miércoles, 25 de febrero de 2026

Madrid no se vé tan mal

La memoría es muy sinvergüenza. El otro día, en esos dos días buenos que tengo al mes, estaba rodeado de compañeros míos y la mujer de un amigo preguntó, de risa, si al final echaré de menos Madrid y todo (ella estuvo trabajando conmigo allí. Recuerdo que, cuando ibamos al comedor, la gente nos hacía sitio y decía "pobrecitos". Un abrazo fuerte Patri). El caso es que le dije, sorprendido, que sí. Que a pesar de que lo pasé fatal y fue horrible, este sitio ha conseguido que lo eche de menos.
Y la memoría es muy hija de puta. Pensé que el tiempo me haría borrar las discusiones con mi parienta, los silencios pesados, el volver del trabajo sin ganas de nada... y me dejaría solo los momentos buenos. Y no lo ha hecho. Recuerdo todas esas cosas. Recuerdo las noches sin dormir, pintando muñequitos. Recuerdo mirar por la ventana en el trabajo preguntandome que hago aquí. Recuerdo temblarme las manos e ir al baño constantemente. Y los recuerdos "bonitos" no son tanto. Recuerdo ir a Goblin y volver preguntandome para que voy. Recuerdo el calorazo en verano y el frío en invierno, el horror de atravesar Chamartín en obras, lo infinito que resultaban los fines de semana sin planes. Como ir a la piscina en verano era una aventura en coche y una paliza andando. Como la operación salida era infernal, o la bronca por "ya huele a paguitas". O el no poder mencionar a Cádiz sin que hubiera una bronca en mi casa.
También, curiosamente, recuerdo otros momentos. Recuerdo un cierre en el que no tenía tiempo para ir a comer y me llevaba almendras a las mesas. Recuerdo las broncas por la cocina y el miedo cuando la herencia del piso en el que estabamos alquilados. Recuerdo, muchísimo, el despacho de Javi y la ilusión con que le llevé unas minis que le pinté una vez, o cuando echamos una partida en el cuerpo de guardia. Recuerdo con un cariño infinito el cumpleaños sorpresa que me celebró mi mujer e invitó a los amigos, o la cena de despedida que será uno de los momentos que me llevaré a la tumba. Recuerdo las broncas en el curro, los gritos, el mal ambiente. La tensión siempre presente, las guardias y quedarte currando después, las movidas con los compañeros. Pero de alguna forma, también recuerdo el bar con Nico y Javi, recuerdo partidas de Clash con Toño (gracias), como Marc me enseñó Titanicus, las ligas de Blood Bowl, los trenes trenes trenes.
Recuerdo a Marc británico venir a visitarnos. Recuerdo a Vasya metiendose en el armario donde guardaba las miniaturas que aún estaba pintando. Recuerdo ir al Mercadona cargadisimo, o cuando nos ibamos a ir y fuimos a la piscina cerca de casa. Recuerdo ir al Prado con mi mujer o los infinitos trayectos en autobus y metro.
La memoría es muy hija de puta. Lo pasé increíblemente mal en Madrid y aún estoy sufriendo heridas que me hice allí y no se han curado. Pero con el tiempo, algunas cosas buenas se han quedado e incluso esas poquitas son mejores que lo que tengo ahora. No volveré, claro que no. Pero me siento super orgulloso y feliz cuando gente, buenísima, con la que trabajé allí me dicen que si quiero volver me hacen sitio. Es lo más bonito que se le puede decir a un profesional "quiero que trabajes conmigo". Y quizás seré un desastre en muchísimos aspectos de mi vida pero, al menos en ese, fui muy bueno.
Gracías, Madrid. Por enseñarme una nueva profesión y ponerme en el camino de tantísima gente maravillosa. Un año y medio después puedo decirlo. No mereció la pena y el precio fue demasiado caro, pero ya está pagado así que no tiene sentido hacerse más sangre por eso. Gracías. Sobre todo a la gente. Gracías.

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