viernes, 3 de julio de 2020

En la noche te visitan los futuros


En la noche te visitan los futuros entrevistos. En la cama, mientras abajo la gente sigue con su vida y los coches pasan, las preguntas circulan por tu mente a toda velocidad. ¿Y si en vez de hacer esto hubieras hecho lo otro? ¿Y si esto que planeas no te sale? ¿Y si...?
En esos momentos te sientes perdido. Y te preguntas por todo. Quizás no estás donde quieres estar. Quizás no eres quien quieres ser. Decía Milan Kundera que la vida es una obra de teatro sin ensayos quizás citando a Shakespeare, pero sabes que cuando suene el despertador show must go on y tendrás que ponerte otra vez tus botas de ti mismo. Y de repente, te da un miedo atroz afrontar otro día sin saber que traerá.
Relájate. Inspira. Espira. Deja que el miedo pase a través de ti y, cuando el miedo se haya ido, solo quedarás tu. Mira tus opciones. Repasa los pasos que has hecho hasta llegar aquí. ¿Hay alguno que quieras y puedas cambiar? Hazlo. ¿No lo hay? Continua. Mira el camino que llevas y a donde te lleva y, si no es a donde quieres ir, párate. Mira a tu alrededor. Seguro que hay cosas que te ayudan a responder las preguntas que te atacan.
Deja fuera el ruido. Que nadie te diga lo que tienes que pensar o ser. Tampoco quieras pensar o ser nadie más que tu mismo, con tus defectos y virtudes. La vida te ha dado muchísimas herramientas para desarrollarte y ser la mejor versión posible de ti misma.
¿Gruñes? ¿Te parece positivismo absurdo? Un paraguas es un objeto absurdo hasta que empieza a llover. No desprecies nada que pueda ayudarte; cálmate. Ese ruido desbocado que escuchas es tu corazón.
Sin darte cuenta te has quedado dormido. Te despiertas con un sabor incomodo en el paladar. Recuerdos. Gente de tu pasado y de un futuro que ya no existe. Cada puerta por la que entras deja atrás otro montón de puertas por las que no entrarás y ahora, mirando a tu alrededor, notas algo que parece una cadena en tu cuello. ¿Por qué me he metido en esto?
Porque querías. Y porque quieres. Porque cuando te has parado a analizarlo, resulta que merece la pena y es algo bonito. Y aunque hay días malos, este camino no es un castigo que te ha caído sino una decisión consciente tuya. Miras tus botas de ti mismo y de repente no te parecen tan grandes ni tan pesadas y te das cuenta de que puedes.
Pero antes, una pausa. Entrenamiento. Ducha. Afeitarse. Que el día no te vea con mala cara, ponte tu sonrisa de salir a pasear. Guarda los cuchillos debajo, porque no todo el mundo entiende una caricia como una invitación y muchos creerán que eres una victima. Sorprendeles. Disfruta de tu té, disfruta de tu tiempo. Disfruta el ahora.
Y antes de salir, mira atrás. La cama hecha  y el hogar, ese que te has hecho a ti mismo, tu cueva donde refugiarte y a donde volver. Y tu puerto base desde el que salir a navegar, a ver que hay más allá del horizonte. Repasa tus objetivos y comprueba que todo va como quieres. ¿Un tropezón? A veces pasa. Jesucristo eligió a sus discípulos y uno le traicionó y otro renegó de él. ¿Qué hay de malo en equivocarse? Perdónate a ti mismo. Y mira a la cara a esos futuros que vienen a visitarte y entiende porqué atravesaste esta puerta y no ninguna de las otras quince, y porqué ahora atraviesas esta y no otra.
Tu ocupas tus botas. Que se note.

P.S: Dedicado a mi mejor parte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario