domingo, 6 de septiembre de 2026

Que loco se vé desde fuera

He ido a Cádiz unos días porque mi señora necesitaba espacio. Espacio físico, porque recibía visitas y no cabiamos. Así que me he ido unos días a casa, con un amigo... y cuando he vuelto no reconozco mi vida.
Recordaba cuando iba a Madrid y me pasaba parecido. Cuando descansaba tanto que no entendía volver. Que no sabía porqué la gente corría, no entendía porqué había tanto ruido... mentalmente ya me había ido y estaba reiniciando. Como si todo fuera nuevo.
En cierto sentido, me pasa eso. Y me doy cuenta de cuanto de mi éxito depende de mi estabilidad. De mi capacidad de dormir, comer, descansar. De poder parar y señalar cosas y decir "esto no es urgente" o "esto lo hacemos así".
También me doy cuenta de lo difícil que es el pensamiento abstracto cuando estás agotado. Cuando simplemente reaccionas y eres capaz de conectar información, de analizar cosas. Cuanto necesita uno dormir, comer, hacer algo más que estar delante de una pantalla. Llevo apenas un día aquí y ya me empiezo a notar agotado, ya me cansa. Pero lo que me cansa, sobre todo, es la desconexión.
Decía mi psicologo que la depresión es, basicamente, desconexión. Desconexión de tus objetivos, de tu vida, de tu gente, de tu espacio. Una vez aislas a una persona lo suficiente, ya no tienes que preocuparte de hacerle daño; ella sola se va a destrozar. El ser humano no está diseñado para estar solo y a la deriva. Necesitamos algo en lo que creer, alguna narrativa que nos dé sentido. Algo.
Apenas llevo aquí un día y ya lo noto. En Cádiz, incluso cuando estoy totalmente aburrido, me tumbo a leer y reinicio la cabeza. Hay ruido en la calle, gente que pasa, coches, conversaciones. Bajo al supermercado o a comprar el pan, y esa interacción lleva a otra. El sitio es agradable, puedo caminar, me apetece deambular. El sitio me mueve los pies.
También hay un clima de verdad. Me sorprendió que, debido a que no llevaba camisetas suficientes, pasé un par de días con ropa sucia. Y eso, que en principio era asqueroso e insoportable, al final no lo fue tanto. Me permitió reiniciar, conectar conmigo mismo. El hecho de que el entorno me afecte y eso no sea una amenaza es un cambio tremendo, te permite relajarte y verlo de otra manera.
Ha sido un tiempo maravilloso. Y se ha acabado. Y me quedan meses hasta que vuelva a tener un momento como ese. Ahora lo que toca son semanas de trabajo, soledad, frío, tristeza. De no tener conversaciones interesantes, de mirar hacía fuera y no hacía adentro. De no leer (han caído tres libros en semana y media), de no escuchar, de no pensar.
Es muy loco cuando estás fuera y lo ves desde allí. Sobre todo porque, aunque todo el mundo tiene su historia y cada historia es distinta, la tuya no se parece en nada. Así que durante un momento es como si fueras, mínimo, dos personas. Y al menos una de ellas no me acaba de caer bien.