El título es, más o menos, una traducción de una cita de Aristóteles. Y me viene muy bien para dar un salto al siguiente episodio, también relacionado con la burbuja.
Hace falta ser buena persona, para alegrarse de los éxitos que no compartimos.
Ayer hablaba con un amigo sobre mi situación y este hombre me decía que, bueno, al menos uno de los factores para mí no es un problema. Lo decía porque, para él, si lo es y lo ha sido durante mucho tiempo. Pero se alegraba sinceramente por mí, apoyaba mi decisión. En lugar de decir, lo habitual "yo si fuera tú, haría esto", asumiendo solo las partes beneficiosas de mi situación e ignorando las negativas, hacía un análisis general y, sobre todo, no me hacía sentir culpable por estar mejor que él en ese aspecto.
Esto es importante. La envidia es una emoción humana y un pecado capital. Pero es algo natural, es una cosa que nos surge. Si mi vecino tiene una casa más grande, mi instinto primigenio será decir "mira el maldito" y limitar mi percepción de él a ese factor que envidio. Como el que tiene más dinero, más tiempo, una mujer más guapa... lo que sea. Es muy facil poner el foco en lo atractivo. Y en una cultura de redes sociales, donde todo se comercializa para llamar la atención, y existe una competición constante fruto de esa parte de la cultura capitalista (el éxito como virtud en sí misma, no como medio para un fin), es contracultural decir "oye, pues Manolito se ha comprado un cochazo y me alegro mucho por él".
Volviendo a la burbujita, no sabemos cuantas horas de trabajo, sacrificio, apaños y esfuerzo tuvo que hacer Manolito para tener su coche. Simplemente vemos el producto. Y queremos y envidiamos el producto, claro. "Yo también". No, si no estás dispuesto a pagar el precio. E incluso aunque estuvieras dispuesto a pagarlo, una vez has atravesado el esfuerzo se vé de otra manera. Por eso quiero dedicar mi admiración a esa persona que, no solo supera la posición de inferioridad desde la que surge la envidia, sino que se permite alegrarme por algo que podría percibirse como éxito del otro. Bien, Manolito, al menos tienes tu coche. En lugar de recurrir a ese, tan doloroso para alguna gente, "no te quejes, que tienes tu coche", despreciando el sufrimiento de la otra persona y anulando la posibilidad de empatizar y de compartir.
Sobre esto de compartir, quería comentar que uno de los principales problemas de soledad en nuestra sociedad surge precisamente de ahí, del egocentrismo. De pensar que todo "va de mí", con lo que cuando una persona te cuenta algo, en lugar de escucharlo e intentar entender su posición, lo analizas desde la tuya. "Que me está contando este tío, si yo tengo X, Y o Z". Hay pocas cosas que hagan sentirse más solo a alguien, que compartir tiempo con alguien que no está ahí. Que no te escucha, no te interpreta, directamente no le importas. Eres apenas público en el drama épico de su vida.
Con lo que, por un lado, gracias a esos amigos que me escuchan, me comprenden, me apoyan. Siempre que voy a Cádiz, durante unos días me los paso desintoxicandome emocionalemnte, tirandole mogollón de basura emocional a la gente que tengo cerca. Que aguanta estoicamente, como campeones, porque me quieren. Y cuando me he desahogado y me he quedado a gusto, entonces puedo hacerles caso, preocuparme por ellos, intentar escucharlos, animarlos. Puedo incluso plantear el futuro, más allá del presente de supervivencia y de "no caer".
Tengo muchísima suerte, muchísima, con tener tanta gente buena en mi vida que me quiere. Y que tiene una mente, tan educada emocionalmente, que puede entender una emoción que no acepta.
Gracías.
Cronicas de un hobbit ario
miércoles, 22 de julio de 2026
Cada uno vivimos en una burbujita
Una de las peores ilusiones que nos genera esta "conexión" en la que vivimos, esta "vida virtual" de la que hablaba Jose Carlos Ruiz, es la idea de que participamos los unos en las vidas de los otros. Y eso es totalmente falso. Sin ir más lejos, la semana que no veo a mí mujer y nos dejamos post-its, me toca "imaginar" como está ella. Porque lo que compartimos es tan poco, que no sé si está agobiada por algo, tiene problemas en el trabajo, la familia... todo eso me llega filtrado, traducido, transplantado.
Ahora vamos a intentar suponer eso con alguien que vive a cientos o miles de kilometros, y con quién interactuo a través de una pantalla. Recuerdo, hace muchos años, cuando charlaba con una persona que ni siquiera sabía si realmente era una persona. Porque lo que conoces, lo que compartes, lo que vives, es ese espacio pequeñito en el que interactuais. Y la vida está llena de cosas. Por ejemplo, yo interactuo con un amigo mío casi todos los días. Nos mandamos algunos audios, qué tal. Lo que yo sé de él es ese ratito que me cuenta, a través de lo que él me cuenta. Si ha tenido un mal día en el trabajo, solo tengo su versión. No solo eso, sino que tampoco tengo contexto. No sé como son las calles por las que camina, no sé como es el clima donde está, no sé como es la gente a su alrededor. Si mi madre, a la que quiero muchísimo, me cuenta que ha discutido con mi hermana, yo soy consciente de que solo tengo una parte de la realidad, la parte que ella me cuenta. Y que, como me la está contando, adapta.
Creo que fue Nietzsche el que dijo que, cuando estamos con gente, siempre actuamos. O quizás fue Mishima. La realidad es que, al igual que sucede con la física cuantica, el mero hecho de observar altera el proceso. Con lo que, al saber que tenemos público, ya actuamos de forma distinta a nuestra naturaleza. Por supuesto, dentro de esto hay grados, desde la gente más necesitada de aprobación pública y más "actor", hasta las personas más indiferentes y naturales. Pero incluso la persona más natural del mundo, cuando tiene gente cerca se vé influenciada por esa presencia.
Así pues, combinando la falta de información y el hecho de que esa información está manipulada, ¿como podemos interactuar con los demás?
Desde un enorme respeto. Desde una enorme tolerancia y comprensión. Como hacemos cuando tratamos un tema que no conocemos, cuando la gente habla de algo de lo que no sé. Escucho y aprendo. Porque muchas veces, desde la certeza de que conocemos algo que no, cometemos errores tremendos.
Recuerdo hace muchos años, navegando, que el Dr Carabot me dio una lección de vida increíble sobre eso. Me dijo que, cuando él llamaba a su mujer, él no sabía si ella había tenido un buen o un mal día. Si estaba preocupada, si había tenido problemas, si no había comido o dormido... así que no podía pedirle atención, ni cariño. Podía pedirle respeto. Lo demás, lo daba ella voluntariamente, y viceversa. Ella tampoco sabía si él llevaba todo el día peleandose con gente, o durmiendo. Me pareció una lección muy bonita sobre lo que es el amor, que consiste en entender al otro, preocuparse porque esté bien (sin que esa preocupación sea empatia suicida) y, sobre todo, comprensión. El amor empieza desde el respeto. Y esto no se refiere solo al amor, vale también para amigos, familia, conocidos, compañeros...
Hay que entender que sabemos muy poquito. Pero que, si entramos en casa del otro, hay que limpiarse los pies en la entrada. Y una vez limpios, entramos para sumar.
Cuidaros mucho.
Ahora vamos a intentar suponer eso con alguien que vive a cientos o miles de kilometros, y con quién interactuo a través de una pantalla. Recuerdo, hace muchos años, cuando charlaba con una persona que ni siquiera sabía si realmente era una persona. Porque lo que conoces, lo que compartes, lo que vives, es ese espacio pequeñito en el que interactuais. Y la vida está llena de cosas. Por ejemplo, yo interactuo con un amigo mío casi todos los días. Nos mandamos algunos audios, qué tal. Lo que yo sé de él es ese ratito que me cuenta, a través de lo que él me cuenta. Si ha tenido un mal día en el trabajo, solo tengo su versión. No solo eso, sino que tampoco tengo contexto. No sé como son las calles por las que camina, no sé como es el clima donde está, no sé como es la gente a su alrededor. Si mi madre, a la que quiero muchísimo, me cuenta que ha discutido con mi hermana, yo soy consciente de que solo tengo una parte de la realidad, la parte que ella me cuenta. Y que, como me la está contando, adapta.
Creo que fue Nietzsche el que dijo que, cuando estamos con gente, siempre actuamos. O quizás fue Mishima. La realidad es que, al igual que sucede con la física cuantica, el mero hecho de observar altera el proceso. Con lo que, al saber que tenemos público, ya actuamos de forma distinta a nuestra naturaleza. Por supuesto, dentro de esto hay grados, desde la gente más necesitada de aprobación pública y más "actor", hasta las personas más indiferentes y naturales. Pero incluso la persona más natural del mundo, cuando tiene gente cerca se vé influenciada por esa presencia.
Así pues, combinando la falta de información y el hecho de que esa información está manipulada, ¿como podemos interactuar con los demás?
Desde un enorme respeto. Desde una enorme tolerancia y comprensión. Como hacemos cuando tratamos un tema que no conocemos, cuando la gente habla de algo de lo que no sé. Escucho y aprendo. Porque muchas veces, desde la certeza de que conocemos algo que no, cometemos errores tremendos.
Recuerdo hace muchos años, navegando, que el Dr Carabot me dio una lección de vida increíble sobre eso. Me dijo que, cuando él llamaba a su mujer, él no sabía si ella había tenido un buen o un mal día. Si estaba preocupada, si había tenido problemas, si no había comido o dormido... así que no podía pedirle atención, ni cariño. Podía pedirle respeto. Lo demás, lo daba ella voluntariamente, y viceversa. Ella tampoco sabía si él llevaba todo el día peleandose con gente, o durmiendo. Me pareció una lección muy bonita sobre lo que es el amor, que consiste en entender al otro, preocuparse porque esté bien (sin que esa preocupación sea empatia suicida) y, sobre todo, comprensión. El amor empieza desde el respeto. Y esto no se refiere solo al amor, vale también para amigos, familia, conocidos, compañeros...
Hay que entender que sabemos muy poquito. Pero que, si entramos en casa del otro, hay que limpiarse los pies en la entrada. Y una vez limpios, entramos para sumar.
Cuidaros mucho.
El cuerpo tira de la cabeza, que tira del cuerpo
Ayer, por fin, conseguí medio dormir de verdad, tener un sueño profundo. Hacía como diez días que no lo conseguía. Me desperté pegado a la almohada, con esa sensación de inconsciencia, de no saber ni donde estoy. Y me sentí increíblemente feliz de ello.
Ya lo había visto venir. El día antes, por la tarde, había estado medio lucido. Sobre las siete, ocho de la tarde estaba quedandome dormido, así que me fui a la cama tempranisimo. No obstante lo cual, a las once y media de la noche me desperté, incapaz de seguir durmiendo, así que me fui al ordenador para intentar adelantar algunas cosas. Sobre las cuatro de la mañana, me dije a mi mismo, ya era hora de volver a intentarlo. Me costó un poco, pero lo conseguí.
Todo esto, para alguien que no sepa de que va, es una locura y una tontería. Alguien que se agobia por nada, que se estresa. Pero no. Es el resultado de pegarse una semana trabajando de 18 a 6, y "durmiendo", de siete a doce, más o menos. ¿Cuanto tiempo puede aguantar el cuerpo así? Pues imagino que bastante. Entre adaptación y post, yo me pego así unas dos semanas. Con suerte, como ahora, consigo reiniciar la cabeza más o menos a las tres noches. Si hoy por la noche consigo dormir de un tirón, o volver a tener sueño profundo, habrá sido un éxito increíble y me felicitaré a mi mismo por ello.
He probado de todo. Meditación, ejercicio, descanso, vitaminas, ayuno, comida fuerte, baño... no consigo reducir el tiempo. Ahora lo que hago, teniendolo más o menos asumido, es planear mi vida teniendo en cuenta ese ciclo. Una semana de trabajo en la que no existo, luego unos 3-4 días en los que no puedo planear nada, porque estoy fisica y mentalmente agotado. ¿Sabéis que el agotamiento físico se siente como una gripe? Sudores fríos, mareo, malestar general. Es como si te hubieran dado una paliza, lo cual no está tan alejado de la realidad.
Y claro, así uno no piensa bien. Dice cosas que no piensa, tiene cambios de humor brusco, comete errores, se despista. También tiene una especie de "revelaciones"; de repente, vemos clarísimo cosas que en otros momentos no nos dariamos cuenta. Esos momentos de lucidez, como el subidón de energía que te da corriendo, no son sostenibles en el tiempo; son un claro entre las nubes. Y pueden parecer que, ahora sí, de verdad, estamos recuperando. Pero es mentira. Con el tiempo, he aprendido a distinguir entre la recuperación real, sostenible, y el pico de energía que te da de repente. Como cuando uno se enciende comiendo, para luego venirse abajo del tirón.
Hay que cuidarse. El sueño es una parte tan importante de nuestro bienestar como la comida, el ejercicio, la actividad mental, el bienestar social. La piramide de Marslow empieza con las necesidades físicas por un motivo, hay que ir de abajo arriba. Hoy es miércoles. He "perdido" dos días, pero es mucho mejor que perder cuatro, que es lo habitual. Ahora toca volver a subir la cuesta. Han sido dos días de comer bien, leer cosas ligeras, entretenerme jugando. Incapaz de leer algo profundo, de pensar mucho, de mantener conversaciones interesantes. Distraido, como un pajaro que salta de una rama a otra, viendo videos tontos o juegos de hacer clic y poco más. He rematado algo de pintura, no sé ni como.
Pero ahora reinicio. Y el cuerpo tira de la cabeza, que tira del cuerpo. Hay que cuidarse. Recordad hacerlo también, entended vuestro cuerpo como el vehículo que pilota vuestra alma ("No tienes un cuerpo, tienes un alma), cuidadlo para disfrutarlo y poder experimentar este viaje que es la vida en toda su plenitud. Haced feliz a los que queréis, dejad que esa felicidad vuelva a vosotros. Abrid los ojos a todo lo bueno que tenéis alrededor. Y sed felices. Es muy bonito poder sentir alegria y hacer llegar esa alegria a los que queréis.
Cuidaros.
Ya lo había visto venir. El día antes, por la tarde, había estado medio lucido. Sobre las siete, ocho de la tarde estaba quedandome dormido, así que me fui a la cama tempranisimo. No obstante lo cual, a las once y media de la noche me desperté, incapaz de seguir durmiendo, así que me fui al ordenador para intentar adelantar algunas cosas. Sobre las cuatro de la mañana, me dije a mi mismo, ya era hora de volver a intentarlo. Me costó un poco, pero lo conseguí.
Todo esto, para alguien que no sepa de que va, es una locura y una tontería. Alguien que se agobia por nada, que se estresa. Pero no. Es el resultado de pegarse una semana trabajando de 18 a 6, y "durmiendo", de siete a doce, más o menos. ¿Cuanto tiempo puede aguantar el cuerpo así? Pues imagino que bastante. Entre adaptación y post, yo me pego así unas dos semanas. Con suerte, como ahora, consigo reiniciar la cabeza más o menos a las tres noches. Si hoy por la noche consigo dormir de un tirón, o volver a tener sueño profundo, habrá sido un éxito increíble y me felicitaré a mi mismo por ello.
He probado de todo. Meditación, ejercicio, descanso, vitaminas, ayuno, comida fuerte, baño... no consigo reducir el tiempo. Ahora lo que hago, teniendolo más o menos asumido, es planear mi vida teniendo en cuenta ese ciclo. Una semana de trabajo en la que no existo, luego unos 3-4 días en los que no puedo planear nada, porque estoy fisica y mentalmente agotado. ¿Sabéis que el agotamiento físico se siente como una gripe? Sudores fríos, mareo, malestar general. Es como si te hubieran dado una paliza, lo cual no está tan alejado de la realidad.
Y claro, así uno no piensa bien. Dice cosas que no piensa, tiene cambios de humor brusco, comete errores, se despista. También tiene una especie de "revelaciones"; de repente, vemos clarísimo cosas que en otros momentos no nos dariamos cuenta. Esos momentos de lucidez, como el subidón de energía que te da corriendo, no son sostenibles en el tiempo; son un claro entre las nubes. Y pueden parecer que, ahora sí, de verdad, estamos recuperando. Pero es mentira. Con el tiempo, he aprendido a distinguir entre la recuperación real, sostenible, y el pico de energía que te da de repente. Como cuando uno se enciende comiendo, para luego venirse abajo del tirón.
Hay que cuidarse. El sueño es una parte tan importante de nuestro bienestar como la comida, el ejercicio, la actividad mental, el bienestar social. La piramide de Marslow empieza con las necesidades físicas por un motivo, hay que ir de abajo arriba. Hoy es miércoles. He "perdido" dos días, pero es mucho mejor que perder cuatro, que es lo habitual. Ahora toca volver a subir la cuesta. Han sido dos días de comer bien, leer cosas ligeras, entretenerme jugando. Incapaz de leer algo profundo, de pensar mucho, de mantener conversaciones interesantes. Distraido, como un pajaro que salta de una rama a otra, viendo videos tontos o juegos de hacer clic y poco más. He rematado algo de pintura, no sé ni como.
Pero ahora reinicio. Y el cuerpo tira de la cabeza, que tira del cuerpo. Hay que cuidarse. Recordad hacerlo también, entended vuestro cuerpo como el vehículo que pilota vuestra alma ("No tienes un cuerpo, tienes un alma), cuidadlo para disfrutarlo y poder experimentar este viaje que es la vida en toda su plenitud. Haced feliz a los que queréis, dejad que esa felicidad vuelva a vosotros. Abrid los ojos a todo lo bueno que tenéis alrededor. Y sed felices. Es muy bonito poder sentir alegria y hacer llegar esa alegria a los que queréis.
Cuidaros.
martes, 21 de julio de 2026
Sobreestimulación y pantallas
Siempre me pasa igual. Empiezo a trabajar y, de repente, no tengo tiempo para nada. Así que, para aprovechar, saco de donde no hay y optimizo al máximo. A tal hora me despierto, a tal hora me cepillo los dientes, a tal hora voy al WC. Suena loquísimo, pero es la única forma que tengo de funcionar, cuando de 24 horas, hay entre 11 y 12 que no son tuyas.
Luego acabo y, el primer día, mantengo la inercia. Y quiero hacer muchísimas cosas y las hago. Normalmente entreno, desayuno, voy al supermercado, pago facturas, resuelvo cosas... a tope. Luego de repente paro, me relajo y me pongo a hacer cosas que me gustan. Pero mantengo el ritmo. Y llega la noche.
Dado que estoy acostumbrado a tener que estar siempre haciendo algo, no sé parar. Miro el movil cincuenta veces. Y llegamos a la situación actual. En la que, estoy jugando a algo, y dado que no puedo esperar, mientras el ordenador pasa un turno de unos seis segundos, me pongo videos. Porque esperar 1/10 de minuto mirando una pantalla es desperdiciar el tiempo.
No es sano. No es bueno. Y afecta a mis niveles hormonales y a mi vida en general. Tengo el vientre hinchado. Se me cae el pelo. Hoy dormí tres horas, entre las 22 y la 1. Y lo más curiosoe es que no sé como pararlo, o quizás no conozco una herramienta que sustituya a la que suelo usar para reiniciar.
Socialización. Hace como veinte años que vengo diciendo que, si me ves conectado, malo. Porque eso significa que no he encontrado otro plan mejor. Yo cuando estoy con gente, haciendo deporte... no miro ningún aparato. Los aparatos son "a falta de algo mejor". Lo triste es que, de un tiempo a esta parte, cada vez hay menos "algo mejor". Y la vida se llena de trabajo y reinicio, de tal forma que hasta para ver una serie me come la pantalla, las notificaciones, los "ti tin".
Hay que salir de ahí. Hay que hacer lo que nos gusta, y hacerlo más. Y hay que dejar que eso nos ayude a reiniciar, calme nuestros nervios y nos deje vivir. Porque sino, petamos de puro agotamiento. Hay que distinguir medios y fines y, simplemente, disfrutar más de la vida. Hay que parar.
Luego acabo y, el primer día, mantengo la inercia. Y quiero hacer muchísimas cosas y las hago. Normalmente entreno, desayuno, voy al supermercado, pago facturas, resuelvo cosas... a tope. Luego de repente paro, me relajo y me pongo a hacer cosas que me gustan. Pero mantengo el ritmo. Y llega la noche.
Dado que estoy acostumbrado a tener que estar siempre haciendo algo, no sé parar. Miro el movil cincuenta veces. Y llegamos a la situación actual. En la que, estoy jugando a algo, y dado que no puedo esperar, mientras el ordenador pasa un turno de unos seis segundos, me pongo videos. Porque esperar 1/10 de minuto mirando una pantalla es desperdiciar el tiempo.
No es sano. No es bueno. Y afecta a mis niveles hormonales y a mi vida en general. Tengo el vientre hinchado. Se me cae el pelo. Hoy dormí tres horas, entre las 22 y la 1. Y lo más curiosoe es que no sé como pararlo, o quizás no conozco una herramienta que sustituya a la que suelo usar para reiniciar.
Socialización. Hace como veinte años que vengo diciendo que, si me ves conectado, malo. Porque eso significa que no he encontrado otro plan mejor. Yo cuando estoy con gente, haciendo deporte... no miro ningún aparato. Los aparatos son "a falta de algo mejor". Lo triste es que, de un tiempo a esta parte, cada vez hay menos "algo mejor". Y la vida se llena de trabajo y reinicio, de tal forma que hasta para ver una serie me come la pantalla, las notificaciones, los "ti tin".
Hay que salir de ahí. Hay que hacer lo que nos gusta, y hacerlo más. Y hay que dejar que eso nos ayude a reiniciar, calme nuestros nervios y nos deje vivir. Porque sino, petamos de puro agotamiento. Hay que distinguir medios y fines y, simplemente, disfrutar más de la vida. Hay que parar.
Algo más grande que uno propio
Hace dos días, España se proclamó campeona del mundo de fútbol. Es un evento histórico, algo que todo el país recordará dentro de muchísimos años. Como sucedió con el mundial de 2010, todo el mundo sabrá donde estaba, que estaba haciendo, que pasaba. Hay amistades que se han forjado en ese partido, que quedarán.
Yo, por mi parte, lo vi currando. Lo cual es bastante coherente con mi situación actual, mi mujer sola en casa agobiada y yo trabajando. Esta es mi vida ultimamente. Lo que no quita que me emocionara muchísimo, que lo pasara fatal, que recordara a Maria Caamaño, a Luis Aragonés y a todos los que ya no están, entre ellos a la persona más importante de mi vida, que se fue precisamente en 2010. Y que me alegrara un montón, tanto por lo que hicieron como por quienes y como son. Preguntaban a Dani Olmo que, qué pensaba de que los argentinos no les hubieran hecho el pasillo, y dijo que bueno, que ellos tienen que representar unos valores, que hay muchos niños viendolos y que ellos quieren transmitir cosas buenas. Como decía Pau Gasol, "Es fantástico hacer que tu país se sienta orgulloso de ti, pero es mejor hacer que el mundo se sienta orgulloso de tu país".
Así que bueno. Me alegro una barbaridad porque sean campeones, porque es un triunfo de gente buena, que se apoya los unos a los otros, gente humilde, trabajadora, sencilla. Gente buena, en general.
Y de eso quería hablar. El seleccionador nacional, Luis de la Fuente, decía en una entrevista que él, sobre todo, ha buscado un grupo humano. Ha buscado gente comprometida, trabajadora, con espíritu de equipo. Gente dispuesta a sacrificarse los unos por los otros, a compartir, a ser responsable. Me gustó cuando decía "es gente con la que puedes irte de viaje, con la que puedes organizar cosas". Porque parece una tontería, pero es algo que escucho mucho, que es difícil convivir, que es difícil compartir, que es difícil organizarse...
Luis de la Fuente parece una persona magnífica. Y en una entrevista, le preguntaron como compaginaba su catolicismo militante con la competición deportiva. Un periodista le dijo que él, sinceramente, no entendía a los creyentes. A lo que el seleccionador le contestó que él tampoco entendía a los ateos. Pero que, ya un poco más en serio, la fé era una parte de su identidad y él construía desde allí.
Hoy, probablemente a rebufo de la figura del seleccionador, me ha aparecido en Facebook (así de viejo soy), un comunicado de la iglesia católica donde se felicita de la actitud de este, y del triunfo de aquellos que creen en algo superior al ser humano. Y pensaba que, realmente, ese es un elemento de la experiencia humana, que una parte de la sociedad pretende ignorar y lo hace conscientemente. De la misma forma que hay una parte de nuestra sociedad que pretende ignorar el impulso reproductivo (y oye, magnífico, pero no deja de ser la racionalización de una conducta anómala), los humanos estamos constituidos para creer en algo. Es nuestro escape al miedo a la mortalidad, la busqueda de la trascendencia. Que también está claramente vinculada al impulso reproductivo, claro. Sabemos que vamos a morir. Pero, ganando una copa del mundo, pasamos a la Historia, que es algo parecido a la inmortalidad. Citando a Brad Pitt actuando como Aquiles, "por eso nadie recordará tu nombre" (al elegir la vida anodina y oscura, en lugar de la Gloria).
Da igual como lo vistamos. Hay gente que cree en Dios, gente que cree en el Estado, gente que cree en la Bondad... cualquier idea o concepto que se nos ocurra con mayúsculas, tiene sentido porque los humanos se lo damos. Es lo que explicaban muy bien en Homo Deux, que el dinero es un constructo social, porque las cosas solo tienen el valor que elegimos darle. Esa abstracción, esa necesidad de imaginar, es algo que define al ser humano. Y, como he dicho muchas veces y seguiré diciendo, hay gente que ha reemplazado la inquisición religiosa por la inquisición dietética/social/x. Hay gente que cree en los alienigenas, en la sanidad publica o en un club de fútbol con celo religioso. Y no me parece mal, simplemente creo que es algo que deberiamos asumir y ver de frente, sin ponerle excusas ni motes.
El ser humano, con contadisimas excepciones, necesita creer en algo/alguien. Y, dentro de la cantidad de monstruosidades que nos surgen, no me parece que el catolicismo del año 2026 sea una de las peores.
Yo, por mi parte, lo vi currando. Lo cual es bastante coherente con mi situación actual, mi mujer sola en casa agobiada y yo trabajando. Esta es mi vida ultimamente. Lo que no quita que me emocionara muchísimo, que lo pasara fatal, que recordara a Maria Caamaño, a Luis Aragonés y a todos los que ya no están, entre ellos a la persona más importante de mi vida, que se fue precisamente en 2010. Y que me alegrara un montón, tanto por lo que hicieron como por quienes y como son. Preguntaban a Dani Olmo que, qué pensaba de que los argentinos no les hubieran hecho el pasillo, y dijo que bueno, que ellos tienen que representar unos valores, que hay muchos niños viendolos y que ellos quieren transmitir cosas buenas. Como decía Pau Gasol, "Es fantástico hacer que tu país se sienta orgulloso de ti, pero es mejor hacer que el mundo se sienta orgulloso de tu país".
Así que bueno. Me alegro una barbaridad porque sean campeones, porque es un triunfo de gente buena, que se apoya los unos a los otros, gente humilde, trabajadora, sencilla. Gente buena, en general.
Y de eso quería hablar. El seleccionador nacional, Luis de la Fuente, decía en una entrevista que él, sobre todo, ha buscado un grupo humano. Ha buscado gente comprometida, trabajadora, con espíritu de equipo. Gente dispuesta a sacrificarse los unos por los otros, a compartir, a ser responsable. Me gustó cuando decía "es gente con la que puedes irte de viaje, con la que puedes organizar cosas". Porque parece una tontería, pero es algo que escucho mucho, que es difícil convivir, que es difícil compartir, que es difícil organizarse...
Luis de la Fuente parece una persona magnífica. Y en una entrevista, le preguntaron como compaginaba su catolicismo militante con la competición deportiva. Un periodista le dijo que él, sinceramente, no entendía a los creyentes. A lo que el seleccionador le contestó que él tampoco entendía a los ateos. Pero que, ya un poco más en serio, la fé era una parte de su identidad y él construía desde allí.
Hoy, probablemente a rebufo de la figura del seleccionador, me ha aparecido en Facebook (así de viejo soy), un comunicado de la iglesia católica donde se felicita de la actitud de este, y del triunfo de aquellos que creen en algo superior al ser humano. Y pensaba que, realmente, ese es un elemento de la experiencia humana, que una parte de la sociedad pretende ignorar y lo hace conscientemente. De la misma forma que hay una parte de nuestra sociedad que pretende ignorar el impulso reproductivo (y oye, magnífico, pero no deja de ser la racionalización de una conducta anómala), los humanos estamos constituidos para creer en algo. Es nuestro escape al miedo a la mortalidad, la busqueda de la trascendencia. Que también está claramente vinculada al impulso reproductivo, claro. Sabemos que vamos a morir. Pero, ganando una copa del mundo, pasamos a la Historia, que es algo parecido a la inmortalidad. Citando a Brad Pitt actuando como Aquiles, "por eso nadie recordará tu nombre" (al elegir la vida anodina y oscura, en lugar de la Gloria).
Da igual como lo vistamos. Hay gente que cree en Dios, gente que cree en el Estado, gente que cree en la Bondad... cualquier idea o concepto que se nos ocurra con mayúsculas, tiene sentido porque los humanos se lo damos. Es lo que explicaban muy bien en Homo Deux, que el dinero es un constructo social, porque las cosas solo tienen el valor que elegimos darle. Esa abstracción, esa necesidad de imaginar, es algo que define al ser humano. Y, como he dicho muchas veces y seguiré diciendo, hay gente que ha reemplazado la inquisición religiosa por la inquisición dietética/social/x. Hay gente que cree en los alienigenas, en la sanidad publica o en un club de fútbol con celo religioso. Y no me parece mal, simplemente creo que es algo que deberiamos asumir y ver de frente, sin ponerle excusas ni motes.
El ser humano, con contadisimas excepciones, necesita creer en algo/alguien. Y, dentro de la cantidad de monstruosidades que nos surgen, no me parece que el catolicismo del año 2026 sea una de las peores.
Que tramáis, morenos
Llevo unos días hablando con mi señora sobre la amistad, lo difícil que es hacer amigos de adultos y como la gente vive cada vez más aislada. Curiosamente, es de los pocos aspectos de mi vida en que he sido consistentemente éxitoso y afortunado (no necesariamente en ese orden), lo cual me cuesta entender las carencias, pero las entiendo perfectamente. Me decía el otro día un taxista, que uno debe tener pocos amigos porque la gente se mueve por interés, y es muy difícil tener confianza de verdad y poder apoyarse los unos en los otros.
Lo curioso es que, cuando la gente dice esas cosas, lo hace desde una posición de virtud. Entendiendo que, nosotros, si estamos disponibles para los demás y se pueden apoyar en nosotros. Es como aquella conferencia que dí, donde decía que dabamos por hecho que la disposición de los demás hacia nosotros era hostil. Cuando, por defecto, los demás son indiferentes a nosotros. Les damos igual.
No creo que la gente elija conscientemente aprovecharse de los demás. Debe haber gente así, pero no creo que alguien diga "voy a hacerme amigo de este tío, que seguro que me invita a cervezas". No. Creo que, más bien, determinadas actitudes se dan por hecho, las relaciones evolucionan hacía unas dinámicas de poder y, alguna gente, tiene la cara muy dura. No por maldad, sino por comodidad. Soy de la opinión de que, como decía el otro día a una amiga, "la pereza es el pecado que nos salva de cometer muchos de los otros". En nuestro cuento, todos somos los buenos.
Así que efectivamente, no creo que sea dificil hacer amigos, sino que es dificil hacer el esfuerzo de compartir, conectar, cuidarse, escuchar. Todos queremos recibir, pero pocos queremos dar y, cuando damos, lo hacemos con una factura anexa que acaba siendo incomoda. Y bueno, también es verdad que tiene que ver con nuestros margenes culturales. Aquí donde estoy, veo que todo vale dinero y todo supone mucho esfuerzo. Así que las relaciones se vuelven transacionales porque es el idioma local, el de hacer algo a cambio de algo. Y así es muy difícil construir emociones porque, al contrario de lo que parecemos pensar en esta época de optimización, materialismo y egoismo, somos animales sociales, diseñados para alegrarnos y entristecernos en grupo, construir historias y narrativas y, sobre todo, enfrentar la muerte a través de la eternidad de la vida en familia.
Pero me he ido un poco, eso va en otro artículo. Lo que quería decir, para resumir, es que dar por hecho que la gente que conocemos va a usarnos es un obstaculo terrible para hacer amistades. Que, como decía Javier Marías, a veces un caballero tiene que dejarse engañar. Y que somos menos malos de lo que nuestro sistema y nuestros miedos nos hace creer.
Lo curioso es que, cuando la gente dice esas cosas, lo hace desde una posición de virtud. Entendiendo que, nosotros, si estamos disponibles para los demás y se pueden apoyar en nosotros. Es como aquella conferencia que dí, donde decía que dabamos por hecho que la disposición de los demás hacia nosotros era hostil. Cuando, por defecto, los demás son indiferentes a nosotros. Les damos igual.
No creo que la gente elija conscientemente aprovecharse de los demás. Debe haber gente así, pero no creo que alguien diga "voy a hacerme amigo de este tío, que seguro que me invita a cervezas". No. Creo que, más bien, determinadas actitudes se dan por hecho, las relaciones evolucionan hacía unas dinámicas de poder y, alguna gente, tiene la cara muy dura. No por maldad, sino por comodidad. Soy de la opinión de que, como decía el otro día a una amiga, "la pereza es el pecado que nos salva de cometer muchos de los otros". En nuestro cuento, todos somos los buenos.
Así que efectivamente, no creo que sea dificil hacer amigos, sino que es dificil hacer el esfuerzo de compartir, conectar, cuidarse, escuchar. Todos queremos recibir, pero pocos queremos dar y, cuando damos, lo hacemos con una factura anexa que acaba siendo incomoda. Y bueno, también es verdad que tiene que ver con nuestros margenes culturales. Aquí donde estoy, veo que todo vale dinero y todo supone mucho esfuerzo. Así que las relaciones se vuelven transacionales porque es el idioma local, el de hacer algo a cambio de algo. Y así es muy difícil construir emociones porque, al contrario de lo que parecemos pensar en esta época de optimización, materialismo y egoismo, somos animales sociales, diseñados para alegrarnos y entristecernos en grupo, construir historias y narrativas y, sobre todo, enfrentar la muerte a través de la eternidad de la vida en familia.
Pero me he ido un poco, eso va en otro artículo. Lo que quería decir, para resumir, es que dar por hecho que la gente que conocemos va a usarnos es un obstaculo terrible para hacer amistades. Que, como decía Javier Marías, a veces un caballero tiene que dejarse engañar. Y que somos menos malos de lo que nuestro sistema y nuestros miedos nos hace creer.
martes, 14 de julio de 2026
Exceso de compromiso
Esta mañana, a las cinco y media, tuve una discusión que quizás me la podría haber ahorrado. Mi compañero y gestor, el "manager", llegó y se encontró sumamente decepcionado que yo no me había pasado toda la noche trabajando como a él le gustaría. Es un mundo duro y, lamento decirlo compañero, pero no todo el mundo está aquí para hacer las cosas como a ti te gustarían. Además es curioso, porque una frase que dijo "esto sería fácil si todos pusieran de su parte", es algo que también he escuchado alguna vez a mi señora. Y descubrí una forma maravillosa de contestar a eso.
"Y si mi madre tuviera tres ruedas, sería un triciclo".
Porque efectivamente, el mundo no es como nos gustaría que fuera. Es como es. La gente trabaja en los margenes que tiene y dentro de sus capacidades, y querer que el mundo sea distinto es tan útil como el cenicero de una moto. Uno tiene que arremangarse y aceptar la realidad como viene. Y sobre todo, intentar proyectar nuestras prioridades y que la gente las comparta es una forma muy fácil de meterse en problemas.
Hace muchos años, cuando acabamos nuestra formación, un compañero decidió que su familia estaba por delante de todo. Así que, recién salido de la escuela, con su diploma debajo del brazo, buscó como trabajar lo menos posible y conseguir el menor prestigio profesional. Yo lo observaba (eramos amigos), y pensaba que no lo entendía, pero que probablemente en su cabeza todo tenía sentido. Años después lo entendí. No sé si lo comparto, porque cada uno de nosotros vive la vida conforme a lo que cree que es la mejor manera posible. Pero entiendo que, lo que no es una solución para mí, puede serlo para otras personas.
Eso es algo que, quizás, mi compañero aprenderá con el tiempo. O no. Pero esta mañana le dije, de forma muy educada, que su grado de compromiso me parece magnífico pero que no lo comparto. Yo tengo otras prioridades y, sinceramente, dado el entorno de trabajo en el que me muevo no considero que sea injustificado. Efectivamente, si todos ponemos de nuestra parte el mundo será mejor. Pero me resulta curioso que, cuando la gente usa frases como esas, rara vez se refiere a si mismo. Lo que está diciendo es "yo lo hago todo bien, ¿por qué no lo hacéis como yo?".
Lo cual, desde el otro lado de la barrera, resulta sinceramente poco impresionante.
Así que lo siento. Entiendo que todos vivimos en mundos de nuestra cabeza pero, honestamente, yo no quiero vivir en la de nadie. Ya me llega con la mía, gracías.
"Y si mi madre tuviera tres ruedas, sería un triciclo".
Porque efectivamente, el mundo no es como nos gustaría que fuera. Es como es. La gente trabaja en los margenes que tiene y dentro de sus capacidades, y querer que el mundo sea distinto es tan útil como el cenicero de una moto. Uno tiene que arremangarse y aceptar la realidad como viene. Y sobre todo, intentar proyectar nuestras prioridades y que la gente las comparta es una forma muy fácil de meterse en problemas.
Hace muchos años, cuando acabamos nuestra formación, un compañero decidió que su familia estaba por delante de todo. Así que, recién salido de la escuela, con su diploma debajo del brazo, buscó como trabajar lo menos posible y conseguir el menor prestigio profesional. Yo lo observaba (eramos amigos), y pensaba que no lo entendía, pero que probablemente en su cabeza todo tenía sentido. Años después lo entendí. No sé si lo comparto, porque cada uno de nosotros vive la vida conforme a lo que cree que es la mejor manera posible. Pero entiendo que, lo que no es una solución para mí, puede serlo para otras personas.
Eso es algo que, quizás, mi compañero aprenderá con el tiempo. O no. Pero esta mañana le dije, de forma muy educada, que su grado de compromiso me parece magnífico pero que no lo comparto. Yo tengo otras prioridades y, sinceramente, dado el entorno de trabajo en el que me muevo no considero que sea injustificado. Efectivamente, si todos ponemos de nuestra parte el mundo será mejor. Pero me resulta curioso que, cuando la gente usa frases como esas, rara vez se refiere a si mismo. Lo que está diciendo es "yo lo hago todo bien, ¿por qué no lo hacéis como yo?".
Lo cual, desde el otro lado de la barrera, resulta sinceramente poco impresionante.
Así que lo siento. Entiendo que todos vivimos en mundos de nuestra cabeza pero, honestamente, yo no quiero vivir en la de nadie. Ya me llega con la mía, gracías.
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