miércoles, 30 de septiembre de 2026

¿Para qué puñetas necesito más muñecos?

Esta semana me ha pasado algo curioso. El finde me lo pasé en casa, en pijama, pintando y jugando y leyendo. Tiempo doméstico. El problema del tiempo doméstico es que sucede como con el ejercicio, el sueño, la comida... es necesario, pero en su justa medida. Demasiado y nos agobiamos, demasiado poco y nos falta algo.
Pues como decía, me he pegado el finde en casa. Tengo un equipo de Blood Bowl de bretonianos que llevaba pendiente un mes... así que le metí mano. Y a mitad del proceso, liado buscando tutoriales y eligiendo colores y viendo como quedaban me dije... ¿yo voy a jugar con esto en algún momento? Tengo como cuatro o cinco equipos, pintados, metidos en una caja. Y ahí están muy bien. Tengo recuerdos maravillosos de Madrid, jugando con el grupo de Javi y Toño y riendome muchísimo. Fue una herramienta fantástica para sobrevivir un periodo bastante duro de mi vida.
¿Y ahora? ¿Qué estoy haciendo? Tengo montones y montones de minis. Cuando me mudé a este piso, el maletero del Megane iba lleno de cajas de minis. Eso sin contar la escenografia, que la tengo aparte. Y juegos de mesa. Todo eso, que son herramientas para compartir actividades con gente, para reírse en torno a una mesa y estar juntos, lleva años cogiendo polvo en diferentes armarios y estanterías. En algún momento, hay cosas que han salido por ebay/wallapop y al menos he recuperado algo de lo invertido.
El movimiento es bueno. Sirve para recordarnos que estamos vivos, para mantenernos activos. Y pintar miniaturas es una actividad muy enriquecedora, aprendo cosas, me concentro, me relajo... me da un cierto espacio mental. Y me separa un poco de la pantalla, que ya me paso 84 horas a la semana delante de una, para que cuando acabe allí volver a lo mismo.
Pero lo que realmente aportan las minis, lo que hace que siga volviendo a ellas, es una comunidad. Es un grupo de Discord/Whatsapp donde subes fotos, cuentas lo que estás haciendo, comentas reseñas, ves juegos, haces proyectos... es una gente con la que compartes algo, como quién habla de fútbol, de coches o de cualquier otra actividad compartida. Es un tema común con gente, más allá del trabajo, las facturas, las familias y, en general, la maldita vida adulta.
Así que no lo sé. Como actividad solitaria y triste, pues está simpatica pero no creo que me llene. Como actividad comunitaria es fantástica... pero no sé, me sigue faltando comunidad. He tenido unas semanas buenas, sobre todo a la vuelta de Cádiz, pero creo que vuelve a estar en pausa. ¿Quién sabe? Quizás lo que necesito es otro viaje a un sitio donde me den un abrazo y hablemos de cosas. Y quizás, entonces, le vuelva a ver sentido a esto.
Como decía al principio, el hogar debe estar equilibrado. Un barco que solo está en puerto se oxida. Un barco que solo sale a la mar se rompe. Hay periodos de actividad, periodos de preparación y periodos de reparación. Quizás, lo que hace falta ahora, es un poco más de actividad "no adulta".
Cuidaros. Y tened un día genial. Se os quiere.

Odio la "protein of choice"

Es algo que escucho a veces, cuando uno pide comida. Ahora resulta que uno puede organizarse un plato, con arroz o pasta o algo... y "a protein of choice". Me suena muchísimo a ciencia ficción, a alimentos tan procesados que se dividen en sus elementos basicos. Dame grasa. Dame glucosa.
Pero no es solo eso. Por un lado, es la idea de la alimentación como un proceso a optimizar, como si fuera una cadena logística o la ruta de un viaje. Por otro lado, la falta de respeto ante los alimentos, como si fuera indiferente. "Protein of choice". "Elige lo que tu quieras, que tenga proteinas".
¿Como qué elige lo que tu quieras? ¿Qué demonios?
Carne o pescado. Y dentro de eso, qué hay disponible y que me apetece. Hoy quiero pasta con atún. Mañana, quizás me haga una tortilla, o un revuelto con salchichas, o solomillo con arroz, o algo con salmón, o...
Me molesta muchísimo, porque esconde detrás toda una cultura que me ofende. Una cultura que no valora el tiempo ni la experiencia de comer, que divide el mundo en cubitos y elementos que pueden comercializarse, que vive de actuar y aparentar. Un mundo low cost, de quince tipos de pollo que saben todos igual, que no entiende el trabajo y el arte que tiene detrás un buen plato de comida. Que cree que comer un tupper delante del ordenador o un plato en una barra de algún sitio, encogido contra otros cincuenta indios, es la norma.
Y no lo es. O no debería serlo. La norma es llegar a tu casa, harto de trabajar o de estudiar o de lo que sea que hagas, y ponerte a cocinar algo o sentarte a comer con tus seres queridos. La norma es tener pan en la mesa, algo para beber, mover los codos, hablar mientras comes y os contáis el día. Y tu abuela, tu madre, o tu mismo que llegaste más temprano y pudiste ponerte a cocinar, no preguntas si quiere "protein of choice". Dice "hoy hay X", y coméis X más contentos que Dios, porque la comida es una ceremonia cultural.
Muchas veces hablo de religión con mi colega Marc. Y alguna vez hemos comentado que, uno de los aspectos que hace la religión tan adictiva y a la vez tan peligrosa es cuanto de la esfera personal invade. Qué vestirse, como relacionarse con la familia... qué comer. Y es importante, porque la comida es uno de los elementos fundamentales de nuestra vida como seres humanos. Hemos llegado a tal nivel de desarrollo, de bienes materiales, que se nos olvida que, durante mucho tiempo, la comida principal era la única del día y que se trataba como un ritual religioso, porque lo era. "Tomad y comed todos de él, pues esto es mi cuerpo, que será entregado por vosotros." No son palabras vacias. El pan y la sal era lo que no se negaba a nadie, cuando la hospitalidad era un deber sagrado.
La comida es importante. Y no, no voy a comer "protein of choice", como si estuviera montando un lego por piezas. Voy a comerme un plato de X.

viernes, 25 de septiembre de 2026

Haz algo

Llevo unos días en un espacio mental bastante agradable, donde me escucho a mí mismo y parece que sé lo que quiero. Ayuda el que haya pasado por Cádiz un tiempo y haya descansado, que haya interactuado con Carlos (eres un grande), y que haya elegido reducir la presión. En vez de ser un gran profesional, hacer bien mi trabajo. En vez de conseguir resultados, estar presente. En vez de ser la mejor versión posible de mi mismo, ser yo mismo.
Todo eso me ha dejado el suficiente espacio mental como para escuchar mi propia voz. Y wow, como me echaba de menos.
Lo primero que me he dicho a mí mismo es "cuidate". Y cuidarse implica hablar claro, hacer lo que a uno le apetece, priorizarse. La forma de salir del círculo de "estoy mal, así que hago esto para distraerme, pero el origen de lo que me hacía estar mal sigue ahí y me espera", es dejar de distraerse. ¿Como conseguimos eso? Haciendo cosas significativas. En mi caso, fui a Cádiz. Tuve conversaciones interesantes con gente. Me desafié a mí mismo. Y a partir de ahí, de recordarme un poco a mí mismo quién soy, he podido reasentarme.
Hace muchísimo que decía que, para estar bien, necesito que la vida me dé un maldito respiro.
Y ahora que me lo ha dado, puedo escribir. Leer. Pensar. Hacer algo de ejercicio. Dejar de reaccionar. Y exigir respeto a mí mismo, de la misma forma que yo se lo doy a los demás. Sin estridencias, sin necesidad de broncas... simplemente expresando claramente quién soy, qué quiero, como me respeto. De la misma forma que trato a los demás puedo, y espero, que me traten a mí. El otro día pensaba, a propósito de una movida de trabajo, lo que dicen de qué ojalá cada uno reciba lo que da. Y que cada uno sabremos si eso nos da miedo o alegría.
El principal requisito para estar bien, tal y como lo veo ahora mismo, es hacer cosas que nos hagan estar bien. Defender con uñas y dientes nuestro bienestar, no dejar que nos lo comprometan. Y hablar claro.

jueves, 17 de septiembre de 2026

To perform

El otro día vi un video, muy interesante, donde un tío comentaba que hay una oleada de nostalgia en internet sobre unos videos de instituto, de adolescents, en los primeros dos mil finales de los noventa. El tío dice que, una de las cosas que destacan de esos videos, es que fue la última vez que la gente salía en camara “viviendo, y no actuando”. Es interesante que el video, en inglés, usa la palabra “perform”, que en español se traduce como interpretar. No play, que sería actuar, sino más bien llevar a cabo actitudes y comportamientos que pensamos se esperan de nosotros. No viviendo como adolescentes, sino comportandonos como hemos visto en la tele o como creemos que debemos hacerlo.
Esto es interesante. El autor dice que, la exposición constante a redes sociales, nos obliga a evaluar todo sobre un espejo permanente. Somos muchisimo más conscientes de nuestra existencia digital, ya nadie es inocente ante internet. Mi generación, probablemente, sea la última que creció sin un registro digital de su vida. Ahora mismo, para entrar en EEUU, te piden acceso a tus redes sociales para comprobar que no has emitido opiniones o participado de grupos peligrosos.
No es una dystopia. Ya está aquí.
Y lo curioso es que lo decía David Graeber, que si a estas alturas del siglo esperabamos tener coches voladores, lo que nos impide tener eso es el avance en las tecnologías de control social. Es tremendo. Tenemos compañias compitiendo por nuestra atención ante la pantalla, comercializando no ya anuncios sino posibles plataformas de anuncios.
Por eso quizás sea tan interesante observar el mundo que hemos dejado atrás. Como en la revolución agrícola, hemos cambiado Libertad por seguridad y hemos perdido ambas. Quizás, cuando la gente habla de nostalgia, a lo que se refiere es a eso. A una epoca de nuestra vida en la que podiamos dirigirnos a una chica y decir algo, sin temer que ese comentario aparecería viralizado en internet y visto por millones de personas. La exposición sistemática y masiva está teniendo efectos que no esperabamos… pero que eran bastante lógicos si los pensamos.

Interpretamos y actuamos. Y la gente pide “disponibilidad emocional”, en vez de que no nos comportemos como gilipollas, porque hemos comercializado también el lenguaje y ahora mismo todo es dinero.
Voy a parar. Se está poniendo muy oscuro. Pero supongo que debe er un elemento biologico, echar de menos nuestra juventud.

martes, 15 de septiembre de 2026

Muerte por un millar de cortes

Vivir en UK no es para los dociles. O para los faltos de coraje. O en general, para gente a la que le guste vivir.
Ayer hice mi primer turno de doce horas de esta semana. Llegué a casa, comí algo y me metí en la cama. La alarma sonaría en 7 horas. Por supuesto, no ha sido así, me he despertado a las cinco. Medio empanado he empezado mi rutina, cosas sencillas. Entrenar, hacer Duolingo, comer algo. Limpiar y recoger, poner la casa medio decente, preparar todo para irme al curro.
Ahora tengo un rato y tengo que arreglar algunas cosas. Y ya empezamos con las pequeñas torturas. La conexión a internet no funciona. La aplicación no abre. Hay que hacer una verificación que no es posible.
Así pasa con todo. Uno va al metro y hay interrupciones. Coge el coche y hay obras. Le viene una factura que no esperaba. Todo, todo, es una constante serie de pequeños problemas que se van acumulando hasta que uno solo quiere salir a romper cosas.
No pasa nada. Tampoco necesito esa aplicación. Ni ese viaje. Ni ese... al final te acabas quedando en casa, simplemente superado por unas circunstancias que no deberían ser así. No es tan difícil. Solo hace falta comer. Dormir. Estar con gente que te quiere. Conectarte un poco a tierra y a las cosas que te hacen feliz. Buscar algo que te haga sonreír, una canción, un momento. Un recuerdo.
Es la primera noche de una semana de siete. Y ya es una noche demasiado. Menos mal que ya va quedando menos.

viernes, 11 de septiembre de 2026

Indicadores de ansiedad

Hace batante tiempo comenté que, si paso mucho tiempo en el ordenador, malo. Si hago eso es porque no tengo algo mejor que hacer, como ir a hacer deporte, leer algo que me gusta, estar con algún amigo... si tengo un plan "bueno", ignoro totalmente el ordenador. O la tele. O las redes sociales. Siempre voy a preferir estar presente con la persona que tengo al lado que prestarle atención a alguien que está a miles de kilometros. Salvo que sea un familiar que me necesite o alguien a quién quiero mucho de quién me veo momentaneamente separado (he tenido alguna pareja a distancia, sé como va).
Lo que quiero decir, como decía José Carlos Ruiz (si no lo habéis visto, buscadlo), que el mundo virtual no se impone al mundo real.
Salvo, y aquí viene el asunto del tema, que mis necesidades de evasión sean terriblemente altas. Si me paso mirando el móvil cada cinco minutos, si me paso buscando algo que hacer... es un indicador de que estoy muy agobiado. Me pasa en el trabajo, que en cuanto no estoy enfrentando una situación meto mano al bolsillo. Me pasa esperando el metro, que no sé estar mirando al vacío. Tengo que tener algo entre las manos. Y es interesante que seamos consciente de esas cosas, de esas señales que nos damos a nosotros mismos. Y saber que, cuando pasa eso, hay que encontrar como disminuir la tensión, no aumentarla.

miércoles, 9 de septiembre de 2026

Conciencia y entorno

Ayer tuve una conversación muy interesante, que arrancó por una cita de Jimmy Carr. Preguntado por un consejo para superar una separación, Jimmy Carr dijo que lo sentía mucho. Que nuestra identidad es algo distribuido, porque somos de manera distinta en el trabajo, con nuestra familia, con nuestros amigos... y que ese "reflejo" de quién somos es lo que nos devuelve nuestra identidad. (Luego decía algo muy interesante sobre qué, cuando te separas de alguien, no solo la pierdes a ella sino a quién tu eras con ella, y echas de menos lo que te hacía sentir y como te veías a ti mismo. Pero esto se sale del tema).
Lo que venía a decir es que la identidad viene devuelta, reflejada. Mi interlocutor dijo que eso era la consciencia, nuestra capacidad de identificarnos a nosotros mismos. Este soy yo. Pero decía que hay dos tipos de consciencia, la que se impone sobre el entorno y es permanente y la que viene condicionada por el entorno y es más débil. Me decía que, mi piso en San Fernando, es parte de mi identidad. Tengo un sitio al que volver. No por el piso en sí, sino por lo que supone para mí. Con lo que efectivamente, una parte de nuestra identidad es fija y viene determinada por como nos vemos a nosotros mismos, pero la otra está en cambio constante.
En cierto sentido, es lo que ya he escrito aquí varias veces sobre los personajes del juego de rol "Vampiro La Mascarada", donde tenías una conducta variable y una naturaleza semi permanente. Actuamos de determinada forma en determinados entornos, pero nuestra forma de ser se mantiene constante, nuestros valores y nuestra... ¿esencia?
Es un tema interesante. Que viene muy bien para entender mi actual proceso de sufrimiento, en el cual el entorno me condiciona a actuar de formas que me resultan aberrantes, la falta de referencias (de "reflejos") minan mi autoestima y mi conciencia y la falta de "alimento social" me obliga a pasar demasiado tiempo "entretenido". Distraido, que no ocupado. Falto de proceso, de sistema, de objetivos. Simplemente sobrellevandolo, reaccionando, en una suerte de pasividad infeliz.
¿Lo bueno? Que pasa. Y que, efectivamente, la naturaleza de nuestra identidad nos devuelve a quién y como somos. Pero me pareció algo interesante para compartir.