sábado, 25 de noviembre de 2017
Tengo un anti-radar
Ayer entramos en una discoteca. Pedí una cerveza. Me puse a charlar con un colega. Y miré a mi alrededor. Creo que puedo afirmar, con un cien por cien de fiabilidad, quién es la chavala menos interesada en cualquier cosa de una discoteca en un momento dado. Es fácil. Es la que me va a atraer a mí.
Estudio ruso como desafío personal. Hago deportes que me lastiman pero sigo esforzandome. Mi vida es una constante cuesta arriba... y eso me hace preguntarme porqué he elegido un camino que, obviamente, me hace daño. Aunque me mejora pero, en algunos aspectos, no funciona así. Decía en una entrevista Marko Paspalij (o como se escriba) que el metodo sovietico era fuerza y sacrificio. Me parece que yo elijo vivir así y no entiendo porqué. No es eficaz. Es muy épico pero estropea más que arregla. Hay que ser más flexible y fluir, adaptarse, entender que las cosas cambian a toda velocidad y que, a pesar de lo que decía Kennedy, las cosas grandiosas no lo son porque sean difíciles. A veces hay cosas grandiosas simplemente andando por la calle.
Tengo que plantearme eso. Aprender a relajarme, dejarme llevar, jugar al juego de los demás. Pero es muy díficil cuando llevas toda la vida nadando contra corriente. A veces es más fácil simplemente dejar de nadar, sentarse en la orilla y ver pasar a la gente.
Curiosamente eso también sale en "erizo en la niebla". Cuando el erizo cae al río, se empapa y piensa que va a morir. Y cuando lo acepta, aparece un pescado y lo lleva en su espalda. A veces, la vida nos pone contra las cuerdas solo para que nos demos cuenta de donde estamos. Y entonces, tal y como parece que no podemos más, levanta el pie.
Hay que aprender a perdonarnos. Y hay que saber disfrutar de esas cositas pequeñas. Tengo ganas de que vayan pasando los días rápido.
¿Eres lo que haces o haces lo que eres?
El otro día andaba reflexionando sobre este tema. ¿En qué momento lo que hacemos condiciona nuestro carácter? Y... ¿como podemos alcanzar la felicidad? ¿Debemos elegir una profesión que se nos dé bien o una profesión que nos desafíe? Llevo unos días muy malos en el trabajo, porque entre otras cosas estoy haciendo algo que no me gusta y por tanto no se me da bien. ¿Cual es la relación entre que algo nos guste y se nos dé bien?
Hace mucho tiempo, elegí mi profesión casi de casualidad. Y aún estoy buscando. Ya el otro día escribí que, cuando me presento, no digo "hago..." sino "soy...". Y además soy algo muy concreto. Quería serlo y lo he conseguido y me parece muy importante. Es un éxito personal enorme. Recuerdo hace diez años que yo miraba a determinada posición y decía "yo quiero llegar a ser eso". Y lo he sido. Ahora en cierto sentido tengo que plantearme otros objetivos... porque no vale con parar. Mientras uno se siga moviendo sigue teniendo ambiciones. Eso es lo que nos define. Ahora bien, las ambiciones deben ser realistas. Deben poder satisfacernos y cubrir nuestros objetivos vitales. Es decir, empezamos haciendo y acabamos siendo.
Esa ha sido mi solución y no me va mal. Entiendo que otra gente puede tener otras. De hecho, imagino que la inmensa mayoría de la gente lo hará al revés. Pero me parece muy poco eficaz, entender que por ponerte un traje, una chapa, recibir un título... pasas a ser algo. No funciona así. La identidad es fluida y constante y está sometida a cambios y presiones. Me gusta pensar que nunca soy cien por cien algo sino que soy varias cosas a la vez. Y esas cosas, las define lo que hago.
¿Qué pensáis sobre esto?
Thanksgiving day
El otro día puse un mensaje en facebook a propósito del Día de Acción de Gracias. Es una costumbre americana y una cosa un poco rara. Basicamente se resume en que, cuando todo te iba como el culo, a veces tienes suerte. Y en ese momento tienes que dar gracias por tener suerte y vida y una familia y amigos y... algo. Siempre hay algo que agradecer.
Cada día vamos a toda velocidad. Se nos olvida algo se nos pasa algo nos peleamos nos separamos nos... la vida va demasiado rápido. Pero hay que pararse un momento a veces. Tenemos demasiadas cosas en la cabeza que no valen para nada. Vamos a lo importante.
¿Qué es lo importante? Cada uno tendrá una respuesta a esa pregunta. Pero seguro que, si os paráis un poquito, encontraréis algo que hace que merezca la pena alegrarse. Ser feliz. Y en ese algo tenéis que concentraros.
Yo decidí hacer un día de acción de gracias. Y dar gracias por mi familia, mis amigos, mi vida. Por las cosas que hago porque me gustan y las que siento que me van. Porque la vida es maravillosa y muchas veces nos olvidamos. Porque hace sol y te calienta la cara y es bonito, o porque hay nubes y evitan que te tuestes. Porque tu familia gruñe mucho pero te quiere, porque el perro es un coñazo pero te mima, por... poqrue hay cosas buenas. Y hay que pararse un momento a saborearlos, a disfrutarlos. Como decía el Erizo al final de "erizo en la niebla" (ezhik na tumane): es bueno estar aquí.
viernes, 10 de noviembre de 2017
Ya huele a lluvia
Hay gente que está maldita con una cierta sensibilidad. Gente a la cual un paisaje, un sonido, un olor, le trae un determinado sentimiento y ya no puede quitárselo de encima. Gente con la piel más fina, qué por más que entrene determinadas poses y se discipline, siempre tendrá un espíritu inquieto deseando correr salvaje.
Hacía muchísimo que no me pasaba. Me he llevado años fuera y, ahora, recupero algo que creía perdido. El alma a trozos. Desde pequeño, siempre, los días de lluvia y oscuridad me recordaban a esa Galicia mitológica que aprendí en los silencios de mi abuelo, en las constantes quejas de mi abuela, en los paisajes imposibles y en la lengua que, a latigazos, empapaba los diálogos en su casa. Nunca lejos del todo, presente en muebles antiguos, en una manera de mover las cartas, de colocar la mesa, en conversaciones de teléfono, en amigos con los que paseaba. Una parte de mi vida que no es mía, sino que heredé, como el color de pelo o los ojos, como las manos o tantos otros rasgos de carácter que no podemos explicar de donde vienen.
Y cuando llueve, se me despierta. Cuando escucho música celta, gaitas, violines, incluso malditos acordeones. Cuando estuve en Ferrol lo escondía, porque no dejo de ser un cuarterón, con mi acento sureño y mis ganas de vivir y mi curiosidad insatisfecha. Pero esa parte de mí, esa parte pequeñita, cuando llega el otoño lo siente y sonríe. Porque, si bien la sensibilidad es una maldición, el venir de diversas partes y estar hecho de trozos, de retazos, te hace mucho más rico, diverso, adaptable. Te permite disfrutar de cosas de las que la mayoría de la gente no es consciente, por asumirlas como naturales.
Hoy en el coche escuchaba "The last ship" de Sting y me sobrecogía ante la hermosura de la música, pero sobre todo ante lo que me traía de mí mismo. Vuelve el otoño. Vuelve a sentirse el norte y la lluvia y la oscuridad, la comida rica y espesa, los amigos alrededor y el humor hosco, duro. Las noches que arrancan a las cinco de la tarde y el brillo de las farolas sobre el suelo empapado.
Ya toca volver. Ya toca.
miércoles, 1 de noviembre de 2017
Noche de morazo
Hacía mucho que no me pegaba una como la de ayer. De cervezas futbolín musica filosofía colegas y risas. Una noche fantástica. Incluso aparecieron chicas y, que cosa, por una vez era yo el protagonista en primera persona del singular. Por supuesto no rematé y Dios me castigará por ello, pero un pez no debería sentirse culpable de no saber volar. Al menos mientras no desarrolle alas.
La noche se remató con una foto genial que me quedo de recuerdo. Y sobre todo, con la promesa de más días como aquel y más noches por venir. Y quizás un viaje interesante en diciembre. Ya empieza a cambiar el tiempo y el invierno asoma la patita. ¿Qué tal irá? Seamos optimistas.
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