viernes, 11 de septiembre de 2026

Indicadores de ansiedad

Hace batante tiempo comenté que, si paso mucho tiempo en el ordenador, malo. Si hago eso es porque no tengo algo mejor que hacer, como ir a hacer deporte, leer algo que me gusta, estar con algún amigo... si tengo un plan "bueno", ignoro totalmente el ordenador. O la tele. O las redes sociales. Siempre voy a preferir estar presente con la persona que tengo al lado que prestarle atención a alguien que está a miles de kilometros. Salvo que sea un familiar que me necesite o alguien a quién quiero mucho de quién me veo momentaneamente separado (he tenido alguna pareja a distancia, sé como va).
Lo que quiero decir, como decía José Carlos Ruiz (si no lo habéis visto, buscadlo), que el mundo virtual no se impone al mundo real.
Salvo, y aquí viene el asunto del tema, que mis necesidades de evasión sean terriblemente altas. Si me paso mirando el móvil cada cinco minutos, si me paso buscando algo que hacer... es un indicador de que estoy muy agobiado. Me pasa en el trabajo, que en cuanto no estoy enfrentando una situación meto mano al bolsillo. Me pasa esperando el metro, que no sé estar mirando al vacío. Tengo que tener algo entre las manos. Y es interesante que seamos consciente de esas cosas, de esas señales que nos damos a nosotros mismos. Y saber que, cuando pasa eso, hay que encontrar como disminuir la tensión, no aumentarla.

miércoles, 9 de septiembre de 2026

Conciencia y entorno

Ayer tuve una conversación muy interesante, que arrancó por una cita de Jimmy Carr. Preguntado por un consejo para superar una separación, Jimmy Carr dijo que lo sentía mucho. Que nuestra identidad es algo distribuido, porque somos de manera distinta en el trabajo, con nuestra familia, con nuestros amigos... y que ese "reflejo" de quién somos es lo que nos devuelve nuestra identidad. (Luego decía algo muy interesante sobre qué, cuando te separas de alguien, no solo la pierdes a ella sino a quién tu eras con ella, y echas de menos lo que te hacía sentir y como te veías a ti mismo. Pero esto se sale del tema).
Lo que venía a decir es que la identidad viene devuelta, reflejada. Mi interlocutor dijo que eso era la consciencia, nuestra capacidad de identificarnos a nosotros mismos. Este soy yo. Pero decía que hay dos tipos de consciencia, la que se impone sobre el entorno y es permanente y la que viene condicionada por el entorno y es más débil. Me decía que, mi piso en San Fernando, es parte de mi identidad. Tengo un sitio al que volver. No por el piso en sí, sino por lo que supone para mí. Con lo que efectivamente, una parte de nuestra identidad es fija y viene determinada por como nos vemos a nosotros mismos, pero la otra está en cambio constante.
En cierto sentido, es lo que ya he escrito aquí varias veces sobre los personajes del juego de rol "Vampiro La Mascarada", donde tenías una conducta variable y una naturaleza semi permanente. Actuamos de determinada forma en determinados entornos, pero nuestra forma de ser se mantiene constante, nuestros valores y nuestra... ¿esencia?
Es un tema interesante. Que viene muy bien para entender mi actual proceso de sufrimiento, en el cual el entorno me condiciona a actuar de formas que me resultan aberrantes, la falta de referencias (de "reflejos") minan mi autoestima y mi conciencia y la falta de "alimento social" me obliga a pasar demasiado tiempo "entretenido". Distraido, que no ocupado. Falto de proceso, de sistema, de objetivos. Simplemente sobrellevandolo, reaccionando, en una suerte de pasividad infeliz.
¿Lo bueno? Que pasa. Y que, efectivamente, la naturaleza de nuestra identidad nos devuelve a quién y como somos. Pero me pareció algo interesante para compartir.

martes, 8 de septiembre de 2026

Viviendo en la ansiedad

La actividad social es un músculo entrenado, como tantísimas actividades. Cuando uno tiene poco, se oxida y cualquier cosa resulta un esfuerzo excesivo.
Sucede lo mismo con la planificación. Hoy tengo dos actividades. No son nada especial ni importante, de hecho son hasta cómodas. Pero todo el día gira en torno a ellas; hay que entrenar, comer y organizarse de forma que no fallemos. Así mismo, ya está en el horizonte la semana que viene de noches, cuando no dispondré de ningún minuto del día para mí. Así que hay que planear y organizar todo esta semana para que la que viene no me quede nada pendiente o que tenga que resolver.
Es terrible. Vivo ansioso por la ansiedad que llegará. Me preocupa lo que me tiene que preocupar en el futuro. Es absurdo y ridículo, pero en cierto sentido no puedo evitarlo, como un placebo que uno sabe que lo es, pero no por ello deja de hacer efecto.
El elemento principal es la falta de perspectiva. El musculo, poco entrenado, de estar en control de la vida propia aquí. Todo es reactivo, todo es miedo, todo me viene dado. Yo no decido, no dirijo, no actuo, no avanzo. Estoy coordinando alquilar un sitio. Hasta eso resulta una aventura, porque mi capacidad para desplazarme aquí no depende de mí; depende del metro, del taxi, de lo que yo pague y de que el entorno me lo permita. La conciencia, siendo dominada por el entorno. No me proyecto yo sobre mi situación; mi situación me empuja por todos lados, como una cascara de nuez en el mar.
Y así me siento. El pajaro no confía en la rama; confía en sus alas. Pero cuando tus alas no te permiten confiar... cada ráfaga de viento te hace clavar las garras en la rama, porque si se suelta te caes.
Sobreviviendo. No viviendo, sobreviviendo.

lunes, 7 de septiembre de 2026

Normas sociales

El otro día hablaba con una amiga que existen tres niveles de control social. La primera es la incomodidad social, lo que haces y la gente te mira mal, critica, les molesta. Son infracciones menores, como tirar la basura fuera de horario o aparcar el coche en doble fila un momento.
La segunda es la censura social. Son las cosas que no quieres que se enteren tus padres que has hecho. Aún no conllevan una acción legal, pero son cosas que ponen en peligro tu estatus y tus relaciones dentro de la comunidad. Relacionarse con una chica con una gran diferencia de edad, robar en el trabajo... seguro que se os ocurre algo que, si un amigo vuestro lo hiciera, os plantearíais si de verdad es el tipo de persona con la que queréis mantener una amistad.
La tercera son las consecuencias legales. Son acciones tan graves, que la sociedad considera que debe establecerse un procedimiento para castigar a cualquiera que las realice, con un castigo ejemplar que desincentive su ejecución. Y esto no es poca cosa. Incluso las dictaduras más bananeras tienen jueces y cortes, registros y procesos. La justicia como tal es una parte importante de toda sociedad, porque si no hay una secuencia lógica de acción y castigo, la lección que relaciona acción censurable y castigo no se percibe.
A proposito de esto, recuerdo comentar que uno entiende como de cohesionada internamente está una sociedad en base a como se alinean estos tres grados. A su vez, uno entiende la dinámica interna de una sociedad viendo como se aplican. Alguien que sea observador se habrá dado cuenta de que, en los tres niveles, existe un elemento más; el margen de interpretación. Una acción sujeta a consecuencias legales debe ser una acción absoluta, evidente e irrebatible. Es blanco y negro. Mientras que, a medida que vamos bajando la escala, el margen de interpretación aumenta. La censura social puede ser ejercida o no y está sujeta a criterios muy variables. Hace veinte años ser gay te condenaba al ostracismo social más absoluto, mientras que ahora está tolerado. E incluso acciones totalmente reprensibles en una comunidad pueden ser aceptadas en otra, siendo un caso totalmente extremo el de las familias de los violadores de Rotherham, que consideraban que los hombres de su familia no habían hecho nada malo.
Y este es el siguiente elemento del que quería hablar. Las sociedades construyen sus normas de abajo arriba y de arriba abajo, principalmente por cuestiones de necesidad. Una sociedad de pastores nomadas en el desierto impondrá castigos absolutamente draconianos a aquellos que envenenen los pozos, poniendo en peligro a la comunidad presente y futura, mientras que puede ser más tolerante en cuestiones que a nosotros nos parecerían aberrantes. Nada existe en el vacío, todo es un equilibrio de necesidades y deseos. Pero es importante, para que vivamos con una cierta percepción de justicia, que nuestra visión cultural y la de aquellos de nuestro entorno estén alineadas con los de la comunidad en la que vivimos. En caso contrario, siempre surgirá una cuestión de legitimidad, que pondrá en riesgo toda capacidad de convivencia.

Vuelta a la oscuridad

Hoy fui de vueltecita a mi trabajo a arreglar algunas cosas y, lo primero que pensé, fue que feas son las calles. Es curioso. No solemos pensar mucho en como el entorno nos afecta moralmente, más allá del clima o el ruido o cosas así como muy extremas. Pero por debajo de eso existe una sensibilidad de fondo, de lo que vemos y como lo vemos. En mi caso, que aún estoy medio fino y no tengo el cerebro totalmente embotado de estrés, hoy me permitió darme cuenta de algo que Javi Franco explica muy bien.
El metro quita años de vida.
Al principio de moverme a ciudades grandes me sentí fascinado por el metro. Wow. Transporte público barato, masivo, rápido. En un entorno cerrado y oscuro, como de película. Pero enseguida perdió la novedad, claro. El metro es muy buen ejemplo de las ciudades grandes y de como se perciben. Y a su vez, de diferencias sociales. Cualquiera que puede permitirselo evita el metro, eligiendo el coche, lo que conlleva atascos y tráfico infernal. Los que no tenemos más remedio que ir bajo tierra, nos reunimos en cábalas oscuras, deprimentes, de gente enganchada a su móvil evitando mirarse los unos a los otros. Estudiantes y jubilados, gente de bajos ingresos, el metro es un lugar cuando menos curioso. Y efectivamente el estar a la defensiva, el ruido... es una fuente más de estrés en un entorno de por sí bastante estresante.
Pero no es solo eso. Hace unos meses me di cuenta de que aquí las calles no están empedradas. Son de una película de asfalto, igual a la carretera, y se rompen bastante a menudo. Tampoco están lisas, con lo que toda el mero hecho de andar implica una cierta dificultad. No que tengamos ochenta años, pero hace una semana yo iba al centro de la ciudad paseando, sin tener coches a treinta centimetros, por espacios amplios donde podía ver a mi alrededor y entre gente que no percibía como una amenaza, y eso se acabó. Es un buen recuerdo y, quizás en unos meses, vuelva a vivirlo.
Ahora toca otra situación. A la vuelta del trabajo pasé por el supermercado, donde muchísima gente paga en metálico porque tienen actividades económicas dificiles de declarar. Embozados y embozadas, adolescentes inquietantes, una de cada tres personas que te cruzas es una amenaza potencial. Sales a la calle y esquivas al loco, al borracho, al inquietante. Y una vez sales de allí llegas a tu calle, deseando entrar en casa, quitarte los zapatos y descansar un poco, antes de salir otra vez.
Semanas y meses de esto me esperan. Porque cuando llego al trabajo está un poco mejor.. hasta que la gente empieza a meterse en tu vida y querer arreglarte cosas que nadie le ha pedido que te arreglen. O a pasarte por la cara cosas que tu no tienes y que te gustaría tener.
En general, esto ha sido un guantazo de realidad. Y ahora que aún tengo el cerebro medio fino, antes de que las capas de estrés y las noches sin dormir me vuelvan a enterrar, aprovecho y escribo, reflexiono, pienso, vivo. El otro día decía un amigo mío que, dejar de leer, es algo que nos está pudriendo el alma. No le falta razón. Estas semanas que he podido descansar y encontrarme bien he sido más yo mismo; he cuidado de mi gente, he hecho cosas, hasta he tenido energía para algún proyecto futuro. No va a durar. Pero ha estado genial y lo celebro. Gracias a Carlos, gracias a Hanae, gracias a Sergio, Paco, David, Yoli y tantos y tantos que me han hecho sentir querido, valorado y especial. Gracias. Decía ayer Ira que me veo más alto, y es porque he dejado de andar encogido. Gracias.

La necesidad de explicarles a los demás como vivir

Hace un rato estaba viendo un video sobre una entrevista a una mujer, cuyas dos hijas hacen Onlyfans. ¿Hacen? ¿Trabajan? No tengo claro que verbo usar para referirse a dicha actividad. El caso es que, viendo los comentarios, había algunos indicando "estoy viendo la decadencia de Occidente" o "que miseria humana".
Señores, ¿son conscientes de que, sin demanda, no existe oferta? Si esa mujer plantea ese modelo de negocio, es porque entiende que es interesante. Si su afición es, no sé, hacer origami, no le van a entrevistar en la televisión porque Ud y sus hijos hagan origami y lo comercialicen. Que por cierto, la palabra española es "papiroflexia", y no tengo muy claro cual me gusta más. Probablemente ambas. Pero que me despisto.
Lo que quería decir. Dejando de lado que todo lo relacionado con la sexualidad ejerce un atractivo morboso importante, quizás deberiamos de plantearnos varias cosas ante la exposición en redes sociales.
Punto uno. La opinión de Alguien Alguienez_22 no le importa a nadie. O citando a un sabio "si lo que vas a decir no es mejor que el silencio que vas a romper, callate". Entiendo que todos nos sentimos protagonistas de nuestras historias y consideramos que, obviamente, nuestro punto de vista sobre cualquier tema es de una importancia capital. Para nosotros mismos. Quizás para nuestra familia y amigos. Pero a mí, que lo leo intentando aprender o descubrir algo, pues su opinión no me aporta nada.
Punto dos. Policia moral. Toda sociedad define reglas, y el mantenimiento de dichas reglas es responsabilidad de todos. Una sociedad sana es aquella que cuida y protege a sus miembros más débiles, que cuida los espacios comunes y cuyos miembros se preocupan los unos por los otros. Todo esto es sano y parece que contradice el punto uno, excepto en un pequeño detalle. ¿Quién define y protege esas reglas? Porque, si bien en terminos generales todos podemos estar de acuerdo, los particulares ya se ponen un poco más complicados y, en muchas ocasiones, no agradecen esas demostraciones de celo justiciero por parte de Alguien Alguienez_22. Es decir, que seguro que si Ud está en el salón de su casa y su madre, que piensa igual que Ud, lo vé indignarse dirá "qué bien educado está Alguien, he hecho bien mi trabajo", con lo que su compromiso moral con los valores de su sociedad se vé reforzado. Pero tengo una mala noticia para Ud, caballero. Internet no es el salón de su casa, aunque muchas veces Ud piense que es así.
Punto tres. Enfoque holístico. Esta es una palabra que, al igual que resiliencia, se puso de moda y se usa para todo. Pero en este caso, viene a decir que cuando uno enfoca un tema, es importante hacerlo desde varios puntos de vista y con diferentes perspectivas. La situación original habla de un modelo de negocio, de una situación familiar y de una visión de la intimidad y la sensualidad. Todos esos temas contienen diferentes elementos y deberían ser analizados en grupo y por separado. Si quiere, por así decirlo, descomponerlo por una parte y analizar solo una sección (no sé, ¿qué opino de que los padres orienten la carrera de los hijos?), es interesante. Pero intentar enfocar un asunto con tantas facetas desde un punto de vista solo, o simplificandolo hasta el extremo de que convertirlo en una carícatura, lo único que hace es desmerecer al autor del análisis/comentario. De la misma forma que hoy en día observamos noticias analizadas, no ya desde un sesgo cognitivo, sino directamente dirigidos a una narrativa concreta, esa suerte de buenos y malos, blancos y negros del que hablo en el punto dos se confirma aquí. De tal forma que un tema no da pie a un debate, sino una narrativa concreta da pie a un debate que da pie a una noticia. Hemos invertido el orden de los hechos, de forma que vivimos en camaras de eco donde, más que observar la realidad, la filtramos a nuestra visión del mundo. No traducimos, sino que mutilamos. Y eso, aplicado a un tema cualquiera, hace que sea muy pero muy difícil intentar establecer una conversación entre dos personas que no piensan exactamente igual.
Así pues, haganme un favor. Salgan a dar un paseo, tomen un poco el aire, disfruten de la vida. Y dejen de meterse en lo que los demás hacen, dicen, piensan o viven, si no es para aportar algo positivo a este mundo que ya está lleno de demasiada soledad, oscuridad, miedo y tristeza.

domingo, 6 de septiembre de 2026

Que loco se vé desde fuera

He ido a Cádiz unos días porque mi señora necesitaba espacio. Espacio físico, porque recibía visitas y no cabiamos. Así que me he ido unos días a casa, con un amigo... y cuando he vuelto no reconozco mi vida.
Recordaba cuando iba a Madrid y me pasaba parecido. Cuando descansaba tanto que no entendía volver. Que no sabía porqué la gente corría, no entendía porqué había tanto ruido... mentalmente ya me había ido y estaba reiniciando. Como si todo fuera nuevo.
En cierto sentido, me pasa eso. Y me doy cuenta de cuanto de mi éxito depende de mi estabilidad. De mi capacidad de dormir, comer, descansar. De poder parar y señalar cosas y decir "esto no es urgente" o "esto lo hacemos así".
También me doy cuenta de lo difícil que es el pensamiento abstracto cuando estás agotado. Cuando simplemente reaccionas y eres capaz de conectar información, de analizar cosas. Cuanto necesita uno dormir, comer, hacer algo más que estar delante de una pantalla. Llevo apenas un día aquí y ya me empiezo a notar agotado, ya me cansa. Pero lo que me cansa, sobre todo, es la desconexión.
Decía mi psicologo que la depresión es, basicamente, desconexión. Desconexión de tus objetivos, de tu vida, de tu gente, de tu espacio. Una vez aislas a una persona lo suficiente, ya no tienes que preocuparte de hacerle daño; ella sola se va a destrozar. El ser humano no está diseñado para estar solo y a la deriva. Necesitamos algo en lo que creer, alguna narrativa que nos dé sentido. Algo.
Apenas llevo aquí un día y ya lo noto. En Cádiz, incluso cuando estoy totalmente aburrido, me tumbo a leer y reinicio la cabeza. Hay ruido en la calle, gente que pasa, coches, conversaciones. Bajo al supermercado o a comprar el pan, y esa interacción lleva a otra. El sitio es agradable, puedo caminar, me apetece deambular. El sitio me mueve los pies.
También hay un clima de verdad. Me sorprendió que, debido a que no llevaba camisetas suficientes, pasé un par de días con ropa sucia. Y eso, que en principio era asqueroso e insoportable, al final no lo fue tanto. Me permitió reiniciar, conectar conmigo mismo. El hecho de que el entorno me afecte y eso no sea una amenaza es un cambio tremendo, te permite relajarte y verlo de otra manera.
Ha sido un tiempo maravilloso. Y se ha acabado. Y me quedan meses hasta que vuelva a tener un momento como ese. Ahora lo que toca son semanas de trabajo, soledad, frío, tristeza. De no tener conversaciones interesantes, de mirar hacía fuera y no hacía adentro. De no leer (han caído tres libros en semana y media), de no escuchar, de no pensar.
Es muy loco cuando estás fuera y lo ves desde allí. Sobre todo porque, aunque todo el mundo tiene su historia y cada historia es distinta, la tuya no se parece en nada. Así que durante un momento es como si fueras, mínimo, dos personas. Y al menos una de ellas no me acaba de caer bien.