Ayer por la mañana, camino del curro, tuve una revelación. Empecé a correr el lunes por la mañana y no había parado aún. Jueves. Por la mañana.
Y realmente, es una situación mental curiosa. Cuando se acumula el estrés en el trabajo y el horario es "flexible", además de cuando las distancias son respetables (cualquier cosa tarda minimo media hora en llegar), uno tiene dos opciones. Puede no querer hacer nada, con lo que cae en la apatia, desidia, depresión. O puede querer hacer "algo" y vivir frustrado, porque el hecho de que un metro llegue cinco minutos tarde pone en peligro la unica actividad que va a hacer hoy.
¿Suena raro? Claro que no. Millones de personas viven así en todo el mundo. En Madrid, la mayoría de la gente. Y se acostumbra a la dinámica B, de procesar la frustración y vivir dentro de los límites impuestos por el medio ambiente. Que no es, ni más ni menos, que como lleva el ser humano viviendo toda su existencia (mierda, hace temperatura bajo cero, me quedo en el refugio). Eso no tiene nada de particular. Pero conlleva una adaptación mental, claro.
En mi caso, llevo luchando con ello años. Y sigo sin conseguir adaptarme. Más por un defecto mío, de como diseño mi vida con mis "necesidades" y mis deseos que por el entorno. Que es el que es y al que, como decía Toño, yo le doy igual. Las calles no se van a volver más pequeñas, el tráfico y el ruido menor o la gente más educada porque yo lo quiera. Eso, simplemente, no va a pasar. Pero como leí esta mañana, "que pasa cuando te quedas sin "es lo que hay"...".
Simplemente era una reflexión. Hoy es viernes y tengo descanso. Y voy a aprovecharlo a tope. Pero me resultó curioso eso ayer.
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