Después de semanas y meses deseando hacer un viaje a casa, por fin hoy voy a coger la mochila e irme al aeropuerto. Y sin embargo... me cuesta muchísimo arrancar. Quiero llegar allí, estar con mi gente, hacer lo que me gusta. Pero es otro cambio, otro nuevo escenario, otro reinicio. Y curiosamente, me da flojera.
La reflexión sobre eso es que, incluso las cosas que nos gusta, nos suponen esfuerzo desde un determinado espacio mental. Una vez llevamos desarrollada una rutina buena, de cambio y desarrollo, es más facily ofrece menos resistencia. Pero por naturaleza nos oponemos al cambio, queremos seguir donde estamos haciendo lo que nos gusta. El dolor, la necesidad de evitar donde estamos es lo que nos suele empujar en la dirección del cambio. La comodidad, la rutina nos ¨inspira¨ a seguir, a no cambiar.
No creo que sea algo positivo. Creo que nuestra naturaleza debería ser evolucionar, aspirar a cosas mejores, crecer. Pero este momento, en el que me resisto a hacer algo que me gusta, es un indicador claro de en qué momento y espacio mental me encuentro y no me gusta. Hay que resistirse. Cuando el cuerpo te dice no, a veces, hay que forzarlo. Luego se agradece.
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