No pensaba escribir sobre esto, pero parece que una cosa lleva a la otra y la cabeza casi me pide hacerlo. Este fin de semana fuimos a Madrid, a la boda de un buen amigo mío al que quiero mucho. Fui un poco a regañadientes, en parte porque no me gustan las bodas, y en parte porque en esta fase de mi vida cualquier cosa me supone un esfuerzo atroz. Y me vino increíble. Sabía que me iba a venir bien, porque salir de aquí e ir a España siempre me calma, me da un poco de aire. Y ver amigos y salir y estar cómodo... eso ayuda.
Ha sido un tiempo maravilloso. El jueves, donde fui a mi antiguo trabajo y me encontré a tantos compañeros y tanto cariño que me sentí abrumado. Gracias. No era consciente de que podía dejar una huella tan positiva y tan buena. Había olvidado como era sentirse útil y productivo, hacer cosas. Hubo un par de interacciones, como cuando me presentaron, en las que me sentí sinceramente abrumado. Gente que no es nada dada a piropear de gratis, hablando maravillas de mí. Incluso alguien se me acercó y me dijo "el famoso don...", lo cual me confundió bastante. Yo soy famoso en casa de mi madre para comer, y porque como fatal. En general, me sentí super especial. Luego por la tarde fui a la tienda de muñequitos donde solía ir y me encontré con amigos, gente a la que quiero mucho y me alegró un montón verlos bien.
Y luego la boda. Fuimos con un amigo, una de los mejores seres humanos que he conocido nunca (porque le sale muy natural, es de esa gente que no le duele ayudar a los demás o ser bueno. Es su naturaleza), después de visitar su enorme casa, ver su familia y su mundo y alegrarnos, sinceramente, de su éxito. Una vez llegamos a la boda nos encontramos con otro montón de gente, todos jovenes, guapos, exitosos. Y me dio mucha alegria verlos, me dio mucha alegria asomarme a sus mundos y compartir ese momento, en el que la gente toca tu espíritu y sabes que, al otro lado, hay gente buena.
En general, estoy muy agradecido por este fin de semana. Por los momentos compartidos, por las historias y los momentos, y por haberme sacado de mi realidad y haberme asomado a otra, que me recuerda que todo es temporal. Que me enseña lo que fui y lo que puedo ser, y que me llena el corazón.
Gracías. Con fines de semana como este, uno puede coger fuerzas para aguantar y entender que, esto, es temporal. Que lo es de verdad, que no es una frase que nos decimos. Gracías.
martes, 9 de junio de 2026
Ediciones de Warhammer 40.000 y consumo
Esta semana salió la nueva edición de Warhammer 40.000. Para los que no sepáis lo que es (si alguien lee este blog y no lo sabe, que me lo diga para sorprenderme), es un juego de mesa, donde unas miniaturas que representan soldados espaciales se dan de tortas con otras miniaturas, representando un conflicto de ciencia ficción. El juego surge en los años ochenta y ya lleva once ediciones, tiene millones de jugadores a nivel mundial y es una franquicia de ocio con videojuegos, libros y, en teoría, una serie que se está preparando. El hobby, como tal, tiene un grupo de aficionados que, sin ser tan intensos como los de Star Wars, no les falta pasión y entusiasmo y opiniones, bastante intensas, sobre como es y como debería ser dicho hobby.
Quizás es por eso, que me ha sorprendido la facilidad con que este cambio de edición tiene lugar. En Blood Bowl, otro juego de la misma compañia, ha sucedido igual. Salió una nueva edición bastante disruptiva con la anterior, cambiaron reglas, perfiles, miniaturas... se hizo necesario un desembolso para poder volver a jugar o mantenerse en el competitivo. Y de alguna forma, la gente lo aceptó con toda naturalidad.
Eso me sorprende. Quizás es porque todos nos hacemos mayores y la gente con la que me relaciono vé la vida de otra manera (tener hijos hace que relativices mucho la importancia de la alineación de tu equipo favorito), o quizás es que el capitalismo ha entrado en una fase en que todos asumimos, de forma más o menos natural, que las cosas valen dinero y que las empresas tienen que vivir de algo. Y que para ello necesitan modificar los juegos y vender, quizás, otra vez lo mismo a la gente. La Stacy Malibú con un sombrero nuevo.
Aún así visto desde fuera, me sorprende. Recuerdo "rebeliones" hace años ante cambios mucho menores que este, con mucho menos dinero invertido (Warhammer nunca fue barato, pero últimamente me parece exagerado). Quizás también ha tenido lugar una suerte de "purga", aquellos que no estaban tan comprometidos ya se fueron. A mí me parece absurdo lo que vale una camiseta de fútbol, pero nadie me ha preguntado mi opinión, porque obviamente yo no soy el público al que va dirigido ese producto.
Y esta es la reflexión que quiero largar. En este mundo tan fragmentado, de redes sociales, youtubers e influencers, donde todo el mundo piensa igual y el que no lo hace, lo mejor que puede hacer es callarse e irse, de alguna forma el debate se ha reducido. Ya no hay tantas opiniones, tanto compartir y escucharse a sí mismo. Las compañias han conseguido que la gente acepte sus productos y políticas, "Palabra de Dios, te adoramos oyenos". Y no lo digo como algo negativo... siempre me pareció bastante inmaduras las criticas a los cambios de edición. Como todo producto, si no estás conforme con él, no lo adquieras. Pero, como diría Marc británico, el hobby está evolucionando en una dirección bastante distinta a la que conociamos. Lo cual no está mal, simplemente es curioso.
Me gusta que haya menos críticas, que no aportan nada más allá del ruido. Pero no puedo evitar reflexionar sobre como, con la perdida de las criticas, perdemos protagonismo también. La gente asume que el hobby, donde uno creaba reglas, perfiles, campañas... y era sumamente activo, es ahora un producto finalizado, como cuando compras un videojuego, y que hace falta expertos que programen para hacerles DLCs.
Es otro mundo. Y no está mal, pero es curioso.
Quizás es por eso, que me ha sorprendido la facilidad con que este cambio de edición tiene lugar. En Blood Bowl, otro juego de la misma compañia, ha sucedido igual. Salió una nueva edición bastante disruptiva con la anterior, cambiaron reglas, perfiles, miniaturas... se hizo necesario un desembolso para poder volver a jugar o mantenerse en el competitivo. Y de alguna forma, la gente lo aceptó con toda naturalidad.
Eso me sorprende. Quizás es porque todos nos hacemos mayores y la gente con la que me relaciono vé la vida de otra manera (tener hijos hace que relativices mucho la importancia de la alineación de tu equipo favorito), o quizás es que el capitalismo ha entrado en una fase en que todos asumimos, de forma más o menos natural, que las cosas valen dinero y que las empresas tienen que vivir de algo. Y que para ello necesitan modificar los juegos y vender, quizás, otra vez lo mismo a la gente. La Stacy Malibú con un sombrero nuevo.
Aún así visto desde fuera, me sorprende. Recuerdo "rebeliones" hace años ante cambios mucho menores que este, con mucho menos dinero invertido (Warhammer nunca fue barato, pero últimamente me parece exagerado). Quizás también ha tenido lugar una suerte de "purga", aquellos que no estaban tan comprometidos ya se fueron. A mí me parece absurdo lo que vale una camiseta de fútbol, pero nadie me ha preguntado mi opinión, porque obviamente yo no soy el público al que va dirigido ese producto.
Y esta es la reflexión que quiero largar. En este mundo tan fragmentado, de redes sociales, youtubers e influencers, donde todo el mundo piensa igual y el que no lo hace, lo mejor que puede hacer es callarse e irse, de alguna forma el debate se ha reducido. Ya no hay tantas opiniones, tanto compartir y escucharse a sí mismo. Las compañias han conseguido que la gente acepte sus productos y políticas, "Palabra de Dios, te adoramos oyenos". Y no lo digo como algo negativo... siempre me pareció bastante inmaduras las criticas a los cambios de edición. Como todo producto, si no estás conforme con él, no lo adquieras. Pero, como diría Marc británico, el hobby está evolucionando en una dirección bastante distinta a la que conociamos. Lo cual no está mal, simplemente es curioso.
Me gusta que haya menos críticas, que no aportan nada más allá del ruido. Pero no puedo evitar reflexionar sobre como, con la perdida de las criticas, perdemos protagonismo también. La gente asume que el hobby, donde uno creaba reglas, perfiles, campañas... y era sumamente activo, es ahora un producto finalizado, como cuando compras un videojuego, y que hace falta expertos que programen para hacerles DLCs.
Es otro mundo. Y no está mal, pero es curioso.
La superioridad moral de lo negativo
Esta mañana reflexionaba sobre algo que he visto varias ocasiones, gente que viene de países en vías de desarrollo, explicandome lo mal que se está en otros países. En general, países donde yo he vivido o conozco bastante, por haber pasado mucho tiempo allí, conocer gente del sitio, hablar el idioma, etc etc. Lo curioso es que lo hacen con una cierta alegria, como si el malestar de otra gente les produjera regocijo.
Schadenfreude es una palabra alemana, cuya acepción más extendida es sentir alegría por el sufrimiento de otra persona. Yo la descubrí leyendo "Generación X" de Douglas Coupland (bastante recomendado ese libro, aunque ha envejecido regular). Ahí la empleaban directamente para referirse a lo bien que nos hace sentir que a algún famoso le vaya mal, pero esa no es la única acepción.
