En este mundo en el que vivimos, a veces sucede eso. Uno no tiene gente con la que quedar, no tiene planes, no tiene algo que le motive... y de repente, compra. Así se genera dopamina, así se satisface, así se siente uno que existe. Levanta la mano, le da al botón, algo le mandarán a casa.
Hemos convertido la vida en una serie de gastos... y una forma de buscarnos sentido es a través del consumo. Eso no está ni bien ni mal. Simplemente, es así. Y cuanto antes lo reconozcamos y hagamos las paces con ese hecho de la existencia, mejor. ¿Lo ideal? Tener sentido en nuestra vida, de forma que no andemos necesitando subidones hormonales basados en el consumo. Pero dada que la situación es la que es y no parece que vaya a haber alivio o escapatoria pronto...
A seguir tachando días del calendario. Ya quedan menos. Nos aproximamos a los 500, y de ahí en adelante irá bajando. Crucemos los dedos.
Cronicas de un hobbit ario
martes, 17 de marzo de 2026
lunes, 16 de marzo de 2026
Sobre la necesidad de presencia
El otro día hablaba con alguien sobre formas de amor y modelos. Y como, para alguna gente, lo importante es que tu los escuches, los veas, "sentirse presente". Mientras que para otra gente lo importante es que hagas cosas por ellos, que les ayudes, que actues. Alguna gente prefiere la interacción emocional y otra gente prefiere la interacción física. Y a veces, es un problema entenderlo.
Leía el otro día, que una de las principales fuentes de estrés en las relaciones entre adultos son los malentendidos, las cosas que se dan por hechas y las conversaciones que no se tienen. Cosas como "esto es obvio" o "todo el mundo sabe esto", son una fuente de problemas constante. Realmente, no debería ser tan difícil expresarnos, decir lo que necesitamos y exponernos a que otra gente nos diga que necesitan ellos.
Llevo unas semanas y meses muy complicados, en los cuales tengo que distribuir un recurso que ahora es muy limitado para mí, el tiempo, entre mi pareja y yo. Y eso es especialmente complicado, en tanto y en cuanto tenemos lenguajes distintos. Yo quiero hablar, escuchar, compartir. Ella quiere que haga la compra, limpie la casa, que "haga". Y ambas cosas son necesarias, pero mis prioridades son distintas de las de ella.
¿Como se equilibra eso? Pues hablando mucho, cediendo mucho y entendiendo a la otra persona. Poniendo de nuestra parte. Y sobre todo, dejando muy claro el nivel y grado de compromiso. Uno de los principales problemas de pareja es cuando la otra persona entiende que no eres una prioridad para ella. Entonces surgen un montón de problemas porque, en esta epoca de Amazon y donde todo es para ayer... ¿ por qué tengo que renunciar a nada por alguien que no me vé como una prioridad?
La semana pasada hubo un intento de quedar con gente de un grupo de Whatsapp. Quedar fisicamente, verse. Y fracasó, porque basicamente todo el mundo piensa en yo, pero no en nosotros. Y es incapaz de ceder un mínimo de autonomía para ponerse de acuerdo. Son cosas que pasan, lo entiendo. Todos estamos saturados, todos estamos sobreestimulados, todos tenemos demasiado trabajo y compromisos y obligaciones. También porque, en muchos casos, nosotros nos hemos metido de cabeza allí. Como decía mi colega Sergio, " la gente vive un nivel de vida por encima del que se puede permitir ". Y eso se aplica también a la gestión del tiempo. Pero es importante, en esto como en otras cosas, establecer un idioma común de forma que todos entendamos lo mismo. Porque si no, surgen esos desequilibrios donde uno se pregunta, si para esta gente no es tan importante como para mí quedar... ¿por qué tengo que sacrificar mi escaso tiempo libre, para ellos?
Y esto se aplica a todo. Con lo que es importante, no solo estar, sino estar bien. De forma que la gente con la que interactuas, con la que compartes, entienda que para ellos esto es importante. Porque si no, para qué.
Leía el otro día, que una de las principales fuentes de estrés en las relaciones entre adultos son los malentendidos, las cosas que se dan por hechas y las conversaciones que no se tienen. Cosas como "esto es obvio" o "todo el mundo sabe esto", son una fuente de problemas constante. Realmente, no debería ser tan difícil expresarnos, decir lo que necesitamos y exponernos a que otra gente nos diga que necesitan ellos.
Llevo unas semanas y meses muy complicados, en los cuales tengo que distribuir un recurso que ahora es muy limitado para mí, el tiempo, entre mi pareja y yo. Y eso es especialmente complicado, en tanto y en cuanto tenemos lenguajes distintos. Yo quiero hablar, escuchar, compartir. Ella quiere que haga la compra, limpie la casa, que "haga". Y ambas cosas son necesarias, pero mis prioridades son distintas de las de ella.
¿Como se equilibra eso? Pues hablando mucho, cediendo mucho y entendiendo a la otra persona. Poniendo de nuestra parte. Y sobre todo, dejando muy claro el nivel y grado de compromiso. Uno de los principales problemas de pareja es cuando la otra persona entiende que no eres una prioridad para ella. Entonces surgen un montón de problemas porque, en esta epoca de Amazon y donde todo es para ayer... ¿ por qué tengo que renunciar a nada por alguien que no me vé como una prioridad?
La semana pasada hubo un intento de quedar con gente de un grupo de Whatsapp. Quedar fisicamente, verse. Y fracasó, porque basicamente todo el mundo piensa en yo, pero no en nosotros. Y es incapaz de ceder un mínimo de autonomía para ponerse de acuerdo. Son cosas que pasan, lo entiendo. Todos estamos saturados, todos estamos sobreestimulados, todos tenemos demasiado trabajo y compromisos y obligaciones. También porque, en muchos casos, nosotros nos hemos metido de cabeza allí. Como decía mi colega Sergio, " la gente vive un nivel de vida por encima del que se puede permitir ". Y eso se aplica también a la gestión del tiempo. Pero es importante, en esto como en otras cosas, establecer un idioma común de forma que todos entendamos lo mismo. Porque si no, surgen esos desequilibrios donde uno se pregunta, si para esta gente no es tan importante como para mí quedar... ¿por qué tengo que sacrificar mi escaso tiempo libre, para ellos?
Y esto se aplica a todo. Con lo que es importante, no solo estar, sino estar bien. De forma que la gente con la que interactuas, con la que compartes, entienda que para ellos esto es importante. Porque si no, para qué.
lunes, 9 de marzo de 2026
Entre la tozudez y la insoportable ansia de victoria
Disclaimer: "La insoportable ansia de victoria" es una cita de Hitler. Cualquiera que lea este blog (sí, vosotros tres), debería conocerme para saber que, el hecho de adoptar un elemento concreto de una filosofía, religión o creencia política no me convierte en fanático y adscribiente de todos y cada uno de sus preceptos. Por favor, no caigamos en el Secundum Quid (grande el decalogo de la lógica).
Ok, superado el disclaimer y a raiz de mi último artículo, voy a escribir sobre una cuestión que me viene inquietando ultimamente. Es algo que nos ha pasado a todos en la vida y que, seguro, nos seguirá pasando y es la pregunta siguiente.
¿ Cuando hay que soltar ?
Seguro que, en algún momento, habéis estado estudiando algo... trabajando en algo... en una relación... viviendo en algún sitio... y habéis pensado, ¨Ok, ahora estoy fatal, pero si sigo un poco más, mejorará". Y no mejora. Y seguís. Y no mejora. Llega un momento en que no está casi obligado a preguntarse, ¿merece la pena? ¿estoy sacrificando mi felicidad presente por una posible felicidad futura?
Yo siempre he sido muy testarudo. Me cuesta comprometerme a algo, pero una vez lo hago es muy difícil hacerme cambiar de opinión. Y con el tiempo, estoy dandome cuenta de que esto puede ser más un defecto que una virtud, o quizás es que con la edad la percepción del éxito varía.
Me explico. En otros momentos de mi vida he soportado mucho sufrimiento, soledad y esfuerzo porque luego merecía la pena. Y efectivamente, lo ha hecho. Gracías a mi abnegación y compromiso he conseguido cosas que, honestamente, no podría haberlo hecho de otra manera. No soy un deportista, pero conseguí superar mis pruebas físicas. No soy brillante, pero he estudiado y superado examenes. Hay buena parte del éxito de mi vida que se basa, principalmente, en que una vez muerdo algo no lo suelto. Esa es mi ¨insoportable ansia de victoria¨. Si algo merece la pena de verdad, entonces merece la pena a tope y no vale andarse con excusitas como que tengo una pierna rota o algo así. (Ok ok, bajate una Juana de Arco).
Pero efectivamente, llega un momento en el que uno entiende que está haciendo el idiota. El caso de Charlie, en mi anterior artículo, es un buen ejemplo de ello. Si uno está invirtiendo en una empresa que no da beneficios, llega un momento en que deja de ser una inversión y empieza a ser simplemente un gasto. Y ese es el momento de dar un paso atrás y plantearse si merece la pena.
Ahora viene la parte de registro personal, para que dentro de X meses o años yo lea esto y diga ¨mi má, como estabas macho¨. Os la podéis saltar si queréis.
Yo llegué a Reino Unido con la idea de ponerme en forma y estudiar. Pensé trabajar con menos estrés, soportar algunas cosas y reconstruir mi vida. Las relaciones sociales era algo que iría saliendo, sin mucha presión, una vez me hubiera asentado en el trabajo y en la vida. Por supuesto, pensaba viajar, seguir con mis hobbies y mi vida de pareja. Y, como he hecho toda mi vida, pensé que a base de buena voluntad, esfuerzo y actitud las cosas irían saliendo bien.
Spoiler alert: no fue así.
Hay cosas que no dependen de uno. En la piramide de Marslow, los primeros elementos están directamente implicados en la supervivencia. O como dijera yo en aquella conferencia, comer, dormir y que te dejen un poquito en paz. Dado que ese escenario no ha sido así, ha habido que ir reduciendo cosas de la lista de objetivos. Quitamos los planes a medio plazo. Quitamos el objetivo deportivo. Quitamos el estudio. Nos planteamos los hobbies, como equilibrio al trabajo y a las obligaciones familiares y de pareja. Los hobbies no funcionan, pero insisto. Insisto. Saldrá algo, se tiene que poder. Otra mudanza. Otro reinicio. Otra inestabilidad, otro volver a empezar. Y finalmente, tal y como me pasó anteriormente, me veo obligado a soltar. Igual que he tenido que renunciar a intentar tener algún control sobre mi agenda, igual que aprendí en el trabajo a esforzarme y dar lo mejor de mí simplemente para no enfermarme (o para que la enfermedad no se vuelva crítica), he tenido que reestructurar mi vida familiar y personal en estos terminos. El 2025 acabó y, me di cuenta, de que mi objetivo para 2026 es no morirme ni acabar divorciado. Y que eso, que para muchísima gente se da por hecho, yo tengo que esforzarme muchísimo para conseguirlo.
A veces, no se pelea para ganar. A veces se pelea para no perder, o para perder despacito, poco a poco. Como decía Pedro el otro día, vivir para recuperarse. Porque recuperarse para vivir, eso no funciona cuando los requisitos para recuperarse están a meses y años vista. Hay que vivir ahora. ¿ Mañana ? Quizás llegará. Quizás no. Si hoy tenemos suerte y hay un día bueno, lo celebramos. Si no, pues otra vez será. Y así, día a día, tachando días del calendario. Esto es como la escuela, hay que pasarlo y que deje las menos secuelas posibles.
Cuidaros. Hace mucho frío ahí fuera.
Ok, superado el disclaimer y a raiz de mi último artículo, voy a escribir sobre una cuestión que me viene inquietando ultimamente. Es algo que nos ha pasado a todos en la vida y que, seguro, nos seguirá pasando y es la pregunta siguiente.
¿ Cuando hay que soltar ?
Seguro que, en algún momento, habéis estado estudiando algo... trabajando en algo... en una relación... viviendo en algún sitio... y habéis pensado, ¨Ok, ahora estoy fatal, pero si sigo un poco más, mejorará". Y no mejora. Y seguís. Y no mejora. Llega un momento en que no está casi obligado a preguntarse, ¿merece la pena? ¿estoy sacrificando mi felicidad presente por una posible felicidad futura?
Yo siempre he sido muy testarudo. Me cuesta comprometerme a algo, pero una vez lo hago es muy difícil hacerme cambiar de opinión. Y con el tiempo, estoy dandome cuenta de que esto puede ser más un defecto que una virtud, o quizás es que con la edad la percepción del éxito varía.
Me explico. En otros momentos de mi vida he soportado mucho sufrimiento, soledad y esfuerzo porque luego merecía la pena. Y efectivamente, lo ha hecho. Gracías a mi abnegación y compromiso he conseguido cosas que, honestamente, no podría haberlo hecho de otra manera. No soy un deportista, pero conseguí superar mis pruebas físicas. No soy brillante, pero he estudiado y superado examenes. Hay buena parte del éxito de mi vida que se basa, principalmente, en que una vez muerdo algo no lo suelto. Esa es mi ¨insoportable ansia de victoria¨. Si algo merece la pena de verdad, entonces merece la pena a tope y no vale andarse con excusitas como que tengo una pierna rota o algo así. (Ok ok, bajate una Juana de Arco).
Pero efectivamente, llega un momento en el que uno entiende que está haciendo el idiota. El caso de Charlie, en mi anterior artículo, es un buen ejemplo de ello. Si uno está invirtiendo en una empresa que no da beneficios, llega un momento en que deja de ser una inversión y empieza a ser simplemente un gasto. Y ese es el momento de dar un paso atrás y plantearse si merece la pena.
Ahora viene la parte de registro personal, para que dentro de X meses o años yo lea esto y diga ¨mi má, como estabas macho¨. Os la podéis saltar si queréis.
Yo llegué a Reino Unido con la idea de ponerme en forma y estudiar. Pensé trabajar con menos estrés, soportar algunas cosas y reconstruir mi vida. Las relaciones sociales era algo que iría saliendo, sin mucha presión, una vez me hubiera asentado en el trabajo y en la vida. Por supuesto, pensaba viajar, seguir con mis hobbies y mi vida de pareja. Y, como he hecho toda mi vida, pensé que a base de buena voluntad, esfuerzo y actitud las cosas irían saliendo bien.
Spoiler alert: no fue así.
Hay cosas que no dependen de uno. En la piramide de Marslow, los primeros elementos están directamente implicados en la supervivencia. O como dijera yo en aquella conferencia, comer, dormir y que te dejen un poquito en paz. Dado que ese escenario no ha sido así, ha habido que ir reduciendo cosas de la lista de objetivos. Quitamos los planes a medio plazo. Quitamos el objetivo deportivo. Quitamos el estudio. Nos planteamos los hobbies, como equilibrio al trabajo y a las obligaciones familiares y de pareja. Los hobbies no funcionan, pero insisto. Insisto. Saldrá algo, se tiene que poder. Otra mudanza. Otro reinicio. Otra inestabilidad, otro volver a empezar. Y finalmente, tal y como me pasó anteriormente, me veo obligado a soltar. Igual que he tenido que renunciar a intentar tener algún control sobre mi agenda, igual que aprendí en el trabajo a esforzarme y dar lo mejor de mí simplemente para no enfermarme (o para que la enfermedad no se vuelva crítica), he tenido que reestructurar mi vida familiar y personal en estos terminos. El 2025 acabó y, me di cuenta, de que mi objetivo para 2026 es no morirme ni acabar divorciado. Y que eso, que para muchísima gente se da por hecho, yo tengo que esforzarme muchísimo para conseguirlo.
A veces, no se pelea para ganar. A veces se pelea para no perder, o para perder despacito, poco a poco. Como decía Pedro el otro día, vivir para recuperarse. Porque recuperarse para vivir, eso no funciona cuando los requisitos para recuperarse están a meses y años vista. Hay que vivir ahora. ¿ Mañana ? Quizás llegará. Quizás no. Si hoy tenemos suerte y hay un día bueno, lo celebramos. Si no, pues otra vez será. Y así, día a día, tachando días del calendario. Esto es como la escuela, hay que pasarlo y que deje las menos secuelas posibles.
Cuidaros. Hace mucho frío ahí fuera.
La amistad busca reciprocidad
Hace muchísimo tiempo me tocó dar una conferencia sobre esta frase. Es algo en lo que nunca había pensado demasiado, pero al tener que prepararla, en cierto sentido, se convirtió en uno de los lemas de mi vida. Quién me iba a decir que, diez años después, me iba a volver para morder en el culo.
Decimos que la amistad busca reciprocidad, y eso implica que la amistad solo se puede dar entre iguales. En una peli que vi este fin de semana, decían que los reyes no tienen amigos; solo subditos o enemigos. Y eso es así, porque para poder tener amigos el rey tiene que estar en las mismas condiciones que la otra persona y eso es imposible. El grado de confianza, de intimidad, que exige una amistad implica que uno tiene que tener capacidad de hablar libremente sin temer las consecuencias y sentirse escuchado. Ese es el mínimo. A partir de ahí, pues lo importante no es tanto la equidad como la reciprocidad. No que demos y recibamos lo mismo, sino que sintamos que existe correspondencia. Hay amistades, sumamente fuertes, en las cuales el desequilibrio de poder interno es enorme, pero eso no es un problema siempre y cuando ambas personas se sientan comodas dentro de la relación. Por ejemplo, cuando yo era amigo de Charlie la relación era totalmente unidireccional, pero yo estaba muy cómodo porque sentía que me compensaba. Creo que esa frase, ¨me compensa¨, es la clave de una amistad. Cuando deja de merecer la pena, entonces se acaba.
Me ha costado mucho tiempo entender esto. Yo siempre he partido de la base de que, la mejor forma de recibir, es dar. Uno establece una dinámica buena, cómoda, en la que la otra persona puede ser ella misma mediante una combinación de bajas expectativas, alta atención y empatía. Basicamente, yo he hecho amigos con facilidad porque me gusta escuchar (no lo finjo, realmente me gusta), no espero casi nada de la gente y me considero una persona bastante agradable. Pero a veces no depende de uno. Y hay gente que, por su carácter o su forma de ser, solo van a recibir. Hace tiempo leí que hay gente que son como unas gigantescas fauces; todo lo que el mundo tiene es para que ellos lo consuman, y ni se les ocurre tener que devolver algo. Y, de igual forma que me pasó con Charlie en su momento, uno tiene que aceptar esta situación y actuar en consecuencia. Porque si no, el desequilibrio y la falta de reciprocidad va a dar pie a la frustración y de ahí no puede salir nada bueno.
Y por cierto, a continuación voy a escribir algo sobre eso.
Decimos que la amistad busca reciprocidad, y eso implica que la amistad solo se puede dar entre iguales. En una peli que vi este fin de semana, decían que los reyes no tienen amigos; solo subditos o enemigos. Y eso es así, porque para poder tener amigos el rey tiene que estar en las mismas condiciones que la otra persona y eso es imposible. El grado de confianza, de intimidad, que exige una amistad implica que uno tiene que tener capacidad de hablar libremente sin temer las consecuencias y sentirse escuchado. Ese es el mínimo. A partir de ahí, pues lo importante no es tanto la equidad como la reciprocidad. No que demos y recibamos lo mismo, sino que sintamos que existe correspondencia. Hay amistades, sumamente fuertes, en las cuales el desequilibrio de poder interno es enorme, pero eso no es un problema siempre y cuando ambas personas se sientan comodas dentro de la relación. Por ejemplo, cuando yo era amigo de Charlie la relación era totalmente unidireccional, pero yo estaba muy cómodo porque sentía que me compensaba. Creo que esa frase, ¨me compensa¨, es la clave de una amistad. Cuando deja de merecer la pena, entonces se acaba.
Me ha costado mucho tiempo entender esto. Yo siempre he partido de la base de que, la mejor forma de recibir, es dar. Uno establece una dinámica buena, cómoda, en la que la otra persona puede ser ella misma mediante una combinación de bajas expectativas, alta atención y empatía. Basicamente, yo he hecho amigos con facilidad porque me gusta escuchar (no lo finjo, realmente me gusta), no espero casi nada de la gente y me considero una persona bastante agradable. Pero a veces no depende de uno. Y hay gente que, por su carácter o su forma de ser, solo van a recibir. Hace tiempo leí que hay gente que son como unas gigantescas fauces; todo lo que el mundo tiene es para que ellos lo consuman, y ni se les ocurre tener que devolver algo. Y, de igual forma que me pasó con Charlie en su momento, uno tiene que aceptar esta situación y actuar en consecuencia. Porque si no, el desequilibrio y la falta de reciprocidad va a dar pie a la frustración y de ahí no puede salir nada bueno.
Y por cierto, a continuación voy a escribir algo sobre eso.
miércoles, 25 de febrero de 2026
Vivir para recuperarme
Ayer me hicieron una pregunta. Nos recuperamos para vivir, o vivimos para recuperarnos? Yo respondí que primero nos recuperamos y luego cabalgamos, y me dijeron que ni hablar. Que en la vida, nunca vas a estar cien por cien preparado. Así que hazlo. Como decía el meme, si no tienes energía para hacer ejercicio, prueba a hacer ejercicio. La vida se vive hacía delante y consiste en ir haciendo cosas hasta que algo salga bien. Intentalo otra vez. Y otra. Y otra. Porque cuando te das cuenta, la ola ha pasado y puedes volver a respirar.
Antes escribía sobre Madrid. Y me decía un amigo, hace unos meses, que piense en las cosas que puedo hacer ahora y luego echaré de menos. No se me ocurrió ninguna (meses después sigue sin ocurrirseme), pero reconozco que hay cosas que sí, que echaré de menos. Echaré de menos a algún compañero del trabajo que es gente muy guay (a Jaab, a Teemu, a Christoff. Como ya echo de menos a Giannis o a Ohrun), echaré de menos ver arboles por mi ventana, y con el tiempo supongo que habrá alguna cosa más que echaré de menos. Manda caralho, que le dedique cinco minutos a pensarlo y se me ocurran apenas dos cosas. Pues si que está mal.
Pero al final, vivimos pues así, a golpito. Y hoy escribir me ha venido muy bien para darme cuenta de que hay solución, de que no todo son problemas. Que si lo que me toca ahora es abrir cajones, ver lo que tengo e intentar invertir dinero en formas mejores de transportarlo y guardarlo... pues oye, eso también es un hobby en sí mismo y me parece que puedo hacerlo. Y si bien hay muchas cosas que no puedo compartir con mi pareja, habrá otras que sí y es importante trabajar en positivo.
Resumiendo. Que si bien la situación parece un desastre y la frustración se acumula, a veces el truco es simplemente dejar de preocuparse. Hacer lo que se puede. Disminuir el ruido y los problemas. Dejar de focalizarse en el mañana. Y simplemente, estar ahora. Ya han pasado casi dos meses de 2026. Eso es 1/6 del año. El mes que viene, habrá pasado un cuarto. Y así, poco a poco, vamos acercandonos. Mi objetivo para 2026 es... no morirme. ¿Expectativas bajas? Seamos realistas. El escenario es el que es. Quizás después de verano la cosa mejore, pero a día de hoy las cosas son las que son.
Así que vamos a intentarlo. Vivir para recuperarme. Para recordar que se puede ser feliz, que uno puede querer tener planes, sueños e ilusiones. Que puede que haya algo que merezca la pena. Y que, quizás, quién sabe, la vida pueda que merezca la pena vivirla.
Cuidaros. Hace mucho frío ahí fuera.
Antes escribía sobre Madrid. Y me decía un amigo, hace unos meses, que piense en las cosas que puedo hacer ahora y luego echaré de menos. No se me ocurrió ninguna (meses después sigue sin ocurrirseme), pero reconozco que hay cosas que sí, que echaré de menos. Echaré de menos a algún compañero del trabajo que es gente muy guay (a Jaab, a Teemu, a Christoff. Como ya echo de menos a Giannis o a Ohrun), echaré de menos ver arboles por mi ventana, y con el tiempo supongo que habrá alguna cosa más que echaré de menos. Manda caralho, que le dedique cinco minutos a pensarlo y se me ocurran apenas dos cosas. Pues si que está mal.
Pero al final, vivimos pues así, a golpito. Y hoy escribir me ha venido muy bien para darme cuenta de que hay solución, de que no todo son problemas. Que si lo que me toca ahora es abrir cajones, ver lo que tengo e intentar invertir dinero en formas mejores de transportarlo y guardarlo... pues oye, eso también es un hobby en sí mismo y me parece que puedo hacerlo. Y si bien hay muchas cosas que no puedo compartir con mi pareja, habrá otras que sí y es importante trabajar en positivo.
Resumiendo. Que si bien la situación parece un desastre y la frustración se acumula, a veces el truco es simplemente dejar de preocuparse. Hacer lo que se puede. Disminuir el ruido y los problemas. Dejar de focalizarse en el mañana. Y simplemente, estar ahora. Ya han pasado casi dos meses de 2026. Eso es 1/6 del año. El mes que viene, habrá pasado un cuarto. Y así, poco a poco, vamos acercandonos. Mi objetivo para 2026 es... no morirme. ¿Expectativas bajas? Seamos realistas. El escenario es el que es. Quizás después de verano la cosa mejore, pero a día de hoy las cosas son las que son.
Así que vamos a intentarlo. Vivir para recuperarme. Para recordar que se puede ser feliz, que uno puede querer tener planes, sueños e ilusiones. Que puede que haya algo que merezca la pena. Y que, quizás, quién sabe, la vida pueda que merezca la pena vivirla.
Cuidaros. Hace mucho frío ahí fuera.
Madrid no se vé tan mal
La memoría es muy sinvergüenza. El otro día, en esos dos días buenos que tengo al mes, estaba rodeado de compañeros míos y la mujer de un amigo preguntó, de risa, si al final echaré de menos Madrid y todo (ella estuvo trabajando conmigo allí. Recuerdo que, cuando ibamos al comedor, la gente nos hacía sitio y decía "pobrecitos". Un abrazo fuerte Patri). El caso es que le dije, sorprendido, que sí. Que a pesar de que lo pasé fatal y fue horrible, este sitio ha conseguido que lo eche de menos.
Y la memoría es muy hija de puta. Pensé que el tiempo me haría borrar las discusiones con mi parienta, los silencios pesados, el volver del trabajo sin ganas de nada... y me dejaría solo los momentos buenos. Y no lo ha hecho. Recuerdo todas esas cosas. Recuerdo las noches sin dormir, pintando muñequitos. Recuerdo mirar por la ventana en el trabajo preguntandome que hago aquí. Recuerdo temblarme las manos e ir al baño constantemente. Y los recuerdos "bonitos" no son tanto. Recuerdo ir a Goblin y volver preguntandome para que voy. Recuerdo el calorazo en verano y el frío en invierno, el horror de atravesar Chamartín en obras, lo infinito que resultaban los fines de semana sin planes. Como ir a la piscina en verano era una aventura en coche y una paliza andando. Como la operación salida era infernal, o la bronca por "ya huele a paguitas". O el no poder mencionar a Cádiz sin que hubiera una bronca en mi casa.
También, curiosamente, recuerdo otros momentos. Recuerdo un cierre en el que no tenía tiempo para ir a comer y me llevaba almendras a las mesas. Recuerdo las broncas por la cocina y el miedo cuando la herencia del piso en el que estabamos alquilados. Recuerdo, muchísimo, el despacho de Javi y la ilusión con que le llevé unas minis que le pinté una vez, o cuando echamos una partida en el cuerpo de guardia. Recuerdo con un cariño infinito el cumpleaños sorpresa que me celebró mi mujer e invitó a los amigos, o la cena de despedida que será uno de los momentos que me llevaré a la tumba. Recuerdo las broncas en el curro, los gritos, el mal ambiente. La tensión siempre presente, las guardias y quedarte currando después, las movidas con los compañeros. Pero de alguna forma, también recuerdo el bar con Nico y Javi, recuerdo partidas de Clash con Toño (gracias), como Marc me enseñó Titanicus, las ligas de Blood Bowl, los trenes trenes trenes.
Recuerdo a Marc británico venir a visitarnos. Recuerdo a Vasya metiendose en el armario donde guardaba las miniaturas que aún estaba pintando. Recuerdo ir al Mercadona cargadisimo, o cuando nos ibamos a ir y fuimos a la piscina cerca de casa. Recuerdo ir al Prado con mi mujer o los infinitos trayectos en autobus y metro.
La memoría es muy hija de puta. Lo pasé increíblemente mal en Madrid y aún estoy sufriendo heridas que me hice allí y no se han curado. Pero con el tiempo, algunas cosas buenas se han quedado e incluso esas poquitas son mejores que lo que tengo ahora. No volveré, claro que no. Pero me siento super orgulloso y feliz cuando gente, buenísima, con la que trabajé allí me dicen que si quiero volver me hacen sitio. Es lo más bonito que se le puede decir a un profesional "quiero que trabajes conmigo". Y quizás seré un desastre en muchísimos aspectos de mi vida pero, al menos en ese, fui muy bueno.
Gracías, Madrid. Por enseñarme una nueva profesión y ponerme en el camino de tantísima gente maravillosa. Un año y medio después puedo decirlo. No mereció la pena y el precio fue demasiado caro, pero ya está pagado así que no tiene sentido hacerse más sangre por eso. Gracías. Sobre todo a la gente. Gracías.
Y la memoría es muy hija de puta. Pensé que el tiempo me haría borrar las discusiones con mi parienta, los silencios pesados, el volver del trabajo sin ganas de nada... y me dejaría solo los momentos buenos. Y no lo ha hecho. Recuerdo todas esas cosas. Recuerdo las noches sin dormir, pintando muñequitos. Recuerdo mirar por la ventana en el trabajo preguntandome que hago aquí. Recuerdo temblarme las manos e ir al baño constantemente. Y los recuerdos "bonitos" no son tanto. Recuerdo ir a Goblin y volver preguntandome para que voy. Recuerdo el calorazo en verano y el frío en invierno, el horror de atravesar Chamartín en obras, lo infinito que resultaban los fines de semana sin planes. Como ir a la piscina en verano era una aventura en coche y una paliza andando. Como la operación salida era infernal, o la bronca por "ya huele a paguitas". O el no poder mencionar a Cádiz sin que hubiera una bronca en mi casa.
También, curiosamente, recuerdo otros momentos. Recuerdo un cierre en el que no tenía tiempo para ir a comer y me llevaba almendras a las mesas. Recuerdo las broncas por la cocina y el miedo cuando la herencia del piso en el que estabamos alquilados. Recuerdo, muchísimo, el despacho de Javi y la ilusión con que le llevé unas minis que le pinté una vez, o cuando echamos una partida en el cuerpo de guardia. Recuerdo con un cariño infinito el cumpleaños sorpresa que me celebró mi mujer e invitó a los amigos, o la cena de despedida que será uno de los momentos que me llevaré a la tumba. Recuerdo las broncas en el curro, los gritos, el mal ambiente. La tensión siempre presente, las guardias y quedarte currando después, las movidas con los compañeros. Pero de alguna forma, también recuerdo el bar con Nico y Javi, recuerdo partidas de Clash con Toño (gracias), como Marc me enseñó Titanicus, las ligas de Blood Bowl, los trenes trenes trenes.
Recuerdo a Marc británico venir a visitarnos. Recuerdo a Vasya metiendose en el armario donde guardaba las miniaturas que aún estaba pintando. Recuerdo ir al Mercadona cargadisimo, o cuando nos ibamos a ir y fuimos a la piscina cerca de casa. Recuerdo ir al Prado con mi mujer o los infinitos trayectos en autobus y metro.
