Es muy interesante como en nuestra cultura coinciden dos ideas. Una, que la salud y el bienestar son sistemas holísticos netamente integrados. Dos, que la salud y el bienestar funcionan como si fueran cosas. Entendemos que todo existe en dos estados, funcional o roto, bien o mal, dentro o fuera. Pensar en terminos binarios, en general, tiene sus ventajas a la hora de explicar cosas simples o de reducir complejidad... pero en algunos casos no funciona.
Hola, soy un hobbit ario y me estoy cayendo a pedazos.
Es relativamente normal. Llevo semanas, meses, años en un nivel de estrés absurdo. Se me cae el pelo desde hace, por lo menos, dos años. Llevo un año y pico durmiendo bien, con suerte, cinco o seis días al mes. Mi sistema digestivo es un desastre. Ahora han empezado problemas circulatorios; de repente se me quedan dormidos los pies o las manos. Los hombros se me engarrotan. Veo borroso, hasta el punto de que estas Navidades espero ir a revisión de la vista y, quizás, tener que ponerme gafas permanentemente.
Todo esto tiene componentes internos y externos. Hay un motivo objetivo de estrés y luego hay motivos subjetivos. Los últimos son trabajables y llevo mucho haciéndolo; con la ayuda de un profesional reduciendo expectativas, afrontando situaciones, poniendo límites. Hay otros que son externos y son inevitables. Las condiciones laborales son las que son. Los condicionantes económicos y sociales son los que son. El clima y el entorno son los que son.
Todo eso son circunstancias que uno debe asumir, de una en una, y resolver. No se van a volver más faciles, no van a mejorar. Pero el desgaste, real, solo puede ser enfrentado desde posiciones de optimismo. Uno debe creer que la vida va a mejorar porque, si todo es sufrimiento, ¿qué sentido tiene? ¿donde está esa justificación que ayude a entender esta cruz?
Este artículo es solamente una piedra de hito. Algo que recordar, ojalá, dentro de un tiempo cuando haya tiempos mejores. Hoy es un lunes muy lunes. Pero en cierto sentido, el poder sentarse y escribir esto, el tener la capacidad de registrarlo es un éxito menor. Es la señal de que no todo está TAN mal, cuando tengo un momento para poder quejarme.
Cuidaros mucho. El mundo no os va a perdonar si no lo hacéis.
Cronicas de un hobbit ario
lunes, 15 de diciembre de 2025
miércoles, 19 de noviembre de 2025
Inteligencia económica
El otro día hablaba con un colega que sería complicado para mí ejercer de Warcor de Infinity en Cádiz. Me gustaría, porque la verdad que siento pasión por el juego y creo que tiene un potencial tremendo, en cualquier sitio. Pero le decía que sería difícil, porque Infinity es un juego con un público concreto. Ojo, que lo que voy a decir a continuación es terriblemente esnob y arrogante, y puede que a alguna gente esto le moleste. Bueno, este blog es mío para mí mismo, pero si alguien lo lee y se siente ofendido o no lo entiende, estoy más que dispuesto a hablar del tema con quién sea. Que el problema de la palabra escrita es que, por un lado le falta contexto, y por otro cada uno la interpretamos en base a nuestros propios codigos, no en base a los codigos del emisor. Así que, una vez finalizado este disclaimer, me meto en polémica.
Infinity es un juego tela de complicado, que atrae a gente que trabaja en informática, finanzas, medicina, derecho... casi todos los jugadores de Infinity que he conocido son gente con un perfil cultural bastante alto. No digo que en Cádiz no exista ese tipo de gente, pero el ocio en Cádiz no conecta con ese perfil cultural. Y ahora viene lo polémico; en Cádiz tenemos mentalidad de pobre. Este es un concepto un poco raro, que cuando lo explico la gente lo entiende pero quizás por escrito pierde el impacto. Voy a intentarlo.
Mentalidad de pobre es algo directamente asociado a la Teoria Sam Vymes de botas. Mentalidad de pobre es conducir una hora para ahorrarse diez euros en el deposito de gasolina, pero no gastarse cien euros en unas ruedas buenas "porque eso es muy caro".
¿Se ha entendido bien? Es una idea que afecta a otras ideas. El nucleo central es que, al vivir a corto plazo (en parte motivado por la incapacidad de ganar lo suficiente para ahorrar, en parte motivado por la incapacidad de disciplinarse para ahorrar), nos perpetuamos en un ciclo de carencia. Y esa carencia se interioriza, hasta el punto de que, cuando he tratado con gente de ese transfondo, el dinero, el poseer cosas, se convierte en una obsesión. Algo que afecta al ego, a la autoestima, a las relaciones sociales... es algo que empapa la cultura. Muchas veecs he comentado con mi familia, que viene de otro transfondo totalmente distinto, que no hay dinero para ir al médico pero sí para ir al bar.
Voy a meter aquí una cuña sobre algo que hablabamos ayer mi amigo y yo. La diferencia entre el placer y la felicidad. El placer es instantaneo, ruidoso y exhuberante. La felicidad es constante, silenciosa y discreta. Existe incluso una diferencia hormonal, y el uso y abuso de hormonas afecta al desarrollo de nuestro cerebro, con lo cual descarrilo totalmente y abro la puerta a otro tema, que podriamos explorar más despacio en un tercer artículo si tuviera tiempo. Pero voy a volver al tema.
¿A qué me refiero con inteligencia económica? A la capacidad de analizar y decidir con conocimiento y certeza. Algo que he dicho muchas veces; un hobby es rentable o no en función de cuanto esfuerzo nos suponga y cuanta satisfacción nos proporcione. Algo que, dicho así, suena obvio, no lo es cuando le empezamos a meter mucho ruido. Y el ruido es una constante en el Sur. Ojo, no hablo de la musica, el sonido o las conversaciones, hablo de ruido. De sonido que no aporta nada, más allá de crear distracción (que es otro tema que afecta a la inteligencia, la incapacidad para concentrarse). En cierto sentido, estoy tocando muchos temas diferentes pero creo que más o menos se vé por donde voy.
