Precisamente a proposito del último artículo, estaba pensando sobre esto. ¿Cual es el nivel de consumo de adrenalina que requieres? ¿Qué consideras una aventura, algo que rompa tu rutina?
Tengo un amigo, guia turistico, que dice que en Cracovia todo Dios habla español ahora. ¿Por qué? Porque es Semana Santa y la gente necesita desconectar, y todo el mundo viaja y hace cosas y conoce sitios.. hay mucha presión a través de redes sociales (¿acaso no has estado en el Machu Pichu?), lo que aumenta el nivel de consumo. Y vivimos en una sociedad construida en torno al consumo, a gastar a tener a acumular. Dado que el espacio es finito y el numero de cosas limitadas... pues a consumir experiencias. Y sinceramente, no me parece mal. Cada uno que viva como quiera y haga lo que le llene el espíritu.
Pero la reflexión sobre cuanta epicidad es la siguiente. ¿Qué es pensamiento propio y que es pensamiento "implantado" ? Y esta es una pregunta importante. Ayer por la noche, mi señora estaba jugando a la Play. A su lado, el gato estaba tirado en un cojín y yo estaba mirando como jugaba. Y me dijo "esto es lo más a lo que se puede aspirar en la vida". Y en cierto sentido, lo es. Para nosotros. Hay gente que, si esa noche no está saltando de un paracaidas se pregunta que para qué ha nacido. O incluso nosotros en otros momentos.
Yo no creo que la vida deba ser siempre igual. Y tampoco creo que, pasar una noche en casa disfrutando de tus seres queridos, sea la única forma de ser feliz. La felicidad tiene muchísimas facetas. Pero todos necesitamos un poquito de cambio, un poquito de control. El otro día escuché que, se sale de una depresión, cuando uno recupera su vida. ¿Y qué significa eso?
Hacer lo que te hace feliz. Elegir. Escucharte a ti mismo.
Por eso, insisto, creo que necesitamos un cierto componente de epicidad. Para alguna gente eso es saltar en paracaidas, para otros es ver a su hijo dar sus primeros pasos, para otros es conseguir pintar una pared. Todos tenemos desafíos y los vamos superando. Y ese, el superar un desafío, es el componente de epicidad que necesitamos.
Si te levantas, vas al trabajo, duermes, repites y eso es lo que haces durante semanas, poco a poco te vas muriendo por dentro. Así que sí. La rutina puede acabar con nosotros. Vivamos. O citando los anuncios del Gadis, vivamos como galegos.
Disfrutadlo.
Cronicas de un hobbit ario
viernes, 3 de abril de 2026
Morimos dos veces
El otro día escuché eso. Que morimos dos veces, una cuando nuestro cuerpo desaparece, y otra cuando dejan de hablar de nosotros. Lo recordé ayer, cuando hablabamos Carlos y yo de Nietzsche y de esa cita de Aquiles "por eso nadie recordará tu nombre".
martes, 17 de marzo de 2026
No es la pelota
Ya deberías de haberlo aprendido. Las aficiones compartidas son un ritual interno dentro de una cultura. Si tu traes tu afición, de otra cultura, a esta vas a tener problemas de adaptación. Es como pensar que, dado que en Brasil todo el mundo juega al fútbol y hace amigos, tu vas a llegar con una pelota a un campo y vas a empezar a hablar el idioma, compartir el juego e irte de cervezas después, como si estuvieras en tu ciudad.
No funciona así. El primer paso debe darse en un entorno que facilite ese primer paso, que quiera interactuar. Sin predisposición no se puede, es simplemente forzar por querer forzar. Y hay que entender que mis circunstancias son totalmente ajenas a las de la gente de mi alrededor. Aquí la gente ha nacido y se ha criado aquí, conoce el lenguaje y la cultura, sabe moverse. Y los tiempos, las formas de comunicarse, las interacciones... todo está codificado en unas claves que no conozco y que, sinceramente, me supone demasiado esfuerzo conocer para lo que me devuelve a cambio.
Hoy ha sido una buena noche. Ha salido mal, pero el esfuerzo era pequeño. Se puede permitir un fracaso así. Duele, porque es otro fracaso más de una lista que, ya, empieza a ser demasiado larga. Pero no pasa nada. Mañana será otro día. El día -501, si Dios quiere.
Cuidaros. Buenas noches.
No funciona así. El primer paso debe darse en un entorno que facilite ese primer paso, que quiera interactuar. Sin predisposición no se puede, es simplemente forzar por querer forzar. Y hay que entender que mis circunstancias son totalmente ajenas a las de la gente de mi alrededor. Aquí la gente ha nacido y se ha criado aquí, conoce el lenguaje y la cultura, sabe moverse. Y los tiempos, las formas de comunicarse, las interacciones... todo está codificado en unas claves que no conozco y que, sinceramente, me supone demasiado esfuerzo conocer para lo que me devuelve a cambio.
Hoy ha sido una buena noche. Ha salido mal, pero el esfuerzo era pequeño. Se puede permitir un fracaso así. Duele, porque es otro fracaso más de una lista que, ya, empieza a ser demasiado larga. Pero no pasa nada. Mañana será otro día. El día -501, si Dios quiere.
Cuidaros. Buenas noches.
Cuando te sientas vacío, compra
En este mundo en el que vivimos, a veces sucede eso. Uno no tiene gente con la que quedar, no tiene planes, no tiene algo que le motive... y de repente, compra. Así se genera dopamina, así se satisface, así se siente uno que existe. Levanta la mano, le da al botón, algo le mandarán a casa.
Hemos convertido la vida en una serie de gastos... y una forma de buscarnos sentido es a través del consumo. Eso no está ni bien ni mal. Simplemente, es así. Y cuanto antes lo reconozcamos y hagamos las paces con ese hecho de la existencia, mejor. ¿Lo ideal? Tener sentido en nuestra vida, de forma que no andemos necesitando subidones hormonales basados en el consumo. Pero dada que la situación es la que es y no parece que vaya a haber alivio o escapatoria pronto...
A seguir tachando días del calendario. Ya quedan menos. Nos aproximamos a los 500, y de ahí en adelante irá bajando. Crucemos los dedos.
Hemos convertido la vida en una serie de gastos... y una forma de buscarnos sentido es a través del consumo. Eso no está ni bien ni mal. Simplemente, es así. Y cuanto antes lo reconozcamos y hagamos las paces con ese hecho de la existencia, mejor. ¿Lo ideal? Tener sentido en nuestra vida, de forma que no andemos necesitando subidones hormonales basados en el consumo. Pero dada que la situación es la que es y no parece que vaya a haber alivio o escapatoria pronto...
A seguir tachando días del calendario. Ya quedan menos. Nos aproximamos a los 500, y de ahí en adelante irá bajando. Crucemos los dedos.
lunes, 16 de marzo de 2026
Sobre la necesidad de presencia
El otro día hablaba con alguien sobre formas de amor y modelos. Y como, para alguna gente, lo importante es que tu los escuches, los veas, "sentirse presente". Mientras que para otra gente lo importante es que hagas cosas por ellos, que les ayudes, que actues. Alguna gente prefiere la interacción emocional y otra gente prefiere la interacción física. Y a veces, es un problema entenderlo.
Leía el otro día, que una de las principales fuentes de estrés en las relaciones entre adultos son los malentendidos, las cosas que se dan por hechas y las conversaciones que no se tienen. Cosas como "esto es obvio" o "todo el mundo sabe esto", son una fuente de problemas constante. Realmente, no debería ser tan difícil expresarnos, decir lo que necesitamos y exponernos a que otra gente nos diga que necesitan ellos.
Llevo unas semanas y meses muy complicados, en los cuales tengo que distribuir un recurso que ahora es muy limitado para mí, el tiempo, entre mi pareja y yo. Y eso es especialmente complicado, en tanto y en cuanto tenemos lenguajes distintos. Yo quiero hablar, escuchar, compartir. Ella quiere que haga la compra, limpie la casa, que "haga". Y ambas cosas son necesarias, pero mis prioridades son distintas de las de ella.
¿Como se equilibra eso? Pues hablando mucho, cediendo mucho y entendiendo a la otra persona. Poniendo de nuestra parte. Y sobre todo, dejando muy claro el nivel y grado de compromiso. Uno de los principales problemas de pareja es cuando la otra persona entiende que no eres una prioridad para ella. Entonces surgen un montón de problemas porque, en esta epoca de Amazon y donde todo es para ayer... ¿ por qué tengo que renunciar a nada por alguien que no me vé como una prioridad?
La semana pasada hubo un intento de quedar con gente de un grupo de Whatsapp. Quedar fisicamente, verse. Y fracasó, porque basicamente todo el mundo piensa en yo, pero no en nosotros. Y es incapaz de ceder un mínimo de autonomía para ponerse de acuerdo. Son cosas que pasan, lo entiendo. Todos estamos saturados, todos estamos sobreestimulados, todos tenemos demasiado trabajo y compromisos y obligaciones. También porque, en muchos casos, nosotros nos hemos metido de cabeza allí. Como decía mi colega Sergio, " la gente vive un nivel de vida por encima del que se puede permitir ". Y eso se aplica también a la gestión del tiempo. Pero es importante, en esto como en otras cosas, establecer un idioma común de forma que todos entendamos lo mismo. Porque si no, surgen esos desequilibrios donde uno se pregunta, si para esta gente no es tan importante como para mí quedar... ¿por qué tengo que sacrificar mi escaso tiempo libre, para ellos?
Y esto se aplica a todo. Con lo que es importante, no solo estar, sino estar bien. De forma que la gente con la que interactuas, con la que compartes, entienda que para ellos esto es importante. Porque si no, para qué.
Leía el otro día, que una de las principales fuentes de estrés en las relaciones entre adultos son los malentendidos, las cosas que se dan por hechas y las conversaciones que no se tienen. Cosas como "esto es obvio" o "todo el mundo sabe esto", son una fuente de problemas constante. Realmente, no debería ser tan difícil expresarnos, decir lo que necesitamos y exponernos a que otra gente nos diga que necesitan ellos.
Llevo unas semanas y meses muy complicados, en los cuales tengo que distribuir un recurso que ahora es muy limitado para mí, el tiempo, entre mi pareja y yo. Y eso es especialmente complicado, en tanto y en cuanto tenemos lenguajes distintos. Yo quiero hablar, escuchar, compartir. Ella quiere que haga la compra, limpie la casa, que "haga". Y ambas cosas son necesarias, pero mis prioridades son distintas de las de ella.
¿Como se equilibra eso? Pues hablando mucho, cediendo mucho y entendiendo a la otra persona. Poniendo de nuestra parte. Y sobre todo, dejando muy claro el nivel y grado de compromiso. Uno de los principales problemas de pareja es cuando la otra persona entiende que no eres una prioridad para ella. Entonces surgen un montón de problemas porque, en esta epoca de Amazon y donde todo es para ayer... ¿ por qué tengo que renunciar a nada por alguien que no me vé como una prioridad?
