Esta ha sido una semana bastante intensa emocionalmente. He tenido que navegar algunas cosas muy difíciles, empezando por una conversación acerca de quién soy y qué quiero en mi vida y otra sobre los desafíos que afronto y porqué parece que estoy atascado y siempre chocandome con la misma piedra.
En general, ha sido una semana complicada. Y a eso le hemos metido un viaje de tres días a Roma, loquísimo, porque ir a cualquier sitio desde aquí supone cuatro horas de viaje inicial MAS lo que tardes en llegar a donde sea. No hay viajes "cortos" aquí. No obstante lo cual, merece total y absolutamente la pena. Por un lado, porque el sitio este es horrible e irse de aquí ayuda a desconectar, ver la vida de otra manera y, en general, ser feliz. Por otro, porque el sitio al que hemos ido es maravilloso. Roma tiene todo lo bueno de Cádiz, excepto la playa, multiplicado por cincuenta. Uno puede pasear por donde quiera y simplemente asombrarse de lo bonito que es todo. Sentarse en cualquier sitio y ver gente hermosa y feliz pasando por allí. Uno puede aprender, simplemente estando. La luz el espacio el ritmo... es un sueño de ciudad. Khepri decía que es una de sus tres ciudades favoritas del mundo y le doy toda la razón. Me ha encantado, aunque entiendo que vivir allí no tiene nada que ver con ir de turista. Pero así y todo, me ha gustado muchísimo.
¿A qué viene lo de man up? Porque la vuelta, como es lógico, ha sido dura. El rebote es complicado. Y ayer se me hizo cuesta arriba, entre otras cosas porque tengo que reajustar mis horarios y dormí y comí mal y no hice ejercicio. No perdáis de vista esto; el cuerpo necesita movimiento. El caso es que ayer tuve una bronca porque yo, que me considero un tipo bastante flexible, resulta que no lo soy tanto. Y me rebelo y me quejo y protesto... luego lo hago, pero mi pataleta me la permito. Y es una tonteria. No sirve para nada, no aporta nada. Solo molesta a la gente que tengo cerca y me provoca frustración a mi. No ayuda, no suma.
Es importante entender que las cosas no son como nos gustaría. Y que uno tiene que enfocar la frustración que provoca verse mal a construir situaciones y cosas que nos hagan estar mejor. No tiene sentido decir algo como "pero a mí me gustaría poder quedar con mis amigos" o "yo quisiera tener vacaciones". Si no se puede, no se puede. Ya vendrán tiempos mejores. Es frustrante cuando uno ha invertido tanto esfuerzo e ilusión y se vé en la presente situación. Y es frustrante cuando uno acepta determinados compromisos y cede pero la otra parte no lo hace.
¿Y? Eso es la vida. No existe un trato justo, no hay un acuerdo. Uno hace lo que puede con lo que tiene, una vez y otra vez y otra vez. Uno renuncia a cosas para obtener otras, en la medida de sus posibilidades. Así que menos quejarse y más aceptar las cosas como son, disfrutar de la vida e intentar ser feliz con lo que se tiene. Si es dos días al mes, pues dos días al mes. Pero que sean buenos.
Cuidaros. Un abrazo fuerte.
lunes, 25 de noviembre de 2024
Roma eterna
Es curioso como un sitio te puede conectar contigo mismo. Y como, en un momento muy oscuro de tu vida, algo te recuerda las cosas buenas de la vida. Sol. Gente que se comunica. Espacio.
De alguna forma, Roma es volver a casa. Incluso el paisaje, ya recién te bajas del avión, recuerda más a Andalucia que a Castilla. Y como, de alguna forma, el estar a gusto, relajado, dormir... te permite reiniciar y encontrarte contigo mismo.
He amado Roma. Y espero algún día volver a ir.
De alguna forma, Roma es volver a casa. Incluso el paisaje, ya recién te bajas del avión, recuerda más a Andalucia que a Castilla. Y como, de alguna forma, el estar a gusto, relajado, dormir... te permite reiniciar y encontrarte contigo mismo.
He amado Roma. Y espero algún día volver a ir.
martes, 19 de noviembre de 2024
El problema del formato escrito
El otro dia me di cuenta de que tengo muchas más discusiones por escrito que hablando. Y ello se debe a que, cuando escribes, la expresión facial es totalmente subjetiva de la otra persona. Y esa otra persona, si tiene un caracter que tiende a pensar en negativo, siempre va a pensar que estas más enfadado/molesto/sarcastico de lo que probablemente estés.
Interesante como volcamos nuestros prejuicios a un choque que, en muchas ocasiones, es facilmente evitable simplmente relajandonos. De alguna forma, parece que el sentirnos "con razón" o justificados nos produce una sensación positiva, revitalizante. Es más fácil verse como la parte agraviada y dispuesta al choque, que encontrar puntos de acuerdo y solucionarlo. Quizás por eso ahora mismo estamos viviendo en una epoca en la que, si uno abre las noticias, las redes sociales o se asoma al mundo, lo más probable es que reciba una rafaga de negatividad.
Quién nos iba a decir que, ahora que tenemos acceso al mundo en apenas unos botones, lo que ibamos a entrega y recibir iba a ser tanta rabia, tristeza y frustración. Que curioso.
Interesante como volcamos nuestros prejuicios a un choque que, en muchas ocasiones, es facilmente evitable simplmente relajandonos. De alguna forma, parece que el sentirnos "con razón" o justificados nos produce una sensación positiva, revitalizante. Es más fácil verse como la parte agraviada y dispuesta al choque, que encontrar puntos de acuerdo y solucionarlo. Quizás por eso ahora mismo estamos viviendo en una epoca en la que, si uno abre las noticias, las redes sociales o se asoma al mundo, lo más probable es que reciba una rafaga de negatividad.
Quién nos iba a decir que, ahora que tenemos acceso al mundo en apenas unos botones, lo que ibamos a entrega y recibir iba a ser tanta rabia, tristeza y frustración. Que curioso.
domingo, 17 de noviembre de 2024
La clave es hablar
DAmos por hecho que la única solución a un problema es la acción unilateral, y eso no es cierto. En los casos en los que hay personas implicadas, la mejor solución a un problema suele ser escuchar. Luego hablar. Luego escuchar. Y repetir hasta que más o menos conseguimos armonizar el espacio. Una vez todos podemos poner de nuestra parte al problema, resulta que es mucho más fácil y se puede enfrentar de otra manera.
La acción me parece una solución solo ante crisis inevitables. Y me parece que un sistema de liderazgo en el cual, cuando suena una alarma, todos sabemos a quién mirar es un sistema que funciona. Pero cuando estamos haciendo un mantenimiento de rutina, es importante tener un "libro del destino" donde la gente apunte: "el dia X, esta pieza dio problemas por esto. Lo arreglamos asi", de forma que todos podemos beneficiarnos de la experiencia y el conocimiento comun. Cinco mentes piensan mejor que una.
¿Qué por qué digo esto? Porque ayer tuve una crisis muy gorda. El motivo fue mi punto de vista y mi forma de enfrentar las cosas. Y la solución fue mi punto de vista y mi forma de enfrentar las cosas. Pero si no puedes comunicarte en primer lugar contigo mismo, no puedes comunicarte con los demás. Si no sabes lo que quieres, es absurdo poner límites. Lo haces desde el ego "tengo que decir algo, así que hablo". No. Preguntate que tienes que aportar al dialogo común y habla solo si lo que vas a decir es más valioso que el silencio que vas a romper. Pero habla. Tu voz es valida y legitima y debe ser escuchada. Eres una persona. No una planta que está ahí al fondo, no un objeto que utilizar... eres una persona y tu voz es válida. Y las cosas que son importantes para ti, son importantes. La gente no tiene una bola de cristal, no tiene como adivinarlo. Defiende lo que es tuyo. Y al hacerlo, vas a establecer límites y eso va a ser dificil e incomodo para todos. Pero mejor. A la larga, es mejor saber quién eres, qué te gusta y como estar comodo en tu cuerpo, en tu cabeza, en tu vida.
Repito. Uno tiene que hablar, primero consigo mismo y luego con los demás. Más fuerte. Y que se escuche.
La acción me parece una solución solo ante crisis inevitables. Y me parece que un sistema de liderazgo en el cual, cuando suena una alarma, todos sabemos a quién mirar es un sistema que funciona. Pero cuando estamos haciendo un mantenimiento de rutina, es importante tener un "libro del destino" donde la gente apunte: "el dia X, esta pieza dio problemas por esto. Lo arreglamos asi", de forma que todos podemos beneficiarnos de la experiencia y el conocimiento comun. Cinco mentes piensan mejor que una.
¿Qué por qué digo esto? Porque ayer tuve una crisis muy gorda. El motivo fue mi punto de vista y mi forma de enfrentar las cosas. Y la solución fue mi punto de vista y mi forma de enfrentar las cosas. Pero si no puedes comunicarte en primer lugar contigo mismo, no puedes comunicarte con los demás. Si no sabes lo que quieres, es absurdo poner límites. Lo haces desde el ego "tengo que decir algo, así que hablo". No. Preguntate que tienes que aportar al dialogo común y habla solo si lo que vas a decir es más valioso que el silencio que vas a romper. Pero habla. Tu voz es valida y legitima y debe ser escuchada. Eres una persona. No una planta que está ahí al fondo, no un objeto que utilizar... eres una persona y tu voz es válida. Y las cosas que son importantes para ti, son importantes. La gente no tiene una bola de cristal, no tiene como adivinarlo. Defiende lo que es tuyo. Y al hacerlo, vas a establecer límites y eso va a ser dificil e incomodo para todos. Pero mejor. A la larga, es mejor saber quién eres, qué te gusta y como estar comodo en tu cuerpo, en tu cabeza, en tu vida.
Repito. Uno tiene que hablar, primero consigo mismo y luego con los demás. Más fuerte. Y que se escuche.
sábado, 16 de noviembre de 2024
No me entiendes
Es curioso, pero es una constante en mi vida. Ayer lo expliqué tal y como era; volví a tener quince años, a hablar super contento de algo que para mí era fascinante, y a recibir como respuesta un ¨¿vas a seguir hablando mucho? No me interesa".
Y de alguna forma, eso me duele más allá de lo que podrían decir las palabras. Supongo que porque yo también estoy muy solo. Me paso el día en el trabajo, con compañeros, pero no con amigos. La última vez que compartí una conversación sobre lo que me gusta, cara a cara, fue hace dos semanas en un trayecto de metro. La última vez que me senté con alguien a hablar de lo que me gusta, fue hace un mes y algo. Ojo, la semana pasada tuve un encuentro con amigos pero... no era yo el protagonista. Supongo que eso también es algo importante; llevo mucho tiempo, probablemente debido a las redes sociales, desarrollando una cierta necesidad de contacto uno contra uno (sí, ya sé que suena muy porno, perdón). Yo quedo con David y hablamos. Quedo con Sergio y hablamos. Quedo con... pero si somos varios, no me importa nada sentarme en la silla del fondo y ver como los demás hablan. Debe ser mi mentalidad de bajista. O quizás siempre he sido así y, ahora que hace mucho que no tengo un amigo con el que irme a pasear y hablar, se me nota más.
Que bichos más raros somos la gente. Cuando no tenemos algo lo queremos y cuando lo tenemos empezamos a querer otra cosa.
Pero sí. Ayer volví a sentirme como un adolescente al que nadie hace caso y a quién nadie entiende. Y lo peor es que no tiene solución. Nadie va a desarrollar una pasión por las cosas que me gustan a mi, salvo que me adore y quiera compartir todo conmigo. Y eso no va a pasar. Así que me toca hacerme a la idea de que soy quién soy y como soy, alimentarme a mi mismo y no exponerme otra vez. ¿Suena absurdo? Quizás. El riesgo de mostrar emociones es que, efectivamente, te expones a que te hagan daño. Y estoy aburrido de que me hagan daño.
El otro día comentaba que, quizás, en mi próximo periodo de descanso me vaya a Madrid. Y se reían. Sin entender, como he dicho muchísimas veces, que yo no tengo un problema con Madrid como ciudad. Yo tengo un problema con vivir en Madrid. ¿Como turista? Encantado. Me resulta muy curioso como la gente insiste en su versión, incluso cuando los hechos le demuestren que esa versión es falsa. Supongo que porque esa versión encaja en su narrativa, en su identidad y en su forma de ver el mundo. Y es más fácil creer que el político X es de tal manera, porque así me justifico, que aceptar el hecho que está delante de nuestros ojos. También hablaban ayer de eso en Evangelion. La cita de Marco Aurelio; todo lo que vemos es una percepción, todo lo que oímos es una opinión.
Pero maldita sea. Me gustaría que, por una vez, esa percepción y esa opinión fueran las mías.
Y de alguna forma, eso me duele más allá de lo que podrían decir las palabras. Supongo que porque yo también estoy muy solo. Me paso el día en el trabajo, con compañeros, pero no con amigos. La última vez que compartí una conversación sobre lo que me gusta, cara a cara, fue hace dos semanas en un trayecto de metro. La última vez que me senté con alguien a hablar de lo que me gusta, fue hace un mes y algo. Ojo, la semana pasada tuve un encuentro con amigos pero... no era yo el protagonista. Supongo que eso también es algo importante; llevo mucho tiempo, probablemente debido a las redes sociales, desarrollando una cierta necesidad de contacto uno contra uno (sí, ya sé que suena muy porno, perdón). Yo quedo con David y hablamos. Quedo con Sergio y hablamos. Quedo con... pero si somos varios, no me importa nada sentarme en la silla del fondo y ver como los demás hablan. Debe ser mi mentalidad de bajista. O quizás siempre he sido así y, ahora que hace mucho que no tengo un amigo con el que irme a pasear y hablar, se me nota más.
Que bichos más raros somos la gente. Cuando no tenemos algo lo queremos y cuando lo tenemos empezamos a querer otra cosa.
Pero sí. Ayer volví a sentirme como un adolescente al que nadie hace caso y a quién nadie entiende. Y lo peor es que no tiene solución. Nadie va a desarrollar una pasión por las cosas que me gustan a mi, salvo que me adore y quiera compartir todo conmigo. Y eso no va a pasar. Así que me toca hacerme a la idea de que soy quién soy y como soy, alimentarme a mi mismo y no exponerme otra vez. ¿Suena absurdo? Quizás. El riesgo de mostrar emociones es que, efectivamente, te expones a que te hagan daño. Y estoy aburrido de que me hagan daño.
El otro día comentaba que, quizás, en mi próximo periodo de descanso me vaya a Madrid. Y se reían. Sin entender, como he dicho muchísimas veces, que yo no tengo un problema con Madrid como ciudad. Yo tengo un problema con vivir en Madrid. ¿Como turista? Encantado. Me resulta muy curioso como la gente insiste en su versión, incluso cuando los hechos le demuestren que esa versión es falsa. Supongo que porque esa versión encaja en su narrativa, en su identidad y en su forma de ver el mundo. Y es más fácil creer que el político X es de tal manera, porque así me justifico, que aceptar el hecho que está delante de nuestros ojos. También hablaban ayer de eso en Evangelion. La cita de Marco Aurelio; todo lo que vemos es una percepción, todo lo que oímos es una opinión.
Pero maldita sea. Me gustaría que, por una vez, esa percepción y esa opinión fueran las mías.
El trabajo no me estimula
Hace unos dias un compañero me dijo una cosa que me dejó pensando y es el título de este artículo. Y en cierto sentido, una reflexión más amplia sobre un montón de cosas.
Os comento. Yo empecé a trabajar hace como... diecisiete años? Llevaba varios años buscando trabajo sin suerte. Cuando de repente empecé a recibir ingresos periodicamente, no me lo creía. ¡Que suerte la mía! Con todo lo que me había costado. Así que me dediqué a darlo todo, muy agradecido a una empresa que me permitía tener dinero. Y tenerlo de forma seguro. Con lo que podía proyectar mi vida; comprar cosas, hacer viajes. Incluso ahorrar. En su momento reuní dinero para una casa, para un coche. Y a lo largo de todos estos años, en ningún momento he perdido de vista esa sensación. La de que tengo muchísima suerte de tener un trabajo que me permita pagar cosas.
Con el tiempo, he entendido que es una relación en la que ambas partes salen beneficiadas y he "desarrollado caracter". Ya no acepto cualquier cosa. Entiendo como funciona el sistema por dentro. Sé que, cada organismo y departamento, detrás tiene personas. Pero sigo pensando, en mi interior, que soy muy afortunado de tener una profesión.
Entiendo que no todo el mundo tiene la misma experiencia. Y no todo el mundo tiene la misma visión de si mismo. Pero la frase aquella, la reflexión detrás, me resultó curiosisima. Precisamente en un momento y de una persona que tiene unas condiciones mucho más favorables que las mías. Supongo que eso también es un factor importante; cuando no te conformas buscas más, y cuando buscas más encuentras. En mi caso, reservo mis fuerzas para otros apartados de mi vida. Como decían ayer en Evangelion; el hombre se evade de una realidad que no le gusta. Eso es lo que he hecho durante años y no parece ir bien. Así que, si bien la frase del compañero me resultó absurda (¿estimularme? A mi me pagan. ¿Qué más quiero?), entiendo la mentalidad detrás de ella y quizás debería aprender. No es mala cosa aspirar a algo mejor, aunque ahora no sepa el qué.
Al final no ha sido sobre tantas cosas. Quería reflexionar sobre la ambición, sobre nuestras expectativas, sobre la familia, sobre el trabajo, sobre la vida. Pero me he distraido. Otro día será. Cuidaros mucho.
Os comento. Yo empecé a trabajar hace como... diecisiete años? Llevaba varios años buscando trabajo sin suerte. Cuando de repente empecé a recibir ingresos periodicamente, no me lo creía. ¡Que suerte la mía! Con todo lo que me había costado. Así que me dediqué a darlo todo, muy agradecido a una empresa que me permitía tener dinero. Y tenerlo de forma seguro. Con lo que podía proyectar mi vida; comprar cosas, hacer viajes. Incluso ahorrar. En su momento reuní dinero para una casa, para un coche. Y a lo largo de todos estos años, en ningún momento he perdido de vista esa sensación. La de que tengo muchísima suerte de tener un trabajo que me permita pagar cosas.
Con el tiempo, he entendido que es una relación en la que ambas partes salen beneficiadas y he "desarrollado caracter". Ya no acepto cualquier cosa. Entiendo como funciona el sistema por dentro. Sé que, cada organismo y departamento, detrás tiene personas. Pero sigo pensando, en mi interior, que soy muy afortunado de tener una profesión.
Entiendo que no todo el mundo tiene la misma experiencia. Y no todo el mundo tiene la misma visión de si mismo. Pero la frase aquella, la reflexión detrás, me resultó curiosisima. Precisamente en un momento y de una persona que tiene unas condiciones mucho más favorables que las mías. Supongo que eso también es un factor importante; cuando no te conformas buscas más, y cuando buscas más encuentras. En mi caso, reservo mis fuerzas para otros apartados de mi vida. Como decían ayer en Evangelion; el hombre se evade de una realidad que no le gusta. Eso es lo que he hecho durante años y no parece ir bien. Así que, si bien la frase del compañero me resultó absurda (¿estimularme? A mi me pagan. ¿Qué más quiero?), entiendo la mentalidad detrás de ella y quizás debería aprender. No es mala cosa aspirar a algo mejor, aunque ahora no sepa el qué.
Al final no ha sido sobre tantas cosas. Quería reflexionar sobre la ambición, sobre nuestras expectativas, sobre la familia, sobre el trabajo, sobre la vida. Pero me he distraido. Otro día será. Cuidaros mucho.
domingo, 10 de noviembre de 2024
Un buen amigo
Ayer tuve la suerte de sorprenderme ante la naturaleza generosa del ser humano. Ayer hice un viajecito, de esos que de alguna forma se han vuelto normales en mi vida y hace unos años me habría resultado una locura, para ir a jugar una partida. No hace tantos años, media hora de coche para jugar me parecía un desafío intolerable. Ahora, me paso dos horas entre metro, tren y gracias a que alguien me recoge no bus, para jugar. A un juego que ni siquiera me vuelve loco, pero es una buena excusa para quedar con la gente.
Y ahora, en retrospectiva, me doy cuenta de la increíble suerte que tengo. De ser admitido en una casa como uno más, de que me den de comer y de beber, que preparen una mesa magnifica. Que la rodeen de un grupo de gente amable, cariñosa, que te recibe como uno más y se preocupa porque estés bien e integrado. Que hacen un esfuerzo por hacerte sentir cómodo a ti, que vienes de fuera.
¿Y todo por qué? Pues porque hay una persona en el centro de todo, alguien que es un gran amigo y una mejor persona. Alguien que escucha y comprende, que apoya y ayuda. Alguien que se preocupa por los demás y quiere que todos estén bien. Que entiende que no es tu primer idioma, que el otro tiene dificultades, que este tiene cosas que no habla ni consigo mismo. Y durante un rato, todo desaparece y solo está el juego y las bromas y lo que pasa y la risa y los planes... y durante un rato, el mundo ahí fuera con su política, su oscuridad, sus facturas y sus problemas espera. Volverá, claro que volverá. Pero ahora no. Luego.
Ese es el regalo de la amistad. El refugio contra el frío, la soledad, la tristeza. Es un regalo generoso de tiempo, de espacio, de energía, hecho por alguien que es único y que actua como si no lo supiera. Ayer tuve la suerte tremenda de ser admitido en casa de Marc, en su familia, en sus amigos. Ayer vi su vida y él me dejó ser parte de ella. Y tengo una suerte increíble de haber conocido a alguien así, capaz de actuar de esa manera y que, por si fuera poco, me valora y aprecia mucho.
Recuerdo que hace años, Rafa decía que él era el unico de los españoles que trabajaban en Alemania que había sido invitado a una barbacoa en casa de uno de ellos. Que los había conocido jugando a muñequitos y eso había roto el hielo. Me resultaba curioso pero, ahora, no me parece tan raro. Ya llevo tres meses aquí y más o menos le he cogido el ritmo. Ya no me sorprende que la gente no hable en el trabajo; yo he dejado de hablar. Tampoco me sorprende que la gente conduzca como si le fuera la vida en ello; yo también lo he empezado a hacer. He dejado de querer hacer amigos; me encierro en mi mismo. Tampoco tengo gran interés por nada, la vida consiste en pasar un día detrás de otro y, cuando pueda, escaparme. Supongo que me he adaptado. Tres años en Madrid y ahora esto me han enseñado que la vida no es aquí ni ahora, sino muy lejos, con otra gente, en ese ratito para el que trabajas y ahorras durante semanas y meses. Vives cuando nadie mira, cuando estás lejos.
Por eso valoro tantísimo lo de ayer. Incluso aunque yo, que siempre he sido protagonista en estas cosas, actué más bien como espectador (culpa mía, debería haberme implicado más, tanto en el planeamiento como en la ejecución. Nadie me sacó del escenario, me saqué yo solo), conseguí disfrutar del momento y, sobre todo, sentirme comodo y a gusto. Incluso siendo "raro" y "extraño" (awkward y weird, que explican mejor como soy y me siento), fue un día muy agradable y me siento, de todo corazón, humilde y agradecido por haber sido bendecido con este amigo, un hombre único e increíble. Gracias. Muchísimas gracias.
Y ahora, en retrospectiva, me doy cuenta de la increíble suerte que tengo. De ser admitido en una casa como uno más, de que me den de comer y de beber, que preparen una mesa magnifica. Que la rodeen de un grupo de gente amable, cariñosa, que te recibe como uno más y se preocupa porque estés bien e integrado. Que hacen un esfuerzo por hacerte sentir cómodo a ti, que vienes de fuera.
¿Y todo por qué? Pues porque hay una persona en el centro de todo, alguien que es un gran amigo y una mejor persona. Alguien que escucha y comprende, que apoya y ayuda. Alguien que se preocupa por los demás y quiere que todos estén bien. Que entiende que no es tu primer idioma, que el otro tiene dificultades, que este tiene cosas que no habla ni consigo mismo. Y durante un rato, todo desaparece y solo está el juego y las bromas y lo que pasa y la risa y los planes... y durante un rato, el mundo ahí fuera con su política, su oscuridad, sus facturas y sus problemas espera. Volverá, claro que volverá. Pero ahora no. Luego.
Ese es el regalo de la amistad. El refugio contra el frío, la soledad, la tristeza. Es un regalo generoso de tiempo, de espacio, de energía, hecho por alguien que es único y que actua como si no lo supiera. Ayer tuve la suerte tremenda de ser admitido en casa de Marc, en su familia, en sus amigos. Ayer vi su vida y él me dejó ser parte de ella. Y tengo una suerte increíble de haber conocido a alguien así, capaz de actuar de esa manera y que, por si fuera poco, me valora y aprecia mucho.
Recuerdo que hace años, Rafa decía que él era el unico de los españoles que trabajaban en Alemania que había sido invitado a una barbacoa en casa de uno de ellos. Que los había conocido jugando a muñequitos y eso había roto el hielo. Me resultaba curioso pero, ahora, no me parece tan raro. Ya llevo tres meses aquí y más o menos le he cogido el ritmo. Ya no me sorprende que la gente no hable en el trabajo; yo he dejado de hablar. Tampoco me sorprende que la gente conduzca como si le fuera la vida en ello; yo también lo he empezado a hacer. He dejado de querer hacer amigos; me encierro en mi mismo. Tampoco tengo gran interés por nada, la vida consiste en pasar un día detrás de otro y, cuando pueda, escaparme. Supongo que me he adaptado. Tres años en Madrid y ahora esto me han enseñado que la vida no es aquí ni ahora, sino muy lejos, con otra gente, en ese ratito para el que trabajas y ahorras durante semanas y meses. Vives cuando nadie mira, cuando estás lejos.
Por eso valoro tantísimo lo de ayer. Incluso aunque yo, que siempre he sido protagonista en estas cosas, actué más bien como espectador (culpa mía, debería haberme implicado más, tanto en el planeamiento como en la ejecución. Nadie me sacó del escenario, me saqué yo solo), conseguí disfrutar del momento y, sobre todo, sentirme comodo y a gusto. Incluso siendo "raro" y "extraño" (awkward y weird, que explican mejor como soy y me siento), fue un día muy agradable y me siento, de todo corazón, humilde y agradecido por haber sido bendecido con este amigo, un hombre único e increíble. Gracias. Muchísimas gracias.
viernes, 8 de noviembre de 2024
Porque Infinity es el juego para gente como yo
Llevo unos dias, de hecho casi desde que me mude, muy encendido con Infinity. Es un buen juego, aunque me costó muchísimo aprenderlo. Me llevó casi un año saber más o menos lo que está pasando, y eso en Madrid, después de haber recibido palizas de gente que, en algunos casos, no merece ni la saliva que gastaría en escupirles. Y sin embargo, he seguido.
Por qué titulo este artículo como lo titulo? A ver, en primer lugar, el hecho de estar dedicando tanto esfuerzo y energia a algo es significativo. Jugar a muñequitos (tabletop wargaming, como le llaman aquí que es una cosa casi seria), es una parte importante de mi vida. Es un hobby que me sirve para desconectar, para socializar, para ilusionarme con cosas y para hacer proyectos. Es algo importante en mi vida. Las mudanzas no me han ayudado a ir manteniendo una comunidad de cualquier tipo o un grupo de amigos y, honestamente, no creo que alguien con una personalidad como la mia pueda "rellenar" todas sus necesidades sociales solo con su pareja. Necesito amigos.
Y ahí va el primer punto interesante de Infinity. Es un juego con una comunidad dedicada. Lo que implica que es relativamente facil encontrar gente que quiera jugar, en cualquier lado. Incluso aunque tengan que viajar y moverse, es facil coincidir con alguien y tener un tema de conversación desde el que se pueda saltar a otros temas.
Siguiente punto interesante, relacionado con mi personalidad. Es un juego con una curva de aprendizaje dificil. Después de pasarme años jugando a productos de GW, que son el mainstream de los juegos de muñequitos y posteriormente al histórico, es extraño encontrarse un juego que te dicen "te va a llevar meses aprender a jugar a esto". Y más en una época, en la que estamos, donde los juegos, los libros, las series, las películas, la música... todo tiende a simplificarse. A hacerse cada vez más accesible, más instantaneo, más para tontos. El hecho de que un juego sea complicado de acceder, desalienta determinados perfiles tóxicos muy comunes en cualquier afición de nicho (egolatras y sicofantes, buscadores de la satisfacción automática, tramposos...). No digo que no existan, ojo. Los hay. Pero solo los muy duros son capaces de aguantar semanas y meses de frustración hasta empezar a obtener resultados que les produzcan endorfinas, con lo que facilmente se retiran y acuden a pastos más verdes. Hay muy pocos jugadores de Infinity con respecto a otros juegos, y en parte es por esto.
El tercer apartado que me gustaría mencionar de Infinity es que es un juego de elecciones multiples. Todo tiene, minimo, varias salidas distintas. Es un juego que obliga al pensamiento lateral y que incentiva la creatividad. Es un juego donde existen tantas opciones que no hay una buena, sino un calculo de probabilidades hasta que el dado empieza a rodar y entonces puede pasar de todo.
En general, me parece que es un buen juego para gente comprometida, que se mueve mucho/le cuesta hacer amigos, que le gusta pensarse las cosas mucho y un desafío. Me parece un buen juego para un perfil similar al mío.
Por qué titulo este artículo como lo titulo? A ver, en primer lugar, el hecho de estar dedicando tanto esfuerzo y energia a algo es significativo. Jugar a muñequitos (tabletop wargaming, como le llaman aquí que es una cosa casi seria), es una parte importante de mi vida. Es un hobby que me sirve para desconectar, para socializar, para ilusionarme con cosas y para hacer proyectos. Es algo importante en mi vida. Las mudanzas no me han ayudado a ir manteniendo una comunidad de cualquier tipo o un grupo de amigos y, honestamente, no creo que alguien con una personalidad como la mia pueda "rellenar" todas sus necesidades sociales solo con su pareja. Necesito amigos.
Y ahí va el primer punto interesante de Infinity. Es un juego con una comunidad dedicada. Lo que implica que es relativamente facil encontrar gente que quiera jugar, en cualquier lado. Incluso aunque tengan que viajar y moverse, es facil coincidir con alguien y tener un tema de conversación desde el que se pueda saltar a otros temas.
Siguiente punto interesante, relacionado con mi personalidad. Es un juego con una curva de aprendizaje dificil. Después de pasarme años jugando a productos de GW, que son el mainstream de los juegos de muñequitos y posteriormente al histórico, es extraño encontrarse un juego que te dicen "te va a llevar meses aprender a jugar a esto". Y más en una época, en la que estamos, donde los juegos, los libros, las series, las películas, la música... todo tiende a simplificarse. A hacerse cada vez más accesible, más instantaneo, más para tontos. El hecho de que un juego sea complicado de acceder, desalienta determinados perfiles tóxicos muy comunes en cualquier afición de nicho (egolatras y sicofantes, buscadores de la satisfacción automática, tramposos...). No digo que no existan, ojo. Los hay. Pero solo los muy duros son capaces de aguantar semanas y meses de frustración hasta empezar a obtener resultados que les produzcan endorfinas, con lo que facilmente se retiran y acuden a pastos más verdes. Hay muy pocos jugadores de Infinity con respecto a otros juegos, y en parte es por esto.
El tercer apartado que me gustaría mencionar de Infinity es que es un juego de elecciones multiples. Todo tiene, minimo, varias salidas distintas. Es un juego que obliga al pensamiento lateral y que incentiva la creatividad. Es un juego donde existen tantas opciones que no hay una buena, sino un calculo de probabilidades hasta que el dado empieza a rodar y entonces puede pasar de todo.
En general, me parece que es un buen juego para gente comprometida, que se mueve mucho/le cuesta hacer amigos, que le gusta pensarse las cosas mucho y un desafío. Me parece un buen juego para un perfil similar al mío.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)