Ayer me hicieron una pregunta. Nos recuperamos para vivir, o vivimos para recuperarnos? Yo respondí que primero nos recuperamos y luego cabalgamos, y me dijeron que ni hablar. Que en la vida, nunca vas a estar cien por cien preparado. Así que hazlo. Como decía el meme, si no tienes energía para hacer ejercicio, prueba a hacer ejercicio. La vida se vive hacía delante y consiste en ir haciendo cosas hasta que algo salga bien. Intentalo otra vez. Y otra. Y otra. Porque cuando te das cuenta, la ola ha pasado y puedes volver a respirar.
Antes escribía sobre Madrid. Y me decía un amigo, hace unos meses, que piense en las cosas que puedo hacer ahora y luego echaré de menos. No se me ocurrió ninguna (meses después sigue sin ocurrirseme), pero reconozco que hay cosas que sí, que echaré de menos. Echaré de menos a algún compañero del trabajo que es gente muy guay (a Jaab, a Teemu, a Christoff. Como ya echo de menos a Giannis o a Ohrun), echaré de menos ver arboles por mi ventana, y con el tiempo supongo que habrá alguna cosa más que echaré de menos. Manda caralho, que le dedique cinco minutos a pensarlo y se me ocurran apenas dos cosas. Pues si que está mal.
Pero al final, vivimos pues así, a golpito. Y hoy escribir me ha venido muy bien para darme cuenta de que hay solución, de que no todo son problemas. Que si lo que me toca ahora es abrir cajones, ver lo que tengo e intentar invertir dinero en formas mejores de transportarlo y guardarlo... pues oye, eso también es un hobby en sí mismo y me parece que puedo hacerlo. Y si bien hay muchas cosas que no puedo compartir con mi pareja, habrá otras que sí y es importante trabajar en positivo.
Resumiendo. Que si bien la situación parece un desastre y la frustración se acumula, a veces el truco es simplemente dejar de preocuparse. Hacer lo que se puede. Disminuir el ruido y los problemas. Dejar de focalizarse en el mañana. Y simplemente, estar ahora. Ya han pasado casi dos meses de 2026. Eso es 1/6 del año. El mes que viene, habrá pasado un cuarto. Y así, poco a poco, vamos acercandonos. Mi objetivo para 2026 es... no morirme. ¿Expectativas bajas? Seamos realistas. El escenario es el que es. Quizás después de verano la cosa mejore, pero a día de hoy las cosas son las que son.
Así que vamos a intentarlo. Vivir para recuperarme. Para recordar que se puede ser feliz, que uno puede querer tener planes, sueños e ilusiones. Que puede que haya algo que merezca la pena. Y que, quizás, quién sabe, la vida pueda que merezca la pena vivirla.
Cuidaros. Hace mucho frío ahí fuera.
Cronicas de un hobbit ario
miércoles, 25 de febrero de 2026
Madrid no se vé tan mal
La memoría es muy sinvergüenza. El otro día, en esos dos días buenos que tengo al mes, estaba rodeado de compañeros míos y la mujer de un amigo preguntó, de risa, si al final echaré de menos Madrid y todo (ella estuvo trabajando conmigo allí. Recuerdo que, cuando ibamos al comedor, la gente nos hacía sitio y decía "pobrecitos". Un abrazo fuerte Patri). El caso es que le dije, sorprendido, que sí. Que a pesar de que lo pasé fatal y fue horrible, este sitio ha conseguido que lo eche de menos.
Y la memoría es muy hija de puta. Pensé que el tiempo me haría borrar las discusiones con mi parienta, los silencios pesados, el volver del trabajo sin ganas de nada... y me dejaría solo los momentos buenos. Y no lo ha hecho. Recuerdo todas esas cosas. Recuerdo las noches sin dormir, pintando muñequitos. Recuerdo mirar por la ventana en el trabajo preguntandome que hago aquí. Recuerdo temblarme las manos e ir al baño constantemente. Y los recuerdos "bonitos" no son tanto. Recuerdo ir a Goblin y volver preguntandome para que voy. Recuerdo el calorazo en verano y el frío en invierno, el horror de atravesar Chamartín en obras, lo infinito que resultaban los fines de semana sin planes. Como ir a la piscina en verano era una aventura en coche y una paliza andando. Como la operación salida era infernal, o la bronca por "ya huele a paguitas". O el no poder mencionar a Cádiz sin que hubiera una bronca en mi casa.
También, curiosamente, recuerdo otros momentos. Recuerdo un cierre en el que no tenía tiempo para ir a comer y me llevaba almendras a las mesas. Recuerdo las broncas por la cocina y el miedo cuando la herencia del piso en el que estabamos alquilados. Recuerdo, muchísimo, el despacho de Javi y la ilusión con que le llevé unas minis que le pinté una vez, o cuando echamos una partida en el cuerpo de guardia. Recuerdo con un cariño infinito el cumpleaños sorpresa que me celebró mi mujer e invitó a los amigos, o la cena de despedida que será uno de los momentos que me llevaré a la tumba. Recuerdo las broncas en el curro, los gritos, el mal ambiente. La tensión siempre presente, las guardias y quedarte currando después, las movidas con los compañeros. Pero de alguna forma, también recuerdo el bar con Nico y Javi, recuerdo partidas de Clash con Toño (gracias), como Marc me enseñó Titanicus, las ligas de Blood Bowl, los trenes trenes trenes.
Recuerdo a Marc británico venir a visitarnos. Recuerdo a Vasya metiendose en el armario donde guardaba las miniaturas que aún estaba pintando. Recuerdo ir al Mercadona cargadisimo, o cuando nos ibamos a ir y fuimos a la piscina cerca de casa. Recuerdo ir al Prado con mi mujer o los infinitos trayectos en autobus y metro.
La memoría es muy hija de puta. Lo pasé increíblemente mal en Madrid y aún estoy sufriendo heridas que me hice allí y no se han curado. Pero con el tiempo, algunas cosas buenas se han quedado e incluso esas poquitas son mejores que lo que tengo ahora. No volveré, claro que no. Pero me siento super orgulloso y feliz cuando gente, buenísima, con la que trabajé allí me dicen que si quiero volver me hacen sitio. Es lo más bonito que se le puede decir a un profesional "quiero que trabajes conmigo". Y quizás seré un desastre en muchísimos aspectos de mi vida pero, al menos en ese, fui muy bueno.
Gracías, Madrid. Por enseñarme una nueva profesión y ponerme en el camino de tantísima gente maravillosa. Un año y medio después puedo decirlo. No mereció la pena y el precio fue demasiado caro, pero ya está pagado así que no tiene sentido hacerse más sangre por eso. Gracías. Sobre todo a la gente. Gracías.
Y la memoría es muy hija de puta. Pensé que el tiempo me haría borrar las discusiones con mi parienta, los silencios pesados, el volver del trabajo sin ganas de nada... y me dejaría solo los momentos buenos. Y no lo ha hecho. Recuerdo todas esas cosas. Recuerdo las noches sin dormir, pintando muñequitos. Recuerdo mirar por la ventana en el trabajo preguntandome que hago aquí. Recuerdo temblarme las manos e ir al baño constantemente. Y los recuerdos "bonitos" no son tanto. Recuerdo ir a Goblin y volver preguntandome para que voy. Recuerdo el calorazo en verano y el frío en invierno, el horror de atravesar Chamartín en obras, lo infinito que resultaban los fines de semana sin planes. Como ir a la piscina en verano era una aventura en coche y una paliza andando. Como la operación salida era infernal, o la bronca por "ya huele a paguitas". O el no poder mencionar a Cádiz sin que hubiera una bronca en mi casa.
También, curiosamente, recuerdo otros momentos. Recuerdo un cierre en el que no tenía tiempo para ir a comer y me llevaba almendras a las mesas. Recuerdo las broncas por la cocina y el miedo cuando la herencia del piso en el que estabamos alquilados. Recuerdo, muchísimo, el despacho de Javi y la ilusión con que le llevé unas minis que le pinté una vez, o cuando echamos una partida en el cuerpo de guardia. Recuerdo con un cariño infinito el cumpleaños sorpresa que me celebró mi mujer e invitó a los amigos, o la cena de despedida que será uno de los momentos que me llevaré a la tumba. Recuerdo las broncas en el curro, los gritos, el mal ambiente. La tensión siempre presente, las guardias y quedarte currando después, las movidas con los compañeros. Pero de alguna forma, también recuerdo el bar con Nico y Javi, recuerdo partidas de Clash con Toño (gracias), como Marc me enseñó Titanicus, las ligas de Blood Bowl, los trenes trenes trenes.
Recuerdo a Marc británico venir a visitarnos. Recuerdo a Vasya metiendose en el armario donde guardaba las miniaturas que aún estaba pintando. Recuerdo ir al Mercadona cargadisimo, o cuando nos ibamos a ir y fuimos a la piscina cerca de casa. Recuerdo ir al Prado con mi mujer o los infinitos trayectos en autobus y metro.
La memoría es muy hija de puta. Lo pasé increíblemente mal en Madrid y aún estoy sufriendo heridas que me hice allí y no se han curado. Pero con el tiempo, algunas cosas buenas se han quedado e incluso esas poquitas son mejores que lo que tengo ahora. No volveré, claro que no. Pero me siento super orgulloso y feliz cuando gente, buenísima, con la que trabajé allí me dicen que si quiero volver me hacen sitio. Es lo más bonito que se le puede decir a un profesional "quiero que trabajes conmigo". Y quizás seré un desastre en muchísimos aspectos de mi vida pero, al menos en ese, fui muy bueno.
Gracías, Madrid. Por enseñarme una nueva profesión y ponerme en el camino de tantísima gente maravillosa. Un año y medio después puedo decirlo. No mereció la pena y el precio fue demasiado caro, pero ya está pagado así que no tiene sentido hacerse más sangre por eso. Gracías. Sobre todo a la gente. Gracías.
Hasta luego, muñequitos
Buenos días y gracías por la espera. Hoy me asomé y me he dado cuenta de que, últimamente, escribo poquísimo. Supongo que en parte porque me noto como debajo de agua. Os confieso algo; estoy yendo al psicólogo porque mi vida, en general, no va bien. O como decían en la serie esa de Netflix, buenísima, "Animal". "El hobbit no está bien" (acento gallego a tope).
Y, ¿por qué no está bien? Pues porque es muy complicado vivir encendiendose y apagandose como un interruptor. A los niños, las mascotas y a mí, nos hacen falta rutinas. La busqueda de sentido, de la que hablaba Viktor Frankl (buenísimo libro también), consiste en que, cuando te despiertas por la mañana, tienes que apuntar en una dirección. Como una flecha. Hace falta algo que justifique nuestra existencia, que nos inspire. Y no solo un objetivo "grande" (quiero acabar con el hambre en el mundo), nos hacen falta objetivos pequeñitos, manejables, que hagan que el día a día sea llevadero (estoy deseando comerme un donut de esta tienda). Parece una tontería, pero vivimos en el día a día, en el momento, y necesitamos algo que nos inspire a llegar a la semana siguiente.
Ok, ¿Por qué digo semanas? Porque para mí, la unidad de tiempo se ha convertido en la semana. Yo no vivo horas, ni siquiera días. Hubo una epoca en que el lunes hacía esto, el martes hacía lo otro... Ahora no. Desde hace año y medio, esta semana hago esto, la semana siguiente, no sé. Y el tener que estar ajustandome, en base al clima, las agendas de otra gente, los problemas que van surgiendo.. me genera una cantidad de estrés tremenda. Me vuelve loco que, a veces, me despierto enfermo y tengo que seguir. Porque vivo posponiendo cosas. Hoy veo un libro que me gusta, moskis, que interesante. La semana que viene me lo descargaré y lo leeré. O no. Quién sabe. Quizás la semana que viene hay una movida en el trabajo a la que debo ir, o mi mujer tiene un problema, o hay que arreglar algo en el piso, o viene una multa, o... y todo eso va por delante. Primero las obligaciones. Luego el ocio.
Y en medio de ese ritmo, intentar coordinar cosas con terceras personas se vuelve una aventura impresionante. "Oye, ¿te apetece una cerveza dentro de diez días?" Y llega el momento y llueve, o tienes que ir al supermercado, o te tiemblan las manos porque llevas una semana sin dormir apenas.. Al final, todo empieza a ser demasiado esfuerzo. Te cuesta quedar con gente y te cuesta no quedar con gente.
Y ahora hablamos de muñequitos. Yo, desde hace más tiempo del que lleva este blog, me entretengo con miniaturas. Empecé con Warhammer y pasé a Warhammer 40.000, miniaturas históricas, juegos de autor, juegos de nicho... he hecho muchísimos amigos, leído y escrito, hasta salí en un programa de youtube hablando de esto. Tenía una habitación en mi piso dedicada a ello, elegí la configuración del salón de forma que pudiera juntar eso con actividad física saludable. Es una parte muy grande de mi vida.
Y está en el cajón. No puedo seguir adelante con ello. No tengo tiempo ni estabilidad, no tengo un grupo de amigos ni el espacio físico, mental y emocional para desarrollarlo. Decidí redirigirlo, encontrar una forma más sana de llevarlo. Pero hace diez días empecé a montar una miniatura y ahora ni recuerdo porqué lo hice. Y es algo que debería generarme felicidad, pero se convierte solo en otra tarea que tachar de la lista, junto con averiguar como vender el coche o si comprar un cubo de basura más grande. Y la mera idea de ponerme con un reglamento, leer listas de ejércitos, intentar coordinar una misión... me resulta algo de ciencia ficción. Como hacer un roadtrip o saltar en paracaidas, es algo que, simplemente, no existe en mi mundo. Que ojalá existiera y que estaría genial, pero ahora mismo vamos a otras cosas.
Y la pregunta gorda es, ¿a qué vamos? ¿Con qué sustituyo el entusiasmo, la emoción, la alegria...? ¿De que hablo los lunes al volver al trabajo, si volviera los lunes al trabajo y si hablara con alguien? Todos necesitamos una pasión que nos guie, algo que nos inspire. Durante mi formación para ascender, mientras corría bajo la lluvia, pensaba en que dentro de X tiempo encargaría esto, y montaría lo otro... y lo vería listo. En Madrid había semanas que la empezaba, sabiendo que el jueves llegaría a jugar y eso me hacía tanta ilusión.
Todos necesitamos algo que nos haga seguir adelante. Quizás, lo que necesito yo, es encontar como convertir ese algo en una cosa que pueda hacer y distribuir en mi ritmo actual. O al menos intentarlo. Antes tenía un listado de minis mensuales. Compradas pintadas vendidas. Hace año y medio que no puedo vender, aunque igual debería volver a intentarlo. Quizás, como sucedió durante el COVID, la solución pasa por convertirlo en un hobby solitario, autista, sabiendo que llegarán tiempos mejores y mantener la fé en ello. Quizás eso es todo lo que hace falta Mantener un poco la fé.
Y, ¿por qué no está bien? Pues porque es muy complicado vivir encendiendose y apagandose como un interruptor. A los niños, las mascotas y a mí, nos hacen falta rutinas. La busqueda de sentido, de la que hablaba Viktor Frankl (buenísimo libro también), consiste en que, cuando te despiertas por la mañana, tienes que apuntar en una dirección. Como una flecha. Hace falta algo que justifique nuestra existencia, que nos inspire. Y no solo un objetivo "grande" (quiero acabar con el hambre en el mundo), nos hacen falta objetivos pequeñitos, manejables, que hagan que el día a día sea llevadero (estoy deseando comerme un donut de esta tienda). Parece una tontería, pero vivimos en el día a día, en el momento, y necesitamos algo que nos inspire a llegar a la semana siguiente.
Ok, ¿Por qué digo semanas? Porque para mí, la unidad de tiempo se ha convertido en la semana. Yo no vivo horas, ni siquiera días. Hubo una epoca en que el lunes hacía esto, el martes hacía lo otro... Ahora no. Desde hace año y medio, esta semana hago esto, la semana siguiente, no sé. Y el tener que estar ajustandome, en base al clima, las agendas de otra gente, los problemas que van surgiendo.. me genera una cantidad de estrés tremenda. Me vuelve loco que, a veces, me despierto enfermo y tengo que seguir. Porque vivo posponiendo cosas. Hoy veo un libro que me gusta, moskis, que interesante. La semana que viene me lo descargaré y lo leeré. O no. Quién sabe. Quizás la semana que viene hay una movida en el trabajo a la que debo ir, o mi mujer tiene un problema, o hay que arreglar algo en el piso, o viene una multa, o... y todo eso va por delante. Primero las obligaciones. Luego el ocio.
Y en medio de ese ritmo, intentar coordinar cosas con terceras personas se vuelve una aventura impresionante. "Oye, ¿te apetece una cerveza dentro de diez días?" Y llega el momento y llueve, o tienes que ir al supermercado, o te tiemblan las manos porque llevas una semana sin dormir apenas.. Al final, todo empieza a ser demasiado esfuerzo. Te cuesta quedar con gente y te cuesta no quedar con gente.
Y ahora hablamos de muñequitos. Yo, desde hace más tiempo del que lleva este blog, me entretengo con miniaturas. Empecé con Warhammer y pasé a Warhammer 40.000, miniaturas históricas, juegos de autor, juegos de nicho... he hecho muchísimos amigos, leído y escrito, hasta salí en un programa de youtube hablando de esto. Tenía una habitación en mi piso dedicada a ello, elegí la configuración del salón de forma que pudiera juntar eso con actividad física saludable. Es una parte muy grande de mi vida.
Y está en el cajón. No puedo seguir adelante con ello. No tengo tiempo ni estabilidad, no tengo un grupo de amigos ni el espacio físico, mental y emocional para desarrollarlo. Decidí redirigirlo, encontrar una forma más sana de llevarlo. Pero hace diez días empecé a montar una miniatura y ahora ni recuerdo porqué lo hice. Y es algo que debería generarme felicidad, pero se convierte solo en otra tarea que tachar de la lista, junto con averiguar como vender el coche o si comprar un cubo de basura más grande. Y la mera idea de ponerme con un reglamento, leer listas de ejércitos, intentar coordinar una misión... me resulta algo de ciencia ficción. Como hacer un roadtrip o saltar en paracaidas, es algo que, simplemente, no existe en mi mundo. Que ojalá existiera y que estaría genial, pero ahora mismo vamos a otras cosas.
Y la pregunta gorda es, ¿a qué vamos? ¿Con qué sustituyo el entusiasmo, la emoción, la alegria...? ¿De que hablo los lunes al volver al trabajo, si volviera los lunes al trabajo y si hablara con alguien? Todos necesitamos una pasión que nos guie, algo que nos inspire. Durante mi formación para ascender, mientras corría bajo la lluvia, pensaba en que dentro de X tiempo encargaría esto, y montaría lo otro... y lo vería listo. En Madrid había semanas que la empezaba, sabiendo que el jueves llegaría a jugar y eso me hacía tanta ilusión.
Todos necesitamos algo que nos haga seguir adelante. Quizás, lo que necesito yo, es encontar como convertir ese algo en una cosa que pueda hacer y distribuir en mi ritmo actual. O al menos intentarlo. Antes tenía un listado de minis mensuales. Compradas pintadas vendidas. Hace año y medio que no puedo vender, aunque igual debería volver a intentarlo. Quizás, como sucedió durante el COVID, la solución pasa por convertirlo en un hobby solitario, autista, sabiendo que llegarán tiempos mejores y mantener la fé en ello. Quizás eso es todo lo que hace falta Mantener un poco la fé.
jueves, 12 de febrero de 2026
Camaras de eco
Por fin he tenido un poco de espacio mental y me he podido parar un ratito a reflexionar sobre algo, sin una carga emocional tal que me impida verlo de forma analítica. Y he llegado a una conclusión que para mí es muy curiosa, y que refuerza una sensación de aislamiento creciente que tengo.
La gente, en general, no tiene ni idea de tu vida pero está más que encantada de explicarte como debes vivir. En general, en este período de mi vida en el que lo he pasado fatal, he visto que la gente se divide en dos grandes grupos. Los que te escuchan, para decirte que lo tuyo no son problemas mientras que los suyos sí que lo son, y los que no te escuchan sino que se dedican a explicarte que tu vida es perfecta y que no tienes derecho a quejarte. En general, la impresión que me ha dado estas semanas en que lo he pasado realmente mal, es que cuanto menos digas, mejor. Que no merece la pena intentar buscar solidaridad o apoyo entre gente que, honestamente, no tiene interés ninguno en que tu estés bien. Y que, para la inmensa mayoría de la gente, no somos más que medios para un fín.
La verdad que suena un poco cínico. Pero supongo que es parte de este período de mi vida en el que estoy, en el cual hay mucha oscuridad fuera y se está filtrando dentro. Por otro lado, no niego que haya gente maravillosa ahí fuera que realmente se preocupe por los demás, quiera que estén bien y esté dispuesto incluso a hacer algo para conseguirlo. No obstante lo cual, en mi entorno, cada vez son los menos. Y eso es parte de esa sequía general (curioso, con todo lo que llueve), en el cual uno no siembra en su entorno... porque ese entorno es baldío y no va a dar nada.
Estamos en periodo de hibernación emocional. Dado que en mi entorno solo hay camaras de eco, y que mis circunstancias laborales y personales no me permiten construir otro entorno (la última traba ha sido administrativa y familiar, pero parece que mi planificación de vida solo encuentra obstaculos), pues vamos a reducir los esfuerzos innecesarios. Ahorrar energía emocional, invertirla donde se debe. Priorizarse a uno mismo. Estos días conseguí conectar con un amigo mío y darle buenos consejos que, quizás, debería aplicarme a mí mismo.
Reservar un día a la semana para uno mismo y para hacer lo que a uno le gusta. Plantearse objetivos realizables. Eliminar el ruido, sacar de nuestra vida la gente y los problemas que no son nuestros. Cuidar a quién nos cuida y cuidarnos. Ser más agradecidos. Y no dudar tanto de nosotros mismos, sabiendo quién somos y de qué somos capaces.
Resumiendo. Que dado que el entorno lo único que nos ofrece son problemas, esfuerzos y basura, hacernos parte de ese entorno de camaras de eco, sabedores que ahí fuera no hay nada y trabajando mucho más en aquí adentro. Y seguir tachando días del calendario. Protegiendonos y protegiendo aquello que merece la pena.
Cuidaros mucho. Hace tela de frío ahí fuera.
La gente, en general, no tiene ni idea de tu vida pero está más que encantada de explicarte como debes vivir. En general, en este período de mi vida en el que lo he pasado fatal, he visto que la gente se divide en dos grandes grupos. Los que te escuchan, para decirte que lo tuyo no son problemas mientras que los suyos sí que lo son, y los que no te escuchan sino que se dedican a explicarte que tu vida es perfecta y que no tienes derecho a quejarte. En general, la impresión que me ha dado estas semanas en que lo he pasado realmente mal, es que cuanto menos digas, mejor. Que no merece la pena intentar buscar solidaridad o apoyo entre gente que, honestamente, no tiene interés ninguno en que tu estés bien. Y que, para la inmensa mayoría de la gente, no somos más que medios para un fín.
La verdad que suena un poco cínico. Pero supongo que es parte de este período de mi vida en el que estoy, en el cual hay mucha oscuridad fuera y se está filtrando dentro. Por otro lado, no niego que haya gente maravillosa ahí fuera que realmente se preocupe por los demás, quiera que estén bien y esté dispuesto incluso a hacer algo para conseguirlo. No obstante lo cual, en mi entorno, cada vez son los menos. Y eso es parte de esa sequía general (curioso, con todo lo que llueve), en el cual uno no siembra en su entorno... porque ese entorno es baldío y no va a dar nada.
Estamos en periodo de hibernación emocional. Dado que en mi entorno solo hay camaras de eco, y que mis circunstancias laborales y personales no me permiten construir otro entorno (la última traba ha sido administrativa y familiar, pero parece que mi planificación de vida solo encuentra obstaculos), pues vamos a reducir los esfuerzos innecesarios. Ahorrar energía emocional, invertirla donde se debe. Priorizarse a uno mismo. Estos días conseguí conectar con un amigo mío y darle buenos consejos que, quizás, debería aplicarme a mí mismo.
Reservar un día a la semana para uno mismo y para hacer lo que a uno le gusta. Plantearse objetivos realizables. Eliminar el ruido, sacar de nuestra vida la gente y los problemas que no son nuestros. Cuidar a quién nos cuida y cuidarnos. Ser más agradecidos. Y no dudar tanto de nosotros mismos, sabiendo quién somos y de qué somos capaces.
Resumiendo. Que dado que el entorno lo único que nos ofrece son problemas, esfuerzos y basura, hacernos parte de ese entorno de camaras de eco, sabedores que ahí fuera no hay nada y trabajando mucho más en aquí adentro. Y seguir tachando días del calendario. Protegiendonos y protegiendo aquello que merece la pena.
Cuidaros mucho. Hace tela de frío ahí fuera.
lunes, 15 de diciembre de 2025
Fallo general del sistema
Es muy interesante como en nuestra cultura coinciden dos ideas. Una, que la salud y el bienestar son sistemas holísticos netamente integrados. Dos, que la salud y el bienestar funcionan como si fueran cosas. Entendemos que todo existe en dos estados, funcional o roto, bien o mal, dentro o fuera. Pensar en terminos binarios, en general, tiene sus ventajas a la hora de explicar cosas simples o de reducir complejidad... pero en algunos casos no funciona.
Hola, soy un hobbit ario y me estoy cayendo a pedazos.
Es relativamente normal. Llevo semanas, meses, años en un nivel de estrés absurdo. Se me cae el pelo desde hace, por lo menos, dos años. Llevo un año y pico durmiendo bien, con suerte, cinco o seis días al mes. Mi sistema digestivo es un desastre. Ahora han empezado problemas circulatorios; de repente se me quedan dormidos los pies o las manos. Los hombros se me engarrotan. Veo borroso, hasta el punto de que estas Navidades espero ir a revisión de la vista y, quizás, tener que ponerme gafas permanentemente.
Todo esto tiene componentes internos y externos. Hay un motivo objetivo de estrés y luego hay motivos subjetivos. Los últimos son trabajables y llevo mucho haciéndolo; con la ayuda de un profesional reduciendo expectativas, afrontando situaciones, poniendo límites. Hay otros que son externos y son inevitables. Las condiciones laborales son las que son. Los condicionantes económicos y sociales son los que son. El clima y el entorno son los que son.
Todo eso son circunstancias que uno debe asumir, de una en una, y resolver. No se van a volver más faciles, no van a mejorar. Pero el desgaste, real, solo puede ser enfrentado desde posiciones de optimismo. Uno debe creer que la vida va a mejorar porque, si todo es sufrimiento, ¿qué sentido tiene? ¿donde está esa justificación que ayude a entender esta cruz?
Este artículo es solamente una piedra de hito. Algo que recordar, ojalá, dentro de un tiempo cuando haya tiempos mejores. Hoy es un lunes muy lunes. Pero en cierto sentido, el poder sentarse y escribir esto, el tener la capacidad de registrarlo es un éxito menor. Es la señal de que no todo está TAN mal, cuando tengo un momento para poder quejarme.
Cuidaros mucho. El mundo no os va a perdonar si no lo hacéis.
Hola, soy un hobbit ario y me estoy cayendo a pedazos.
Es relativamente normal. Llevo semanas, meses, años en un nivel de estrés absurdo. Se me cae el pelo desde hace, por lo menos, dos años. Llevo un año y pico durmiendo bien, con suerte, cinco o seis días al mes. Mi sistema digestivo es un desastre. Ahora han empezado problemas circulatorios; de repente se me quedan dormidos los pies o las manos. Los hombros se me engarrotan. Veo borroso, hasta el punto de que estas Navidades espero ir a revisión de la vista y, quizás, tener que ponerme gafas permanentemente.
Todo esto tiene componentes internos y externos. Hay un motivo objetivo de estrés y luego hay motivos subjetivos. Los últimos son trabajables y llevo mucho haciéndolo; con la ayuda de un profesional reduciendo expectativas, afrontando situaciones, poniendo límites. Hay otros que son externos y son inevitables. Las condiciones laborales son las que son. Los condicionantes económicos y sociales son los que son. El clima y el entorno son los que son.
Todo eso son circunstancias que uno debe asumir, de una en una, y resolver. No se van a volver más faciles, no van a mejorar. Pero el desgaste, real, solo puede ser enfrentado desde posiciones de optimismo. Uno debe creer que la vida va a mejorar porque, si todo es sufrimiento, ¿qué sentido tiene? ¿donde está esa justificación que ayude a entender esta cruz?
Este artículo es solamente una piedra de hito. Algo que recordar, ojalá, dentro de un tiempo cuando haya tiempos mejores. Hoy es un lunes muy lunes. Pero en cierto sentido, el poder sentarse y escribir esto, el tener la capacidad de registrarlo es un éxito menor. Es la señal de que no todo está TAN mal, cuando tengo un momento para poder quejarme.
Cuidaros mucho. El mundo no os va a perdonar si no lo hacéis.
miércoles, 19 de noviembre de 2025
Inteligencia económica
El otro día hablaba con un colega que sería complicado para mí ejercer de Warcor de Infinity en Cádiz. Me gustaría, porque la verdad que siento pasión por el juego y creo que tiene un potencial tremendo, en cualquier sitio. Pero le decía que sería difícil, porque Infinity es un juego con un público concreto. Ojo, que lo que voy a decir a continuación es terriblemente esnob y arrogante, y puede que a alguna gente esto le moleste. Bueno, este blog es mío para mí mismo, pero si alguien lo lee y se siente ofendido o no lo entiende, estoy más que dispuesto a hablar del tema con quién sea. Que el problema de la palabra escrita es que, por un lado le falta contexto, y por otro cada uno la interpretamos en base a nuestros propios codigos, no en base a los codigos del emisor. Así que, una vez finalizado este disclaimer, me meto en polémica.
Infinity es un juego tela de complicado, que atrae a gente que trabaja en informática, finanzas, medicina, derecho... casi todos los jugadores de Infinity que he conocido son gente con un perfil cultural bastante alto. No digo que en Cádiz no exista ese tipo de gente, pero el ocio en Cádiz no conecta con ese perfil cultural. Y ahora viene lo polémico; en Cádiz tenemos mentalidad de pobre. Este es un concepto un poco raro, que cuando lo explico la gente lo entiende pero quizás por escrito pierde el impacto. Voy a intentarlo.
Mentalidad de pobre es algo directamente asociado a la Teoria Sam Vymes de botas. Mentalidad de pobre es conducir una hora para ahorrarse diez euros en el deposito de gasolina, pero no gastarse cien euros en unas ruedas buenas "porque eso es muy caro".
¿Se ha entendido bien? Es una idea que afecta a otras ideas. El nucleo central es que, al vivir a corto plazo (en parte motivado por la incapacidad de ganar lo suficiente para ahorrar, en parte motivado por la incapacidad de disciplinarse para ahorrar), nos perpetuamos en un ciclo de carencia. Y esa carencia se interioriza, hasta el punto de que, cuando he tratado con gente de ese transfondo, el dinero, el poseer cosas, se convierte en una obsesión. Algo que afecta al ego, a la autoestima, a las relaciones sociales... es algo que empapa la cultura. Muchas veecs he comentado con mi familia, que viene de otro transfondo totalmente distinto, que no hay dinero para ir al médico pero sí para ir al bar.
Voy a meter aquí una cuña sobre algo que hablabamos ayer mi amigo y yo. La diferencia entre el placer y la felicidad. El placer es instantaneo, ruidoso y exhuberante. La felicidad es constante, silenciosa y discreta. Existe incluso una diferencia hormonal, y el uso y abuso de hormonas afecta al desarrollo de nuestro cerebro, con lo cual descarrilo totalmente y abro la puerta a otro tema, que podriamos explorar más despacio en un tercer artículo si tuviera tiempo. Pero voy a volver al tema.
¿A qué me refiero con inteligencia económica? A la capacidad de analizar y decidir con conocimiento y certeza. Algo que he dicho muchas veces; un hobby es rentable o no en función de cuanto esfuerzo nos suponga y cuanta satisfacción nos proporcione. Algo que, dicho así, suena obvio, no lo es cuando le empezamos a meter mucho ruido. Y el ruido es una constante en el Sur. Ojo, no hablo de la musica, el sonido o las conversaciones, hablo de ruido. De sonido que no aporta nada, más allá de crear distracción (que es otro tema que afecta a la inteligencia, la incapacidad para concentrarse). En cierto sentido, estoy tocando muchos temas diferentes pero creo que más o menos se vé por donde voy.
Lo que quería decir, en resumen, es que no creo que Infinity tenga mercado en Cádiz, porque el perfil de jugador de Infinity es muy poco común en Cádiz. A mí me costó mucho entender cual era ese perfil y no creo que yo mismo encaje al cien por cien. Y el tema de este artículo realmente, que es la perpetuación de situaciones de infradesarrollo económico, lo estoy tocando de puntillas. Vuelvo a él, por tercer intento y ahora a ver si es el bueno.
¿Cual es el principal límite al desarrollo de una inteligencia económica? Me diréis que, obviamente, las circunstancias externas. Si no hay trabajos altamente cualificados, ¿para qué voy a cualificarme altamente? Pero es un poco una situación de huevo y gallina. Si no hay mercado para relojes de doscientos euros, ¿por qué voy a invertir en desarrollar esa industria? Pero a su vez, si no existe esa industria, nadie va a imaginar nunca que pueda tener una necesidad de relojes de doscientos euros. O en general, de productos de gran calidad.
¿Qué es la busqueda de la excelencia? La busqueda de la excelencia es el llegar a nuestro máximo posible y es un objetivo totalmente legítimo al que deberiamos aspirar como humanos. Como decían los clásicos es terrible llegar a viejo sin ser consciente de la belleza que puede alcanzar nuestro propio cuerpo. Y lo mismo sucede con nuestra alma, con nuestra psique, con nuestro carácter. Debemos aspirar a la felicidad, no al placer, y ello se consigue aislandonos del ruido. Desatendiendo el whatsapp permanente, los audios que no aportan nada y buscando, en el silencio de nosotros mismos, quién somos y a qué aspiramos. Una vez uno se aisla del ruido, entiende que muchísimas de las "necesidades" que nos atan no son tales, sino compulsiones impuestas sobre nosotros por el entorno. Una vez elimina uno dichas compulsiones, de repente, tiene espacio para maniobrar. Esa es la verdadera inteligencia económica. La capacidad de eliminar ataduras, reducirlas a un volumen manejable y dominarlas. Se aplica a todo; el ejemplo que suelo poner es el del deporte. Todos entendemos que el ejercicio físico es positivo. También entendemos que debe hacerse en función de nuestras capacidades y limitaciones, pero con unos objetivos realistas. Y que debe hacerse. Si llevamos esa mentalidad a los demás aspectos de nuestra vida, podremos aspirar a una vida virtuosa. Y esa vida virtuosa es lo que nos hará feliz. Somos lo que hacemos, hacemos lo que pensamos, pensamos lo que somos. En esa construcción de rutinas construimos nuestra identidad.
En resumen. Que hay que vivir bien, demonios. Me perdí del todo, porque precisamente ahora sí que me ha distraido mi realidad. Pero amenazo volver. Cuidaros mucho
Infinity es un juego tela de complicado, que atrae a gente que trabaja en informática, finanzas, medicina, derecho... casi todos los jugadores de Infinity que he conocido son gente con un perfil cultural bastante alto. No digo que en Cádiz no exista ese tipo de gente, pero el ocio en Cádiz no conecta con ese perfil cultural. Y ahora viene lo polémico; en Cádiz tenemos mentalidad de pobre. Este es un concepto un poco raro, que cuando lo explico la gente lo entiende pero quizás por escrito pierde el impacto. Voy a intentarlo.
Mentalidad de pobre es algo directamente asociado a la Teoria Sam Vymes de botas. Mentalidad de pobre es conducir una hora para ahorrarse diez euros en el deposito de gasolina, pero no gastarse cien euros en unas ruedas buenas "porque eso es muy caro".
¿Se ha entendido bien? Es una idea que afecta a otras ideas. El nucleo central es que, al vivir a corto plazo (en parte motivado por la incapacidad de ganar lo suficiente para ahorrar, en parte motivado por la incapacidad de disciplinarse para ahorrar), nos perpetuamos en un ciclo de carencia. Y esa carencia se interioriza, hasta el punto de que, cuando he tratado con gente de ese transfondo, el dinero, el poseer cosas, se convierte en una obsesión. Algo que afecta al ego, a la autoestima, a las relaciones sociales... es algo que empapa la cultura. Muchas veecs he comentado con mi familia, que viene de otro transfondo totalmente distinto, que no hay dinero para ir al médico pero sí para ir al bar.
Voy a meter aquí una cuña sobre algo que hablabamos ayer mi amigo y yo. La diferencia entre el placer y la felicidad. El placer es instantaneo, ruidoso y exhuberante. La felicidad es constante, silenciosa y discreta. Existe incluso una diferencia hormonal, y el uso y abuso de hormonas afecta al desarrollo de nuestro cerebro, con lo cual descarrilo totalmente y abro la puerta a otro tema, que podriamos explorar más despacio en un tercer artículo si tuviera tiempo. Pero voy a volver al tema.
¿A qué me refiero con inteligencia económica? A la capacidad de analizar y decidir con conocimiento y certeza. Algo que he dicho muchas veces; un hobby es rentable o no en función de cuanto esfuerzo nos suponga y cuanta satisfacción nos proporcione. Algo que, dicho así, suena obvio, no lo es cuando le empezamos a meter mucho ruido. Y el ruido es una constante en el Sur. Ojo, no hablo de la musica, el sonido o las conversaciones, hablo de ruido. De sonido que no aporta nada, más allá de crear distracción (que es otro tema que afecta a la inteligencia, la incapacidad para concentrarse). En cierto sentido, estoy tocando muchos temas diferentes pero creo que más o menos se vé por donde voy.
Lo que quería decir, en resumen, es que no creo que Infinity tenga mercado en Cádiz, porque el perfil de jugador de Infinity es muy poco común en Cádiz. A mí me costó mucho entender cual era ese perfil y no creo que yo mismo encaje al cien por cien. Y el tema de este artículo realmente, que es la perpetuación de situaciones de infradesarrollo económico, lo estoy tocando de puntillas. Vuelvo a él, por tercer intento y ahora a ver si es el bueno.
¿Cual es el principal límite al desarrollo de una inteligencia económica? Me diréis que, obviamente, las circunstancias externas. Si no hay trabajos altamente cualificados, ¿para qué voy a cualificarme altamente? Pero es un poco una situación de huevo y gallina. Si no hay mercado para relojes de doscientos euros, ¿por qué voy a invertir en desarrollar esa industria? Pero a su vez, si no existe esa industria, nadie va a imaginar nunca que pueda tener una necesidad de relojes de doscientos euros. O en general, de productos de gran calidad.
¿Qué es la busqueda de la excelencia? La busqueda de la excelencia es el llegar a nuestro máximo posible y es un objetivo totalmente legítimo al que deberiamos aspirar como humanos. Como decían los clásicos es terrible llegar a viejo sin ser consciente de la belleza que puede alcanzar nuestro propio cuerpo. Y lo mismo sucede con nuestra alma, con nuestra psique, con nuestro carácter. Debemos aspirar a la felicidad, no al placer, y ello se consigue aislandonos del ruido. Desatendiendo el whatsapp permanente, los audios que no aportan nada y buscando, en el silencio de nosotros mismos, quién somos y a qué aspiramos. Una vez uno se aisla del ruido, entiende que muchísimas de las "necesidades" que nos atan no son tales, sino compulsiones impuestas sobre nosotros por el entorno. Una vez elimina uno dichas compulsiones, de repente, tiene espacio para maniobrar. Esa es la verdadera inteligencia económica. La capacidad de eliminar ataduras, reducirlas a un volumen manejable y dominarlas. Se aplica a todo; el ejemplo que suelo poner es el del deporte. Todos entendemos que el ejercicio físico es positivo. También entendemos que debe hacerse en función de nuestras capacidades y limitaciones, pero con unos objetivos realistas. Y que debe hacerse. Si llevamos esa mentalidad a los demás aspectos de nuestra vida, podremos aspirar a una vida virtuosa. Y esa vida virtuosa es lo que nos hará feliz. Somos lo que hacemos, hacemos lo que pensamos, pensamos lo que somos. En esa construcción de rutinas construimos nuestra identidad.
En resumen. Que hay que vivir bien, demonios. Me perdí del todo, porque precisamente ahora sí que me ha distraido mi realidad. Pero amenazo volver. Cuidaros mucho
Monologos de redes sociales
Llevo unos días teniendo conversaciones online con gente de muñequitos de aquí. El miércoles, que fui a echar una partida, también tuve interacción. Lo curioso es que, hasta ayer que quedé con un amigo mío, no me dí cuenta de lo que realmente estaba fallando.
La gente no se comunica. O por lo menos, no interactua. La gente viene a hablar de su libro, a recibir atención pero no a dar. Eso es una constante en las relaciones humanas, el concepto de igualdad absoluto es muy poco frecuente. De una forma más o menos sutil, siempre hay una persona dominante en una relación, si bien ese rol puede "turnarse" entre uno y otro. El problema, al menos tal y como lo estoy viendo, es que el excesivo aislamiento que permiten las redes sociales da pie a la ruptura de las buenas maneras. Lo he notado tres veces estas semanas; la gente no sabe iniciar una conversación. "Hola, buenas, soy X y quiero hablar de esto" resulta muy raro fuera de un determinado entorno, que te enseña las pautas. Y me sorprende muchísimo, porque para mí es algo tan natural como respirar. Son modales. Uno entra en un espacio común y saluda, bebe en un bar y acerca el vaso a la barra... cosas de educación. Los "microgestos" de amabilidad que nos convierten en miembros de una comunidad, que nos permiten reconocernos los unos a los otros.
Pero eso se pierde. Y en parte se pierde porque dejamos que se pierda, porque no le damos la importancia que tiene. Es algo que sucede con muchisimas cosas en nuestra vida, que nos olvidamos de lo importante que es algo y, al hacerlo, se descuida y se corrompe. En cierto sentido, supongo que porque me hago mayor, cada vez asumo más que el estado natural del Universo es la entropia. La no existencia. El que exista algo ya supone un esfuerzo. Y ese esfuerzo debe ser mantenido, porque si uno deja de pedalear la bici se para.
Ayer tuve la suerte de tener una interacción "real". Ayer quedé con un amigo y hablamos de libros, de esperanza, de nuestra capacidad para afectar al mundo, de nuestro crecimiento personal, de nuestras dudas existenciales. De si hemos escogido el camino correcto o nos hemos equivocado y de como podemos saber si es el camino correcto.
Ayer tuve una conversación. De verdad. Con alguien que me miraba a los ojos y me escuchaba y yo lo escuchaba a él. Y esto, que hace unos años era lo más natural del mundo, de repente resulta excepcional. Yo creo que es la primera conversación así que he tenido aquí en meses, exceptuando con mi pareja. Y estoy convencido de que, en mi entorno, muchísima gente no recuerda haber tenido una así.
Intentad alimentar vuestra alma. Al igual que el otro día hablaba sobre inteligencia económica, esto también es parte de nuestro desarrollo. Pero ese es un tema para otro artículo.
La gente no se comunica. O por lo menos, no interactua. La gente viene a hablar de su libro, a recibir atención pero no a dar. Eso es una constante en las relaciones humanas, el concepto de igualdad absoluto es muy poco frecuente. De una forma más o menos sutil, siempre hay una persona dominante en una relación, si bien ese rol puede "turnarse" entre uno y otro. El problema, al menos tal y como lo estoy viendo, es que el excesivo aislamiento que permiten las redes sociales da pie a la ruptura de las buenas maneras. Lo he notado tres veces estas semanas; la gente no sabe iniciar una conversación. "Hola, buenas, soy X y quiero hablar de esto" resulta muy raro fuera de un determinado entorno, que te enseña las pautas. Y me sorprende muchísimo, porque para mí es algo tan natural como respirar. Son modales. Uno entra en un espacio común y saluda, bebe en un bar y acerca el vaso a la barra... cosas de educación. Los "microgestos" de amabilidad que nos convierten en miembros de una comunidad, que nos permiten reconocernos los unos a los otros.
Pero eso se pierde. Y en parte se pierde porque dejamos que se pierda, porque no le damos la importancia que tiene. Es algo que sucede con muchisimas cosas en nuestra vida, que nos olvidamos de lo importante que es algo y, al hacerlo, se descuida y se corrompe. En cierto sentido, supongo que porque me hago mayor, cada vez asumo más que el estado natural del Universo es la entropia. La no existencia. El que exista algo ya supone un esfuerzo. Y ese esfuerzo debe ser mantenido, porque si uno deja de pedalear la bici se para.
Ayer tuve la suerte de tener una interacción "real". Ayer quedé con un amigo y hablamos de libros, de esperanza, de nuestra capacidad para afectar al mundo, de nuestro crecimiento personal, de nuestras dudas existenciales. De si hemos escogido el camino correcto o nos hemos equivocado y de como podemos saber si es el camino correcto.
Ayer tuve una conversación. De verdad. Con alguien que me miraba a los ojos y me escuchaba y yo lo escuchaba a él. Y esto, que hace unos años era lo más natural del mundo, de repente resulta excepcional. Yo creo que es la primera conversación así que he tenido aquí en meses, exceptuando con mi pareja. Y estoy convencido de que, en mi entorno, muchísima gente no recuerda haber tenido una así.
Intentad alimentar vuestra alma. Al igual que el otro día hablaba sobre inteligencia económica, esto también es parte de nuestro desarrollo. Pero ese es un tema para otro artículo.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)