domingo, 16 de abril de 2017

Un fin de semana de pelicula

Es gracioso. Toño y familia se han ido super agradecidos. Me han limpiado la casa, me han invitado a comer... y el que está más agradecido soy yo. Si ellos no hubieran venido, mi fin de semana probablemente habría sido encerrarme en casa a pintar minis y hacer deporte. Y gracias a ellos he visto mi ciudad a través de otros ojos, he observado una familia desde la barrera y he aprendido lo que es salir con un niño pequeño. También me he encontrado con gente maravillosa a la que hacía muchísimo que no veía y me he olvidado del trabajo, la presión, el estrés. He estado en la playa y he ido a sitios nuevos y ahora enfoco lo siguiente con un espíritu distinto, más optimista, más... no sé. Más.
Ellos me han dado unas vacaciones. Y gracias a ellos, a mi madre, a David el Gitano, a Iris... me siento descansado, fresco, contento. Sin ganas de lo siguiente, sino solo de seguir disfrutando como lo estoy haciendo hasta ahora. Optimista y satisfecho. Sonriente. Me encanta la sensación cuando uno sabe que lo viene merece la pena... pero aún así quiere seguir con lo que tiene porque le encanta.
Gracias. Muchas gracias por todo lo que me habéis dado. Me siento genial.

viernes, 14 de abril de 2017

Una familia de película


Hoy ha sido un día fascinante. Quien lo iba a decir. Hoy venía Toño a devolverme las llaves y a dar una vuelta por Cádiz. Decía de invitarme a comer. No era yo muy partidario. Pero como suele suceder, sin planearlo salieron las cosas genial. Fuimos a recorrer la ciudad él, su mujer Lita y su hijo Casper. Lita es polaca, muy guapa, reservada. Casper es expansivo, curioso, divertido. Son gente muy guay, y cual sería mi sorpresa cuando comiendo me he enterado que Lita es bateria metal y ha tocado entre otros con Amon Amarth, que ha vivido en Suecia y trabajado de musico. Tanto ella como Toño son gente viajada, leida, inteligente, curiosa, sabia, sensible. Gente hermosa.
Hemos estado por la Alameda, el Parque Genoves, el Falla, el Fogón de Mariana, la Caleta (donde Casper se ha bañado), Campo del Sur, Plaza del Mercado, Plaza de las Flores, calle Columela, Canalejas y el muelle. No ha sido un tour espectacular, pero ha sido muy divertido. Hemos hablado de muchisimas cosas y he aprendido sobre como se conocieron, como estuvieron juntos y como están. Los desafíos que han afrontado y afrontan. Y todo con una sonrisa, disfrutando del lugar y del ambiente, con esa actitud que tiene Toño que siempre me ha encantado. "Nada malo puede pasar en Cádiz". Yo me he quemado en la playa pero me da igual. Han estado sacando fotos todos, incluso Casper, y tengo muchas ganas de verlas.
La verdad, son la familia que me habría gustado formar, si algún día lo hubiera hecho. No pasó. Ni creo que pase. Pero me alegra mucho ver que hay gente a quién le va bien las cosas, sobre todo gente que se lo merece, y que hacen cosas divertidas y se quieren y se cuidan. Me da un poquito de envidia, pero es esa envidia que hace que los veas juntos y sonrías. Como le dije a Toño "Me encanta el rollo que tenéis. No sé porqué. Pero me encanta."
Citando a Moe, el amor solo hace crecer. Y me encanta ver que haya gente así. Me he reído muchisimo con el niño, con sus cosas, me he asombrado con Lita y, una vez más, me ha encantado la perspectiva, sabiduria y actitud de Toño. Un grande. Una familia de esas que te alegra ver. Ole ellos.

jueves, 13 de abril de 2017

Huele a mar


Se siente optimismo. Sale el sol y se puede leer en la terraza. Me afeito. Reencuentro viejas fotos. A veces, reencuentro viejos amigos. Hago ejercicio y me siento mejor, más ágil, más animado. Voy probando cosas y recordando. Volviendo a dirigirme en la dirección adecuada.
El otro día pasé por un barco. Ya ni me acordaba de como era eso. El tobillo me hacía gestos extraños. Me perdí. Olía raro. Había mucho ruido. Mucha gente en poco espacio.
Fue maravilloso. Recordé cosas que había olvidado y me encontré con gente a la que hacía mucho que no veía. Y ahora, sueño con volver a eso. Con volver a los horarios complicados, al trabajo constante, a tener que organizarse para ducharse, a encogerse en el sofá. Sueño con volver a hacer el petate y aprovechar ropa de deporte para salir, optimizar el espacio, empezar algo nuevo. Reiniciarme, en el vacio y la soledad a falta de la compañia y el estrés. A mezclarme.
¿Quién sabe? Quizás el futuro sea bueno. Pero hay que ir a por él.

martes, 11 de abril de 2017

El privilegio de la ignorancia



Ayer estaba charlando con una chavala de muy muy lejos y le cité una parte de "El Principito". A la chica le resultó muy interesante y me dijo que era cierto. Hablamos del libro, pero no sabía de él. Me resultó bastante sorprendente, porque es una mujer que va a la Universidad y trabaja, alguien inquieto.
Realmente, no somos conscientes de la suerte que tenemos de vivir en un determinado entorno cultural. De tener educación pública y gratuita, obligatoria. Así, incluso la persona menos formada de entre nosotros se mueve en unos determinados parámetros culturales. Obligado, haciendo trampas, como sea. Pero incluso cuando nos resistimos, seguimos siendo sometidos a un cierto "bombardeo" cultural que nos obliga a formarnos. Como decía mi abuelo, "para, al menos, no parecer idiota". Yo, que ya voy para veterano, recuerdo carpetas forradas con versos de Bécquer, con citas de Poe, con dibujos de Lovecraft.
¿Y por qué considero que esto es importante? Porque como leí el otro día, la tecnología posee un factor multiplicador que hace que los avances sean constantemente más rápidos, y algo similar sucede con la cultura. Una vez uno adquiere determinadas sensibilidades y determinadas ideas, es más fácil que produzca nuevas sensibilidades e ideas. A su vez el conocimiento y la introspección lo hace más crítico, más inquieto, más sabio. No haber leído un libro, escuchado una canción, observado un monumento... no nos hace idiotas. Pero el no saber que esos libros, esas canciones, esos monumentos existen, hace nuestro mundo más pequeño y nos deja expuestos. Como la persona que solo come lechuga, no nos planteamos que pueden existir otros vegetales y no experimentamos, no preguntamos, no descubrimos. Y un día, nos ponen un tomate y creemos que hemos descubierto la pólvora, mientras alrededor nuestra la gente se mira de reojo y comparte sonrisas que duelen.


Formarse es un deber y un derecho. Y aunque de pequeños nos resistimos mucho y nos quejamos, viendo cosas como lo de ayer entiendo la suerte que tenemos. Como le dije una vez a una colega, mi abuelo tuvo que ahorrar y pagarse una academia nocturna para aprender a leer. Y ahora, si tenemos curiosidad sobre algo, no tenemos más que meternos en internet y empezar a empaparnos de un tema. Tenemos tanta información que, quizás, el desafío de la próxima generación sea más el de ser críticos y saber leer en el siguiente nivel (el del escepticismo), que el de poder leer. Y esto, por desgracia, solo sucede en una parte del mundo. En otra, Shakespeare, Calderón, Dostoievski, Dumas, Cervantes y Quevedo, Nietzsche, Erasmo, Benedetti, García Marquez, Schiller, Tolkien, Victor Hugo, Doyle, Orwell, Goethe, Tolstoi, Pessoa, Saramago, Murakami ... no existen. Porque no es que no se lean, es que ni se sabe quienes son. Que suerte tenemos de, al menos, saber de ellos.

domingo, 9 de abril de 2017

Doblando calcetines


Domingo por la mañana. De repente no tienes planes. Así que te haces el remolón. Desayunas. El sabado limpiaste y dejaste la casa, la ropa, todo listo. De repente recuerdas que te toca volver a planchar las camisas (lo odio) y recoger lo tendido.
Vaya. Hay como quinientos millones de calcetines. Todos iguales, claro. Pero sutilmente diferentes. Unos más largos, otros más cortos. Los dispones todos encima del tendedero y empiezas a buscar parejas. Como un juego de mesa. ¿Es así como te imaginabas la vida independiente?
Recuerdas tener quince años y pensar en lo harto que estás de tus padres, sus normas, el instituto, sus normas, la vida, sus normas. Deseas hacer tu propio camino, conseguir tu trabajo, tu casa, ser tu propio dueño.
Y te pones a doblar calcetines el domingo por la mañana y lo enfocas como un juego.
¿Por qué? Porque con la edad te vuelves más flexible y menos apasionado. Entiendes que muchas veces el cambio está en tu cabeza, en tu perspectiva y en tu enfoque. Que puedes pegarte una noche de fiesta y explotar o ver un atardecer e implosionar. Que no existe "bien" y "mal" sino lo que te gusta y te hace feliz y lo que no. Y que cada persona es un mundo y toma sus propias decisiones y enfoques igual que lo haces tu.
Hace muchísimo viento. Si hubiera tendido los calcetines en la terraza, ahora estarían lloviendo calcetines por todo el pueblo. Quizás debería hacerlo. Meter una nota de papel dentro de uno, cerrarlo y dejarlo que se lo llevara el viento. Como una carta en una botella en medio del mar.
Hay que aprender a perdonarse. Hay que aprender a dejarse ir, a equivocarse, a cambiar. Cuando somos pequeños nos apoyamos en nuestro entorno. Ellos te corrigen, te critican, te apoyan. A medida que te haces mayor la vida misma te obliga a ser más independiente. Te peleas con la novia. Te separas de la familia. Y todo eso que hacía tu entorno te toca aprender a hacerlo tu mismo.Ves videos en youtube sobre como planchar una camisa. Buscas en google como colgar un cuadro sin hacer agujeros en la pared. Vivimos en una suerte de semi-soledad, porque teniendo internet el mundo está ahí, en tu pantalla. Y a la vez, miras el calendario y te preguntas cuando fue el último abrazo.
Pero todo está bien. Ahora estás a un salto de casa y el viento que sopla fuera te suena a hogar. Y así, casi sin darte cuenta, has terminado de doblar los calcetines. Voilá! Los metes en el cajón y a por lo siguiente. A ir llenando el día de horas y las horas de minutos. Y tu vida, de vida.