miércoles, 8 de abril de 2015
Extranjeros de barrio
Esta es una ciudad extraña. De paso. Menos de la mitad de la gente que vive aquí lleva tres generaciones en la ciudad. En cuanto hay unas vacaciones, todo Dios se va corriendo. Al campo, a la montaña, a la playa. A donde sea, pero lejos.
Yo llevo bastante tiempo dando vueltas, y estoy cansado de vivir con la mochila. El otro día volvía de quedar con unos colegas, andando, y me encontré a unos niños jugando al futbol entre unas papeleras. Mi calle va a dar a una autopista, en la calle de atrás hay unas viviendas de protección oficial. Puedes pasarte media hora andando por el barrio sin ver una cara occidental. Me encanta. Yo soy extranjero aquí... ¿y qué? También lo soy en casi cualquier otro sitio donde he ido. Aquí solo soy uno más.
Se está bien. Tengo un sofá, tengo colegas, no tengo prisa. A veces me planteo que tengo hambre, que quiero algo más. Luego me doy cuenta de que son solo caprichos, tonterias, y que no me falta nada. De vez en cuando un escaqueo a Cádiz a que me dé el sol y a ver el mar, a ver a la familia y a algunos viejos amigos. A coger fuerzas. Ahora mismo... nada. A perderme en la masa, como todos. A ser solo un transeunte que vé el paisaje mientras va de un lado a otro. Pronto llegará otro achuchón, pronto iremos a otro sitio, pronto tendremos ganas de otra cosa. Pero hasta entonces... la vida consiste solo en vivir.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario