktor Frankl (buenísimo libro también), consiste en que, cuando te despiertas por la mañana, tienes que apuntar en una dirección. Como una flecha. Hace falta algo que justifique nuestra existencia, que nos inspire. Y no solo un objetivo "grande" (quiero acabar con el hambre en el mundo), nos hacen falta objetivos pequeñitos, manejables, que hagan que el día a día sea llevadero (estoy deseando comerme un donut de esta tienda). Parece una tontería, pero vivimos en el día a día, en el momento, y necesitamos algo que nos inspire a llegar a la semana siguiente.
Ok, ¿Por qué digo semanas? Porque para mí, la unidad de tiempo se ha convertido en la semana. Yo no vivo horas, ni siquiera días. Hubo una epoca en que el lunes hacía esto, el martes hacía lo otro... Ahora no. Desde hace año y medio, esta semana hago esto, la semana siguiente, no sé. Y el tener que estar ajustandome, en base al clima, las agendas de otra gente, los problemas que van surgiendo.. me genera una cantidad de estrés tremenda. Me vuelve loco que, a veces, me despierto enfermo y tengo que seguir. Porque vivo posponiendo cosas. Hoy veo un libro que me gusta, moskis, que interesante. La semana que viene me lo descargaré y lo leeré. O no. Quién sabe. Quizás la semana que viene hay una movida en el trabajo a la que debo ir, o mi mujer tiene un problema, o hay que arreglar algo en el piso, o viene una multa, o... y todo eso va por delante. Primero las obligaciones. Luego el ocio.
Y en medio de ese ritmo, intentar coordinar cosas con terceras personas se vuelve una aventura impresionante. "Oye, ¿te apetece una cerveza dentro de diez días?" Y llega el momento y llueve, o tienes que ir al supermercado, o te tiemblan las manos porque llevas una semana sin dormir apenas.. Al final, todo empieza a ser demasiado esfuerzo. Te cuesta quedar con gente y te cuesta no quedar con gente.
Y ahora hablamos de muñequitos. Yo, desde hace más tiempo del que lleva este blog, me entretengo con miniaturas. Empecé con Warhammer y pasé a Warhammer 40.000, miniaturas históricas, juegos de autor, juegos de nicho... he hecho muchísimos amigos, leído y escrito, hasta salí en un programa de youtube hablando de esto. Tenía una habitación en mi piso dedicada a ello, elegí la configuración del salón de forma que pudiera juntar eso con actividad física saludable. Es una parte muy grande de mi vida.
Y está en el cajón. No puedo seguir adelante con ello. No tengo tiempo ni estabilidad, no tengo un grupo de amigos ni el espacio físico, mental y emocional para desarrollarlo. Decidí redirigirlo, encontrar una forma más sana de llevarlo. Pero hace diez días empecé a montar una miniatura y ahora ni recuerdo porqué lo hice. Y es algo que debería generarme felicidad, pero se convierte solo en otra tarea que tachar de la lista, junto con averiguar como vender el coche o si comprar un cubo de basura más grande. Y la mera idea de ponerme con un reglamento, leer listas de ejércitos, intentar coordinar una misión... me resulta algo de ciencia ficción. Como hacer un roadtrip o saltar en paracaidas, es algo que, simplemente, no existe en mi mundo. Que ojalá existiera y que estaría genial, pero ahora mismo vamos a otras cosas.
Y la pregunta gorda es, ¿a qué vamos? ¿Con qué sustituyo el entusiasmo, la emoción, la alegria...? ¿De que hablo los lunes al volver al trabajo, si volviera los lunes al trabajo y si hablara con alguien? Todos necesitamos una pasión que nos guie, algo que nos inspire. Durante mi formación para ascender, mientras corría bajo la lluvia, pensaba en que dentro de X tiempo encargaría esto, y montaría lo otro... y lo vería listo. En Madrid había semanas que la empezaba, sabiendo que el jueves llegaría a jugar y eso me hacía tanta ilusión.
Todos necesitamos algo que nos haga seguir adelante. Quizás, lo que necesito yo, es encontar como convertir ese algo en una cosa que pueda hacer y distribuir en mi ritmo actual. O al menos intentarlo. Antes tenía un listado de minis mensuales. Compradas pintadas vendidas. Hace año y medio que no puedo vender, aunque igual debería volver a intentarlo. Quizás, como sucedió durante el COVID, la solución pasa por convertirlo en un hobby solitario, autista, sabiendo que llegarán tiempos mejores y mantener la fé en ello. Quizás eso es todo lo que hace falta Mantener un poco la fé.
Y, ¿por qué no está bien? Pues porque es muy complicado vivir encendiendose y apagandose como un interruptor. A los niños, las mascotas y a mí, nos hacen falta rutinas. La busqueda de sentido, de la que hablaba Viktor Frankl (buenísimo libro también), consiste en que, cuando te despiertas por la mañana, tienes que apuntar en una dirección. Como una flecha. Hace falta algo que justifique nuestra existencia, que nos inspire. Y no solo un objetivo "grande" (quiero acabar con el hambre en el mundo), nos hacen falta objetivos pequeñitos, manejables, que hagan que el día a día sea llevadero (estoy deseando comerme un donut de esta tienda). Parece una tontería, pero vivimos en el día a día, en el momento, y necesitamos algo que nos inspire a llegar a la semana siguiente.
Ok, ¿Por qué digo semanas? Porque para mí, la unidad de tiempo se ha convertido en la semana. Yo no vivo horas, ni siquiera días. Hubo una epoca en que el lunes hacía esto, el martes hacía lo otro... Ahora no. Desde hace año y medio, esta semana hago esto, la semana siguiente, no sé. Y el tener que estar ajustandome, en base al clima, las agendas de otra gente, los problemas que van surgiendo.. me genera una cantidad de estrés tremenda. Me vuelve loco que, a veces, me despierto enfermo y tengo que seguir. Porque vivo posponiendo cosas. Hoy veo un libro que me gusta, moskis, que interesante. La semana que viene me lo descargaré y lo leeré. O no. Quién sabe. Quizás la semana que viene hay una movida en el trabajo a la que debo ir, o mi mujer tiene un problema, o hay que arreglar algo en el piso, o viene una multa, o... y todo eso va por delante. Primero las obligaciones. Luego el ocio.
Y en medio de ese ritmo, intentar coordinar cosas con terceras personas se vuelve una aventura impresionante. "Oye, ¿te apetece una cerveza dentro de diez días?" Y llega el momento y llueve, o tienes que ir al supermercado, o te tiemblan las manos porque llevas una semana sin dormir apenas.. Al final, todo empieza a ser demasiado esfuerzo. Te cuesta quedar con gente y te cuesta no quedar con gente.
Y ahora hablamos de muñequitos. Yo, desde hace más tiempo del que lleva este blog, me entretengo con miniaturas. Empecé con Warhammer y pasé a Warhammer 40.000, miniaturas históricas, juegos de autor, juegos de nicho... he hecho muchísimos amigos, leído y escrito, hasta salí en un programa de youtube hablando de esto. Tenía una habitación en mi piso dedicada a ello, elegí la configuración del salón de forma que pudiera juntar eso con actividad física saludable. Es una parte muy grande de mi vida.
Y está en el cajón. No puedo seguir adelante con ello. No tengo tiempo ni estabilidad, no tengo un grupo de amigos ni el espacio físico, mental y emocional para desarrollarlo. Decidí redirigirlo, encontrar una forma más sana de llevarlo. Pero hace diez días empecé a montar una miniatura y ahora ni recuerdo porqué lo hice. Y es algo que debería generarme felicidad, pero se convierte solo en otra tarea que tachar de la lista, junto con averiguar como vender el coche o si comprar un cubo de basura más grande. Y la mera idea de ponerme con un reglamento, leer listas de ejércitos, intentar coordinar una misión... me resulta algo de ciencia ficción. Como hacer un roadtrip o saltar en paracaidas, es algo que, simplemente, no existe en mi mundo. Que ojalá existiera y que estaría genial, pero ahora mismo vamos a otras cosas.
Y la pregunta gorda es, ¿a qué vamos? ¿Con qué sustituyo el entusiasmo, la emoción, la alegria...? ¿De que hablo los lunes al volver al trabajo, si volviera los lunes al trabajo y si hablara con alguien? Todos necesitamos una pasión que nos guie, algo que nos inspire. Durante mi formación para ascender, mientras corría bajo la lluvia, pensaba en que dentro de X tiempo encargaría esto, y montaría lo otro... y lo vería listo. En Madrid había semanas que la empezaba, sabiendo que el jueves llegaría a jugar y eso me hacía tanta ilusión.
Todos necesitamos algo que nos haga seguir adelante. Quizás, lo que necesito yo, es encontar como convertir ese algo en una cosa que pueda hacer y distribuir en mi ritmo actual. O al menos intentarlo. Antes tenía un listado de minis mensuales. Compradas pintadas vendidas. Hace año y medio que no puedo vender, aunque igual debería volver a intentarlo. Quizás, como sucedió durante el COVID, la solución pasa por convertirlo en un hobby solitario, autista, sabiendo que llegarán tiempos mejores y mantener la fé en ello. Quizás eso es todo lo que hace falta Mantener un poco la fé.
jueves, 12 de febrero de 2026
Camaras de eco
Por fin he tenido un poco de espacio mental y me he podido parar un ratito a reflexionar sobre algo, sin una carga emocional tal que me impida verlo de forma analítica. Y he llegado a una conclusión que para mí es muy curiosa, y que refuerza una sensación de aislamiento creciente que tengo.
La gente, en general, no tiene ni idea de tu vida pero está más que encantada de explicarte como debes vivir. En general, en este período de mi vida en el que lo he pasado fatal, he visto que la gente se divide en dos grandes grupos. Los que te escuchan, para decirte que lo tuyo no son problemas mientras que los suyos sí que lo son, y los que no te escuchan sino que se dedican a explicarte que tu vida es perfecta y que no tienes derecho a quejarte. En general, la impresión que me ha dado estas semanas en que lo he pasado realmente mal, es que cuanto menos digas, mejor. Que no merece la pena intentar buscar solidaridad o apoyo entre gente que, honestamente, no tiene interés ninguno en que tu estés bien. Y que, para la inmensa mayoría de la gente, no somos más que medios para un fín.
La verdad que suena un poco cínico. Pero supongo que es parte de este período de mi vida en el que estoy, en el cual hay mucha oscuridad fuera y se está filtrando dentro. Por otro lado, no niego que haya gente maravillosa ahí fuera que realmente se preocupe por los demás, quiera que estén bien y esté dispuesto incluso a hacer algo para conseguirlo. No obstante lo cual, en mi entorno, cada vez son los menos. Y eso es parte de esa sequía general (curioso, con todo lo que llueve), en el cual uno no siembra en su entorno... porque ese entorno es baldío y no va a dar nada.
Estamos en periodo de hibernación emocional. Dado que en mi entorno solo hay camaras de eco, y que mis circunstancias laborales y personales no me permiten construir otro entorno (la última traba ha sido administrativa y familiar, pero parece que mi planificación de vida solo encuentra obstaculos), pues vamos a reducir los esfuerzos innecesarios. Ahorrar energía emocional, invertirla donde se debe. Priorizarse a uno mismo. Estos días conseguí conectar con un amigo mío y darle buenos consejos que, quizás, debería aplicarme a mí mismo.
Reservar un día a la semana para uno mismo y para hacer lo que a uno le gusta. Plantearse objetivos realizables. Eliminar el ruido, sacar de nuestra vida la gente y los problemas que no son nuestros. Cuidar a quién nos cuida y cuidarnos. Ser más agradecidos. Y no dudar tanto de nosotros mismos, sabiendo quién somos y de qué somos capaces.
Resumiendo. Que dado que el entorno lo único que nos ofrece son problemas, esfuerzos y basura, hacernos parte de ese entorno de camaras de eco, sabedores que ahí fuera no hay nada y trabajando mucho más en aquí adentro. Y seguir tachando días del calendario. Protegiendonos y protegiendo aquello que merece la pena.
Cuidaros mucho. Hace tela de frío ahí fuera.
La gente, en general, no tiene ni idea de tu vida pero está más que encantada de explicarte como debes vivir. En general, en este período de mi vida en el que lo he pasado fatal, he visto que la gente se divide en dos grandes grupos. Los que te escuchan, para decirte que lo tuyo no son problemas mientras que los suyos sí que lo son, y los que no te escuchan sino que se dedican a explicarte que tu vida es perfecta y que no tienes derecho a quejarte. En general, la impresión que me ha dado estas semanas en que lo he pasado realmente mal, es que cuanto menos digas, mejor. Que no merece la pena intentar buscar solidaridad o apoyo entre gente que, honestamente, no tiene interés ninguno en que tu estés bien. Y que, para la inmensa mayoría de la gente, no somos más que medios para un fín.
La verdad que suena un poco cínico. Pero supongo que es parte de este período de mi vida en el que estoy, en el cual hay mucha oscuridad fuera y se está filtrando dentro. Por otro lado, no niego que haya gente maravillosa ahí fuera que realmente se preocupe por los demás, quiera que estén bien y esté dispuesto incluso a hacer algo para conseguirlo. No obstante lo cual, en mi entorno, cada vez son los menos. Y eso es parte de esa sequía general (curioso, con todo lo que llueve), en el cual uno no siembra en su entorno... porque ese entorno es baldío y no va a dar nada.
Estamos en periodo de hibernación emocional. Dado que en mi entorno solo hay camaras de eco, y que mis circunstancias laborales y personales no me permiten construir otro entorno (la última traba ha sido administrativa y familiar, pero parece que mi planificación de vida solo encuentra obstaculos), pues vamos a reducir los esfuerzos innecesarios. Ahorrar energía emocional, invertirla donde se debe. Priorizarse a uno mismo. Estos días conseguí conectar con un amigo mío y darle buenos consejos que, quizás, debería aplicarme a mí mismo.
Reservar un día a la semana para uno mismo y para hacer lo que a uno le gusta. Plantearse objetivos realizables. Eliminar el ruido, sacar de nuestra vida la gente y los problemas que no son nuestros. Cuidar a quién nos cuida y cuidarnos. Ser más agradecidos. Y no dudar tanto de nosotros mismos, sabiendo quién somos y de qué somos capaces.
Resumiendo. Que dado que el entorno lo único que nos ofrece son problemas, esfuerzos y basura, hacernos parte de ese entorno de camaras de eco, sabedores que ahí fuera no hay nada y trabajando mucho más en aquí adentro. Y seguir tachando días del calendario. Protegiendonos y protegiendo aquello que merece la pena.
Cuidaros mucho. Hace tela de frío ahí fuera.
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