lunes, 6 de marzo de 2017
La bourgeoisie terribles (la terrible burguesía)
Alguna vez he comentado, que uno de los signos más obvios de juventud es la Certeza Absoluta. Así, con mayúsculas. Creo que empieza con la adolescencia y acaba en torno a los veinticinco, veintiséis años, pero no es una cuestión matemática. Depende más de las experiencias vividas y los guantazos recibidos, así como de una cierta tozudez, la resistencia a asumir que, en general, no somos nosotros el centro del universo. Ojo, matizo importante aquí, porque alguna gente nunca llega a descubrir eso.
En este caso lo pongo en francés porque ayer me lo encontré precisamente en ese idioma. Google translator nos permite expresarnos de formas que, limitados al uso de la lingua franca, nos sería imposible. Así que ayer me encontré con uno de esos prejuicios franceses tan intensos, tan puros, por estar tan terriblemente arraigados en esa mezcla de clase, raza y religión que es la Verdadera Burguesía.
Segundo matiz. Yo no soy un libertario quema banderas. Gracias a Dios, mi adolescencia terminó en ese aspecto. Pero existen determinadas "verdaderas" (la Hizquierda, la Burguesía, la Milicia, la Iglesia, los Perroflautas...), grupos identitarios o tribales con unos rasgos tan definidos que son caricaturas de si mismos que, por sorprendente que nos pueda resultar (a mí al menos), siguen teniendo miembros "puros".
El caso es que ayer, como me sucede a veces, me di de cara con el habitual contraste de mi vida. Parece que todo me viene por parejas para que sea más fácil comparar. Primero una conversación con una terrible burguesa, explicándome su visión del mundo en hechos, blanco y negro, tan claro y absoluto que me pareció divertidísimo. Sobre todo porque la vida, al menos cuando la has rodado un poco, te demuestra que nada es blanco ni negro y que esos "yo nunca..." la vida no se los toma como una declaración, sino como un desafío. Siempre pongo el mismo ejemplo, pero es que es divertido. Yo de adolescente decía "antes puta que soldado", y me pegué cuatro años de Marino. Cosas que pasan.
El caso es que, como decía, me encontré con esa burguesía francesa de absolutos. Y luego, apenas unas pinceladas, un saludo a sita Mel. Que decía que "El ser humano es angustia en esencia, con pequeños encuentros con una sensación de felicidad que, en realidad, no podemos tolerar por mucho tiempo". Me encantan esas figuras tan de contraste, tan Ying y Yang. Me parecen mucho más reales y humanas que esos "yo nunca...", que terminan ahogándonos cuando la realidad, tan pesadita ella, nos dice que bueno... que nunca nunca... lo que se dice nunca...
Y aún así, ahí están. Capaces de hacer muchísimo daño estableciendo sus límites, diseñando el mundo, marcando las pautas. Diciéndonos como debemos vestir, pensar, creer, relacionarnos. Esa terrible burguesía, ese mundo de absolutos, donde todo el mundo tiene Instagram y le echa fotos a su café y se corta el pelo como está de moda y lleva los zapatos, la ropa y las ideas que le dicen que lleve.
Que aburrimiento. Que terrible aburrimiento.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario