martes, 9 de junio de 2026

La superioridad moral de lo negativo

Esta mañana reflexionaba sobre algo que he visto varias ocasiones, gente que viene de países en vías de desarrollo, explicandome lo mal que se está en otros países. En general, países donde yo he vivido o conozco bastante, por haber pasado mucho tiempo allí, conocer gente del sitio, hablar el idioma, etc etc. Lo curioso es que lo hacen con una cierta alegria, como si el malestar de otra gente les produjera regocijo.
Schadenfreude es una palabra alemana, cuya acepción más extendida es sentir alegría por el sufrimiento de otra persona. Yo la descubrí leyendo "Generación X" de Douglas Coupland (bastante recomendado ese libro, aunque ha envejecido regular). Ahí la empleaban directamente para referirse a lo bien que nos hace sentir que a algún famoso le vaya mal, pero esa no es la única acepción.
En general, el schadenfreude es una emoción de gente pequeña y triste, que necesita que otra gente lo pase mal. Que pretende arrastrarnos al barro de su miseria moral, para justificar sus conductas, actitudes, entorno. Como todo el mundo roba, yo también robo. Lo mejor es que son plenamente conscientes de lo reprobable de su conducta y actitud pero, como casi todo el Mal, está enfermo y no posee la energía para curarse, prefiriendo proyectar afuera lo que, obviamente, está dentro.
Es un proceso complicado, descubrir en primer lugar el origen del miedo, la tristeza, la soledad, la rabia. Y una vez lo has descubierto enfrentarlo, mirarlo a los ojos, crecer. Es necesario salir del ego absoluto, de la idea de que el Universo gira en torno a nosotros y entender, como me dijera Toño, que "a Madrid tu le das igual". Si tu, persona de X, te sientes feliz de que en Y todo sea un desastre y no haces más que hablar de la caída de occidente y de la decadencia moral y...
Tengo una noticia para ti. A Occidente le das igual. Hundidos en la miseria más reprobable, los alemanes siguen teniendo acceso a una educación de mayor calidad de la que tuve yo. Y eso no es bueno ni malo, es un hecho, al igual que el que llueva en Galicia no tiene nada que ver con mis opiniones, carácter, reflexiones o inquietudes. El mundo, por increíble que nos parezca, estaba girando antes de que vinieramos y, muy probablemente, seguirá haciendolo después de que nos hayamos ido.
Hay que desconectar. Salir de las redes sociales, salir del sesgo de confirmación, salir de la necesidad de tener razón siempre y mirar por encima del hombro al resto del mundo. Y simplemente, aprender. Acercarnos con curiosidad y respeto, dejar de analizar el mundo en terminos binarios (bueno y malo, blanco y negro) y aceptar que, en esa escala de grises, hay cosas que vibran más con nosotros y cosas que menos. Y en ese espacio de vibración, encontrar nuestra propia voz y compartir, aprender, enseñar, descubrir. Ser. De una forma positiva y optimista, creciente, Lo contrario solo nos hará daño a nosotros mismos y a los demás.
Cuidaros. Se nota que tuve un buen fin de semana.

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