Ahora, hace un rato, estaba pasando paginas en Facebook y me apareció una antigua compañera. Y pensé que tengo una deuda muy grande con ella, porque me ayudó en un momento muy difícil de mi vida. Y eso me llevó a otro pensamiento que quiero compartir con vosotros.
Primero, una breve introducción. Esta antigua compañera mía es alguien con quién navegué, fuimos amigos y luego la vida nos llevó por sitios distintos. Ella se fue a Polonia y se quedó allí; yo seguí con mi vida. Hablabamos muy poco, una vez cada cierto tiempo. Y luego vino la guerra, fuimos a recoger a mi suegra y ella nos ayudó mucho desde Polonia. Ya no recuerdo ni como; buscando alojamiento, buscando vuelos... algo nos ayudó. No sé el qué, pero recuerdo el como y me impresiona. Esa es una deuda que nunca voy a poder pagar con ella.
Muchas veces, vemos películas de sucesos históricos o cosas muy locas y pensamos... ¿qué haría yo en esa situación? Bueno. Algunos hemos tenido la desgracia de que nos ha tocado, aunque de una forma tremendamente superficial y a lo lejos. Y es significativo constatar que, como he dicho muchas veces y sigo pensando, hay más bien que mal en la vida. El mal es muy llamativo, la gente es muy hija de puta y actua fatal por miedo, cobardia, envidia... hay montones de motivos que justifican el mal.
Pero hay muchísimo bien. Hay una historia que, cada vez que la recuerdo, se me saltan las lagrimas. Las mujeres polacas llevando carritos de bebé a las estaciones de tren. Para que cuando las mujeres ucranianas llegaran, con lo puesto, no tuvieran que pasar por la humillación de pedir. Sino que directamente cogieran. Para quién no ha pasado necesidad, para quién nunca ha sido consciente de lo que cuestan algunas cosas y pedirlas... quizás no significa nada, no lo sé. Pero es una cosa enorme.
Ayer, me apareció una entrevista pequeñita, de apenas dos minutos, a Yana Stepanenko. Antes de que fuera a correr el maraton de Boston. Yana Stepanenko es una de esas historias que, de vez en cuando, sigo para recordarme que el ser humano puede ser increíble. Mucha gente lo pone como ejemplo de ¨Tu pones excusas para no ir al gimnasio y mira esto". No me gusta la motivación negativa ni las comparaciones y no creo que sea bueno. Pero el hecho de que Yana, que con trece años perdió las piernas en un bombardeo sobre una estación de trenes, entrene para ir a correr maratones y donar el dinero que recauda a gente que fabrica protesis para veteranos...
El ser humano es increíble. Y ninguna cantidad de personas miserables, escribiendo desde el sotano de casa de su madre y celebrando que unos soldados rusos hagan un video con cabezas de gente, va a eliminar el valor, la fortaleza, la generosidad y la fuerza que representa el espíritu humano, la busqueda del amor, del orgullo, de la victoria.
Cuando pasa una cosa enorme, cuando sucede un hecho histórico que sacude el mundo como un terremoto, todos tenemos una elección. Y todos elegimos en que lado queremos estar. Como decía d. Vicente Pons, "yo elijo levantarme por las mañanas, sintiendo respeto por el hombre que me devuelve la mirada en el espejo". Y tengo la tremenda suerte de que, en mi vida, hay mucha gente así.
Cuidaros. Afuera hace frío, pero también hay gente que está dispuesta a compartir una hoguera.