martes, 9 de junio de 2026

Una boda en España

No pensaba escribir sobre esto, pero parece que una cosa lleva a la otra y la cabeza casi me pide hacerlo. Este fin de semana fuimos a Madrid, a la boda de un buen amigo mío al que quiero mucho. Fui un poco a regañadientes, en parte porque no me gustan las bodas, y en parte porque en esta fase de mi vida cualquier cosa me supone un esfuerzo atroz. Y me vino increíble. Sabía que me iba a venir bien, porque salir de aquí e ir a España siempre me calma, me da un poco de aire. Y ver amigos y salir y estar cómodo... eso ayuda.
Ha sido un tiempo maravilloso. El jueves, donde fui a mi antiguo trabajo y me encontré a tantos compañeros y tanto cariño que me sentí abrumado. Gracias. No era consciente de que podía dejar una huella tan positiva y tan buena. Había olvidado como era sentirse útil y productivo, hacer cosas. Hubo un par de interacciones, como cuando me presentaron, en las que me sentí sinceramente abrumado. Gente que no es nada dada a piropear de gratis, hablando maravillas de mí. Incluso alguien se me acercó y me dijo "el famoso don...", lo cual me confundió bastante. Yo soy famoso en casa de mi madre para comer, y porque como fatal. En general, me sentí super especial. Luego por la tarde fui a la tienda de muñequitos donde solía ir y me encontré con amigos, gente a la que quiero mucho y me alegró un montón verlos bien.
Y luego la boda. Fuimos con un amigo, una de los mejores seres humanos que he conocido nunca (porque le sale muy natural, es de esa gente que no le duele ayudar a los demás o ser bueno. Es su naturaleza), después de visitar su enorme casa, ver su familia y su mundo y alegrarnos, sinceramente, de su éxito. Una vez llegamos a la boda nos encontramos con otro montón de gente, todos jovenes, guapos, exitosos. Y me dio mucha alegria verlos, me dio mucha alegria asomarme a sus mundos y compartir ese momento, en el que la gente toca tu espíritu y sabes que, al otro lado, hay gente buena.
En general, estoy muy agradecido por este fin de semana. Por los momentos compartidos, por las historias y los momentos, y por haberme sacado de mi realidad y haberme asomado a otra, que me recuerda que todo es temporal. Que me enseña lo que fui y lo que puedo ser, y que me llena el corazón.
Gracías. Con fines de semana como este, uno puede coger fuerzas para aguantar y entender que, esto, es temporal. Que lo es de verdad, que no es una frase que nos decimos. Gracías.

Ediciones de Warhammer 40.000 y consumo

Esta semana salió la nueva edición de Warhammer 40.000. Para los que no sepáis lo que es (si alguien lee este blog y no lo sabe, que me lo diga para sorprenderme), es un juego de mesa, donde unas miniaturas que representan soldados espaciales se dan de tortas con otras miniaturas, representando un conflicto de ciencia ficción. El juego surge en los años ochenta y ya lleva once ediciones, tiene millones de jugadores a nivel mundial y es una franquicia de ocio con videojuegos, libros y, en teoría, una serie que se está preparando. El hobby, como tal, tiene un grupo de aficionados que, sin ser tan intensos como los de Star Wars, no les falta pasión y entusiasmo y opiniones, bastante intensas, sobre como es y como debería ser dicho hobby.
Quizás es por eso, que me ha sorprendido la facilidad con que este cambio de edición tiene lugar. En Blood Bowl, otro juego de la misma compañia, ha sucedido igual. Salió una nueva edición bastante disruptiva con la anterior, cambiaron reglas, perfiles, miniaturas... se hizo necesario un desembolso para poder volver a jugar o mantenerse en el competitivo. Y de alguna forma, la gente lo aceptó con toda naturalidad.
Eso me sorprende. Quizás es porque todos nos hacemos mayores y la gente con la que me relaciono vé la vida de otra manera (tener hijos hace que relativices mucho la importancia de la alineación de tu equipo favorito), o quizás es que el capitalismo ha entrado en una fase en que todos asumimos, de forma más o menos natural, que las cosas valen dinero y que las empresas tienen que vivir de algo. Y que para ello necesitan modificar los juegos y vender, quizás, otra vez lo mismo a la gente. La Stacy Malibú con un sombrero nuevo.
Aún así visto desde fuera, me sorprende. Recuerdo "rebeliones" hace años ante cambios mucho menores que este, con mucho menos dinero invertido (Warhammer nunca fue barato, pero últimamente me parece exagerado). Quizás también ha tenido lugar una suerte de "purga", aquellos que no estaban tan comprometidos ya se fueron. A mí me parece absurdo lo que vale una camiseta de fútbol, pero nadie me ha preguntado mi opinión, porque obviamente yo no soy el público al que va dirigido ese producto.
Y esta es la reflexión que quiero largar. En este mundo tan fragmentado, de redes sociales, youtubers e influencers, donde todo el mundo piensa igual y el que no lo hace, lo mejor que puede hacer es callarse e irse, de alguna forma el debate se ha reducido. Ya no hay tantas opiniones, tanto compartir y escucharse a sí mismo. Las compañias han conseguido que la gente acepte sus productos y políticas, "Palabra de Dios, te adoramos oyenos". Y no lo digo como algo negativo... siempre me pareció bastante inmaduras las criticas a los cambios de edición. Como todo producto, si no estás conforme con él, no lo adquieras. Pero, como diría Marc británico, el hobby está evolucionando en una dirección bastante distinta a la que conociamos. Lo cual no está mal, simplemente es curioso.
Me gusta que haya menos críticas, que no aportan nada más allá del ruido. Pero no puedo evitar reflexionar sobre como, con la perdida de las criticas, perdemos protagonismo también. La gente asume que el hobby, donde uno creaba reglas, perfiles, campañas... y era sumamente activo, es ahora un producto finalizado, como cuando compras un videojuego, y que hace falta expertos que programen para hacerles DLCs.
Es otro mundo. Y no está mal, pero es curioso.

La superioridad moral de lo negativo

Esta mañana reflexionaba sobre algo que he visto varias ocasiones, gente que viene de países en vías de desarrollo, explicandome lo mal que se está en otros países. En general, países donde yo he vivido o conozco bastante, por haber pasado mucho tiempo allí, conocer gente del sitio, hablar el idioma, etc etc. Lo curioso es que lo hacen con una cierta alegria, como si el malestar de otra gente les produjera regocijo.
Schadenfreude es una palabra alemana, cuya acepción más extendida es sentir alegría por el sufrimiento de otra persona. Yo la descubrí leyendo "Generación X" de Douglas Coupland (bastante recomendado ese libro, aunque ha envejecido regular). Ahí la empleaban directamente para referirse a lo bien que nos hace sentir que a algún famoso le vaya mal, pero esa no es la única acepción.
En general, el schadenfreude es una emoción de gente pequeña y triste, que necesita que otra gente lo pase mal. Que pretende arrastrarnos al barro de su miseria moral, para justificar sus conductas, actitudes, entorno. Como todo el mundo roba, yo también robo. Lo mejor es que son plenamente conscientes de lo reprobable de su conducta y actitud pero, como casi todo el Mal, está enfermo y no posee la energía para curarse, prefiriendo proyectar afuera lo que, obviamente, está dentro.
Es un proceso complicado, descubrir en primer lugar el origen del miedo, la tristeza, la soledad, la rabia. Y una vez lo has descubierto enfrentarlo, mirarlo a los ojos, crecer. Es necesario salir del ego absoluto, de la idea de que el Universo gira en torno a nosotros y entender, como me dijera Toño, que "a Madrid tu le das igual". Si tu, persona de X, te sientes feliz de que en Y todo sea un desastre y no haces más que hablar de la caída de occidente y de la decadencia moral y...
Tengo una noticia para ti. A Occidente le das igual. Hundidos en la miseria más reprobable, los alemanes siguen teniendo acceso a una educación de mayor calidad de la que tuve yo. Y eso no es bueno ni malo, es un hecho, al igual que el que llueva en Galicia no tiene nada que ver con mis opiniones, carácter, reflexiones o inquietudes. El mundo, por increíble que nos parezca, estaba girando antes de que vinieramos y, muy probablemente, seguirá haciendolo después de que nos hayamos ido.
Hay que desconectar. Salir de las redes sociales, salir del sesgo de confirmación, salir de la necesidad de tener razón siempre y mirar por encima del hombro al resto del mundo. Y simplemente, aprender. Acercarnos con curiosidad y respeto, dejar de analizar el mundo en terminos binarios (bueno y malo, blanco y negro) y aceptar que, en esa escala de grises, hay cosas que vibran más con nosotros y cosas que menos. Y en ese espacio de vibración, encontrar nuestra propia voz y compartir, aprender, enseñar, descubrir. Ser. De una forma positiva y optimista, creciente, Lo contrario solo nos hará daño a nosotros mismos y a los demás.
Cuidaros. Se nota que tuve un buen fin de semana.

