La memoría es muy sinvergüenza. El otro día, en esos dos días buenos que tengo al mes, estaba rodeado de compañeros míos y la mujer de un amigo preguntó, de risa, si al final echaré de menos Madrid y todo (ella estuvo trabajando conmigo allí. Recuerdo que, cuando ibamos al comedor, la gente nos hacía sitio y decía "pobrecitos". Un abrazo fuerte Patri). El caso es que le dije, sorprendido, que sí. Que a pesar de que lo pasé fatal y fue horrible, este sitio ha conseguido que lo eche de menos.
Y la memoría es muy hija de puta. Pensé que el tiempo me haría borrar las discusiones con mi parienta, los silencios pesados, el volver del trabajo sin ganas de nada... y me dejaría solo los momentos buenos. Y no lo ha hecho. Recuerdo todas esas cosas. Recuerdo las noches sin dormir, pintando muñequitos. Recuerdo mirar por la ventana en el trabajo preguntandome que hago aquí. Recuerdo temblarme las manos e ir al baño constantemente. Y los recuerdos "bonitos" no son tanto. Recuerdo ir a Goblin y volver preguntandome para que voy. Recuerdo el calorazo en verano y el frío en invierno, el horror de atravesar Chamartín en obras, lo infinito que resultaban los fines de semana sin planes. Como ir a la piscina en verano era una aventura en coche y una paliza andando. Como la operación salida era infernal, o la bronca por "ya huele a paguitas". O el no poder mencionar a Cádiz sin que hubiera una bronca en mi casa.
También, curiosamente, recuerdo otros momentos. Recuerdo un cierre en el que no tenía tiempo para ir a comer y me llevaba almendras a las mesas. Recuerdo las broncas por la cocina y el miedo cuando la herencia del piso en el que estabamos alquilados. Recuerdo, muchísimo, el despacho de Javi y la ilusión con que le llevé unas minis que le pinté una vez, o cuando echamos una partida en el cuerpo de guardia. Recuerdo con un cariño infinito el cumpleaños sorpresa que me celebró mi mujer e invitó a los amigos, o la cena de despedida que será uno de los momentos que me llevaré a la tumba. Recuerdo las broncas en el curro, los gritos, el mal ambiente. La tensión siempre presente, las guardias y quedarte currando después, las movidas con los compañeros. Pero de alguna forma, también recuerdo el bar con Nico y Javi, recuerdo partidas de Clash con Toño (gracias), como Marc me enseñó Titanicus, las ligas de Blood Bowl, los trenes trenes trenes.
Recuerdo a Marc británico venir a visitarnos. Recuerdo a Vasya metiendose en el armario donde guardaba las miniaturas que aún estaba pintando. Recuerdo ir al Mercadona cargadisimo, o cuando nos ibamos a ir y fuimos a la piscina cerca de casa. Recuerdo ir al Prado con mi mujer o los infinitos trayectos en autobus y metro.
La memoría es muy hija de puta. Lo pasé increíblemente mal en Madrid y aún estoy sufriendo heridas que me hice allí y no se han curado. Pero con el tiempo, algunas cosas buenas se han quedado e incluso esas poquitas son mejores que lo que tengo ahora. No volveré, claro que no. Pero me siento super orgulloso y feliz cuando gente, buenísima, con la que trabajé allí me dicen que si quiero volver me hacen sitio. Es lo más bonito que se le puede decir a un profesional "quiero que trabajes conmigo". Y quizás seré un desastre en muchísimos aspectos de mi vida pero, al menos en ese, fui muy bueno.
Gracías, Madrid. Por enseñarme una nueva profesión y ponerme en el camino de tantísima gente maravillosa. Un año y medio después puedo decirlo. No mereció la pena y el precio fue demasiado caro, pero ya está pagado así que no tiene sentido hacerse más sangre por eso. Gracías. Sobre todo a la gente. Gracías.
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