lunes, 9 de enero de 2017

¿Y si al final no hay nadie?


Los seres humanos entendemos las cosas en dos niveles, el intelectual y el emocional. El intelectual es el proceso mental lógico, el de "ajá". Por ejemplo, todos entendemos a nivel intelectual que nuestros padres se van a morir. Tarde o temprano. Es ley de vida. En cambio, nunca lo entendemos a nivel emocional. "Tarde o temprano" no es una fecha. Por eso cuando llega el momento de la verdad, lloramos y decimos "¡ no puede ser!", aunque intelectualmente lo tenemos clarisimo.
El otro día hablaba con sita Silvia sobre lo raros que somos y lo difícil que es que encontremos gente de nuestro palo. Ayer, hablando con sita Coline sobre el tema de la belleza, me daba cuenta de que mi problema es la falta de empatia, de... savoir faire. Y hoy, mientras pintaba miniaturas, estaba pensando en buscarme un club de jugadores de rol. Y se me ocurrió que... no quiero jugar la clasica aventura de dungeons. Tampoco quiero ponerme a jugar a juegos de mesa. Ni en general, quiero hacer nada que no me apetezca.
Entonces se me encendió la bombilla. Eureka. Así que al final me voy a quedar solo para siempre.
Ojo.  Que esto no es de ahora. Llevo bastante tiempo siendo consciente de ello. Pero siendo consciente a un nivel intelectual, sin aplicarle emociones al tema. Inconscientemente, he seguido buscando alguien que me rescatara. He viajado por Europa, he sentido emociones. He seguido intentandolo. Porque si algo no te gusta está en ti cambiarlo, y la forma de cambiarlo es hacer algo. No puedes quedarte parado esperando a que pase algo.
O sí. O quizás ha llegado el momento de dejar de hacer tanto el tonto. El otro día en el tren conocí a una mujer muy amable que me dijo precisamente eso. Que las cosas pasan cuando uno menos se lo espera y que no hay que buscarlo. Y pensandolo friamente, tampoco pasa nada por seguir viviendo como hasta ahora. Pero sin buscarlo. Con más tiempo para deporte, para leer, para pintar, para estudiar. Para probar otras cosas, sin que el concepto "chicas" esté ahí.
Para salvarme a mi mismo. Que ya va siendo hora, demonios. Así que a por ello. A vivir... sabiendo que al final, puede que no haya nadie. Y que está bien así.

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