domingo, 29 de diciembre de 2024

Gracias por la musica

Estas Navidades han estado genial. Es cierto que ultimamente me quejo mucho y parece que todo es oscuridad y desesperación, pero no es siempre así. Es interesante recordarnos que solo vemos una ventanita de la vida de las personas, formada principalmente por lo que ellos eligen enseñar. Y en este caso, ultimamente mi vida parece que es un mar de problemas.
No es solo eso. Esta semana he podido ir a Cádiz y disfrutar de buena comida, sol, amigos y familia. He podido jugar con mi sobrino, ver a mi madre contenta, compartir mesa y tener charlas sobre la comida que se devoró. He podido sentarme a contar historias, reírme, desahogarme. He dormido como una piedra y he podido relajarme. Esta semana ha sido maravillosa.
Ha sido poco. Y los problemas continuan. Tengo cosas que arreglar esta semana y seguro que irán sucediendose más problemas. Pero poco a poco, todo parece ir encajando. Hemos tomado una determinación y ahora toca llevarla a cabo. Y, poco a poco, encontrar mi lugar y mi ritmo.
Muchas gracias por todo. Y muchas gracias por seguir ahí. Un abrazo, os quiero.

domingo, 22 de diciembre de 2024

En algún momento, he perdido el Norte

Hace muchos años, yo era un tío guay y feliz con mucho para dar. También me sentía triste y perdido, como supongo nos pasa a todos, porque me faltaba el amor. Pero en ese momento de mi vida, yo sabía lo que era la felicidad y sabia como crearla y compartirla. Surgía de mi, naturalmente, y se extendía a la gente a mi alrededor.
Luego, llegó el amor. Y tenía con quién compartir, con quién enseñar, de quién aprender. Y de repente, ya no estaba solo. Y viajamos y encontramos gente y fuimos a sitios y comimos y... fue una aventura tras otra. Y poco a poco esa aventura tomó forma de proyecto y se convirtió en algo más serio, más formal. Hubo un Plan.
Y poco a poco, el plan fue dando frutos. Primero fue un master, con muchas dificultades. Luego empezar a trabajar. Pero no iba bien y había que cambiar cosas. Yo debía hacer sacrificios, igual que la otra persona los había hecho. Yo debía renunciar a cosas. Así que primero fue a mi ciudad, Cádiz. Luego, poco a poco, fueron a mis amigos. Ahora, a la satisfacción del trabajo. A mis hobbies.
En algún momento, he dejado de disfrutar de la vida. No sé si entre una mudanza y otra, entre un sitio y otro... y ahora, harto de dolor, digo que quiero cambiar. Que no quiero que sigan así. Y me piden estabilidad. Compromiso. Porque lo que he sacrificado no se valora. Perder, renunciar... eso puedo hacerlo gratis. Pero ganar, tener una recompensa, eso no. Todas y cada una de las decisiones apuntan a arrancarme más energia, más alegria, más vida. A formarme de una determinada manera.
Durante toda mi vida, escuché lo que los demás querían que fuera. A veces, lo intenté. Nunca salió bien. La unica forma que conozco de ser feliz es obedecer a mi propia naturaleza, escucharme y ser yo mismo. Pensar, decir y hacer lo que soy. Vivir de forma consecuente.
En algún momento, he perdido el Norte. Me he desconectado de las cosas, de los sitios, de las actitudes que me dan energia. He dejado que me conviertan en un robot. En alguien que trabaja, obedece. Alguien que acepta y sigue, que resiste. En algún momento, he dejado de soñar. Y ayer me preguntaron que necesito y dije reír, tener ilusión. Musica juegos poesia. Cosas que me hagan sentir cosas. Alegria. Algo que suba de la piramide de Marslow, que pase de la supervivencia al placer. Vivir.
No me han dado respuesta. Ni me la van a dar, estoy hablando un idioma extranjero. Mi madre me compraba ropa que no me voy a poner, porque no soy yo. Mi mujer me compra ropa que no me voy a poner, porque no soy yo. En algún momento, he perdido el norte.
Quizás, realmente, la solución pase por estar solo. O quizás solo estoy muy cansado y necesito dormir y hacer algo más que trabajar. No lo sé. Pero echo de menos a ese chico que cogía el coche para ir a algún sitio, simplemente porque quería ver otro lugar. Al que cogía aviones y leía libros y escuchaba a la gente y aprendía. Me echo de menos a mí mismo.

martes, 17 de diciembre de 2024

Hasta que se olvide el sonido de la risa

Ayer me desperté, entrené, hice Duolingo, me duché. Jugué al ordenador unos minutos y me fui al coche. Conduje con mucho cuidado y preocupación, aparqué. Me metí en el trabajo. Salí a comer. Volví al trabajo. Salí del trabajo. Vine a casa, cené. Estuve un rato con mi señora. Me acosté.
Hoy haré lo mismo. Y mañana. Y pasado. Sé que estoy en otro país porque la comida es mala, el clima chungo y la gente habla raro. Aparte de eso, podría estar aquí o en la Luna.
Me dicen que tengo mucha suerte. Que tengo semanas libres. Pero las semanas libres, por ahora, me las paso durmiendo y jugando al ordenador, porque en medio hay actos y compromisos y quedadas. A las que no elijo ir, sino que tengo que ir. Mi vida consiste en trabajar y cuidar. Y no está mal, no debería quejarme. Es lo que elegí.
Empieza a olvidarse. La motivación por correr. Por aprender idiomas. Por jugar a cosas. Por quedar con gente. Pronto iré al Sur y me dará el sol y veré a gente. Pero cada vez lo siento como algo más lejano, como algo que es menos yo. Honestamente, cada vez me importa menos y lo veo más como algo que le pasa a otra gente, no a mí. He elegido la comodidad, he elegido dejar de sufrir. Así que yo solo me siento en el asiento del pasajero en mi vida, me pongo el cinturón y espero que me vaya llevando a sitios. O no.
La verdad, no tiene mayor importancia. Es lo que toca. Pero hay veces en las que pienso si esto debería preocuparme. Si es un primer paso hacia algo que siempre he temido; la perdida de control sobre mi identidad. Sobre mi vida. He sido siempre muy insistente en lo que quiero para mí, en como debería vivir. En fijarme unos ciertos estandares. Y de repente, me da igual. Ya no me preocupa, sino solo me incomoda como llevo el pelo, que ropa elegir... cada vez me importa menos. Y quizás esto debería ser una señal muy mala. No lo sé.
Creo que, poco a poco, los días seguirán a los días y llegará un momento en que deberé hacer algo. O quizás no. Quizás así duele menos y esta es una buena forma de no sufrir.
Quizás, en algún momento, olvide el sonido de la risa. Y tampoco pase nada.

lunes, 9 de diciembre de 2024

Como te entretienes

Estaba pensando hace un rato en algo que he dicho muchas veces. "Si ves que contesto al movil del tirón, malo. Porque significa que no estoy haciendo nada interesante/importante".
En cierto sentido, yo he desarrollado una jerarquia de ocio. Hay cosas que me gustan hacer y cosas que hago cuando no puedo hacer las primeras. En el primer grupo, pondriamos estar con amigos, visitar sitios, jugar a cosas, hacer deporte, leer... cosas que me absorven. Que me pongo a ello y se me va el tiempo, porque es que realmente me lo estoy pasando bien. Son, generalmente, cosas que recordaré dentro de un tiempo. "El día que fuimos a tomar algo a X", "el dia que vimos la peli X" (el sabado Harry Potter a tope)... son acciones con sujeto, verbo y predicado. Las hago EN un sitio, CON alguien, MIENTRAS pasa algo... son acciones complejas.
Luego están las "otras cosas". Rellenar tiempo. Leer algo que no me gusta mientras voy en autobus a algún lado, ver cosas en el móvil sin prestarle mucha atención... incluso pintar muñequitos por hacer algo. O por tener un proyecto. Por no sentir el terrible vacio del ocio. No hay nada malo en ello, siempre y cuando no sea patólogico (hubo una época en que tenía miedo de quedarme sin cosas que hacer. Eso habla muy mal de mi estado mental). En general, son cosas que no recordaré. Dentro de seis meses recordaré haber ido a Amersham con mi pareja, pero no recordaré haber pintado minis griegas. Aunque incluso eso es mejor que los videos juegos; las minis griegas seguirán pintadas y, quien sabe, quizás algún día sirvan para pasarlo bien con ellas. O quizás, en ese momento, me ayudaron a relajarme y no pensar en un problema de verdad que tenía.
Creo que todos tenemos cosas así. Lo que pasa es que la mayoría de nosotros no pensamos que porcentaje de nuestro ocio carece de predicado. Cuanto de lo que hacemos es pura evasión o distracción y cuanto es "alimento". Es lo que pasa con las amistades. Mucha gente no es capaz de distinguir entre los amigos de verdad, esos que nos enseñan, nos hacen crecer como persona, nos "alimentan" y la gente con la que simplemente interactuamos. Recuerdo hablar de eso con Aliusha hace una vida en Madrid y decirme: "mi novio me dice que quede con cualquiera. ¡Pero yo no puedo hacer eso! ¡A mi no me vale cualquiera!".
Es el concepto de calidad sobre cantidad. Y muchos de nosotros hemos perdido la capacidad de evaluarlo. Me encanta el refrán ese que dice "quien no conoce a Dios, a cualquier santo le reza". Porque es así. A mi me gusta pintar minis. Me relaja. Pero para mí, es un medio para un fin. Pintar minis me sirve para quedar con amigos y compartir historias, partidas, muñequitos. Es como el rol. O como los videojuegos, el fútbol, las pelis... los seres humanos estamos diseñados para compartir y socializar. Lo demás, son excusas para llegar a eso.
Si un árbol cae en medio del bosque y nadie lo escucha, no sé si hace ruido. Pero me parece muy difícil que salga una buena historia de ello. Y, por curioso que parezca, los seres humanos somos animales narrativos. Vivimos para crear y vivir historias y para contarlas y volver a vivirlas.
Intentad entreteneros bien. Alimentad vuestras almas.