He ido a Cádiz unos días porque mi señora necesitaba espacio. Espacio físico, porque recibía visitas y no cabiamos. Así que me he ido unos días a casa, con un amigo... y cuando he vuelto no reconozco mi vida.
Recordaba cuando iba a Madrid y me pasaba parecido. Cuando descansaba tanto que no entendía volver. Que no sabía porqué la gente corría, no entendía porqué había tanto ruido... mentalmente ya me había ido y estaba reiniciando. Como si todo fuera nuevo.
En cierto sentido, me pasa eso. Y me doy cuenta de cuanto de mi éxito depende de mi estabilidad. De mi capacidad de dormir, comer, descansar. De poder parar y señalar cosas y decir "esto no es urgente" o "esto lo hacemos así".
También me doy cuenta de lo difícil que es el pensamiento abstracto cuando estás agotado. Cuando simplemente reaccionas y eres capaz de conectar información, de analizar cosas. Cuanto necesita uno dormir, comer, hacer algo más que estar delante de una pantalla. Llevo apenas un día aquí y ya me empiezo a notar agotado, ya me cansa. Pero lo que me cansa, sobre todo, es la desconexión.
Decía mi psicologo que la depresión es, basicamente, desconexión. Desconexión de tus objetivos, de tu vida, de tu gente, de tu espacio. Una vez aislas a una persona lo suficiente, ya no tienes que preocuparte de hacerle daño; ella sola se va a destrozar. El ser humano no está diseñado para estar solo y a la deriva. Necesitamos algo en lo que creer, alguna narrativa que nos dé sentido. Algo.
Apenas llevo aquí un día y ya lo noto. En Cádiz, incluso cuando estoy totalmente aburrido, me tumbo a leer y reinicio la cabeza. Hay ruido en la calle, gente que pasa, coches, conversaciones. Bajo al supermercado o a comprar el pan, y esa interacción lleva a otra. El sitio es agradable, puedo caminar, me apetece deambular. El sitio me mueve los pies.
También hay un clima de verdad. Me sorprendió que, debido a que no llevaba camisetas suficientes, pasé un par de días con ropa sucia. Y eso, que en principio era asqueroso e insoportable, al final no lo fue tanto. Me permitió reiniciar, conectar conmigo mismo. El hecho de que el entorno me afecte y eso no sea una amenaza es un cambio tremendo, te permite relajarte y verlo de otra manera.
Ha sido un tiempo maravilloso. Y se ha acabado. Y me quedan meses hasta que vuelva a tener un momento como ese. Ahora lo que toca son semanas de trabajo, soledad, frío, tristeza. De no tener conversaciones interesantes, de mirar hacía fuera y no hacía adentro. De no leer (han caído tres libros en semana y media), de no escuchar, de no pensar.
Es muy loco cuando estás fuera y lo ves desde allí. Sobre todo porque, aunque todo el mundo tiene su historia y cada historia es distinta, la tuya no se parece en nada. Así que durante un momento es como si fueras, mínimo, dos personas. Y al menos una de ellas no me acaba de caer bien.
Cronicas de un hobbit ario
domingo, 6 de septiembre de 2026
lunes, 17 de agosto de 2026
La necesidad de optimizar
He pasado un finde bastante agradable, de esos donde no se hace nada especial pero eso también está genial. Paseos, charla... muy buenos momentos. Hemos visto Serenity o Firefly, no me acuerdo, que está bastante entretenida. Y durante todo este fin de semana, estaba de fondo el rum rum de la optimización. De buscar la mejor combinación para llegar a un sitio, de encontrar el descuento para la comida, de hacer el camino de la forma más breve posible.
Y ojo, lo entiendo. Todos queremos ser eficaces, ahorrar, hacerlo bien. Pero llega un punto en el que uno está demasiado ocupado buscando "la mejor forma", en vez de disfrutar de lo que hace. Si a eso le sumamos el miedo a equivocarse "es que he comprado este teléfono, pero dos semanas después ha salido con un descuento del 20% en no se donde", ya es para tirarse por la ventana.
Vivimos solo una vez. Y nos vamos a equivocar, claro. Vamos a pagar más por algo, vamos a coger un camino equivocado, vamos a elegir cosas que luego resulta que no nos gustan o no nos sirven o... en la vida se cometen errores. Y no pasa nada. Pero cuando vivimos con la necesidad de hacer todo perfecto, y además hacerlo perfecto a la primera, no vivimos. Como decía el refrán, "lo mejor es enemigo de lo bueno", porque cuando uno tiene algo bueno pero quiere lo mejor... entonces deja de disfrutarlo. Es lo que decían en Las Uvas de la Ira sobre la riqueza. El hombre que no es feliz con dos mil hectareas no lo será con tres mil ni con diez mil. Porque lo que le impide ser feliz no es la limitación de medios materiales, es la busqueda constante de superar a sus iguales o de satisfacer un vacío interior.
Hay que quitarse vuelta y media. Hay que disfrutar del momento, de ser feliz, del ahora. Y hay que elegir sabiendo que disfrutamos lo que elegimos, escuchando a nuestra voz interior. Así es como no nos equivocamos. Haciendonos felices a nosotros mismos.
Y ojo, lo entiendo. Todos queremos ser eficaces, ahorrar, hacerlo bien. Pero llega un punto en el que uno está demasiado ocupado buscando "la mejor forma", en vez de disfrutar de lo que hace. Si a eso le sumamos el miedo a equivocarse "es que he comprado este teléfono, pero dos semanas después ha salido con un descuento del 20% en no se donde", ya es para tirarse por la ventana.
Vivimos solo una vez. Y nos vamos a equivocar, claro. Vamos a pagar más por algo, vamos a coger un camino equivocado, vamos a elegir cosas que luego resulta que no nos gustan o no nos sirven o... en la vida se cometen errores. Y no pasa nada. Pero cuando vivimos con la necesidad de hacer todo perfecto, y además hacerlo perfecto a la primera, no vivimos. Como decía el refrán, "lo mejor es enemigo de lo bueno", porque cuando uno tiene algo bueno pero quiere lo mejor... entonces deja de disfrutarlo. Es lo que decían en Las Uvas de la Ira sobre la riqueza. El hombre que no es feliz con dos mil hectareas no lo será con tres mil ni con diez mil. Porque lo que le impide ser feliz no es la limitación de medios materiales, es la busqueda constante de superar a sus iguales o de satisfacer un vacío interior.
Hay que quitarse vuelta y media. Hay que disfrutar del momento, de ser feliz, del ahora. Y hay que elegir sabiendo que disfrutamos lo que elegimos, escuchando a nuestra voz interior. Así es como no nos equivocamos. Haciendonos felices a nosotros mismos.
miércoles, 12 de agosto de 2026
Las bicicletas son para el verano II
Se me escapaba y no quería meterlo en el anterior artículo. Ayer por la noche estuve escribiendome con una vieja amiga, con la que hacía mucho que no charlaba. Y, poniendonos al día sobre la vida, surgió el mismo tema. "Moskis, igual puedes retirarte a los 50 entonces!". Es un deseo feliz de ella, no existe esa posibilidad ni remotamente.
Pero es que tampoco me lo he planteado. Cuando trabajaba embarcado, la gente fantaseaba con dejar de trabajar. "Ojalá jubilarme ya". El otro día en el trabajo, una compañera calculaba cuantos años le quedan. ¿Yo? A mí me gusta trabajar. Yo seguiría haciendolo aunque fuera rico. Llevo años diciendolo, y sabe Dios que mi trabajo me arranca el alma muchísimas veces... pero mi trabajo es parte de lo que soy. Y me gusta lo que soy.
Tengo un amigo al que lo han jubilado forzoso. Es algo que cada vez irá pasando más, viene con la edad, como cuando mi abuelo se levantaba y leía el obituario del diario, a ver quién faltaba para la revista de policia a primera hora.
Bajale una al morbo, por favor.
Lo que decía, que tengo un amigo al que han jubilado. Y mi amigo lo ha pasado fatal, porque, como decía Sergio, una cosa es que uno lo elija y otra que te lo impongan. Que es cambiar tu vida entera y somos animales de costumbres. Hay que transicionar, planear, ver lo que se hace... Es una transición de una forma de vida a la otra y, en seco, puede ser bastante duro.
Curiosamente, mi amiga ayer apuntaba a la cantidad de hobbies que tengo. Y pensaba, no equivocadamente, que mis hobbies son una forma de distracción. No son algo que define el nucleo de mi identidad, sino más bien algo accesorio, como mi gusto musical o mi facilidad para los idiomas.
En nuestra configuración humana, en la que muchas veces la identidad publica define la identidad privada, necesitamos algo que nos permita anclarnos al suelo. En mi caso, como en el de la mayoría de la gente, es lo que podemos hacer por los demás. Mi trabajo ha sido, durante mucho tiempo, una forma de expresión en ese sentido. Yo soy X, hago Y y viceversa. Esto se retroalimenta.
¿Si dejara de hacer Y? Pues probablemente me buscaría otra cosa que hacer y encontraría otra forma de expresión. Pero la libertad es vertiginosa. Con la libertad de hacer lo que queramos viene la responsabilidad de elegir lo que queremos hacer, y ahí no valen excusas. No sirve "es lo que me toca" o "estoy obligado". No. Nosotros elegimos. Y para la inmensa mayoría de la gente, y yo no creo que sea una excepción en ese sentido, la libertad sin límites obliga a una conversación interna que es terrorífica.
A propósito de eso, el otro día me encontré a Jess, una compañera que empezó a trabajar de lo nuestro. Y comentaba, de una forma un poco tangencial, que una cosa es verlo desde fuera y otra desde dentro. Que no le gusta, que es agotador. Y lo entiendo, tiene toda la razón. Pero algo parecido nos pasa con la idea de no trabajar. Desde fuera... sí claro, todo el tiempo del mundo para uno mismo.
Una vez dentro, nos obliga a rediseñarnos. Que es una oportunidad maravillosa, pero también un esfuerzo tremendo.
Como todo lo que merece la pena.
Pero es que tampoco me lo he planteado. Cuando trabajaba embarcado, la gente fantaseaba con dejar de trabajar. "Ojalá jubilarme ya". El otro día en el trabajo, una compañera calculaba cuantos años le quedan. ¿Yo? A mí me gusta trabajar. Yo seguiría haciendolo aunque fuera rico. Llevo años diciendolo, y sabe Dios que mi trabajo me arranca el alma muchísimas veces... pero mi trabajo es parte de lo que soy. Y me gusta lo que soy.
Tengo un amigo al que lo han jubilado forzoso. Es algo que cada vez irá pasando más, viene con la edad, como cuando mi abuelo se levantaba y leía el obituario del diario, a ver quién faltaba para la revista de policia a primera hora.
Bajale una al morbo, por favor.
Lo que decía, que tengo un amigo al que han jubilado. Y mi amigo lo ha pasado fatal, porque, como decía Sergio, una cosa es que uno lo elija y otra que te lo impongan. Que es cambiar tu vida entera y somos animales de costumbres. Hay que transicionar, planear, ver lo que se hace... Es una transición de una forma de vida a la otra y, en seco, puede ser bastante duro.
Curiosamente, mi amiga ayer apuntaba a la cantidad de hobbies que tengo. Y pensaba, no equivocadamente, que mis hobbies son una forma de distracción. No son algo que define el nucleo de mi identidad, sino más bien algo accesorio, como mi gusto musical o mi facilidad para los idiomas.
En nuestra configuración humana, en la que muchas veces la identidad publica define la identidad privada, necesitamos algo que nos permita anclarnos al suelo. En mi caso, como en el de la mayoría de la gente, es lo que podemos hacer por los demás. Mi trabajo ha sido, durante mucho tiempo, una forma de expresión en ese sentido. Yo soy X, hago Y y viceversa. Esto se retroalimenta.
¿Si dejara de hacer Y? Pues probablemente me buscaría otra cosa que hacer y encontraría otra forma de expresión. Pero la libertad es vertiginosa. Con la libertad de hacer lo que queramos viene la responsabilidad de elegir lo que queremos hacer, y ahí no valen excusas. No sirve "es lo que me toca" o "estoy obligado". No. Nosotros elegimos. Y para la inmensa mayoría de la gente, y yo no creo que sea una excepción en ese sentido, la libertad sin límites obliga a una conversación interna que es terrorífica.
A propósito de eso, el otro día me encontré a Jess, una compañera que empezó a trabajar de lo nuestro. Y comentaba, de una forma un poco tangencial, que una cosa es verlo desde fuera y otra desde dentro. Que no le gusta, que es agotador. Y lo entiendo, tiene toda la razón. Pero algo parecido nos pasa con la idea de no trabajar. Desde fuera... sí claro, todo el tiempo del mundo para uno mismo.
Una vez dentro, nos obliga a rediseñarnos. Que es una oportunidad maravillosa, pero también un esfuerzo tremendo.