En general, el schadenfreude es una emoción de gente pequeña y triste, que necesita que otra gente lo pase mal. Que pretende arrastrarnos al barro de su miseria moral, para justificar sus conductas, actitudes, entorno. Como todo el mundo roba, yo también robo. Lo mejor es que son plenamente conscientes de lo reprobable de su conducta y actitud pero, como casi todo el Mal, está enfermo y no posee la energía para curarse, prefiriendo proyectar afuera lo que, obviamente, está dentro.
Es un proceso complicado, descubrir en primer lugar el origen del miedo, la tristeza, la soledad, la rabia. Y una vez lo has descubierto enfrentarlo, mirarlo a los ojos, crecer. Es necesario salir del ego absoluto, de la idea de que el Universo gira en torno a nosotros y entender, como me dijera Toño, que "a Madrid tu le das igual". Si tu, persona de X, te sientes feliz de que en Y todo sea un desastre y no haces más que hablar de la caída de occidente y de la decadencia moral y...
Tengo una noticia para ti. A Occidente le das igual. Hundidos en la miseria más reprobable, los alemanes siguen teniendo acceso a una educación de mayor calidad de la que tuve yo. Y eso no es bueno ni malo, es un hecho, al igual que el que llueva en Galicia no tiene nada que ver con mis opiniones, carácter, reflexiones o inquietudes. El mundo, por increíble que nos parezca, estaba girando antes de que vinieramos y, muy probablemente, seguirá haciendolo después de que nos hayamos ido.
Hay que desconectar. Salir de las redes sociales, salir del sesgo de confirmación, salir de la necesidad de tener razón siempre y mirar por encima del hombro al resto del mundo. Y simplemente, aprender. Acercarnos con curiosidad y respeto, dejar de analizar el mundo en terminos binarios (bueno y malo, blanco y negro) y aceptar que, en esa escala de grises, hay cosas que vibran más con nosotros y cosas que menos. Y en ese espacio de vibración, encontrar nuestra propia voz y compartir, aprender, enseñar, descubrir. Ser. De una forma positiva y optimista, creciente, Lo contrario solo nos hará daño a nosotros mismos y a los demás.
Cuidaros. Se nota que tuve un buen fin de semana.
Schadenfreude es una palabra alemana, cuya acepción más extendida es sentir alegría por el sufrimiento de otra persona. Yo la descubrí leyendo "Generación X" de Douglas Coupland (bastante recomendado ese libro, aunque ha envejecido regular). Ahí la empleaban directamente para referirse a lo bien que nos hace sentir que a algún famoso le vaya mal, pero esa no es la única acepción.
En general, el schadenfreude es una emoción de gente pequeña y triste, que necesita que otra gente lo pase mal. Que pretende arrastrarnos al barro de su miseria moral, para justificar sus conductas, actitudes, entorno. Como todo el mundo roba, yo también robo. Lo mejor es que son plenamente conscientes de lo reprobable de su conducta y actitud pero, como casi todo el Mal, está enfermo y no posee la energía para curarse, prefiriendo proyectar afuera lo que, obviamente, está dentro.
Es un proceso complicado, descubrir en primer lugar el origen del miedo, la tristeza, la soledad, la rabia. Y una vez lo has descubierto enfrentarlo, mirarlo a los ojos, crecer. Es necesario salir del ego absoluto, de la idea de que el Universo gira en torno a nosotros y entender, como me dijera Toño, que "a Madrid tu le das igual". Si tu, persona de X, te sientes feliz de que en Y todo sea un desastre y no haces más que hablar de la caída de occidente y de la decadencia moral y...
Tengo una noticia para ti. A Occidente le das igual. Hundidos en la miseria más reprobable, los alemanes siguen teniendo acceso a una educación de mayor calidad de la que tuve yo. Y eso no es bueno ni malo, es un hecho, al igual que el que llueva en Galicia no tiene nada que ver con mis opiniones, carácter, reflexiones o inquietudes. El mundo, por increíble que nos parezca, estaba girando antes de que vinieramos y, muy probablemente, seguirá haciendolo después de que nos hayamos ido.
Hay que desconectar. Salir de las redes sociales, salir del sesgo de confirmación, salir de la necesidad de tener razón siempre y mirar por encima del hombro al resto del mundo. Y simplemente, aprender. Acercarnos con curiosidad y respeto, dejar de analizar el mundo en terminos binarios (bueno y malo, blanco y negro) y aceptar que, en esa escala de grises, hay cosas que vibran más con nosotros y cosas que menos. Y en ese espacio de vibración, encontrar nuestra propia voz y compartir, aprender, enseñar, descubrir. Ser. De una forma positiva y optimista, creciente, Lo contrario solo nos hará daño a nosotros mismos y a los demás.
Cuidaros. Se nota que tuve un buen fin de semana.
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