Tengo la impresión de que debe ser un efecto secundario de las redes sociales, pero de un tiempo a esta parte me doy cuenta de que, cada vez más, nos cuesta ceder y aceptar que, no, el plan no se construye a nuestra medida. Que cuando quedamos con gente para realizar una actividad social... esa actividad es social. Y que hay que ponerse de acuerdo.
¿A qué viene esto? Hace unos meses quedamos con una pareja que, aprovecharon que quedaban con alguien, para jugar a un juego de mesa que querían estrenar. Lo habían comprado porque es de esas cosas que se hacen "con otras parejas", pero no las tenían. Así que nosotros aparecimos, cubrimos el rol, check. Otra cosa lista.
Ahora resulta que hemos invitado a alguien y mi mejor mitad está conspirando para hacer una barbacoa. Porque es su gran frustración desde hace años; quiere hacer una barbacoa. Y al final tener invitados es simplemente una excusa para eso. Como el niño al que le regalan algo por reyes y se lo enseña a todos los que vienen, pues así parece que estamos viviendo todos. Con demasiados juguetes y demasiados pocos amigos con los que compartirlos.
¿Qué estoy un poco cínico? Puede ser. Creo que he conseguido superar ese nivel, y en mi arrogancia me permito mirar hacía atrás al otro lado del valle. Yo ya no tengo juguetes que enseñarle a nadie. Sinceramente, no creo que a nadie le interesen mis juguetes. Me da igual sentarme en el asiento del copiloto y, simplemente, dejar que otros disfruten de los planes que les hace tanta ilusión organizar. Yo puedo estar allí. En cierto sentido, es más relajado, me elimina de la tensión de intentar vivir, de intentar disfrutar. Pero para mí es muy fácil; yo siempre quise o toqué el bajo. No tengo problema en ser un elemento de apoyo.
Pero no puedo dejar de sorprenderme y preguntarme, en este mundo en el que todos queremos hablar... ¿quién va a sentarse a escuchar?
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