jueves, 2 de marzo de 2017

El comercio del fracaso


Hoy he visto algunas noticias mientras arreglaba otros trabajos. La noticia del día, al menso en Internacional, era un parlamentario polaco que ha dicho (y argumentado), que la mujer debe ganar menos por estar menos dotada y capacitada.
Un detalle que parece habersele escapado a mucha gente es que, a pesar de emplear un inglés macarronico, el parlamentario polaco se expresaba en dicho idioma. Opuesto a una parlamentaria española vestida con un saco, peinada hace una semana, que era incapaz de emplear el inglés así que se defendía en español. Con un argumento basico que decía "es ud un impresentable". Su capacidad retorica, a la altura de la puesta en escena.
El caso es que, pensaba en eso y se me vino a la cabeza Mel.  Mel es una compi mía que montó una empresa hace un par de años. Mel corre más que yo, trabaja más que yo y no sé cuanto gana, pero desde luego no se merece ganar menos. Y en la vida la he escuchado quejarse de cuotas, de discriminación o de falta de oportunidades. Imagino que habrá tenido momentos dificiles, porque aunque a algunos nos gustaría pensar que no, la discriminación es real y está ahí fuera. También hay discriminación por ser andaluz, o moreno, o bajito, o cualquier otro motivo, pero está claro que la discriminación en razón de sexo es tremendamente injusta, y no pretenderé banalizarla hablando de otros temas.
Aún así, quiero subrayar que me acordé de Mel porque, a la pregunta del otro día que vi en la Sexta de "qué es para ti el feminismo", yo contestaría que el feminismo es una lucha, en primer lugar con uno mismo, y en segundo lugar contra el mundo. Es el concepto de Yihad bien entendido de los musulmanes, la yihad grande y la yihad pequeña. La grande, la que hace gente como Mel, consiste en mejorar. En ser más inteligente, estar más preparado, ser más rápido, más fuerte, más duro. De forma que, cuando alguien diga "las mujeres están menos preparadas", ella pueda toser suavemente, "cof cof", y poner a los cavernicolas en su lugar.
Por contra, existe una cultura de exhaltación de la mediocridad. De igualarnos a todos por abajo, como dijera Perez-Reverte. Y a pesar de que el polaco muestra una actitud decimononica, reconozco que me cuesta mucho empatizar con esa mujer, cuyo principal mérito en la vida es haber medrado dentro de una estructura de partido en base a cuotas, puñaladas traperas y servilismo, que me está diciendo que yo soy inferior porque... porque lo soy. Porque existen asociaciones de la mujer, porque existen catedras de genero, porque existe todo una infraestructura construida en torno a subrayar una diferencia y en comerciar con ese fracaso a la hora de construir una sociedad donde nos respetemos. Donde no haya "condena contra la violencia de genero" sino "condena contra la violencia". Y donde, a la hora de establecer referencias de cara al feminismo, haya más gente como Mel y menos como Bibiana Aido. Porque yo quiero modelos que me exhalten, que me hagan sentir orgulloso, que me inspiren. Estoy aburrido de vivir en el miedo y la mediocridad, entre cavernicolas y funcionarios. Estoy aburrido de que me hagan comprar complejos y fracasos, negandome el merito de mis éxitos y atribuyendolos a una conspiración global. Y ese resentimiento, que en mi caso no pasa de encogimiento de hombros, en otra gente provoca reacciones muy negativas e injustas. Así no. Así no vamos bien. 

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