lunes, 13 de abril de 2015
Sobre estereotipos y formas de vida
Yo suelo evitar hablar de madurez. Es más exacto para mi hablar de momento vital. Un tío que con veinte años lleva una familia, se independizó hace tiempo y asume responsabilidades está en un momento vital totalmente distinto de otro que, con su misma edad, vive con los padres en una adolescencia prolongada. Hasta ahora, también tendía a evitar hablar de "mi tipo". Es una expresión que me resultaba terriblemente desafortunada, como si tuvieramos una etiqueta que nos clasificara e impidiera mezclarnos, agua y aceite.
Será que me hago viejo y me fosilizo, pero me doy cuenta de que no es del todo inexacta. Reflexionando sobre lo de Radi, me doy cuenta de que Kiril le pega. Son jovenes, guapos, ricos y un poco ingenuos. Un fin de semana en Croacia, a final de mes un viaje a Praga, cenar ostras a la luz de la luna, clubes exclusivos.
No es mi vida ni de coña. Aunque tuviera la pasta para ello, no me gusta. Para mi es una noche con colegas y juegos de mesa, un día entero en el museo de Historia de Berlin, cenar un perrito caliente junto al río, antros de heavy y musica celta.
Y no sé. No creo que eso me ponga una etiqueta y a ellos otra, pero sí hace que el círculo en el que me mueva sea más limitado. ¿Puedo tener amigos muy diferentes de mi? Claro, y los tengo. Y puedo salir con ellos de vez en cuando. Pero esa epoca de mi vida en que me daba igual pasarme un fin de semana yendo a la feria, aunque me aburra, con tal de estar con mis amigos a los que les gusta se pasó. Si tenemos gustos diferentes, hacemos cosas diferentes y listo. Así que, un poco a mi pesar, quizás me he osificado tanto que no me vale cualquiera. Que cosa.
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