martes, 6 de septiembre de 2022

Un día, te haces viejo de repente

Es curioso como, a medida que pasa el tiempo, cada vez le cojo más el rollo a Celtas Cortos. No es que fuera un grupo malo, que va. Es que yo no tenía la edad para entender lo que ellos cantaban.
Hoy, comiendo con un colega, me han echado una foto. Y de repente, me ha costado reconocerme. Con menos pelo. Con arrugas. Con mi misma sonrisa pero... no. Algo más cansada. Algo lastimada. Y sé que todo el mundo me vé así cada día y para nadie es una sorpresa... salvo para mí mismo.
Apenas un par de horas después, sentado en el metro, a mi lado había una chica. Joven, de ojos grandes, cabello salvaje. Hermosa a su estilo y manera. Y mirandola, me di cuenta de como me debe ver ella. Y el mundo. Como alguien gastado, veterano, "viejo". De alguna forma, he cruzado la barrera y estoy al otro lado. Y bueno, no está mal. Gracias a Dios, durante los últimos años he leído mucho a Murakami, a Marco Aurelio y a otra gente que me ha ido preparando para la idea de que, en algún momento, cambiamos. Siendo lo mismo, pero cambiamos.
No voy a decir que no me dé pena. Es como el entrenamiento. Hubo un momento, hace apenas unos años, en que yo hacía 70 burpees en cinco minutos. Ahora, hacer veinte me agota. Y no es porque esté mayor... es porque mi vida ha ido eliminando de mí la curiosidad, el ansia, el ritmo. En cierto sentido, me ha puesto a la defensiva. Ya no proyecto. No avanzo. Simplemente, resisto. Que no está mal, pero tampoco debería ser así.
No sé. Creo que, en algún momento de mi vida, he dejado de buscar. He entendido lo que quiero y como lo quiero. Y ahora lo que me interesa es pelear por ello, defenderlo, mantenerlo, conservarlo. Hacer que crezca. En cierto sentido, parar no está mal.
Hasta que un día te despiertas y te preguntas quién es ese tío que sonríe en la foto y al que no conoces de nada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario