lunes, 25 de diciembre de 2023

Envasado al vacío

Hay en mi interior alguien que se remueve. Alguien que calla y duerme, esperando su momento. Alguien que, a veces, se sacude con una rabia feroz. Alguien que quiere que le presten atención.
Cuando era pibe, recuerdo escuchar por todas partes "envasado al vacío". Y preguntarme que era eso. Con el tiempo entendí que es un proceso según el cual cierras algo y le quitas el aire, de forma que se conserva mejor. Se ha convertido en algo tan común que, Javi, un antiguo compañero de trabajo, tenía un aparato en su casa para hacerle eso a la comida y poder conservarlo mejor. De industrial a doméstica, la tecnología avanza sin parar.
En mi, pasa eso. Conduzco desde el sur y pienso en Ale de hace diez años, Ale que era más inseguro, más solitario, más... más "desesperado". Y veo que estoy más equilibrado, más tranquilo, más paciente. Y sin embargo, dentro de mí, a pesar de que me quiten el aire, sigue existiendo ese ansia de compartir, de crecer, de sentir. De ser. Y en cuanto pinchan un poco, sale. Sale gritando, rugiendo, luchando. Sale con la rabia acumulada de años de "eso no le interesa a nadie", de "vete a tu cuarto y juega con tus juguetes". Y te preguntan. ¿Puede ser que te pasara algo en tu infancia que te haya hecho reaccionar así? Puede ser. Puede ser.
Pero, aquí va la pregunta. ¿Donde acaba el trauma y empieza la elección consciente? Yo decía hoy que, para mí, la barrera está en cuando deja de ser sano. Una obsesión no se puede controlar. Yo puedo hacerlo. Puedo callarme y no hablar del último libro que estoy leyendo, la última serie que estoy viendo, las minis que estoy pintando. Puedo "cortar" esa parte de mi vida que, la persona que tengo delante, no quiere compartir. Lo que pasa es que, cuanto más y más corto, menos de mí hay en "nosotros". Y esa es una puerta abierta a un resentimiento muy malo.
Ahora mismo, me pregunto cuanto de mí hay en mi mismo. Y creo que tengo bastante que trabajar aún.

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