Se me escapaba y no quería meterlo en el anterior artículo. Ayer por la noche estuve escribiendome con una vieja amiga, con la que hacía mucho que no charlaba. Y, poniendonos al día sobre la vida, surgió el mismo tema. "Moskis, igual puedes retirarte a los 50 entonces!". Es un deseo feliz de ella, no existe esa posibilidad ni remotamente.
Pero es que tampoco me lo he planteado. Cuando trabajaba embarcado, la gente fantaseaba con dejar de trabajar. "Ojalá jubilarme ya". El otro día en el trabajo, una compañera calculaba cuantos años le quedan. ¿Yo? A mí me gusta trabajar. Yo seguiría haciendolo aunque fuera rico. Llevo años diciendolo, y sabe Dios que mi trabajo me arranca el alma muchísimas veces... pero mi trabajo es parte de lo que soy. Y me gusta lo que soy.
Tengo un amigo al que lo han jubilado forzoso. Es algo que cada vez irá pasando más, viene con la edad, como cuando mi abuelo se levantaba y leía el obituario del diario, a ver quién faltaba para la revista de policia a primera hora.
Bajale una al morbo, por favor.
Lo que decía, que tengo un amigo al que han jubilado. Y mi amigo lo ha pasado fatal, porque, como decía Sergio, una cosa es que uno lo elija y otra que te lo impongan. Que es cambiar tu vida entera y somos animales de costumbres. Hay que transicionar, planear, ver lo que se hace... Es una transición de una forma de vida a la otra y, en seco, puede ser bastante duro.
Curiosamente, mi amiga ayer apuntaba a la cantidad de hobbies que tengo. Y pensaba, no equivocadamente, que mis hobbies son una forma de distracción. No son algo que define el nucleo de mi identidad, sino más bien algo accesorio, como mi gusto musical o mi facilidad para los idiomas.
En nuestra configuración humana, en la que muchas veces la identidad publica define la identidad privada, necesitamos algo que nos permita anclarnos al suelo. En mi caso, como en el de la mayoría de la gente, es lo que podemos hacer por los demás. Mi trabajo ha sido, durante mucho tiempo, una forma de expresión en ese sentido. Yo soy X, hago Y y viceversa. Esto se retroalimenta.
¿Si dejara de hacer Y? Pues probablemente me buscaría otra cosa que hacer y encontraría otra forma de expresión. Pero la libertad es vertiginosa. Con la libertad de hacer lo que queramos viene la responsabilidad de elegir lo que queremos hacer, y ahí no valen excusas. No sirve "es lo que me toca" o "estoy obligado". No. Nosotros elegimos. Y para la inmensa mayoría de la gente, y yo no creo que sea una excepción en ese sentido, la libertad sin límites obliga a una conversación interna que es terrorífica.
A propósito de eso, el otro día me encontré a Jess, una compañera que empezó a trabajar de lo nuestro. Y comentaba, de una forma un poco tangencial, que una cosa es verlo desde fuera y otra desde dentro. Que no le gusta, que es agotador. Y lo entiendo, tiene toda la razón. Pero algo parecido nos pasa con la idea de no trabajar. Desde fuera... sí claro, todo el tiempo del mundo para uno mismo.
Una vez dentro, nos obliga a rediseñarnos. Que es una oportunidad maravillosa, pero también un esfuerzo tremendo.
Como todo lo que merece la pena.
miércoles, 12 de agosto de 2026
Tu pene no es especial
Como casi todos mis artículos ultimamente, este empieza con algo curioso que me pasó. Fui al médico, porque tengo un lunar/herida con una pinta sospechosa. Para los que no me conozcáis, he tenido algún carcinoma, algo natural cuando uno es tan palido como yo y tiene la maldita manía de coger algo de sol de vez en cuando (que además hace falta, por vitaminas y por maldita salud), con lo que más o menos empiezo a reconocer los sintomas. Como con el asma o como con los dolores de cabeza de mi mejor parte, supongo que algunas cosas empiezo a conocerlas en mi mismo.
El caso es que, como decía, fui al médico. Reino Unido es bastante más "moderno" que España, entre otras cosas en el sentido de la protección de los datos personales y que, todo, es susceptible de acabar en denuncia y juicio. Y la gente se busca las papas muchísimo. Así que todo es "a prueba de denuncias". Hasta el punto de que el médico me tomó una foto de la cabeza para mandarla a un hospital y empezó "mira, este es mi dispositivo personal pero tal y como la mande la borro, solo quiero enviarla, no voy a hacer nada con ella..."
A ver, yo reaccioné como cualquier persona normal haría. "Doctor, si Ud colecciona fotos de heridas de gente, quizás el problema no sea mío". Los dos nos reímos. Pero cuando me fui, me llamó mucho la atención. Y hoy mientras desayunaba, pensaba que cuando hice un curso de prevención sanitaria nos pusieron mogollón de fotos de enfermedades venereas. Literalmente, organos genitales de gente. No sé si les pidieron permiso para su difusión, pero maldito lo que me importa.
Lo que quiero decir es, en esta epoca de protección de datos, atención comercialiada, redes sociales, spam y estafas... quizás estaría bien ponernos un poco en perspectiva. Hay unos pocos de millones de seres humanos solo donde vivo yo y, sinceramente, no creo que mis datos o mi imagen o mi identidad sea TAN valioso. Está bien tener una protección razonable, como que mis datos identificativos que pueden usarse para pagar cosas por mí estén protegidos (más que nada, por una cuestión de seguridad jurídica. Y por confianza en el sistema), pero tampoco hace falta que vivamos siempre asustados del sistema. El sistema debería ser "razonable", de forma que, si en algún momento tengo que verme delante de un tribunal, tenga la tranquilidad de que, obrando bien, no me va a pasar nada.
Hay una frase buenísima para eso en las Reales Ordenanzas de las Fuerzas Armadas. "Generará un clima de justicia en el trabajo, de forma que nada deba esperar del favor ni temer de la arbitrariedad".
Si yo hago las cosas bien, no debo temer la arbitrariedad. Por lo que si el médico actua conforme a una buena praxis, no tiene que temer una denuncia. Pero la praxis debe ser razonable y hecha por y para seres humanos. Un problema que nos encontramos es que las expectativas son totalmente irreales. Se le pide a los sanitarios que trabajen turnos de 24 horas y se mantengan frescos como lechugas, de forma que no puedan cometer errores, lo cual es manifiestamente imposible. Y, en vez de ajustar el sistema para que las personas puedan realizar su trabajo de forma eficaz, coherente y digna, lo que hacemos es aumentar el nivel de control y burocracia. Como niños que tienen miedo de que, si dejan de mirar por la ventana, se va a hacer de noche solo, nosotros creemos que podemos obligar a la gente a dejar de ser humana.
Y así acabamos. Con un doctor, amable, profesional y dedicado, pidiendome casi permiso para hacer su trabajo, que es intentar que mi posible enfermedad se convierta en conocimiento, que sirva para curarme a mí y a los demás. A hacer ciencia. Si los abogados se lo permiten, claro.
El caso es que, como decía, fui al médico. Reino Unido es bastante más "moderno" que España, entre otras cosas en el sentido de la protección de los datos personales y que, todo, es susceptible de acabar en denuncia y juicio. Y la gente se busca las papas muchísimo. Así que todo es "a prueba de denuncias". Hasta el punto de que el médico me tomó una foto de la cabeza para mandarla a un hospital y empezó "mira, este es mi dispositivo personal pero tal y como la mande la borro, solo quiero enviarla, no voy a hacer nada con ella..."
A ver, yo reaccioné como cualquier persona normal haría. "Doctor, si Ud colecciona fotos de heridas de gente, quizás el problema no sea mío". Los dos nos reímos. Pero cuando me fui, me llamó mucho la atención. Y hoy mientras desayunaba, pensaba que cuando hice un curso de prevención sanitaria nos pusieron mogollón de fotos de enfermedades venereas. Literalmente, organos genitales de gente. No sé si les pidieron permiso para su difusión, pero maldito lo que me importa.
Lo que quiero decir es, en esta epoca de protección de datos, atención comercialiada, redes sociales, spam y estafas... quizás estaría bien ponernos un poco en perspectiva. Hay unos pocos de millones de seres humanos solo donde vivo yo y, sinceramente, no creo que mis datos o mi imagen o mi identidad sea TAN valioso. Está bien tener una protección razonable, como que mis datos identificativos que pueden usarse para pagar cosas por mí estén protegidos (más que nada, por una cuestión de seguridad jurídica. Y por confianza en el sistema), pero tampoco hace falta que vivamos siempre asustados del sistema. El sistema debería ser "razonable", de forma que, si en algún momento tengo que verme delante de un tribunal, tenga la tranquilidad de que, obrando bien, no me va a pasar nada.
Hay una frase buenísima para eso en las Reales Ordenanzas de las Fuerzas Armadas. "Generará un clima de justicia en el trabajo, de forma que nada deba esperar del favor ni temer de la arbitrariedad".
Si yo hago las cosas bien, no debo temer la arbitrariedad. Por lo que si el médico actua conforme a una buena praxis, no tiene que temer una denuncia. Pero la praxis debe ser razonable y hecha por y para seres humanos. Un problema que nos encontramos es que las expectativas son totalmente irreales. Se le pide a los sanitarios que trabajen turnos de 24 horas y se mantengan frescos como lechugas, de forma que no puedan cometer errores, lo cual es manifiestamente imposible. Y, en vez de ajustar el sistema para que las personas puedan realizar su trabajo de forma eficaz, coherente y digna, lo que hacemos es aumentar el nivel de control y burocracia. Como niños que tienen miedo de que, si dejan de mirar por la ventana, se va a hacer de noche solo, nosotros creemos que podemos obligar a la gente a dejar de ser humana.
Y así acabamos. Con un doctor, amable, profesional y dedicado, pidiendome casi permiso para hacer su trabajo, que es intentar que mi posible enfermedad se convierta en conocimiento, que sirva para curarme a mí y a los demás. A hacer ciencia. Si los abogados se lo permiten, claro.
Las bicicletas son para el verano
Hace unos días comentaba sobre el tiempo con un compañero. Que hace muy bueno y es agradable, simplemente, darse una vueltecita. Salir del trabajo y que no esté lloviendo, sea oscuro y haga un frío terrible, es una bendición. Y mi compañero me contestó que, "sí, pero con este tiempo no debería uno estar trabajando".
Lo curioso es que ni se me había ocurrido. Llevo tanto tiempo trabajando que lo tengo interiorizado, para mí es "el orden natural de las cosas". Tengo un horario y una obligación, eso me da equilibrio y sentido. Es como que haga frío en invierno o que salga el sol por las mañanas; uno no es consciente de que pasa, simplemente está ahí de fondo. Me llamó la atención lo que dijo mi compañero porque, hace unos años, yo probablemente habría dicho lo mismo. Que el verano es para disfrutar, para ir a la playa, darse vueltecitas por el Paseo, ronear con las niñas. Irse en bicicleta a otros pueblos.
Hace muchísimo que dejamos atrás la juventud. En mi caso, debido a los problemas en la piel y el pelo, ya incluso de forma física. Pero sin embargo, la juventud está ahí. Es ese barrio al que podemos volver, pasear por sus calles y darnos cuenta de lo bonitas que son. De como está todo decorado con estilo, de como había tanta energía, tanta fuerza, tanta vida. Y ni siquiera eramos conscientes de ello.
Un recuerdo me ha venido a visitar. Yo, pequeño y delgado, en vaqueros negros en verano. Independientemente de que hiciera un calor de narices, yo era heavy y quería que todo el mundo lo supiera. Con ojos de ahora resulta divertido pero, como leí ayer, el mejor regalo que podemos hacernos es perdonar los errores que cometimos cuando no sabiamos lo que sabemos ahora.
Lo curioso es que ni se me había ocurrido. Llevo tanto tiempo trabajando que lo tengo interiorizado, para mí es "el orden natural de las cosas". Tengo un horario y una obligación, eso me da equilibrio y sentido. Es como que haga frío en invierno o que salga el sol por las mañanas; uno no es consciente de que pasa, simplemente está ahí de fondo. Me llamó la atención lo que dijo mi compañero porque, hace unos años, yo probablemente habría dicho lo mismo. Que el verano es para disfrutar, para ir a la playa, darse vueltecitas por el Paseo, ronear con las niñas. Irse en bicicleta a otros pueblos.
Hace muchísimo que dejamos atrás la juventud. En mi caso, debido a los problemas en la piel y el pelo, ya incluso de forma física. Pero sin embargo, la juventud está ahí. Es ese barrio al que podemos volver, pasear por sus calles y darnos cuenta de lo bonitas que son. De como está todo decorado con estilo, de como había tanta energía, tanta fuerza, tanta vida. Y ni siquiera eramos conscientes de ello.
Un recuerdo me ha venido a visitar. Yo, pequeño y delgado, en vaqueros negros en verano. Independientemente de que hiciera un calor de narices, yo era heavy y quería que todo el mundo lo supiera. Con ojos de ahora resulta divertido pero, como leí ayer, el mejor regalo que podemos hacernos es perdonar los errores que cometimos cuando no sabiamos lo que sabemos ahora.
domingo, 2 de agosto de 2026
Cuando lo femenino es contracultural
Hoy fui a un pueblo cercano a comprar cosas. Aquí hace como treinta grados, que para este sitio es un calorazo máximo, nada sorprendente en Agosto. Pero me sorprende bastante haberme visto a una chica que iba con una especie de bikini por la calle. Y me he dado cuenta de como, los rasgos culturalmente asociados a la feminidad (pelo largo, faldas, ropa y pelo de colores... ), resultan poco comunes en esta zona. No sé si es por el feminismo de tercera ola, por la cantidad de musulmanes que hay, o por lo que sea, pero hay un momento en el que ver a una chica con un traje de verano, pelo largo suelto y maquillaje ligero llama la atención. Hemos convertido lo "normal" en "anormal", simplemente reduciendo su presencia en las calles. Y supongo que algo así pasa con cualquier cosa. Como cantaban Soziedad Alkoholica, "las tradiciones que no nos sirven, se deben soltar". Un grupo bastante interesante, entre otras cosas para descubrir un poco de historia de España a través de sus movidas.
No sé. Simplemente quería dejar esto aquí. Luego uno vuela a España y, de repente, reinicia. Supongo que es el elemento fundamental de una cultura, que se explica muy bien con la frase esa de "un pez no es consciente de que vive en el agua". Las cosas que nos identifican y que hacen que nos sintamos comodos, que alinean nuestra identidad individual con nuestra identidad colectiva y nos referencian en un entorno, son tantas pequeñas cosas que es difícil identificar una sola de ellas. Pero esta, lo que se considera que es apropiado y no, me parece que es una bastante importante y que a mí se me está escapando.
Como decía Aura, no puede ser que el único equivocado sea yo. Es más fácil que sean los demás los que están nadando en la dirección correcta y yo, el que no acaba de entenderlo.
No sé. Simplemente quería dejar esto aquí. Luego uno vuela a España y, de repente, reinicia. Supongo que es el elemento fundamental de una cultura, que se explica muy bien con la frase esa de "un pez no es consciente de que vive en el agua". Las cosas que nos identifican y que hacen que nos sintamos comodos, que alinean nuestra identidad individual con nuestra identidad colectiva y nos referencian en un entorno, son tantas pequeñas cosas que es difícil identificar una sola de ellas. Pero esta, lo que se considera que es apropiado y no, me parece que es una bastante importante y que a mí se me está escapando.
Como decía Aura, no puede ser que el único equivocado sea yo. Es más fácil que sean los demás los que están nadando en la dirección correcta y yo, el que no acaba de entenderlo.
Vivir dentro de tu cabeza
Ayer tuve una conversación muy interesante, con la única persona con la que hablo cara a cara desde hace un mes, a proposito del clima. De como, aunque se queja del sol y el calor, luego lo echará de menos. Hoy, paseando, me contaba de su amiga, que celebra sus vacaciones y eso le hace ser consciente de la suerte que tiene de poder viajar y poder visitar sitios.
Decía Marco Aurelio: "Cuando te levantes por la mañana, piensa en el privilegio de vivir: respirar, pensar, disfrutar, amar."
Muchas veces, el día a día nos aparta de esa realidad. Los árboles nos impiden ver el bosque. Pero si dedicamos un momento a reflexionar nos daremos cuenta enseguida de la suerte que tenemos, del privilegio que supone poder disfrutar de salud, alegria, amor. Estos días que he conseguido dormir (hoy también. Seis noches de siete esta semana, es un record absoluto de 2026), me vuelvo aún más consciente de ello. De que, por un lado, tenemos la suerte de poder disfrutar de la vida, en toda su plenitud. Y que por otro, vivimos muchísimo dentro de nuestras cabezas. Es malo pasar mucho tiempo inactivo, mucho tiempo pasivo, mucho tiempo "siendo dirigido". Es importante que tomemos iniciativa en nuestra vida, que hagamos cosas, que queramos hacer cosas. Lo que he dicho aquí alguna vez: cuando hablamos más de nuestro futuro que de nuestro pasado, vamos bien. Pero sobre todo, cuando hablamos de nuestro presente. De lo que vamos a hacer... hoy. De lo que pensamos, oímos, escuchamos... ahora. De vivir en el momento, en tiepmo presente. De sentir, de ser, de estar. Es super importante esa sensación, esa idea, de que existimos en este momento y lugar. Lo que dicen los gurus de "la conexión". O como decía Mar cuando la conocí, "cuando lo que piensas, dices y haces está alineado, eres feliz".
Y todo eso sucede dentro de nuestra cabeza. Decía Nietzsche que "Estuve en la oscuridad, pero di tres pasos y me encontré en el paraíso. El primer paso fue un buen pensamiento, el segundo una buena palabra, y el tercero, una buena acción." Que curioso que Mar, con diecisiete años, citaba aa Nietzsche sin saber que lo estaba citando.
Parece facil, ¿verdad? Pero nos distrae el ruido, nos distraen nuestros miedos, nuestros prejuicios, nuestras inseguridades. Nos distrae el ego y la necesidad de satisfacerlo. Nos distraen las expectativas, de los demás y las nuestras propias. Nos distrae el Futuro, con mayúsculas, y nos distraen las heridas del pasado, que cargamos en la mochila pero de vez en cuando rebosa. Por eso es vital fabricar un silencio interno, un espacio personal donde seamos nosotros mismos. La cabeza tira de cuerpo que tira de la cabeza. Por eso es importante la musica, el ordenar el espacio, los colores, la luz. Es importante que miremos afuera y ese exterior nos devuelva la mirada adentro, de forma que creemos una dinamica buena.
Hay que trabajar las rutinas. Hay que guiar al cuerpo, de forma que, cuando se ponga el sol, quiera irse a dormir y cuando salga, quiera arrancar y hacer cosas. Hay que alinear los deseos, de forma que entendamos que las frustraciones son temporales o, si no lo son, dejen de ser frustraciones. Hay que trabajar mucho, muchísimo, dentro de nuestra cabeza y fuera.
Este periodo de descanso me ha servido. He cogido fuerzas. Me siento mejor. No tengo prisa, no necesito "distraerme" como huida de un presente que me duele y me asusta. He podido conectar conmigo mismo. Y sobre todo, celebro que me queda un año para irme. Esta tortura acabará, y la certeza de que eso es posible me da fuerzas. Le tengo que agradecer muchísimo a Carlos, que me apoya un montón y a quién me aguanta. No sé como soportan cuando llego a Cádiz y me paso dos o tres días quejandome, solo quejandome, tirando mi basura emocional para limpiarme. No lo olvidaré. Soy muy consciente de lo que me duele, pero como decía Sergio, lo importante es cuando sales hacer cosas que te permitan reiniciar muchísimo. Y poner límites a la negatividad de la gente también, que puede tirarte abajo en una espiral muy rápido.
Hay que estar fuerte. Deporte para el cuerpo, pensar bien para el alma, incluso rezar. Hay que hacer cosas para que la cabeza también esté fuerte, de forma que cuando tengas que vivir allí, tengas los pies limpios antes de entrar y luego tu mente comparta tu casa y tu espacio. Fuera hace frío o calor, la gente es hostil y hay que tener cuidado. Pero eso no tiene que llegar adentro, hay que estar bien dentro. Y poder disfrutar de vivir con uno mismo.
Decía Marco Aurelio: "Cuando te levantes por la mañana, piensa en el privilegio de vivir: respirar, pensar, disfrutar, amar."
Muchas veces, el día a día nos aparta de esa realidad. Los árboles nos impiden ver el bosque. Pero si dedicamos un momento a reflexionar nos daremos cuenta enseguida de la suerte que tenemos, del privilegio que supone poder disfrutar de salud, alegria, amor. Estos días que he conseguido dormir (hoy también. Seis noches de siete esta semana, es un record absoluto de 2026), me vuelvo aún más consciente de ello. De que, por un lado, tenemos la suerte de poder disfrutar de la vida, en toda su plenitud. Y que por otro, vivimos muchísimo dentro de nuestras cabezas. Es malo pasar mucho tiempo inactivo, mucho tiempo pasivo, mucho tiempo "siendo dirigido". Es importante que tomemos iniciativa en nuestra vida, que hagamos cosas, que queramos hacer cosas. Lo que he dicho aquí alguna vez: cuando hablamos más de nuestro futuro que de nuestro pasado, vamos bien. Pero sobre todo, cuando hablamos de nuestro presente. De lo que vamos a hacer... hoy. De lo que pensamos, oímos, escuchamos... ahora. De vivir en el momento, en tiepmo presente. De sentir, de ser, de estar. Es super importante esa sensación, esa idea, de que existimos en este momento y lugar. Lo que dicen los gurus de "la conexión". O como decía Mar cuando la conocí, "cuando lo que piensas, dices y haces está alineado, eres feliz".
Y todo eso sucede dentro de nuestra cabeza. Decía Nietzsche que "Estuve en la oscuridad, pero di tres pasos y me encontré en el paraíso. El primer paso fue un buen pensamiento, el segundo una buena palabra, y el tercero, una buena acción." Que curioso que Mar, con diecisiete años, citaba aa Nietzsche sin saber que lo estaba citando.
Parece facil, ¿verdad? Pero nos distrae el ruido, nos distraen nuestros miedos, nuestros prejuicios, nuestras inseguridades. Nos distrae el ego y la necesidad de satisfacerlo. Nos distraen las expectativas, de los demás y las nuestras propias. Nos distrae el Futuro, con mayúsculas, y nos distraen las heridas del pasado, que cargamos en la mochila pero de vez en cuando rebosa. Por eso es vital fabricar un silencio interno, un espacio personal donde seamos nosotros mismos. La cabeza tira de cuerpo que tira de la cabeza. Por eso es importante la musica, el ordenar el espacio, los colores, la luz. Es importante que miremos afuera y ese exterior nos devuelva la mirada adentro, de forma que creemos una dinamica buena.
Hay que trabajar las rutinas. Hay que guiar al cuerpo, de forma que, cuando se ponga el sol, quiera irse a dormir y cuando salga, quiera arrancar y hacer cosas. Hay que alinear los deseos, de forma que entendamos que las frustraciones son temporales o, si no lo son, dejen de ser frustraciones. Hay que trabajar mucho, muchísimo, dentro de nuestra cabeza y fuera.
Este periodo de descanso me ha servido. He cogido fuerzas. Me siento mejor. No tengo prisa, no necesito "distraerme" como huida de un presente que me duele y me asusta. He podido conectar conmigo mismo. Y sobre todo, celebro que me queda un año para irme. Esta tortura acabará, y la certeza de que eso es posible me da fuerzas. Le tengo que agradecer muchísimo a Carlos, que me apoya un montón y a quién me aguanta. No sé como soportan cuando llego a Cádiz y me paso dos o tres días quejandome, solo quejandome, tirando mi basura emocional para limpiarme. No lo olvidaré. Soy muy consciente de lo que me duele, pero como decía Sergio, lo importante es cuando sales hacer cosas que te permitan reiniciar muchísimo. Y poner límites a la negatividad de la gente también, que puede tirarte abajo en una espiral muy rápido.
Hay que estar fuerte. Deporte para el cuerpo, pensar bien para el alma, incluso rezar. Hay que hacer cosas para que la cabeza también esté fuerte, de forma que cuando tengas que vivir allí, tengas los pies limpios antes de entrar y luego tu mente comparta tu casa y tu espacio. Fuera hace frío o calor, la gente es hostil y hay que tener cuidado. Pero eso no tiene que llegar adentro, hay que estar bien dentro. Y poder disfrutar de vivir con uno mismo.
miércoles, 29 de julio de 2026
Hasta luego, Basqueland
Es curioso, cuantas formas distintas hay de hacer saber a alguien que no es bienvenido en un sitio. Desde miradas, hacer esperar en una cola, hablar en otro idioma para que no se entienda... creo que, en estos días en el País Vasco, las hemos visto todas.
Y ya sé que habrá quién me diga que no todo el mundo es así, que no se puede generalizar, que es que eres muy sensible, que... Pero no deja de ser curioso, al menos para mí, como en la última decada cada vez somos más hostiles ante lo desconocido/nuevo/diferente. En teoría, internet iba a abrirnos una puerta al conocimiento, reducir las distancias, combatir la xenofobia. Al revés, resulta que cuanto más expuestos estamos al mundo más lo odiamos y más nos apetece encerrarnos, solos, con nuestra gente. Con los que reconocemos como propio y con los que compartimos.
Quizás es por la constante exposición a discursos de odio, a prejuicios y a historias dramáticas. Quizás es como respuesta a un movimiento, quizás global, dirigido a monopolizar las diferencias y el rencor. El otro día leía a Kaitzen, un autor americano, decir que el apoyo a Palestina es casi una religión, para personas que entienden el mundo en binario. Para gente que necesitan buenos y malos, oprimidos y opresores, blancos y negros. De esa definición amplio yo, a gente que no se siente nada comodos en un espacio gris, probablemente por una cuestión de superioridad moral. Comento lo de Palestina porque había banderas de Palestina allí por todas partes, incluso en pueblos de cincuenta habitantes.
No creo que volvamos. No nos hemos sentido bien. Y eso que la comida era exquisita y el sitio precioso pero... no me hace falta, la verdad. Hay muchos sitios maravillosos donde no intentan echarme. Así que para ellos y que les aproveche. Pero fue bueno despejarnos, aunque haya sido toda una aventura (planeamiento arriesgado, conducir sin practica... ha sido muy tenso). Pero pasó. Ahora a por lo siguiente y a por otra semana. Ya queda un año solo y, después, a vivir. Que ilusión me da ver el final.
Y ya sé que habrá quién me diga que no todo el mundo es así, que no se puede generalizar, que es que eres muy sensible, que... Pero no deja de ser curioso, al menos para mí, como en la última decada cada vez somos más hostiles ante lo desconocido/nuevo/diferente. En teoría, internet iba a abrirnos una puerta al conocimiento, reducir las distancias, combatir la xenofobia. Al revés, resulta que cuanto más expuestos estamos al mundo más lo odiamos y más nos apetece encerrarnos, solos, con nuestra gente. Con los que reconocemos como propio y con los que compartimos.
Quizás es por la constante exposición a discursos de odio, a prejuicios y a historias dramáticas. Quizás es como respuesta a un movimiento, quizás global, dirigido a monopolizar las diferencias y el rencor. El otro día leía a Kaitzen, un autor americano, decir que el apoyo a Palestina es casi una religión, para personas que entienden el mundo en binario. Para gente que necesitan buenos y malos, oprimidos y opresores, blancos y negros. De esa definición amplio yo, a gente que no se siente nada comodos en un espacio gris, probablemente por una cuestión de superioridad moral. Comento lo de Palestina porque había banderas de Palestina allí por todas partes, incluso en pueblos de cincuenta habitantes.
No creo que volvamos. No nos hemos sentido bien. Y eso que la comida era exquisita y el sitio precioso pero... no me hace falta, la verdad. Hay muchos sitios maravillosos donde no intentan echarme. Así que para ellos y que les aproveche. Pero fue bueno despejarnos, aunque haya sido toda una aventura (planeamiento arriesgado, conducir sin practica... ha sido muy tenso). Pero pasó. Ahora a por lo siguiente y a por otra semana. Ya queda un año solo y, después, a vivir. Que ilusión me da ver el final.
miércoles, 22 de julio de 2026
Hace falta una mente educada, para entender un pensamiento que no acepta
El título es, más o menos, una traducción de una cita de Aristóteles. Y me viene muy bien para dar un salto al siguiente episodio, también relacionado con la burbuja.
Hace falta ser buena persona, para alegrarse de los éxitos que no compartimos.
Ayer hablaba con un amigo sobre mi situación y este hombre me decía que, bueno, al menos uno de los factores para mí no es un problema. Lo decía porque, para él, si lo es y lo ha sido durante mucho tiempo. Pero se alegraba sinceramente por mí, apoyaba mi decisión. En lugar de decir, lo habitual "yo si fuera tú, haría esto", asumiendo solo las partes beneficiosas de mi situación e ignorando las negativas, hacía un análisis general y, sobre todo, no me hacía sentir culpable por estar mejor que él en ese aspecto.
Esto es importante. La envidia es una emoción humana y un pecado capital. Pero es algo natural, es una cosa que nos surge. Si mi vecino tiene una casa más grande, mi instinto primigenio será decir "mira el maldito" y limitar mi percepción de él a ese factor que envidio. Como el que tiene más dinero, más tiempo, una mujer más guapa... lo que sea. Es muy facil poner el foco en lo atractivo. Y en una cultura de redes sociales, donde todo se comercializa para llamar la atención, y existe una competición constante fruto de esa parte de la cultura capitalista (el éxito como virtud en sí misma, no como medio para un fin), es contracultural decir "oye, pues Manolito se ha comprado un cochazo y me alegro mucho por él".
Volviendo a la burbujita, no sabemos cuantas horas de trabajo, sacrificio, apaños y esfuerzo tuvo que hacer Manolito para tener su coche. Simplemente vemos el producto. Y queremos y envidiamos el producto, claro. "Yo también". No, si no estás dispuesto a pagar el precio. E incluso aunque estuvieras dispuesto a pagarlo, una vez has atravesado el esfuerzo se vé de otra manera. Por eso quiero dedicar mi admiración a esa persona que, no solo supera la posición de inferioridad desde la que surge la envidia, sino que se permite alegrarme por algo que podría percibirse como éxito del otro. Bien, Manolito, al menos tienes tu coche. En lugar de recurrir a ese, tan doloroso para alguna gente, "no te quejes, que tienes tu coche", despreciando el sufrimiento de la otra persona y anulando la posibilidad de empatizar y de compartir.
Sobre esto de compartir, quería comentar que uno de los principales problemas de soledad en nuestra sociedad surge precisamente de ahí, del egocentrismo. De pensar que todo "va de mí", con lo que cuando una persona te cuenta algo, en lugar de escucharlo e intentar entender su posición, lo analizas desde la tuya. "Que me está contando este tío, si yo tengo X, Y o Z". Hay pocas cosas que hagan sentirse más solo a alguien, que compartir tiempo con alguien que no está ahí. Que no te escucha, no te interpreta, directamente no le importas. Eres apenas público en el drama épico de su vida.
Con lo que, por un lado, gracias a esos amigos que me escuchan, me comprenden, me apoyan. Siempre que voy a Cádiz, durante unos días me los paso desintoxicandome emocionalemnte, tirandole mogollón de basura emocional a la gente que tengo cerca. Que aguanta estoicamente, como campeones, porque me quieren. Y cuando me he desahogado y me he quedado a gusto, entonces puedo hacerles caso, preocuparme por ellos, intentar escucharlos, animarlos. Puedo incluso plantear el futuro, más allá del presente de supervivencia y de "no caer".
Tengo muchísima suerte, muchísima, con tener tanta gente buena en mi vida que me quiere. Y que tiene una mente, tan educada emocionalmente, que puede entender una emoción que no acepta.
Gracías.
Hace falta ser buena persona, para alegrarse de los éxitos que no compartimos.
Ayer hablaba con un amigo sobre mi situación y este hombre me decía que, bueno, al menos uno de los factores para mí no es un problema. Lo decía porque, para él, si lo es y lo ha sido durante mucho tiempo. Pero se alegraba sinceramente por mí, apoyaba mi decisión. En lugar de decir, lo habitual "yo si fuera tú, haría esto", asumiendo solo las partes beneficiosas de mi situación e ignorando las negativas, hacía un análisis general y, sobre todo, no me hacía sentir culpable por estar mejor que él en ese aspecto.
Esto es importante. La envidia es una emoción humana y un pecado capital. Pero es algo natural, es una cosa que nos surge. Si mi vecino tiene una casa más grande, mi instinto primigenio será decir "mira el maldito" y limitar mi percepción de él a ese factor que envidio. Como el que tiene más dinero, más tiempo, una mujer más guapa... lo que sea. Es muy facil poner el foco en lo atractivo. Y en una cultura de redes sociales, donde todo se comercializa para llamar la atención, y existe una competición constante fruto de esa parte de la cultura capitalista (el éxito como virtud en sí misma, no como medio para un fin), es contracultural decir "oye, pues Manolito se ha comprado un cochazo y me alegro mucho por él".
Volviendo a la burbujita, no sabemos cuantas horas de trabajo, sacrificio, apaños y esfuerzo tuvo que hacer Manolito para tener su coche. Simplemente vemos el producto. Y queremos y envidiamos el producto, claro. "Yo también". No, si no estás dispuesto a pagar el precio. E incluso aunque estuvieras dispuesto a pagarlo, una vez has atravesado el esfuerzo se vé de otra manera. Por eso quiero dedicar mi admiración a esa persona que, no solo supera la posición de inferioridad desde la que surge la envidia, sino que se permite alegrarme por algo que podría percibirse como éxito del otro. Bien, Manolito, al menos tienes tu coche. En lugar de recurrir a ese, tan doloroso para alguna gente, "no te quejes, que tienes tu coche", despreciando el sufrimiento de la otra persona y anulando la posibilidad de empatizar y de compartir.
Sobre esto de compartir, quería comentar que uno de los principales problemas de soledad en nuestra sociedad surge precisamente de ahí, del egocentrismo. De pensar que todo "va de mí", con lo que cuando una persona te cuenta algo, en lugar de escucharlo e intentar entender su posición, lo analizas desde la tuya. "Que me está contando este tío, si yo tengo X, Y o Z". Hay pocas cosas que hagan sentirse más solo a alguien, que compartir tiempo con alguien que no está ahí. Que no te escucha, no te interpreta, directamente no le importas. Eres apenas público en el drama épico de su vida.
Con lo que, por un lado, gracias a esos amigos que me escuchan, me comprenden, me apoyan. Siempre que voy a Cádiz, durante unos días me los paso desintoxicandome emocionalemnte, tirandole mogollón de basura emocional a la gente que tengo cerca. Que aguanta estoicamente, como campeones, porque me quieren. Y cuando me he desahogado y me he quedado a gusto, entonces puedo hacerles caso, preocuparme por ellos, intentar escucharlos, animarlos. Puedo incluso plantear el futuro, más allá del presente de supervivencia y de "no caer".
Tengo muchísima suerte, muchísima, con tener tanta gente buena en mi vida que me quiere. Y que tiene una mente, tan educada emocionalmente, que puede entender una emoción que no acepta.
Gracías.
Cada uno vivimos en una burbujita
Una de las peores ilusiones que nos genera esta "conexión" en la que vivimos, esta "vida virtual" de la que hablaba Jose Carlos Ruiz, es la idea de que participamos los unos en las vidas de los otros. Y eso es totalmente falso. Sin ir más lejos, la semana que no veo a mí mujer y nos dejamos post-its, me toca "imaginar" como está ella. Porque lo que compartimos es tan poco, que no sé si está agobiada por algo, tiene problemas en el trabajo, la familia... todo eso me llega filtrado, traducido, transplantado.
Ahora vamos a intentar suponer eso con alguien que vive a cientos o miles de kilometros, y con quién interactuo a través de una pantalla. Recuerdo, hace muchos años, cuando charlaba con una persona que ni siquiera sabía si realmente era una persona. Porque lo que conoces, lo que compartes, lo que vives, es ese espacio pequeñito en el que interactuais. Y la vida está llena de cosas. Por ejemplo, yo interactuo con un amigo mío casi todos los días. Nos mandamos algunos audios, qué tal. Lo que yo sé de él es ese ratito que me cuenta, a través de lo que él me cuenta. Si ha tenido un mal día en el trabajo, solo tengo su versión. No solo eso, sino que tampoco tengo contexto. No sé como son las calles por las que camina, no sé como es el clima donde está, no sé como es la gente a su alrededor. Si mi madre, a la que quiero muchísimo, me cuenta que ha discutido con mi hermana, yo soy consciente de que solo tengo una parte de la realidad, la parte que ella me cuenta. Y que, como me la está contando, adapta.
Creo que fue Nietzsche el que dijo que, cuando estamos con gente, siempre actuamos. O quizás fue Mishima. La realidad es que, al igual que sucede con la física cuantica, el mero hecho de observar altera el proceso. Con lo que, al saber que tenemos público, ya actuamos de forma distinta a nuestra naturaleza. Por supuesto, dentro de esto hay grados, desde la gente más necesitada de aprobación pública y más "actor", hasta las personas más indiferentes y naturales. Pero incluso la persona más natural del mundo, cuando tiene gente cerca se vé influenciada por esa presencia.
Así pues, combinando la falta de información y el hecho de que esa información está manipulada, ¿como podemos interactuar con los demás?
Desde un enorme respeto. Desde una enorme tolerancia y comprensión. Como hacemos cuando tratamos un tema que no conocemos, cuando la gente habla de algo de lo que no sé. Escucho y aprendo. Porque muchas veces, desde la certeza de que conocemos algo que no, cometemos errores tremendos.
Recuerdo hace muchos años, navegando, que el Dr Carabot me dio una lección de vida increíble sobre eso. Me dijo que, cuando él llamaba a su mujer, él no sabía si ella había tenido un buen o un mal día. Si estaba preocupada, si había tenido problemas, si no había comido o dormido... así que no podía pedirle atención, ni cariño. Podía pedirle respeto. Lo demás, lo daba ella voluntariamente, y viceversa. Ella tampoco sabía si él llevaba todo el día peleandose con gente, o durmiendo. Me pareció una lección muy bonita sobre lo que es el amor, que consiste en entender al otro, preocuparse porque esté bien (sin que esa preocupación sea empatia suicida) y, sobre todo, comprensión. El amor empieza desde el respeto. Y esto no se refiere solo al amor, vale también para amigos, familia, conocidos, compañeros...
Hay que entender que sabemos muy poquito. Pero que, si entramos en casa del otro, hay que limpiarse los pies en la entrada. Y una vez limpios, entramos para sumar.
Cuidaros mucho.
Ahora vamos a intentar suponer eso con alguien que vive a cientos o miles de kilometros, y con quién interactuo a través de una pantalla. Recuerdo, hace muchos años, cuando charlaba con una persona que ni siquiera sabía si realmente era una persona. Porque lo que conoces, lo que compartes, lo que vives, es ese espacio pequeñito en el que interactuais. Y la vida está llena de cosas. Por ejemplo, yo interactuo con un amigo mío casi todos los días. Nos mandamos algunos audios, qué tal. Lo que yo sé de él es ese ratito que me cuenta, a través de lo que él me cuenta. Si ha tenido un mal día en el trabajo, solo tengo su versión. No solo eso, sino que tampoco tengo contexto. No sé como son las calles por las que camina, no sé como es el clima donde está, no sé como es la gente a su alrededor. Si mi madre, a la que quiero muchísimo, me cuenta que ha discutido con mi hermana, yo soy consciente de que solo tengo una parte de la realidad, la parte que ella me cuenta. Y que, como me la está contando, adapta.
Creo que fue Nietzsche el que dijo que, cuando estamos con gente, siempre actuamos. O quizás fue Mishima. La realidad es que, al igual que sucede con la física cuantica, el mero hecho de observar altera el proceso. Con lo que, al saber que tenemos público, ya actuamos de forma distinta a nuestra naturaleza. Por supuesto, dentro de esto hay grados, desde la gente más necesitada de aprobación pública y más "actor", hasta las personas más indiferentes y naturales. Pero incluso la persona más natural del mundo, cuando tiene gente cerca se vé influenciada por esa presencia.
Así pues, combinando la falta de información y el hecho de que esa información está manipulada, ¿como podemos interactuar con los demás?
Desde un enorme respeto. Desde una enorme tolerancia y comprensión. Como hacemos cuando tratamos un tema que no conocemos, cuando la gente habla de algo de lo que no sé. Escucho y aprendo. Porque muchas veces, desde la certeza de que conocemos algo que no, cometemos errores tremendos.
Recuerdo hace muchos años, navegando, que el Dr Carabot me dio una lección de vida increíble sobre eso. Me dijo que, cuando él llamaba a su mujer, él no sabía si ella había tenido un buen o un mal día. Si estaba preocupada, si había tenido problemas, si no había comido o dormido... así que no podía pedirle atención, ni cariño. Podía pedirle respeto. Lo demás, lo daba ella voluntariamente, y viceversa. Ella tampoco sabía si él llevaba todo el día peleandose con gente, o durmiendo. Me pareció una lección muy bonita sobre lo que es el amor, que consiste en entender al otro, preocuparse porque esté bien (sin que esa preocupación sea empatia suicida) y, sobre todo, comprensión. El amor empieza desde el respeto. Y esto no se refiere solo al amor, vale también para amigos, familia, conocidos, compañeros...
Hay que entender que sabemos muy poquito. Pero que, si entramos en casa del otro, hay que limpiarse los pies en la entrada. Y una vez limpios, entramos para sumar.
Cuidaros mucho.
El cuerpo tira de la cabeza, que tira del cuerpo
Ayer, por fin, conseguí medio dormir de verdad, tener un sueño profundo. Hacía como diez días que no lo conseguía. Me desperté pegado a la almohada, con esa sensación de inconsciencia, de no saber ni donde estoy. Y me sentí increíblemente feliz de ello.
Ya lo había visto venir. El día antes, por la tarde, había estado medio lucido. Sobre las siete, ocho de la tarde estaba quedandome dormido, así que me fui a la cama tempranisimo. No obstante lo cual, a las once y media de la noche me desperté, incapaz de seguir durmiendo, así que me fui al ordenador para intentar adelantar algunas cosas. Sobre las cuatro de la mañana, me dije a mi mismo, ya era hora de volver a intentarlo. Me costó un poco, pero lo conseguí.
Todo esto, para alguien que no sepa de que va, es una locura y una tontería. Alguien que se agobia por nada, que se estresa. Pero no. Es el resultado de pegarse una semana trabajando de 18 a 6, y "durmiendo", de siete a doce, más o menos. ¿Cuanto tiempo puede aguantar el cuerpo así? Pues imagino que bastante. Entre adaptación y post, yo me pego así unas dos semanas. Con suerte, como ahora, consigo reiniciar la cabeza más o menos a las tres noches. Si hoy por la noche consigo dormir de un tirón, o volver a tener sueño profundo, habrá sido un éxito increíble y me felicitaré a mi mismo por ello.
He probado de todo. Meditación, ejercicio, descanso, vitaminas, ayuno, comida fuerte, baño... no consigo reducir el tiempo. Ahora lo que hago, teniendolo más o menos asumido, es planear mi vida teniendo en cuenta ese ciclo. Una semana de trabajo en la que no existo, luego unos 3-4 días en los que no puedo planear nada, porque estoy fisica y mentalmente agotado. ¿Sabéis que el agotamiento físico se siente como una gripe? Sudores fríos, mareo, malestar general. Es como si te hubieran dado una paliza, lo cual no está tan alejado de la realidad.
Y claro, así uno no piensa bien. Dice cosas que no piensa, tiene cambios de humor brusco, comete errores, se despista. También tiene una especie de "revelaciones"; de repente, vemos clarísimo cosas que en otros momentos no nos dariamos cuenta. Esos momentos de lucidez, como el subidón de energía que te da corriendo, no son sostenibles en el tiempo; son un claro entre las nubes. Y pueden parecer que, ahora sí, de verdad, estamos recuperando. Pero es mentira. Con el tiempo, he aprendido a distinguir entre la recuperación real, sostenible, y el pico de energía que te da de repente. Como cuando uno se enciende comiendo, para luego venirse abajo del tirón.
Hay que cuidarse. El sueño es una parte tan importante de nuestro bienestar como la comida, el ejercicio, la actividad mental, el bienestar social. La piramide de Marslow empieza con las necesidades físicas por un motivo, hay que ir de abajo arriba. Hoy es miércoles. He "perdido" dos días, pero es mucho mejor que perder cuatro, que es lo habitual. Ahora toca volver a subir la cuesta. Han sido dos días de comer bien, leer cosas ligeras, entretenerme jugando. Incapaz de leer algo profundo, de pensar mucho, de mantener conversaciones interesantes. Distraido, como un pajaro que salta de una rama a otra, viendo videos tontos o juegos de hacer clic y poco más. He rematado algo de pintura, no sé ni como.
Pero ahora reinicio. Y el cuerpo tira de la cabeza, que tira del cuerpo. Hay que cuidarse. Recordad hacerlo también, entended vuestro cuerpo como el vehículo que pilota vuestra alma ("No tienes un cuerpo, tienes un alma), cuidadlo para disfrutarlo y poder experimentar este viaje que es la vida en toda su plenitud. Haced feliz a los que queréis, dejad que esa felicidad vuelva a vosotros. Abrid los ojos a todo lo bueno que tenéis alrededor. Y sed felices. Es muy bonito poder sentir alegria y hacer llegar esa alegria a los que queréis.
Cuidaros.
Ya lo había visto venir. El día antes, por la tarde, había estado medio lucido. Sobre las siete, ocho de la tarde estaba quedandome dormido, así que me fui a la cama tempranisimo. No obstante lo cual, a las once y media de la noche me desperté, incapaz de seguir durmiendo, así que me fui al ordenador para intentar adelantar algunas cosas. Sobre las cuatro de la mañana, me dije a mi mismo, ya era hora de volver a intentarlo. Me costó un poco, pero lo conseguí.
Todo esto, para alguien que no sepa de que va, es una locura y una tontería. Alguien que se agobia por nada, que se estresa. Pero no. Es el resultado de pegarse una semana trabajando de 18 a 6, y "durmiendo", de siete a doce, más o menos. ¿Cuanto tiempo puede aguantar el cuerpo así? Pues imagino que bastante. Entre adaptación y post, yo me pego así unas dos semanas. Con suerte, como ahora, consigo reiniciar la cabeza más o menos a las tres noches. Si hoy por la noche consigo dormir de un tirón, o volver a tener sueño profundo, habrá sido un éxito increíble y me felicitaré a mi mismo por ello.
He probado de todo. Meditación, ejercicio, descanso, vitaminas, ayuno, comida fuerte, baño... no consigo reducir el tiempo. Ahora lo que hago, teniendolo más o menos asumido, es planear mi vida teniendo en cuenta ese ciclo. Una semana de trabajo en la que no existo, luego unos 3-4 días en los que no puedo planear nada, porque estoy fisica y mentalmente agotado. ¿Sabéis que el agotamiento físico se siente como una gripe? Sudores fríos, mareo, malestar general. Es como si te hubieran dado una paliza, lo cual no está tan alejado de la realidad.
Y claro, así uno no piensa bien. Dice cosas que no piensa, tiene cambios de humor brusco, comete errores, se despista. También tiene una especie de "revelaciones"; de repente, vemos clarísimo cosas que en otros momentos no nos dariamos cuenta. Esos momentos de lucidez, como el subidón de energía que te da corriendo, no son sostenibles en el tiempo; son un claro entre las nubes. Y pueden parecer que, ahora sí, de verdad, estamos recuperando. Pero es mentira. Con el tiempo, he aprendido a distinguir entre la recuperación real, sostenible, y el pico de energía que te da de repente. Como cuando uno se enciende comiendo, para luego venirse abajo del tirón.
Hay que cuidarse. El sueño es una parte tan importante de nuestro bienestar como la comida, el ejercicio, la actividad mental, el bienestar social. La piramide de Marslow empieza con las necesidades físicas por un motivo, hay que ir de abajo arriba. Hoy es miércoles. He "perdido" dos días, pero es mucho mejor que perder cuatro, que es lo habitual. Ahora toca volver a subir la cuesta. Han sido dos días de comer bien, leer cosas ligeras, entretenerme jugando. Incapaz de leer algo profundo, de pensar mucho, de mantener conversaciones interesantes. Distraido, como un pajaro que salta de una rama a otra, viendo videos tontos o juegos de hacer clic y poco más. He rematado algo de pintura, no sé ni como.
Pero ahora reinicio. Y el cuerpo tira de la cabeza, que tira del cuerpo. Hay que cuidarse. Recordad hacerlo también, entended vuestro cuerpo como el vehículo que pilota vuestra alma ("No tienes un cuerpo, tienes un alma), cuidadlo para disfrutarlo y poder experimentar este viaje que es la vida en toda su plenitud. Haced feliz a los que queréis, dejad que esa felicidad vuelva a vosotros. Abrid los ojos a todo lo bueno que tenéis alrededor. Y sed felices. Es muy bonito poder sentir alegria y hacer llegar esa alegria a los que queréis.
Cuidaros.
martes, 21 de julio de 2026
Sobreestimulación y pantallas
Siempre me pasa igual. Empiezo a trabajar y, de repente, no tengo tiempo para nada. Así que, para aprovechar, saco de donde no hay y optimizo al máximo. A tal hora me despierto, a tal hora me cepillo los dientes, a tal hora voy al WC. Suena loquísimo, pero es la única forma que tengo de funcionar, cuando de 24 horas, hay entre 11 y 12 que no son tuyas.
Luego acabo y, el primer día, mantengo la inercia. Y quiero hacer muchísimas cosas y las hago. Normalmente entreno, desayuno, voy al supermercado, pago facturas, resuelvo cosas... a tope. Luego de repente paro, me relajo y me pongo a hacer cosas que me gustan. Pero mantengo el ritmo. Y llega la noche.
Dado que estoy acostumbrado a tener que estar siempre haciendo algo, no sé parar. Miro el movil cincuenta veces. Y llegamos a la situación actual. En la que, estoy jugando a algo, y dado que no puedo esperar, mientras el ordenador pasa un turno de unos seis segundos, me pongo videos. Porque esperar 1/10 de minuto mirando una pantalla es desperdiciar el tiempo.
No es sano. No es bueno. Y afecta a mis niveles hormonales y a mi vida en general. Tengo el vientre hinchado. Se me cae el pelo. Hoy dormí tres horas, entre las 22 y la 1. Y lo más curiosoe es que no sé como pararlo, o quizás no conozco una herramienta que sustituya a la que suelo usar para reiniciar.
Socialización. Hace como veinte años que vengo diciendo que, si me ves conectado, malo. Porque eso significa que no he encontrado otro plan mejor. Yo cuando estoy con gente, haciendo deporte... no miro ningún aparato. Los aparatos son "a falta de algo mejor". Lo triste es que, de un tiempo a esta parte, cada vez hay menos "algo mejor". Y la vida se llena de trabajo y reinicio, de tal forma que hasta para ver una serie me come la pantalla, las notificaciones, los "ti tin".
Hay que salir de ahí. Hay que hacer lo que nos gusta, y hacerlo más. Y hay que dejar que eso nos ayude a reiniciar, calme nuestros nervios y nos deje vivir. Porque sino, petamos de puro agotamiento. Hay que distinguir medios y fines y, simplemente, disfrutar más de la vida. Hay que parar.
Luego acabo y, el primer día, mantengo la inercia. Y quiero hacer muchísimas cosas y las hago. Normalmente entreno, desayuno, voy al supermercado, pago facturas, resuelvo cosas... a tope. Luego de repente paro, me relajo y me pongo a hacer cosas que me gustan. Pero mantengo el ritmo. Y llega la noche.
Dado que estoy acostumbrado a tener que estar siempre haciendo algo, no sé parar. Miro el movil cincuenta veces. Y llegamos a la situación actual. En la que, estoy jugando a algo, y dado que no puedo esperar, mientras el ordenador pasa un turno de unos seis segundos, me pongo videos. Porque esperar 1/10 de minuto mirando una pantalla es desperdiciar el tiempo.
No es sano. No es bueno. Y afecta a mis niveles hormonales y a mi vida en general. Tengo el vientre hinchado. Se me cae el pelo. Hoy dormí tres horas, entre las 22 y la 1. Y lo más curiosoe es que no sé como pararlo, o quizás no conozco una herramienta que sustituya a la que suelo usar para reiniciar.
Socialización. Hace como veinte años que vengo diciendo que, si me ves conectado, malo. Porque eso significa que no he encontrado otro plan mejor. Yo cuando estoy con gente, haciendo deporte... no miro ningún aparato. Los aparatos son "a falta de algo mejor". Lo triste es que, de un tiempo a esta parte, cada vez hay menos "algo mejor". Y la vida se llena de trabajo y reinicio, de tal forma que hasta para ver una serie me come la pantalla, las notificaciones, los "ti tin".
Hay que salir de ahí. Hay que hacer lo que nos gusta, y hacerlo más. Y hay que dejar que eso nos ayude a reiniciar, calme nuestros nervios y nos deje vivir. Porque sino, petamos de puro agotamiento. Hay que distinguir medios y fines y, simplemente, disfrutar más de la vida. Hay que parar.
Algo más grande que uno propio
Hace dos días, España se proclamó campeona del mundo de fútbol. Es un evento histórico, algo que todo el país recordará dentro de muchísimos años. Como sucedió con el mundial de 2010, todo el mundo sabrá donde estaba, que estaba haciendo, que pasaba. Hay amistades que se han forjado en ese partido, que quedarán.
Yo, por mi parte, lo vi currando. Lo cual es bastante coherente con mi situación actual, mi mujer sola en casa agobiada y yo trabajando. Esta es mi vida ultimamente. Lo que no quita que me emocionara muchísimo, que lo pasara fatal, que recordara a Maria Caamaño, a Luis Aragonés y a todos los que ya no están, entre ellos a la persona más importante de mi vida, que se fue precisamente en 2010. Y que me alegrara un montón, tanto por lo que hicieron como por quienes y como son. Preguntaban a Dani Olmo que, qué pensaba de que los argentinos no les hubieran hecho el pasillo, y dijo que bueno, que ellos tienen que representar unos valores, que hay muchos niños viendolos y que ellos quieren transmitir cosas buenas. Como decía Pau Gasol, "Es fantástico hacer que tu país se sienta orgulloso de ti, pero es mejor hacer que el mundo se sienta orgulloso de tu país".
Así que bueno. Me alegro una barbaridad porque sean campeones, porque es un triunfo de gente buena, que se apoya los unos a los otros, gente humilde, trabajadora, sencilla. Gente buena, en general.
Y de eso quería hablar. El seleccionador nacional, Luis de la Fuente, decía en una entrevista que él, sobre todo, ha buscado un grupo humano. Ha buscado gente comprometida, trabajadora, con espíritu de equipo. Gente dispuesta a sacrificarse los unos por los otros, a compartir, a ser responsable. Me gustó cuando decía "es gente con la que puedes irte de viaje, con la que puedes organizar cosas". Porque parece una tontería, pero es algo que escucho mucho, que es difícil convivir, que es difícil compartir, que es difícil organizarse...
Luis de la Fuente parece una persona magnífica. Y en una entrevista, le preguntaron como compaginaba su catolicismo militante con la competición deportiva. Un periodista le dijo que él, sinceramente, no entendía a los creyentes. A lo que el seleccionador le contestó que él tampoco entendía a los ateos. Pero que, ya un poco más en serio, la fé era una parte de su identidad y él construía desde allí.
Hoy, probablemente a rebufo de la figura del seleccionador, me ha aparecido en Facebook (así de viejo soy), un comunicado de la iglesia católica donde se felicita de la actitud de este, y del triunfo de aquellos que creen en algo superior al ser humano. Y pensaba que, realmente, ese es un elemento de la experiencia humana, que una parte de la sociedad pretende ignorar y lo hace conscientemente. De la misma forma que hay una parte de nuestra sociedad que pretende ignorar el impulso reproductivo (y oye, magnífico, pero no deja de ser la racionalización de una conducta anómala), los humanos estamos constituidos para creer en algo. Es nuestro escape al miedo a la mortalidad, la busqueda de la trascendencia. Que también está claramente vinculada al impulso reproductivo, claro. Sabemos que vamos a morir. Pero, ganando una copa del mundo, pasamos a la Historia, que es algo parecido a la inmortalidad. Citando a Brad Pitt actuando como Aquiles, "por eso nadie recordará tu nombre" (al elegir la vida anodina y oscura, en lugar de la Gloria).
Da igual como lo vistamos. Hay gente que cree en Dios, gente que cree en el Estado, gente que cree en la Bondad... cualquier idea o concepto que se nos ocurra con mayúsculas, tiene sentido porque los humanos se lo damos. Es lo que explicaban muy bien en Homo Deux, que el dinero es un constructo social, porque las cosas solo tienen el valor que elegimos darle. Esa abstracción, esa necesidad de imaginar, es algo que define al ser humano. Y, como he dicho muchas veces y seguiré diciendo, hay gente que ha reemplazado la inquisición religiosa por la inquisición dietética/social/x. Hay gente que cree en los alienigenas, en la sanidad publica o en un club de fútbol con celo religioso. Y no me parece mal, simplemente creo que es algo que deberiamos asumir y ver de frente, sin ponerle excusas ni motes.
El ser humano, con contadisimas excepciones, necesita creer en algo/alguien. Y, dentro de la cantidad de monstruosidades que nos surgen, no me parece que el catolicismo del año 2026 sea una de las peores.
Yo, por mi parte, lo vi currando. Lo cual es bastante coherente con mi situación actual, mi mujer sola en casa agobiada y yo trabajando. Esta es mi vida ultimamente. Lo que no quita que me emocionara muchísimo, que lo pasara fatal, que recordara a Maria Caamaño, a Luis Aragonés y a todos los que ya no están, entre ellos a la persona más importante de mi vida, que se fue precisamente en 2010. Y que me alegrara un montón, tanto por lo que hicieron como por quienes y como son. Preguntaban a Dani Olmo que, qué pensaba de que los argentinos no les hubieran hecho el pasillo, y dijo que bueno, que ellos tienen que representar unos valores, que hay muchos niños viendolos y que ellos quieren transmitir cosas buenas. Como decía Pau Gasol, "Es fantástico hacer que tu país se sienta orgulloso de ti, pero es mejor hacer que el mundo se sienta orgulloso de tu país".
Así que bueno. Me alegro una barbaridad porque sean campeones, porque es un triunfo de gente buena, que se apoya los unos a los otros, gente humilde, trabajadora, sencilla. Gente buena, en general.
Y de eso quería hablar. El seleccionador nacional, Luis de la Fuente, decía en una entrevista que él, sobre todo, ha buscado un grupo humano. Ha buscado gente comprometida, trabajadora, con espíritu de equipo. Gente dispuesta a sacrificarse los unos por los otros, a compartir, a ser responsable. Me gustó cuando decía "es gente con la que puedes irte de viaje, con la que puedes organizar cosas". Porque parece una tontería, pero es algo que escucho mucho, que es difícil convivir, que es difícil compartir, que es difícil organizarse...
Luis de la Fuente parece una persona magnífica. Y en una entrevista, le preguntaron como compaginaba su catolicismo militante con la competición deportiva. Un periodista le dijo que él, sinceramente, no entendía a los creyentes. A lo que el seleccionador le contestó que él tampoco entendía a los ateos. Pero que, ya un poco más en serio, la fé era una parte de su identidad y él construía desde allí.
Hoy, probablemente a rebufo de la figura del seleccionador, me ha aparecido en Facebook (así de viejo soy), un comunicado de la iglesia católica donde se felicita de la actitud de este, y del triunfo de aquellos que creen en algo superior al ser humano. Y pensaba que, realmente, ese es un elemento de la experiencia humana, que una parte de la sociedad pretende ignorar y lo hace conscientemente. De la misma forma que hay una parte de nuestra sociedad que pretende ignorar el impulso reproductivo (y oye, magnífico, pero no deja de ser la racionalización de una conducta anómala), los humanos estamos constituidos para creer en algo. Es nuestro escape al miedo a la mortalidad, la busqueda de la trascendencia. Que también está claramente vinculada al impulso reproductivo, claro. Sabemos que vamos a morir. Pero, ganando una copa del mundo, pasamos a la Historia, que es algo parecido a la inmortalidad. Citando a Brad Pitt actuando como Aquiles, "por eso nadie recordará tu nombre" (al elegir la vida anodina y oscura, en lugar de la Gloria).
Da igual como lo vistamos. Hay gente que cree en Dios, gente que cree en el Estado, gente que cree en la Bondad... cualquier idea o concepto que se nos ocurra con mayúsculas, tiene sentido porque los humanos se lo damos. Es lo que explicaban muy bien en Homo Deux, que el dinero es un constructo social, porque las cosas solo tienen el valor que elegimos darle. Esa abstracción, esa necesidad de imaginar, es algo que define al ser humano. Y, como he dicho muchas veces y seguiré diciendo, hay gente que ha reemplazado la inquisición religiosa por la inquisición dietética/social/x. Hay gente que cree en los alienigenas, en la sanidad publica o en un club de fútbol con celo religioso. Y no me parece mal, simplemente creo que es algo que deberiamos asumir y ver de frente, sin ponerle excusas ni motes.
El ser humano, con contadisimas excepciones, necesita creer en algo/alguien. Y, dentro de la cantidad de monstruosidades que nos surgen, no me parece que el catolicismo del año 2026 sea una de las peores.
Que tramáis, morenos
Llevo unos días hablando con mi señora sobre la amistad, lo difícil que es hacer amigos de adultos y como la gente vive cada vez más aislada. Curiosamente, es de los pocos aspectos de mi vida en que he sido consistentemente éxitoso y afortunado (no necesariamente en ese orden), lo cual me cuesta entender las carencias, pero las entiendo perfectamente. Me decía el otro día un taxista, que uno debe tener pocos amigos porque la gente se mueve por interés, y es muy difícil tener confianza de verdad y poder apoyarse los unos en los otros.
Lo curioso es que, cuando la gente dice esas cosas, lo hace desde una posición de virtud. Entendiendo que, nosotros, si estamos disponibles para los demás y se pueden apoyar en nosotros. Es como aquella conferencia que dí, donde decía que dabamos por hecho que la disposición de los demás hacia nosotros era hostil. Cuando, por defecto, los demás son indiferentes a nosotros. Les damos igual.
No creo que la gente elija conscientemente aprovecharse de los demás. Debe haber gente así, pero no creo que alguien diga "voy a hacerme amigo de este tío, que seguro que me invita a cervezas". No. Creo que, más bien, determinadas actitudes se dan por hecho, las relaciones evolucionan hacía unas dinámicas de poder y, alguna gente, tiene la cara muy dura. No por maldad, sino por comodidad. Soy de la opinión de que, como decía el otro día a una amiga, "la pereza es el pecado que nos salva de cometer muchos de los otros". En nuestro cuento, todos somos los buenos.
Así que efectivamente, no creo que sea dificil hacer amigos, sino que es dificil hacer el esfuerzo de compartir, conectar, cuidarse, escuchar. Todos queremos recibir, pero pocos queremos dar y, cuando damos, lo hacemos con una factura anexa que acaba siendo incomoda. Y bueno, también es verdad que tiene que ver con nuestros margenes culturales. Aquí donde estoy, veo que todo vale dinero y todo supone mucho esfuerzo. Así que las relaciones se vuelven transacionales porque es el idioma local, el de hacer algo a cambio de algo. Y así es muy difícil construir emociones porque, al contrario de lo que parecemos pensar en esta época de optimización, materialismo y egoismo, somos animales sociales, diseñados para alegrarnos y entristecernos en grupo, construir historias y narrativas y, sobre todo, enfrentar la muerte a través de la eternidad de la vida en familia.
Pero me he ido un poco, eso va en otro artículo. Lo que quería decir, para resumir, es que dar por hecho que la gente que conocemos va a usarnos es un obstaculo terrible para hacer amistades. Que, como decía Javier Marías, a veces un caballero tiene que dejarse engañar. Y que somos menos malos de lo que nuestro sistema y nuestros miedos nos hace creer.
Lo curioso es que, cuando la gente dice esas cosas, lo hace desde una posición de virtud. Entendiendo que, nosotros, si estamos disponibles para los demás y se pueden apoyar en nosotros. Es como aquella conferencia que dí, donde decía que dabamos por hecho que la disposición de los demás hacia nosotros era hostil. Cuando, por defecto, los demás son indiferentes a nosotros. Les damos igual.
No creo que la gente elija conscientemente aprovecharse de los demás. Debe haber gente así, pero no creo que alguien diga "voy a hacerme amigo de este tío, que seguro que me invita a cervezas". No. Creo que, más bien, determinadas actitudes se dan por hecho, las relaciones evolucionan hacía unas dinámicas de poder y, alguna gente, tiene la cara muy dura. No por maldad, sino por comodidad. Soy de la opinión de que, como decía el otro día a una amiga, "la pereza es el pecado que nos salva de cometer muchos de los otros". En nuestro cuento, todos somos los buenos.
Así que efectivamente, no creo que sea dificil hacer amigos, sino que es dificil hacer el esfuerzo de compartir, conectar, cuidarse, escuchar. Todos queremos recibir, pero pocos queremos dar y, cuando damos, lo hacemos con una factura anexa que acaba siendo incomoda. Y bueno, también es verdad que tiene que ver con nuestros margenes culturales. Aquí donde estoy, veo que todo vale dinero y todo supone mucho esfuerzo. Así que las relaciones se vuelven transacionales porque es el idioma local, el de hacer algo a cambio de algo. Y así es muy difícil construir emociones porque, al contrario de lo que parecemos pensar en esta época de optimización, materialismo y egoismo, somos animales sociales, diseñados para alegrarnos y entristecernos en grupo, construir historias y narrativas y, sobre todo, enfrentar la muerte a través de la eternidad de la vida en familia.
Pero me he ido un poco, eso va en otro artículo. Lo que quería decir, para resumir, es que dar por hecho que la gente que conocemos va a usarnos es un obstaculo terrible para hacer amistades. Que, como decía Javier Marías, a veces un caballero tiene que dejarse engañar. Y que somos menos malos de lo que nuestro sistema y nuestros miedos nos hace creer.
martes, 14 de julio de 2026
Exceso de compromiso
Esta mañana, a las cinco y media, tuve una discusión que quizás me la podría haber ahorrado. Mi compañero y gestor, el "manager", llegó y se encontró sumamente decepcionado que yo no me había pasado toda la noche trabajando como a él le gustaría. Es un mundo duro y, lamento decirlo compañero, pero no todo el mundo está aquí para hacer las cosas como a ti te gustarían. Además es curioso, porque una frase que dijo "esto sería fácil si todos pusieran de su parte", es algo que también he escuchado alguna vez a mi señora. Y descubrí una forma maravillosa de contestar a eso.
"Y si mi madre tuviera tres ruedas, sería un triciclo".
Porque efectivamente, el mundo no es como nos gustaría que fuera. Es como es. La gente trabaja en los margenes que tiene y dentro de sus capacidades, y querer que el mundo sea distinto es tan útil como el cenicero de una moto. Uno tiene que arremangarse y aceptar la realidad como viene. Y sobre todo, intentar proyectar nuestras prioridades y que la gente las comparta es una forma muy fácil de meterse en problemas.
Hace muchos años, cuando acabamos nuestra formación, un compañero decidió que su familia estaba por delante de todo. Así que, recién salido de la escuela, con su diploma debajo del brazo, buscó como trabajar lo menos posible y conseguir el menor prestigio profesional. Yo lo observaba (eramos amigos), y pensaba que no lo entendía, pero que probablemente en su cabeza todo tenía sentido. Años después lo entendí. No sé si lo comparto, porque cada uno de nosotros vive la vida conforme a lo que cree que es la mejor manera posible. Pero entiendo que, lo que no es una solución para mí, puede serlo para otras personas.
Eso es algo que, quizás, mi compañero aprenderá con el tiempo. O no. Pero esta mañana le dije, de forma muy educada, que su grado de compromiso me parece magnífico pero que no lo comparto. Yo tengo otras prioridades y, sinceramente, dado el entorno de trabajo en el que me muevo no considero que sea injustificado. Efectivamente, si todos ponemos de nuestra parte el mundo será mejor. Pero me resulta curioso que, cuando la gente usa frases como esas, rara vez se refiere a si mismo. Lo que está diciendo es "yo lo hago todo bien, ¿por qué no lo hacéis como yo?".
Lo cual, desde el otro lado de la barrera, resulta sinceramente poco impresionante.
Así que lo siento. Entiendo que todos vivimos en mundos de nuestra cabeza pero, honestamente, yo no quiero vivir en la de nadie. Ya me llega con la mía, gracías.
"Y si mi madre tuviera tres ruedas, sería un triciclo".
Porque efectivamente, el mundo no es como nos gustaría que fuera. Es como es. La gente trabaja en los margenes que tiene y dentro de sus capacidades, y querer que el mundo sea distinto es tan útil como el cenicero de una moto. Uno tiene que arremangarse y aceptar la realidad como viene. Y sobre todo, intentar proyectar nuestras prioridades y que la gente las comparta es una forma muy fácil de meterse en problemas.
Hace muchos años, cuando acabamos nuestra formación, un compañero decidió que su familia estaba por delante de todo. Así que, recién salido de la escuela, con su diploma debajo del brazo, buscó como trabajar lo menos posible y conseguir el menor prestigio profesional. Yo lo observaba (eramos amigos), y pensaba que no lo entendía, pero que probablemente en su cabeza todo tenía sentido. Años después lo entendí. No sé si lo comparto, porque cada uno de nosotros vive la vida conforme a lo que cree que es la mejor manera posible. Pero entiendo que, lo que no es una solución para mí, puede serlo para otras personas.
Eso es algo que, quizás, mi compañero aprenderá con el tiempo. O no. Pero esta mañana le dije, de forma muy educada, que su grado de compromiso me parece magnífico pero que no lo comparto. Yo tengo otras prioridades y, sinceramente, dado el entorno de trabajo en el que me muevo no considero que sea injustificado. Efectivamente, si todos ponemos de nuestra parte el mundo será mejor. Pero me resulta curioso que, cuando la gente usa frases como esas, rara vez se refiere a si mismo. Lo que está diciendo es "yo lo hago todo bien, ¿por qué no lo hacéis como yo?".
Lo cual, desde el otro lado de la barrera, resulta sinceramente poco impresionante.
Así que lo siento. Entiendo que todos vivimos en mundos de nuestra cabeza pero, honestamente, yo no quiero vivir en la de nadie. Ya me llega con la mía, gracías.
Gente y dinero
Antes pensaba que, una de las cosas que son muy significativas del carácter de una persona, es que relación tiene con el dinero. Si es generoso o agarrado, si es conservador o atrevido. Si entiende el dinero como medio para un fin o como un fin en si mismo. Y todos los grados que existen entre esos extremos.
Realmente, es importante a la hora de establecer relaciones "comodas", que tengáis valores similares. La relación con el dinero es un valor. Me he dado cuenta de que tengo compañeros que veneran el dinero, como si fuera una especie de Dios ante el que sacrificar felicidad, años, relaciones. Hay otra gente que no le da importancia ninguna, y se encuentra constantemente en problemas por su incapacidad de gestionar.
Ayer hablaba de eso con una amiga. De como, la persona que es floja en el trabajo, no es floja en el trabajo. Es floja en todas partes. Y me decía que, efectivamente, el compañero del que me estaba hablando no solo es que fuera flojo en el trabajo. También estaba gordo, descuidado, no prestaba atención a sus relaciones...
El esfuerzo es un vector. La disciplina es un atributo. No consiste en "yo soy super disciplinado, pero en la comida me dejo de ir". Va todo junto. Y la relación que tenemos con el dinero es un indicador de la relación que tenemos con otro montón de cosas en la vida. Si somos egoístas y entendemos que el mundo debe girar en torno o nosotros, o demasiado empaticos y somos incapaces de cuidar de nosotros mismos y protegernos. De si entendemos la realidad como la vemos, o como nos gustaría que fuera. De si ponemos excusas para satisfacer nuestros deseos, justificandonos, o consideramos que nuestra voluntad es el fin último y todo debe estar a nuestro servicio.
Me he dado cuenta de que, una de las cosas que más me gustan de mi pareja, es precisamente esa. El otro día me decía un compañero que "los opuestos se atraen", pero no es cierto. Nosotros coincidimos totalmente en las cosas "grandes" (familia, trabajo, religión, vida...). Discrepamos en la forma de aplicarlo o en nuestros gustos, pero por ejemplo cuando estuvimos en un evento y dijimos "uy, esto es mucha tela para nosotros", me sentí muy bien porque me da seguridad. Es algo parecido a lo que le pasa a ella cuando me vé jugar con niños, que piensa "este idiota parece que sabe lo que hace".
Y en cierto sentido, esa es una de las fuentes de estabilidad. Confiar en tu entorno. Y confiar en que, a la hora de la verdad, tu entorno te va a dar esa seguridad.
Y vosotros, ¿cual es vuestra prioridad con respecto al dinero? Y en vuestro entorno... ¿ que es lo que, cuando sucede, sabéis que estáis en el sitio correcto?
Cuidaros mucho. Aunque haga calor ahí fuera, por dentro sigue haciendo frío.
Realmente, es importante a la hora de establecer relaciones "comodas", que tengáis valores similares. La relación con el dinero es un valor. Me he dado cuenta de que tengo compañeros que veneran el dinero, como si fuera una especie de Dios ante el que sacrificar felicidad, años, relaciones. Hay otra gente que no le da importancia ninguna, y se encuentra constantemente en problemas por su incapacidad de gestionar.
Ayer hablaba de eso con una amiga. De como, la persona que es floja en el trabajo, no es floja en el trabajo. Es floja en todas partes. Y me decía que, efectivamente, el compañero del que me estaba hablando no solo es que fuera flojo en el trabajo. También estaba gordo, descuidado, no prestaba atención a sus relaciones...
El esfuerzo es un vector. La disciplina es un atributo. No consiste en "yo soy super disciplinado, pero en la comida me dejo de ir". Va todo junto. Y la relación que tenemos con el dinero es un indicador de la relación que tenemos con otro montón de cosas en la vida. Si somos egoístas y entendemos que el mundo debe girar en torno o nosotros, o demasiado empaticos y somos incapaces de cuidar de nosotros mismos y protegernos. De si entendemos la realidad como la vemos, o como nos gustaría que fuera. De si ponemos excusas para satisfacer nuestros deseos, justificandonos, o consideramos que nuestra voluntad es el fin último y todo debe estar a nuestro servicio.
Me he dado cuenta de que, una de las cosas que más me gustan de mi pareja, es precisamente esa. El otro día me decía un compañero que "los opuestos se atraen", pero no es cierto. Nosotros coincidimos totalmente en las cosas "grandes" (familia, trabajo, religión, vida...). Discrepamos en la forma de aplicarlo o en nuestros gustos, pero por ejemplo cuando estuvimos en un evento y dijimos "uy, esto es mucha tela para nosotros", me sentí muy bien porque me da seguridad. Es algo parecido a lo que le pasa a ella cuando me vé jugar con niños, que piensa "este idiota parece que sabe lo que hace".
Y en cierto sentido, esa es una de las fuentes de estabilidad. Confiar en tu entorno. Y confiar en que, a la hora de la verdad, tu entorno te va a dar esa seguridad.
Y vosotros, ¿cual es vuestra prioridad con respecto al dinero? Y en vuestro entorno... ¿ que es lo que, cuando sucede, sabéis que estáis en el sitio correcto?
Cuidaros mucho. Aunque haga calor ahí fuera, por dentro sigue haciendo frío.
lunes, 13 de julio de 2026
Los días son eternos, las semanas vuelan
Sobre esta frase reflexionaba el otro día. Hace seis meses ya que me mudé al piso en el que estoy ahora. Parece que lleve viviendo aquí toda mi vida. Ya he olvidado el anterior piso donde estuve, sus ritmos y rutinas, sus vecinos, el supermercado, el pueblo... todo, ha quedado en el retrovisor como si fuera algo que sucedió hace decadas. Y sin embargo, no hace ni un año.
Es curioso la distorsión del tiempo. Dicen que el tiempo vuela cuando nos lo pasamos bien, pero es mentira. El tiempo vuela cuando te lo pasas intentando sobrevivir y haciendo lo que puedes para no petar. Vuela cuando miras atrás y te preguntas "qué hice yo en el mes de...? Ah. Claro. Eso".
Ha habido momentos buenos. Aunque si me paro a pensarlo, yo salvaría de la primera mitad de 2026... mi cumpleaños y la boda de Toño. Todo lo demás creo que podría quitarse. Bueno, quizás algún momento en Cádiz, pero lo demás puedo borrarlo.
El tiempo pasa. A primeros de año pensé que iba a ser durísimo y lo está siendo. Pero cuando llegue otoño empezaremos a verlo cuesta abajo y... ya no queda tanto. Un poco más. Porque sobre mi trabajo, los compañeros y la situación en general allí... no es tanto que ya no te decepcione, sino que lo aceptas, dejas de planteartelo y simplemente sigues. Total. Ya puedes verle el final y eso hace que sea más fácil.
Es curioso la distorsión del tiempo. Dicen que el tiempo vuela cuando nos lo pasamos bien, pero es mentira. El tiempo vuela cuando te lo pasas intentando sobrevivir y haciendo lo que puedes para no petar. Vuela cuando miras atrás y te preguntas "qué hice yo en el mes de...? Ah. Claro. Eso".
Ha habido momentos buenos. Aunque si me paro a pensarlo, yo salvaría de la primera mitad de 2026... mi cumpleaños y la boda de Toño. Todo lo demás creo que podría quitarse. Bueno, quizás algún momento en Cádiz, pero lo demás puedo borrarlo.
El tiempo pasa. A primeros de año pensé que iba a ser durísimo y lo está siendo. Pero cuando llegue otoño empezaremos a verlo cuesta abajo y... ya no queda tanto. Un poco más. Porque sobre mi trabajo, los compañeros y la situación en general allí... no es tanto que ya no te decepcione, sino que lo aceptas, dejas de planteartelo y simplemente sigues. Total. Ya puedes verle el final y eso hace que sea más fácil.
viernes, 10 de julio de 2026
Sentimiento curry
Hoy me ha vuelto a pasar algo que me inquieta, pero que me pasa bastante. Yo lo llamo "El sentimiento Curry".
Los que somos tan viejos como yo, vimos Fraggle Rock. Ahí había unos personajes, los Curry, que eran obreros. Construían edificios, gruas... y luego llegaban los Fraggle y se los comían. Y tocaba volver a empezar. A mí me pasa un poco algo parecido. Me entretengo haciendo cosas... que no sirven para nada y luego me amargo porque no le veo utilidad.
Decía Viktor Frankl en "El hombre en busca de sentido", que quién tenga un porqué encontrará un como. En mi caso, ahora mismo, busco como entretenerme... pero también le busco sentido. Así que cojo un ejército de miniaturas, lo compro, monto, pinto, decoro.. y luego lo meto en una caja. Me encuentro como los curry, haciendo un montón de trabajo que no aporta nada útil, más allá de ver el resultado en una vitrina.
Y esa es la parte triste. Que el esfuerzo como tal no produce resultado y eso me deja vacio.
No sé. Estoy atascado. Justo antes de entrar a currar me pasa siempre lo mismo, no quiero empezar nada porque lo dejaré a medias, tampoco quiero quedarme parado. Estoy cogiendo energía para encerrarme en mi interior y, durante una semana, dejar de existir. Y se me hace complicado, encontrarle un sentido a esta vida que no lo tiene.
Cada semana reinicio. Esta semana descubriré, quizás, cosas nuevas en el trabajo. Series que me gustaría ver, libros que me gustaría leer. Quizás me apetezca ir a algún sitio de viaje más adelante. Y todo eso pasará mientras estoy encerrado sin poder hacerlo. Una vez acabe la semana (si Dios quiere), me veré perdido, sin ganas de hacer nada, a la deriva. Y me costaré recoger trozos de mi identidad para volver a encontrarme a mí mismo, entre una niebla de cansancio, fatiga, desidia, dolor.
Estoy aburrido. Son dos años así. Todo lo que construyo se me deshace entre los dedos, como arena. El otro día repasaba el listado de libros que he leído este año y no recuerdo casi ninguno. Tampoco lo que escribo, los sitios a los que voy... veo fotos y parece que ha sido otra persona la que está allí. Hace dos años que casi no me reconozco, ni siquiera en fotos. Y todo eso, para volver a la casilla de salida y empeazr de nuevo. Como los curry.
Vivo como un maldito curry.
Los que somos tan viejos como yo, vimos Fraggle Rock. Ahí había unos personajes, los Curry, que eran obreros. Construían edificios, gruas... y luego llegaban los Fraggle y se los comían. Y tocaba volver a empezar. A mí me pasa un poco algo parecido. Me entretengo haciendo cosas... que no sirven para nada y luego me amargo porque no le veo utilidad.
Decía Viktor Frankl en "El hombre en busca de sentido", que quién tenga un porqué encontrará un como. En mi caso, ahora mismo, busco como entretenerme... pero también le busco sentido. Así que cojo un ejército de miniaturas, lo compro, monto, pinto, decoro.. y luego lo meto en una caja. Me encuentro como los curry, haciendo un montón de trabajo que no aporta nada útil, más allá de ver el resultado en una vitrina.
Y esa es la parte triste. Que el esfuerzo como tal no produce resultado y eso me deja vacio.
No sé. Estoy atascado. Justo antes de entrar a currar me pasa siempre lo mismo, no quiero empezar nada porque lo dejaré a medias, tampoco quiero quedarme parado. Estoy cogiendo energía para encerrarme en mi interior y, durante una semana, dejar de existir. Y se me hace complicado, encontrarle un sentido a esta vida que no lo tiene.
Cada semana reinicio. Esta semana descubriré, quizás, cosas nuevas en el trabajo. Series que me gustaría ver, libros que me gustaría leer. Quizás me apetezca ir a algún sitio de viaje más adelante. Y todo eso pasará mientras estoy encerrado sin poder hacerlo. Una vez acabe la semana (si Dios quiere), me veré perdido, sin ganas de hacer nada, a la deriva. Y me costaré recoger trozos de mi identidad para volver a encontrarme a mí mismo, entre una niebla de cansancio, fatiga, desidia, dolor.
Estoy aburrido. Son dos años así. Todo lo que construyo se me deshace entre los dedos, como arena. El otro día repasaba el listado de libros que he leído este año y no recuerdo casi ninguno. Tampoco lo que escribo, los sitios a los que voy... veo fotos y parece que ha sido otra persona la que está allí. Hace dos años que casi no me reconozco, ni siquiera en fotos. Y todo eso, para volver a la casilla de salida y empeazr de nuevo. Como los curry.
Vivo como un maldito curry.
miércoles, 8 de julio de 2026
Que es el arte
Por fin he conseguido empezar a leer "Apocalípticos e Integrados" de Umberto Eco... y he tenido que dejarlo. He conseguido leer el 40%, después de pasar el Kitsch y el mal gusto, y ya empezaba a hablar de teoría de la comunicación, la codificación y los tipos de mensajes. El libro es super interesante, pero mi cerebro es incapaz de procesar nada "elevado" estos días. Falta de sueño. Lo tengo pendiente y volveré a él, porque lo que he leído me gustaba mucho, a pesar de ser muy academico.
Esto, curiosamente, viene a relacionarse magnificamente con una conversación que tuve el fin de semana, a propósito del concierto de Harry Styles en Wembley al que fui "invitado" a ir. Estuvo bien, nada que criticar. El tema es que yo apunté que Harry Styles es el nuevo George Michael (pop agradable, mensajes sencillos, energía positiva, mezcla de pop y electrónica, con algo de baile...), quizás actualizado a esta era de redes sociales y contenido sobre continente. Según me pareció entender a mi (no fiaros mucho de mi criterio estos días), Umberto Eco clasifica el arte en tres grandes grupos, bajo, medio y alto. Según él, el arte bajo es aquel que no pretende ser arte, sino más bien es artesanía. Elementos de consumo masivos, que todos sabemos que son y para qué son, como memes, camisetas de un grupo o cosas así. El arte medio es el que, viniendo del mismo origen, pretende ser algo más, como la música de un comercial que puede llegar a ser arte, pero su funcionalidad es principalmente práctica y comercial. Y el arte elevado es el que se crea por sí mismo, por ser arte.
Harry Styles, tal y como yo lo veo, es arte medio. Funciona, pero dentro de una generación es poco probable que nadie recuerde su música, más allá de un par de éxitos. Y eso está genial. El arte de consumo existe porque la gente tiene una necesidad de arte, de la misma forma que nadie pretende que el plato de croquetas que hago hoy pase a la historia.
Y luego tenemos cosas como Voice of the soul, de Death. Si tenéis un ratito, buscadlo. Es el tipo de arte que, transportandote, le dice algo distinto a cada persona. Escrita en 1998, el autor murió tres años después y, en cierto sentido, el tema contiene ya una precuela de muerte. Se siente. Yo creo que, mientras exista gente en este mundo que pueda conmoverse, esa canción se escuchará y pasará, de mano en mano, de boca en boca, para saborearla.
El otro día leía un hilo en Twitter que, la desaparición del Metal coincide con la decadencia de la cultura occidental, y del dominio por parte del hombre blanco de esta. Es una teoría un poco demasiado política para mí, pero sí es cierto que la vuelta del metal al ambiente marginal, tras un breve periodo de popularidad masiva entre los 80-2000s (nunca comparable a la cultura pop de masas, pero sí es verdad que Linkin Park/System of a Down puede haber sido el último grupo metal de masas), nos ha privado a todos de una forma de arte. Los sintetiadores, las bases sonoras, el autotune... todas esas cosas han popularizado la musica y facilitado que cualquiera pueda crear "arte". Pero es cierto que uno pone el Canon de Pachelbel tocado por Funtwo en Youtube y entiende que algo hemos perdido.
Un brindis. Por todo el arte creado y el que se creará. Y por recordarnos que, el espíritu humano, crece cuando siente, cuando toca a otro alma, cuando se expande.
Esto, curiosamente, viene a relacionarse magnificamente con una conversación que tuve el fin de semana, a propósito del concierto de Harry Styles en Wembley al que fui "invitado" a ir. Estuvo bien, nada que criticar. El tema es que yo apunté que Harry Styles es el nuevo George Michael (pop agradable, mensajes sencillos, energía positiva, mezcla de pop y electrónica, con algo de baile...), quizás actualizado a esta era de redes sociales y contenido sobre continente. Según me pareció entender a mi (no fiaros mucho de mi criterio estos días), Umberto Eco clasifica el arte en tres grandes grupos, bajo, medio y alto. Según él, el arte bajo es aquel que no pretende ser arte, sino más bien es artesanía. Elementos de consumo masivos, que todos sabemos que son y para qué son, como memes, camisetas de un grupo o cosas así. El arte medio es el que, viniendo del mismo origen, pretende ser algo más, como la música de un comercial que puede llegar a ser arte, pero su funcionalidad es principalmente práctica y comercial. Y el arte elevado es el que se crea por sí mismo, por ser arte.
Harry Styles, tal y como yo lo veo, es arte medio. Funciona, pero dentro de una generación es poco probable que nadie recuerde su música, más allá de un par de éxitos. Y eso está genial. El arte de consumo existe porque la gente tiene una necesidad de arte, de la misma forma que nadie pretende que el plato de croquetas que hago hoy pase a la historia.
Y luego tenemos cosas como Voice of the soul, de Death. Si tenéis un ratito, buscadlo. Es el tipo de arte que, transportandote, le dice algo distinto a cada persona. Escrita en 1998, el autor murió tres años después y, en cierto sentido, el tema contiene ya una precuela de muerte. Se siente. Yo creo que, mientras exista gente en este mundo que pueda conmoverse, esa canción se escuchará y pasará, de mano en mano, de boca en boca, para saborearla.
El otro día leía un hilo en Twitter que, la desaparición del Metal coincide con la decadencia de la cultura occidental, y del dominio por parte del hombre blanco de esta. Es una teoría un poco demasiado política para mí, pero sí es cierto que la vuelta del metal al ambiente marginal, tras un breve periodo de popularidad masiva entre los 80-2000s (nunca comparable a la cultura pop de masas, pero sí es verdad que Linkin Park/System of a Down puede haber sido el último grupo metal de masas), nos ha privado a todos de una forma de arte. Los sintetiadores, las bases sonoras, el autotune... todas esas cosas han popularizado la musica y facilitado que cualquiera pueda crear "arte". Pero es cierto que uno pone el Canon de Pachelbel tocado por Funtwo en Youtube y entiende que algo hemos perdido.
Un brindis. Por todo el arte creado y el que se creará. Y por recordarnos que, el espíritu humano, crece cuando siente, cuando toca a otro alma, cuando se expande.
miércoles, 24 de junio de 2026
Necesito jugar
Hoy estoy en otra fase de mi reinicio. Ya pasé mi periodo de noches, después la carrerilla de "tengo qeu hacer cosas y aprovechar lo que compré hace tres semanas y hasta ahora no he podido disfrutar", y hoy ya, por fin, parece que paro. De hecho, hoy espero dormir. Aunque, ¿quién sabe? Hace más de diez días que no duermo más de cinco horas, está siendo otro mes de dormir cuatro-cinco días con suerte. Me queda un año y pico así, veremos si soy capaz de resistirlo.
El caso es que, en plena ola de calor, me doy cuenta de que para poder reiniciar mentalmente necesito jugar. Igual que otra gente necesita hacer deporte, comer algo, irse al jardín o tocar hierba, yo necesito jugar a algo. Cambiarme de ropa. Hacer una serie de rituales que le expliquen a mi cabeza y a mi cuerpo que, no, ya no estoy en el trabajo. He salido. Aunque cada vez me cuesta más.
Y eso es natural. Donde estoy no hay nada. Lo decía mi parienta ayer, que me fuera a España porque aquí "no hay nada que hacer". Y suena muy triste, pero en cierto sentido es verdad. Colecciono y pinto cientos de muñequitos para... para distraerme y pensar que no estoy donde estoy, que no hago lo que hago.
Necesito otra cosa. Necesito algo que haga que merezca la pena, algo que esperar con ganas. Esperemos que, si Dios quiere, en otoño la cosa se normalice un poco y podamos tener algo de tregua y de control sobre mi vida. Porque insisto, es uan carrera de fondo. Hay que llegar.
El caso es que, en plena ola de calor, me doy cuenta de que para poder reiniciar mentalmente necesito jugar. Igual que otra gente necesita hacer deporte, comer algo, irse al jardín o tocar hierba, yo necesito jugar a algo. Cambiarme de ropa. Hacer una serie de rituales que le expliquen a mi cabeza y a mi cuerpo que, no, ya no estoy en el trabajo. He salido. Aunque cada vez me cuesta más.
Y eso es natural. Donde estoy no hay nada. Lo decía mi parienta ayer, que me fuera a España porque aquí "no hay nada que hacer". Y suena muy triste, pero en cierto sentido es verdad. Colecciono y pinto cientos de muñequitos para... para distraerme y pensar que no estoy donde estoy, que no hago lo que hago.
Necesito otra cosa. Necesito algo que haga que merezca la pena, algo que esperar con ganas. Esperemos que, si Dios quiere, en otoño la cosa se normalice un poco y podamos tener algo de tregua y de control sobre mi vida. Porque insisto, es uan carrera de fondo. Hay que llegar.
Una sociedad se construye sobre valores
Últimamente me está apareciendo mucho en redes sociales discursos y entrevistas de Lee Kuan Yew. Para los que no lo conozcan, fue el "dictador" de Singapur durante 30 años, y su ideología política, en palabras de Drukpa Kunley (una cuenta de Twitter), sería algo así como sentido común y una clara visión. Si no recuerdo mal, era algo así como "basically nice", un sistema político en el cual los delincuentes van a la carcel, la gente paga impuestos pero sin volverse loco y el Estado arbitra.
Hoy veía una entrevista en el cual hablaba de como no cree en la democracia, porque le parece que es algo que surge de una serie de factores muy especiales, y que no cree que pueda repetirse facilmente. También habla de como, después de la segunda guerra mundial, Londres es una ciudad destruida pero orgullosa, llena de gente segura de si misma y educada. Y como, cuarenta años después, Londres es un lugar multicultural, multietnico, donde nadie confía en nadie y donde todo está sucio y oscuro. También decía, sobre Japón, que el no traer inmigrantes los condena a envejecer. Pero si los emigrantes que trae son los que recogen fruta, entonces tampoco es mucho progreso. Lo decía medio riendose, pero parece que el tiempo le ha dado la razón.
A lo que iba. Que el hombre enunciaba el cambio en Londres por la desaparición de valores y de uniformidad cultural. Y alguien me dirá, que eso es una tonteria romantica. Pero no lo creo. Los valores son el lenguaje no escrito de una sociedad, son los codigos en torno a los que se construyen el siguiente escalón. Existe una ley que dice que el parricidio es horrible, pero esa ley existe porque hay una cultura que aborrece ese crimen. Lo primero, el fundamente de una sociedad, es como nos entendemos entre nosotros. En nuestras casas y en nuestras familias. Y eso es lo que, posteriormente, llevamos a la calle.
Creo que, en el momento en que dejamos de hablar en casa y dejamos de enseñar y compartir, eso se transmite afuera. Y la soledad en la que vivimos afuera, el egoismo, la tristeza... viene de que, adentro, no hablamos. Hemos dejado de compartir cenas, de mirarnos los unos a los otros, de estar juntos. Y al desaparecer esa convivencia han desaparecido los valores y, al desaparecer los valores, deja de tener sentido existir. No tenemos confianza en nosotros mismos ni vemos al futuro... porque hemos dejado de mirar al presente.
Hoy veía una entrevista en el cual hablaba de como no cree en la democracia, porque le parece que es algo que surge de una serie de factores muy especiales, y que no cree que pueda repetirse facilmente. También habla de como, después de la segunda guerra mundial, Londres es una ciudad destruida pero orgullosa, llena de gente segura de si misma y educada. Y como, cuarenta años después, Londres es un lugar multicultural, multietnico, donde nadie confía en nadie y donde todo está sucio y oscuro. También decía, sobre Japón, que el no traer inmigrantes los condena a envejecer. Pero si los emigrantes que trae son los que recogen fruta, entonces tampoco es mucho progreso. Lo decía medio riendose, pero parece que el tiempo le ha dado la razón.
A lo que iba. Que el hombre enunciaba el cambio en Londres por la desaparición de valores y de uniformidad cultural. Y alguien me dirá, que eso es una tonteria romantica. Pero no lo creo. Los valores son el lenguaje no escrito de una sociedad, son los codigos en torno a los que se construyen el siguiente escalón. Existe una ley que dice que el parricidio es horrible, pero esa ley existe porque hay una cultura que aborrece ese crimen. Lo primero, el fundamente de una sociedad, es como nos entendemos entre nosotros. En nuestras casas y en nuestras familias. Y eso es lo que, posteriormente, llevamos a la calle.
Creo que, en el momento en que dejamos de hablar en casa y dejamos de enseñar y compartir, eso se transmite afuera. Y la soledad en la que vivimos afuera, el egoismo, la tristeza... viene de que, adentro, no hablamos. Hemos dejado de compartir cenas, de mirarnos los unos a los otros, de estar juntos. Y al desaparecer esa convivencia han desaparecido los valores y, al desaparecer los valores, deja de tener sentido existir. No tenemos confianza en nosotros mismos ni vemos al futuro... porque hemos dejado de mirar al presente.
jueves, 11 de junio de 2026
La paradoja de la utilidad
Hoy no podía dormir. Es algo que me pasa bastante a menudo; en Mayo dormí "bien" tres noches de de treinta y una posibles. Y dandole vueltas en la cama, dialogando conmigo mismo, caí en la cuenta de lo que viene a ser el título de este artículo.
Necesitamos servir. Necesitamos hacer algo que tenga sentido. El otro día me decía mi psicologo que, en la mayoría de estudios sobre motivación en el trabajo, aparece que el principal factor de felicidad o infelicidad en el mismo es como de útil su labor es percibida. Un poco como explicaba Graeber, que en el gulag una de las cosas que más mataba a la gente era la absoluta futilidad de su esfuerzo. Poner a alguien a cavar un agujero durante dos horas, para luego hacerle taparlo. Cosas así, que durante el tiempo suficiente acaban siendo una tortura, al privar al ser humano de la mínima dignidad de su esfuerzo. Que sirva para algo.
Quizás por eso me chocó tanto acercarme a mi anterior trabajo y sentir la valoración de lo que yo hacía. De por sí, yo tiendo a valorar poco mi esfuerzo. Si algo es difícil y lo hago, es porque debo hacerlo. Si algo es facil y lo hago, es porque era fácil. Pero no suelo felicitarme ni darme mérito a mí mismo. Cuando aprobé el examen de conducir, mi emoción fue de vacío, de "ajá, otra tarea completada". Me obligo a mí mismo a celebrar mis éxitos porque, honestamente, no me producen alegria. Tengo demasiado interiorizado el "es lo que se debe hacer".
Así pues, no soy muy consciente de como de positivo puede ser mi impacto en los demás. Por eso, como cuando el otro día animé a un chico que estaba pasandolo muy mal, recibo una reacción sumamente positiva me siento confundido. No percibo emocionalmente (no siento), que haya hecho nada especial. Simplemente he sido yo mismo y he actuado como creo que se debe actuar. Aunque quizás, para la persona a la que apoyamos, ese simple acto puede suponer un cambio enorme en su vida. Quizás como ayer con Scotty, que me impactó bastante su situación y su reacción. Vaya movida.
Todo esto para decir que, uno de los elementos de la felicidad, es encontrarle sentido a lo que hacemos. Y que resulta paradojico que, para poder ser felices, debamos ocuparnos con cosas que no solo nos aporten algo, sino que aporten a los demás. Que sean utiles. Quizás por eso decían que, si bien la gente de izquierdas suele deprimirse más que la de derechas, la gnnte de izquierdas que participa de voluntariados o actividades comunitarias es todo lo contrario. Porque no sirve con decirlo, hay que hacerlo. Y una vez lo hacemos, percibimos la mejoría de forma casi automática.
Yo me levanto, hago ejercicio, duolingo, me ducho, desayuno. Y me siento delante de mi lista de tareas pendientes, a ir tachando cosas. Pero a la hora de la verdad, tres meses más adelante, miro lo que he hecho y nada sirve. Lo mismo con mi trabajo, dedico infinitas horas a... nada. Y, si durante un periodo de tiempo largo, de semanas y meses, privas a alguien de un sentido colectivo, de que su trabajo mejore el mundo a su alrededor, o aunque sea sienta que su esfuerzo va en alguna dirección... es muy pero muy difícil que eso no destruya la autoestima de esa persona.
Quiero quererme. Pero para quererme, necesito hacer cosas que sirvan. Quizás esa es la paradoja, que nos queremos a través de los demás, o de nuestra percepción de lo que debemos ser. Cuando alineamos la persona que somos, con la persona que queremos ser a través del proceso de convertirnos en ella.
Necesitamos servir. Necesitamos hacer algo que tenga sentido. El otro día me decía mi psicologo que, en la mayoría de estudios sobre motivación en el trabajo, aparece que el principal factor de felicidad o infelicidad en el mismo es como de útil su labor es percibida. Un poco como explicaba Graeber, que en el gulag una de las cosas que más mataba a la gente era la absoluta futilidad de su esfuerzo. Poner a alguien a cavar un agujero durante dos horas, para luego hacerle taparlo. Cosas así, que durante el tiempo suficiente acaban siendo una tortura, al privar al ser humano de la mínima dignidad de su esfuerzo. Que sirva para algo.
Quizás por eso me chocó tanto acercarme a mi anterior trabajo y sentir la valoración de lo que yo hacía. De por sí, yo tiendo a valorar poco mi esfuerzo. Si algo es difícil y lo hago, es porque debo hacerlo. Si algo es facil y lo hago, es porque era fácil. Pero no suelo felicitarme ni darme mérito a mí mismo. Cuando aprobé el examen de conducir, mi emoción fue de vacío, de "ajá, otra tarea completada". Me obligo a mí mismo a celebrar mis éxitos porque, honestamente, no me producen alegria. Tengo demasiado interiorizado el "es lo que se debe hacer".
Así pues, no soy muy consciente de como de positivo puede ser mi impacto en los demás. Por eso, como cuando el otro día animé a un chico que estaba pasandolo muy mal, recibo una reacción sumamente positiva me siento confundido. No percibo emocionalmente (no siento), que haya hecho nada especial. Simplemente he sido yo mismo y he actuado como creo que se debe actuar. Aunque quizás, para la persona a la que apoyamos, ese simple acto puede suponer un cambio enorme en su vida. Quizás como ayer con Scotty, que me impactó bastante su situación y su reacción. Vaya movida.
Todo esto para decir que, uno de los elementos de la felicidad, es encontrarle sentido a lo que hacemos. Y que resulta paradojico que, para poder ser felices, debamos ocuparnos con cosas que no solo nos aporten algo, sino que aporten a los demás. Que sean utiles. Quizás por eso decían que, si bien la gente de izquierdas suele deprimirse más que la de derechas, la gnnte de izquierdas que participa de voluntariados o actividades comunitarias es todo lo contrario. Porque no sirve con decirlo, hay que hacerlo. Y una vez lo hacemos, percibimos la mejoría de forma casi automática.
Yo me levanto, hago ejercicio, duolingo, me ducho, desayuno. Y me siento delante de mi lista de tareas pendientes, a ir tachando cosas. Pero a la hora de la verdad, tres meses más adelante, miro lo que he hecho y nada sirve. Lo mismo con mi trabajo, dedico infinitas horas a... nada. Y, si durante un periodo de tiempo largo, de semanas y meses, privas a alguien de un sentido colectivo, de que su trabajo mejore el mundo a su alrededor, o aunque sea sienta que su esfuerzo va en alguna dirección... es muy pero muy difícil que eso no destruya la autoestima de esa persona.
Quiero quererme. Pero para quererme, necesito hacer cosas que sirvan. Quizás esa es la paradoja, que nos queremos a través de los demás, o de nuestra percepción de lo que debemos ser. Cuando alineamos la persona que somos, con la persona que queremos ser a través del proceso de convertirnos en ella.
martes, 9 de junio de 2026
Una boda en España
No pensaba escribir sobre esto, pero parece que una cosa lleva a la otra y la cabeza casi me pide hacerlo. Este fin de semana fuimos a Madrid, a la boda de un buen amigo mío al que quiero mucho. Fui un poco a regañadientes, en parte porque no me gustan las bodas, y en parte porque en esta fase de mi vida cualquier cosa me supone un esfuerzo atroz. Y me vino increíble. Sabía que me iba a venir bien, porque salir de aquí e ir a España siempre me calma, me da un poco de aire. Y ver amigos y salir y estar cómodo... eso ayuda.
Ha sido un tiempo maravilloso. El jueves, donde fui a mi antiguo trabajo y me encontré a tantos compañeros y tanto cariño que me sentí abrumado. Gracias. No era consciente de que podía dejar una huella tan positiva y tan buena. Había olvidado como era sentirse útil y productivo, hacer cosas. Hubo un par de interacciones, como cuando me presentaron, en las que me sentí sinceramente abrumado. Gente que no es nada dada a piropear de gratis, hablando maravillas de mí. Incluso alguien se me acercó y me dijo "el famoso don...", lo cual me confundió bastante. Yo soy famoso en casa de mi madre para comer, y porque como fatal. En general, me sentí super especial. Luego por la tarde fui a la tienda de muñequitos donde solía ir y me encontré con amigos, gente a la que quiero mucho y me alegró un montón verlos bien.
Y luego la boda. Fuimos con un amigo, una de los mejores seres humanos que he conocido nunca (porque le sale muy natural, es de esa gente que no le duele ayudar a los demás o ser bueno. Es su naturaleza), después de visitar su enorme casa, ver su familia y su mundo y alegrarnos, sinceramente, de su éxito. Una vez llegamos a la boda nos encontramos con otro montón de gente, todos jovenes, guapos, exitosos. Y me dio mucha alegria verlos, me dio mucha alegria asomarme a sus mundos y compartir ese momento, en el que la gente toca tu espíritu y sabes que, al otro lado, hay gente buena.
En general, estoy muy agradecido por este fin de semana. Por los momentos compartidos, por las historias y los momentos, y por haberme sacado de mi realidad y haberme asomado a otra, que me recuerda que todo es temporal. Que me enseña lo que fui y lo que puedo ser, y que me llena el corazón.
Gracías. Con fines de semana como este, uno puede coger fuerzas para aguantar y entender que, esto, es temporal. Que lo es de verdad, que no es una frase que nos decimos. Gracías.
Ha sido un tiempo maravilloso. El jueves, donde fui a mi antiguo trabajo y me encontré a tantos compañeros y tanto cariño que me sentí abrumado. Gracias. No era consciente de que podía dejar una huella tan positiva y tan buena. Había olvidado como era sentirse útil y productivo, hacer cosas. Hubo un par de interacciones, como cuando me presentaron, en las que me sentí sinceramente abrumado. Gente que no es nada dada a piropear de gratis, hablando maravillas de mí. Incluso alguien se me acercó y me dijo "el famoso don...", lo cual me confundió bastante. Yo soy famoso en casa de mi madre para comer, y porque como fatal. En general, me sentí super especial. Luego por la tarde fui a la tienda de muñequitos donde solía ir y me encontré con amigos, gente a la que quiero mucho y me alegró un montón verlos bien.
Y luego la boda. Fuimos con un amigo, una de los mejores seres humanos que he conocido nunca (porque le sale muy natural, es de esa gente que no le duele ayudar a los demás o ser bueno. Es su naturaleza), después de visitar su enorme casa, ver su familia y su mundo y alegrarnos, sinceramente, de su éxito. Una vez llegamos a la boda nos encontramos con otro montón de gente, todos jovenes, guapos, exitosos. Y me dio mucha alegria verlos, me dio mucha alegria asomarme a sus mundos y compartir ese momento, en el que la gente toca tu espíritu y sabes que, al otro lado, hay gente buena.
En general, estoy muy agradecido por este fin de semana. Por los momentos compartidos, por las historias y los momentos, y por haberme sacado de mi realidad y haberme asomado a otra, que me recuerda que todo es temporal. Que me enseña lo que fui y lo que puedo ser, y que me llena el corazón.
Gracías. Con fines de semana como este, uno puede coger fuerzas para aguantar y entender que, esto, es temporal. Que lo es de verdad, que no es una frase que nos decimos. Gracías.
Ediciones de Warhammer 40.000 y consumo
Esta semana salió la nueva edición de Warhammer 40.000. Para los que no sepáis lo que es (si alguien lee este blog y no lo sabe, que me lo diga para sorprenderme), es un juego de mesa, donde unas miniaturas que representan soldados espaciales se dan de tortas con otras miniaturas, representando un conflicto de ciencia ficción. El juego surge en los años ochenta y ya lleva once ediciones, tiene millones de jugadores a nivel mundial y es una franquicia de ocio con videojuegos, libros y, en teoría, una serie que se está preparando. El hobby, como tal, tiene un grupo de aficionados que, sin ser tan intensos como los de Star Wars, no les falta pasión y entusiasmo y opiniones, bastante intensas, sobre como es y como debería ser dicho hobby.
Quizás es por eso, que me ha sorprendido la facilidad con que este cambio de edición tiene lugar. En Blood Bowl, otro juego de la misma compañia, ha sucedido igual. Salió una nueva edición bastante disruptiva con la anterior, cambiaron reglas, perfiles, miniaturas... se hizo necesario un desembolso para poder volver a jugar o mantenerse en el competitivo. Y de alguna forma, la gente lo aceptó con toda naturalidad.
Eso me sorprende. Quizás es porque todos nos hacemos mayores y la gente con la que me relaciono vé la vida de otra manera (tener hijos hace que relativices mucho la importancia de la alineación de tu equipo favorito), o quizás es que el capitalismo ha entrado en una fase en que todos asumimos, de forma más o menos natural, que las cosas valen dinero y que las empresas tienen que vivir de algo. Y que para ello necesitan modificar los juegos y vender, quizás, otra vez lo mismo a la gente. La Stacy Malibú con un sombrero nuevo.
Aún así visto desde fuera, me sorprende. Recuerdo "rebeliones" hace años ante cambios mucho menores que este, con mucho menos dinero invertido (Warhammer nunca fue barato, pero últimamente me parece exagerado). Quizás también ha tenido lugar una suerte de "purga", aquellos que no estaban tan comprometidos ya se fueron. A mí me parece absurdo lo que vale una camiseta de fútbol, pero nadie me ha preguntado mi opinión, porque obviamente yo no soy el público al que va dirigido ese producto.
Y esta es la reflexión que quiero largar. En este mundo tan fragmentado, de redes sociales, youtubers e influencers, donde todo el mundo piensa igual y el que no lo hace, lo mejor que puede hacer es callarse e irse, de alguna forma el debate se ha reducido. Ya no hay tantas opiniones, tanto compartir y escucharse a sí mismo. Las compañias han conseguido que la gente acepte sus productos y políticas, "Palabra de Dios, te adoramos oyenos". Y no lo digo como algo negativo... siempre me pareció bastante inmaduras las criticas a los cambios de edición. Como todo producto, si no estás conforme con él, no lo adquieras. Pero, como diría Marc británico, el hobby está evolucionando en una dirección bastante distinta a la que conociamos. Lo cual no está mal, simplemente es curioso.
Me gusta que haya menos críticas, que no aportan nada más allá del ruido. Pero no puedo evitar reflexionar sobre como, con la perdida de las criticas, perdemos protagonismo también. La gente asume que el hobby, donde uno creaba reglas, perfiles, campañas... y era sumamente activo, es ahora un producto finalizado, como cuando compras un videojuego, y que hace falta expertos que programen para hacerles DLCs.
Es otro mundo. Y no está mal, pero es curioso.
Quizás es por eso, que me ha sorprendido la facilidad con que este cambio de edición tiene lugar. En Blood Bowl, otro juego de la misma compañia, ha sucedido igual. Salió una nueva edición bastante disruptiva con la anterior, cambiaron reglas, perfiles, miniaturas... se hizo necesario un desembolso para poder volver a jugar o mantenerse en el competitivo. Y de alguna forma, la gente lo aceptó con toda naturalidad.
Eso me sorprende. Quizás es porque todos nos hacemos mayores y la gente con la que me relaciono vé la vida de otra manera (tener hijos hace que relativices mucho la importancia de la alineación de tu equipo favorito), o quizás es que el capitalismo ha entrado en una fase en que todos asumimos, de forma más o menos natural, que las cosas valen dinero y que las empresas tienen que vivir de algo. Y que para ello necesitan modificar los juegos y vender, quizás, otra vez lo mismo a la gente. La Stacy Malibú con un sombrero nuevo.
Aún así visto desde fuera, me sorprende. Recuerdo "rebeliones" hace años ante cambios mucho menores que este, con mucho menos dinero invertido (Warhammer nunca fue barato, pero últimamente me parece exagerado). Quizás también ha tenido lugar una suerte de "purga", aquellos que no estaban tan comprometidos ya se fueron. A mí me parece absurdo lo que vale una camiseta de fútbol, pero nadie me ha preguntado mi opinión, porque obviamente yo no soy el público al que va dirigido ese producto.
Y esta es la reflexión que quiero largar. En este mundo tan fragmentado, de redes sociales, youtubers e influencers, donde todo el mundo piensa igual y el que no lo hace, lo mejor que puede hacer es callarse e irse, de alguna forma el debate se ha reducido. Ya no hay tantas opiniones, tanto compartir y escucharse a sí mismo. Las compañias han conseguido que la gente acepte sus productos y políticas, "Palabra de Dios, te adoramos oyenos". Y no lo digo como algo negativo... siempre me pareció bastante inmaduras las criticas a los cambios de edición. Como todo producto, si no estás conforme con él, no lo adquieras. Pero, como diría Marc británico, el hobby está evolucionando en una dirección bastante distinta a la que conociamos. Lo cual no está mal, simplemente es curioso.
Me gusta que haya menos críticas, que no aportan nada más allá del ruido. Pero no puedo evitar reflexionar sobre como, con la perdida de las criticas, perdemos protagonismo también. La gente asume que el hobby, donde uno creaba reglas, perfiles, campañas... y era sumamente activo, es ahora un producto finalizado, como cuando compras un videojuego, y que hace falta expertos que programen para hacerles DLCs.
Es otro mundo. Y no está mal, pero es curioso.
La superioridad moral de lo negativo
Esta mañana reflexionaba sobre algo que he visto varias ocasiones, gente que viene de países en vías de desarrollo, explicandome lo mal que se está en otros países. En general, países donde yo he vivido o conozco bastante, por haber pasado mucho tiempo allí, conocer gente del sitio, hablar el idioma, etc etc. Lo curioso es que lo hacen con una cierta alegria, como si el malestar de otra gente les produjera regocijo.
Schadenfreude es una palabra alemana, cuya acepción más extendida es sentir alegría por el sufrimiento de otra persona. Yo la descubrí leyendo "Generación X" de Douglas Coupland (bastante recomendado ese libro, aunque ha envejecido regular). Ahí la empleaban directamente para referirse a lo bien que nos hace sentir que a algún famoso le vaya mal, pero esa no es la única acepción.
En general, el schadenfreude es una emoción de gente pequeña y triste, que necesita que otra gente lo pase mal. Que pretende arrastrarnos al barro de su miseria moral, para justificar sus conductas, actitudes, entorno. Como todo el mundo roba, yo también robo. Lo mejor es que son plenamente conscientes de lo reprobable de su conducta y actitud pero, como casi todo el Mal, está enfermo y no posee la energía para curarse, prefiriendo proyectar afuera lo que, obviamente, está dentro.
Es un proceso complicado, descubrir en primer lugar el origen del miedo, la tristeza, la soledad, la rabia. Y una vez lo has descubierto enfrentarlo, mirarlo a los ojos, crecer. Es necesario salir del ego absoluto, de la idea de que el Universo gira en torno a nosotros y entender, como me dijera Toño, que "a Madrid tu le das igual". Si tu, persona de X, te sientes feliz de que en Y todo sea un desastre y no haces más que hablar de la caída de occidente y de la decadencia moral y...
Tengo una noticia para ti. A Occidente le das igual. Hundidos en la miseria más reprobable, los alemanes siguen teniendo acceso a una educación de mayor calidad de la que tuve yo. Y eso no es bueno ni malo, es un hecho, al igual que el que llueva en Galicia no tiene nada que ver con mis opiniones, carácter, reflexiones o inquietudes. El mundo, por increíble que nos parezca, estaba girando antes de que vinieramos y, muy probablemente, seguirá haciendolo después de que nos hayamos ido.
Hay que desconectar. Salir de las redes sociales, salir del sesgo de confirmación, salir de la necesidad de tener razón siempre y mirar por encima del hombro al resto del mundo. Y simplemente, aprender. Acercarnos con curiosidad y respeto, dejar de analizar el mundo en terminos binarios (bueno y malo, blanco y negro) y aceptar que, en esa escala de grises, hay cosas que vibran más con nosotros y cosas que menos. Y en ese espacio de vibración, encontrar nuestra propia voz y compartir, aprender, enseñar, descubrir. Ser. De una forma positiva y optimista, creciente, Lo contrario solo nos hará daño a nosotros mismos y a los demás.
Cuidaros. Se nota que tuve un buen fin de semana.
Schadenfreude es una palabra alemana, cuya acepción más extendida es sentir alegría por el sufrimiento de otra persona. Yo la descubrí leyendo "Generación X" de Douglas Coupland (bastante recomendado ese libro, aunque ha envejecido regular). Ahí la empleaban directamente para referirse a lo bien que nos hace sentir que a algún famoso le vaya mal, pero esa no es la única acepción.
En general, el schadenfreude es una emoción de gente pequeña y triste, que necesita que otra gente lo pase mal. Que pretende arrastrarnos al barro de su miseria moral, para justificar sus conductas, actitudes, entorno. Como todo el mundo roba, yo también robo. Lo mejor es que son plenamente conscientes de lo reprobable de su conducta y actitud pero, como casi todo el Mal, está enfermo y no posee la energía para curarse, prefiriendo proyectar afuera lo que, obviamente, está dentro.
Es un proceso complicado, descubrir en primer lugar el origen del miedo, la tristeza, la soledad, la rabia. Y una vez lo has descubierto enfrentarlo, mirarlo a los ojos, crecer. Es necesario salir del ego absoluto, de la idea de que el Universo gira en torno a nosotros y entender, como me dijera Toño, que "a Madrid tu le das igual". Si tu, persona de X, te sientes feliz de que en Y todo sea un desastre y no haces más que hablar de la caída de occidente y de la decadencia moral y...
Tengo una noticia para ti. A Occidente le das igual. Hundidos en la miseria más reprobable, los alemanes siguen teniendo acceso a una educación de mayor calidad de la que tuve yo. Y eso no es bueno ni malo, es un hecho, al igual que el que llueva en Galicia no tiene nada que ver con mis opiniones, carácter, reflexiones o inquietudes. El mundo, por increíble que nos parezca, estaba girando antes de que vinieramos y, muy probablemente, seguirá haciendolo después de que nos hayamos ido.
Hay que desconectar. Salir de las redes sociales, salir del sesgo de confirmación, salir de la necesidad de tener razón siempre y mirar por encima del hombro al resto del mundo. Y simplemente, aprender. Acercarnos con curiosidad y respeto, dejar de analizar el mundo en terminos binarios (bueno y malo, blanco y negro) y aceptar que, en esa escala de grises, hay cosas que vibran más con nosotros y cosas que menos. Y en ese espacio de vibración, encontrar nuestra propia voz y compartir, aprender, enseñar, descubrir. Ser. De una forma positiva y optimista, creciente, Lo contrario solo nos hará daño a nosotros mismos y a los demás.
Cuidaros. Se nota que tuve un buen fin de semana.
jueves, 28 de mayo de 2026
El poder de decir NO
Es muy curioso, entender en que momento la responsabilidad se convierte en una debilidad. En que momento de tu vida entiendes que, tu solo, te estás poniendo en una posición en la que permites que abusen de ti. Basicamente, por no saber decir que no. Por querer ser buen compañero, por ayudar a los demás, por ser paciente... porque realmente nos gusta. Tanto la sensación de ser útiles como ayudar a los demás, como pensar que somos "esa persona". Lo que pasa que el tiempo es un recurso finito, limitado, y lo empleamos en una cosa para no emplearlo en otra. Y a veces, en determinadas circunstancias, no nos da.
Leía algo super interesante el otro día sobre la teoría de la carencia. Y sobre como, al igual que decía Marco Aurelio, todo lo que vivimos es una percepción. Mi carencia o abundancia de tiempo es una percepción mía, experimentada por mi. Otra pesona, sentada a mi izquierda, puede pensar que me sobra o que me falta. El respeto a la experiencia de los demás, a sus percepciones, es algo que tenemos muy olvidado en esta sociedad. Todos creemos que sabemos muchísimo y que, el de al lado, no tiene ni puñetera idea. Y claro, eso obliga a poner límites.
Existe un punto en que ambas emociones chocan. La necesidad de ser buen compañero, buen amigo, buena persona, y la necesidad de ser escuchado y respetado. En ese espacio surge el conflicto. Durante mucho tiempo he optado por la generosidad; si total, a mí tampoco me cuesta tanto.
Me está costando. Me está costando mi imagen de mi mismo, al percibirme como abusado e indefenso. Me está costando mi respeto y mi aprecio y me está generando una rabia infinita. Yo doy mucho. No es justo que, cuando pido poco, se me deniegue. Y se me deniegue sistematicamente, sin ni siquiera considerarlo.
Ayer le explicabaa a un amigo que, en mi situación, tengo mucho apoyo ¨token¨. Gente que viene y me dice ¨te apoyo a tope, cuenta conmigo, pideme lo que necesites¨. Pido algo. ¨No no, eso no es posible, no depende de mí, tienes que entenderlo...¨.
Yo lo que tengo que entender, querido compañero, es que tu ayuda no vale una mierda. Así que la tomo como lo que es, un gesto, una señal. Que sirve para que tu te sientas bien contigo mismo, pero que a mí, personalmente, me es tan útil como el cenicero de una moto.
Y recuerdo. La rabia se junta con la memoria y se crea un agravio, y ese agravio viene para quedarse. Pero también es una lección. Porque el compañerismo no precisa de reciprocidad, pero se basa en el respeto. Y el respeto se construye sobre la honestidad.
Yo no puedo respetar a alguien que no cumple lo que dice. Es tan simple como eso. Si dices que vas a hacer algo, hazlo. Y si no, no digas nada. Esa hipocresía sureña, que es parte del choque cultural sobre el que se construyen todos estos problemas, es un elemento que debo aprender y procesar. Esto es una lección. Como decía Schwarzenegger, ¨a teaching oportunity¨, una oportunidad de enseñar. Pero maldita sea, me está erosionando un poco demasiado. Me hace falta salir, que me dé el aire, ver a otra gente.
Lo mejor que me enseñó un compañero, es que a periodos de mucha compresión deben suceder periodos de mucha liberación. Si paso de estar encerrado a seguir encerrado, mi cabeza, mi cuerpo, mi alma se hacen cada vez más pequeños. Hay que desahogar. Y esa es una necesidad que hay que transmitir a mi entorno, que tienen que entender.
Necesito decir NO a muchas cosas. Y hay que empezar ya.
Leía algo super interesante el otro día sobre la teoría de la carencia. Y sobre como, al igual que decía Marco Aurelio, todo lo que vivimos es una percepción. Mi carencia o abundancia de tiempo es una percepción mía, experimentada por mi. Otra pesona, sentada a mi izquierda, puede pensar que me sobra o que me falta. El respeto a la experiencia de los demás, a sus percepciones, es algo que tenemos muy olvidado en esta sociedad. Todos creemos que sabemos muchísimo y que, el de al lado, no tiene ni puñetera idea. Y claro, eso obliga a poner límites.
Existe un punto en que ambas emociones chocan. La necesidad de ser buen compañero, buen amigo, buena persona, y la necesidad de ser escuchado y respetado. En ese espacio surge el conflicto. Durante mucho tiempo he optado por la generosidad; si total, a mí tampoco me cuesta tanto.
Me está costando. Me está costando mi imagen de mi mismo, al percibirme como abusado e indefenso. Me está costando mi respeto y mi aprecio y me está generando una rabia infinita. Yo doy mucho. No es justo que, cuando pido poco, se me deniegue. Y se me deniegue sistematicamente, sin ni siquiera considerarlo.
Ayer le explicabaa a un amigo que, en mi situación, tengo mucho apoyo ¨token¨. Gente que viene y me dice ¨te apoyo a tope, cuenta conmigo, pideme lo que necesites¨. Pido algo. ¨No no, eso no es posible, no depende de mí, tienes que entenderlo...¨.
Yo lo que tengo que entender, querido compañero, es que tu ayuda no vale una mierda. Así que la tomo como lo que es, un gesto, una señal. Que sirve para que tu te sientas bien contigo mismo, pero que a mí, personalmente, me es tan útil como el cenicero de una moto.
Y recuerdo. La rabia se junta con la memoria y se crea un agravio, y ese agravio viene para quedarse. Pero también es una lección. Porque el compañerismo no precisa de reciprocidad, pero se basa en el respeto. Y el respeto se construye sobre la honestidad.
Yo no puedo respetar a alguien que no cumple lo que dice. Es tan simple como eso. Si dices que vas a hacer algo, hazlo. Y si no, no digas nada. Esa hipocresía sureña, que es parte del choque cultural sobre el que se construyen todos estos problemas, es un elemento que debo aprender y procesar. Esto es una lección. Como decía Schwarzenegger, ¨a teaching oportunity¨, una oportunidad de enseñar. Pero maldita sea, me está erosionando un poco demasiado. Me hace falta salir, que me dé el aire, ver a otra gente.
Lo mejor que me enseñó un compañero, es que a periodos de mucha compresión deben suceder periodos de mucha liberación. Si paso de estar encerrado a seguir encerrado, mi cabeza, mi cuerpo, mi alma se hacen cada vez más pequeños. Hay que desahogar. Y esa es una necesidad que hay que transmitir a mi entorno, que tienen que entender.
Necesito decir NO a muchas cosas. Y hay que empezar ya.
lunes, 11 de mayo de 2026
Lunes de esperanza y mentiras
Llevo años y años que, cada lunes, me repito a mí mismo que esta semana va a ser distinta. Que será especial, que va a merecer la pena. Cada lunes, me digo a mí mismo que estará guay volver al instituto, al trabajo, a donde sea. Volver a ver a los compañeros, enterarme de lo que ha pasado, compartir, aprender, reírme. Enfrentar desafíos y ver que nos traerá la semana. Cada lunes, cargo energía, lleno las pilas y voy a por ello. Con actitud.
Normalmente, los martes estoy hecho polvo, odio al mundo y todo me parece mal. El lunes por la tarde noche suele ser el momento de "oh mierda, ahí vamos otra vez", como el meme de GTA.
Tengo esa maldita manía, de compartirmentar mi vida. No sé si es una disociación de personalidad. Lo hacemos todos, claro. No actuamos igual en el trabajo que en casa que con los amigos que con la familia. Todas esas son diferentes facetas de nuestra personalidad. En mi caso, las actividades son algo que lo condiciona mucho. Si tengo la cabeza en el trabajo, no la tengo en muñequitos, por ejemplo. O al menos hace mucho que no la tengo, dado que mi vida en general, desde hace meses, es algo que le pasa a otra persona.
Hoy quise mandarle un meme a un colega. Y resulta que, en los últimos dos meses, no he guardado ningún meme. Las fotos que tengo son archivos que se quedan de grupos de whatsapp. Lo último "mío", son fotos de mi cumpleaños de hace tres semanas. Que no está mal, pero es curioso mi escasa actividad... cerebral?
El otro día me hablaban del sindrome de indefensión aprendida. Es una movida que se experimentó en ratones; generas un nivel de incertidumbre en el cual el ratón decide que, sabes qué, que le den por culo. Me voy a una esquina y me muero, que le den a todo. Paso de seguir intentandolo, si total no va a servir para nada. Es una de las puertas a la depresión y es una puerta que llevo meses cruzando. En algunos momentos, incluso he atravesado el hall y me he dado una vueltecita por dentro.
No es buena idea. Así que, cada lunes, vamos a mentirnos y repetirnos que merece la pena. Que hoy habrá charlas con compañeros, que hoy quizás vaya al gimnasio, que hoy habrá algo que haga que hoy sea algo más que levantarme, consumir oxigeno y volver a acostarme.
A veces me dicen que eso es la vida adulta, y que soy un ingenuo, un iluso y que me hago daño a mí mismo con estas expectativas irreales. Pero si no podemos soñar... ¿para qué vivir?
Normalmente, los martes estoy hecho polvo, odio al mundo y todo me parece mal. El lunes por la tarde noche suele ser el momento de "oh mierda, ahí vamos otra vez", como el meme de GTA.
Tengo esa maldita manía, de compartirmentar mi vida. No sé si es una disociación de personalidad. Lo hacemos todos, claro. No actuamos igual en el trabajo que en casa que con los amigos que con la familia. Todas esas son diferentes facetas de nuestra personalidad. En mi caso, las actividades son algo que lo condiciona mucho. Si tengo la cabeza en el trabajo, no la tengo en muñequitos, por ejemplo. O al menos hace mucho que no la tengo, dado que mi vida en general, desde hace meses, es algo que le pasa a otra persona.
Hoy quise mandarle un meme a un colega. Y resulta que, en los últimos dos meses, no he guardado ningún meme. Las fotos que tengo son archivos que se quedan de grupos de whatsapp. Lo último "mío", son fotos de mi cumpleaños de hace tres semanas. Que no está mal, pero es curioso mi escasa actividad... cerebral?
El otro día me hablaban del sindrome de indefensión aprendida. Es una movida que se experimentó en ratones; generas un nivel de incertidumbre en el cual el ratón decide que, sabes qué, que le den por culo. Me voy a una esquina y me muero, que le den a todo. Paso de seguir intentandolo, si total no va a servir para nada. Es una de las puertas a la depresión y es una puerta que llevo meses cruzando. En algunos momentos, incluso he atravesado el hall y me he dado una vueltecita por dentro.
No es buena idea. Así que, cada lunes, vamos a mentirnos y repetirnos que merece la pena. Que hoy habrá charlas con compañeros, que hoy quizás vaya al gimnasio, que hoy habrá algo que haga que hoy sea algo más que levantarme, consumir oxigeno y volver a acostarme.
A veces me dicen que eso es la vida adulta, y que soy un ingenuo, un iluso y que me hago daño a mí mismo con estas expectativas irreales. Pero si no podemos soñar... ¿para qué vivir?
jueves, 7 de mayo de 2026
Adaptados a no estar adaptados
El otro día tuve sesión con mi psicologo y hablamos de mogollón de cosas. Entre ellas, de cuando fue el momento en que yo me he visto cómodo y controlando aquí. Y la conclusión de él fue que, nunca. En casi dos años, nunca me he visto bien aquí. Nunca he controlado la situación, nunca he estado seguro... siempre me tocaba defenderme, siempre me tocaba reaccionar, siempre me tocaba adaptarme. No he parado de remar desde que llegué.
Pero eso es solo una nota para recordarmelo en unos meses/años. La parte de que va este artículo es de un comentario que hizo sobre una persona a la que estaba conociendo. Dijo que esa persona, probablemente, está ya adaptada aquí y el que tiene que hacerse su sitio soy yo. Y leía, escuchaba a gente... y pensaba que es cierto. Que mucha gente aquí encuentra su ritmo. Un ritmo extraño, que en pocas ocasiones les hace feliz y que, en general, sueel traducirse como "ir tirando". Tengo mi rutina, hago mis cosas... pero no estoy bien del todo.
Hoy, mi señora me decía que no es capaz de cubrir todas las bases. Que quiere trabajo, entrenamiento, dieta, vida social, viajes... y que no le da la vida. Lo cual es bastante normal; queremos cubrir muchísimo más de lo que, fisicamente, somos capaces de hacer. En buena parte, debido al escaparate de las redes sociales. Ves la casa super mona y divina y no eres consciente de la cantidad de horas de trabajo que tiene para que esté así. Pero el tema al que venía a referirme, respecto a mi señora, es que casi todas las actividades que se plantean aquí son solitarias o, como mucho, con la compañia de alguien que haga lo que nosotros le digamos. Vamos a tal sitio, que me gusta a mí. Vamos a comer esto, que me gusta a mí. En general, si no tenemos espacio para nosotros, imaginaros darle parte de nuestro espacio a otras personas.
Y ese es un error curioso. Los seres humanos somos animales sociales, como estoy harto de decir, y estamos diseñados genéticamente para encontrar placer en la conexión. La soledad, literalmetne, mata. Así que aquí tenemos a montones de gente, corriendo como pollos sin cabeza buscando algo... que está delante de sus narices. ¿Quieres regular tu sueño, tus hormonas y tu felicidad? Conecta con gente. Haz cosas en común que os hagan felices. Sal de tu esquinita, donde haces lo justo y donde comunicas lo mínimo, para poder acercarte a otro ser humano. Como decían en Generación X, una frase que me impresionó mucho de pibe (y que seguro recuerdo fatal), "buscaba sexo, pero solo como una forma de mirar profundamente a los ojos a otro ser humano".
Suerte. Y que os vaya bien. Yo sigo contando para atrás. 14 meses. Ya queda menos.
Pero eso es solo una nota para recordarmelo en unos meses/años. La parte de que va este artículo es de un comentario que hizo sobre una persona a la que estaba conociendo. Dijo que esa persona, probablemente, está ya adaptada aquí y el que tiene que hacerse su sitio soy yo. Y leía, escuchaba a gente... y pensaba que es cierto. Que mucha gente aquí encuentra su ritmo. Un ritmo extraño, que en pocas ocasiones les hace feliz y que, en general, sueel traducirse como "ir tirando". Tengo mi rutina, hago mis cosas... pero no estoy bien del todo.
Hoy, mi señora me decía que no es capaz de cubrir todas las bases. Que quiere trabajo, entrenamiento, dieta, vida social, viajes... y que no le da la vida. Lo cual es bastante normal; queremos cubrir muchísimo más de lo que, fisicamente, somos capaces de hacer. En buena parte, debido al escaparate de las redes sociales. Ves la casa super mona y divina y no eres consciente de la cantidad de horas de trabajo que tiene para que esté así. Pero el tema al que venía a referirme, respecto a mi señora, es que casi todas las actividades que se plantean aquí son solitarias o, como mucho, con la compañia de alguien que haga lo que nosotros le digamos. Vamos a tal sitio, que me gusta a mí. Vamos a comer esto, que me gusta a mí. En general, si no tenemos espacio para nosotros, imaginaros darle parte de nuestro espacio a otras personas.
Y ese es un error curioso. Los seres humanos somos animales sociales, como estoy harto de decir, y estamos diseñados genéticamente para encontrar placer en la conexión. La soledad, literalmetne, mata. Así que aquí tenemos a montones de gente, corriendo como pollos sin cabeza buscando algo... que está delante de sus narices. ¿Quieres regular tu sueño, tus hormonas y tu felicidad? Conecta con gente. Haz cosas en común que os hagan felices. Sal de tu esquinita, donde haces lo justo y donde comunicas lo mínimo, para poder acercarte a otro ser humano. Como decían en Generación X, una frase que me impresionó mucho de pibe (y que seguro recuerdo fatal), "buscaba sexo, pero solo como una forma de mirar profundamente a los ojos a otro ser humano".
Suerte. Y que os vaya bien. Yo sigo contando para atrás. 14 meses. Ya queda menos.
lunes, 20 de abril de 2026
Elegimos la comodidad
A proposito del último artículo que escribí, me aparece un texto en el cual dice que, sometidos a un estudio sobre "obtener comida por mis propios medios/que me la den gratis", solo los seres humanos y los gatos domésticos elegían que se la dieran gratis. Y es curioso, porque hace un par de semanas hablaba de eso con un amigo y le decía que, el principal problema de nuestras sociedades no es la corrupción, la falta de solidaridad o la avaricia. No. El principal problema que tenemos es la desidia, la falta de motivación y ganas de mejorar nuestros entornos, nuestras sociedades, nuestras vidas.
Hace unos meses un inglés me decía que ¨han destruido este país¨. Pero yo pensaba... ¿quién? No ha sido invadido por bárbaros sedientos de sangre y vosotros habéis muerto defendiendo vuestro país, vuestra cultura, vuestra identidad. No. Os habéis quedado en el sofá, habéis ido votando una y otra vez gente que tomaba decisiones malas y no les habéis impedido hacerlo. Que hablo de los ingleses porque lo veo desde fuera, pero no creo que la situación en España esté mucho mejor y, honestamente, mi parte de responsabilidad está ahí.
No queremos complicarnos la vida. Elegimos el camino de menor resistencia. Y luego nos preguntamos, sorprendidos, porqué no disfrutamos de la vida, porqué no le encontramos sentido a nada y porqué, en cierto sentido, parece que somos pasajeros de nuestra vida en lugar de actores protagonistas. Y cuando socializamos, como me viene pasando en los últimos meses aquí, somos incapaces de relacionarnos entre iguales, entendiendo que para recibir hay que dar y que no consiste en "aprovecha ahora que se acaba".
Hace unos meses un inglés me decía que ¨han destruido este país¨. Pero yo pensaba... ¿quién? No ha sido invadido por bárbaros sedientos de sangre y vosotros habéis muerto defendiendo vuestro país, vuestra cultura, vuestra identidad. No. Os habéis quedado en el sofá, habéis ido votando una y otra vez gente que tomaba decisiones malas y no les habéis impedido hacerlo. Que hablo de los ingleses porque lo veo desde fuera, pero no creo que la situación en España esté mucho mejor y, honestamente, mi parte de responsabilidad está ahí.
No queremos complicarnos la vida. Elegimos el camino de menor resistencia. Y luego nos preguntamos, sorprendidos, porqué no disfrutamos de la vida, porqué no le encontramos sentido a nada y porqué, en cierto sentido, parece que somos pasajeros de nuestra vida en lugar de actores protagonistas. Y cuando socializamos, como me viene pasando en los últimos meses aquí, somos incapaces de relacionarnos entre iguales, entendiendo que para recibir hay que dar y que no consiste en "aprovecha ahora que se acaba".
Pereza de vivir
Después de semanas y meses deseando hacer un viaje a casa, por fin hoy voy a coger la mochila e irme al aeropuerto. Y sin embargo... me cuesta muchísimo arrancar. Quiero llegar allí, estar con mi gente, hacer lo que me gusta. Pero es otro cambio, otro nuevo escenario, otro reinicio. Y curiosamente, me da flojera.
La reflexión sobre eso es que, incluso las cosas que nos gusta, nos suponen esfuerzo desde un determinado espacio mental. Una vez llevamos desarrollada una rutina buena, de cambio y desarrollo, es más facily ofrece menos resistencia. Pero por naturaleza nos oponemos al cambio, queremos seguir donde estamos haciendo lo que nos gusta. El dolor, la necesidad de evitar donde estamos es lo que nos suele empujar en la dirección del cambio. La comodidad, la rutina nos ¨inspira¨ a seguir, a no cambiar.
No creo que sea algo positivo. Creo que nuestra naturaleza debería ser evolucionar, aspirar a cosas mejores, crecer. Pero este momento, en el que me resisto a hacer algo que me gusta, es un indicador claro de en qué momento y espacio mental me encuentro y no me gusta. Hay que resistirse. Cuando el cuerpo te dice no, a veces, hay que forzarlo. Luego se agradece.
La reflexión sobre eso es que, incluso las cosas que nos gusta, nos suponen esfuerzo desde un determinado espacio mental. Una vez llevamos desarrollada una rutina buena, de cambio y desarrollo, es más facily ofrece menos resistencia. Pero por naturaleza nos oponemos al cambio, queremos seguir donde estamos haciendo lo que nos gusta. El dolor, la necesidad de evitar donde estamos es lo que nos suele empujar en la dirección del cambio. La comodidad, la rutina nos ¨inspira¨ a seguir, a no cambiar.
No creo que sea algo positivo. Creo que nuestra naturaleza debería ser evolucionar, aspirar a cosas mejores, crecer. Pero este momento, en el que me resisto a hacer algo que me gusta, es un indicador claro de en qué momento y espacio mental me encuentro y no me gusta. Hay que resistirse. Cuando el cuerpo te dice no, a veces, hay que forzarlo. Luego se agradece.
jueves, 9 de abril de 2026
Un proyecto, un sentido
Estaba buscando la palabra italiana, "senso", y pensaba que me gusta muchísimo como suena. Y pensaba que, en cierto sentido, todos necesitamos ese sneso para vivir. No recuerdo si era Nietzsche o Viktor Frankl, quién decía que quién tenga un porqué encontrará un como.
Me está costando encontrar una motivación, algo que me haga salir de mi rutina y encontrar mi propia voz. Ayer lo hablaba con una compañera, que en la adolescencia los pibes son rebeldes porque necesitan encontrar su propia voz, en un mundo que les rodea y que se empeña en decirles como tienen que ser y pensar. Es natural. Se construye desde la oposición, no desde el acuerdo. O como decía Patton, "si todos pensamos lo mismo, alguien no está pensando".
Hace falta encontrar un proyecto propio, algo que nos permita reconocernos a nosotros mismos. Parece una tontería, pero me está pasando con los muñequitos. Quiero elegir un esquema de pintura para unas miniaturas y es como.. ¿cual me hace sentir que estoy haciendo algo real?
Curiosamente, también en eso existe un factor de reflexión comunitaria. Cuando eramos pibes y empezabamos a jugar, las minis eran parte de nuestra identidad. Alvaro llevaba Skavens, así que era "Alvaro Skavens". Ale jugaba con No Muertos, así que era Ale No Muertos. Yo en Madrid jugaba Guerreros de Hierro y ese era yo. Este ultimo viaje, esta ultima busqueda de mi mismo me lleva a la misma pregunta. ¿Quién soy? ¿Y como expreso quién soy?
Y es una tontería enorme.. pero no lo es.
Me está costando encontrar una motivación, algo que me haga salir de mi rutina y encontrar mi propia voz. Ayer lo hablaba con una compañera, que en la adolescencia los pibes son rebeldes porque necesitan encontrar su propia voz, en un mundo que les rodea y que se empeña en decirles como tienen que ser y pensar. Es natural. Se construye desde la oposición, no desde el acuerdo. O como decía Patton, "si todos pensamos lo mismo, alguien no está pensando".
Hace falta encontrar un proyecto propio, algo que nos permita reconocernos a nosotros mismos. Parece una tontería, pero me está pasando con los muñequitos. Quiero elegir un esquema de pintura para unas miniaturas y es como.. ¿cual me hace sentir que estoy haciendo algo real?
Curiosamente, también en eso existe un factor de reflexión comunitaria. Cuando eramos pibes y empezabamos a jugar, las minis eran parte de nuestra identidad. Alvaro llevaba Skavens, así que era "Alvaro Skavens". Ale jugaba con No Muertos, así que era Ale No Muertos. Yo en Madrid jugaba Guerreros de Hierro y ese era yo. Este ultimo viaje, esta ultima busqueda de mi mismo me lleva a la misma pregunta. ¿Quién soy? ¿Y como expreso quién soy?
Y es una tontería enorme.. pero no lo es.
viernes, 3 de abril de 2026
Cuanta epicidad quieres en tu vida
Precisamente a proposito del último artículo, estaba pensando sobre esto. ¿Cual es el nivel de consumo de adrenalina que requieres? ¿Qué consideras una aventura, algo que rompa tu rutina?
Tengo un amigo, guia turistico, que dice que en Cracovia todo Dios habla español ahora. ¿Por qué? Porque es Semana Santa y la gente necesita desconectar, y todo el mundo viaja y hace cosas y conoce sitios.. hay mucha presión a través de redes sociales (¿acaso no has estado en el Machu Pichu?), lo que aumenta el nivel de consumo. Y vivimos en una sociedad construida en torno al consumo, a gastar a tener a acumular. Dado que el espacio es finito y el numero de cosas limitadas... pues a consumir experiencias. Y sinceramente, no me parece mal. Cada uno que viva como quiera y haga lo que le llene el espíritu.
Pero la reflexión sobre cuanta epicidad es la siguiente. ¿Qué es pensamiento propio y que es pensamiento "implantado" ? Y esta es una pregunta importante. Ayer por la noche, mi señora estaba jugando a la Play. A su lado, el gato estaba tirado en un cojín y yo estaba mirando como jugaba. Y me dijo "esto es lo más a lo que se puede aspirar en la vida". Y en cierto sentido, lo es. Para nosotros. Hay gente que, si esa noche no está saltando de un paracaidas se pregunta que para qué ha nacido. O incluso nosotros en otros momentos.
Yo no creo que la vida deba ser siempre igual. Y tampoco creo que, pasar una noche en casa disfrutando de tus seres queridos, sea la única forma de ser feliz. La felicidad tiene muchísimas facetas. Pero todos necesitamos un poquito de cambio, un poquito de control. El otro día escuché que, se sale de una depresión, cuando uno recupera su vida. ¿Y qué significa eso?
Hacer lo que te hace feliz. Elegir. Escucharte a ti mismo.
Por eso, insisto, creo que necesitamos un cierto componente de epicidad. Para alguna gente eso es saltar en paracaidas, para otros es ver a su hijo dar sus primeros pasos, para otros es conseguir pintar una pared. Todos tenemos desafíos y los vamos superando. Y ese, el superar un desafío, es el componente de epicidad que necesitamos.
Si te levantas, vas al trabajo, duermes, repites y eso es lo que haces durante semanas, poco a poco te vas muriendo por dentro. Así que sí. La rutina puede acabar con nosotros. Vivamos. O citando los anuncios del Gadis, vivamos como galegos.
Disfrutadlo.
Tengo un amigo, guia turistico, que dice que en Cracovia todo Dios habla español ahora. ¿Por qué? Porque es Semana Santa y la gente necesita desconectar, y todo el mundo viaja y hace cosas y conoce sitios.. hay mucha presión a través de redes sociales (¿acaso no has estado en el Machu Pichu?), lo que aumenta el nivel de consumo. Y vivimos en una sociedad construida en torno al consumo, a gastar a tener a acumular. Dado que el espacio es finito y el numero de cosas limitadas... pues a consumir experiencias. Y sinceramente, no me parece mal. Cada uno que viva como quiera y haga lo que le llene el espíritu.
Pero la reflexión sobre cuanta epicidad es la siguiente. ¿Qué es pensamiento propio y que es pensamiento "implantado" ? Y esta es una pregunta importante. Ayer por la noche, mi señora estaba jugando a la Play. A su lado, el gato estaba tirado en un cojín y yo estaba mirando como jugaba. Y me dijo "esto es lo más a lo que se puede aspirar en la vida". Y en cierto sentido, lo es. Para nosotros. Hay gente que, si esa noche no está saltando de un paracaidas se pregunta que para qué ha nacido. O incluso nosotros en otros momentos.
Yo no creo que la vida deba ser siempre igual. Y tampoco creo que, pasar una noche en casa disfrutando de tus seres queridos, sea la única forma de ser feliz. La felicidad tiene muchísimas facetas. Pero todos necesitamos un poquito de cambio, un poquito de control. El otro día escuché que, se sale de una depresión, cuando uno recupera su vida. ¿Y qué significa eso?
Hacer lo que te hace feliz. Elegir. Escucharte a ti mismo.
Por eso, insisto, creo que necesitamos un cierto componente de epicidad. Para alguna gente eso es saltar en paracaidas, para otros es ver a su hijo dar sus primeros pasos, para otros es conseguir pintar una pared. Todos tenemos desafíos y los vamos superando. Y ese, el superar un desafío, es el componente de epicidad que necesitamos.
Si te levantas, vas al trabajo, duermes, repites y eso es lo que haces durante semanas, poco a poco te vas muriendo por dentro. Así que sí. La rutina puede acabar con nosotros. Vivamos. O citando los anuncios del Gadis, vivamos como galegos.
Disfrutadlo.
Morimos dos veces
El otro día escuché eso. Que morimos dos veces, una cuando nuestro cuerpo desaparece, y otra cuando dejan de hablar de nosotros. Lo recordé ayer, cuando hablabamos Carlos y yo de Nietzsche y de esa cita de Aquiles "por eso nadie recordará tu nombre".
martes, 17 de marzo de 2026
No es la pelota
Ya deberías de haberlo aprendido. Las aficiones compartidas son un ritual interno dentro de una cultura. Si tu traes tu afición, de otra cultura, a esta vas a tener problemas de adaptación. Es como pensar que, dado que en Brasil todo el mundo juega al fútbol y hace amigos, tu vas a llegar con una pelota a un campo y vas a empezar a hablar el idioma, compartir el juego e irte de cervezas después, como si estuvieras en tu ciudad.
No funciona así. El primer paso debe darse en un entorno que facilite ese primer paso, que quiera interactuar. Sin predisposición no se puede, es simplemente forzar por querer forzar. Y hay que entender que mis circunstancias son totalmente ajenas a las de la gente de mi alrededor. Aquí la gente ha nacido y se ha criado aquí, conoce el lenguaje y la cultura, sabe moverse. Y los tiempos, las formas de comunicarse, las interacciones... todo está codificado en unas claves que no conozco y que, sinceramente, me supone demasiado esfuerzo conocer para lo que me devuelve a cambio.
Hoy ha sido una buena noche. Ha salido mal, pero el esfuerzo era pequeño. Se puede permitir un fracaso así. Duele, porque es otro fracaso más de una lista que, ya, empieza a ser demasiado larga. Pero no pasa nada. Mañana será otro día. El día -501, si Dios quiere.
Cuidaros. Buenas noches.
No funciona así. El primer paso debe darse en un entorno que facilite ese primer paso, que quiera interactuar. Sin predisposición no se puede, es simplemente forzar por querer forzar. Y hay que entender que mis circunstancias son totalmente ajenas a las de la gente de mi alrededor. Aquí la gente ha nacido y se ha criado aquí, conoce el lenguaje y la cultura, sabe moverse. Y los tiempos, las formas de comunicarse, las interacciones... todo está codificado en unas claves que no conozco y que, sinceramente, me supone demasiado esfuerzo conocer para lo que me devuelve a cambio.
Hoy ha sido una buena noche. Ha salido mal, pero el esfuerzo era pequeño. Se puede permitir un fracaso así. Duele, porque es otro fracaso más de una lista que, ya, empieza a ser demasiado larga. Pero no pasa nada. Mañana será otro día. El día -501, si Dios quiere.
Cuidaros. Buenas noches.
Cuando te sientas vacío, compra
En este mundo en el que vivimos, a veces sucede eso. Uno no tiene gente con la que quedar, no tiene planes, no tiene algo que le motive... y de repente, compra. Así se genera dopamina, así se satisface, así se siente uno que existe. Levanta la mano, le da al botón, algo le mandarán a casa.
Hemos convertido la vida en una serie de gastos... y una forma de buscarnos sentido es a través del consumo. Eso no está ni bien ni mal. Simplemente, es así. Y cuanto antes lo reconozcamos y hagamos las paces con ese hecho de la existencia, mejor. ¿Lo ideal? Tener sentido en nuestra vida, de forma que no andemos necesitando subidones hormonales basados en el consumo. Pero dada que la situación es la que es y no parece que vaya a haber alivio o escapatoria pronto...
A seguir tachando días del calendario. Ya quedan menos. Nos aproximamos a los 500, y de ahí en adelante irá bajando. Crucemos los dedos.
Hemos convertido la vida en una serie de gastos... y una forma de buscarnos sentido es a través del consumo. Eso no está ni bien ni mal. Simplemente, es así. Y cuanto antes lo reconozcamos y hagamos las paces con ese hecho de la existencia, mejor. ¿Lo ideal? Tener sentido en nuestra vida, de forma que no andemos necesitando subidones hormonales basados en el consumo. Pero dada que la situación es la que es y no parece que vaya a haber alivio o escapatoria pronto...
A seguir tachando días del calendario. Ya quedan menos. Nos aproximamos a los 500, y de ahí en adelante irá bajando. Crucemos los dedos.
lunes, 16 de marzo de 2026
Sobre la necesidad de presencia
El otro día hablaba con alguien sobre formas de amor y modelos. Y como, para alguna gente, lo importante es que tu los escuches, los veas, "sentirse presente". Mientras que para otra gente lo importante es que hagas cosas por ellos, que les ayudes, que actues. Alguna gente prefiere la interacción emocional y otra gente prefiere la interacción física. Y a veces, es un problema entenderlo.
Leía el otro día, que una de las principales fuentes de estrés en las relaciones entre adultos son los malentendidos, las cosas que se dan por hechas y las conversaciones que no se tienen. Cosas como "esto es obvio" o "todo el mundo sabe esto", son una fuente de problemas constante. Realmente, no debería ser tan difícil expresarnos, decir lo que necesitamos y exponernos a que otra gente nos diga que necesitan ellos.
Llevo unas semanas y meses muy complicados, en los cuales tengo que distribuir un recurso que ahora es muy limitado para mí, el tiempo, entre mi pareja y yo. Y eso es especialmente complicado, en tanto y en cuanto tenemos lenguajes distintos. Yo quiero hablar, escuchar, compartir. Ella quiere que haga la compra, limpie la casa, que "haga". Y ambas cosas son necesarias, pero mis prioridades son distintas de las de ella.
¿Como se equilibra eso? Pues hablando mucho, cediendo mucho y entendiendo a la otra persona. Poniendo de nuestra parte. Y sobre todo, dejando muy claro el nivel y grado de compromiso. Uno de los principales problemas de pareja es cuando la otra persona entiende que no eres una prioridad para ella. Entonces surgen un montón de problemas porque, en esta epoca de Amazon y donde todo es para ayer... ¿ por qué tengo que renunciar a nada por alguien que no me vé como una prioridad?
La semana pasada hubo un intento de quedar con gente de un grupo de Whatsapp. Quedar fisicamente, verse. Y fracasó, porque basicamente todo el mundo piensa en yo, pero no en nosotros. Y es incapaz de ceder un mínimo de autonomía para ponerse de acuerdo. Son cosas que pasan, lo entiendo. Todos estamos saturados, todos estamos sobreestimulados, todos tenemos demasiado trabajo y compromisos y obligaciones. También porque, en muchos casos, nosotros nos hemos metido de cabeza allí. Como decía mi colega Sergio, " la gente vive un nivel de vida por encima del que se puede permitir ". Y eso se aplica también a la gestión del tiempo. Pero es importante, en esto como en otras cosas, establecer un idioma común de forma que todos entendamos lo mismo. Porque si no, surgen esos desequilibrios donde uno se pregunta, si para esta gente no es tan importante como para mí quedar... ¿por qué tengo que sacrificar mi escaso tiempo libre, para ellos?
Y esto se aplica a todo. Con lo que es importante, no solo estar, sino estar bien. De forma que la gente con la que interactuas, con la que compartes, entienda que para ellos esto es importante. Porque si no, para qué.
Leía el otro día, que una de las principales fuentes de estrés en las relaciones entre adultos son los malentendidos, las cosas que se dan por hechas y las conversaciones que no se tienen. Cosas como "esto es obvio" o "todo el mundo sabe esto", son una fuente de problemas constante. Realmente, no debería ser tan difícil expresarnos, decir lo que necesitamos y exponernos a que otra gente nos diga que necesitan ellos.
Llevo unas semanas y meses muy complicados, en los cuales tengo que distribuir un recurso que ahora es muy limitado para mí, el tiempo, entre mi pareja y yo. Y eso es especialmente complicado, en tanto y en cuanto tenemos lenguajes distintos. Yo quiero hablar, escuchar, compartir. Ella quiere que haga la compra, limpie la casa, que "haga". Y ambas cosas son necesarias, pero mis prioridades son distintas de las de ella.
¿Como se equilibra eso? Pues hablando mucho, cediendo mucho y entendiendo a la otra persona. Poniendo de nuestra parte. Y sobre todo, dejando muy claro el nivel y grado de compromiso. Uno de los principales problemas de pareja es cuando la otra persona entiende que no eres una prioridad para ella. Entonces surgen un montón de problemas porque, en esta epoca de Amazon y donde todo es para ayer... ¿ por qué tengo que renunciar a nada por alguien que no me vé como una prioridad?
La semana pasada hubo un intento de quedar con gente de un grupo de Whatsapp. Quedar fisicamente, verse. Y fracasó, porque basicamente todo el mundo piensa en yo, pero no en nosotros. Y es incapaz de ceder un mínimo de autonomía para ponerse de acuerdo. Son cosas que pasan, lo entiendo. Todos estamos saturados, todos estamos sobreestimulados, todos tenemos demasiado trabajo y compromisos y obligaciones. También porque, en muchos casos, nosotros nos hemos metido de cabeza allí. Como decía mi colega Sergio, " la gente vive un nivel de vida por encima del que se puede permitir ". Y eso se aplica también a la gestión del tiempo. Pero es importante, en esto como en otras cosas, establecer un idioma común de forma que todos entendamos lo mismo. Porque si no, surgen esos desequilibrios donde uno se pregunta, si para esta gente no es tan importante como para mí quedar... ¿por qué tengo que sacrificar mi escaso tiempo libre, para ellos?
Y esto se aplica a todo. Con lo que es importante, no solo estar, sino estar bien. De forma que la gente con la que interactuas, con la que compartes, entienda que para ellos esto es importante. Porque si no, para qué.
lunes, 9 de marzo de 2026
Entre la tozudez y la insoportable ansia de victoria
Disclaimer: "La insoportable ansia de victoria" es una cita de Hitler. Cualquiera que lea este blog (sí, vosotros tres), debería conocerme para saber que, el hecho de adoptar un elemento concreto de una filosofía, religión o creencia política no me convierte en fanático y adscribiente de todos y cada uno de sus preceptos. Por favor, no caigamos en el Secundum Quid (grande el decalogo de la lógica).
Ok, superado el disclaimer y a raiz de mi último artículo, voy a escribir sobre una cuestión que me viene inquietando ultimamente. Es algo que nos ha pasado a todos en la vida y que, seguro, nos seguirá pasando y es la pregunta siguiente.
¿ Cuando hay que soltar ?
Seguro que, en algún momento, habéis estado estudiando algo... trabajando en algo... en una relación... viviendo en algún sitio... y habéis pensado, ¨Ok, ahora estoy fatal, pero si sigo un poco más, mejorará". Y no mejora. Y seguís. Y no mejora. Llega un momento en que no está casi obligado a preguntarse, ¿merece la pena? ¿estoy sacrificando mi felicidad presente por una posible felicidad futura?
Yo siempre he sido muy testarudo. Me cuesta comprometerme a algo, pero una vez lo hago es muy difícil hacerme cambiar de opinión. Y con el tiempo, estoy dandome cuenta de que esto puede ser más un defecto que una virtud, o quizás es que con la edad la percepción del éxito varía.
Me explico. En otros momentos de mi vida he soportado mucho sufrimiento, soledad y esfuerzo porque luego merecía la pena. Y efectivamente, lo ha hecho. Gracías a mi abnegación y compromiso he conseguido cosas que, honestamente, no podría haberlo hecho de otra manera. No soy un deportista, pero conseguí superar mis pruebas físicas. No soy brillante, pero he estudiado y superado examenes. Hay buena parte del éxito de mi vida que se basa, principalmente, en que una vez muerdo algo no lo suelto. Esa es mi ¨insoportable ansia de victoria¨. Si algo merece la pena de verdad, entonces merece la pena a tope y no vale andarse con excusitas como que tengo una pierna rota o algo así. (Ok ok, bajate una Juana de Arco).
Pero efectivamente, llega un momento en el que uno entiende que está haciendo el idiota. El caso de Charlie, en mi anterior artículo, es un buen ejemplo de ello. Si uno está invirtiendo en una empresa que no da beneficios, llega un momento en que deja de ser una inversión y empieza a ser simplemente un gasto. Y ese es el momento de dar un paso atrás y plantearse si merece la pena.
Ahora viene la parte de registro personal, para que dentro de X meses o años yo lea esto y diga ¨mi má, como estabas macho¨. Os la podéis saltar si queréis.
Yo llegué a Reino Unido con la idea de ponerme en forma y estudiar. Pensé trabajar con menos estrés, soportar algunas cosas y reconstruir mi vida. Las relaciones sociales era algo que iría saliendo, sin mucha presión, una vez me hubiera asentado en el trabajo y en la vida. Por supuesto, pensaba viajar, seguir con mis hobbies y mi vida de pareja. Y, como he hecho toda mi vida, pensé que a base de buena voluntad, esfuerzo y actitud las cosas irían saliendo bien.
Spoiler alert: no fue así.
