sábado, 4 de marzo de 2017

Maldita mariposa de coral


¿Cuanto hace? Ya años. Demasiados o demasiados pocos, según se miren. Y sigues ahí. Sigues clavada en mi mente. Sigo conduciendo por la ciudad y mirando por las ventanas, temiendo verte, deseando verte.
Aún recuerdo tu sonrisa. Tus dientes afilados. Tus uñas clavándose, tu forma de mirar, como te brillaban los ojos justo antes de hacer alguna trastada. Como cogías los argumentos más peregrinos y les dabas vueltas hasta convertirlos en algo interesante. Como mirabas todo con ojos tan profundos, tan sabios.
Es la maldición del tiempo. Todo te acaba sabiendo a poco. Y empiezas a mirar atrás y te das cuenta de cosas que se escaparon. ¿Por qué remover el pasado? ¿Por qué sacudirse la melancolia?
Hace una vida no me atreví a soñar con días de sofá y pijama, viendo pelis, riendonos. No me atreví a soñar con leer libros espalda contra espalda, aunque contemplamos atardeceres y condujimos a ciegas. Hicimos tantas cosas que parecían imposibles. Y para la despedida, fuimos a donde vinimos a nacer, tu como persona, yo como criatura, y me diste un último abrazo de verdad que me terminó de romper.
Ahora escucho llover por la ventana. Y miro las cicatrices que me dejaste, esos trozos de coral metidos debajo de la piel, y no sé si odiarte o agradecerte. Pero este perro que se fue caminando contra el horizonte, va a dedicarte una oración la próxima vez que vea el Mar.
Hasta siempre, mariposa. Buena suerte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario