domingo, 27 de enero de 2019

Gente que juzga


Ayer me encontré una situación curiosa. Estaba todo el mundo con el tema del niño este que se cayó de un pozo y murió. Llevo un par de semanas, entre el trabajo y recuperar mi vida, en las cuales apenas tengo tiempo para nada. No leo las noticias ni me informo de nada. Y esta historia me ha pasado un poco por debajo del radar.
Así que mi reacción, ajeno a toda la carga emocional de la historia, fue la de "no quiero ser un insensible pero... ¿y a mí qué?".
Reconozco que fue bastante brutal y bastante insensible. Pero yo sabía lo que me hacía. Porque la reacción, por parte de mi colega que es un tío paciente, fue elegante. "En algunas cosas no estamos de acuerdo". Y fue buena. Otra persona me habría crucificado. Y probablemente lo estén haciendo en algún sitio, seguro. Quizás incluso ud que lee esto, si es que aún hay alguien que lo lea.

No quiero ser mala persona. Pero la forma en que nos vemos sometidos a bombardeos emocionales y a manipulación me ofende. Me resulta insultante. ¿Por qué tengo que emocionarme con lo que los medios y la sociedad dicen que lo haga? ¿Donde está mi libertad de elección o mi criterio personal? Existen determinadas cuestiones que son propias del espíritu colectivo. Pero los medios de comunicación establecen una barrera de proximidad. Cuando Arslan murió, sacudió al mundo porque era alguien con quién podíamos sentirnos identificados. El tribalismo sigue funcionando muy fuerte en nuestros cerebros de primate. Así que nos muestran a un niño que puede morir y todos vemos a ese niño que conocemos y queremos.
Y ey, me parece bien. Pero también me parece bien la gente que no siente una implicación emocional con esta noticia. La presión de lo políticamente correcto y de los medios en general, metidos ya en tu vida a tope (no tengo Twitter ni maldita la gana que tengo) te obligan a tomar partido. El grado en el cual somos juzgados ya ha llegado a un punto de fanatismo. Y yo soy un don nadie, no me quiero imaginar la presión que debe soportar una figura pública, sometido al escrutinio de toda esa gente que no tiene nada mejor que hacer que decirles a los demás como tienen que vivir, sentir, pensar. Que cansado.


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