Como todo lo que merece la pena.
Tu pene no es especial
Como casi todos mis artículos ultimamente, este empieza con algo curioso que me pasó. Fui al médico, porque tengo un lunar/herida con una pinta sospechosa. Para los que no me conozcáis, he tenido algún carcinoma, algo natural cuando uno es tan palido como yo y tiene la maldita manía de coger algo de sol de vez en cuando (que además hace falta, por vitaminas y por maldita salud), con lo que más o menos empiezo a reconocer los sintomas. Como con el asma o como con los dolores de cabeza de mi mejor parte, supongo que algunas cosas empiezo a conocerlas en mi mismo.
El caso es que, como decía, fui al médico. Reino Unido es bastante más "moderno" que España, entre otras cosas en el sentido de la protección de los datos personales y que, todo, es susceptible de acabar en denuncia y juicio. Y la gente se busca las papas muchísimo. Así que todo es "a prueba de denuncias". Hasta el punto de que el médico me tomó una foto de la cabeza para mandarla a un hospital y empezó "mira, este es mi dispositivo personal pero tal y como la mande la borro, solo quiero enviarla, no voy a hacer nada con ella..."
A ver, yo reaccioné como cualquier persona normal haría. "Doctor, si Ud colecciona fotos de heridas de gente, quizás el problema no sea mío". Los dos nos reímos. Pero cuando me fui, me llamó mucho la atención. Y hoy mientras desayunaba, pensaba que cuando hice un curso de prevención sanitaria nos pusieron mogollón de fotos de enfermedades venereas. Literalmente, organos genitales de gente. No sé si les pidieron permiso para su difusión, pero maldito lo que me importa.
Lo que quiero decir es, en esta epoca de protección de datos, atención comercialiada, redes sociales, spam y estafas... quizás estaría bien ponernos un poco en perspectiva. Hay unos pocos de millones de seres humanos solo donde vivo yo y, sinceramente, no creo que mis datos o mi imagen o mi identidad sea TAN valioso. Está bien tener una protección razonable, como que mis datos identificativos que pueden usarse para pagar cosas por mí estén protegidos (más que nada, por una cuestión de seguridad jurídica. Y por confianza en el sistema), pero tampoco hace falta que vivamos siempre asustados del sistema. El sistema debería ser "razonable", de forma que, si en algún momento tengo que verme delante de un tribunal, tenga la tranquilidad de que, obrando bien, no me va a pasar nada.
Hay una frase buenísima para eso en las Reales Ordenanzas de las Fuerzas Armadas. "Generará un clima de justicia en el trabajo, de forma que nada deba esperar del favor ni temer de la arbitrariedad".
Si yo hago las cosas bien, no debo temer la arbitrariedad. Por lo que si el médico actua conforme a una buena praxis, no tiene que temer una denuncia. Pero la praxis debe ser razonable y hecha por y para seres humanos. Un problema que nos encontramos es que las expectativas son totalmente irreales. Se le pide a los sanitarios que trabajen turnos de 24 horas y se mantengan frescos como lechugas, de forma que no puedan cometer errores, lo cual es manifiestamente imposible. Y, en vez de ajustar el sistema para que las personas puedan realizar su trabajo de forma eficaz, coherente y digna, lo que hacemos es aumentar el nivel de control y burocracia. Como niños que tienen miedo de que, si dejan de mirar por la ventana, se va a hacer de noche solo, nosotros creemos que podemos obligar a la gente a dejar de ser humana.
Y así acabamos. Con un doctor, amable, profesional y dedicado, pidiendome casi permiso para hacer su trabajo, que es intentar que mi posible enfermedad se convierta en conocimiento, que sirva para curarme a mí y a los demás. A hacer ciencia. Si los abogados se lo permiten, claro.
El caso es que, como decía, fui al médico. Reino Unido es bastante más "moderno" que España, entre otras cosas en el sentido de la protección de los datos personales y que, todo, es susceptible de acabar en denuncia y juicio. Y la gente se busca las papas muchísimo. Así que todo es "a prueba de denuncias". Hasta el punto de que el médico me tomó una foto de la cabeza para mandarla a un hospital y empezó "mira, este es mi dispositivo personal pero tal y como la mande la borro, solo quiero enviarla, no voy a hacer nada con ella..."
A ver, yo reaccioné como cualquier persona normal haría. "Doctor, si Ud colecciona fotos de heridas de gente, quizás el problema no sea mío". Los dos nos reímos. Pero cuando me fui, me llamó mucho la atención. Y hoy mientras desayunaba, pensaba que cuando hice un curso de prevención sanitaria nos pusieron mogollón de fotos de enfermedades venereas. Literalmente, organos genitales de gente. No sé si les pidieron permiso para su difusión, pero maldito lo que me importa.
Lo que quiero decir es, en esta epoca de protección de datos, atención comercialiada, redes sociales, spam y estafas... quizás estaría bien ponernos un poco en perspectiva. Hay unos pocos de millones de seres humanos solo donde vivo yo y, sinceramente, no creo que mis datos o mi imagen o mi identidad sea TAN valioso. Está bien tener una protección razonable, como que mis datos identificativos que pueden usarse para pagar cosas por mí estén protegidos (más que nada, por una cuestión de seguridad jurídica. Y por confianza en el sistema), pero tampoco hace falta que vivamos siempre asustados del sistema. El sistema debería ser "razonable", de forma que, si en algún momento tengo que verme delante de un tribunal, tenga la tranquilidad de que, obrando bien, no me va a pasar nada.
Hay una frase buenísima para eso en las Reales Ordenanzas de las Fuerzas Armadas. "Generará un clima de justicia en el trabajo, de forma que nada deba esperar del favor ni temer de la arbitrariedad".
Si yo hago las cosas bien, no debo temer la arbitrariedad. Por lo que si el médico actua conforme a una buena praxis, no tiene que temer una denuncia. Pero la praxis debe ser razonable y hecha por y para seres humanos. Un problema que nos encontramos es que las expectativas son totalmente irreales. Se le pide a los sanitarios que trabajen turnos de 24 horas y se mantengan frescos como lechugas, de forma que no puedan cometer errores, lo cual es manifiestamente imposible. Y, en vez de ajustar el sistema para que las personas puedan realizar su trabajo de forma eficaz, coherente y digna, lo que hacemos es aumentar el nivel de control y burocracia. Como niños que tienen miedo de que, si dejan de mirar por la ventana, se va a hacer de noche solo, nosotros creemos que podemos obligar a la gente a dejar de ser humana.
Y así acabamos. Con un doctor, amable, profesional y dedicado, pidiendome casi permiso para hacer su trabajo, que es intentar que mi posible enfermedad se convierta en conocimiento, que sirva para curarme a mí y a los demás. A hacer ciencia. Si los abogados se lo permiten, claro.
Las bicicletas son para el verano
Hace unos días comentaba sobre el tiempo con un compañero. Que hace muy bueno y es agradable, simplemente, darse una vueltecita. Salir del trabajo y que no esté lloviendo, sea oscuro y haga un frío terrible, es una bendición. Y mi compañero me contestó que, "sí, pero con este tiempo no debería uno estar trabajando".
Lo curioso es que ni se me había ocurrido. Llevo tanto tiempo trabajando que lo tengo interiorizado, para mí es "el orden natural de las cosas". Tengo un horario y una obligación, eso me da equilibrio y sentido. Es como que haga frío en invierno o que salga el sol por las mañanas; uno no es consciente de que pasa, simplemente está ahí de fondo. Me llamó la atención lo que dijo mi compañero porque, hace unos años, yo probablemente habría dicho lo mismo. Que el verano es para disfrutar, para ir a la playa, darse vueltecitas por el Paseo, ronear con las niñas. Irse en bicicleta a otros pueblos.
Hace muchísimo que dejamos atrás la juventud. En mi caso, debido a los problemas en la piel y el pelo, ya incluso de forma física. Pero sin embargo, la juventud está ahí. Es ese barrio al que podemos volver, pasear por sus calles y darnos cuenta de lo bonitas que son. De como está todo decorado con estilo, de como había tanta energía, tanta fuerza, tanta vida. Y ni siquiera eramos conscientes de ello.
Un recuerdo me ha venido a visitar. Yo, pequeño y delgado, en vaqueros negros en verano. Independientemente de que hiciera un calor de narices, yo era heavy y quería que todo el mundo lo supiera. Con ojos de ahora resulta divertido pero, como leí ayer, el mejor regalo que podemos hacernos es perdonar los errores que cometimos cuando no sabiamos lo que sabemos ahora.
Lo curioso es que ni se me había ocurrido. Llevo tanto tiempo trabajando que lo tengo interiorizado, para mí es "el orden natural de las cosas". Tengo un horario y una obligación, eso me da equilibrio y sentido. Es como que haga frío en invierno o que salga el sol por las mañanas; uno no es consciente de que pasa, simplemente está ahí de fondo. Me llamó la atención lo que dijo mi compañero porque, hace unos años, yo probablemente habría dicho lo mismo. Que el verano es para disfrutar, para ir a la playa, darse vueltecitas por el Paseo, ronear con las niñas. Irse en bicicleta a otros pueblos.
Hace muchísimo que dejamos atrás la juventud. En mi caso, debido a los problemas en la piel y el pelo, ya incluso de forma física. Pero sin embargo, la juventud está ahí. Es ese barrio al que podemos volver, pasear por sus calles y darnos cuenta de lo bonitas que son. De como está todo decorado con estilo, de como había tanta energía, tanta fuerza, tanta vida. Y ni siquiera eramos conscientes de ello.
Un recuerdo me ha venido a visitar. Yo, pequeño y delgado, en vaqueros negros en verano. Independientemente de que hiciera un calor de narices, yo era heavy y quería que todo el mundo lo supiera. Con ojos de ahora resulta divertido pero, como leí ayer, el mejor regalo que podemos hacernos es perdonar los errores que cometimos cuando no sabiamos lo que sabemos ahora.
domingo, 2 de agosto de 2026
Cuando lo femenino es contracultural
Hoy fui a un pueblo cercano a comprar cosas. Aquí hace como treinta grados, que para este sitio es un calorazo máximo, nada sorprendente en Agosto. Pero me sorprende bastante haberme visto a una chica que iba con una especie de bikini por la calle. Y me he dado cuenta de como, los rasgos culturalmente asociados a la feminidad (pelo largo, faldas, ropa y pelo de colores... ), resultan poco comunes en esta zona. No sé si es por el feminismo de tercera ola, por la cantidad de musulmanes que hay, o por lo que sea, pero hay un momento en el que ver a una chica con un traje de verano, pelo largo suelto y maquillaje ligero llama la atención. Hemos convertido lo "normal" en "anormal", simplemente reduciendo su presencia en las calles. Y supongo que algo así pasa con cualquier cosa. Como cantaban Soziedad Alkoholica, "las tradiciones que no nos sirven, se deben soltar". Un grupo bastante interesante, entre otras cosas para descubrir un poco de historia de España a través de sus movidas.
No sé. Simplemente quería dejar esto aquí. Luego uno vuela a España y, de repente, reinicia. Supongo que es el elemento fundamental de una cultura, que se explica muy bien con la frase esa de "un pez no es consciente de que vive en el agua". Las cosas que nos identifican y que hacen que nos sintamos comodos, que alinean nuestra identidad individual con nuestra identidad colectiva y nos referencian en un entorno, son tantas pequeñas cosas que es difícil identificar una sola de ellas. Pero esta, lo que se considera que es apropiado y no, me parece que es una bastante importante y que a mí se me está escapando.
Como decía Aura, no puede ser que el único equivocado sea yo. Es más fácil que sean los demás los que están nadando en la dirección correcta y yo, el que no acaba de entenderlo.
No sé. Simplemente quería dejar esto aquí. Luego uno vuela a España y, de repente, reinicia. Supongo que es el elemento fundamental de una cultura, que se explica muy bien con la frase esa de "un pez no es consciente de que vive en el agua". Las cosas que nos identifican y que hacen que nos sintamos comodos, que alinean nuestra identidad individual con nuestra identidad colectiva y nos referencian en un entorno, son tantas pequeñas cosas que es difícil identificar una sola de ellas. Pero esta, lo que se considera que es apropiado y no, me parece que es una bastante importante y que a mí se me está escapando.
Como decía Aura, no puede ser que el único equivocado sea yo. Es más fácil que sean los demás los que están nadando en la dirección correcta y yo, el que no acaba de entenderlo.
Vivir dentro de tu cabeza
Ayer tuve una conversación muy interesante, con la única persona con la que hablo cara a cara desde hace un mes, a proposito del clima. De como, aunque se queja del sol y el calor, luego lo echará de menos. Hoy, paseando, me contaba de su amiga, que celebra sus vacaciones y eso le hace ser consciente de la suerte que tiene de poder viajar y poder visitar sitios.
Decía Marco Aurelio: "Cuando te levantes por la mañana, piensa en el privilegio de vivir: respirar, pensar, disfrutar, amar."