La memoría es muy hija de puta. Lo pasé increíblemente mal en Madrid y aún estoy sufriendo heridas que me hice allí y no se han curado. Pero con el tiempo, algunas cosas buenas se han quedado e incluso esas poquitas son mejores que lo que tengo ahora. No volveré, claro que no. Pero me siento super orgulloso y feliz cuando gente, buenísima, con la que trabajé allí me dicen que si quiero volver me hacen sitio. Es lo más bonito que se le puede decir a un profesional "quiero que trabajes conmigo". Y quizás seré un desastre en muchísimos aspectos de mi vida pero, al menos en ese, fui muy bueno.
Gracías, Madrid. Por enseñarme una nueva profesión y ponerme en el camino de tantísima gente maravillosa. Un año y medio después puedo decirlo. No mereció la pena y el precio fue demasiado caro, pero ya está pagado así que no tiene sentido hacerse más sangre por eso. Gracías. Sobre todo a la gente. Gracías.
Hasta luego, muñequitos
Buenos días y gracías por la espera. Hoy me asomé y me he dado cuenta de que, últimamente, escribo poquísimo. Supongo que en parte porque me noto como debajo de agua. Os confieso algo; estoy yendo al psicólogo porque mi vida, en general, no va bien. O como decían en la serie esa de Netflix, buenísima, "Animal". "El hobbit no está bien" (acento gallego a tope).
Y, ¿por qué no está bien? Pues porque es muy complicado vivir encendiendose y apagandose como un interruptor. A los niños, las mascotas y a mí, nos hacen falta rutinas. La busqueda de sentido, de la que hablaba Viktor Frankl (buenísimo libro también), consiste en que, cuando te despiertas por la mañana, tienes que apuntar en una dirección. Como una flecha. Hace falta algo que justifique nuestra existencia, que nos inspire. Y no solo un objetivo "grande" (quiero acabar con el hambre en el mundo), nos hacen falta objetivos pequeñitos, manejables, que hagan que el día a día sea llevadero (estoy deseando comerme un donut de esta tienda). Parece una tontería, pero vivimos en el día a día, en el momento, y necesitamos algo que nos inspire a llegar a la semana siguiente.
Ok, ¿Por qué digo semanas? Porque para mí, la unidad de tiempo se ha convertido en la semana. Yo no vivo horas, ni siquiera días. Hubo una epoca en que el lunes hacía esto, el martes hacía lo otro... Ahora no. Desde hace año y medio, esta semana hago esto, la semana siguiente, no sé. Y el tener que estar ajustandome, en base al clima, las agendas de otra gente, los problemas que van surgiendo.. me genera una cantidad de estrés tremenda. Me vuelve loco que, a veces, me despierto enfermo y tengo que seguir. Porque vivo posponiendo cosas. Hoy veo un libro que me gusta, moskis, que interesante. La semana que viene me lo descargaré y lo leeré. O no. Quién sabe. Quizás la semana que viene hay una movida en el trabajo a la que debo ir, o mi mujer tiene un problema, o hay que arreglar algo en el piso, o viene una multa, o... y todo eso va por delante. Primero las obligaciones. Luego el ocio.
Y en medio de ese ritmo, intentar coordinar cosas con terceras personas se vuelve una aventura impresionante. "Oye, ¿te apetece una cerveza dentro de diez días?" Y llega el momento y llueve, o tienes que ir al supermercado, o te tiemblan las manos porque llevas una semana sin dormir apenas.. Al final, todo empieza a ser demasiado esfuerzo. Te cuesta quedar con gente y te cuesta no quedar con gente.
Y ahora hablamos de muñequitos. Yo, desde hace más tiempo del que lleva este blog, me entretengo con miniaturas. Empecé con Warhammer y pasé a Warhammer 40.000, miniaturas históricas, juegos de autor, juegos de nicho... he hecho muchísimos amigos, leído y escrito, hasta salí en un programa de youtube hablando de esto. Tenía una habitación en mi piso dedicada a ello, elegí la configuración del salón de forma que pudiera juntar eso con actividad física saludable. Es una parte muy grande de mi vida.
Y está en el cajón. No puedo seguir adelante con ello. No tengo tiempo ni estabilidad, no tengo un grupo de amigos ni el espacio físico, mental y emocional para desarrollarlo. Decidí redirigirlo, encontrar una forma más sana de llevarlo. Pero hace diez días empecé a montar una miniatura y ahora ni recuerdo porqué lo hice. Y es algo que debería generarme felicidad, pero se convierte solo en otra tarea que tachar de la lista, junto con averiguar como vender el coche o si comprar un cubo de basura más grande. Y la mera idea de ponerme con un reglamento, leer listas de ejércitos, intentar coordinar una misión... me resulta algo de ciencia ficción. Como hacer un roadtrip o saltar en paracaidas, es algo que, simplemente, no existe en mi mundo. Que ojalá existiera y que estaría genial, pero ahora mismo vamos a otras cosas.
Y la pregunta gorda es, ¿a qué vamos? ¿Con qué sustituyo el entusiasmo, la emoción, la alegria...? ¿De que hablo los lunes al volver al trabajo, si volviera los lunes al trabajo y si hablara con alguien? Todos necesitamos una pasión que nos guie, algo que nos inspire. Durante mi formación para ascender, mientras corría bajo la lluvia, pensaba en que dentro de X tiempo encargaría esto, y montaría lo otro... y lo vería listo. En Madrid había semanas que la empezaba, sabiendo que el jueves llegaría a jugar y eso me hacía tanta ilusión.
Todos necesitamos algo que nos haga seguir adelante. Quizás, lo que necesito yo, es encontar como convertir ese algo en una cosa que pueda hacer y distribuir en mi ritmo actual. O al menos intentarlo. Antes tenía un listado de minis mensuales. Compradas pintadas vendidas. Hace año y medio que no puedo vender, aunque igual debería volver a intentarlo. Quizás, como sucedió durante el COVID, la solución pasa por convertirlo en un hobby solitario, autista, sabiendo que llegarán tiempos mejores y mantener la fé en ello. Quizás eso es todo lo que hace falta Mantener un poco la fé.
Y, ¿por qué no está bien? Pues porque es muy complicado vivir encendiendose y apagandose como un interruptor. A los niños, las mascotas y a mí, nos hacen falta rutinas. La busqueda de sentido, de la que hablaba Viktor Frankl (buenísimo libro también), consiste en que, cuando te despiertas por la mañana, tienes que apuntar en una dirección. Como una flecha. Hace falta algo que justifique nuestra existencia, que nos inspire. Y no solo un objetivo "grande" (quiero acabar con el hambre en el mundo), nos hacen falta objetivos pequeñitos, manejables, que hagan que el día a día sea llevadero (estoy deseando comerme un donut de esta tienda). Parece una tontería, pero vivimos en el día a día, en el momento, y necesitamos algo que nos inspire a llegar a la semana siguiente.
Ok, ¿Por qué digo semanas? Porque para mí, la unidad de tiempo se ha convertido en la semana. Yo no vivo horas, ni siquiera días. Hubo una epoca en que el lunes hacía esto, el martes hacía lo otro... Ahora no. Desde hace año y medio, esta semana hago esto, la semana siguiente, no sé. Y el tener que estar ajustandome, en base al clima, las agendas de otra gente, los problemas que van surgiendo.. me genera una cantidad de estrés tremenda. Me vuelve loco que, a veces, me despierto enfermo y tengo que seguir. Porque vivo posponiendo cosas. Hoy veo un libro que me gusta, moskis, que interesante. La semana que viene me lo descargaré y lo leeré. O no. Quién sabe. Quizás la semana que viene hay una movida en el trabajo a la que debo ir, o mi mujer tiene un problema, o hay que arreglar algo en el piso, o viene una multa, o... y todo eso va por delante. Primero las obligaciones. Luego el ocio.
Y en medio de ese ritmo, intentar coordinar cosas con terceras personas se vuelve una aventura impresionante. "Oye, ¿te apetece una cerveza dentro de diez días?" Y llega el momento y llueve, o tienes que ir al supermercado, o te tiemblan las manos porque llevas una semana sin dormir apenas.. Al final, todo empieza a ser demasiado esfuerzo. Te cuesta quedar con gente y te cuesta no quedar con gente.
Y ahora hablamos de muñequitos. Yo, desde hace más tiempo del que lleva este blog, me entretengo con miniaturas. Empecé con Warhammer y pasé a Warhammer 40.000, miniaturas históricas, juegos de autor, juegos de nicho... he hecho muchísimos amigos, leído y escrito, hasta salí en un programa de youtube hablando de esto. Tenía una habitación en mi piso dedicada a ello, elegí la configuración del salón de forma que pudiera juntar eso con actividad física saludable. Es una parte muy grande de mi vida.
Y está en el cajón. No puedo seguir adelante con ello. No tengo tiempo ni estabilidad, no tengo un grupo de amigos ni el espacio físico, mental y emocional para desarrollarlo. Decidí redirigirlo, encontrar una forma más sana de llevarlo. Pero hace diez días empecé a montar una miniatura y ahora ni recuerdo porqué lo hice. Y es algo que debería generarme felicidad, pero se convierte solo en otra tarea que tachar de la lista, junto con averiguar como vender el coche o si comprar un cubo de basura más grande. Y la mera idea de ponerme con un reglamento, leer listas de ejércitos, intentar coordinar una misión... me resulta algo de ciencia ficción. Como hacer un roadtrip o saltar en paracaidas, es algo que, simplemente, no existe en mi mundo. Que ojalá existiera y que estaría genial, pero ahora mismo vamos a otras cosas.
Y la pregunta gorda es, ¿a qué vamos? ¿Con qué sustituyo el entusiasmo, la emoción, la alegria...? ¿De que hablo los lunes al volver al trabajo, si volviera los lunes al trabajo y si hablara con alguien? Todos necesitamos una pasión que nos guie, algo que nos inspire. Durante mi formación para ascender, mientras corría bajo la lluvia, pensaba en que dentro de X tiempo encargaría esto, y montaría lo otro... y lo vería listo. En Madrid había semanas que la empezaba, sabiendo que el jueves llegaría a jugar y eso me hacía tanta ilusión.
Todos necesitamos algo que nos haga seguir adelante. Quizás, lo que necesito yo, es encontar como convertir ese algo en una cosa que pueda hacer y distribuir en mi ritmo actual. O al menos intentarlo. Antes tenía un listado de minis mensuales. Compradas pintadas vendidas. Hace año y medio que no puedo vender, aunque igual debería volver a intentarlo. Quizás, como sucedió durante el COVID, la solución pasa por convertirlo en un hobby solitario, autista, sabiendo que llegarán tiempos mejores y mantener la fé en ello. Quizás eso es todo lo que hace falta Mantener un poco la fé.
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