Hace una semana, de vacaciones en Cádiz, pensaba que la vida era maravillosa. Cada día era una aventura y, el que no lo era, era el periodo de descanso. Estaba bien, contento. Me sentía rodeado de gente querida que me quería y, simplemente salir a la calle, hacía que me sintiera bien.
¿Qué ha cambiado en una semana? Principalmente, la perspectiva del presente y el futuro. La idea de que no decido, sino que soy impulsado. El "estrecharse el campo", que hace que cualquier plan se me plantee como demasiado difícil, como demasiado complicado. La constante negativa, que hace que ya casi desista uno de intentarlo, porque no tiene sentido seguir esforzandose.
La percepción de movimiento.
El futuro es ese gran desconocido que tenemos delante. Es lo que hay detrás de la colina y no podemos ni imaginar. Pero si miramos a nuestro alrededor, podemos ver pistas de como será ese futuro. Vemos si la colina tiene bosque o es desertica, si es muy empinada o suave. No podemos dirigir la nave, pero si entender un poco de nuestro entorno. Cuando pensamos en el futuro no como algo que estamos construyendo, sino como algo que nos viene impuesto empiezan los problemas. Que se aumentan cuando, eso que nos viene impuesto, no nos hace felices. Dando por satisfecho los níveles mínimos de la pirámide de Marslow, la felicidad humana se determina en base a su capacidad de decisión. Esa capacidad de decisión tiene una serie de limitadores claros, obvios. Y esos limitadores pueden producir frustración si no se procesan adecuadamente. Cuando nosotros tenemos un poco de idea de adonde vamos, la percepción de movimiento es suave y agradable. No tenemos prisa, porque disfrutamos del viaje. Pero cuando vamos a un sitio que no nos gusta o no vemos a donde vamos, el viaje se puede volver mucho más hostil.
Es necesario trabajar eso. Tenemos que encontrar una forma de procesar nuestras frustraciones que hagan que no renunciemos a la felicidad para ser nosotros mismos, que nos permitan crecer, explorar, sentir. Ser. En ese espacio de crecimiento, donde somos más y no tenemos miedo del futuro, es donde podemos ser felices.
Hay que entender que el futuro es lo que hay ahora y mejor. Y que lo será porque nosotros lo vamos a hacer.
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