domingo, 9 de abril de 2017

Doblando calcetines


Domingo por la mañana. De repente no tienes planes. Así que te haces el remolón. Desayunas. El sabado limpiaste y dejaste la casa, la ropa, todo listo. De repente recuerdas que te toca volver a planchar las camisas (lo odio) y recoger lo tendido.
Vaya. Hay como quinientos millones de calcetines. Todos iguales, claro. Pero sutilmente diferentes. Unos más largos, otros más cortos. Los dispones todos encima del tendedero y empiezas a buscar parejas. Como un juego de mesa. ¿Es así como te imaginabas la vida independiente?
Recuerdas tener quince años y pensar en lo harto que estás de tus padres, sus normas, el instituto, sus normas, la vida, sus normas. Deseas hacer tu propio camino, conseguir tu trabajo, tu casa, ser tu propio dueño.
Y te pones a doblar calcetines el domingo por la mañana y lo enfocas como un juego.
¿Por qué? Porque con la edad te vuelves más flexible y menos apasionado. Entiendes que muchas veces el cambio está en tu cabeza, en tu perspectiva y en tu enfoque. Que puedes pegarte una noche de fiesta y explotar o ver un atardecer e implosionar. Que no existe "bien" y "mal" sino lo que te gusta y te hace feliz y lo que no. Y que cada persona es un mundo y toma sus propias decisiones y enfoques igual que lo haces tu.
Hace muchísimo viento. Si hubiera tendido los calcetines en la terraza, ahora estarían lloviendo calcetines por todo el pueblo. Quizás debería hacerlo. Meter una nota de papel dentro de uno, cerrarlo y dejarlo que se lo llevara el viento. Como una carta en una botella en medio del mar.
Hay que aprender a perdonarse. Hay que aprender a dejarse ir, a equivocarse, a cambiar. Cuando somos pequeños nos apoyamos en nuestro entorno. Ellos te corrigen, te critican, te apoyan. A medida que te haces mayor la vida misma te obliga a ser más independiente. Te peleas con la novia. Te separas de la familia. Y todo eso que hacía tu entorno te toca aprender a hacerlo tu mismo.Ves videos en youtube sobre como planchar una camisa. Buscas en google como colgar un cuadro sin hacer agujeros en la pared. Vivimos en una suerte de semi-soledad, porque teniendo internet el mundo está ahí, en tu pantalla. Y a la vez, miras el calendario y te preguntas cuando fue el último abrazo.
Pero todo está bien. Ahora estás a un salto de casa y el viento que sopla fuera te suena a hogar. Y así, casi sin darte cuenta, has terminado de doblar los calcetines. Voilá! Los metes en el cajón y a por lo siguiente. A ir llenando el día de horas y las horas de minutos. Y tu vida, de vida.

No hay comentarios:

Publicar un comentario