La semana pasada hubo un intento de quedar con gente de un grupo de Whatsapp. Quedar fisicamente, verse. Y fracasó, porque basicamente todo el mundo piensa en yo, pero no en nosotros. Y es incapaz de ceder un mínimo de autonomía para ponerse de acuerdo. Son cosas que pasan, lo entiendo. Todos estamos saturados, todos estamos sobreestimulados, todos tenemos demasiado trabajo y compromisos y obligaciones. También porque, en muchos casos, nosotros nos hemos metido de cabeza allí. Como decía mi colega Sergio, " la gente vive un nivel de vida por encima del que se puede permitir ". Y eso se aplica también a la gestión del tiempo. Pero es importante, en esto como en otras cosas, establecer un idioma común de forma que todos entendamos lo mismo. Porque si no, surgen esos desequilibrios donde uno se pregunta, si para esta gente no es tan importante como para mí quedar... ¿por qué tengo que sacrificar mi escaso tiempo libre, para ellos?
Y esto se aplica a todo. Con lo que es importante, no solo estar, sino estar bien. De forma que la gente con la que interactuas, con la que compartes, entienda que para ellos esto es importante. Porque si no, para qué.
lunes, 9 de marzo de 2026
Entre la tozudez y la insoportable ansia de victoria
Disclaimer: "La insoportable ansia de victoria" es una cita de Hitler. Cualquiera que lea este blog (sí, vosotros tres), debería conocerme para saber que, el hecho de adoptar un elemento concreto de una filosofía, religión o creencia política no me convierte en fanático y adscribiente de todos y cada uno de sus preceptos. Por favor, no caigamos en el Secundum Quid (grande el decalogo de la lógica).
Ok, superado el disclaimer y a raiz de mi último artículo, voy a escribir sobre una cuestión que me viene inquietando ultimamente. Es algo que nos ha pasado a todos en la vida y que, seguro, nos seguirá pasando y es la pregunta siguiente.
¿ Cuando hay que soltar ?
Seguro que, en algún momento, habéis estado estudiando algo... trabajando en algo... en una relación... viviendo en algún sitio... y habéis pensado, ¨Ok, ahora estoy fatal, pero si sigo un poco más, mejorará". Y no mejora. Y seguís. Y no mejora. Llega un momento en que no está casi obligado a preguntarse, ¿merece la pena? ¿estoy sacrificando mi felicidad presente por una posible felicidad futura?
Yo siempre he sido muy testarudo. Me cuesta comprometerme a algo, pero una vez lo hago es muy difícil hacerme cambiar de opinión. Y con el tiempo, estoy dandome cuenta de que esto puede ser más un defecto que una virtud, o quizás es que con la edad la percepción del éxito varía.
Me explico. En otros momentos de mi vida he soportado mucho sufrimiento, soledad y esfuerzo porque luego merecía la pena. Y efectivamente, lo ha hecho. Gracías a mi abnegación y compromiso he conseguido cosas que, honestamente, no podría haberlo hecho de otra manera. No soy un deportista, pero conseguí superar mis pruebas físicas. No soy brillante, pero he estudiado y superado examenes. Hay buena parte del éxito de mi vida que se basa, principalmente, en que una vez muerdo algo no lo suelto. Esa es mi ¨insoportable ansia de victoria¨. Si algo merece la pena de verdad, entonces merece la pena a tope y no vale andarse con excusitas como que tengo una pierna rota o algo así. (Ok ok, bajate una Juana de Arco).
Pero efectivamente, llega un momento en el que uno entiende que está haciendo el idiota. El caso de Charlie, en mi anterior artículo, es un buen ejemplo de ello. Si uno está invirtiendo en una empresa que no da beneficios, llega un momento en que deja de ser una inversión y empieza a ser simplemente un gasto. Y ese es el momento de dar un paso atrás y plantearse si merece la pena.
Ahora viene la parte de registro personal, para que dentro de X meses o años yo lea esto y diga ¨mi má, como estabas macho¨. Os la podéis saltar si queréis.
Yo llegué a Reino Unido con la idea de ponerme en forma y estudiar. Pensé trabajar con menos estrés, soportar algunas cosas y reconstruir mi vida. Las relaciones sociales era algo que iría saliendo, sin mucha presión, una vez me hubiera asentado en el trabajo y en la vida. Por supuesto, pensaba viajar, seguir con mis hobbies y mi vida de pareja. Y, como he hecho toda mi vida, pensé que a base de buena voluntad, esfuerzo y actitud las cosas irían saliendo bien.
Spoiler alert: no fue así.
Hay cosas que no dependen de uno. En la piramide de Marslow, los primeros elementos están directamente implicados en la supervivencia. O como dijera yo en aquella conferencia, comer, dormir y que te dejen un poquito en paz. Dado que ese escenario no ha sido así, ha habido que ir reduciendo cosas de la lista de objetivos. Quitamos los planes a medio plazo. Quitamos el objetivo deportivo. Quitamos el estudio. Nos planteamos los hobbies, como equilibrio al trabajo y a las obligaciones familiares y de pareja. Los hobbies no funcionan, pero insisto. Insisto. Saldrá algo, se tiene que poder. Otra mudanza. Otro reinicio. Otra inestabilidad, otro volver a empezar. Y finalmente, tal y como me pasó anteriormente, me veo obligado a soltar. Igual que he tenido que renunciar a intentar tener algún control sobre mi agenda, igual que aprendí en el trabajo a esforzarme y dar lo mejor de mí simplemente para no enfermarme (o para que la enfermedad no se vuelva crítica), he tenido que reestructurar mi vida familiar y personal en estos terminos. El 2025 acabó y, me di cuenta, de que mi objetivo para 2026 es no morirme ni acabar divorciado. Y que eso, que para muchísima gente se da por hecho, yo tengo que esforzarme muchísimo para conseguirlo.
A veces, no se pelea para ganar. A veces se pelea para no perder, o para perder despacito, poco a poco. Como decía Pedro el otro día, vivir para recuperarse. Porque recuperarse para vivir, eso no funciona cuando los requisitos para recuperarse están a meses y años vista. Hay que vivir ahora. ¿ Mañana ? Quizás llegará. Quizás no. Si hoy tenemos suerte y hay un día bueno, lo celebramos. Si no, pues otra vez será. Y así, día a día, tachando días del calendario. Esto es como la escuela, hay que pasarlo y que deje las menos secuelas posibles.
Cuidaros. Hace mucho frío ahí fuera.
Ok, superado el disclaimer y a raiz de mi último artículo, voy a escribir sobre una cuestión que me viene inquietando ultimamente. Es algo que nos ha pasado a todos en la vida y que, seguro, nos seguirá pasando y es la pregunta siguiente.
¿ Cuando hay que soltar ?
Seguro que, en algún momento, habéis estado estudiando algo... trabajando en algo... en una relación... viviendo en algún sitio... y habéis pensado, ¨Ok, ahora estoy fatal, pero si sigo un poco más, mejorará". Y no mejora. Y seguís. Y no mejora. Llega un momento en que no está casi obligado a preguntarse, ¿merece la pena? ¿estoy sacrificando mi felicidad presente por una posible felicidad futura?
Yo siempre he sido muy testarudo. Me cuesta comprometerme a algo, pero una vez lo hago es muy difícil hacerme cambiar de opinión. Y con el tiempo, estoy dandome cuenta de que esto puede ser más un defecto que una virtud, o quizás es que con la edad la percepción del éxito varía.
Me explico. En otros momentos de mi vida he soportado mucho sufrimiento, soledad y esfuerzo porque luego merecía la pena. Y efectivamente, lo ha hecho. Gracías a mi abnegación y compromiso he conseguido cosas que, honestamente, no podría haberlo hecho de otra manera. No soy un deportista, pero conseguí superar mis pruebas físicas. No soy brillante, pero he estudiado y superado examenes. Hay buena parte del éxito de mi vida que se basa, principalmente, en que una vez muerdo algo no lo suelto. Esa es mi ¨insoportable ansia de victoria¨. Si algo merece la pena de verdad, entonces merece la pena a tope y no vale andarse con excusitas como que tengo una pierna rota o algo así. (Ok ok, bajate una Juana de Arco).
Pero efectivamente, llega un momento en el que uno entiende que está haciendo el idiota. El caso de Charlie, en mi anterior artículo, es un buen ejemplo de ello. Si uno está invirtiendo en una empresa que no da beneficios, llega un momento en que deja de ser una inversión y empieza a ser simplemente un gasto. Y ese es el momento de dar un paso atrás y plantearse si merece la pena.
Ahora viene la parte de registro personal, para que dentro de X meses o años yo lea esto y diga ¨mi má, como estabas macho¨. Os la podéis saltar si queréis.
Yo llegué a Reino Unido con la idea de ponerme en forma y estudiar. Pensé trabajar con menos estrés, soportar algunas cosas y reconstruir mi vida. Las relaciones sociales era algo que iría saliendo, sin mucha presión, una vez me hubiera asentado en el trabajo y en la vida. Por supuesto, pensaba viajar, seguir con mis hobbies y mi vida de pareja. Y, como he hecho toda mi vida, pensé que a base de buena voluntad, esfuerzo y actitud las cosas irían saliendo bien.
Spoiler alert: no fue así.
Hay cosas que no dependen de uno. En la piramide de Marslow, los primeros elementos están directamente implicados en la supervivencia. O como dijera yo en aquella conferencia, comer, dormir y que te dejen un poquito en paz. Dado que ese escenario no ha sido así, ha habido que ir reduciendo cosas de la lista de objetivos. Quitamos los planes a medio plazo. Quitamos el objetivo deportivo. Quitamos el estudio. Nos planteamos los hobbies, como equilibrio al trabajo y a las obligaciones familiares y de pareja. Los hobbies no funcionan, pero insisto. Insisto. Saldrá algo, se tiene que poder. Otra mudanza. Otro reinicio. Otra inestabilidad, otro volver a empezar. Y finalmente, tal y como me pasó anteriormente, me veo obligado a soltar. Igual que he tenido que renunciar a intentar tener algún control sobre mi agenda, igual que aprendí en el trabajo a esforzarme y dar lo mejor de mí simplemente para no enfermarme (o para que la enfermedad no se vuelva crítica), he tenido que reestructurar mi vida familiar y personal en estos terminos. El 2025 acabó y, me di cuenta, de que mi objetivo para 2026 es no morirme ni acabar divorciado. Y que eso, que para muchísima gente se da por hecho, yo tengo que esforzarme muchísimo para conseguirlo.
A veces, no se pelea para ganar. A veces se pelea para no perder, o para perder despacito, poco a poco. Como decía Pedro el otro día, vivir para recuperarse. Porque recuperarse para vivir, eso no funciona cuando los requisitos para recuperarse están a meses y años vista. Hay que vivir ahora. ¿ Mañana ? Quizás llegará. Quizás no. Si hoy tenemos suerte y hay un día bueno, lo celebramos. Si no, pues otra vez será. Y así, día a día, tachando días del calendario. Esto es como la escuela, hay que pasarlo y que deje las menos secuelas posibles.
Cuidaros. Hace mucho frío ahí fuera.
La amistad busca reciprocidad
Hace muchísimo tiempo me tocó dar una conferencia sobre esta frase. Es algo en lo que nunca había pensado demasiado, pero al tener que prepararla, en cierto sentido, se convirtió en uno de los lemas de mi vida. Quién me iba a decir que, diez años después, me iba a volver para morder en el culo.
Decimos que la amistad busca reciprocidad, y eso implica que la amistad solo se puede dar entre iguales. En una peli que vi este fin de semana, decían que los reyes no tienen amigos; solo subditos o enemigos. Y eso es así, porque para poder tener amigos el rey tiene que estar en las mismas condiciones que la otra persona y eso es imposible. El grado de confianza, de intimidad, que exige una amistad implica que uno tiene que tener capacidad de hablar libremente sin temer las consecuencias y sentirse escuchado. Ese es el mínimo. A partir de ahí, pues lo importante no es tanto la equidad como la reciprocidad. No que demos y recibamos lo mismo, sino que sintamos que existe correspondencia. Hay amistades, sumamente fuertes, en las cuales el desequilibrio de poder interno es enorme, pero eso no es un problema siempre y cuando ambas personas se sientan comodas dentro de la relación. Por ejemplo, cuando yo era amigo de Charlie la relación era totalmente unidireccional, pero yo estaba muy cómodo porque sentía que me compensaba. Creo que esa frase, ¨me compensa¨, es la clave de una amistad. Cuando deja de merecer la pena, entonces se acaba.
Me ha costado mucho tiempo entender esto. Yo siempre he partido de la base de que, la mejor forma de recibir, es dar. Uno establece una dinámica buena, cómoda, en la que la otra persona puede ser ella misma mediante una combinación de bajas expectativas, alta atención y empatía. Basicamente, yo he hecho amigos con facilidad porque me gusta escuchar (no lo finjo, realmente me gusta), no espero casi nada de la gente y me considero una persona bastante agradable. Pero a veces no depende de uno. Y hay gente que, por su carácter o su forma de ser, solo van a recibir. Hace tiempo leí que hay gente que son como unas gigantescas fauces; todo lo que el mundo tiene es para que ellos lo consuman, y ni se les ocurre tener que devolver algo. Y, de igual forma que me pasó con Charlie en su momento, uno tiene que aceptar esta situación y actuar en consecuencia. Porque si no, el desequilibrio y la falta de reciprocidad va a dar pie a la frustración y de ahí no puede salir nada bueno.
Y por cierto, a continuación voy a escribir algo sobre eso.
Decimos que la amistad busca reciprocidad, y eso implica que la amistad solo se puede dar entre iguales. En una peli que vi este fin de semana, decían que los reyes no tienen amigos; solo subditos o enemigos. Y eso es así, porque para poder tener amigos el rey tiene que estar en las mismas condiciones que la otra persona y eso es imposible. El grado de confianza, de intimidad, que exige una amistad implica que uno tiene que tener capacidad de hablar libremente sin temer las consecuencias y sentirse escuchado. Ese es el mínimo. A partir de ahí, pues lo importante no es tanto la equidad como la reciprocidad. No que demos y recibamos lo mismo, sino que sintamos que existe correspondencia. Hay amistades, sumamente fuertes, en las cuales el desequilibrio de poder interno es enorme, pero eso no es un problema siempre y cuando ambas personas se sientan comodas dentro de la relación. Por ejemplo, cuando yo era amigo de Charlie la relación era totalmente unidireccional, pero yo estaba muy cómodo porque sentía que me compensaba. Creo que esa frase, ¨me compensa¨, es la clave de una amistad. Cuando deja de merecer la pena, entonces se acaba.
Me ha costado mucho tiempo entender esto. Yo siempre he partido de la base de que, la mejor forma de recibir, es dar. Uno establece una dinámica buena, cómoda, en la que la otra persona puede ser ella misma mediante una combinación de bajas expectativas, alta atención y empatía. Basicamente, yo he hecho amigos con facilidad porque me gusta escuchar (no lo finjo, realmente me gusta), no espero casi nada de la gente y me considero una persona bastante agradable. Pero a veces no depende de uno. Y hay gente que, por su carácter o su forma de ser, solo van a recibir. Hace tiempo leí que hay gente que son como unas gigantescas fauces; todo lo que el mundo tiene es para que ellos lo consuman, y ni se les ocurre tener que devolver algo. Y, de igual forma que me pasó con Charlie en su momento, uno tiene que aceptar esta situación y actuar en consecuencia. Porque si no, el desequilibrio y la falta de reciprocidad va a dar pie a la frustración y de ahí no puede salir nada bueno.
Y por cierto, a continuación voy a escribir algo sobre eso.
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