domingo, 2 de agosto de 2026

Cuando lo femenino es contracultural

Hoy fui a un pueblo cercano a comprar cosas. Aquí hace como treinta grados, que para este sitio es un calorazo máximo, nada sorprendente en Agosto. Pero me sorprende bastante haberme visto a una chica que iba con una especie de bikini por la calle. Y me he dado cuenta de como, los rasgos culturalmente asociados a la feminidad (pelo largo, faldas, ropa y pelo de colores... ), resultan poco comunes en esta zona. No sé si es por el feminismo de tercera ola, por la cantidad de musulmanes que hay, o por lo que sea, pero hay un momento en el que ver a una chica con un traje de verano, pelo largo suelto y maquillaje ligero llama la atención. Hemos convertido lo "normal" en "anormal", simplemente reduciendo su presencia en las calles. Y supongo que algo así pasa con cualquier cosa. Como cantaban Soziedad Alkoholica, "las tradiciones que no nos sirven, se deben soltar". Un grupo bastante interesante, entre otras cosas para descubrir un poco de historia de España a través de sus movidas.
No sé. Simplemente quería dejar esto aquí. Luego uno vuela a España y, de repente, reinicia. Supongo que es el elemento fundamental de una cultura, que se explica muy bien con la frase esa de "un pez no es consciente de que vive en el agua". Las cosas que nos identifican y que hacen que nos sintamos comodos, que alinean nuestra identidad individual con nuestra identidad colectiva y nos referencian en un entorno, son tantas pequeñas cosas que es difícil identificar una sola de ellas. Pero esta, lo que se considera que es apropiado y no, me parece que es una bastante importante y que a mí se me está escapando.
Como decía Aura, no puede ser que el único equivocado sea yo. Es más fácil que sean los demás los que están nadando en la dirección correcta y yo, el que no acaba de entenderlo.

Vivir dentro de tu cabeza

Ayer tuve una conversación muy interesante, con la única persona con la que hablo cara a cara desde hace un mes, a proposito del clima. De como, aunque se queja del sol y el calor, luego lo echará de menos. Hoy, paseando, me contaba de su amiga, que celebra sus vacaciones y eso le hace ser consciente de la suerte que tiene de poder viajar y poder visitar sitios.
Decía Marco Aurelio: "Cuando te levantes por la mañana, piensa en el privilegio de vivir: respirar, pensar, disfrutar, amar."
Muchas veces, el día a día nos aparta de esa realidad. Los árboles nos impiden ver el bosque. Pero si dedicamos un momento a reflexionar nos daremos cuenta enseguida de la suerte que tenemos, del privilegio que supone poder disfrutar de salud, alegria, amor. Estos días que he conseguido dormir (hoy también. Seis noches de siete esta semana, es un record absoluto de 2026), me vuelvo aún más consciente de ello. De que, por un lado, tenemos la suerte de poder disfrutar de la vida, en toda su plenitud. Y que por otro, vivimos muchísimo dentro de nuestras cabezas. Es malo pasar mucho tiempo inactivo, mucho tiempo pasivo, mucho tiempo "siendo dirigido". Es importante que tomemos iniciativa en nuestra vida, que hagamos cosas, que queramos hacer cosas. Lo que he dicho aquí alguna vez: cuando hablamos más de nuestro futuro que de nuestro pasado, vamos bien. Pero sobre todo, cuando hablamos de nuestro presente. De lo que vamos a hacer... hoy. De lo que pensamos, oímos, escuchamos... ahora. De vivir en el momento, en tiepmo presente. De sentir, de ser, de estar. Es super importante esa sensación, esa idea, de que existimos en este momento y lugar. Lo que dicen los gurus de "la conexión". O como decía Mar cuando la conocí, "cuando lo que piensas, dices y haces está alineado, eres feliz".
Y todo eso sucede dentro de nuestra cabeza. Decía Nietzsche que "Estuve en la oscuridad, pero di tres pasos y me encontré en el paraíso. El primer paso fue un buen pensamiento, el segundo una buena palabra, y el tercero, una buena acción." Que curioso que Mar, con diecisiete años, citaba aa Nietzsche sin saber que lo estaba citando.
Parece facil, ¿verdad? Pero nos distrae el ruido, nos distraen nuestros miedos, nuestros prejuicios, nuestras inseguridades. Nos distrae el ego y la necesidad de satisfacerlo. Nos distraen las expectativas, de los demás y las nuestras propias. Nos distrae el Futuro, con mayúsculas, y nos distraen las heridas del pasado, que cargamos en la mochila pero de vez en cuando rebosa. Por eso es vital fabricar un silencio interno, un espacio personal donde seamos nosotros mismos. La cabeza tira de cuerpo que tira de la cabeza. Por eso es importante la musica, el ordenar el espacio, los colores, la luz. Es importante que miremos afuera y ese exterior nos devuelva la mirada adentro, de forma que creemos una dinamica buena.
Hay que trabajar las rutinas. Hay que guiar al cuerpo, de forma que, cuando se ponga el sol, quiera irse a dormir y cuando salga, quiera arrancar y hacer cosas. Hay que alinear los deseos, de forma que entendamos que las frustraciones son temporales o, si no lo son, dejen de ser frustraciones. Hay que trabajar mucho, muchísimo, dentro de nuestra cabeza y fuera.
Este periodo de descanso me ha servido. He cogido fuerzas. Me siento mejor. No tengo prisa, no necesito "distraerme" como huida de un presente que me duele y me asusta. He podido conectar conmigo mismo. Y sobre todo, celebro que me queda un año para irme. Esta tortura acabará, y la certeza de que eso es posible me da fuerzas. Le tengo que agradecer muchísimo a Carlos, que me apoya un montón y a quién me aguanta. No sé como soportan cuando llego a Cádiz y me paso dos o tres días quejandome, solo quejandome, tirando mi basura emocional para limpiarme. No lo olvidaré. Soy muy consciente de lo que me duele, pero como decía Sergio, lo importante es cuando sales hacer cosas que te permitan reiniciar muchísimo. Y poner límites a la negatividad de la gente también, que puede tirarte abajo en una espiral muy rápido.
Hay que estar fuerte. Deporte para el cuerpo, pensar bien para el alma, incluso rezar. Hay que hacer cosas para que la cabeza también esté fuerte, de forma que cuando tengas que vivir allí, tengas los pies limpios antes de entrar y luego tu mente comparta tu casa y tu espacio. Fuera hace frío o calor, la gente es hostil y hay que tener cuidado. Pero eso no tiene que llegar adentro, hay que estar bien dentro. Y poder disfrutar de vivir con uno mismo.

miércoles, 29 de julio de 2026

Hasta luego, Basqueland

Es curioso, cuantas formas distintas hay de hacer saber a alguien que no es bienvenido en un sitio. Desde miradas, hacer esperar en una cola, hablar en otro idioma para que no se entienda... creo que, en estos días en el País Vasco, las hemos visto todas.
Y ya sé que habrá quién me diga que no todo el mundo es así, que no se puede generalizar, que es que eres muy sensible, que... Pero no deja de ser curioso, al menos para mí, como en la última decada cada vez somos más hostiles ante lo desconocido/nuevo/diferente. En teoría, internet iba a abrirnos una puerta al conocimiento, reducir las distancias, combatir la xenofobia. Al revés, resulta que cuanto más expuestos estamos al mundo más lo odiamos y más nos apetece encerrarnos, solos, con nuestra gente. Con los que reconocemos como propio y con los que compartimos.
Quizás es por la constante exposición a discursos de odio, a prejuicios y a historias dramáticas. Quizás es como respuesta a un movimiento, quizás global, dirigido a monopolizar las diferencias y el rencor. El otro día leía a Kaitzen, un autor americano, decir que el apoyo a Palestina es casi una religión, para personas que entienden el mundo en binario. Para gente que necesitan buenos y malos, oprimidos y opresores, blancos y negros. De esa definición amplio yo, a gente que no se siente nada comodos en un espacio gris, probablemente por una cuestión de superioridad moral. Comento lo de Palestina porque había banderas de Palestina allí por todas partes, incluso en pueblos de cincuenta habitantes.
No creo que volvamos. No nos hemos sentido bien. Y eso que la comida era exquisita y el sitio precioso pero... no me hace falta, la verdad. Hay muchos sitios maravillosos donde no intentan echarme. Así que para ellos y que les aproveche. Pero fue bueno despejarnos, aunque haya sido toda una aventura (planeamiento arriesgado, conducir sin practica... ha sido muy tenso). Pero pasó. Ahora a por lo siguiente y a por otra semana. Ya queda un año solo y, después, a vivir. Que ilusión me da ver el final.

miércoles, 22 de julio de 2026

Hace falta una mente educada, para entender un pensamiento que no acepta

El título es, más o menos, una traducción de una cita de Aristóteles. Y me viene muy bien para dar un salto al siguiente episodio, también relacionado con la burbuja.
Hace falta ser buena persona, para alegrarse de los éxitos que no compartimos.
Ayer hablaba con un amigo sobre mi situación y este hombre me decía que, bueno, al menos uno de los factores para mí no es un problema. Lo decía porque, para él, si lo es y lo ha sido durante mucho tiempo. Pero se alegraba sinceramente por mí, apoyaba mi decisión. En lugar de decir, lo habitual "yo si fuera tú, haría esto", asumiendo solo las partes beneficiosas de mi situación e ignorando las negativas, hacía un análisis general y, sobre todo, no me hacía sentir culpable por estar mejor que él en ese aspecto.
Esto es importante. La envidia es una emoción humana y un pecado capital. Pero es algo natural, es una cosa que nos surge. Si mi vecino tiene una casa más grande, mi instinto primigenio será decir "mira el maldito" y limitar mi percepción de él a ese factor que envidio. Como el que tiene más dinero, más tiempo, una mujer más guapa... lo que sea. Es muy facil poner el foco en lo atractivo. Y en una cultura de redes sociales, donde todo se comercializa para llamar la atención, y existe una competición constante fruto de esa parte de la cultura capitalista (el éxito como virtud en sí misma, no como medio para un fin), es contracultural decir "oye, pues Manolito se ha comprado un cochazo y me alegro mucho por él".
Volviendo a la burbujita, no sabemos cuantas horas de trabajo, sacrificio, apaños y esfuerzo tuvo que hacer Manolito para tener su coche. Simplemente vemos el producto. Y queremos y envidiamos el producto, claro. "Yo también". No, si no estás dispuesto a pagar el precio. E incluso aunque estuvieras dispuesto a pagarlo, una vez has atravesado el esfuerzo se vé de otra manera. Por eso quiero dedicar mi admiración a esa persona que, no solo supera la posición de inferioridad desde la que surge la envidia, sino que se permite alegrarme por algo que podría percibirse como éxito del otro. Bien, Manolito, al menos tienes tu coche. En lugar de recurrir a ese, tan doloroso para alguna gente, "no te quejes, que tienes tu coche", despreciando el sufrimiento de la otra persona y anulando la posibilidad de empatizar y de compartir.
Sobre esto de compartir, quería comentar que uno de los principales problemas de soledad en nuestra sociedad surge precisamente de ahí, del egocentrismo. De pensar que todo "va de mí", con lo que cuando una persona te cuenta algo, en lugar de escucharlo e intentar entender su posición, lo analizas desde la tuya. "Que me está contando este tío, si yo tengo X, Y o Z". Hay pocas cosas que hagan sentirse más solo a alguien, que compartir tiempo con alguien que no está ahí. Que no te escucha, no te interpreta, directamente no le importas. Eres apenas público en el drama épico de su vida.
Con lo que, por un lado, gracias a esos amigos que me escuchan, me comprenden, me apoyan. Siempre que voy a Cádiz, durante unos días me los paso desintoxicandome emocionalemnte, tirandole mogollón de basura emocional a la gente que tengo cerca. Que aguanta estoicamente, como campeones, porque me quieren. Y cuando me he desahogado y me he quedado a gusto, entonces puedo hacerles caso, preocuparme por ellos, intentar escucharlos, animarlos. Puedo incluso plantear el futuro, más allá del presente de supervivencia y de "no caer".
Tengo muchísima suerte, muchísima, con tener tanta gente buena en mi vida que me quiere. Y que tiene una mente, tan educada emocionalmente, que puede entender una emoción que no acepta.
Gracías.

Cada uno vivimos en una burbujita

Una de las peores ilusiones que nos genera esta "conexión" en la que vivimos, esta "vida virtual" de la que hablaba Jose Carlos Ruiz, es la idea de que participamos los unos en las vidas de los otros. Y eso es totalmente falso. Sin ir más lejos, la semana que no veo a mí mujer y nos dejamos post-its, me toca "imaginar" como está ella. Porque lo que compartimos es tan poco, que no sé si está agobiada por algo, tiene problemas en el trabajo, la familia... todo eso me llega filtrado, traducido, transplantado.
Ahora vamos a intentar suponer eso con alguien que vive a cientos o miles de kilometros, y con quién interactuo a través de una pantalla. Recuerdo, hace muchos años, cuando charlaba con una persona que ni siquiera sabía si realmente era una persona. Porque lo que conoces, lo que compartes, lo que vives, es ese espacio pequeñito en el que interactuais. Y la vida está llena de cosas. Por ejemplo, yo interactuo con un amigo mío casi todos los días. Nos mandamos algunos audios, qué tal. Lo que yo sé de él es ese ratito que me cuenta, a través de lo que él me cuenta. Si ha tenido un mal día en el trabajo, solo tengo su versión. No solo eso, sino que tampoco tengo contexto. No sé como son las calles por las que camina, no sé como es el clima donde está, no sé como es la gente a su alrededor. Si mi madre, a la que quiero muchísimo, me cuenta que ha discutido con mi hermana, yo soy consciente de que solo tengo una parte de la realidad, la parte que ella me cuenta. Y que, como me la está contando, adapta.
Creo que fue Nietzsche el que dijo que, cuando estamos con gente, siempre actuamos. O quizás fue Mishima. La realidad es que, al igual que sucede con la física cuantica, el mero hecho de observar altera el proceso. Con lo que, al saber que tenemos público, ya actuamos de forma distinta a nuestra naturaleza. Por supuesto, dentro de esto hay grados, desde la gente más necesitada de aprobación pública y más "actor", hasta las personas más indiferentes y naturales. Pero incluso la persona más natural del mundo, cuando tiene gente cerca se vé influenciada por esa presencia.
Así pues, combinando la falta de información y el hecho de que esa información está manipulada, ¿como podemos interactuar con los demás?
Desde un enorme respeto. Desde una enorme tolerancia y comprensión. Como hacemos cuando tratamos un tema que no conocemos, cuando la gente habla de algo de lo que no sé. Escucho y aprendo. Porque muchas veces, desde la certeza de que conocemos algo que no, cometemos errores tremendos.
Recuerdo hace muchos años, navegando, que el Dr Carabot me dio una lección de vida increíble sobre eso. Me dijo que, cuando él llamaba a su mujer, él no sabía si ella había tenido un buen o un mal día. Si estaba preocupada, si había tenido problemas, si no había comido o dormido... así que no podía pedirle atención, ni cariño. Podía pedirle respeto. Lo demás, lo daba ella voluntariamente, y viceversa. Ella tampoco sabía si él llevaba todo el día peleandose con gente, o durmiendo. Me pareció una lección muy bonita sobre lo que es el amor, que consiste en entender al otro, preocuparse porque esté bien (sin que esa preocupación sea empatia suicida) y, sobre todo, comprensión. El amor empieza desde el respeto. Y esto no se refiere solo al amor, vale también para amigos, familia, conocidos, compañeros...
Hay que entender que sabemos muy poquito. Pero que, si entramos en casa del otro, hay que limpiarse los pies en la entrada. Y una vez limpios, entramos para sumar.
Cuidaros mucho.

