viernes, 31 de marzo de 2017

Y entonces, pasa


Cuando menos te lo esperas. Un día sin más, como otro cualquiera. Vas a la ciudad a arreglar papeles. Sales y, sorprendentemente, tienes algo de tiempo libre. Paseas junto al mar. Que bonito es todo. El cielo tan ázul... no tienes prisa. Decides ir a recoger a una amiga a la que quizás veas. O quizás no.
Ahí está. Y vais a desayunar. Y charláis y charláis y charláis... es como si os conocieráis de toda la vida. Quizás ese sea el caso. Aprendes mucho y te ríes mucho y te sientes bien.
Cuando os despedís, te da pena. Eso es bonito. Extrañamos aquello que nos hace felices. Y vuelves a casa y aprovechas las horas libres que te quedan. Lees. Pintas. Duermes. Comes. Juegas. A la noche ya no puedes dormir así que das una vuelta... otra vuelta... otra vuelta...
En algún momento la noche debe terminar. Y miras el reloj. Las tres. Las cuatro. Confundes sueño y vigilia.
Y en lo profundo de la noche, os volvéis a encontrar. Tu hermano y tu. Sentados en el sofá viendo la tele. Tu le cuentas que tal ha ido tu día. Todo. Y él sonríe y salta. Y le dices que le has echado de menos y que hace mucho que no os véis. Que hace mucho que no te abraza. Y él extiende el brazo y te agarra y de repente estás en casa. Como cuando volvías de navegar, que daba igual cuanto tiempo pasara, hasta que él no te abrazara no estabas en puerto. En casa.
El hogar es donde quieres y te quieren. Y existe un tipo de amor, un determinado tipo de amor, que no puede dartelo nadie.
Suena el despertador. Pero no es real. No quieres que lo sea. Y estás envuelto en la sabana y quieres que el mundo se acabe. Porque esto (levantarte, ducharte, irte a trabajar), no es real. El abrazo de tu hermano, eso sí es real. Su sonrisa. Su expresión de pillo antes de ponerse a saltar, a tirar un juguete para que tu vayas a buscarselo, a hacer algo que sabe que te enfada y te molesta. Ese momento... eso es tu realidad.
Y pasa el día. Y vas al trabajo dormido y resuelves historias y corres y pasas un rato interesante de instrucción y ahora lavarás ropa y arreglarás otros problemas. Pero todo eso da igual. Porque gracias a un encuentro, a unos momentos, a quizás una insolación... gracias a eso, durante un ratito pasaste al otro lado. Y sabes que te está esperando y que te quiere. Como tu lo quieres a él.
Así que gracias. Muchas gracias.

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