Es muy curioso, entender en que momento la responsabilidad se convierte en una debilidad. En que momento de tu vida entiendes que, tu solo, te estás poniendo en una posición en la que permites que abusen de ti. Basicamente, por no saber decir que no. Por querer ser buen compañero, por ayudar a los demás, por ser paciente... porque realmente nos gusta. Tanto la sensación de ser útiles como ayudar a los demás, como pensar que somos "esa persona". Lo que pasa que el tiempo es un recurso finito, limitado, y lo empleamos en una cosa para no emplearlo en otra. Y a veces, en determinadas circunstancias, no nos da.
Leía algo super interesante el otro día sobre la teoría de la carencia. Y sobre como, al igual que decía Marco Aurelio, todo lo que vivimos es una percepción. Mi carencia o abundancia de tiempo es una percepción mía, experimentada por mi. Otra pesona, sentada a mi izquierda, puede pensar que me sobra o que me falta. El respeto a la experiencia de los demás, a sus percepciones, es algo que tenemos muy olvidado en esta sociedad. Todos creemos que sabemos muchísimo y que, el de al lado, no tiene ni puñetera idea. Y claro, eso obliga a poner límites.
Existe un punto en que ambas emociones chocan. La necesidad de ser buen compañero, buen amigo, buena persona, y la necesidad de ser escuchado y respetado. En ese espacio surge el conflicto. Durante mucho tiempo he optado por la generosidad; si total, a mí tampoco me cuesta tanto.
Me está costando. Me está costando mi imagen de mi mismo, al percibirme como abusado e indefenso. Me está costando mi respeto y mi aprecio y me está generando una rabia infinita. Yo doy mucho. No es justo que, cuando pido poco, se me deniegue. Y se me deniegue sistematicamente, sin ni siquiera considerarlo.
Ayer le explicabaa a un amigo que, en mi situación, tengo mucho apoyo ¨token¨. Gente que viene y me dice ¨te apoyo a tope, cuenta conmigo, pideme lo que necesites¨. Pido algo. ¨No no, eso no es posible, no depende de mí, tienes que entenderlo...¨.
Yo lo que tengo que entender, querido compañero, es que tu ayuda no vale una mierda. Así que la tomo como lo que es, un gesto, una señal. Que sirve para que tu te sientas bien contigo mismo, pero que a mí, personalmente, me es tan útil como el cenicero de una moto.
Y recuerdo. La rabia se junta con la memoria y se crea un agravio, y ese agravio viene para quedarse. Pero también es una lección. Porque el compañerismo no precisa de reciprocidad, pero se basa en el respeto. Y el respeto se construye sobre la honestidad.
Yo no puedo respetar a alguien que no cumple lo que dice. Es tan simple como eso. Si dices que vas a hacer algo, hazlo. Y si no, no digas nada. Esa hipocresía sureña, que es parte del choque cultural sobre el que se construyen todos estos problemas, es un elemento que debo aprender y procesar. Esto es una lección. Como decía Schwarzenegger, ¨a teaching oportunity¨, una oportunidad de enseñar. Pero maldita sea, me está erosionando un poco demasiado. Me hace falta salir, que me dé el aire, ver a otra gente.
Lo mejor que me enseñó un compañero, es que a periodos de mucha compresión deben suceder periodos de mucha liberación. Si paso de estar encerrado a seguir encerrado, mi cabeza, mi cuerpo, mi alma se hacen cada vez más pequeños. Hay que desahogar. Y esa es una necesidad que hay que transmitir a mi entorno, que tienen que entender.
Necesito decir NO a muchas cosas. Y hay que empezar ya.
jueves, 28 de mayo de 2026
lunes, 11 de mayo de 2026
Lunes de esperanza y mentiras
Llevo años y años que, cada lunes, me repito a mí mismo que esta semana va a ser distinta. Que será especial, que va a merecer la pena. Cada lunes, me digo a mí mismo que estará guay volver al instituto, al trabajo, a donde sea. Volver a ver a los compañeros, enterarme de lo que ha pasado, compartir, aprender, reírme. Enfrentar desafíos y ver que nos traerá la semana. Cada lunes, cargo energía, lleno las pilas y voy a por ello. Con actitud.
Normalmente, los martes estoy hecho polvo, odio al mundo y todo me parece mal. El lunes por la tarde noche suele ser el momento de "oh mierda, ahí vamos otra vez", como el meme de GTA.
Tengo esa maldita manía, de compartirmentar mi vida. No sé si es una disociación de personalidad. Lo hacemos todos, claro. No actuamos igual en el trabajo que en casa que con los amigos que con la familia. Todas esas son diferentes facetas de nuestra personalidad. En mi caso, las actividades son algo que lo condiciona mucho. Si tengo la cabeza en el trabajo, no la tengo en muñequitos, por ejemplo. O al menos hace mucho que no la tengo, dado que mi vida en general, desde hace meses, es algo que le pasa a otra persona.
Hoy quise mandarle un meme a un colega. Y resulta que, en los últimos dos meses, no he guardado ningún meme. Las fotos que tengo son archivos que se quedan de grupos de whatsapp. Lo último "mío", son fotos de mi cumpleaños de hace tres semanas. Que no está mal, pero es curioso mi escasa actividad... cerebral?
El otro día me hablaban del sindrome de indefensión aprendida. Es una movida que se experimentó en ratones; generas un nivel de incertidumbre en el cual el ratón decide que, sabes qué, que le den por culo. Me voy a una esquina y me muero, que le den a todo. Paso de seguir intentandolo, si total no va a servir para nada. Es una de las puertas a la depresión y es una puerta que llevo meses cruzando. En algunos momentos, incluso he atravesado el hall y me he dado una vueltecita por dentro.
No es buena idea. Así que, cada lunes, vamos a mentirnos y repetirnos que merece la pena. Que hoy habrá charlas con compañeros, que hoy quizás vaya al gimnasio, que hoy habrá algo que haga que hoy sea algo más que levantarme, consumir oxigeno y volver a acostarme.
A veces me dicen que eso es la vida adulta, y que soy un ingenuo, un iluso y que me hago daño a mí mismo con estas expectativas irreales. Pero si no podemos soñar... ¿para qué vivir?
Normalmente, los martes estoy hecho polvo, odio al mundo y todo me parece mal. El lunes por la tarde noche suele ser el momento de "oh mierda, ahí vamos otra vez", como el meme de GTA.
Tengo esa maldita manía, de compartirmentar mi vida. No sé si es una disociación de personalidad. Lo hacemos todos, claro. No actuamos igual en el trabajo que en casa que con los amigos que con la familia. Todas esas son diferentes facetas de nuestra personalidad. En mi caso, las actividades son algo que lo condiciona mucho. Si tengo la cabeza en el trabajo, no la tengo en muñequitos, por ejemplo. O al menos hace mucho que no la tengo, dado que mi vida en general, desde hace meses, es algo que le pasa a otra persona.
Hoy quise mandarle un meme a un colega. Y resulta que, en los últimos dos meses, no he guardado ningún meme. Las fotos que tengo son archivos que se quedan de grupos de whatsapp. Lo último "mío", son fotos de mi cumpleaños de hace tres semanas. Que no está mal, pero es curioso mi escasa actividad... cerebral?
El otro día me hablaban del sindrome de indefensión aprendida. Es una movida que se experimentó en ratones; generas un nivel de incertidumbre en el cual el ratón decide que, sabes qué, que le den por culo. Me voy a una esquina y me muero, que le den a todo. Paso de seguir intentandolo, si total no va a servir para nada. Es una de las puertas a la depresión y es una puerta que llevo meses cruzando. En algunos momentos, incluso he atravesado el hall y me he dado una vueltecita por dentro.
No es buena idea. Así que, cada lunes, vamos a mentirnos y repetirnos que merece la pena. Que hoy habrá charlas con compañeros, que hoy quizás vaya al gimnasio, que hoy habrá algo que haga que hoy sea algo más que levantarme, consumir oxigeno y volver a acostarme.
A veces me dicen que eso es la vida adulta, y que soy un ingenuo, un iluso y que me hago daño a mí mismo con estas expectativas irreales. Pero si no podemos soñar... ¿para qué vivir?
jueves, 7 de mayo de 2026
Adaptados a no estar adaptados
El otro día tuve sesión con mi psicologo y hablamos de mogollón de cosas. Entre ellas, de cuando fue el momento en que yo me he visto cómodo y controlando aquí. Y la conclusión de él fue que, nunca. En casi dos años, nunca me he visto bien aquí. Nunca he controlado la situación, nunca he estado seguro... siempre me tocaba defenderme, siempre me tocaba reaccionar, siempre me tocaba adaptarme. No he parado de remar desde que llegué.
Pero eso es solo una nota para recordarmelo en unos meses/años. La parte de que va este artículo es de un comentario que hizo sobre una persona a la que estaba conociendo. Dijo que esa persona, probablemente, está ya adaptada aquí y el que tiene que hacerse su sitio soy yo. Y leía, escuchaba a gente... y pensaba que es cierto. Que mucha gente aquí encuentra su ritmo. Un ritmo extraño, que en pocas ocasiones les hace feliz y que, en general, sueel traducirse como "ir tirando". Tengo mi rutina, hago mis cosas... pero no estoy bien del todo.
Hoy, mi señora me decía que no es capaz de cubrir todas las bases. Que quiere trabajo, entrenamiento, dieta, vida social, viajes... y que no le da la vida. Lo cual es bastante normal; queremos cubrir muchísimo más de lo que, fisicamente, somos capaces de hacer. En buena parte, debido al escaparate de las redes sociales. Ves la casa super mona y divina y no eres consciente de la cantidad de horas de trabajo que tiene para que esté así. Pero el tema al que venía a referirme, respecto a mi señora, es que casi todas las actividades que se plantean aquí son solitarias o, como mucho, con la compañia de alguien que haga lo que nosotros le digamos. Vamos a tal sitio, que me gusta a mí. Vamos a comer esto, que me gusta a mí. En general, si no tenemos espacio para nosotros, imaginaros darle parte de nuestro espacio a otras personas.
Y ese es un error curioso. Los seres humanos somos animales sociales, como estoy harto de decir, y estamos diseñados genéticamente para encontrar placer en la conexión. La soledad, literalmetne, mata. Así que aquí tenemos a montones de gente, corriendo como pollos sin cabeza buscando algo... que está delante de sus narices. ¿Quieres regular tu sueño, tus hormonas y tu felicidad? Conecta con gente. Haz cosas en común que os hagan felices. Sal de tu esquinita, donde haces lo justo y donde comunicas lo mínimo, para poder acercarte a otro ser humano. Como decían en Generación X, una frase que me impresionó mucho de pibe (y que seguro recuerdo fatal), "buscaba sexo, pero solo como una forma de mirar profundamente a los ojos a otro ser humano".
Suerte. Y que os vaya bien. Yo sigo contando para atrás. 14 meses. Ya queda menos.
Pero eso es solo una nota para recordarmelo en unos meses/años. La parte de que va este artículo es de un comentario que hizo sobre una persona a la que estaba conociendo. Dijo que esa persona, probablemente, está ya adaptada aquí y el que tiene que hacerse su sitio soy yo. Y leía, escuchaba a gente... y pensaba que es cierto. Que mucha gente aquí encuentra su ritmo. Un ritmo extraño, que en pocas ocasiones les hace feliz y que, en general, sueel traducirse como "ir tirando". Tengo mi rutina, hago mis cosas... pero no estoy bien del todo.
Hoy, mi señora me decía que no es capaz de cubrir todas las bases. Que quiere trabajo, entrenamiento, dieta, vida social, viajes... y que no le da la vida. Lo cual es bastante normal; queremos cubrir muchísimo más de lo que, fisicamente, somos capaces de hacer. En buena parte, debido al escaparate de las redes sociales. Ves la casa super mona y divina y no eres consciente de la cantidad de horas de trabajo que tiene para que esté así. Pero el tema al que venía a referirme, respecto a mi señora, es que casi todas las actividades que se plantean aquí son solitarias o, como mucho, con la compañia de alguien que haga lo que nosotros le digamos. Vamos a tal sitio, que me gusta a mí. Vamos a comer esto, que me gusta a mí. En general, si no tenemos espacio para nosotros, imaginaros darle parte de nuestro espacio a otras personas.
Y ese es un error curioso. Los seres humanos somos animales sociales, como estoy harto de decir, y estamos diseñados genéticamente para encontrar placer en la conexión. La soledad, literalmetne, mata. Así que aquí tenemos a montones de gente, corriendo como pollos sin cabeza buscando algo... que está delante de sus narices. ¿Quieres regular tu sueño, tus hormonas y tu felicidad? Conecta con gente. Haz cosas en común que os hagan felices. Sal de tu esquinita, donde haces lo justo y donde comunicas lo mínimo, para poder acercarte a otro ser humano. Como decían en Generación X, una frase que me impresionó mucho de pibe (y que seguro recuerdo fatal), "buscaba sexo, pero solo como una forma de mirar profundamente a los ojos a otro ser humano".
Suerte. Y que os vaya bien. Yo sigo contando para atrás. 14 meses. Ya queda menos.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)