viernes, 24 de marzo de 2023

Ayn Rand y Marx

Hace un momento estaba comentando con un amigo una cita de Asimov. Aquella que dice "... nutrida por la falsa noción de que la democracia significa: mi ignorancia es tan buena como tu conocimiento". El caso es que he pensado en Asimov y en Ayn Rand, elementos surgidos "a pesar de" la Revolución de Octubre en la Unión Soviética. Herederos de una cultura enorme, de una minoria intelectual formada en unos valores muy concretos en un entorno salvaje que, de repente, dejó de existir. Como hijos de pianistas de élite criados en un entorno donde a los malos músicos los sacrificaban, a los que de repente trasladan a un bosque, Rand y Asimov tuvieron que reinventarse y adaptarse. Ambos son genios, creadores de obras fantásticas en un entorno muy hostil a su carácter y su forma de vida.
Pero este artículo no trata sobre eso. Quería reflexionar sobre "El Manantial", esa obra de Rand que es un libro de culto en Ucrania y otros países, antaño comunistas. "El Manantial" es un culto al individuo contra la sociedad y uno de los hitos fundamentales en la ideología de Rand, que es el estandarte del liberalismo. Rand defendía la fortaleza del genio individual contra el deseo de satisfacer de la masa, ese monstruo horrible. Así mismo, Rand condenaba al Estado, considerandolo una herramienta uniformadora que destruía el talento humano.
En su tercera edad, Rand contrajo una grave enfermedad y se vio obligada a solicitar ayuda social. El Estado, que tanto despreciaba, le proporcionó cuidados y apoyo durante años hasta que finalmente falleció.
¿Por qué menciono a Marx en este artículo? Karl Marx pertenecía al mismo grupo que Asimov y Rand, si bien los separaba un siglo. Al igual que Rand, Marx desarrolló una intensisima labor intelectual y elaboró obras literarias de gran calidad. Al contrario que Rand, Marx defendía al Estado como limitador de abusos y denunciaba la maldad del individuo. De igual forma que Hobbes y Rosseau se enfrentan por la cuestión del origen de la bondad humana (uno dice que la socialización es el origen de la bondad, siendo el ser humano por naturaleza perverso y otro dice lo contrario), Rand y Marx aportan signos antagonistas al conflicto inherente a la interacción social humana. Marx dice que dicha relación consiste en dominados y dominadores y Rand la sitúa en terminos similares al superhombre nihilista contra el sacerdote. Si bien en el caso de Rand el monstruo es el Estado, en el de Marx el monstruo es una clase capitalista explotadora, que no produce sino solo posee, y que expolia el trabajo de hombres mejores que ellos.
Marx vivió toda su vida pensionado por diferentes amigos capitalistas. No realizó ningún trabajo manual en su vida.
Tanto Marx como Rand, comparten un elemento que me resulta fascinante y es el motivo de este artículo. Ambos fueron profetas de religiones que no pudieron llegar a conocer y que, de haberlo hecho, probablemente les habrían horrorizados. Ambos pregonaban formas de socialización que ignoraban aspectos fundamentales de la naturaleza humana (como la codicia, el egoísmo, el nepotismo o la senilidad), pero que en su radicalidad, en su absoluto, resultan extremandamente atractivas. Esa simplificación, que tanto fascina a personas que no están dispuestas a profundizar en una línea de pensamiento (hay una Ley de Murphy que dice "Todo hombre está dispuesto a morir por una idea, siempre y cuando no la tenga demasiado clara") es el elemento fundamental de las religiones (y las guerras de religión) que posteriormente surgirían de estos dos profetas.
Voy a hacer un apunte curioso. Es el entorno, siempre, el que condiciona las formas de organización humana. Los primeros estados que surgen en Mesopotamia lo hacen en torno a un elemento fundamental para la supervivencia; el regadío. Un ser humano no se agrupa con otros seres humanos por un sentimiento o una idea... sino por algo que está inserto en nuestro codigo genético; la necesidad de cooperar para multiplicar esfuerzos. Un tema recurrente en este blog, la Globalización, surge por una mera cuestión de eficiencia. Detrás de cada cambio tecnológico hay un deseo de mejorar, un deseo ajeno a consideraciones éticas y morales, que, al igual que las religiones, deben pasar por el crisol de su aplicación práctica.
No quiero terminar este artículo sin hacer una reflexión que creo es interesante. La filosofía (que es la rama de Marx y de Rand, por mucho que algunos quieran considerar que lo son las Ciencias Políticas), es un entorno eminentemente teórico. Es el suelo en el que se siembran las ídeas. La política, por el contrario, es un entorno eminentemente práctico. Al igual que el Derecho, la política consiste en el arte de establecer compromisos, delimitado por las realidades, el lenguaje y la voluntad. Es decir, que la política es eminentemente práctica. Ambas deberían existir en convivencia, pero constamentemente fiscalizadas y puestas en duda. Si no, como dijera Goya, nos encontraremos con que el sueño de la razón produce monstruos.

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