jueves, 28 de mayo de 2026

El poder de decir NO

Es muy curioso, entender en que momento la responsabilidad se convierte en una debilidad. En que momento de tu vida entiendes que, tu solo, te estás poniendo en una posición en la que permites que abusen de ti. Basicamente, por no saber decir que no. Por querer ser buen compañero, por ayudar a los demás, por ser paciente... porque realmente nos gusta. Tanto la sensación de ser útiles como ayudar a los demás, como pensar que somos "esa persona". Lo que pasa que el tiempo es un recurso finito, limitado, y lo empleamos en una cosa para no emplearlo en otra. Y a veces, en determinadas circunstancias, no nos da.
Leía algo super interesante el otro día sobre la teoría de la carencia. Y sobre como, al igual que decía Marco Aurelio, todo lo que vivimos es una percepción. Mi carencia o abundancia de tiempo es una percepción mía, experimentada por mi. Otra pesona, sentada a mi izquierda, puede pensar que me sobra o que me falta. El respeto a la experiencia de los demás, a sus percepciones, es algo que tenemos muy olvidado en esta sociedad. Todos creemos que sabemos muchísimo y que, el de al lado, no tiene ni puñetera idea. Y claro, eso obliga a poner límites.
Existe un punto en que ambas emociones chocan. La necesidad de ser buen compañero, buen amigo, buena persona, y la necesidad de ser escuchado y respetado. En ese espacio surge el conflicto. Durante mucho tiempo he optado por la generosidad; si total, a mí tampoco me cuesta tanto.
Me está costando. Me está costando mi imagen de mi mismo, al percibirme como abusado e indefenso. Me está costando mi respeto y mi aprecio y me está generando una rabia infinita. Yo doy mucho. No es justo que, cuando pido poco, se me deniegue. Y se me deniegue sistematicamente, sin ni siquiera considerarlo.
Ayer le explicabaa a un amigo que, en mi situación, tengo mucho apoyo ¨token¨. Gente que viene y me dice ¨te apoyo a tope, cuenta conmigo, pideme lo que necesites¨. Pido algo. ¨No no, eso no es posible, no depende de mí, tienes que entenderlo...¨.
Yo lo que tengo que entender, querido compañero, es que tu ayuda no vale una mierda. Así que la tomo como lo que es, un gesto, una señal. Que sirve para que tu te sientas bien contigo mismo, pero que a mí, personalmente, me es tan útil como el cenicero de una moto.
Y recuerdo. La rabia se junta con la memoria y se crea un agravio, y ese agravio viene para quedarse. Pero también es una lección. Porque el compañerismo no precisa de reciprocidad, pero se basa en el respeto. Y el respeto se construye sobre la honestidad.
Yo no puedo respetar a alguien que no cumple lo que dice. Es tan simple como eso. Si dices que vas a hacer algo, hazlo. Y si no, no digas nada. Esa hipocresía sureña, que es parte del choque cultural sobre el que se construyen todos estos problemas, es un elemento que debo aprender y procesar. Esto es una lección. Como decía Schwarzenegger, ¨a teaching oportunity¨, una oportunidad de enseñar. Pero maldita sea, me está erosionando un poco demasiado. Me hace falta salir, que me dé el aire, ver a otra gente.
Lo mejor que me enseñó un compañero, es que a periodos de mucha compresión deben suceder periodos de mucha liberación. Si paso de estar encerrado a seguir encerrado, mi cabeza, mi cuerpo, mi alma se hacen cada vez más pequeños. Hay que desahogar. Y esa es una necesidad que hay que transmitir a mi entorno, que tienen que entender.
Necesito decir NO a muchas cosas. Y hay que empezar ya.

lunes, 11 de mayo de 2026

Lunes de esperanza y mentiras

Llevo años y años que, cada lunes, me repito a mí mismo que esta semana va a ser distinta. Que será especial, que va a merecer la pena. Cada lunes, me digo a mí mismo que estará guay volver al instituto, al trabajo, a donde sea. Volver a ver a los compañeros, enterarme de lo que ha pasado, compartir, aprender, reírme. Enfrentar desafíos y ver que nos traerá la semana. Cada lunes, cargo energía, lleno las pilas y voy a por ello. Con actitud.
Normalmente, los martes estoy hecho polvo, odio al mundo y todo me parece mal. El lunes por la tarde noche suele ser el momento de "oh mierda, ahí vamos otra vez", como el meme de GTA.
Tengo esa maldita manía, de compartirmentar mi vida. No sé si es una disociación de personalidad. Lo hacemos todos, claro. No actuamos igual en el trabajo que en casa que con los amigos que con la familia. Todas esas son diferentes facetas de nuestra personalidad. En mi caso, las actividades son algo que lo condiciona mucho. Si tengo la cabeza en el trabajo, no la tengo en muñequitos, por ejemplo. O al menos hace mucho que no la tengo, dado que mi vida en general, desde hace meses, es algo que le pasa a otra persona.
Hoy quise mandarle un meme a un colega. Y resulta que, en los últimos dos meses, no he guardado ningún meme. Las fotos que tengo son archivos que se quedan de grupos de whatsapp. Lo último "mío", son fotos de mi cumpleaños de hace tres semanas. Que no está mal, pero es curioso mi escasa actividad... cerebral?
El otro día me hablaban del sindrome de indefensión aprendida. Es una movida que se experimentó en ratones; generas un nivel de incertidumbre en el cual el ratón decide que, sabes qué, que le den por culo. Me voy a una esquina y me muero, que le den a todo. Paso de seguir intentandolo, si total no va a servir para nada. Es una de las puertas a la depresión y es una puerta que llevo meses cruzando. En algunos momentos, incluso he atravesado el hall y me he dado una vueltecita por dentro.
No es buena idea. Así que, cada lunes, vamos a mentirnos y repetirnos que merece la pena. Que hoy habrá charlas con compañeros, que hoy quizás vaya al gimnasio, que hoy habrá algo que haga que hoy sea algo más que levantarme, consumir oxigeno y volver a acostarme.
A veces me dicen que eso es la vida adulta, y que soy un ingenuo, un iluso y que me hago daño a mí mismo con estas expectativas irreales. Pero si no podemos soñar... ¿para qué vivir?

jueves, 7 de mayo de 2026

Adaptados a no estar adaptados

El otro día tuve sesión con mi psicologo y hablamos de mogollón de cosas. Entre ellas, de cuando fue el momento en que yo me he visto cómodo y controlando aquí. Y la conclusión de él fue que, nunca. En casi dos años, nunca me he visto bien aquí. Nunca he controlado la situación, nunca he estado seguro... siempre me tocaba defenderme, siempre me tocaba reaccionar, siempre me tocaba adaptarme. No he parado de remar desde que llegué.
Pero eso es solo una nota para recordarmelo en unos meses/años. La parte de que va este artículo es de un comentario que hizo sobre una persona a la que estaba conociendo. Dijo que esa persona, probablemente, está ya adaptada aquí y el que tiene que hacerse su sitio soy yo. Y leía, escuchaba a gente... y pensaba que es cierto. Que mucha gente aquí encuentra su ritmo. Un ritmo extraño, que en pocas ocasiones les hace feliz y que, en general, sueel traducirse como "ir tirando". Tengo mi rutina, hago mis cosas... pero no estoy bien del todo.
Hoy, mi señora me decía que no es capaz de cubrir todas las bases. Que quiere trabajo, entrenamiento, dieta, vida social, viajes... y que no le da la vida. Lo cual es bastante normal; queremos cubrir muchísimo más de lo que, fisicamente, somos capaces de hacer. En buena parte, debido al escaparate de las redes sociales. Ves la casa super mona y divina y no eres consciente de la cantidad de horas de trabajo que tiene para que esté así. Pero el tema al que venía a referirme, respecto a mi señora, es que casi todas las actividades que se plantean aquí son solitarias o, como mucho, con la compañia de alguien que haga lo que nosotros le digamos. Vamos a tal sitio, que me gusta a mí. Vamos a comer esto, que me gusta a mí. En general, si no tenemos espacio para nosotros, imaginaros darle parte de nuestro espacio a otras personas.
Y ese es un error curioso. Los seres humanos somos animales sociales, como estoy harto de decir, y estamos diseñados genéticamente para encontrar placer en la conexión. La soledad, literalmetne, mata. Así que aquí tenemos a montones de gente, corriendo como pollos sin cabeza buscando algo... que está delante de sus narices. ¿Quieres regular tu sueño, tus hormonas y tu felicidad? Conecta con gente. Haz cosas en común que os hagan felices. Sal de tu esquinita, donde haces lo justo y donde comunicas lo mínimo, para poder acercarte a otro ser humano. Como decían en Generación X, una frase que me impresionó mucho de pibe (y que seguro recuerdo fatal), "buscaba sexo, pero solo como una forma de mirar profundamente a los ojos a otro ser humano".
Suerte. Y que os vaya bien. Yo sigo contando para atrás. 14 meses. Ya queda menos.

lunes, 20 de abril de 2026

Elegimos la comodidad

A proposito del último artículo que escribí, me aparece un texto en el cual dice que, sometidos a un estudio sobre "obtener comida por mis propios medios/que me la den gratis", solo los seres humanos y los gatos domésticos elegían que se la dieran gratis. Y es curioso, porque hace un par de semanas hablaba de eso con un amigo y le decía que, el principal problema de nuestras sociedades no es la corrupción, la falta de solidaridad o la avaricia. No. El principal problema que tenemos es la desidia, la falta de motivación y ganas de mejorar nuestros entornos, nuestras sociedades, nuestras vidas.
Hace unos meses un inglés me decía que ¨han destruido este país¨. Pero yo pensaba... ¿quién? No ha sido invadido por bárbaros sedientos de sangre y vosotros habéis muerto defendiendo vuestro país, vuestra cultura, vuestra identidad. No. Os habéis quedado en el sofá, habéis ido votando una y otra vez gente que tomaba decisiones malas y no les habéis impedido hacerlo. Que hablo de los ingleses porque lo veo desde fuera, pero no creo que la situación en España esté mucho mejor y, honestamente, mi parte de responsabilidad está ahí.
No queremos complicarnos la vida. Elegimos el camino de menor resistencia. Y luego nos preguntamos, sorprendidos, porqué no disfrutamos de la vida, porqué no le encontramos sentido a nada y porqué, en cierto sentido, parece que somos pasajeros de nuestra vida en lugar de actores protagonistas. Y cuando socializamos, como me viene pasando en los últimos meses aquí, somos incapaces de relacionarnos entre iguales, entendiendo que para recibir hay que dar y que no consiste en "aprovecha ahora que se acaba".