Lo que quería decir, en resumen, es que no creo que Infinity tenga mercado en Cádiz, porque el perfil de jugador de Infinity es muy poco común en Cádiz. A mí me costó mucho entender cual era ese perfil y no creo que yo mismo encaje al cien por cien. Y el tema de este artículo realmente, que es la perpetuación de situaciones de infradesarrollo económico, lo estoy tocando de puntillas. Vuelvo a él, por tercer intento y ahora a ver si es el bueno.
¿Cual es el principal límite al desarrollo de una inteligencia económica? Me diréis que, obviamente, las circunstancias externas. Si no hay trabajos altamente cualificados, ¿para qué voy a cualificarme altamente? Pero es un poco una situación de huevo y gallina. Si no hay mercado para relojes de doscientos euros, ¿por qué voy a invertir en desarrollar esa industria? Pero a su vez, si no existe esa industria, nadie va a imaginar nunca que pueda tener una necesidad de relojes de doscientos euros. O en general, de productos de gran calidad.
¿Qué es la busqueda de la excelencia? La busqueda de la excelencia es el llegar a nuestro máximo posible y es un objetivo totalmente legítimo al que deberiamos aspirar como humanos. Como decían los clásicos es terrible llegar a viejo sin ser consciente de la belleza que puede alcanzar nuestro propio cuerpo. Y lo mismo sucede con nuestra alma, con nuestra psique, con nuestro carácter. Debemos aspirar a la felicidad, no al placer, y ello se consigue aislandonos del ruido. Desatendiendo el whatsapp permanente, los audios que no aportan nada y buscando, en el silencio de nosotros mismos, quién somos y a qué aspiramos. Una vez uno se aisla del ruido, entiende que muchísimas de las "necesidades" que nos atan no son tales, sino compulsiones impuestas sobre nosotros por el entorno. Una vez elimina uno dichas compulsiones, de repente, tiene espacio para maniobrar. Esa es la verdadera inteligencia económica. La capacidad de eliminar ataduras, reducirlas a un volumen manejable y dominarlas. Se aplica a todo; el ejemplo que suelo poner es el del deporte. Todos entendemos que el ejercicio físico es positivo. También entendemos que debe hacerse en función de nuestras capacidades y limitaciones, pero con unos objetivos realistas. Y que debe hacerse. Si llevamos esa mentalidad a los demás aspectos de nuestra vida, podremos aspirar a una vida virtuosa. Y esa vida virtuosa es lo que nos hará feliz. Somos lo que hacemos, hacemos lo que pensamos, pensamos lo que somos. En esa construcción de rutinas construimos nuestra identidad.
En resumen. Que hay que vivir bien, demonios. Me perdí del todo, porque precisamente ahora sí que me ha distraido mi realidad. Pero amenazo volver. Cuidaros mucho
Infinity es un juego tela de complicado, que atrae a gente que trabaja en informática, finanzas, medicina, derecho... casi todos los jugadores de Infinity que he conocido son gente con un perfil cultural bastante alto. No digo que en Cádiz no exista ese tipo de gente, pero el ocio en Cádiz no conecta con ese perfil cultural. Y ahora viene lo polémico; en Cádiz tenemos mentalidad de pobre. Este es un concepto un poco raro, que cuando lo explico la gente lo entiende pero quizás por escrito pierde el impacto. Voy a intentarlo.
Mentalidad de pobre es algo directamente asociado a la Teoria Sam Vymes de botas. Mentalidad de pobre es conducir una hora para ahorrarse diez euros en el deposito de gasolina, pero no gastarse cien euros en unas ruedas buenas "porque eso es muy caro".
¿Se ha entendido bien? Es una idea que afecta a otras ideas. El nucleo central es que, al vivir a corto plazo (en parte motivado por la incapacidad de ganar lo suficiente para ahorrar, en parte motivado por la incapacidad de disciplinarse para ahorrar), nos perpetuamos en un ciclo de carencia. Y esa carencia se interioriza, hasta el punto de que, cuando he tratado con gente de ese transfondo, el dinero, el poseer cosas, se convierte en una obsesión. Algo que afecta al ego, a la autoestima, a las relaciones sociales... es algo que empapa la cultura. Muchas veecs he comentado con mi familia, que viene de otro transfondo totalmente distinto, que no hay dinero para ir al médico pero sí para ir al bar.
Voy a meter aquí una cuña sobre algo que hablabamos ayer mi amigo y yo. La diferencia entre el placer y la felicidad. El placer es instantaneo, ruidoso y exhuberante. La felicidad es constante, silenciosa y discreta. Existe incluso una diferencia hormonal, y el uso y abuso de hormonas afecta al desarrollo de nuestro cerebro, con lo cual descarrilo totalmente y abro la puerta a otro tema, que podriamos explorar más despacio en un tercer artículo si tuviera tiempo. Pero voy a volver al tema.
¿A qué me refiero con inteligencia económica? A la capacidad de analizar y decidir con conocimiento y certeza. Algo que he dicho muchas veces; un hobby es rentable o no en función de cuanto esfuerzo nos suponga y cuanta satisfacción nos proporcione. Algo que, dicho así, suena obvio, no lo es cuando le empezamos a meter mucho ruido. Y el ruido es una constante en el Sur. Ojo, no hablo de la musica, el sonido o las conversaciones, hablo de ruido. De sonido que no aporta nada, más allá de crear distracción (que es otro tema que afecta a la inteligencia, la incapacidad para concentrarse). En cierto sentido, estoy tocando muchos temas diferentes pero creo que más o menos se vé por donde voy.
Lo que quería decir, en resumen, es que no creo que Infinity tenga mercado en Cádiz, porque el perfil de jugador de Infinity es muy poco común en Cádiz. A mí me costó mucho entender cual era ese perfil y no creo que yo mismo encaje al cien por cien. Y el tema de este artículo realmente, que es la perpetuación de situaciones de infradesarrollo económico, lo estoy tocando de puntillas. Vuelvo a él, por tercer intento y ahora a ver si es el bueno.
¿Cual es el principal límite al desarrollo de una inteligencia económica? Me diréis que, obviamente, las circunstancias externas. Si no hay trabajos altamente cualificados, ¿para qué voy a cualificarme altamente? Pero es un poco una situación de huevo y gallina. Si no hay mercado para relojes de doscientos euros, ¿por qué voy a invertir en desarrollar esa industria? Pero a su vez, si no existe esa industria, nadie va a imaginar nunca que pueda tener una necesidad de relojes de doscientos euros. O en general, de productos de gran calidad.
¿Qué es la busqueda de la excelencia? La busqueda de la excelencia es el llegar a nuestro máximo posible y es un objetivo totalmente legítimo al que deberiamos aspirar como humanos. Como decían los clásicos es terrible llegar a viejo sin ser consciente de la belleza que puede alcanzar nuestro propio cuerpo. Y lo mismo sucede con nuestra alma, con nuestra psique, con nuestro carácter. Debemos aspirar a la felicidad, no al placer, y ello se consigue aislandonos del ruido. Desatendiendo el whatsapp permanente, los audios que no aportan nada y buscando, en el silencio de nosotros mismos, quién somos y a qué aspiramos. Una vez uno se aisla del ruido, entiende que muchísimas de las "necesidades" que nos atan no son tales, sino compulsiones impuestas sobre nosotros por el entorno. Una vez elimina uno dichas compulsiones, de repente, tiene espacio para maniobrar. Esa es la verdadera inteligencia económica. La capacidad de eliminar ataduras, reducirlas a un volumen manejable y dominarlas. Se aplica a todo; el ejemplo que suelo poner es el del deporte. Todos entendemos que el ejercicio físico es positivo. También entendemos que debe hacerse en función de nuestras capacidades y limitaciones, pero con unos objetivos realistas. Y que debe hacerse. Si llevamos esa mentalidad a los demás aspectos de nuestra vida, podremos aspirar a una vida virtuosa. Y esa vida virtuosa es lo que nos hará feliz. Somos lo que hacemos, hacemos lo que pensamos, pensamos lo que somos. En esa construcción de rutinas construimos nuestra identidad.
En resumen. Que hay que vivir bien, demonios. Me perdí del todo, porque precisamente ahora sí que me ha distraido mi realidad. Pero amenazo volver. Cuidaros mucho
Monologos de redes sociales
Llevo unos días teniendo conversaciones online con gente de muñequitos de aquí. El miércoles, que fui a echar una partida, también tuve interacción. Lo curioso es que, hasta ayer que quedé con un amigo mío, no me dí cuenta de lo que realmente estaba fallando.
La gente no se comunica. O por lo menos, no interactua. La gente viene a hablar de su libro, a recibir atención pero no a dar. Eso es una constante en las relaciones humanas, el concepto de igualdad absoluto es muy poco frecuente. De una forma más o menos sutil, siempre hay una persona dominante en una relación, si bien ese rol puede "turnarse" entre uno y otro. El problema, al menos tal y como lo estoy viendo, es que el excesivo aislamiento que permiten las redes sociales da pie a la ruptura de las buenas maneras. Lo he notado tres veces estas semanas; la gente no sabe iniciar una conversación. "Hola, buenas, soy X y quiero hablar de esto" resulta muy raro fuera de un determinado entorno, que te enseña las pautas. Y me sorprende muchísimo, porque para mí es algo tan natural como respirar. Son modales. Uno entra en un espacio común y saluda, bebe en un bar y acerca el vaso a la barra... cosas de educación. Los "microgestos" de amabilidad que nos convierten en miembros de una comunidad, que nos permiten reconocernos los unos a los otros.
Pero eso se pierde. Y en parte se pierde porque dejamos que se pierda, porque no le damos la importancia que tiene. Es algo que sucede con muchisimas cosas en nuestra vida, que nos olvidamos de lo importante que es algo y, al hacerlo, se descuida y se corrompe. En cierto sentido, supongo que porque me hago mayor, cada vez asumo más que el estado natural del Universo es la entropia. La no existencia. El que exista algo ya supone un esfuerzo. Y ese esfuerzo debe ser mantenido, porque si uno deja de pedalear la bici se para.
Ayer tuve la suerte de tener una interacción "real". Ayer quedé con un amigo y hablamos de libros, de esperanza, de nuestra capacidad para afectar al mundo, de nuestro crecimiento personal, de nuestras dudas existenciales. De si hemos escogido el camino correcto o nos hemos equivocado y de como podemos saber si es el camino correcto.
Ayer tuve una conversación. De verdad. Con alguien que me miraba a los ojos y me escuchaba y yo lo escuchaba a él. Y esto, que hace unos años era lo más natural del mundo, de repente resulta excepcional. Yo creo que es la primera conversación así que he tenido aquí en meses, exceptuando con mi pareja. Y estoy convencido de que, en mi entorno, muchísima gente no recuerda haber tenido una así.
Intentad alimentar vuestra alma. Al igual que el otro día hablaba sobre inteligencia económica, esto también es parte de nuestro desarrollo. Pero ese es un tema para otro artículo.
La gente no se comunica. O por lo menos, no interactua. La gente viene a hablar de su libro, a recibir atención pero no a dar. Eso es una constante en las relaciones humanas, el concepto de igualdad absoluto es muy poco frecuente. De una forma más o menos sutil, siempre hay una persona dominante en una relación, si bien ese rol puede "turnarse" entre uno y otro. El problema, al menos tal y como lo estoy viendo, es que el excesivo aislamiento que permiten las redes sociales da pie a la ruptura de las buenas maneras. Lo he notado tres veces estas semanas; la gente no sabe iniciar una conversación. "Hola, buenas, soy X y quiero hablar de esto" resulta muy raro fuera de un determinado entorno, que te enseña las pautas. Y me sorprende muchísimo, porque para mí es algo tan natural como respirar. Son modales. Uno entra en un espacio común y saluda, bebe en un bar y acerca el vaso a la barra... cosas de educación. Los "microgestos" de amabilidad que nos convierten en miembros de una comunidad, que nos permiten reconocernos los unos a los otros.
Pero eso se pierde. Y en parte se pierde porque dejamos que se pierda, porque no le damos la importancia que tiene. Es algo que sucede con muchisimas cosas en nuestra vida, que nos olvidamos de lo importante que es algo y, al hacerlo, se descuida y se corrompe. En cierto sentido, supongo que porque me hago mayor, cada vez asumo más que el estado natural del Universo es la entropia. La no existencia. El que exista algo ya supone un esfuerzo. Y ese esfuerzo debe ser mantenido, porque si uno deja de pedalear la bici se para.
Ayer tuve la suerte de tener una interacción "real". Ayer quedé con un amigo y hablamos de libros, de esperanza, de nuestra capacidad para afectar al mundo, de nuestro crecimiento personal, de nuestras dudas existenciales. De si hemos escogido el camino correcto o nos hemos equivocado y de como podemos saber si es el camino correcto.
Ayer tuve una conversación. De verdad. Con alguien que me miraba a los ojos y me escuchaba y yo lo escuchaba a él. Y esto, que hace unos años era lo más natural del mundo, de repente resulta excepcional. Yo creo que es la primera conversación así que he tenido aquí en meses, exceptuando con mi pareja. Y estoy convencido de que, en mi entorno, muchísima gente no recuerda haber tenido una así.
Intentad alimentar vuestra alma. Al igual que el otro día hablaba sobre inteligencia económica, esto también es parte de nuestro desarrollo. Pero ese es un tema para otro artículo.
martes, 18 de noviembre de 2025
Turistas vs Migrantes 2, citas de Robert Heinlein
Fuente: https://www.ccyberdark.net/10145/papi-siempre-lleva-razon-robert-a-heinlein-en-el-siglo-xxi/
Para aquellos que no lo conozcan, Robert Heinlein es el autor, entre otros, de "forastero en tierra extraña" y "tropas del espacio". Es un escritor americano del siglo pasado, que ha sido acusado de militarista por defender uan visión, relativamente extendida entre un sector de la población estadounidense, de las relaciones humanas según la óptica de una republica aristocrática. Algo que tiene sentido, si uno concibe el sistema político y social estadounidense como un intento de recrear la republica romana. En esa visión del mundo, la presencia política del sujeto es mucho más activa que en las sociedades occidentales actuales, no solo como actor económico (consumidor y productor), sino como garante y sujeto activo del sistema, bien como mantenedor del mismo mediante la violencia (militar) o como figura de autoridad legal, religiosa...
Así mismo, esta visión del mundo también considera la ciudadania un privilegio, no disponible a todos. Para poder mantener un sistema así, es necesario que existan masas de "no ciudadanos". O de ciudadanos menores o... como lo queramos llamar. Insisto, es una visión del mundo aristocrática, en el cual una élite ejerce como tal, con sus beneficios e inconvenientes.
Así pues, vamos a meter un par de citas de este individuo, que vienen muy bien para explicar un poco el conflicto de "migrante vs turista" que enuncié en el anterior artículo.
“Es mala señal cuando la gente de un país deja de identificarse a sí misma con el país y empieza a hacerlo con un grupo. Un grupo racial. O una religión. O un idioma. Cualquier cosa que no incluya al conjunto de la población”.
“Una cultura moribunda invariablemente presenta ciudadanos maleducados. Malos modales. La falta de consideración por los demás en asuntos menores. La desaparición de la cortesía, de las buenas maneras, es más significativa que los disturbios”.
¿Qué nos dicen estas citas? En primer lugar, que la identidad dentro de un colectivo establece las relaciones internas dentro del mismo. Es decir, "nosotros VS ellos", o "mi casa VS este sitio donde vivo". Si el elemento principal de la identidad de uno es el espacio geográfico que ocupa (su país), entonces uno "cuida su casa". Porque es su casa. No es un espacio donde vive mientras consigue convertirla en su casa, de verdad, una vez el elemento fundamental de ese espacio no sea la nacionalidad sino la etnia/religion/idioma/etc. Si yo me considero, no sé, residente de la casa tal, la cuidaré. Y querré que los demás la cuiden, que demonios, es mía. Esa sensación de pertenencia, de identidad, es algo tan natural al ser humano como el sueño o la socialización. Y es un elemento fundamental a la hora de establecer un espacio común y ser,o turista, o migrante.
Ok, segunda idea. El tipo de relaciones. El ciclo de Tytler, el desarrollo de aquella cita de "hombres buenos crean tiempos buenos", habla de como la vinculación es el primer paso para el establecimiento de normas comunes. Es decir, si no me siento como parte, no me subordino a la autoridad normativa. Si no soy un alumno de esta clase, ¿por qué tengo que seguir las instrucciones del profesor? Si estoy en esta casa de paso... ¿qué me importa si salen humedades? Más allá de, efectivamente, las consecuencias que tenga para mi no seguir determinadas conductas. Pero aquí hablamos de líder y jefe, de autoridad informal y autoridad formal. La cortesia, las buenas maneras compartidas, es la guinda del pastel. Es lo que distingue al conocido del amigo; el interés legítimo en el bienestar del otro, mediante pequeños gestos. El turista (sea turista hedonista, aquel que viene a disfrutar del lugar, o turista extractivo, como el que trabaja en una petrolera en un país del tercer mundo), no siente la más mínima necesidad de mostrar cortesia o buenos modales. Los turistas escandalosos montando fiestas, los mal llamados migrantes que imponen su cultura, los "me tienes que aceptar como soy"... son todos elementos del mismo principio fundamental; la no identificación con el espacio común.
En conclusión. Que si bien Heinlein era un producto de su cultura y su sociedad, y además una persona con opiniones bastante intensas, no deja de resultarnos útil para desarrollar una idea que se me ocurrió esta mañana fregando. Espero que tengáis un día fantástico, cuidaros.
Así mismo, esta visión del mundo también considera la ciudadania un privilegio, no disponible a todos. Para poder mantener un sistema así, es necesario que existan masas de "no ciudadanos". O de ciudadanos menores o... como lo queramos llamar. Insisto, es una visión del mundo aristocrática, en el cual una élite ejerce como tal, con sus beneficios e inconvenientes.
Así pues, vamos a meter un par de citas de este individuo, que vienen muy bien para explicar un poco el conflicto de "migrante vs turista" que enuncié en el anterior artículo.
“Es mala señal cuando la gente de un país deja de identificarse a sí misma con el país y empieza a hacerlo con un grupo. Un grupo racial. O una religión. O un idioma. Cualquier cosa que no incluya al conjunto de la población”.
“Una cultura moribunda invariablemente presenta ciudadanos maleducados. Malos modales. La falta de consideración por los demás en asuntos menores. La desaparición de la cortesía, de las buenas maneras, es más significativa que los disturbios”.
¿Qué nos dicen estas citas? En primer lugar, que la identidad dentro de un colectivo establece las relaciones internas dentro del mismo. Es decir, "nosotros VS ellos", o "mi casa VS este sitio donde vivo". Si el elemento principal de la identidad de uno es el espacio geográfico que ocupa (su país), entonces uno "cuida su casa". Porque es su casa. No es un espacio donde vive mientras consigue convertirla en su casa, de verdad, una vez el elemento fundamental de ese espacio no sea la nacionalidad sino la etnia/religion/idioma/etc. Si yo me considero, no sé, residente de la casa tal, la cuidaré. Y querré que los demás la cuiden, que demonios, es mía. Esa sensación de pertenencia, de identidad, es algo tan natural al ser humano como el sueño o la socialización. Y es un elemento fundamental a la hora de establecer un espacio común y ser,o turista, o migrante.
Ok, segunda idea. El tipo de relaciones. El ciclo de Tytler, el desarrollo de aquella cita de "hombres buenos crean tiempos buenos", habla de como la vinculación es el primer paso para el establecimiento de normas comunes. Es decir, si no me siento como parte, no me subordino a la autoridad normativa. Si no soy un alumno de esta clase, ¿por qué tengo que seguir las instrucciones del profesor? Si estoy en esta casa de paso... ¿qué me importa si salen humedades? Más allá de, efectivamente, las consecuencias que tenga para mi no seguir determinadas conductas. Pero aquí hablamos de líder y jefe, de autoridad informal y autoridad formal. La cortesia, las buenas maneras compartidas, es la guinda del pastel. Es lo que distingue al conocido del amigo; el interés legítimo en el bienestar del otro, mediante pequeños gestos. El turista (sea turista hedonista, aquel que viene a disfrutar del lugar, o turista extractivo, como el que trabaja en una petrolera en un país del tercer mundo), no siente la más mínima necesidad de mostrar cortesia o buenos modales. Los turistas escandalosos montando fiestas, los mal llamados migrantes que imponen su cultura, los "me tienes que aceptar como soy"... son todos elementos del mismo principio fundamental; la no identificación con el espacio común.
En conclusión. Que si bien Heinlein era un producto de su cultura y su sociedad, y además una persona con opiniones bastante intensas, no deja de resultarnos útil para desarrollar una idea que se me ocurrió esta mañana fregando. Espero que tengáis un día fantástico, cuidaros.
"Este no es mi cuerpo", turistas vs migrantes
Buenos días. Hoy estaba limpiando la cocina del piso y me he dado cuenta de algo curioso. Llevo un año y pico viviendo en este piso, que nunca he sentido como propio y, ahora que sé que me iré relativamente pronto, me cuesta horrores hacerle el más mínimo mantenimiento. Citando a mi colega Ale de Cádiz, "Yo valoro muchísimo mi tiempo, aunque lo gestiono de pena". Aunque sea para tumbarme a leer, prefiero estar haciendo eso que limpiando un espacio en el cual, honestamente, entro de puntillas para no molestar y en el que nunca he llegado a estar cómodo del todo.
¿Por qué esa incomodidad? En parte porque nunca lo he dominado de verdad, nunca lo he hecho mío. Y en parte, porque no he realizado actividades ni construido memorias bonitas aquí. En el piso de Madrid hicimos una fiesta de bienvenida, trajimos amigos, celebramos cumpleaños y fines de año... es un espacio en el que se construyó vida. Yo pasé noches en vela pintando muñequitos, escuchando podcasts, leyendo. Es un sitio donde viví.
Aquí, por el contrario, nunca ha habido eso. Fin de año me lo pasé trabajando, hemos recibido a amigos dos veces y, si bien en la primera aún teniamos mucha ilusión y esperanza, eso no se transformó en nada real. La vida pasó. Y bueno, ahora que veo la hora de irme, sé que no lo echaré de menos. Con lo que me da totalmente igual lo que pase con él, más allá de en que me pueda afectar.
Y pensando en eso, me doy cuenta de que yo no soy un migrante. Yo soy un turista. De larga duración, pero un turista. Yo vengo, hago lo mío, pago lo que debo y me voy. Aprendo el idioma justo para cumplir con mis obligaciones, de la cultura lo necesario para sobrevivir... bueno, es mentira. Yo soy bastante más inquieto que eso y me gusta aprender por aprender. Pero en general, no tengo ningún tipo de vínculo con el sitio ni, después de más de un año, siento que ese vínculo se vaya a desarrollar. El entorno, al igual que sucede con el piso, no ha dado la más mínima facilidad en ese sentido y mis esfuerzos siempre han sido en vano. Hoy, después de un año "viviendo" aquí, me sorprende que voy a quedar con un potencial amigo. Los que tenía en el país antes de venir, pues bueno, tenemos una relación no tan distinta de la que teniamos antes de que yo viniera.
Pero esa es mi experiencia. Lo que quiero extrapolar de mi experiencia es una constante, o una norma general que pueda aplicarse. En este caso, la diferencia entre un migrante y un turista es que el migrante, en teoría, viene para quedarse. Pone sus cortinas, invita a su familia y amigos, celebra los fines de año. Aprende el idioma y la cultura, hace amigos, se integra. Como decía un compañero el otro día, "va al pub". Y quién sabe, quizás se enamora del sitio, de la gente, de la vida. O quizás no, pero él es parte de la comunidad. Una parte "nueva", que viene de otro sitio, pero una parte.
Yo creo que hoy en día hay muchísimo turista. Muchísima gente que viene a España, por ejemplo, y vive en inglés. Y que oye, no me parece mal, pero tenemos que entender que estamos creando sociedades con dos tipos de ciudadanos. Con unos que están, viven y se quedan y con otros que pasan, sin pisar apenas el suelo. Y esta bien, yo no digo que haya que cerrar las fronteras y echar a los turistas (para empezar, porque me parece muy poco practico y para seguir, porque todos esos movimientos generan muchas cosas buenas). Lo que hay que hacer es ser consciente de que hay dos tipos de "visitantes" en cada país. Y ojo, que puedes llevarte treinta años en un país y seguir siendo un turista.
Voy a por la segunda parte de esto, que me parece un tema interesante.
¿Por qué esa incomodidad? En parte porque nunca lo he dominado de verdad, nunca lo he hecho mío. Y en parte, porque no he realizado actividades ni construido memorias bonitas aquí. En el piso de Madrid hicimos una fiesta de bienvenida, trajimos amigos, celebramos cumpleaños y fines de año... es un espacio en el que se construyó vida. Yo pasé noches en vela pintando muñequitos, escuchando podcasts, leyendo. Es un sitio donde viví.
Aquí, por el contrario, nunca ha habido eso. Fin de año me lo pasé trabajando, hemos recibido a amigos dos veces y, si bien en la primera aún teniamos mucha ilusión y esperanza, eso no se transformó en nada real. La vida pasó. Y bueno, ahora que veo la hora de irme, sé que no lo echaré de menos. Con lo que me da totalmente igual lo que pase con él, más allá de en que me pueda afectar.
Y pensando en eso, me doy cuenta de que yo no soy un migrante. Yo soy un turista. De larga duración, pero un turista. Yo vengo, hago lo mío, pago lo que debo y me voy. Aprendo el idioma justo para cumplir con mis obligaciones, de la cultura lo necesario para sobrevivir... bueno, es mentira. Yo soy bastante más inquieto que eso y me gusta aprender por aprender. Pero en general, no tengo ningún tipo de vínculo con el sitio ni, después de más de un año, siento que ese vínculo se vaya a desarrollar. El entorno, al igual que sucede con el piso, no ha dado la más mínima facilidad en ese sentido y mis esfuerzos siempre han sido en vano. Hoy, después de un año "viviendo" aquí, me sorprende que voy a quedar con un potencial amigo. Los que tenía en el país antes de venir, pues bueno, tenemos una relación no tan distinta de la que teniamos antes de que yo viniera.
Pero esa es mi experiencia. Lo que quiero extrapolar de mi experiencia es una constante, o una norma general que pueda aplicarse. En este caso, la diferencia entre un migrante y un turista es que el migrante, en teoría, viene para quedarse. Pone sus cortinas, invita a su familia y amigos, celebra los fines de año. Aprende el idioma y la cultura, hace amigos, se integra. Como decía un compañero el otro día, "va al pub". Y quién sabe, quizás se enamora del sitio, de la gente, de la vida. O quizás no, pero él es parte de la comunidad. Una parte "nueva", que viene de otro sitio, pero una parte.
Yo creo que hoy en día hay muchísimo turista. Muchísima gente que viene a España, por ejemplo, y vive en inglés. Y que oye, no me parece mal, pero tenemos que entender que estamos creando sociedades con dos tipos de ciudadanos. Con unos que están, viven y se quedan y con otros que pasan, sin pisar apenas el suelo. Y esta bien, yo no digo que haya que cerrar las fronteras y echar a los turistas (para empezar, porque me parece muy poco practico y para seguir, porque todos esos movimientos generan muchas cosas buenas). Lo que hay que hacer es ser consciente de que hay dos tipos de "visitantes" en cada país. Y ojo, que puedes llevarte treinta años en un país y seguir siendo un turista.
Voy a por la segunda parte de esto, que me parece un tema interesante.
lunes, 17 de noviembre de 2025
A veces no es el qué, sino el quién
Hoy me he llevado una sorpresa. Planteé hacer un plan ayer y parece que va para adelante. Y de repente, me dí cuenta de que en este caso no se trata de "quedar a hacer X", sino de "quedar con". Y que eso cambia totalmente el escenario.
Es verdad que hay cosas que necesitamos hacer con gente. Y que hay cosas que es mejor hacer con gente y, bueno, tampoco puede uno ponerse super exquisito con quién lo hace. A mí me encantaría hacer todo con mis amigos, pero ya no tengo quince años así que, a veces, tengo que ir con gente a la que no conozco. De hecho, últimamente voy a casi todo con gente que no conozco. La última partida de muñequitos fue con un tal Greg, un hombre mayor, algo tímido, pero muy agradable con el que eché un rato entretenido. Al que probablemente no vuelva a ver en mi vida, ni maldito lo que me importa.
Es esa sensación la que últimamente me tiene algo mal. La de que nada de lo que hago tiene continuidad, de que estoy simplemente tachando días del calendario esperando a que lleguen tiempos mejores. El verano estuvo bastante bien, con viajes, ratos agradables... bien. Pero el otoño está siendo dark and full of terrors y el invierno se promete complicado. Así que, ¿con qué caliento mi espirítu en los días oscuros?
Bueno, pues tampoco está tan mal. Al final irán saliendo cosas, poco a poco, y parece que alguna se orienta bien. Como dice Ira, una vez tu mente y tu alma están en la misma dirección las cosas empiezan a salir bien. Así que vamos a intentar mantener esa tendencia, vamos a ver si podemos seguir así. Ya queda menos para el siguiente achuchón, y el siguiente, y el siguiente. Este ratito ha estado bien para reiniciar. Y mientras, vamos aprendiendo, apoyando, creciendo.
Dia a dia. Y recordando, que a veces se nos olvidan cosas importantes.
Es verdad que hay cosas que necesitamos hacer con gente. Y que hay cosas que es mejor hacer con gente y, bueno, tampoco puede uno ponerse super exquisito con quién lo hace. A mí me encantaría hacer todo con mis amigos, pero ya no tengo quince años así que, a veces, tengo que ir con gente a la que no conozco. De hecho, últimamente voy a casi todo con gente que no conozco. La última partida de muñequitos fue con un tal Greg, un hombre mayor, algo tímido, pero muy agradable con el que eché un rato entretenido. Al que probablemente no vuelva a ver en mi vida, ni maldito lo que me importa.
Es esa sensación la que últimamente me tiene algo mal. La de que nada de lo que hago tiene continuidad, de que estoy simplemente tachando días del calendario esperando a que lleguen tiempos mejores. El verano estuvo bastante bien, con viajes, ratos agradables... bien. Pero el otoño está siendo dark and full of terrors y el invierno se promete complicado. Así que, ¿con qué caliento mi espirítu en los días oscuros?
Bueno, pues tampoco está tan mal. Al final irán saliendo cosas, poco a poco, y parece que alguna se orienta bien. Como dice Ira, una vez tu mente y tu alma están en la misma dirección las cosas empiezan a salir bien. Así que vamos a intentar mantener esa tendencia, vamos a ver si podemos seguir así. Ya queda menos para el siguiente achuchón, y el siguiente, y el siguiente. Este ratito ha estado bien para reiniciar. Y mientras, vamos aprendiendo, apoyando, creciendo.
Dia a dia. Y recordando, que a veces se nos olvidan cosas importantes.
miércoles, 5 de noviembre de 2025
Estamos muy cómodos. Y muy pasivos.
El otro día hablaba aquí con un paisano, que se quejaba de que, del COVID para aquí todo está fatal. Se quejaba de como estaban las cosas y etc, hasta que le dije... bueno, pero si está mal se cambia, ¿no? Quiero decir, es vuestro/nuestro/su país. La gente tiene la capacidad de tomar decisiones y provocar cambios, o de no hacerlo y dejar que las cosas sigan como están/evolucionen en la dirección que siguen.
Y eso es algo de lo que hablaba antes con los colegas. De que son "los políticos" o "los jefes" o "los sindicatos" o... pero siempre es otro. Y eso, en cierto sentido, es consecuencia de que vivimos en sociedades muy acomodadas. Si el agua se estropea, llamo al servicio técnico. Si no hay luz en la calle, alguien lo arreglara. ¡Y anda! Lo arreglan. Así que al final no "necesito" implicarme para hacer mi entorno habitable. Mi entorno ya es habitable y va a seguir siendolo. Como mucho, escribiré una carta o molestaré a alguien, y si puedo evitarlo mejor. Que lo haga otro.
Eso explica porqué, por ejemplo, en Reino Unido las protestas siempre son en verano. Una vez está oscuro y hace frío, ya no interesa cambiar el país. Es algo que me llamaba mucho la atención y me tuvo bastante tiempo dandole vueltas, hasta que llegué a esta conclusión que, por favor, alguien me corrija y me demuestre que estoy equivocado. Porque si tengo razón, vamos a flipar en Occidente en general.
Ahora hablaba con un colega, que ha tenido que dejar el coche en el taller, porque la compañía ha metido la pata y tiene que actualizarlo. Mi compañero se queja porque, claro, llega tarde al trabajo. Está mal, claro. No es algo agradable. Pero la vida está llena de cosas así. El otro día hubo una "polemica" en Ucrania, porque un tren llegó tarde. Y una de las viajeras se quejaba por Twitter, a lo que recibió una respuesta de la compañía, diciendo que lamentaban mucho su incomodidad. Que los rusos habían bombardeado un cruce de vías y, para poder repararlo, habían tenido que desviar trenes provocando retrasos.
Los rusos habían bombardeado un cruce de vías.
Con lo que sí, efectivamente, tenemos derecho a quejarnos y querer que el mundo funcione como nos gustaría. También estaría bien que fueramos un poco conscientes de que el mundo no existe para satisfacernos a nosotros; el mundo existe. Como decía Toño "A Madrid tu le das igual". Y entendiendo eso, en primer lugar, evitamos ser unos quejicas insoportables que molestamos a todos los que tenemos cerca.
También, puestos a pedir, estaría bien que tomaramos una postura activa hacía nuestro entorno. Que asumieramos que, para que las cosas funcionen, yo también tengo que hacer algo. Igual no hace falta que cambie la tuberia de agua de mi calle, pero no tirar toallitas humedas en el baño o recoger la mierda de mi perro sería un primer paso, para que el día que algo me moleste de verdad actue.
Os voy a contar una anecdota. Tengo una amiga, bulgara, que se encontró con que iban a hacer un proyecto de construcción en el parque donde llevaba a jugar a su niña. Molesta, escribió cartas y fue al ayuntamiento. El concejal de urbanismo, le dijo "pues menos mal que has venido, porque yo no tengo una bola de cristal. Yo no sé si ese parque se usa mucho o poco, y si a la gente le va a importar que lo convirtamos en unos pisos". Se nos olvida que, el espacio común, es común porque todos lo usamos, lo cuidamos y lo mantenemos. Todos.
Otra cosa que me molesta bastante, y ya acabo de rajar hoy, es el "para eso pago mis impuestos". Eso es algo que hemos copiado de las series yankis y de la sociedad anglosajona, donde el tema de los impuestos es un elemento fundamental del discurso público. ¿Y por qué? Porque el sistema político estadounidense se funda en base a la republica romana, donde se dividía a la sociedad entre los que eran ciudadanos y contribuían al estado y participaban de él, y los que no lo eran y simplemente vivían dentro de su espacio. Por eso el decir "yo pago mis impuestos" es decir "yo soy un ciudadano activo políticamente". Mis derechos los respaldo cumpliendo con mis obligaciones, en un entorno en el que, efectivamente, existía una cierta libertad de elección.
Eso no vale hoy en día. Uno no paga impuestos voluntariamente. Uno está sometido al imperio de la ley y paga tantos impuestos como no consigue evitar pagar. No solo la mayoría de la gente es contraría a pagar impuestos (naturalmente, nadie quiere renunciar al control de sus recursos, y más en una sociedad donde la confianza en los demás y en las instituciones es mínima), sino que la gente es totalmente inconsciente de la gestión de los mismos. Cuando alguien dice "mira lo que ha costado esta carretera", lo compara con lo que le cuesta a él comprar el pan. Habiendo trabajado en contratación pública, yo soy un cruzado de la difusión del conocimiento de como funciona el sistema. Porque no vale decir "pues compralo por Amazon". El sistema público posee y exige una serie de garantias y limitaciones que el privado no tiene, por cuestiones de puto sentido común. Y el que yo tenga que explicarle esto casi a cada persona con la que hablo, dice mucho de la conciencia que tenemos de "nuestros impuestos".
Esta infantilidad, esta incapacidad de ver el mundo como es mientras nos encabezonamos en que sea como nos gustaría que fuera, es terrible. Y me da miedo, porque es suicida. Cuando uno conduce pensando que esa pared no es una pared, porque yo lo pienso muy fuerte y mi moral y mi conciencia y mi... al final me estrello. Y no es bonito.
Y eso es algo de lo que hablaba antes con los colegas. De que son "los políticos" o "los jefes" o "los sindicatos" o... pero siempre es otro. Y eso, en cierto sentido, es consecuencia de que vivimos en sociedades muy acomodadas. Si el agua se estropea, llamo al servicio técnico. Si no hay luz en la calle, alguien lo arreglara. ¡Y anda! Lo arreglan. Así que al final no "necesito" implicarme para hacer mi entorno habitable. Mi entorno ya es habitable y va a seguir siendolo. Como mucho, escribiré una carta o molestaré a alguien, y si puedo evitarlo mejor. Que lo haga otro.
Eso explica porqué, por ejemplo, en Reino Unido las protestas siempre son en verano. Una vez está oscuro y hace frío, ya no interesa cambiar el país. Es algo que me llamaba mucho la atención y me tuvo bastante tiempo dandole vueltas, hasta que llegué a esta conclusión que, por favor, alguien me corrija y me demuestre que estoy equivocado. Porque si tengo razón, vamos a flipar en Occidente en general.
Ahora hablaba con un colega, que ha tenido que dejar el coche en el taller, porque la compañía ha metido la pata y tiene que actualizarlo. Mi compañero se queja porque, claro, llega tarde al trabajo. Está mal, claro. No es algo agradable. Pero la vida está llena de cosas así. El otro día hubo una "polemica" en Ucrania, porque un tren llegó tarde. Y una de las viajeras se quejaba por Twitter, a lo que recibió una respuesta de la compañía, diciendo que lamentaban mucho su incomodidad. Que los rusos habían bombardeado un cruce de vías y, para poder repararlo, habían tenido que desviar trenes provocando retrasos.
Los rusos habían bombardeado un cruce de vías.
Con lo que sí, efectivamente, tenemos derecho a quejarnos y querer que el mundo funcione como nos gustaría. También estaría bien que fueramos un poco conscientes de que el mundo no existe para satisfacernos a nosotros; el mundo existe. Como decía Toño "A Madrid tu le das igual". Y entendiendo eso, en primer lugar, evitamos ser unos quejicas insoportables que molestamos a todos los que tenemos cerca.
También, puestos a pedir, estaría bien que tomaramos una postura activa hacía nuestro entorno. Que asumieramos que, para que las cosas funcionen, yo también tengo que hacer algo. Igual no hace falta que cambie la tuberia de agua de mi calle, pero no tirar toallitas humedas en el baño o recoger la mierda de mi perro sería un primer paso, para que el día que algo me moleste de verdad actue.
Os voy a contar una anecdota. Tengo una amiga, bulgara, que se encontró con que iban a hacer un proyecto de construcción en el parque donde llevaba a jugar a su niña. Molesta, escribió cartas y fue al ayuntamiento. El concejal de urbanismo, le dijo "pues menos mal que has venido, porque yo no tengo una bola de cristal. Yo no sé si ese parque se usa mucho o poco, y si a la gente le va a importar que lo convirtamos en unos pisos". Se nos olvida que, el espacio común, es común porque todos lo usamos, lo cuidamos y lo mantenemos. Todos.
Otra cosa que me molesta bastante, y ya acabo de rajar hoy, es el "para eso pago mis impuestos". Eso es algo que hemos copiado de las series yankis y de la sociedad anglosajona, donde el tema de los impuestos es un elemento fundamental del discurso público. ¿Y por qué? Porque el sistema político estadounidense se funda en base a la republica romana, donde se dividía a la sociedad entre los que eran ciudadanos y contribuían al estado y participaban de él, y los que no lo eran y simplemente vivían dentro de su espacio. Por eso el decir "yo pago mis impuestos" es decir "yo soy un ciudadano activo políticamente". Mis derechos los respaldo cumpliendo con mis obligaciones, en un entorno en el que, efectivamente, existía una cierta libertad de elección.
Eso no vale hoy en día. Uno no paga impuestos voluntariamente. Uno está sometido al imperio de la ley y paga tantos impuestos como no consigue evitar pagar. No solo la mayoría de la gente es contraría a pagar impuestos (naturalmente, nadie quiere renunciar al control de sus recursos, y más en una sociedad donde la confianza en los demás y en las instituciones es mínima), sino que la gente es totalmente inconsciente de la gestión de los mismos. Cuando alguien dice "mira lo que ha costado esta carretera", lo compara con lo que le cuesta a él comprar el pan. Habiendo trabajado en contratación pública, yo soy un cruzado de la difusión del conocimiento de como funciona el sistema. Porque no vale decir "pues compralo por Amazon". El sistema público posee y exige una serie de garantias y limitaciones que el privado no tiene, por cuestiones de puto sentido común. Y el que yo tenga que explicarle esto casi a cada persona con la que hablo, dice mucho de la conciencia que tenemos de "nuestros impuestos".
Esta infantilidad, esta incapacidad de ver el mundo como es mientras nos encabezonamos en que sea como nos gustaría que fuera, es terrible. Y me da miedo, porque es suicida. Cuando uno conduce pensando que esa pared no es una pared, porque yo lo pienso muy fuerte y mi moral y mi conciencia y mi... al final me estrello. Y no es bonito.
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