sábado, 11 de junio de 2022

Diseño inteligente

El otro día estaba pensando que, cuando nacemos, venimos de serie con unos "huecos" a ir rellenando por la vida. Pero nuestra configuración, nuestro carácter, nuestra herencia... ya nos predisponen a ciertas formas que irán a encajar en esos huecos. Existe una parte de nuestra historia que viene predefinida por quienes venimos a ser y luego los acontecimientos van conformandola. Por ejemplo, yo soy una persona testaruda y voluntariosa. Lo fui siempre. Pero de pequeño, mi familia me educó para reafirmar esos rasgos y más adelante, la vida me fue colocando pruebas en las cuales mi carácter les daba salida, haciendo que esos rasgos fueran aún más marcados.
O como he dicho en otras ocasiones en este blog, el éxito conlleva su propia inercia, que lo único que hace es agrandar el surco que nos construimos a nosotros mismos. Desde debajo de esa fosa, cada vez con paredes más altas, vemos más a lo lejos y estamos más seguros del suelo que pisamos, pero a la vez se nos cierran opciones que aparecerían de otra forma.

Yo pienso que mi hermano, en cierto sentido, fue uno de esos rasgos. Yo fui un niño solitario que no tenía muchos amigos, que era "raro". Y siempre quise un hermano, alguien con quién poder compartir. El hecho de que mi hermano naciera con problemas no me limitó sino que, al revés, hizo que este rasgo fuera aún más acusado. Yo estaba "diseñado" para ser alguien que cuida de los demás, y el hecho de que mi hermano necesitara a alguien solo hizo que dicho rasgo se acentuara más. ¿Lo atribuimos al destino o a nuestro carácter? ¿A que las cosas suceden porque tienen que suceder, o a que nosotros interpretamos las cosas conforme a nuestro carácter y así ajustamos la narrativa?
Creo que son ambas. Y que del éxito que tengamos en reconducir nuestro dialogo interno con el externo, de forma que exista una cierta compatibilidad entre ambos, depende buena parte de nuestro éxito y felicidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario