lunes, 13 de abril de 2015
¡Curso!
Este grito sonó el sabado de madrugada en una calle de Madrid. De un lado, un compañero cuyo nombre ni recuerdo, hace siete años aspirante a marinero igual que yo. Del otro un hobbit ario bastante borracho y sorprendido. "Me suena de algo ese tío...". Y de repente un abrazo, buenas noticias, ganas de alegrarse por el otro. Que maravilla. Cuanto une la miseria compartida, pero de que forma condiciona nuestra vida futura. En cualquier lugar de España, pero sobre todo cerca del mar, alguien que escuche ese grito sabe que tiene ahí a alguien en quien puede confiar. Más allá de la situación personal, de las circunstancias, de las relaciones. Es alguien que está ahí y tu estás para él, aunque no os conozcais casi.
Es la familia que uno no elige, sino que le toca. Cuando un día os metieron a mogollón en un almacen y os vistieron, para que salierais todos iguales. Cuando os gritaron, cuando formasteis, cuando corristeis. Cuando pasasteis noches viendo llover, contandoos vuestra vida para recordar que aun erais humanos, no maquinas. Y luego te sueltan al mundo y pasan cosas, y la vida sigue, y teneis novias, hijos, problemas, historias, estudios, trabajos, más problemas. Pero de repente una noche, vas andando y escuchas ese grito y sientes unos brazos al cuello. Y sabes que da igual lo lejos que te vayas o lo perdido que estés, ahí hay un hermano.
Sobre estereotipos y formas de vida
Yo suelo evitar hablar de madurez. Es más exacto para mi hablar de momento vital. Un tío que con veinte años lleva una familia, se independizó hace tiempo y asume responsabilidades está en un momento vital totalmente distinto de otro que, con su misma edad, vive con los padres en una adolescencia prolongada. Hasta ahora, también tendía a evitar hablar de "mi tipo". Es una expresión que me resultaba terriblemente desafortunada, como si tuvieramos una etiqueta que nos clasificara e impidiera mezclarnos, agua y aceite.
Será que me hago viejo y me fosilizo, pero me doy cuenta de que no es del todo inexacta. Reflexionando sobre lo de Radi, me doy cuenta de que Kiril le pega. Son jovenes, guapos, ricos y un poco ingenuos. Un fin de semana en Croacia, a final de mes un viaje a Praga, cenar ostras a la luz de la luna, clubes exclusivos.
No es mi vida ni de coña. Aunque tuviera la pasta para ello, no me gusta. Para mi es una noche con colegas y juegos de mesa, un día entero en el museo de Historia de Berlin, cenar un perrito caliente junto al río, antros de heavy y musica celta.
Y no sé. No creo que eso me ponga una etiqueta y a ellos otra, pero sí hace que el círculo en el que me mueva sea más limitado. ¿Puedo tener amigos muy diferentes de mi? Claro, y los tengo. Y puedo salir con ellos de vez en cuando. Pero esa epoca de mi vida en que me daba igual pasarme un fin de semana yendo a la feria, aunque me aburra, con tal de estar con mis amigos a los que les gusta se pasó. Si tenemos gustos diferentes, hacemos cosas diferentes y listo. Así que, un poco a mi pesar, quizás me he osificado tanto que no me vale cualquiera. Que cosa.
domingo, 12 de abril de 2015
No debería joderme
Pero me jode. Lo que son las cosas. Ayer Aliusha me decía que está jodida, porque su ex acaba de casarse. Dice que nunca había estado tan enamorada en su vida, y que aunque haga meses que lo dejaron, le duele. Yo he hecho lo que hace un amigo en esas situaciones, intentar hacerle reir y desviar el tema. Al fin y al cabo, no puede cambiarse la situación. Uno de esos miticos estados de whatsapp de la gente "el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional".
Bueno, hace un rato he visto en facebook que Kiril está saliendo con Radi. Se veía venir. Demasiados viajes, demasiadas fotos, demasiado "estoy toda ocupada". No es que me sorprenda. Ni tampoco me molesta, Kiril es un buen tío y me pareció sensato cuando nos conocimos: buena elección. Lo que pasa que reconozco que, en un fondo egoista y miserable, estoy un poco harto de que todo el mundo haga buenas elecciones y le salgan bien las cosas sentimentalmente, menos a mi.
Aunque eso es una chorrada, claro. Tengo tantos colegas jodidos como bien, o quizás más. ¿Qué me jode entonces? ¿Qué Radi sea feliz sin mi? Tampoco soy tan importante. Entonces...
No sé. Supongo que es como cuando se muere alguien, que no te afecta pero te recuerda lo cerca que está la guadaña. Así que, aunque no deberia joderme y me alegro mucho por ellos, me jode.
miércoles, 8 de abril de 2015
Extranjeros de barrio
Esta es una ciudad extraña. De paso. Menos de la mitad de la gente que vive aquí lleva tres generaciones en la ciudad. En cuanto hay unas vacaciones, todo Dios se va corriendo. Al campo, a la montaña, a la playa. A donde sea, pero lejos.
Yo llevo bastante tiempo dando vueltas, y estoy cansado de vivir con la mochila. El otro día volvía de quedar con unos colegas, andando, y me encontré a unos niños jugando al futbol entre unas papeleras. Mi calle va a dar a una autopista, en la calle de atrás hay unas viviendas de protección oficial. Puedes pasarte media hora andando por el barrio sin ver una cara occidental. Me encanta. Yo soy extranjero aquí... ¿y qué? También lo soy en casi cualquier otro sitio donde he ido. Aquí solo soy uno más.
Se está bien. Tengo un sofá, tengo colegas, no tengo prisa. A veces me planteo que tengo hambre, que quiero algo más. Luego me doy cuenta de que son solo caprichos, tonterias, y que no me falta nada. De vez en cuando un escaqueo a Cádiz a que me dé el sol y a ver el mar, a ver a la familia y a algunos viejos amigos. A coger fuerzas. Ahora mismo... nada. A perderme en la masa, como todos. A ser solo un transeunte que vé el paisaje mientras va de un lado a otro. Pronto llegará otro achuchón, pronto iremos a otro sitio, pronto tendremos ganas de otra cosa. Pero hasta entonces... la vida consiste solo en vivir.
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