domingo, 26 de marzo de 2017

Actitudes


Ayer estrené mi tendedero comunal. Fue una experiencia. Tras unas semanas muy ajetreadas por fin paré, me puse el pijama y cené. Dormí mucho, fui a correr y limpié la casa. Un poco de rutina y orden para centrarme, para mí. Tras todo eso, conseguí subir arriba y poner mi ropa limpia en un cordel para que se secara.
Cinco minutos después empezó a llover. Me di cuenta casi de casualidad y subí corriendo. El suelo estaba mojado y por poco me caigo. Recogí la ropa corriendo, me empapé y la volví a tender. Luego me harté de reír.
Sí. Podría haber gruñido, enfadarme, protestar... ¿Para qué? Estaba calentito en mi casa. Tenía la ropa limpia. La lluvia olía fantástica. Ya habrá motivos y razones para enfadarme, protestar, quejarme, sentirme mal. Pero en ese momento estaba contento y quiero seguir estandolo. Nos pasamos la vida peleando batallas perdidas (contra la lluvia o la Administración o el humo o... ) sintiendonos frustrados, tristes y enfadados. ¿Para qué? Es mejor aceptar las cosas como son y dedicarnos a disfrutar de lo que podemos disfrutar. Hay que concentrarse más en ser felices.

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