Hoy, asomandome al Facebook, he visto algo que me ha sorprendido bastante y aún estoy procesando. Yo participo de una comunidad de jugadores de wargames históricos, un tanto friki, y dentro de esa comunidad hay ciertos "nombres de referencia". Como en cualquier grupo que lleva mucho tiempo, hay gente que aparece una y otra vez. El caso es que hoy han puesto un artículo de prensa sobre "wargames desde el asilo". Y efectivamente, uno de los dos entrevistados era un jugador de la comunidad.
Y de repente, eso te hace plantearte cosas. Quiero decir, damos por hecho que todo el mundo tiene una vida más o menos regular, normal... y entonces pasa algo como esto y te sorprende. Alguien que vive en una residencia. Tenemos el prejuicio, probablemente cierto, de que las residencias son sitios tristes, donde va uno que no tiene familia ni amigos que lo cuiden. Una especie de... cómoda humana, donde vas dejando a esas personas que no son importantes para ti o que, por desgracia, están solos. Y es una tragedia. Tenemos esa idea totalmente interiorizada, hasta el punto de que en mi familia por ejemplo se consideraría un destino atroz ser ingresado en una residencia de mayores.
Y de repente, te aparece este hombre. Alguien simpático, popular. Una figura de referencia en el juego. Y alguien que, probablemente, ha tenido una vida plena y aún está activo. Que va a torneos, que colabora con gente. Que lee, investiga, aprende, enseña. Y eso te hace replantearte cosas. Te recuerda que la vida no es éxito o fracaso, sino que hay una cantidad tremenda de situaciones intermedias. Y que, lo que para unos puede ser una tragedia que los deje abandonados y tristes, para otros es una gran oportunidad y algo que les abre al mundo.
A veces, tenemos que convertir nuestros problemas en oportunidades. Y eso me parece muy inspirador. Gracias al que subió el artículo y gracias a vosotros, si habéis leido hasta aquí. Me siento bien por el colega.
viernes, 17 de junio de 2022
sábado, 11 de junio de 2022
Diseño inteligente
El otro día estaba pensando que, cuando nacemos, venimos de serie con unos "huecos" a ir rellenando por la vida. Pero nuestra configuración, nuestro carácter, nuestra herencia... ya nos predisponen a ciertas formas que irán a encajar en esos huecos. Existe una parte de nuestra historia que viene predefinida por quienes venimos a ser y luego los acontecimientos van conformandola. Por ejemplo, yo soy una persona testaruda y voluntariosa. Lo fui siempre. Pero de pequeño, mi familia me educó para reafirmar esos rasgos y más adelante, la vida me fue colocando pruebas en las cuales mi carácter les daba salida, haciendo que esos rasgos fueran aún más marcados.
O como he dicho en otras ocasiones en este blog, el éxito conlleva su propia inercia, que lo único que hace es agrandar el surco que nos construimos a nosotros mismos. Desde debajo de esa fosa, cada vez con paredes más altas, vemos más a lo lejos y estamos más seguros del suelo que pisamos, pero a la vez se nos cierran opciones que aparecerían de otra forma.
Yo pienso que mi hermano, en cierto sentido, fue uno de esos rasgos. Yo fui un niño solitario que no tenía muchos amigos, que era "raro". Y siempre quise un hermano, alguien con quién poder compartir. El hecho de que mi hermano naciera con problemas no me limitó sino que, al revés, hizo que este rasgo fuera aún más acusado. Yo estaba "diseñado" para ser alguien que cuida de los demás, y el hecho de que mi hermano necesitara a alguien solo hizo que dicho rasgo se acentuara más. ¿Lo atribuimos al destino o a nuestro carácter? ¿A que las cosas suceden porque tienen que suceder, o a que nosotros interpretamos las cosas conforme a nuestro carácter y así ajustamos la narrativa?
Creo que son ambas. Y que del éxito que tengamos en reconducir nuestro dialogo interno con el externo, de forma que exista una cierta compatibilidad entre ambos, depende buena parte de nuestro éxito y felicidad.
O como he dicho en otras ocasiones en este blog, el éxito conlleva su propia inercia, que lo único que hace es agrandar el surco que nos construimos a nosotros mismos. Desde debajo de esa fosa, cada vez con paredes más altas, vemos más a lo lejos y estamos más seguros del suelo que pisamos, pero a la vez se nos cierran opciones que aparecerían de otra forma.
Yo pienso que mi hermano, en cierto sentido, fue uno de esos rasgos. Yo fui un niño solitario que no tenía muchos amigos, que era "raro". Y siempre quise un hermano, alguien con quién poder compartir. El hecho de que mi hermano naciera con problemas no me limitó sino que, al revés, hizo que este rasgo fuera aún más acusado. Yo estaba "diseñado" para ser alguien que cuida de los demás, y el hecho de que mi hermano necesitara a alguien solo hizo que dicho rasgo se acentuara más. ¿Lo atribuimos al destino o a nuestro carácter? ¿A que las cosas suceden porque tienen que suceder, o a que nosotros interpretamos las cosas conforme a nuestro carácter y así ajustamos la narrativa?
Creo que son ambas. Y que del éxito que tengamos en reconducir nuestro dialogo interno con el externo, de forma que exista una cierta compatibilidad entre ambos, depende buena parte de nuestro éxito y felicidad.
miércoles, 8 de junio de 2022
Sobre el verbo "tener"
En estos tiempos de materialismo salvaje, consumismo feroz y prisas, es interesante reflexionar sobre como todo es temporal y las cosas, nuestras emociones, nosotros mismos, pasamos. Como "tenemos tiempo", "tenemos una casa" y "tenemos amigos" son instantes en el tiempo, congelados en una gota de ambar.
Pero no son reales. Si algo he aprendido mudandome tanto es que todo fluye y cambia y que, nuestra capacidad para alterar el entorno, está directamente relacionada con ese entorno. No hay recursos ilimitados y el espacio entre esos recursos, el tiempo y nuestra voluntad, es lo que permite producir efectos. No "tenemos" amigos. Coincidimos con personas en un determinado entorno y construimos relaciones, que como seres vivos nacen, crecen, se reproducen (o no) y mueren. Tampoco "tenemos" una casa, sino que la ocupamos temporalmente. Cuando nosotros muramos alguien tendrá esa casa o antes se caerá. Todo fluye, todo está en constante movimiento y seguimos, tozudos, decididos a parar el tiempo. Que precisamente es lo único que no tenemos, porque va constantemene hacia delante, tic tac tic tac.
Y curiosamente, esa es una de nuestras mayores angustias. "Que se nos pase el arroz". La consciencia de que, a nuestro alrededor, están pasando multitud de cosas de las que no somos partícipes. ¿Y? Decía un general que todo soldado controla solo la tierra que tiene bajo sus botas. No podemos abarcar el espacio y el tiempo; somos una gota en el mar de la experiencia humana. Y cada decisión que tomamos nos aparta de otras, pero esa decisión existe en nuestra realidad, en lo que alcanzan nuestros brazos. ¿Queremos estar en cinco sitios a la vez? Mal vamos.
Llevo un par de semanas hablando con un amigo sobre el conflicto que produce el deseo. Y ojo, no uso la palabra "amigo" de forma ligera. Es alguien que, sin tener porqué, ha tendido la mano hacia mi y me ha ayudado de muchas y muy diversas maneras. Es alguien a quién quiero (hola Toño tío). Este es otro conflicto sobre el verbo "tener". ¿Tengo ganas de algo? Los antiguos griegos creían que sus pensamientos no eran suyos, sino que estaban inspirados por los dioses. Es decir, que cuando querían a alguien no era porque ellos lo sintieran, sino porque Afrodita los había inspirado. Repito la pregunta. ¿Tengo ganas de algo? Una serie compleja de procesos químicos, antecedentes psicológicos y movidas raras hacen que nos sintamos impulsados en un sentido o en otro. El querer algo es natural y bueno, es la ambición lo que nos mueve y el ansia de transformar nuestro entorno. Pero querer algo demasiado nos frustra, nos angustia, nos limita. ¿Es posible ser felices? ¿Hay un espacio entre el deseo y la frustración?
Lo hay, claro. Como en todo, la clave está en el equilibrio (tengo que leer más a Marco Aurelio). La clave es dialogar y entender que, igual que no "tenemos" amigos o una casa, tampoco "tenemos" ganas. Queremos algo pero... ¿por qué? Una vez entendemos el origen del impulso, podemos determinar si es positivo o negativo e intentar modularlo hasta cierto punto. Al igual que los ayunos intermitentes ayudan a equilibrar nuestro intestino, la gestión de la frustración nos ayuda a conocernos a nosotros mismos. ¿Demasiado disciplinado? Esa es mi solución, pero cada uno debe encontrar el camino a su dialogo interno. Y una vez eres capaz de hablar contigo mismo y conocerte, de repente, todo empieza a ser comprensible.
O a tener sentido.
Buenas noches/dias y gracias
Pero no son reales. Si algo he aprendido mudandome tanto es que todo fluye y cambia y que, nuestra capacidad para alterar el entorno, está directamente relacionada con ese entorno. No hay recursos ilimitados y el espacio entre esos recursos, el tiempo y nuestra voluntad, es lo que permite producir efectos. No "tenemos" amigos. Coincidimos con personas en un determinado entorno y construimos relaciones, que como seres vivos nacen, crecen, se reproducen (o no) y mueren. Tampoco "tenemos" una casa, sino que la ocupamos temporalmente. Cuando nosotros muramos alguien tendrá esa casa o antes se caerá. Todo fluye, todo está en constante movimiento y seguimos, tozudos, decididos a parar el tiempo. Que precisamente es lo único que no tenemos, porque va constantemene hacia delante, tic tac tic tac.
Y curiosamente, esa es una de nuestras mayores angustias. "Que se nos pase el arroz". La consciencia de que, a nuestro alrededor, están pasando multitud de cosas de las que no somos partícipes. ¿Y? Decía un general que todo soldado controla solo la tierra que tiene bajo sus botas. No podemos abarcar el espacio y el tiempo; somos una gota en el mar de la experiencia humana. Y cada decisión que tomamos nos aparta de otras, pero esa decisión existe en nuestra realidad, en lo que alcanzan nuestros brazos. ¿Queremos estar en cinco sitios a la vez? Mal vamos.
Llevo un par de semanas hablando con un amigo sobre el conflicto que produce el deseo. Y ojo, no uso la palabra "amigo" de forma ligera. Es alguien que, sin tener porqué, ha tendido la mano hacia mi y me ha ayudado de muchas y muy diversas maneras. Es alguien a quién quiero (hola Toño tío). Este es otro conflicto sobre el verbo "tener". ¿Tengo ganas de algo? Los antiguos griegos creían que sus pensamientos no eran suyos, sino que estaban inspirados por los dioses. Es decir, que cuando querían a alguien no era porque ellos lo sintieran, sino porque Afrodita los había inspirado. Repito la pregunta. ¿Tengo ganas de algo? Una serie compleja de procesos químicos, antecedentes psicológicos y movidas raras hacen que nos sintamos impulsados en un sentido o en otro. El querer algo es natural y bueno, es la ambición lo que nos mueve y el ansia de transformar nuestro entorno. Pero querer algo demasiado nos frustra, nos angustia, nos limita. ¿Es posible ser felices? ¿Hay un espacio entre el deseo y la frustración?
Lo hay, claro. Como en todo, la clave está en el equilibrio (tengo que leer más a Marco Aurelio). La clave es dialogar y entender que, igual que no "tenemos" amigos o una casa, tampoco "tenemos" ganas. Queremos algo pero... ¿por qué? Una vez entendemos el origen del impulso, podemos determinar si es positivo o negativo e intentar modularlo hasta cierto punto. Al igual que los ayunos intermitentes ayudan a equilibrar nuestro intestino, la gestión de la frustración nos ayuda a conocernos a nosotros mismos. ¿Demasiado disciplinado? Esa es mi solución, pero cada uno debe encontrar el camino a su dialogo interno. Y una vez eres capaz de hablar contigo mismo y conocerte, de repente, todo empieza a ser comprensible.
O a tener sentido.
Buenas noches/dias y gracias
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)