martes, 11 de mayo de 2021

El negocio de la culpa

Hoy, un colega que trabaja en diseño gráfico me ha pasado un video en el que explican como, el concepto "eco friendly" en muchas ocasiones es un disfraz. Y como se mezclan productos que efectivamente cumplen certificaciones y estandares de calidad con productos que no, pero que tienen un logo similar, en lo que es claramente una estafa. Dejando de lado la fiabilidad que le demos a los filtros del sistema (si buscamos una etiqueta tiene que estar, por lo que la estafa sería del supermercado que pone cosas juntas, no de la compañia que no ha pasado la certificación. Y hablamos de la UE, donde se organizó un debate sobre si se podía llamar "hamburguesa" a algo hecho de Tofu. En el parlamento), el hecho de que un supermercado te venda un tomate a tres veces su precio porque tiene una etiqueta ECO conlleva una serie de reflexiones preocupantes. Por un lado, ¿como es un tomate no-eco? ¿se considera que es peligroso? ¿qué es inmoral? En ese caso... ¿por qué se permite? ¿Lo no-eco nos está matando? Realmente, la etiqueta "ECO" tiene asociado una narrativa de culpa. Vivimos en el primer mundo, tenemos acceso a lo que queremos... y nos debemos sentir culpable, porque nuestro éxito está construido en el sufrimiento de mucha gente que no es tan afortunada. La producción industrial ha reducido el coste de los materiales hasta un nivel que, simplemente, el pequeño productor no puede asumir. Así que tenemos dos opciones, entregarnos a la industria del latifundio (con toda la desconfianza que esa industria nos produce, lobbys incluidos) o adquirir material ECO friendly, hecho por Juan, el chaval de la esquina. No es tan simple. No es tan blanco y negro. Pero vivimos en una época de narrativas simples para consumo rápido, de vuelos a 9 euros y de camisetas de 1 euro que se rompen al tercer lavado. En este entorno, aquellos que se sienten concienciados no tienen tiempo ni energia para investigar etiquetas, seguir una cadena de producción o ni siquiera preocuparse. Pagan, y se olvidan. Y hay gente, mucha, cuyo trabajo consiste en ofrecerte un producto que compres y que se aprovecha de ese sistema. Funciona en muchísimos niveles. Estoy hablando de tomates pero es aplicable a la ropa, al ocio... a la política. Aquí voy a meterme un poco en un pantano, pero como este es mi blog espero que me lo sepais perdonar. Hay gente que tiene y ha tenido suerte en la vida. Gente que viene de una familia normal, que no ha tenido grandes enfermedades, que consiguió un trabajo estable y tiene unos ingresos buenos... alguna de esa gente es muy empática. Piensa que los demás también deberían tener lo que él tiene y cree que ayudar a los demás es importante. La gente del escalón superior se va con una ONG a un país del tercer mundo y colabora, o manda a sus hijos... pero no hay tiempo para hacer algo "en primera persona" y además, hay que ahorrar para comprar la nueva play. Así que votamos a partidos que prometen hacer eso. Que se preocupan por los demás o dicen preocuparse por los demás, pero no tenemos tiempo para leernos la etiqueta y no vamos a fiscalizarlos, por Dios, dudar de la política. Además, leemos y consumimos medios de comunicación hechos a nuestra medida, que nos convencen de que las etiquetas ECO son buenas y necesarias y dividen el mundo en buenos y malos, siguiendo esa narrativa facil de consumo inmediato. No, no voy a leerme trescientas páginas para llevarme una sorpresa, quiero leer la critica. Pero una critica que me guste, hecha por alguien a quién conozco. No tengo tiempo para correr riesgos. El tiempo, como podéis ver, es un elemento fundamental de esta narrativa. Hace falta estar estresado, cansado, tenso, porque la combinación de un tiempo de reflexión y una formación va a bloquear la toma de decisiones no criticas. Y eso es lo que queremos. Queremos gente muy cansada, muy emocional, buscando justificaciones morales y buenos y malos, que camine exactamente en nuestra dirección. Como decía Michael Moore hace veinte años, el miedo ayuda a vender. Y en el caso de este artículo, el sentimiento de culpa ayuda a vender. Muchísimo.

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