domingo, 5 de marzo de 2017

Viento de sal


Frío viento de sal, que se te mete debajo del jersey y te tira del alma. Corriente de mar, olas que suben y bajan, banderas que flamean al viento. ¿Habrá alguien dentro de los barcos? ¿De los edificios? ¿Es el muelle el fantasma que parece?
Miro el Mar y el Mar me mira y de repente ya no estoy tan solo y todo tiene un cierto sentido. Encuentro armonia en las formas, simetria en las curvas. A lo lejos, ecos. Sirenas, luces, ciudad. Vida. El movil bip bip. Mensajes. Todo eso de repente parece estar muy lejos, de repente no importa.
Silencio. Estoy en comunión con el Mar. Y en comunión conmigo mismo, con algo muy profundo, muy enterrado, pero que me hace volver una y otra vez. Con algo que es duro, que no se rompe, y que cuando no puedes más ruge y te pone en pie. Viento de sal. Viento que te seca la cara, te pincha los ojos, te recuerda que estás vivo. Viento de vida.
Y queda fuera. Quedan fuera las vidas de pareja, los paseos de perro, las notas en la nevera. Quedan fuera las palabras sacadas de un poema, las noches sin dormir, los selfies al atardecer. Los reproches y los celos, el tonteo, las caricias con las manos y las caricias con el alma.
Todo. Todo queda fuera, en este momento en que vuelvo a sentirte, fuerte, poderoso, vivo. Y como una llama purificadora, siento que me limpias y me renuevas. Hasta el siguiente asalto. Hasta el siguiente choque. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario