Hace un rato estaba comentando con un colega nuestra capacidad para ser manipulados, la adicción a internet y la caverna de platón aplicada a las redes sociales (en la cueva pintada "opiniones cada vez más radicales y absurdas", frente a ella "usuarios de internet", detrás de la cortina los algoritmos, cerca de la salida "usuarios aleatorios de internet expresando sus creencias intrinsecas" y fuera, gente que se desconecta y "literalmente el mundo exterior"). Hablabamos de esto y de como estamos sometidos a opiniones y manipulaciones, ante lo que le recordé esta frase, un clásico, que dijera Victor. Porque si bien es cierto que existe mucha psicología, marketing y estudio de lo que ofertamos... para que un producto se venda, alguien tiene que comprarlo. Y, esta es una opinión terriblemente impopular hoy en día que probablemente me haga discutir mucho, ni con toda la manipulación del mundo se puede conseguir que alguien haga algo a lo que se opone firmemente.
Es algo que me sorprendió el otro día viendo la entrevista a Schwarzenegger, pero que me parece que es importante repetir. Vivimos en un mundo de nuestra cabeza. O como decía Marco Aurelio, todo lo que vemos es una percepción, todo lo que oímos una opinión. Cualquier cosa que nos sucede, nuestro cerebro la lee e interpreta. Y decide. Cada día, tomamos una cantidad enorme de decisiones, sobre nuestras acciones pero, sobre todo, sobre nuestras percepciones. ¿Esto es algo positivo o negativo? ¿Conservo esta información o la desecho? ¿Participo o ignoro? Estas decisiones, estos pensamientos, se convierten en acciones que se convierten en costumbres que se convierten en nuestra naturaleza. Somos lo que hacemos de nosotros mismos. Somos lo que hacemos, lo que pensamos, lo que elegimos. Nosotros.
Por tanto, somos nosotros los que, por comodidad, por cansancio, por pereza, por lo que sea elegimos ser manipulados, elegimos no rebelarnos. Elegimos aceptar. Y ey, no pasa nada. Igual que "un caballero a veces tiene que dejarse engañar", a veces la decisión correcta es no oponerse. Yo soy muy dado a ahorrar energia e implicarme solo en conflictos que veo necesarios. En mi caso, mi "norma interna" es solo pelear aquellas que, o no puedo dejar pasar, o veo que el beneficio compensa de sobra el esfuerzo. Pero, y este es el detalle importante, intento ser muy consciente cuando cedo. Como decía mi madre, "no es que no me dé cuenta, es que elijo no darme cuenta" (bueno, mi madre decía algo del tipo "no es que no sepa lo que hacéis, es que hago como que no lo sé". Lo cual es como muy de madre, esa presunción de omnipotencia para poseer una superioridad moral que no acabo de entender, pero patatas). Así que, al menos en mi caso, cuando actuo como oveja suele ser porque yo lo elijo. Porque me conviene ser oveja. Eso de "no tengo más remedio" no lo compro. La constitución alemana, debido a la experiencia del nazismo, lo deja muy claro. Tanto la acción como la omisión son decisiones individuales y conscientes y no pueden ser excusadas. O como dicen las reales ordenanzas de las fuerzas armadas en su artículo 48 (soy un friki de estas cosas): "En todo caso asumirá la grave responsabilidad de su acción u omisión".
Pero ojo, y este es un detalle importante. Elegimos. Llevamos mucho en una dinamica pasiva, de "es lo que hay" o como dice una amiga mía "es lo que me ha tocado". No. Si tu trabajo te explota, puedes dejarlo. Pero no solo si te explota: si no te gusta. Si quieres dedicarte a hacer pulseras en la playa, hazlo. Quizás no tengas para pagar el piso y en ese caso, las consecuencias de tus decisiones deberán ser asumidas por ti. Pero eliges. El ejemplo es un poco exagerado, pero cierto.
Además hay otro detalle más del que Jose Carlos Ruiz habla mucho (muy recomendado). La comunidad. Una cantidad enorme del cerebro humano está diseñado para su socialización. Nuestras acciones tienen consecuencias entre la gente que nos rodea y esa consciencia es tanto positiva como negativa. No somos islas. Y muchas veces, podemos contar con nuestro entorno y debemos hacerlo. No pasa nada por pedir ayuda. La gente que nos quiere nos quiere ver felz y va a trabajar para ello. Acciones, no palabras. Y esas acciones, no palabras, nos van a permitir, desde una posición de oveja, ser lobo. No hay que decir que sí a todo. De hecho no hay que decir que sí a nada que realmente no queramos decir que sí, y esto es importante.
Nuestra libertad es un privilegio. La capacidad de elegir es un privilegio. Y como tal hay que protegerlo, defenderlo, desarrollarlo. Hay que insistir en esto, tanto para nosotros como para los que nos rodean. Elegid. Pero elegid siendo conscientes, maldita sea.
P.D: Quería haber hablado de como los algoritmos condicionan nuestra opinión y como nos dejamos manipular y he acabado hablando de ni sé que. Voy a salir a que me dé el aire. Veinticuatro horas encerrado en casa y dos días sin hablar cara a cara con alguien es demasiado, hay que salir al mundo.
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