jueves, 22 de septiembre de 2016

Demasiados prejuicios


Vivimos condicionados desde nuestra infancia. "Esto bien, esto mal". "¿Cual te gusta más, este o este otro? Tienes que elegir". "Si no haces X, la gente no te querrá". Todo eso se acumula durante años y años, hasta que llega un momento en que, inconscientemente, todas nuestras decisiones, pensamientos, opiniones e ideas se mueven en un marco limitado. Eso es cómodo, claro. Los niños son exploradores natos y hay que obligarlos a centrarse, a focalizar, a concentrarse en algo. El problema es que lo hacemos con tanto entusiasmo que luego nos olvidamos dejarles que vuelvan a explorar, que mantengan la curiosidad, que sigan inquietos.
Hace un año una amiga me convenció para instalar Tinder. No lo miro mucho, pero a veces me asomo. Lo hago viajando, para comparar gente, perfiles, ideas. En Madrid he notado que existe una cierta tendencia a clasificarlo todo, propio de una ciudad grande donde la gente vive con mucha prisa. Hay más fronteras. Prejuicios. "X cms" (de altura, mal pensados). "Entre X e Y años". Me recuerda a una chica, hace muchísimos años, aún una adolescente, que me preguntaba si yo podría salir con una china. O una rusa. O una negra. Y yo, que en muchos sentidos sigo teniendo quince años, le contestaba con una obviedad que, sin embargo, se nos escapa a muchos. Le decía "Yo saldría con cualquiera que me gustara".
Es tan facil como eso. Pero para llegar a eso hay que asumir que no existen formulas magicas, que no hay perfiles ni equivalencias y que la vida no es una ciencia exacta. El fin de semana pasado, entre otros conflictos, discutía sobre el sufrimiento. Yo intentaba explicarle a una chica que el sufrimiento es parte del aprendizaje y que, al intentar evitarlo, lo que haces es limitarte. No consiste en ser sadomasoquista, ojo, sino en entender que determinados sacrificios merecen la pena. Y esto, que también parece una obviedad, es algo que se le escapa a muchisima gente. A veces, para llegar a la manzana, tienes que pincharte con las ramas. Para disfrutar de la carrera y aguantar cuarenta minutos, antes tendrás que pasar muchos días de correr veinte y que te tiemblen las piernas.
Tenemos que aprender a equivocarnos. Aceptar las cosas como son, no como nos gustaría que fueran. Permitir que las cosas pasen como tengan que pasar, que "fluyan", como decía una amiga mía. Y recordar siempre que, mientras seamos fieles a nosotros mismos y nos sigamos escuchando, solo podemos aprender y crecer. El equilibrio existe en nosotros.

Una ultima cosa que quería decir sobre esto de los prejuicios. Por un lado, me da pena la gente que vive encogida en un mundo pequeño, sintiendose frustrada y entendiendo que le va mal "porque no tiene el novio/trabajo/piso/coche/algo". Por otro lado, me alegro de que esa gente se descubra pronto y que no participen en mi vida. Para poder creer, crecer, cambiar, hace falta ser joven de mente y de espíritu, hace falta tener curiosidad y ganas de probar cosas, equivocarse, descubrir. Esa gente que te pasa un cuestionario antes siquiera de conocerte ya tiene todas las respuestas, lo único que espera es encontrar el pie que encaje en el zapato de ceniciente. Mucha suerte en ese otro mundo, tan distinto. Ánimo. 

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