Hoy no podía dormir. Es algo que me pasa bastante a menudo; en Mayo dormí "bien" tres noches de de treinta y una posibles. Y dandole vueltas en la cama, dialogando conmigo mismo, caí en la cuenta de lo que viene a ser el título de este artículo.
Necesitamos servir. Necesitamos hacer algo que tenga sentido. El otro día me decía mi psicologo que, en la mayoría de estudios sobre motivación en el trabajo, aparece que el principal factor de felicidad o infelicidad en el mismo es como de útil su labor es percibida. Un poco como explicaba Graeber, que en el gulag una de las cosas que más mataba a la gente era la absoluta futilidad de su esfuerzo. Poner a alguien a cavar un agujero durante dos horas, para luego hacerle taparlo. Cosas así, que durante el tiempo suficiente acaban siendo una tortura, al privar al ser humano de la mínima dignidad de su esfuerzo. Que sirva para algo.
Quizás por eso me chocó tanto acercarme a mi anterior trabajo y sentir la valoración de lo que yo hacía. De por sí, yo tiendo a valorar poco mi esfuerzo. Si algo es difícil y lo hago, es porque debo hacerlo. Si algo es facil y lo hago, es porque era fácil. Pero no suelo felicitarme ni darme mérito a mí mismo. Cuando aprobé el examen de conducir, mi emoción fue de vacío, de "ajá, otra tarea completada". Me obligo a mí mismo a celebrar mis éxitos porque, honestamente, no me producen alegria. Tengo demasiado interiorizado el "es lo que se debe hacer".
Así pues, no soy muy consciente de como de positivo puede ser mi impacto en los demás. Por eso, como cuando el otro día animé a un chico que estaba pasandolo muy mal, recibo una reacción sumamente positiva me siento confundido. No percibo emocionalmente (no siento), que haya hecho nada especial. Simplemente he sido yo mismo y he actuado como creo que se debe actuar. Aunque quizás, para la persona a la que apoyamos, ese simple acto puede suponer un cambio enorme en su vida. Quizás como ayer con Scotty, que me impactó bastante su situación y su reacción. Vaya movida.
Todo esto para decir que, uno de los elementos de la felicidad, es encontrarle sentido a lo que hacemos. Y que resulta paradojico que, para poder ser felices, debamos ocuparnos con cosas que no solo nos aporten algo, sino que aporten a los demás. Que sean utiles. Quizás por eso decían que, si bien la gente de izquierdas suele deprimirse más que la de derechas, la gnnte de izquierdas que participa de voluntariados o actividades comunitarias es todo lo contrario. Porque no sirve con decirlo, hay que hacerlo. Y una vez lo hacemos, percibimos la mejoría de forma casi automática.
Yo me levanto, hago ejercicio, duolingo, me ducho, desayuno. Y me siento delante de mi lista de tareas pendientes, a ir tachando cosas. Pero a la hora de la verdad, tres meses más adelante, miro lo que he hecho y nada sirve. Lo mismo con mi trabajo, dedico infinitas horas a... nada. Y, si durante un periodo de tiempo largo, de semanas y meses, privas a alguien de un sentido colectivo, de que su trabajo mejore el mundo a su alrededor, o aunque sea sienta que su esfuerzo va en alguna dirección... es muy pero muy difícil que eso no destruya la autoestima de esa persona.
Quiero quererme. Pero para quererme, necesito hacer cosas que sirvan. Quizás esa es la paradoja, que nos queremos a través de los demás, o de nuestra percepción de lo que debemos ser. Cuando alineamos la persona que somos, con la persona que queremos ser a través del proceso de convertirnos en ella.
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