Últimamente me está apareciendo mucho en redes sociales discursos y entrevistas de Lee Kuan Yew. Para los que no lo conozcan, fue el "dictador" de Singapur durante 30 años, y su ideología política, en palabras de Drukpa Kunley (una cuenta de Twitter), sería algo así como sentido común y una clara visión. Si no recuerdo mal, era algo así como "basically nice", un sistema político en el cual los delincuentes van a la carcel, la gente paga impuestos pero sin volverse loco y el Estado arbitra.
Hoy veía una entrevista en el cual hablaba de como no cree en la democracia, porque le parece que es algo que surge de una serie de factores muy especiales, y que no cree que pueda repetirse facilmente. También habla de como, después de la segunda guerra mundial, Londres es una ciudad destruida pero orgullosa, llena de gente segura de si misma y educada. Y como, cuarenta años después, Londres es un lugar multicultural, multietnico, donde nadie confía en nadie y donde todo está sucio y oscuro. También decía, sobre Japón, que el no traer inmigrantes los condena a envejecer. Pero si los emigrantes que trae son los que recogen fruta, entonces tampoco es mucho progreso. Lo decía medio riendose, pero parece que el tiempo le ha dado la razón.
A lo que iba. Que el hombre enunciaba el cambio en Londres por la desaparición de valores y de uniformidad cultural. Y alguien me dirá, que eso es una tonteria romantica. Pero no lo creo. Los valores son el lenguaje no escrito de una sociedad, son los codigos en torno a los que se construyen el siguiente escalón. Existe una ley que dice que el parricidio es horrible, pero esa ley existe porque hay una cultura que aborrece ese crimen. Lo primero, el fundamente de una sociedad, es como nos entendemos entre nosotros. En nuestras casas y en nuestras familias. Y eso es lo que, posteriormente, llevamos a la calle.
Creo que, en el momento en que dejamos de hablar en casa y dejamos de enseñar y compartir, eso se transmite afuera. Y la soledad en la que vivimos afuera, el egoismo, la tristeza... viene de que, adentro, no hablamos. Hemos dejado de compartir cenas, de mirarnos los unos a los otros, de estar juntos. Y al desaparecer esa convivencia han desaparecido los valores y, al desaparecer los valores, deja de tener sentido existir. No tenemos confianza en nosotros mismos ni vemos al futuro... porque hemos dejado de mirar al presente.
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