lunes, 7 de diciembre de 2020

¿Qué problema con el heavy?

El otro día en clase de ruso salió un debate sobre una palabra. La profesora comentaba que era muy famosa en la cultura rusa por pertenecer a la letra de una canción de Arya. Arya, para los que como yo no tengamos ni idea de musica rusa, es la versión sovietica y post-sovietica de Iron Maiden o Metallica, con un matiz. Todo Dios los conoce. Para hacernos una idea, sería algo así como Mecano o Sabina; puede gustarte o no, pero es imposible que no sepas quienes son. El caso es que una compañera comentaba que, si era metal, no lo escuchaba. Que ni se lo planteaba. Esta compañera lo decía con ese cierto snobismo que tiene la gente que escucha musica clásica y presume de ello. Gente que necesita darle una pátina de superioridad moral a aquello que hace, quizás para confirmar una cierta imagen de si mismos que tienen. Curiosamente, de esto hablaba James Rhodes cuando decía que hemos permitido que la música clásica pertenezca a un grupo social, estigmatizandola. Es algo que sucede en otros ámbitos. La gente que escucha metal le gusta considerarlo un género minoritario, perteneciente a una cierta élite. Recuerdo mi desdén cuando me enteré de que Avantasia había estado lider en charts en Alemania (el equivalente a los 40 principales). En lugar de considerarlo un triunfo de un genero musical, fue como si, al gustarle a mucha gente, dejara de ser autentico y real. Es una lastima. Entender que la identidad cultural debe ser excluyente facilita que nos comuniquemos menos y vivamos en ghettos cada vez más radicalizados. Y mientras tanto, nos perdemos cosas maravillosas. Yo he escuchado metal nazi y me ha gustado. Regularmente escucho reggae, ska, hip hop, punk, electronica, clásica de diferentes periodos (a veces más barroco, a veces más romántico)... y no considero que eso disminuya en nada mi interés por la música que considero es propia de mí, que me identifica. Debemos perder el miedo a probar otras cosas. Y sobre todo, debemos de dejar de atribuirle conceptos morales a cuestiones estéticas. Un paisaje no es bueno o malo; es bonito o feo. Y eso sucede con todo el arte, excepto el más extremo o que conlleva una carga política e ideológica más salvaje. Porque esa es otra. Considerar que hay arte apolítico es como considerar que pueden existir personas apolíticas; es irreal. Todos tenemos una idea de que es el poder y como se relaciona y eso, de una forma u otra, surge en nuestra creación. Pero hay formas más sutiles y tolerantes y formas más extremas. Otro día desarrollo más sobre esto. Portaros mal!

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