martes, 9 de junio de 2026

Ediciones de Warhammer 40.000 y consumo

Esta semana salió la nueva edición de Warhammer 40.000. Para los que no sepáis lo que es (si alguien lee este blog y no lo sabe, que me lo diga para sorprenderme), es un juego de mesa, donde unas miniaturas que representan soldados espaciales se dan de tortas con otras miniaturas, representando un conflicto de ciencia ficción. El juego surge en los años ochenta y ya lleva once ediciones, tiene millones de jugadores a nivel mundial y es una franquicia de ocio con videojuegos, libros y, en teoría, una serie que se está preparando. El hobby, como tal, tiene un grupo de aficionados que, sin ser tan intensos como los de Star Wars, no les falta pasión y entusiasmo y opiniones, bastante intensas, sobre como es y como debería ser dicho hobby.
Quizás es por eso, que me ha sorprendido la facilidad con que este cambio de edición tiene lugar. En Blood Bowl, otro juego de la misma compañia, ha sucedido igual. Salió una nueva edición bastante disruptiva con la anterior, cambiaron reglas, perfiles, miniaturas... se hizo necesario un desembolso para poder volver a jugar o mantenerse en el competitivo. Y de alguna forma, la gente lo aceptó con toda naturalidad.
Eso me sorprende. Quizás es porque todos nos hacemos mayores y la gente con la que me relaciono vé la vida de otra manera (tener hijos hace que relativices mucho la importancia de la alineación de tu equipo favorito), o quizás es que el capitalismo ha entrado en una fase en que todos asumimos, de forma más o menos natural, que las cosas valen dinero y que las empresas tienen que vivir de algo. Y que para ello necesitan modificar los juegos y vender, quizás, otra vez lo mismo a la gente. La Stacy Malibú con un sombrero nuevo.
Aún así visto desde fuera, me sorprende. Recuerdo "rebeliones" hace años ante cambios mucho menores que este, con mucho menos dinero invertido (Warhammer nunca fue barato, pero últimamente me parece exagerado). Quizás también ha tenido lugar una suerte de "purga", aquellos que no estaban tan comprometidos ya se fueron. A mí me parece absurdo lo que vale una camiseta de fútbol, pero nadie me ha preguntado mi opinión, porque obviamente yo no soy el público al que va dirigido ese producto.
Y esta es la reflexión que quiero largar. En este mundo tan fragmentado, de redes sociales, youtubers e influencers, donde todo el mundo piensa igual y el que no lo hace, lo mejor que puede hacer es callarse e irse, de alguna forma el debate se ha reducido. Ya no hay tantas opiniones, tanto compartir y escucharse a sí mismo. Las compañias han conseguido que la gente acepte sus productos y políticas, "Palabra de Dios, te adoramos oyenos". Y no lo digo como algo negativo... siempre me pareció bastante inmaduras las criticas a los cambios de edición. Como todo producto, si no estás conforme con él, no lo adquieras. Pero, como diría Marc británico, el hobby está evolucionando en una dirección bastante distinta a la que conociamos. Lo cual no está mal, simplemente es curioso.
Me gusta que haya menos críticas, que no aportan nada más allá del ruido. Pero no puedo evitar reflexionar sobre como, con la perdida de las criticas, perdemos protagonismo también. La gente asume que el hobby, donde uno creaba reglas, perfiles, campañas... y era sumamente activo, es ahora un producto finalizado, como cuando compras un videojuego, y que hace falta expertos que programen para hacerles DLCs.
Es otro mundo. Y no está mal, pero es curioso.

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