Sobre esta frase reflexionaba el otro día. Hace seis meses ya que me mudé al piso en el que estoy ahora. Parece que lleve viviendo aquí toda mi vida. Ya he olvidado el anterior piso donde estuve, sus ritmos y rutinas, sus vecinos, el supermercado, el pueblo... todo, ha quedado en el retrovisor como si fuera algo que sucedió hace decadas. Y sin embargo, no hace ni un año.
Es curioso la distorsión del tiempo. Dicen que el tiempo vuela cuando nos lo pasamos bien, pero es mentira. El tiempo vuela cuando te lo pasas intentando sobrevivir y haciendo lo que puedes para no petar. Vuela cuando miras atrás y te preguntas "qué hice yo en el mes de...? Ah. Claro. Eso".
Ha habido momentos buenos. Aunque si me paro a pensarlo, yo salvaría de la primera mitad de 2026... mi cumpleaños y la boda de Toño. Todo lo demás creo que podría quitarse. Bueno, quizás algún momento en Cádiz, pero lo demás puedo borrarlo.
El tiempo pasa. A primeros de año pensé que iba a ser durísimo y lo está siendo. Pero cuando llegue otoño empezaremos a verlo cuesta abajo y... ya no queda tanto. Un poco más. Porque sobre mi trabajo, los compañeros y la situación en general allí... no es tanto que ya no te decepcione, sino que lo aceptas, dejas de planteartelo y simplemente sigues. Total. Ya puedes verle el final y eso hace que sea más fácil.
Cronicas de un hobbit ario
lunes, 13 de julio de 2026
viernes, 10 de julio de 2026
Sentimiento curry
Hoy me ha vuelto a pasar algo que me inquieta, pero que me pasa bastante. Yo lo llamo "El sentimiento Curry".
Los que somos tan viejos como yo, vimos Fraggle Rock. Ahí había unos personajes, los Curry, que eran obreros. Construían edificios, gruas... y luego llegaban los Fraggle y se los comían. Y tocaba volver a empezar. A mí me pasa un poco algo parecido. Me entretengo haciendo cosas... que no sirven para nada y luego me amargo porque no le veo utilidad.
Decía Viktor Frankl en "El hombre en busca de sentido", que quién tenga un porqué encontrará un como. En mi caso, ahora mismo, busco como entretenerme... pero también le busco sentido. Así que cojo un ejército de miniaturas, lo compro, monto, pinto, decoro.. y luego lo meto en una caja. Me encuentro como los curry, haciendo un montón de trabajo que no aporta nada útil, más allá de ver el resultado en una vitrina.
Y esa es la parte triste. Que el esfuerzo como tal no produce resultado y eso me deja vacio.
No sé. Estoy atascado. Justo antes de entrar a currar me pasa siempre lo mismo, no quiero empezar nada porque lo dejaré a medias, tampoco quiero quedarme parado. Estoy cogiendo energía para encerrarme en mi interior y, durante una semana, dejar de existir. Y se me hace complicado, encontrarle un sentido a esta vida que no lo tiene.
Cada semana reinicio. Esta semana descubriré, quizás, cosas nuevas en el trabajo. Series que me gustaría ver, libros que me gustaría leer. Quizás me apetezca ir a algún sitio de viaje más adelante. Y todo eso pasará mientras estoy encerrado sin poder hacerlo. Una vez acabe la semana (si Dios quiere), me veré perdido, sin ganas de hacer nada, a la deriva. Y me costaré recoger trozos de mi identidad para volver a encontrarme a mí mismo, entre una niebla de cansancio, fatiga, desidia, dolor.
Estoy aburrido. Son dos años así. Todo lo que construyo se me deshace entre los dedos, como arena. El otro día repasaba el listado de libros que he leído este año y no recuerdo casi ninguno. Tampoco lo que escribo, los sitios a los que voy... veo fotos y parece que ha sido otra persona la que está allí. Hace dos años que casi no me reconozco, ni siquiera en fotos. Y todo eso, para volver a la casilla de salida y empeazr de nuevo. Como los curry.
Vivo como un maldito curry.
Los que somos tan viejos como yo, vimos Fraggle Rock. Ahí había unos personajes, los Curry, que eran obreros. Construían edificios, gruas... y luego llegaban los Fraggle y se los comían. Y tocaba volver a empezar. A mí me pasa un poco algo parecido. Me entretengo haciendo cosas... que no sirven para nada y luego me amargo porque no le veo utilidad.
Decía Viktor Frankl en "El hombre en busca de sentido", que quién tenga un porqué encontrará un como. En mi caso, ahora mismo, busco como entretenerme... pero también le busco sentido. Así que cojo un ejército de miniaturas, lo compro, monto, pinto, decoro.. y luego lo meto en una caja. Me encuentro como los curry, haciendo un montón de trabajo que no aporta nada útil, más allá de ver el resultado en una vitrina.
Y esa es la parte triste. Que el esfuerzo como tal no produce resultado y eso me deja vacio.
No sé. Estoy atascado. Justo antes de entrar a currar me pasa siempre lo mismo, no quiero empezar nada porque lo dejaré a medias, tampoco quiero quedarme parado. Estoy cogiendo energía para encerrarme en mi interior y, durante una semana, dejar de existir. Y se me hace complicado, encontrarle un sentido a esta vida que no lo tiene.
Cada semana reinicio. Esta semana descubriré, quizás, cosas nuevas en el trabajo. Series que me gustaría ver, libros que me gustaría leer. Quizás me apetezca ir a algún sitio de viaje más adelante. Y todo eso pasará mientras estoy encerrado sin poder hacerlo. Una vez acabe la semana (si Dios quiere), me veré perdido, sin ganas de hacer nada, a la deriva. Y me costaré recoger trozos de mi identidad para volver a encontrarme a mí mismo, entre una niebla de cansancio, fatiga, desidia, dolor.
Estoy aburrido. Son dos años así. Todo lo que construyo se me deshace entre los dedos, como arena. El otro día repasaba el listado de libros que he leído este año y no recuerdo casi ninguno. Tampoco lo que escribo, los sitios a los que voy... veo fotos y parece que ha sido otra persona la que está allí. Hace dos años que casi no me reconozco, ni siquiera en fotos. Y todo eso, para volver a la casilla de salida y empeazr de nuevo. Como los curry.
Vivo como un maldito curry.
miércoles, 8 de julio de 2026
Que es el arte
Por fin he conseguido empezar a leer "Apocalípticos e Integrados" de Umberto Eco... y he tenido que dejarlo. He conseguido leer el 40%, después de pasar el Kitsch y el mal gusto, y ya empezaba a hablar de teoría de la comunicación, la codificación y los tipos de mensajes. El libro es super interesante, pero mi cerebro es incapaz de procesar nada "elevado" estos días. Falta de sueño. Lo tengo pendiente y volveré a él, porque lo que he leído me gustaba mucho, a pesar de ser muy academico.
Esto, curiosamente, viene a relacionarse magnificamente con una conversación que tuve el fin de semana, a propósito del concierto de Harry Styles en Wembley al que fui "invitado" a ir. Estuvo bien, nada que criticar. El tema es que yo apunté que Harry Styles es el nuevo George Michael (pop agradable, mensajes sencillos, energía positiva, mezcla de pop y electrónica, con algo de baile...), quizás actualizado a esta era de redes sociales y contenido sobre continente. Según me pareció entender a mi (no fiaros mucho de mi criterio estos días), Umberto Eco clasifica el arte en tres grandes grupos, bajo, medio y alto. Según él, el arte bajo es aquel que no pretende ser arte, sino más bien es artesanía. Elementos de consumo masivos, que todos sabemos que son y para qué son, como memes, camisetas de un grupo o cosas así. El arte medio es el que, viniendo del mismo origen, pretende ser algo más, como la música de un comercial que puede llegar a ser arte, pero su funcionalidad es principalmente práctica y comercial. Y el arte elevado es el que se crea por sí mismo, por ser arte.
Harry Styles, tal y como yo lo veo, es arte medio. Funciona, pero dentro de una generación es poco probable que nadie recuerde su música, más allá de un par de éxitos. Y eso está genial. El arte de consumo existe porque la gente tiene una necesidad de arte, de la misma forma que nadie pretende que el plato de croquetas que hago hoy pase a la historia.
Y luego tenemos cosas como Voice of the soul, de Death. Si tenéis un ratito, buscadlo. Es el tipo de arte que, transportandote, le dice algo distinto a cada persona. Escrita en 1998, el autor murió tres años después y, en cierto sentido, el tema contiene ya una precuela de muerte. Se siente. Yo creo que, mientras exista gente en este mundo que pueda conmoverse, esa canción se escuchará y pasará, de mano en mano, de boca en boca, para saborearla.
El otro día leía un hilo en Twitter que, la desaparición del Metal coincide con la decadencia de la cultura occidental, y del dominio por parte del hombre blanco de esta. Es una teoría un poco demasiado política para mí, pero sí es cierto que la vuelta del metal al ambiente marginal, tras un breve periodo de popularidad masiva entre los 80-2000s (nunca comparable a la cultura pop de masas, pero sí es verdad que Linkin Park/System of a Down puede haber sido el último grupo metal de masas), nos ha privado a todos de una forma de arte. Los sintetiadores, las bases sonoras, el autotune... todas esas cosas han popularizado la musica y facilitado que cualquiera pueda crear "arte". Pero es cierto que uno pone el Canon de Pachelbel tocado por Funtwo en Youtube y entiende que algo hemos perdido.
Un brindis. Por todo el arte creado y el que se creará. Y por recordarnos que, el espíritu humano, crece cuando siente, cuando toca a otro alma, cuando se expande.
Esto, curiosamente, viene a relacionarse magnificamente con una conversación que tuve el fin de semana, a propósito del concierto de Harry Styles en Wembley al que fui "invitado" a ir. Estuvo bien, nada que criticar. El tema es que yo apunté que Harry Styles es el nuevo George Michael (pop agradable, mensajes sencillos, energía positiva, mezcla de pop y electrónica, con algo de baile...), quizás actualizado a esta era de redes sociales y contenido sobre continente. Según me pareció entender a mi (no fiaros mucho de mi criterio estos días), Umberto Eco clasifica el arte en tres grandes grupos, bajo, medio y alto. Según él, el arte bajo es aquel que no pretende ser arte, sino más bien es artesanía. Elementos de consumo masivos, que todos sabemos que son y para qué son, como memes, camisetas de un grupo o cosas así. El arte medio es el que, viniendo del mismo origen, pretende ser algo más, como la música de un comercial que puede llegar a ser arte, pero su funcionalidad es principalmente práctica y comercial. Y el arte elevado es el que se crea por sí mismo, por ser arte.
Harry Styles, tal y como yo lo veo, es arte medio. Funciona, pero dentro de una generación es poco probable que nadie recuerde su música, más allá de un par de éxitos. Y eso está genial. El arte de consumo existe porque la gente tiene una necesidad de arte, de la misma forma que nadie pretende que el plato de croquetas que hago hoy pase a la historia.
Y luego tenemos cosas como Voice of the soul, de Death. Si tenéis un ratito, buscadlo. Es el tipo de arte que, transportandote, le dice algo distinto a cada persona. Escrita en 1998, el autor murió tres años después y, en cierto sentido, el tema contiene ya una precuela de muerte. Se siente. Yo creo que, mientras exista gente en este mundo que pueda conmoverse, esa canción se escuchará y pasará, de mano en mano, de boca en boca, para saborearla.
El otro día leía un hilo en Twitter que, la desaparición del Metal coincide con la decadencia de la cultura occidental, y del dominio por parte del hombre blanco de esta. Es una teoría un poco demasiado política para mí, pero sí es cierto que la vuelta del metal al ambiente marginal, tras un breve periodo de popularidad masiva entre los 80-2000s (nunca comparable a la cultura pop de masas, pero sí es verdad que Linkin Park/System of a Down puede haber sido el último grupo metal de masas), nos ha privado a todos de una forma de arte. Los sintetiadores, las bases sonoras, el autotune... todas esas cosas han popularizado la musica y facilitado que cualquiera pueda crear "arte". Pero es cierto que uno pone el Canon de Pachelbel tocado por Funtwo en Youtube y entiende que algo hemos perdido.
Un brindis. Por todo el arte creado y el que se creará. Y por recordarnos que, el espíritu humano, crece cuando siente, cuando toca a otro alma, cuando se expande.
miércoles, 24 de junio de 2026
Necesito jugar
Hoy estoy en otra fase de mi reinicio. Ya pasé mi periodo de noches, después la carrerilla de "tengo qeu hacer cosas y aprovechar lo que compré hace tres semanas y hasta ahora no he podido disfrutar", y hoy ya, por fin, parece que paro. De hecho, hoy espero dormir. Aunque, ¿quién sabe? Hace más de diez días que no duermo más de cinco horas, está siendo otro mes de dormir cuatro-cinco días con suerte. Me queda un año y pico así, veremos si soy capaz de resistirlo.
El caso es que, en plena ola de calor, me doy cuenta de que para poder reiniciar mentalmente necesito jugar. Igual que otra gente necesita hacer deporte, comer algo, irse al jardín o tocar hierba, yo necesito jugar a algo. Cambiarme de ropa. Hacer una serie de rituales que le expliquen a mi cabeza y a mi cuerpo que, no, ya no estoy en el trabajo. He salido. Aunque cada vez me cuesta más.
Y eso es natural. Donde estoy no hay nada. Lo decía mi parienta ayer, que me fuera a España porque aquí "no hay nada que hacer". Y suena muy triste, pero en cierto sentido es verdad. Colecciono y pinto cientos de muñequitos para... para distraerme y pensar que no estoy donde estoy, que no hago lo que hago.
Necesito otra cosa. Necesito algo que haga que merezca la pena, algo que esperar con ganas. Esperemos que, si Dios quiere, en otoño la cosa se normalice un poco y podamos tener algo de tregua y de control sobre mi vida. Porque insisto, es uan carrera de fondo. Hay que llegar.
El caso es que, en plena ola de calor, me doy cuenta de que para poder reiniciar mentalmente necesito jugar. Igual que otra gente necesita hacer deporte, comer algo, irse al jardín o tocar hierba, yo necesito jugar a algo. Cambiarme de ropa. Hacer una serie de rituales que le expliquen a mi cabeza y a mi cuerpo que, no, ya no estoy en el trabajo. He salido. Aunque cada vez me cuesta más.
Y eso es natural. Donde estoy no hay nada. Lo decía mi parienta ayer, que me fuera a España porque aquí "no hay nada que hacer". Y suena muy triste, pero en cierto sentido es verdad. Colecciono y pinto cientos de muñequitos para... para distraerme y pensar que no estoy donde estoy, que no hago lo que hago.
Necesito otra cosa. Necesito algo que haga que merezca la pena, algo que esperar con ganas. Esperemos que, si Dios quiere, en otoño la cosa se normalice un poco y podamos tener algo de tregua y de control sobre mi vida. Porque insisto, es uan carrera de fondo. Hay que llegar.
Una sociedad se construye sobre valores
Últimamente me está apareciendo mucho en redes sociales discursos y entrevistas de Lee Kuan Yew. Para los que no lo conozcan, fue el "dictador" de Singapur durante 30 años, y su ideología política, en palabras de Drukpa Kunley (una cuenta de Twitter), sería algo así como sentido común y una clara visión. Si no recuerdo mal, era algo así como "basically nice", un sistema político en el cual los delincuentes van a la carcel, la gente paga impuestos pero sin volverse loco y el Estado arbitra.
Hoy veía una entrevista en el cual hablaba de como no cree en la democracia, porque le parece que es algo que surge de una serie de factores muy especiales, y que no cree que pueda repetirse facilmente. También habla de como, después de la segunda guerra mundial, Londres es una ciudad destruida pero orgullosa, llena de gente segura de si misma y educada. Y como, cuarenta años después, Londres es un lugar multicultural, multietnico, donde nadie confía en nadie y donde todo está sucio y oscuro. También decía, sobre Japón, que el no traer inmigrantes los condena a envejecer. Pero si los emigrantes que trae son los que recogen fruta, entonces tampoco es mucho progreso. Lo decía medio riendose, pero parece que el tiempo le ha dado la razón.
A lo que iba. Que el hombre enunciaba el cambio en Londres por la desaparición de valores y de uniformidad cultural. Y alguien me dirá, que eso es una tonteria romantica. Pero no lo creo. Los valores son el lenguaje no escrito de una sociedad, son los codigos en torno a los que se construyen el siguiente escalón. Existe una ley que dice que el parricidio es horrible, pero esa ley existe porque hay una cultura que aborrece ese crimen. Lo primero, el fundamente de una sociedad, es como nos entendemos entre nosotros. En nuestras casas y en nuestras familias. Y eso es lo que, posteriormente, llevamos a la calle.
Creo que, en el momento en que dejamos de hablar en casa y dejamos de enseñar y compartir, eso se transmite afuera. Y la soledad en la que vivimos afuera, el egoismo, la tristeza... viene de que, adentro, no hablamos. Hemos dejado de compartir cenas, de mirarnos los unos a los otros, de estar juntos. Y al desaparecer esa convivencia han desaparecido los valores y, al desaparecer los valores, deja de tener sentido existir. No tenemos confianza en nosotros mismos ni vemos al futuro... porque hemos dejado de mirar al presente.
Hoy veía una entrevista en el cual hablaba de como no cree en la democracia, porque le parece que es algo que surge de una serie de factores muy especiales, y que no cree que pueda repetirse facilmente. También habla de como, después de la segunda guerra mundial, Londres es una ciudad destruida pero orgullosa, llena de gente segura de si misma y educada. Y como, cuarenta años después, Londres es un lugar multicultural, multietnico, donde nadie confía en nadie y donde todo está sucio y oscuro. También decía, sobre Japón, que el no traer inmigrantes los condena a envejecer. Pero si los emigrantes que trae son los que recogen fruta, entonces tampoco es mucho progreso. Lo decía medio riendose, pero parece que el tiempo le ha dado la razón.
A lo que iba. Que el hombre enunciaba el cambio en Londres por la desaparición de valores y de uniformidad cultural. Y alguien me dirá, que eso es una tonteria romantica. Pero no lo creo. Los valores son el lenguaje no escrito de una sociedad, son los codigos en torno a los que se construyen el siguiente escalón. Existe una ley que dice que el parricidio es horrible, pero esa ley existe porque hay una cultura que aborrece ese crimen. Lo primero, el fundamente de una sociedad, es como nos entendemos entre nosotros. En nuestras casas y en nuestras familias. Y eso es lo que, posteriormente, llevamos a la calle.