Hay cosas que no dependen de uno. En la piramide de Marslow, los primeros elementos están directamente implicados en la supervivencia. O como dijera yo en aquella conferencia, comer, dormir y que te dejen un poquito en paz. Dado que ese escenario no ha sido así, ha habido que ir reduciendo cosas de la lista de objetivos. Quitamos los planes a medio plazo. Quitamos el objetivo deportivo. Quitamos el estudio. Nos planteamos los hobbies, como equilibrio al trabajo y a las obligaciones familiares y de pareja. Los hobbies no funcionan, pero insisto. Insisto. Saldrá algo, se tiene que poder. Otra mudanza. Otro reinicio. Otra inestabilidad, otro volver a empezar. Y finalmente, tal y como me pasó anteriormente, me veo obligado a soltar. Igual que he tenido que renunciar a intentar tener algún control sobre mi agenda, igual que aprendí en el trabajo a esforzarme y dar lo mejor de mí simplemente para no enfermarme (o para que la enfermedad no se vuelva crítica), he tenido que reestructurar mi vida familiar y personal en estos terminos. El 2025 acabó y, me di cuenta, de que mi objetivo para 2026 es no morirme ni acabar divorciado. Y que eso, que para muchísima gente se da por hecho, yo tengo que esforzarme muchísimo para conseguirlo.
A veces, no se pelea para ganar. A veces se pelea para no perder, o para perder despacito, poco a poco. Como decía Pedro el otro día, vivir para recuperarse. Porque recuperarse para vivir, eso no funciona cuando los requisitos para recuperarse están a meses y años vista. Hay que vivir ahora. ¿ Mañana ? Quizás llegará. Quizás no. Si hoy tenemos suerte y hay un día bueno, lo celebramos. Si no, pues otra vez será. Y así, día a día, tachando días del calendario. Esto es como la escuela, hay que pasarlo y que deje las menos secuelas posibles.
Cuidaros. Hace mucho frío ahí fuera.
Ok, superado el disclaimer y a raiz de mi último artículo, voy a escribir sobre una cuestión que me viene inquietando ultimamente. Es algo que nos ha pasado a todos en la vida y que, seguro, nos seguirá pasando y es la pregunta siguiente.
¿ Cuando hay que soltar ?
Seguro que, en algún momento, habéis estado estudiando algo... trabajando en algo... en una relación... viviendo en algún sitio... y habéis pensado, ¨Ok, ahora estoy fatal, pero si sigo un poco más, mejorará". Y no mejora. Y seguís. Y no mejora. Llega un momento en que no está casi obligado a preguntarse, ¿merece la pena? ¿estoy sacrificando mi felicidad presente por una posible felicidad futura?
Yo siempre he sido muy testarudo. Me cuesta comprometerme a algo, pero una vez lo hago es muy difícil hacerme cambiar de opinión. Y con el tiempo, estoy dandome cuenta de que esto puede ser más un defecto que una virtud, o quizás es que con la edad la percepción del éxito varía.
Me explico. En otros momentos de mi vida he soportado mucho sufrimiento, soledad y esfuerzo porque luego merecía la pena. Y efectivamente, lo ha hecho. Gracías a mi abnegación y compromiso he conseguido cosas que, honestamente, no podría haberlo hecho de otra manera. No soy un deportista, pero conseguí superar mis pruebas físicas. No soy brillante, pero he estudiado y superado examenes. Hay buena parte del éxito de mi vida que se basa, principalmente, en que una vez muerdo algo no lo suelto. Esa es mi ¨insoportable ansia de victoria¨. Si algo merece la pena de verdad, entonces merece la pena a tope y no vale andarse con excusitas como que tengo una pierna rota o algo así. (Ok ok, bajate una Juana de Arco).
Pero efectivamente, llega un momento en el que uno entiende que está haciendo el idiota. El caso de Charlie, en mi anterior artículo, es un buen ejemplo de ello. Si uno está invirtiendo en una empresa que no da beneficios, llega un momento en que deja de ser una inversión y empieza a ser simplemente un gasto. Y ese es el momento de dar un paso atrás y plantearse si merece la pena.
Ahora viene la parte de registro personal, para que dentro de X meses o años yo lea esto y diga ¨mi má, como estabas macho¨. Os la podéis saltar si queréis.
Yo llegué a Reino Unido con la idea de ponerme en forma y estudiar. Pensé trabajar con menos estrés, soportar algunas cosas y reconstruir mi vida. Las relaciones sociales era algo que iría saliendo, sin mucha presión, una vez me hubiera asentado en el trabajo y en la vida. Por supuesto, pensaba viajar, seguir con mis hobbies y mi vida de pareja. Y, como he hecho toda mi vida, pensé que a base de buena voluntad, esfuerzo y actitud las cosas irían saliendo bien.
Spoiler alert: no fue así.
Hay cosas que no dependen de uno. En la piramide de Marslow, los primeros elementos están directamente implicados en la supervivencia. O como dijera yo en aquella conferencia, comer, dormir y que te dejen un poquito en paz. Dado que ese escenario no ha sido así, ha habido que ir reduciendo cosas de la lista de objetivos. Quitamos los planes a medio plazo. Quitamos el objetivo deportivo. Quitamos el estudio. Nos planteamos los hobbies, como equilibrio al trabajo y a las obligaciones familiares y de pareja. Los hobbies no funcionan, pero insisto. Insisto. Saldrá algo, se tiene que poder. Otra mudanza. Otro reinicio. Otra inestabilidad, otro volver a empezar. Y finalmente, tal y como me pasó anteriormente, me veo obligado a soltar. Igual que he tenido que renunciar a intentar tener algún control sobre mi agenda, igual que aprendí en el trabajo a esforzarme y dar lo mejor de mí simplemente para no enfermarme (o para que la enfermedad no se vuelva crítica), he tenido que reestructurar mi vida familiar y personal en estos terminos. El 2025 acabó y, me di cuenta, de que mi objetivo para 2026 es no morirme ni acabar divorciado. Y que eso, que para muchísima gente se da por hecho, yo tengo que esforzarme muchísimo para conseguirlo.
A veces, no se pelea para ganar. A veces se pelea para no perder, o para perder despacito, poco a poco. Como decía Pedro el otro día, vivir para recuperarse. Porque recuperarse para vivir, eso no funciona cuando los requisitos para recuperarse están a meses y años vista. Hay que vivir ahora. ¿ Mañana ? Quizás llegará. Quizás no. Si hoy tenemos suerte y hay un día bueno, lo celebramos. Si no, pues otra vez será. Y así, día a día, tachando días del calendario. Esto es como la escuela, hay que pasarlo y que deje las menos secuelas posibles.
Cuidaros. Hace mucho frío ahí fuera.
La amistad busca reciprocidad
Hace muchísimo tiempo me tocó dar una conferencia sobre esta frase. Es algo en lo que nunca había pensado demasiado, pero al tener que prepararla, en cierto sentido, se convirtió en uno de los lemas de mi vida. Quién me iba a decir que, diez años después, me iba a volver para morder en el culo.
Decimos que la amistad busca reciprocidad, y eso implica que la amistad solo se puede dar entre iguales. En una peli que vi este fin de semana, decían que los reyes no tienen amigos; solo subditos o enemigos. Y eso es así, porque para poder tener amigos el rey tiene que estar en las mismas condiciones que la otra persona y eso es imposible. El grado de confianza, de intimidad, que exige una amistad implica que uno tiene que tener capacidad de hablar libremente sin temer las consecuencias y sentirse escuchado. Ese es el mínimo. A partir de ahí, pues lo importante no es tanto la equidad como la reciprocidad. No que demos y recibamos lo mismo, sino que sintamos que existe correspondencia. Hay amistades, sumamente fuertes, en las cuales el desequilibrio de poder interno es enorme, pero eso no es un problema siempre y cuando ambas personas se sientan comodas dentro de la relación. Por ejemplo, cuando yo era amigo de Charlie la relación era totalmente unidireccional, pero yo estaba muy cómodo porque sentía que me compensaba. Creo que esa frase, ¨me compensa¨, es la clave de una amistad. Cuando deja de merecer la pena, entonces se acaba.
Me ha costado mucho tiempo entender esto. Yo siempre he partido de la base de que, la mejor forma de recibir, es dar. Uno establece una dinámica buena, cómoda, en la que la otra persona puede ser ella misma mediante una combinación de bajas expectativas, alta atención y empatía. Basicamente, yo he hecho amigos con facilidad porque me gusta escuchar (no lo finjo, realmente me gusta), no espero casi nada de la gente y me considero una persona bastante agradable. Pero a veces no depende de uno. Y hay gente que, por su carácter o su forma de ser, solo van a recibir. Hace tiempo leí que hay gente que son como unas gigantescas fauces; todo lo que el mundo tiene es para que ellos lo consuman, y ni se les ocurre tener que devolver algo. Y, de igual forma que me pasó con Charlie en su momento, uno tiene que aceptar esta situación y actuar en consecuencia. Porque si no, el desequilibrio y la falta de reciprocidad va a dar pie a la frustración y de ahí no puede salir nada bueno.
Y por cierto, a continuación voy a escribir algo sobre eso.
Decimos que la amistad busca reciprocidad, y eso implica que la amistad solo se puede dar entre iguales. En una peli que vi este fin de semana, decían que los reyes no tienen amigos; solo subditos o enemigos. Y eso es así, porque para poder tener amigos el rey tiene que estar en las mismas condiciones que la otra persona y eso es imposible. El grado de confianza, de intimidad, que exige una amistad implica que uno tiene que tener capacidad de hablar libremente sin temer las consecuencias y sentirse escuchado. Ese es el mínimo. A partir de ahí, pues lo importante no es tanto la equidad como la reciprocidad. No que demos y recibamos lo mismo, sino que sintamos que existe correspondencia. Hay amistades, sumamente fuertes, en las cuales el desequilibrio de poder interno es enorme, pero eso no es un problema siempre y cuando ambas personas se sientan comodas dentro de la relación. Por ejemplo, cuando yo era amigo de Charlie la relación era totalmente unidireccional, pero yo estaba muy cómodo porque sentía que me compensaba. Creo que esa frase, ¨me compensa¨, es la clave de una amistad. Cuando deja de merecer la pena, entonces se acaba.
Me ha costado mucho tiempo entender esto. Yo siempre he partido de la base de que, la mejor forma de recibir, es dar. Uno establece una dinámica buena, cómoda, en la que la otra persona puede ser ella misma mediante una combinación de bajas expectativas, alta atención y empatía. Basicamente, yo he hecho amigos con facilidad porque me gusta escuchar (no lo finjo, realmente me gusta), no espero casi nada de la gente y me considero una persona bastante agradable. Pero a veces no depende de uno. Y hay gente que, por su carácter o su forma de ser, solo van a recibir. Hace tiempo leí que hay gente que son como unas gigantescas fauces; todo lo que el mundo tiene es para que ellos lo consuman, y ni se les ocurre tener que devolver algo. Y, de igual forma que me pasó con Charlie en su momento, uno tiene que aceptar esta situación y actuar en consecuencia. Porque si no, el desequilibrio y la falta de reciprocidad va a dar pie a la frustración y de ahí no puede salir nada bueno.
Y por cierto, a continuación voy a escribir algo sobre eso.
miércoles, 25 de febrero de 2026
Vivir para recuperarme
Ayer me hicieron una pregunta. Nos recuperamos para vivir, o vivimos para recuperarnos? Yo respondí que primero nos recuperamos y luego cabalgamos, y me dijeron que ni hablar. Que en la vida, nunca vas a estar cien por cien preparado. Así que hazlo. Como decía el meme, si no tienes energía para hacer ejercicio, prueba a hacer ejercicio. La vida se vive hacía delante y consiste en ir haciendo cosas hasta que algo salga bien. Intentalo otra vez. Y otra. Y otra. Porque cuando te das cuenta, la ola ha pasado y puedes volver a respirar.
Antes escribía sobre Madrid. Y me decía un amigo, hace unos meses, que piense en las cosas que puedo hacer ahora y luego echaré de menos. No se me ocurrió ninguna (meses después sigue sin ocurrirseme), pero reconozco que hay cosas que sí, que echaré de menos. Echaré de menos a algún compañero del trabajo que es gente muy guay (a Jaab, a Teemu, a Christoff. Como ya echo de menos a Giannis o a Ohrun), echaré de menos ver arboles por mi ventana, y con el tiempo supongo que habrá alguna cosa más que echaré de menos. Manda caralho, que le dedique cinco minutos a pensarlo y se me ocurran apenas dos cosas. Pues si que está mal.
Pero al final, vivimos pues así, a golpito. Y hoy escribir me ha venido muy bien para darme cuenta de que hay solución, de que no todo son problemas. Que si lo que me toca ahora es abrir cajones, ver lo que tengo e intentar invertir dinero en formas mejores de transportarlo y guardarlo... pues oye, eso también es un hobby en sí mismo y me parece que puedo hacerlo. Y si bien hay muchas cosas que no puedo compartir con mi pareja, habrá otras que sí y es importante trabajar en positivo.
Resumiendo. Que si bien la situación parece un desastre y la frustración se acumula, a veces el truco es simplemente dejar de preocuparse. Hacer lo que se puede. Disminuir el ruido y los problemas. Dejar de focalizarse en el mañana. Y simplemente, estar ahora. Ya han pasado casi dos meses de 2026. Eso es 1/6 del año. El mes que viene, habrá pasado un cuarto. Y así, poco a poco, vamos acercandonos. Mi objetivo para 2026 es... no morirme. ¿Expectativas bajas? Seamos realistas. El escenario es el que es. Quizás después de verano la cosa mejore, pero a día de hoy las cosas son las que son.
Así que vamos a intentarlo. Vivir para recuperarme. Para recordar que se puede ser feliz, que uno puede querer tener planes, sueños e ilusiones. Que puede que haya algo que merezca la pena. Y que, quizás, quién sabe, la vida pueda que merezca la pena vivirla.
Cuidaros. Hace mucho frío ahí fuera.
Antes escribía sobre Madrid. Y me decía un amigo, hace unos meses, que piense en las cosas que puedo hacer ahora y luego echaré de menos. No se me ocurrió ninguna (meses después sigue sin ocurrirseme), pero reconozco que hay cosas que sí, que echaré de menos. Echaré de menos a algún compañero del trabajo que es gente muy guay (a Jaab, a Teemu, a Christoff. Como ya echo de menos a Giannis o a Ohrun), echaré de menos ver arboles por mi ventana, y con el tiempo supongo que habrá alguna cosa más que echaré de menos. Manda caralho, que le dedique cinco minutos a pensarlo y se me ocurran apenas dos cosas. Pues si que está mal.
Pero al final, vivimos pues así, a golpito. Y hoy escribir me ha venido muy bien para darme cuenta de que hay solución, de que no todo son problemas. Que si lo que me toca ahora es abrir cajones, ver lo que tengo e intentar invertir dinero en formas mejores de transportarlo y guardarlo... pues oye, eso también es un hobby en sí mismo y me parece que puedo hacerlo. Y si bien hay muchas cosas que no puedo compartir con mi pareja, habrá otras que sí y es importante trabajar en positivo.
Resumiendo. Que si bien la situación parece un desastre y la frustración se acumula, a veces el truco es simplemente dejar de preocuparse. Hacer lo que se puede. Disminuir el ruido y los problemas. Dejar de focalizarse en el mañana. Y simplemente, estar ahora. Ya han pasado casi dos meses de 2026. Eso es 1/6 del año. El mes que viene, habrá pasado un cuarto. Y así, poco a poco, vamos acercandonos. Mi objetivo para 2026 es... no morirme. ¿Expectativas bajas? Seamos realistas. El escenario es el que es. Quizás después de verano la cosa mejore, pero a día de hoy las cosas son las que son.
Así que vamos a intentarlo. Vivir para recuperarme. Para recordar que se puede ser feliz, que uno puede querer tener planes, sueños e ilusiones. Que puede que haya algo que merezca la pena. Y que, quizás, quién sabe, la vida pueda que merezca la pena vivirla.
Cuidaros. Hace mucho frío ahí fuera.
Madrid no se vé tan mal
La memoría es muy sinvergüenza. El otro día, en esos dos días buenos que tengo al mes, estaba rodeado de compañeros míos y la mujer de un amigo preguntó, de risa, si al final echaré de menos Madrid y todo (ella estuvo trabajando conmigo allí. Recuerdo que, cuando ibamos al comedor, la gente nos hacía sitio y decía "pobrecitos". Un abrazo fuerte Patri). El caso es que le dije, sorprendido, que sí. Que a pesar de que lo pasé fatal y fue horrible, este sitio ha conseguido que lo eche de menos.
Y la memoría es muy hija de puta. Pensé que el tiempo me haría borrar las discusiones con mi parienta, los silencios pesados, el volver del trabajo sin ganas de nada... y me dejaría solo los momentos buenos. Y no lo ha hecho. Recuerdo todas esas cosas. Recuerdo las noches sin dormir, pintando muñequitos. Recuerdo mirar por la ventana en el trabajo preguntandome que hago aquí. Recuerdo temblarme las manos e ir al baño constantemente. Y los recuerdos "bonitos" no son tanto. Recuerdo ir a Goblin y volver preguntandome para que voy. Recuerdo el calorazo en verano y el frío en invierno, el horror de atravesar Chamartín en obras, lo infinito que resultaban los fines de semana sin planes. Como ir a la piscina en verano era una aventura en coche y una paliza andando. Como la operación salida era infernal, o la bronca por "ya huele a paguitas". O el no poder mencionar a Cádiz sin que hubiera una bronca en mi casa.
También, curiosamente, recuerdo otros momentos. Recuerdo un cierre en el que no tenía tiempo para ir a comer y me llevaba almendras a las mesas. Recuerdo las broncas por la cocina y el miedo cuando la herencia del piso en el que estabamos alquilados. Recuerdo, muchísimo, el despacho de Javi y la ilusión con que le llevé unas minis que le pinté una vez, o cuando echamos una partida en el cuerpo de guardia. Recuerdo con un cariño infinito el cumpleaños sorpresa que me celebró mi mujer e invitó a los amigos, o la cena de despedida que será uno de los momentos que me llevaré a la tumba. Recuerdo las broncas en el curro, los gritos, el mal ambiente. La tensión siempre presente, las guardias y quedarte currando después, las movidas con los compañeros. Pero de alguna forma, también recuerdo el bar con Nico y Javi, recuerdo partidas de Clash con Toño (gracias), como Marc me enseñó Titanicus, las ligas de Blood Bowl, los trenes trenes trenes.
Recuerdo a Marc británico venir a visitarnos. Recuerdo a Vasya metiendose en el armario donde guardaba las miniaturas que aún estaba pintando. Recuerdo ir al Mercadona cargadisimo, o cuando nos ibamos a ir y fuimos a la piscina cerca de casa. Recuerdo ir al Prado con mi mujer o los infinitos trayectos en autobus y metro.
La memoría es muy hija de puta. Lo pasé increíblemente mal en Madrid y aún estoy sufriendo heridas que me hice allí y no se han curado. Pero con el tiempo, algunas cosas buenas se han quedado e incluso esas poquitas son mejores que lo que tengo ahora. No volveré, claro que no. Pero me siento super orgulloso y feliz cuando gente, buenísima, con la que trabajé allí me dicen que si quiero volver me hacen sitio. Es lo más bonito que se le puede decir a un profesional "quiero que trabajes conmigo". Y quizás seré un desastre en muchísimos aspectos de mi vida pero, al menos en ese, fui muy bueno.
Gracías, Madrid. Por enseñarme una nueva profesión y ponerme en el camino de tantísima gente maravillosa. Un año y medio después puedo decirlo. No mereció la pena y el precio fue demasiado caro, pero ya está pagado así que no tiene sentido hacerse más sangre por eso. Gracías. Sobre todo a la gente. Gracías.
Y la memoría es muy hija de puta. Pensé que el tiempo me haría borrar las discusiones con mi parienta, los silencios pesados, el volver del trabajo sin ganas de nada... y me dejaría solo los momentos buenos. Y no lo ha hecho. Recuerdo todas esas cosas. Recuerdo las noches sin dormir, pintando muñequitos. Recuerdo mirar por la ventana en el trabajo preguntandome que hago aquí. Recuerdo temblarme las manos e ir al baño constantemente. Y los recuerdos "bonitos" no son tanto. Recuerdo ir a Goblin y volver preguntandome para que voy. Recuerdo el calorazo en verano y el frío en invierno, el horror de atravesar Chamartín en obras, lo infinito que resultaban los fines de semana sin planes. Como ir a la piscina en verano era una aventura en coche y una paliza andando. Como la operación salida era infernal, o la bronca por "ya huele a paguitas". O el no poder mencionar a Cádiz sin que hubiera una bronca en mi casa.
También, curiosamente, recuerdo otros momentos. Recuerdo un cierre en el que no tenía tiempo para ir a comer y me llevaba almendras a las mesas. Recuerdo las broncas por la cocina y el miedo cuando la herencia del piso en el que estabamos alquilados. Recuerdo, muchísimo, el despacho de Javi y la ilusión con que le llevé unas minis que le pinté una vez, o cuando echamos una partida en el cuerpo de guardia. Recuerdo con un cariño infinito el cumpleaños sorpresa que me celebró mi mujer e invitó a los amigos, o la cena de despedida que será uno de los momentos que me llevaré a la tumba. Recuerdo las broncas en el curro, los gritos, el mal ambiente. La tensión siempre presente, las guardias y quedarte currando después, las movidas con los compañeros. Pero de alguna forma, también recuerdo el bar con Nico y Javi, recuerdo partidas de Clash con Toño (gracias), como Marc me enseñó Titanicus, las ligas de Blood Bowl, los trenes trenes trenes.
Recuerdo a Marc británico venir a visitarnos. Recuerdo a Vasya metiendose en el armario donde guardaba las miniaturas que aún estaba pintando. Recuerdo ir al Mercadona cargadisimo, o cuando nos ibamos a ir y fuimos a la piscina cerca de casa. Recuerdo ir al Prado con mi mujer o los infinitos trayectos en autobus y metro.
La memoría es muy hija de puta. Lo pasé increíblemente mal en Madrid y aún estoy sufriendo heridas que me hice allí y no se han curado. Pero con el tiempo, algunas cosas buenas se han quedado e incluso esas poquitas son mejores que lo que tengo ahora. No volveré, claro que no. Pero me siento super orgulloso y feliz cuando gente, buenísima, con la que trabajé allí me dicen que si quiero volver me hacen sitio. Es lo más bonito que se le puede decir a un profesional "quiero que trabajes conmigo". Y quizás seré un desastre en muchísimos aspectos de mi vida pero, al menos en ese, fui muy bueno.
Gracías, Madrid. Por enseñarme una nueva profesión y ponerme en el camino de tantísima gente maravillosa. Un año y medio después puedo decirlo. No mereció la pena y el precio fue demasiado caro, pero ya está pagado así que no tiene sentido hacerse más sangre por eso. Gracías. Sobre todo a la gente. Gracías.
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