El cuerpo tira de la cabeza, que tira del cuerpo

Ayer, por fin, conseguí medio dormir de verdad, tener un sueño profundo. Hacía como diez días que no lo conseguía. Me desperté pegado a la almohada, con esa sensación de inconsciencia, de no saber ni donde estoy. Y me sentí increíblemente feliz de ello.
Ya lo había visto venir. El día antes, por la tarde, había estado medio lucido. Sobre las siete, ocho de la tarde estaba quedandome dormido, así que me fui a la cama tempranisimo. No obstante lo cual, a las once y media de la noche me desperté, incapaz de seguir durmiendo, así que me fui al ordenador para intentar adelantar algunas cosas. Sobre las cuatro de la mañana, me dije a mi mismo, ya era hora de volver a intentarlo. Me costó un poco, pero lo conseguí.
Todo esto, para alguien que no sepa de que va, es una locura y una tontería. Alguien que se agobia por nada, que se estresa. Pero no. Es el resultado de pegarse una semana trabajando de 18 a 6, y "durmiendo", de siete a doce, más o menos. ¿Cuanto tiempo puede aguantar el cuerpo así? Pues imagino que bastante. Entre adaptación y post, yo me pego así unas dos semanas. Con suerte, como ahora, consigo reiniciar la cabeza más o menos a las tres noches. Si hoy por la noche consigo dormir de un tirón, o volver a tener sueño profundo, habrá sido un éxito increíble y me felicitaré a mi mismo por ello.
He probado de todo. Meditación, ejercicio, descanso, vitaminas, ayuno, comida fuerte, baño... no consigo reducir el tiempo. Ahora lo que hago, teniendolo más o menos asumido, es planear mi vida teniendo en cuenta ese ciclo. Una semana de trabajo en la que no existo, luego unos 3-4 días en los que no puedo planear nada, porque estoy fisica y mentalmente agotado. ¿Sabéis que el agotamiento físico se siente como una gripe? Sudores fríos, mareo, malestar general. Es como si te hubieran dado una paliza, lo cual no está tan alejado de la realidad.
Y claro, así uno no piensa bien. Dice cosas que no piensa, tiene cambios de humor brusco, comete errores, se despista. También tiene una especie de "revelaciones"; de repente, vemos clarísimo cosas que en otros momentos no nos dariamos cuenta. Esos momentos de lucidez, como el subidón de energía que te da corriendo, no son sostenibles en el tiempo; son un claro entre las nubes. Y pueden parecer que, ahora sí, de verdad, estamos recuperando. Pero es mentira. Con el tiempo, he aprendido a distinguir entre la recuperación real, sostenible, y el pico de energía que te da de repente. Como cuando uno se enciende comiendo, para luego venirse abajo del tirón.
Hay que cuidarse. El sueño es una parte tan importante de nuestro bienestar como la comida, el ejercicio, la actividad mental, el bienestar social. La piramide de Marslow empieza con las necesidades físicas por un motivo, hay que ir de abajo arriba. Hoy es miércoles. He "perdido" dos días, pero es mucho mejor que perder cuatro, que es lo habitual. Ahora toca volver a subir la cuesta. Han sido dos días de comer bien, leer cosas ligeras, entretenerme jugando. Incapaz de leer algo profundo, de pensar mucho, de mantener conversaciones interesantes. Distraido, como un pajaro que salta de una rama a otra, viendo videos tontos o juegos de hacer clic y poco más. He rematado algo de pintura, no sé ni como.
Pero ahora reinicio. Y el cuerpo tira de la cabeza, que tira del cuerpo. Hay que cuidarse. Recordad hacerlo también, entended vuestro cuerpo como el vehículo que pilota vuestra alma ("No tienes un cuerpo, tienes un alma), cuidadlo para disfrutarlo y poder experimentar este viaje que es la vida en toda su plenitud. Haced feliz a los que queréis, dejad que esa felicidad vuelva a vosotros. Abrid los ojos a todo lo bueno que tenéis alrededor. Y sed felices. Es muy bonito poder sentir alegria y hacer llegar esa alegria a los que queréis.
Cuidaros.

martes, 21 de julio de 2026

Sobreestimulación y pantallas

Siempre me pasa igual. Empiezo a trabajar y, de repente, no tengo tiempo para nada. Así que, para aprovechar, saco de donde no hay y optimizo al máximo. A tal hora me despierto, a tal hora me cepillo los dientes, a tal hora voy al WC. Suena loquísimo, pero es la única forma que tengo de funcionar, cuando de 24 horas, hay entre 11 y 12 que no son tuyas.
Luego acabo y, el primer día, mantengo la inercia. Y quiero hacer muchísimas cosas y las hago. Normalmente entreno, desayuno, voy al supermercado, pago facturas, resuelvo cosas... a tope. Luego de repente paro, me relajo y me pongo a hacer cosas que me gustan. Pero mantengo el ritmo. Y llega la noche.
Dado que estoy acostumbrado a tener que estar siempre haciendo algo, no sé parar. Miro el movil cincuenta veces. Y llegamos a la situación actual. En la que, estoy jugando a algo, y dado que no puedo esperar, mientras el ordenador pasa un turno de unos seis segundos, me pongo videos. Porque esperar 1/10 de minuto mirando una pantalla es desperdiciar el tiempo.
No es sano. No es bueno. Y afecta a mis niveles hormonales y a mi vida en general. Tengo el vientre hinchado. Se me cae el pelo. Hoy dormí tres horas, entre las 22 y la 1. Y lo más curiosoe es que no sé como pararlo, o quizás no conozco una herramienta que sustituya a la que suelo usar para reiniciar.
Socialización. Hace como veinte años que vengo diciendo que, si me ves conectado, malo. Porque eso significa que no he encontrado otro plan mejor. Yo cuando estoy con gente, haciendo deporte... no miro ningún aparato. Los aparatos son "a falta de algo mejor". Lo triste es que, de un tiempo a esta parte, cada vez hay menos "algo mejor". Y la vida se llena de trabajo y reinicio, de tal forma que hasta para ver una serie me come la pantalla, las notificaciones, los "ti tin".
Hay que salir de ahí. Hay que hacer lo que nos gusta, y hacerlo más. Y hay que dejar que eso nos ayude a reiniciar, calme nuestros nervios y nos deje vivir. Porque sino, petamos de puro agotamiento. Hay que distinguir medios y fines y, simplemente, disfrutar más de la vida. Hay que parar.