Decía un psicologo que conozco a una amiga que: "A veces, tienes que elegir entre tener razón o tener pareja". Lo mismo se aplica con los amigos. A veces, uno tiene que saber cuando callarse y dejar de insistir con un tema, o cuando encogerse de hombros y decir "pues sí, claro, debe ser así". A veces, un padre tiene que dejar que su hijo se estrelle para que aprenda y, a veces, no tenemos ni puñetera idea de lo que estamos diciendo y lo mejor que podemos hacer es callarnos. Con lo que, como decía el refrán, si la palabra es plata, el silencio es oro.
Eso en cuanto a que decir y que no. Pero también en cuanto a que esperar. Hace años me hicieron dar una conferencia sobre la frase "la diferencia entre la amistad y el compañerismo es que la primera busca reciprocidad, y la segunda no". Es cierto. Uno actua como un compañero porque es lo correcto, guiado por la convención social que guia lo que un compañero debe ser, y el convencimiento personal que impulsa a uno a seguir dicha convención. A actuar correctamente, aunque nadie mire (volviendo a citar a los estoicos). En cambio, la amistad busca reciprocidad. Uno da para recibir, no en terminos lineales ni matemáticos, sino en terminos cuantitativos y emocionales. Por eso, algunas relaciones que vistas desde fuera podrían parecer abusivas, tienen una dinamica interna muy sana que hace felices a ambas partes. Bueno, sin exagerar. Que va a parecer que estoy yo aquí recomendando a la gente que se deje fustigar y tampoco es eso.
Uy. Acabo de dar en el clavo sin querer. (Je, que bien me ha salido). ¿Fustigarse? ¿Por qué?
Os voy a poner un ejemplo. Hace muchos años, cuando conocí a una persona, me molestaba que siempre era yo quién comenzaba el dialogo. Esa persona nunca me escribía, ni me llamaba, ni me proponía nada. Y hablandolo con Vicen, me dijo "a ver Ale, tu quieres quedar? Pues queda". Al fin y al cabo, era una dinámica interna de nuestra relación. Por lo que fuera, esa persona no se sentía comoda siendo la que arrancara. Bueno, pues arranco yo. No pasa nada. Claro que la percepción de maltrato, de ser siempre el que da y nunca el que recibe, es el origen de un desequilibrio que puede lastimar la relación. Y es importante entender, super importante, que nadie da lo que no tiene. Que, como me dijera Carabot en su momento, damos porque nos gusta dar. Y eso está bien y es una ventaja, hace que sea muy fácil y muy cómodo llevarse bien con gente como nosotros.
Pero abre la puerta al abuso. Al desequilibrio. La gente no valora lo que obtiene facilmente. Con lo que primero debemos cuestionarnos nuestra valía propia, recordarnos a nosotros mismos que somos importantes, que damos mucho al mundo. Y encontrar el equilibrio entre el ego y el amor propio, ese punto "sano", en el cual no nos creemos Cristiano Ronaldo, pero tampoco nos dejamos pisotear. El antiguo lema de Ira, "yo me merezco algo mejor". No porque sea increíble, sino porque quiero mejorar yo y, al igual que quiero mejorar yo, quiero que mi mundo, mi gente, mi entorno, mejore. Y en ese espacio de mejora es donde podemos disfrutar, crecer, sentirnos bien.
Yo me doy cuenta de que, a veces, me monto peliculas que no tienen que ver con la realidad. Nos pasa a muchisimos tíos, confundimos el cariño con el interes y el interes con otra cosa. Y no tiene nada que ver. La gente puede apreciarte mucho, valorarte de una forma intensa, sin comprometerse. Además, repito, cada uno da lo que tiene. Y hay gente que tiene muchos, muchos problemas personales y emocionales que le impiden comunicarse en tu idioma. Por así decirlo, es gente que vive con una vocal menos. Y claro, eso no lo percibe más que la gente que tiene una relación muy intensa, muy próxima y muy sensible con ellos. Además de que, a veces, tener una vocal menos es super atractivo, crea un acento fascinante, lo que sea.
Es importante entender los terminos en los que nos movemos. Y como digo siempre, tener muy claro nuestro dialogo interno para poder establecer un dialogo externo útil, bueno, que permita crecimiento. Vamos a mejorar el lenguaje. Vamos a ser felices.
Cuidaros mucho.
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