Creo que, en el momento en que dejamos de hablar en casa y dejamos de enseñar y compartir, eso se transmite afuera. Y la soledad en la que vivimos afuera, el egoismo, la tristeza... viene de que, adentro, no hablamos. Hemos dejado de compartir cenas, de mirarnos los unos a los otros, de estar juntos. Y al desaparecer esa convivencia han desaparecido los valores y, al desaparecer los valores, deja de tener sentido existir. No tenemos confianza en nosotros mismos ni vemos al futuro... porque hemos dejado de mirar al presente.
jueves, 11 de junio de 2026
La paradoja de la utilidad
Hoy no podía dormir. Es algo que me pasa bastante a menudo; en Mayo dormí "bien" tres noches de de treinta y una posibles. Y dandole vueltas en la cama, dialogando conmigo mismo, caí en la cuenta de lo que viene a ser el título de este artículo.
Necesitamos servir. Necesitamos hacer algo que tenga sentido. El otro día me decía mi psicologo que, en la mayoría de estudios sobre motivación en el trabajo, aparece que el principal factor de felicidad o infelicidad en el mismo es como de útil su labor es percibida. Un poco como explicaba Graeber, que en el gulag una de las cosas que más mataba a la gente era la absoluta futilidad de su esfuerzo. Poner a alguien a cavar un agujero durante dos horas, para luego hacerle taparlo. Cosas así, que durante el tiempo suficiente acaban siendo una tortura, al privar al ser humano de la mínima dignidad de su esfuerzo. Que sirva para algo.
Quizás por eso me chocó tanto acercarme a mi anterior trabajo y sentir la valoración de lo que yo hacía. De por sí, yo tiendo a valorar poco mi esfuerzo. Si algo es difícil y lo hago, es porque debo hacerlo. Si algo es facil y lo hago, es porque era fácil. Pero no suelo felicitarme ni darme mérito a mí mismo. Cuando aprobé el examen de conducir, mi emoción fue de vacío, de "ajá, otra tarea completada". Me obligo a mí mismo a celebrar mis éxitos porque, honestamente, no me producen alegria. Tengo demasiado interiorizado el "es lo que se debe hacer".
Así pues, no soy muy consciente de como de positivo puede ser mi impacto en los demás. Por eso, como cuando el otro día animé a un chico que estaba pasandolo muy mal, recibo una reacción sumamente positiva me siento confundido. No percibo emocionalmente (no siento), que haya hecho nada especial. Simplemente he sido yo mismo y he actuado como creo que se debe actuar. Aunque quizás, para la persona a la que apoyamos, ese simple acto puede suponer un cambio enorme en su vida. Quizás como ayer con Scotty, que me impactó bastante su situación y su reacción. Vaya movida.
Todo esto para decir que, uno de los elementos de la felicidad, es encontrarle sentido a lo que hacemos. Y que resulta paradojico que, para poder ser felices, debamos ocuparnos con cosas que no solo nos aporten algo, sino que aporten a los demás. Que sean utiles. Quizás por eso decían que, si bien la gente de izquierdas suele deprimirse más que la de derechas, la gnnte de izquierdas que participa de voluntariados o actividades comunitarias es todo lo contrario. Porque no sirve con decirlo, hay que hacerlo. Y una vez lo hacemos, percibimos la mejoría de forma casi automática.
Yo me levanto, hago ejercicio, duolingo, me ducho, desayuno. Y me siento delante de mi lista de tareas pendientes, a ir tachando cosas. Pero a la hora de la verdad, tres meses más adelante, miro lo que he hecho y nada sirve. Lo mismo con mi trabajo, dedico infinitas horas a... nada. Y, si durante un periodo de tiempo largo, de semanas y meses, privas a alguien de un sentido colectivo, de que su trabajo mejore el mundo a su alrededor, o aunque sea sienta que su esfuerzo va en alguna dirección... es muy pero muy difícil que eso no destruya la autoestima de esa persona.
Quiero quererme. Pero para quererme, necesito hacer cosas que sirvan. Quizás esa es la paradoja, que nos queremos a través de los demás, o de nuestra percepción de lo que debemos ser. Cuando alineamos la persona que somos, con la persona que queremos ser a través del proceso de convertirnos en ella.
Necesitamos servir. Necesitamos hacer algo que tenga sentido. El otro día me decía mi psicologo que, en la mayoría de estudios sobre motivación en el trabajo, aparece que el principal factor de felicidad o infelicidad en el mismo es como de útil su labor es percibida. Un poco como explicaba Graeber, que en el gulag una de las cosas que más mataba a la gente era la absoluta futilidad de su esfuerzo. Poner a alguien a cavar un agujero durante dos horas, para luego hacerle taparlo. Cosas así, que durante el tiempo suficiente acaban siendo una tortura, al privar al ser humano de la mínima dignidad de su esfuerzo. Que sirva para algo.
Quizás por eso me chocó tanto acercarme a mi anterior trabajo y sentir la valoración de lo que yo hacía. De por sí, yo tiendo a valorar poco mi esfuerzo. Si algo es difícil y lo hago, es porque debo hacerlo. Si algo es facil y lo hago, es porque era fácil. Pero no suelo felicitarme ni darme mérito a mí mismo. Cuando aprobé el examen de conducir, mi emoción fue de vacío, de "ajá, otra tarea completada". Me obligo a mí mismo a celebrar mis éxitos porque, honestamente, no me producen alegria. Tengo demasiado interiorizado el "es lo que se debe hacer".
Así pues, no soy muy consciente de como de positivo puede ser mi impacto en los demás. Por eso, como cuando el otro día animé a un chico que estaba pasandolo muy mal, recibo una reacción sumamente positiva me siento confundido. No percibo emocionalmente (no siento), que haya hecho nada especial. Simplemente he sido yo mismo y he actuado como creo que se debe actuar. Aunque quizás, para la persona a la que apoyamos, ese simple acto puede suponer un cambio enorme en su vida. Quizás como ayer con Scotty, que me impactó bastante su situación y su reacción. Vaya movida.
Todo esto para decir que, uno de los elementos de la felicidad, es encontrarle sentido a lo que hacemos. Y que resulta paradojico que, para poder ser felices, debamos ocuparnos con cosas que no solo nos aporten algo, sino que aporten a los demás. Que sean utiles. Quizás por eso decían que, si bien la gente de izquierdas suele deprimirse más que la de derechas, la gnnte de izquierdas que participa de voluntariados o actividades comunitarias es todo lo contrario. Porque no sirve con decirlo, hay que hacerlo. Y una vez lo hacemos, percibimos la mejoría de forma casi automática.
Yo me levanto, hago ejercicio, duolingo, me ducho, desayuno. Y me siento delante de mi lista de tareas pendientes, a ir tachando cosas. Pero a la hora de la verdad, tres meses más adelante, miro lo que he hecho y nada sirve. Lo mismo con mi trabajo, dedico infinitas horas a... nada. Y, si durante un periodo de tiempo largo, de semanas y meses, privas a alguien de un sentido colectivo, de que su trabajo mejore el mundo a su alrededor, o aunque sea sienta que su esfuerzo va en alguna dirección... es muy pero muy difícil que eso no destruya la autoestima de esa persona.
Quiero quererme. Pero para quererme, necesito hacer cosas que sirvan. Quizás esa es la paradoja, que nos queremos a través de los demás, o de nuestra percepción de lo que debemos ser. Cuando alineamos la persona que somos, con la persona que queremos ser a través del proceso de convertirnos en ella.
martes, 9 de junio de 2026
Una boda en España
No pensaba escribir sobre esto, pero parece que una cosa lleva a la otra y la cabeza casi me pide hacerlo. Este fin de semana fuimos a Madrid, a la boda de un buen amigo mío al que quiero mucho. Fui un poco a regañadientes, en parte porque no me gustan las bodas, y en parte porque en esta fase de mi vida cualquier cosa me supone un esfuerzo atroz. Y me vino increíble. Sabía que me iba a venir bien, porque salir de aquí e ir a España siempre me calma, me da un poco de aire. Y ver amigos y salir y estar cómodo... eso ayuda.
Ha sido un tiempo maravilloso. El jueves, donde fui a mi antiguo trabajo y me encontré a tantos compañeros y tanto cariño que me sentí abrumado. Gracias. No era consciente de que podía dejar una huella tan positiva y tan buena. Había olvidado como era sentirse útil y productivo, hacer cosas. Hubo un par de interacciones, como cuando me presentaron, en las que me sentí sinceramente abrumado. Gente que no es nada dada a piropear de gratis, hablando maravillas de mí. Incluso alguien se me acercó y me dijo "el famoso don...", lo cual me confundió bastante. Yo soy famoso en casa de mi madre para comer, y porque como fatal. En general, me sentí super especial. Luego por la tarde fui a la tienda de muñequitos donde solía ir y me encontré con amigos, gente a la que quiero mucho y me alegró un montón verlos bien.
Y luego la boda. Fuimos con un amigo, una de los mejores seres humanos que he conocido nunca (porque le sale muy natural, es de esa gente que no le duele ayudar a los demás o ser bueno. Es su naturaleza), después de visitar su enorme casa, ver su familia y su mundo y alegrarnos, sinceramente, de su éxito. Una vez llegamos a la boda nos encontramos con otro montón de gente, todos jovenes, guapos, exitosos. Y me dio mucha alegria verlos, me dio mucha alegria asomarme a sus mundos y compartir ese momento, en el que la gente toca tu espíritu y sabes que, al otro lado, hay gente buena.
En general, estoy muy agradecido por este fin de semana. Por los momentos compartidos, por las historias y los momentos, y por haberme sacado de mi realidad y haberme asomado a otra, que me recuerda que todo es temporal. Que me enseña lo que fui y lo que puedo ser, y que me llena el corazón.
Gracías. Con fines de semana como este, uno puede coger fuerzas para aguantar y entender que, esto, es temporal. Que lo es de verdad, que no es una frase que nos decimos. Gracías.
Ha sido un tiempo maravilloso. El jueves, donde fui a mi antiguo trabajo y me encontré a tantos compañeros y tanto cariño que me sentí abrumado. Gracias. No era consciente de que podía dejar una huella tan positiva y tan buena. Había olvidado como era sentirse útil y productivo, hacer cosas. Hubo un par de interacciones, como cuando me presentaron, en las que me sentí sinceramente abrumado. Gente que no es nada dada a piropear de gratis, hablando maravillas de mí. Incluso alguien se me acercó y me dijo "el famoso don...", lo cual me confundió bastante. Yo soy famoso en casa de mi madre para comer, y porque como fatal. En general, me sentí super especial. Luego por la tarde fui a la tienda de muñequitos donde solía ir y me encontré con amigos, gente a la que quiero mucho y me alegró un montón verlos bien.
Y luego la boda. Fuimos con un amigo, una de los mejores seres humanos que he conocido nunca (porque le sale muy natural, es de esa gente que no le duele ayudar a los demás o ser bueno. Es su naturaleza), después de visitar su enorme casa, ver su familia y su mundo y alegrarnos, sinceramente, de su éxito. Una vez llegamos a la boda nos encontramos con otro montón de gente, todos jovenes, guapos, exitosos. Y me dio mucha alegria verlos, me dio mucha alegria asomarme a sus mundos y compartir ese momento, en el que la gente toca tu espíritu y sabes que, al otro lado, hay gente buena.
En general, estoy muy agradecido por este fin de semana. Por los momentos compartidos, por las historias y los momentos, y por haberme sacado de mi realidad y haberme asomado a otra, que me recuerda que todo es temporal. Que me enseña lo que fui y lo que puedo ser, y que me llena el corazón.
Gracías. Con fines de semana como este, uno puede coger fuerzas para aguantar y entender que, esto, es temporal. Que lo es de verdad, que no es una frase que nos decimos. Gracías.
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