sábado, 2 de enero de 2021
Comentario sobre sectarismo (Add 1)
El otro día hablaba con un compañero de curro que decía que "X trabaja un montón, no como tú". Este es un rasgo cultural nuestro muy curioso, el que para decir algo bueno, a continuación tenemos que añadir algo malo de otra cosa/persona/elemento. Esa identidad por contraste es común en muchos entornos, pero no es positivo. Entiendo que debe surgir de algún problema de autoestima o de alguna inseguridad, pero determinados elementos poseen cualidades intrinsecas independientemente de con qué o quién los compares (el pescaito frito está bueno. Fin).
Esto, aplicado a nuestro sectarismo, nos obliga a decir que nuestra idea es buena en comparación con las demás, que son una mierda. Pero si eliminamos dicha comparación... ah, entonces podemos debatir. No es necesario ensuciar algo para triunfar; se puede triunfar por el mero hecho de poseer virtudes positivas.
Ahí lo dejo.
Comentario sobre sectarismo
Hace un rato, para distraerme de un resfriado muy tipico de estas fechas y, como suele serlo, muy pesado, me he asomado al movil a ver que escribía la gente. La ronda habitual: Whatsapp, Facebook... basicamente memes. Y me he encontrado con, una vez más, la típica polémica de fin de año en torno a Cristina Pedroche.
Como persona que pertenece a una familia multinacional, ha viajado bastante y habla idiomas, tengo una opinión algo original sobre mi país. Eso no quita que lo quiera un montón, como solo puede quererlo alguien que cumple los requisitos anteriores y, además, ha pasado algunos años de uniforme. Eso significa que lo que voy a escribir aquí no es objetivo y, cualquiera que pierda un momento leyendo esto, haría bien en tenerlo en cuenta. De todas formas es mi opinión, tampoco pretendo construir una religión o una filosofía sobre ella.
Somos demasiado orgullosos, testarudos y, sobre todo, emocionales. Uno de nuestros mayores problemas como sociedad no es tanto nuestra incapacidad para el dialogo, que la tenemos, sino nuestra incapacidad para crearnos identidades flexibles. Esto ya viene de tiempos del Cid Campeador, que no es algo de ahora, pero acercandonos al siglo XX, Ortega y Gasset escribió que el español no argumenta, sino que repite sus esloganes hasta que aniquila con ellos al adversario. Antes me corto un brazo que reconocer que estoy equivocado.
Y eso es un problema terrible, porque para poder poseer una cierta Autorictas a la hora de exponer opiniones, a la hora de crear un dialogo, necesitamos el respeto de la audiencia. Y ese respeto, si queremos que sea una audiencia adulta y dialogante, solo puede salir cuando estemos dispuestos a ceder. Si siempre tengo razón, si nunca me equivoco... ¿para qué perder el tiempo intentando convencerme de algo? Y si dos personas así coinciden, nos encontramos con ese maravilloso cuadro de Goya "duelo a garrotazos".
La polémica de este año en torno a Cristina Pedroche es la misma que sucede todos los años. Y es una polémica articulada en torno a dos verdades fundamentales de este país. Una, que hay gente que va a considerar a Cristina Pedroche mal ( o bien) haga lo que haga, porque es un personaje que ha emitido opiniones políticas de una determinada corriente ideológica y eso la convierte en un icono, a derribar por quién no comparte esa ideologia. Dos, que esas mismas personas, que convierten su identidad en base a determinados parametros en una cuestión de fé, no van a permitir ningún dialogo fuera de las lineas blancas y negras de bien y mal.
Esto es un problema y es un problema real. Porque la gente cambia. Cuando yo escucho a alguien que le echa en cara a una persona que hoy diga algo, cuando hace tres meses, un año o veinte años decía lo contrario, recuerdo aquella frase que yo creía era de Sartre y resulta no serlo, que dice que "quien con veinte años no es comunista no tiene corazón, quién con cincuenta años es comunista no tiene cabeza". Yo no me fío de un político, un periodista o cualquiera que no cambie de opinión, porque somos criaturas dinamicas, sujetas a los cambios de nuestros entorno que nos deben condicionar en un sentido o en otro. El árbol que no se dobla se rompe, si me permiten ponerme taoista.
Este comentario se resume en lo siguiente. Si no admitimos cambios de opinión, si atribuimos virtud o defecto a un hecho en función de quién lo emite (y no del contexto), si "elegimos unos colores" y nos mantenemos fieles a ellos contra viento y marea... estamos prestando un flaco favor a la sociedad. Yo soy el primero que está dispuesto a decir que, determinadas cosas, no se negocian. Que son hechos taxativos. Por mi identidad, por mi cultura, por mis origenes y, que demonios, por mi preferencia personal. Yo no soy el resultado de lo que me pasa, sino el resultado de mis elecciones sobre lo que me pasa. Y me gustaría terminar esta reflexión invitando a todos aquellos que la hayan leído a que se pregunten:
Cuando digo/comparto/opino... esto... ¿esta es mi opinión o viene de otra persona? Y si es mi opinión... ¿por qué pienso esto?
Todos necesitamos más debate adulto y más diversidad de opiniones. Y todos necesitamos equivocarnos para aprender.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)