lunes, 26 de abril de 2021

Fluye

El otro día estaba viendo a mi pareja jugar con un bebé. Y en un momento dado vi que se frustraban, porque no se entendían. Más tarde, hablando con la abuela del bebé nos dijo "El problema es que él quiere que tu hagas cosas, y tu quieres que él haga cosas. No os estáis comunicando". Mi pareja se dio cuenta, reflexionó y se puso a seguirle la corriente al niño. Y los dos se divirtieron. Más tarde, caminando, comentabamos eso. Que a veces, en la vida, simplemente tienes que dejarte llevar. Que pasa con los niños pero también con adultos. Si tu intentas imponer tu punto de vista a la otra persona sin escucharla, es poco probable que os entendáis. Y sin entenderos va a haber choques, siempre. Es lo que decía el Tao te King. Que la clave es no hacer, haciendo. De esa forma llegas a donde quieres ir, aunque ni siquiera seas consciente de como. Y eso es super importante. Me gustó mucho escuchar a mi pareja darse cuenta de eso, aunque siga teniendo miedo de dejarse llevar. Me pasaba a mi. Aprender a nadar me costó horrores porque me decían "relajate" y eso es imposible. Al menos cuando no entiendes la vida sino como un desafío detrás de otro, una escalera donde, cuando te caes, te agarras al siguiente peldaño y vuelves a subir. Pero a veces, es más como escaleras y serpientes y, a veces avanzas, y a veces solo fluyes y surfeas. Disfrutadlo. Sin esforzaros tanto, sin querer tanto, sin volveros locos. Simplemente sed.

La primera vez que dices adiós

El otro día fue mi cumpleaños y me regalaron un album de fotos. Y de repente, muchas cosas volvieron a asomarse. Gente que se había caído del album o sitios a los que hacía muchísimo que no iba... de repente, muchas cosas volvieron a golpearme. Mis pelos largos. Algunos amigos a los que ya no veo. Mi familia. Muchos sitios y momentos.
Esta noche, miraba al techo sin poder dormir. Y noté un tirón en la pierna. Ahí estaba Ale de once o doce años, llevandome al callejón de la memoría, como cantaban los Rolling Stones.
Vigo. Verano de... no sé, hace demasiado. Una época en que las vacaciones eran irse muy lejos y... ya inventariamos sobre la marcha. Sin internet, sin teléfonos, sin consolas. Ibas a los campos de futbol del Bao y preguntabas si alguien jugaba partido. Así hacías amigos. A mí no me gustaba el deporte, pero leer sí. Así que por la mañana acompañaba a mi abuelo al kiosko. Él compraba el períodico y a mí me caía algún tebeo, que leía y releía hasta que estaba agotado. La papelería, aún la recuerdo, se llamaba "Moby Dick" y era como las de aquella época, que igual te vendían loteria, seriales, periodicos, revistas, tebeos, cuadernos... un poco de todo. En esa época había "almacenes", que eran como supermercados de barrio, y parece que muchas tiendas seguían una dinámica parecida, porque tampoco había tantas tiendas.
El caso es que el dueño de Moby Dick era amigo de mi abuelo. Mis abuelos vivían en el sur pero todos los veranos iban al norte y tenían un grupo de amigos, con los que iban a comer sardinas al monte. Nada especial, cosas sencillas de gente sencilla. La mayoría tenía restaurantes y eran, como mi abuelo, emigrantes que no tenían demasiado contacto con el pueblo tras tantos años fuera. Así que se iban al monte, uno ponía el vino, otro las sardinas y se echaban un día jugando cartas, charlando y compartiendo.
El dueño de Moby Dick se estaba muriendo. Ale de once o doce años no lo sabía, pero tenía cancer. La habitación era oscura y olía a enfermedad. Y mi abuelo tenía mucho miedo, aunque yo no lo sabía. Mi abuelo tenía meido de no estar a la altura, de fallar a su amigo. De no poder hacer nada y, no solo eso, sino de molestar, estorbar, decir algo equivocado. No saber apoyar. Mi abuelo tenía miedo de no ser la persona que quería ser.
Ese año, al volver del verano y empezar el curso, fui a la capilla de la escuela católica donde estudiaba. Recé mucho, por algo que no entendía y pedí ayuda. Y de alguna forma, sentí que Dios me transmitía la idea de que la gente se va, que hay que entenderlo. Que no pasa nada. Que lo importante es vivir bien porque, una vez te vas, da igual.
Entendedme. Yo no concía a ese hombre de nada. Veía que mi abuelo sufría y quería que él no sufriera. Los niños son extremadamente egoistas pero, en su egoismo, son también muy honestos. Yo no sabía lo que era morirse, pero tenía una idea de que, una vez se fuera, ya no volvería. Así que recé y recé y entendí que, una vez se fuera, dejaría de sufrir.
Un día al volver de clase mi abuela me dijo que el amigo de mi abuelo había muerto. Que él quería estar solo y hoy no comería con nosotros. Ese día me planteé que, quizás, Dios tenía razón. Que lo importante era estar, porque una vez te vas da igual. Y lo he tenido siempre conmigo esa idea, desde el principio.
El Ale de once o doce años me soltó la pierna y sonrió. A veces, hacemos un camino enorme para volver al punto de salida. Pero cuando te vienen recuerdos de una epoca an lejana y son buenas, cuando tienes aprobación del Ale que fuiste... sabes que vas en la dirección correcta. Y puedes sentirte orgulloso de ello.

domingo, 18 de abril de 2021

La vaca es de donde pace

Llevo un par de semanas de debates a proposito de si me gusta donde vivo o no, y de que grado de "gustar" es sano. Y hoy me he acordado de este refrán gallego "la vaca es de donde pace", cuando alguien me ha escrito mandandome una foto de una montaña diciendome "que bonita es tu tierra". A lo que le contesté "ahora, también es la tuya". Porque yo vivo en un sitio donde es relativamente sencillo sentirse integrado. Quitando algún idiota que te puede pedir el carnet de nacido-aquí, a la inmensa mayoría de la gente mientras no des problemas, le gusta que estés por aquí. Y eso es importante. En algunos idiomas existe la preposición "ser de" o "estar en". Es importante que en español son dos verbos distintos. Yo nazco en un determinado lugar, lo que hace que sea de ahí. Pero me muevo mucho, así que ahora estoy aquí y mañana allí. Mientras la gente me trate bien y yo me sienta a gusto, puedo ser de cualquier sitio. Y ya está. No existe nada que me limite tener doble, triple, cuadruple nacionalidad. Soy una mezcla de cada sitio donde estuve y quise y me quisieron, como lo soy de los libros que he leído, la música que he escuchado, la gente que he conocido y me ha impresionado. Todo va dejando huella en nosotros y eso no está bien ni mal, sino que es la forma natural que tenemos de existir y de crecer. No hay que tener miedo de querer. Porque querer no implica perder nada, sino ganar algo. Luego, cuando la cosa salga bien o mal, entonces habrá que aprender de la experiencia. Pero por ahora, vamos a descubrir donde estamos y que tiene de bonito ese sitio. Porque llegará un momento en que no estemos ni aquí, ni allí, ni en ningún sitio. Y si Dios quiere, todo lo que hayamos sido nos lo llevaremos con nosotros y se lo pasaremos al siguiente. Y eso, eso sí, es hermoso.

jueves, 15 de abril de 2021

Cuando se deja ir

El otro día estaba repasando mi perfil de Facebook y planteandome... ¿cuanto tiempo hace que no hablo con X o con Y? Y a la vez... ¿en qué momento dejó de importarme la vida de estas personas? En cierto sentido, es complicado entender el aspecto de los vínculos. En este mundo digital, convivimos con personas a diario y a la vez, compartimos en digital con otras. Muchas de estas relaciones se encienden a toda velocidad y se apagan con la misma. A alguien a quién ayer no conocías hoy le estás contando cosas muy personales, pero dentro de una semana no recordarás como se llama. Es una especie de "one night stand" emocional, que va muy al hilo de nuestra vida, donde en una semana vemos tres temporadas de una serie que luego olvidaremos. Tenemos mucha prisa. Tenemos mucha incertidumbre. Tenemos mucho miedo. Y en cierto sentido, cuando estamos bien queremos compartir ese bienestar. Queremos que llegue a todas partes. Y no es más que nuestro complejo de salvador extendiendose, nuestras ganas de hacer algo, lo que sea, que termine en una recompensa. En un abrazo, un piropo, una admiración. En sentirnos apreciados. Pero a veces, hay que establecer límites. A nosotros mismos. Saber que podemos hacer y que no, que ayuda es requerida y cual simplemente existe para satisfacer nuestro ego. No somos islas en el mundo. Debemos respeto y aprecio a aquellos con los que tratamos, y lo debemos en forma adecuada. Aún estoy aprendiendo. Pero espero conseguirlo e irlo haciendo mejor.