Muchas veces, el día a día nos aparta de esa realidad. Los árboles nos impiden ver el bosque. Pero si dedicamos un momento a reflexionar nos daremos cuenta enseguida de la suerte que tenemos, del privilegio que supone poder disfrutar de salud, alegria, amor. Estos días que he conseguido dormir (hoy también. Seis noches de siete esta semana, es un record absoluto de 2026), me vuelvo aún más consciente de ello. De que, por un lado, tenemos la suerte de poder disfrutar de la vida, en toda su plenitud. Y que por otro, vivimos muchísimo dentro de nuestras cabezas. Es malo pasar mucho tiempo inactivo, mucho tiempo pasivo, mucho tiempo "siendo dirigido". Es importante que tomemos iniciativa en nuestra vida, que hagamos cosas, que queramos hacer cosas. Lo que he dicho aquí alguna vez: cuando hablamos más de nuestro futuro que de nuestro pasado, vamos bien. Pero sobre todo, cuando hablamos de nuestro presente. De lo que vamos a hacer... hoy. De lo que pensamos, oímos, escuchamos... ahora. De vivir en el momento, en tiepmo presente. De sentir, de ser, de estar. Es super importante esa sensación, esa idea, de que existimos en este momento y lugar. Lo que dicen los gurus de "la conexión". O como decía Mar cuando la conocí, "cuando lo que piensas, dices y haces está alineado, eres feliz".
Y todo eso sucede dentro de nuestra cabeza. Decía Nietzsche que "Estuve en la oscuridad, pero di tres pasos y me encontré en el paraíso. El primer paso fue un buen pensamiento, el segundo una buena palabra, y el tercero, una buena acción." Que curioso que Mar, con diecisiete años, citaba aa Nietzsche sin saber que lo estaba citando.
Parece facil, ¿verdad? Pero nos distrae el ruido, nos distraen nuestros miedos, nuestros prejuicios, nuestras inseguridades. Nos distrae el ego y la necesidad de satisfacerlo. Nos distraen las expectativas, de los demás y las nuestras propias. Nos distrae el Futuro, con mayúsculas, y nos distraen las heridas del pasado, que cargamos en la mochila pero de vez en cuando rebosa. Por eso es vital fabricar un silencio interno, un espacio personal donde seamos nosotros mismos. La cabeza tira de cuerpo que tira de la cabeza. Por eso es importante la musica, el ordenar el espacio, los colores, la luz. Es importante que miremos afuera y ese exterior nos devuelva la mirada adentro, de forma que creemos una dinamica buena.
Hay que trabajar las rutinas. Hay que guiar al cuerpo, de forma que, cuando se ponga el sol, quiera irse a dormir y cuando salga, quiera arrancar y hacer cosas. Hay que alinear los deseos, de forma que entendamos que las frustraciones son temporales o, si no lo son, dejen de ser frustraciones. Hay que trabajar mucho, muchísimo, dentro de nuestra cabeza y fuera.
Este periodo de descanso me ha servido. He cogido fuerzas. Me siento mejor. No tengo prisa, no necesito "distraerme" como huida de un presente que me duele y me asusta. He podido conectar conmigo mismo. Y sobre todo, celebro que me queda un año para irme. Esta tortura acabará, y la certeza de que eso es posible me da fuerzas. Le tengo que agradecer muchísimo a Carlos, que me apoya un montón y a quién me aguanta. No sé como soportan cuando llego a Cádiz y me paso dos o tres días quejandome, solo quejandome, tirando mi basura emocional para limpiarme. No lo olvidaré. Soy muy consciente de lo que me duele, pero como decía Sergio, lo importante es cuando sales hacer cosas que te permitan reiniciar muchísimo. Y poner límites a la negatividad de la gente también, que puede tirarte abajo en una espiral muy rápido.
Hay que estar fuerte. Deporte para el cuerpo, pensar bien para el alma, incluso rezar. Hay que hacer cosas para que la cabeza también esté fuerte, de forma que cuando tengas que vivir allí, tengas los pies limpios antes de entrar y luego tu mente comparta tu casa y tu espacio. Fuera hace frío o calor, la gente es hostil y hay que tener cuidado. Pero eso no tiene que llegar adentro, hay que estar bien dentro. Y poder disfrutar de vivir con uno mismo.
