viernes, 18 de diciembre de 2020
Amistades como gallegos
En mi familia existe una cierta mitificación hacia Galicia, como pasa con todos los emigrantes. Como dice mi mujer, todos estamos enamorados de la Tierra Materna, sobre todo cuando estamos fuera. Aún así y reconociendolo como lo que es, existen ciertos atributos de carácter heredados y formados en la familia, que permanecen.
Uno de ellos es la desconfianza. Probablemente por el clima, los gallegos suelen ser gente bastante desconfiada. De primeras, no empatizan y no buscan amistades fuera del clan. Insisto, esto debe ser por el clima. Fruto de esa desconfianza, una vez uno hace un amigo y es admitido en el círculo interior, no sale de allí. Muy gorda tienes que liarla para perder esa amistad que te costó tanto hacer y no te la vas a jugar a menos que sea algo muy importante.
Por otro lado, los andaluces son gente sociable. Simpaticos, agradables. Es facil hacer amigos aquí. Pero también son más individualistas, más "faciles". Pensaba en eso sobre el grupo de trabajo que queriamos quedar para comer. Por un lado está la "vertiente andaluza", la de quedar cuando viene bien, sin hacer esfuerzo ni salirse del camino, la de "bueno, si se puede", que dispara y olvida. Por otro lado está la vertiente gallega, la que hace un amigo que es para siempre e insiste en quedar, aunque el motivo para ello ya haya quedado enterrado.
Yo soy muy así. Mantengo amistades desde hace años y años... porque quiero mantenerlas. Porque las valoro y me preocupo. Porque las cuido. Una relación es algo que exige atención, interes, cariño. Y quién no entiende eso y cree que las cosas funcionan solas, está como aquel que deja una planta en un cajón y espera que dentro de un año esté ahí todavía. Es gente que va a llevarse una sorpresa.
Zeke, Román, Manu, gente del mal. se os echa de menos
Procesadores de realidad
Ahora estaba pensando en un compañero mío, que parece descubrir el mundo a través de la prensa. Curiosamente, la prensa que le dice lo que él quiere oír. Y pensé que, quizás, eso viene derivado de un problema generacional o quizás de una forma de vida.
Me explico. Mi generación es una de transición. Nosotros estamos entre "los buenos viejos tiempos" y "el desastre". La generación que viene detrás es apática, desesperada y feroz. Saben que el mundo va a ser peor e incluso intuyen hasta que punto puede serlo, pero se sienten incapaces de cambiarla. La anterior era mucho más optimista: ellos se lo comieron crudo. Quizás este analisis es muy generalista... pero es como lo percibo a fecha de hoy.
Claro, si tus experiencias vitales son trabajar, casarte, criar a tus hijos... sabiendo que no hay guerras, crisis, amenazas ni destrucción a la vista, pues tienes una percepcion de la realidad muy placida. No digo que no tengas conflictos, ojo. Incluso la persona más segura y rica del mundo tendrá motivos para quejarse. Aún más dependiendo del carácter de cada uno, que en la mayoría de los casos (aquí siento ser cínico) tiende a ser cobarde, vago, egoista y miserable. La gente, por sí misma, tiende a desear aquello que no merece y a envidiar a aquel que lo tiene. Así que, aunque tengamos todo asegurado, nos quejamos porque nos falta algo.
Pero me desvío. Quería decir que, si tus horizontes vitales son estables, tiendes a preocuparte poco y a permitir que las cosas te las expliquen. De hecho, te acomodas. No necesitas un esfuerzo adicional y te preguntas, ¿por qué tendría que hacerlo? Te asientas en aquello que te produce placer y, en terminos de información y formación, esto suele ser aquello que encaja con lo que tu ya piensas o sabes. Máxime cuando adoptas ese enfoque político y social que dice que, lo que tienes, te lo has ganado y quién no lo tiene es porqué no se lo merece tanto como tu. Un enfoque muy comodo pero que evita asumir algo curioso.
La naturaleza es aleatoria.
¿Suena terrible? Lo es. Que nazcas aquí o allí, que te coja un virus o no, que te caiga un rayo... no son elementos que sigan procesos de causa y efecto. El que consigas trabajo, el que la vivienda sea accesible, el que tu coche no se estropee de repente y el arreglo te arruine... son factores aleatorios. No tienes merito ninguno en ello. Esto tiene otra ventaja, claro; tampoco tienes culpa. Hay mucho que puedes hacer para prevenirlo y esa es la diferencia entre un accidente y una negligencia pero, creeme. Cuando te salga la bolita, te va a tocar.
Pero eso lo aprendes cuando te pasa. La única forma de aprendizaje humano es la experiencia en primera persona. Así que, mientras la realidad no te pegue en la cara y te recuerde lo pequeño que eres, puedes seguir surfeando la ola. Y repitiendo lo que oyes, lees (ojalá leas) y ves, asumiendo las ideas y la realidad como propias y sin cuestionarte nada. Porque, ¿para qué? Eso es mucho trabajo.
Mentes dociles. Siervos agradecidos.
Y yo me siento raro. Porque siempre me ha gustado llevar la contraria, pero asumo que no vivo en un limbo. Yo también soy parte del sistema e incluso mi rebeldía está procesada y asumida dentro del mismo. Pero cuando desde fuera miro como nadie se hace preguntas, me inquieto y no puedo evitar recordarme a mi mismo que, el hacerse preguntas es parte del proceso mismo. Y que mientras la gente no analice lo que ve y escucha sino solo repita, nunca avanzaremos como conjunto.
Lo cual, probablemente, sea un símbolo de nuestros tiempos.
P.D: Dedicado a la oveja inteligente (Harold) y a los maravillosos Monty Python.
lunes, 7 de diciembre de 2020
¿Qué problema con el heavy?
El otro día en clase de ruso salió un debate sobre una palabra. La profesora comentaba que era muy famosa en la cultura rusa por pertenecer a la letra de una canción de Arya. Arya, para los que como yo no tengamos ni idea de musica rusa, es la versión sovietica y post-sovietica de Iron Maiden o Metallica, con un matiz. Todo Dios los conoce. Para hacernos una idea, sería algo así como Mecano o Sabina; puede gustarte o no, pero es imposible que no sepas quienes son.
El caso es que una compañera comentaba que, si era metal, no lo escuchaba. Que ni se lo planteaba. Esta compañera lo decía con ese cierto snobismo que tiene la gente que escucha musica clásica y presume de ello. Gente que necesita darle una pátina de superioridad moral a aquello que hace, quizás para confirmar una cierta imagen de si mismos que tienen. Curiosamente, de esto hablaba James Rhodes cuando decía que hemos permitido que la música clásica pertenezca a un grupo social, estigmatizandola. Es algo que sucede en otros ámbitos. La gente que escucha metal le gusta considerarlo un género minoritario, perteneciente a una cierta élite. Recuerdo mi desdén cuando me enteré de que Avantasia había estado lider en charts en Alemania (el equivalente a los 40 principales). En lugar de considerarlo un triunfo de un genero musical, fue como si, al gustarle a mucha gente, dejara de ser autentico y real.
Es una lastima. Entender que la identidad cultural debe ser excluyente facilita que nos comuniquemos menos y vivamos en ghettos cada vez más radicalizados. Y mientras tanto, nos perdemos cosas maravillosas. Yo he escuchado metal nazi y me ha gustado. Regularmente escucho reggae, ska, hip hop, punk, electronica, clásica de diferentes periodos (a veces más barroco, a veces más romántico)... y no considero que eso disminuya en nada mi interés por la música que considero es propia de mí, que me identifica.
Debemos perder el miedo a probar otras cosas. Y sobre todo, debemos de dejar de atribuirle conceptos morales a cuestiones estéticas. Un paisaje no es bueno o malo; es bonito o feo. Y eso sucede con todo el arte, excepto el más extremo o que conlleva una carga política e ideológica más salvaje. Porque esa es otra. Considerar que hay arte apolítico es como considerar que pueden existir personas apolíticas; es irreal. Todos tenemos una idea de que es el poder y como se relaciona y eso, de una forma u otra, surge en nuestra creación. Pero hay formas más sutiles y tolerantes y formas más extremas.
Otro día desarrollo más sobre esto. Portaros mal!
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