martes, 1 de julio de 2014
Bebí de tu sangre
Me enterré en tus palabras, marché a la deriva, me hundí en tus pesadillas. Enterré el brazo hasta el codo en tus tibias entrañas y saboreé la sonrisa agridulce que se te escurría por las mejillas. ¿Eran lagrimas lo que saboreé en tu lengua? No lo sé. No quise saberlo. Estaba demasiado ocupado abrazandome a mi mismo, como tu lo estabas saltando de tu interior, haciendo un invertido desde la bisectriz de tus piernas hasta detrás de tu nuca. Y la oscuridad, esa oscuridad espesa como pez, pegajosa como alquitrán, ya nunca te abandonaría. Se quedó como una segunda piel, y ahí me quedé pegado, enterrado. Debí retirar el brazo cuando aún podía haberlo hecho.
La sombra corría detrás de mis talones. Me infectó, claro. Dicen que tienes, veneno en la piel... es mentira. Está en tu sangre. En tu alma, en tu mirada infecciosa. Todos tus mordiscos curaron... o no. Pero desde entonces, nada me sabe igual y no me conformo. ¿Y de qué sirve todo esto? Son noches profundas, son noches que se estiran hasta el infinito. Y la espada tiembla en mi mano.
Antes no había una espada. Solo una mochila y un perro a mi lado. Pero han pasado muchas cosas. Mis pies están gastados y hojas de pino se han pegado a mi mochila. Tengo las manos suaves. ¿Quién lo iba a decir? Me volví blando y me volví quebradizo, como hojas de papiro que el viento se lleva. ¿A qué sabe el viento? No lo sé. Lo saboreé como las serpientes, asomando y escondiendo la lengua, solo para darme cuenta de que ya no la tenía. Entre mis dedos me convertí en un muñeco de barro, y el barro cuando se seca se convierte en polvo.Y ahora... ahora de repente siento el fuego entre mis manos. Hijo perdido de Icaro, ¿pudiste tocar el cielo? Pero ya nada sabe igual.
Antes llovía. Llovía y llovía y parecía que el mundo no iba a dejar de ver llover nunca. Ahora tienes el recuerdo de la lluvia. Que te ha limpiado la piel, pero no el recuerdo de la oscuridad. Y mientras los días se prolongan y el recuerdo se mezcla, se diluye, te sientes afortunado de reconocer algo que escuchaste en el Cuervo.
No llueve para siempre
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