martes, 17 de diciembre de 2024

Hasta que se olvide el sonido de la risa

Ayer me desperté, entrené, hice Duolingo, me duché. Jugué al ordenador unos minutos y me fui al coche. Conduje con mucho cuidado y preocupación, aparqué. Me metí en el trabajo. Salí a comer. Volví al trabajo. Salí del trabajo. Vine a casa, cené. Estuve un rato con mi señora. Me acosté.
Hoy haré lo mismo. Y mañana. Y pasado. Sé que estoy en otro país porque la comida es mala, el clima chungo y la gente habla raro. Aparte de eso, podría estar aquí o en la Luna.
Me dicen que tengo mucha suerte. Que tengo semanas libres. Pero las semanas libres, por ahora, me las paso durmiendo y jugando al ordenador, porque en medio hay actos y compromisos y quedadas. A las que no elijo ir, sino que tengo que ir. Mi vida consiste en trabajar y cuidar. Y no está mal, no debería quejarme. Es lo que elegí.
Empieza a olvidarse. La motivación por correr. Por aprender idiomas. Por jugar a cosas. Por quedar con gente. Pronto iré al Sur y me dará el sol y veré a gente. Pero cada vez lo siento como algo más lejano, como algo que es menos yo. Honestamente, cada vez me importa menos y lo veo más como algo que le pasa a otra gente, no a mí. He elegido la comodidad, he elegido dejar de sufrir. Así que yo solo me siento en el asiento del pasajero en mi vida, me pongo el cinturón y espero que me vaya llevando a sitios. O no.
La verdad, no tiene mayor importancia. Es lo que toca. Pero hay veces en las que pienso si esto debería preocuparme. Si es un primer paso hacia algo que siempre he temido; la perdida de control sobre mi identidad. Sobre mi vida. He sido siempre muy insistente en lo que quiero para mí, en como debería vivir. En fijarme unos ciertos estandares. Y de repente, me da igual. Ya no me preocupa, sino solo me incomoda como llevo el pelo, que ropa elegir... cada vez me importa menos. Y quizás esto debería ser una señal muy mala. No lo sé.
Creo que, poco a poco, los días seguirán a los días y llegará un momento en que deberé hacer algo. O quizás no. Quizás así duele menos y esta es una buena forma de no sufrir.
Quizás, en algún momento, olvide el sonido de la risa. Y tampoco pase nada.

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