martes, 2 de mayo de 2023

Cartas radioactivas


Hace un par de meses, en mi trabajo, hubo una situación muy desagradable que "explotó" con un email. Ese email lo imprimí y lo tengo en mi mesa, como recordatorio del carácter de determinadas personas. Por si se me olvida. Es una forma de advertencia, pero es una forma de advertencia dolorosa.
Hoy, repasando carpetas de fotos y recuerdos me he encontrado algo similar. Un email, muy ofensivo, que me mandó una persona a la que apreciaba mucho. Y en cierto sentido, ese email tiene el mismo carácter que el que está sobre mi mesa. Esos emails son escarificaciones, cicatrices, marcas de dolor que te recuerdan que algo pasó, para que nunca llegues a confiar del todo. Es algo parecido a un arnés; algo antinatural e incomódo, que condiciona tu comportamiento y tu postura, de forma que nunca te llegues a poner del todo derecho.
Lo entiendo. Tiene sentido. Pero la gente, las dinamicas y las situaciones, cambian. Y mantener esa desconfianza, ese... "dolor embotellado", no creo que sea bueno. Aprender a exponerse demasiado, a evitar situaciones en las que los puedan lastimar a uno... eso es importante. Conocer el carácter de la gente. Pero no creo que sea necesario esa forma de castigo. No quiero convertirme en una persona que, un día cualquiera, diga "claro, no puedo confiar en esta persona, porque hace dos años y tres meses me dijo...". Eso es venenoso. Te deforma por dentro.

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