Decía Marco Aurelio: "Cuando te levantes por la mañana, piensa en el privilegio de vivir: respirar, pensar, disfrutar, amar."
Muchas veces, el día a día nos aparta de esa realidad. Los árboles nos impiden ver el bosque. Pero si dedicamos un momento a reflexionar nos daremos cuenta enseguida de la suerte que tenemos, del privilegio que supone poder disfrutar de salud, alegria, amor. Estos días que he conseguido dormir (hoy también. Seis noches de siete esta semana, es un record absoluto de 2026), me vuelvo aún más consciente de ello. De que, por un lado, tenemos la suerte de poder disfrutar de la vida, en toda su plenitud. Y que por otro, vivimos muchísimo dentro de nuestras cabezas. Es malo pasar mucho tiempo inactivo, mucho tiempo pasivo, mucho tiempo "siendo dirigido". Es importante que tomemos iniciativa en nuestra vida, que hagamos cosas, que queramos hacer cosas. Lo que he dicho aquí alguna vez: cuando hablamos más de nuestro futuro que de nuestro pasado, vamos bien. Pero sobre todo, cuando hablamos de nuestro presente. De lo que vamos a hacer... hoy. De lo que pensamos, oímos, escuchamos... ahora. De vivir en el momento, en tiepmo presente. De sentir, de ser, de estar. Es super importante esa sensación, esa idea, de que existimos en este momento y lugar. Lo que dicen los gurus de "la conexión". O como decía Mar cuando la conocí, "cuando lo que piensas, dices y haces está alineado, eres feliz".
Y todo eso sucede dentro de nuestra cabeza. Decía Nietzsche que "Estuve en la oscuridad, pero di tres pasos y me encontré en el paraíso. El primer paso fue un buen pensamiento, el segundo una buena palabra, y el tercero, una buena acción." Que curioso que Mar, con diecisiete años, citaba aa Nietzsche sin saber que lo estaba citando.
Parece facil, ¿verdad? Pero nos distrae el ruido, nos distraen nuestros miedos, nuestros prejuicios, nuestras inseguridades. Nos distrae el ego y la necesidad de satisfacerlo. Nos distraen las expectativas, de los demás y las nuestras propias. Nos distrae el Futuro, con mayúsculas, y nos distraen las heridas del pasado, que cargamos en la mochila pero de vez en cuando rebosa. Por eso es vital fabricar un silencio interno, un espacio personal donde seamos nosotros mismos. La cabeza tira de cuerpo que tira de la cabeza. Por eso es importante la musica, el ordenar el espacio, los colores, la luz. Es importante que miremos afuera y ese exterior nos devuelva la mirada adentro, de forma que creemos una dinamica buena.
Hay que trabajar las rutinas. Hay que guiar al cuerpo, de forma que, cuando se ponga el sol, quiera irse a dormir y cuando salga, quiera arrancar y hacer cosas. Hay que alinear los deseos, de forma que entendamos que las frustraciones son temporales o, si no lo son, dejen de ser frustraciones. Hay que trabajar mucho, muchísimo, dentro de nuestra cabeza y fuera.
Este periodo de descanso me ha servido. He cogido fuerzas. Me siento mejor. No tengo prisa, no necesito "distraerme" como huida de un presente que me duele y me asusta. He podido conectar conmigo mismo. Y sobre todo, celebro que me queda un año para irme. Esta tortura acabará, y la certeza de que eso es posible me da fuerzas. Le tengo que agradecer muchísimo a Carlos, que me apoya un montón y a quién me aguanta. No sé como soportan cuando llego a Cádiz y me paso dos o tres días quejandome, solo quejandome, tirando mi basura emocional para limpiarme. No lo olvidaré. Soy muy consciente de lo que me duele, pero como decía Sergio, lo importante es cuando sales hacer cosas que te permitan reiniciar muchísimo. Y poner límites a la negatividad de la gente también, que puede tirarte abajo en una espiral muy rápido.
Hay que estar fuerte. Deporte para el cuerpo, pensar bien para el alma, incluso rezar. Hay que hacer cosas para que la cabeza también esté fuerte, de forma que cuando tengas que vivir allí, tengas los pies limpios antes de entrar y luego tu mente comparta tu casa y tu espacio. Fuera hace frío o calor, la gente es hostil y hay que tener cuidado. Pero eso no tiene que llegar adentro, hay que estar bien dentro. Y poder disfrutar de vivir con uno mismo.
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