lunes, 11 de mayo de 2026

Lunes de esperanza y mentiras

Llevo años y años que, cada lunes, me repito a mí mismo que esta semana va a ser distinta. Que será especial, que va a merecer la pena. Cada lunes, me digo a mí mismo que estará guay volver al instituto, al trabajo, a donde sea. Volver a ver a los compañeros, enterarme de lo que ha pasado, compartir, aprender, reírme. Enfrentar desafíos y ver que nos traerá la semana. Cada lunes, cargo energía, lleno las pilas y voy a por ello. Con actitud.
Normalmente, los martes estoy hecho polvo, odio al mundo y todo me parece mal. El lunes por la tarde noche suele ser el momento de "oh mierda, ahí vamos otra vez", como el meme de GTA.
Tengo esa maldita manía, de compartirmentar mi vida. No sé si es una disociación de personalidad. Lo hacemos todos, claro. No actuamos igual en el trabajo que en casa que con los amigos que con la familia. Todas esas son diferentes facetas de nuestra personalidad. En mi caso, las actividades son algo que lo condiciona mucho. Si tengo la cabeza en el trabajo, no la tengo en muñequitos, por ejemplo. O al menos hace mucho que no la tengo, dado que mi vida en general, desde hace meses, es algo que le pasa a otra persona.
Hoy quise mandarle un meme a un colega. Y resulta que, en los últimos dos meses, no he guardado ningún meme. Las fotos que tengo son archivos que se quedan de grupos de whatsapp. Lo último "mío", son fotos de mi cumpleaños de hace tres semanas. Que no está mal, pero es curioso mi escasa actividad... cerebral?
El otro día me hablaban del sindrome de indefensión aprendida. Es una movida que se experimentó en ratones; generas un nivel de incertidumbre en el cual el ratón decide que, sabes qué, que le den por culo. Me voy a una esquina y me muero, que le den a todo. Paso de seguir intentandolo, si total no va a servir para nada. Es una de las puertas a la depresión y es una puerta que llevo meses cruzando. En algunos momentos, incluso he atravesado el hall y me he dado una vueltecita por dentro.
No es buena idea. Así que, cada lunes, vamos a mentirnos y repetirnos que merece la pena. Que hoy habrá charlas con compañeros, que hoy quizás vaya al gimnasio, que hoy habrá algo que haga que hoy sea algo más que levantarme, consumir oxigeno y volver a acostarme.
A veces me dicen que eso es la vida adulta, y que soy un ingenuo, un iluso y que me hago daño a mí mismo con estas expectativas irreales. Pero si no podemos soñar... ¿para qué vivir?

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